¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam




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título¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam
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Capítulo 4

Por segunda vez en veinticuatro horas, Honor se encontró frente a la elegancia y grandiosidad de la casa Blake. La iluminación discreta de la fachada de madera y pintada de blanco, le daba al edificio un aspecto más intimidatorio de noche.

De mala gana, ella abrió la puerta del automóvil y descendió de éste sin soltar el porta mascotas de cartón.

"Tú y yo, Monty", pensó ella con ironía, mientras un maullido de frustración resonaba dentro de la caja de cartón y el conductor del automóvil daba un portazo antes de ir hacia el portaequipajes para sacar la maleta de ella.

—Bueno, ¿qué esperas? —refunfuñó Adam, acercándose a ella. Durante el viaje la había sometido a un intenso silencio, y cuando Honor trató de romper la tensión, ella cometió un error.

Indecisa, preguntó cómo iban a reaccionar Zachary Blake y su familia ante la llegada de una huésped inesperada.

—¿Se supone que eso es una broma de mal gusto? —preguntó él con frialdad.

—Yo… no…

—¿Esperas que crea que no sabes que Zach está muerto?

—¿Muerto? ¡Oh, Dios! ¿Quieres decir que… fue asesinado?

—No, no quiero decir eso —respondió Adam, apretando los dientes—. Mi hermano murió de embolia hace tres meses.

—Oh… lo lamento mucho… no lo sabía —expresó Honor, mirando hacia otro lado y recordando la pena que sufrió después de la muerte de su padre, tres años antes.

Ella misma hizo algunas cosas absurdas en las semanas posteriores al fatal ataque apoplético que tuvo su alegre progenitor, antes que el tiempo hubiera empezado a cicatrizar sus heridas y restablecer su equilibrio emocional. ¿No le había sucedido lo mismo a Adam? El dolor que le produjo la muerte de su hermano lo hizo comportarse con una temeridad que ahora lamentaba.

—Como el diario que ayudas a producir publicó un obituario extenso en ese tiempo, me parece muy difícil de creer.

—Tal vez sucedió cuando yo estaba de vacaciones. Por entonces pasé un par de semanas esquiando en Queenstown —luego añadió con mordacidad—. En realidad, recuerdo haberte escrito desde el hotel en que me alojaba, así que sería fácil comprobar las fechas…

Él no replicó. Sólo miró hacia la oscuridad. El tema estaba cerrado. Ella comprendió que cualquier intento por continuar, no sería bien recibido por Adam. Como una barrera, la ira del hombre era impenetrable. Le molestaba que Honor supiera cosas acerca de él que no quería que ella conociera.

La chica miró las grandes manos que sin ningún esfuerzo maniobraban el volante. Hizo una mueca al ver los arañazos que ahora Adam tenía en los nudillos. Monty no aceptó gustoso que lo confinaran.

En realidad Adam y el gato tenían mucho en común. Los dos eran muy testarudos, se resistían con violencia a la oposición y al encontrar ésta, mostraban una triste tendencia a lanzar indirectas al blanco más cercano.

—Me preguntaba si otro policía iba a aparecer corriendo de entre los arbustos y a lanzarse hacia mí —mintió Honor, sin querer admitir que una de las razones por las que vacilaba, era porque se sentía nerviosa al pensar en lo que iba a encontrar dentro de la casa. ¿Hallaría más hostilidad y desconfianza? ¿Quiénes vivían en la casa y qué les había dicho acerca de ella?

—En otras palabras, quieres saber cuáles son nuestras medidas de seguridad —dijo él, cáustico—. Olvídalo. ¡No soy tan tonto!

—¿De verdad? Qué gracioso… ¡desde luego das esa impresión! —replicó Honor y caminó adelante de él hacia la escalera de madera de la galería.

Ella tuvo que esperar mientras Adam buscaba entre el montón de llaves que había sacado del automóvil, pero antes que metiera la correcta en la cerradura dijo:

—No quiero que disgustes a mi madre.

—¿Cómo?

—A mi madre. No ha estado muy bien de salud desde la muerte de Zach. No quiero que la metas en nada de esto. Si tienes algo que decir, dímelo a mí, no a ella. ¿Entiendes?

Honor entendió la orden. Reaccionó de manera instintiva. Había perdido demasiadas batallas ese día para humillarse ante alguien que no tenía ninguna autoridad para hacer exigencias.

—¿O…?

—O me aseguraré de que te arrepientas.

—¡Inténtalo!

Adam parpadeó ante el desafío. Luego se acercó a ella, pero de pronto la puerta se abrió.

—¡Adam, ya regresaste! Me pareció escuchar voces aquí afuera. ¿Y a quién trajiste para que me viera? Bueno, bueno… adelante, adelante, no se queden allí, podrían resfriarse…

Sin dejar de hablar, la mujer mayor llevó a Honor al vestíbulo haciendo caso omiso de Adam, quien intentó darle una explicación.

—Te presento a Honor Sheldon, mamá. Va a quedarse con nosotros algunos días…

—¡Qué gusto verte, querida! —saludó su madre, efusiva. La anciana, quien se suponía estaba delicada de salud, desconcertó a Honor al darle un fuerte abrazo—. Sabía que uno de estos días Adam iba a traerme a su novia —añadió, sonriente—. Se ha mostrado tan evasivo, que yo sabía que ocultaba a alguien muy especial, ¡y ya estás aquí! Seguramente eres muy buena con él, Honor, pues le brillan los ojos. Además, forman una bonita pareja: Adam tan alto y fuerte y tú tan femenina…

Desde luego, era una manera muy amable y diplomática de llamar a alguien bajita y obesa, pensó Honor con ironía. Abrió la boca para corregir la primera y desastrosa impresión de la señora Blake, pero Adam se le adelantó.

—Ella no es…

—Adam, no trates de fingir que esto es sólo una visita informal —lo regañó su madre—. Nunca habías traído a alguna de tus novias para que se alojara aquí. Ya veo que Honor es distinta. Además, se sonroja…

—Porque estás poniéndola en un aprieto…

—¡Tonterías, cariño! No te sientes incómoda, ¿verdad, Honor?

Sí, la chica estaba sorprendida, confundida… pero no se sentía incómoda. Estaba disfrutando al ver la contrariedad de Adam.

—No, por supuesto que no.

—¿Lo ves, Adam? Ella sabe que no tiene que andarse con ceremonias con nosotros —inclinó la cabeza hacia Honor, pero no hizo ningún intento por bajar la voz—. Debes saber que mi hijo asume una actitud protectora. Tiene la extraña idea de que vivo en el pasado y que no conozco lo que sucede en el mundo moderno. Pero sé que los hombres y mujeres jóvenes tienen mucha más libertad que en mis tiempos. Eso no quiere decir que apruebe que los jóvenes vivan juntos de grado o por fuerza…

—Honor y yo no estamos viviendo juntos… —empezó a decir Adam con firmeza.

—Lo harán mientras están aquí, querido —señaló su madre con lógica ineludible, y Honor casi rió al ver la expresión de frustración en la cara de Adam.

—Sólo somos… —comenzó a decir Adam y miró a Honor, como si ella pudiera proporcionarle una explicación satisfactoria de su presencia.

—¿Sólo buenos amigos? —completó la chica con voz dulce.

—Por supuesto que sí, cariño —dijo su madre con expresión de amorosa incredulidad. Parecía que Adam estaba a punto de estallar. Honor pensó que la broma había llegado demasiado lejos.

—Señora Blake…

—¡Oh, llámame Joy! Sé que vamos a ser estupendas amigas. Siempre me llevo bien con las esposas de mis hijos.

—¡Mamá! —protestó Adam.

—No vamos a casarnos, señora… Joy… —intervino Honor rápidamente—. Quiero decir, casi no nos conocemos…

Joy Blake no se desanimó. Alzó las manos y sonrió.

—Lo sé, lo sé… es demasiado pronto para que confíen en sus sentimientos. Los Blake son propensos a los noviazgos rápidos. El padre de Adam y yo nos casamos a las dos semanas de habernos conocido, cuando estaba de permiso en el ejército. Bueno, una vez que te instales aquí y sientas que estás como en tu casa, podrás decidirte en cuanto a mi hijo. Es un hombre admirable, aunque tiene algunas costumbres arraigadas. Oh, Dios, querida, ¿qué es lo que tienes en la caja? Sea lo que sea, parece que está en un gran apuro…

Aturdida por la velocidad y destreza con que la mujer mayor sacaba conclusiones cada vez más precipitadas y extrañas, Honor reaccionó demasiado tarde. Joy Blake tomó la caja y la depositó en el suelo. Después la abrió antes que ella pudiera protestar. La cara malévola de Monty apareció al instante y se preparó para saltar.

—¡Caramba, es un lindo gatito!

Cuando Joy se inclinó y alargó la mano hacia la caja, Honor y Adam gritaron al mismo tiempo:

—¡No, espere!

—¡No toques a ese ani…!

Las protestas cesaron de pronto cuando Joy se puso de pie con Monty agarrado de la blusa roja de ella.

—¡Oh!, ¿no eres adorable? —dijo la anciana, acariciando al gato.

Con la boca abierta, Honor vio como su irascible mascota se ponía flácida y se dejaba mimar por una persona totalmente desconocida. Con el rabillo del ojo, ella advirtió que la expresión de Adam también era de asombro.

Joy rió.

—¿Cómo te llamas, guapo?

—Se llama Monty —informó Honor.

—Apuesto a que tienes hambre, ¿verdad, amigo? Lo llevaré a la cocina mientras ustedes dos suben a cambiarse de ropa para cenar. Estaré lista en una media hora.

—Ya comí —dijo Honor con rapidez.

—¡Oh, qué lástima! —Joy Blake movió la cabeza—. Inventé a "cazuela de pollo mediterránea" y me habría gustado tener una opinión —sonrió a la chica—. ¿Estás segura de que no podrías comer siquiera un pequeño bocado?

—Bueno, quizás un poco…

—Creí que habíamos quedado de acuerdo en que tomarías las cosas con calma —intervino Adam, mirando con el ceño fruncido a su madre—. No tienes que preocuparte por la comida. Para eso contratamos a Rhonda…

—Pero a mí me gusta preocuparme por la comida, Adam —reclamó su madre, dejando de sonreír—. Y no te mortifiques. Rhonda se encarga de todo, yo sólo le doy instrucciones.

Mientras Adam continuaba mirándola con expresión preocupada, Joy Blake acarició a Monty con mano temblorosa. Sonriente, se dirigió a Honor.

—No te preocupes por Monty pues ya somos amigos. Nosotros también tenemos un gato, de modo que hay mucha comida para él en la cocina. Además, le arreglaré un lugar para dormir, a menos que quieras tenerlo en tu habitación. Hablando de habitaciones, Adam… —se volvió hacia éste con altivez— tú decidirás dónde se alojará Honor. No quiero que se me acuse de ser una anciana entrometida, así que sólo diré que aprobaré cualquier acuerdo que tomen para dormir. ¡Aunque quizá quieran tener presente que algunos otros que viven aquí, podrían no mostrarse tan complacientes!

Después de señalar eso, la anciana se alejó por el pasillo, seguida por Monty. Aún sonriente, Honor se volvió hacia Adam.

—¿Siempre se porta así? —preguntó.

—¿Cómo?

Adam parecía dispuesto a discutir con ella.

—Tan… amable con los invitados.

Él la miró airadamente. Pero para hacerlo enojar aún más, Honor añadió:

—Pareció pensar que estamos muy comprometidos.

—¿Pero de dónde sacó esa impresión? —gruñó él—. ¿Para qué demonios tenías que decir que "sólo somos buenos amigos"? Debiste haber previsto la interpretación que daría a eso.

—Bueno., ¿qué esperabas que dijera si estabas allí sin hacer nada, como un tonto? Si sabías que ibas a tener que mentir, podrías al menos haber tenido el sentido común de inventar algo antes que llegáramos aquí. Yo sólo trataba de ayudarte.

—¡Cómo no! Dijiste eso sólo para crear problemas. Yo iba a decirle que eras mi nueva secretaria aquí y que ibas a hacer algunas cosas para mí.

—Aún podrías decirle eso.

—Ella sabe que no le hago al tonto con mis secretarias —dijo él, apretando los dientes.

—Me alegra escuchar eso.

—¡Y desde luego, ninguna de mis secretarias traería a un maldito gato para trabajar!

Honor entrecerró los ojos.

—No puedes culparme de eso. En primer lugar yo no quería venir aquí. Además, tu madre pareció ansiosa por crear una aventura apasionada de la nada. Me pregunto por qué.

Adam hizo caso omiso de ella, recogió la maleta e indicó la escalera de la izquierda con una inclinación de cabeza. Honor se dio cuenta de que llevaba calcetines de diferente color, pues uno era gris oscuro y otro, negro. Ella sonrió.

—¿Te parece divertida mi casa?

La chica llegó hasta lo alto de la escalera y descubrió que la miraba con una mezcla de agresividad y suspicacia.

—¿Tu casa? —preguntó ella, desconcertada—. Creí que vivías en la North Shore.

—Heredé esta casa de Zach.

De modo que su hermano no tuvo esposa ni hijos…

—¿Vas a vivir aquí de ahora en adelante?

Él entrecerró los ojos.

—¿Por qué quieres saberlo?

—Pensé que podría comunicar por señales a través de la ventana a mis secuaces que están en la cumbre de la próxima loma.

—¿Sabes comunicarte por señales?

—Era una exploradora de primera —mintió ella—. Siempre trato de estar preparada.

—Me parece que ese era el lema de los exploradores.

—¡Con razón siempre había prisa por compartir mi tienda cuando íbamos de campamento!

Adam sonrió, pero miró hacia otro lado y caminó por el pasillo para abrir una de las puertas.

La habitación era amplia. Una cama individual cubierta con una colcha ocupaba un rincón y junto a ella estaba una ventana de guillotina que daba a la parte posterior de la propiedad.

—¿Cómo, sin barrotes? —murmuró Honor, cáustica. Cruzó la habitación para mirar por la ventana y se fijó en la alberca que brillaba en los jardines, abajo.

—Puedo mandar que instalen algunos si eso hace que te sientas más segura, Honor.

Ante el amable comentario, ella se dio la vuelta. Adam pareció divertido.

—No me refería a eso…

—Entonces, ¿a qué te referías? Eres huésped aquí, no prisionera. Ni siquiera tu puerta tiene cerradura.

—¿Y se supone que eso va a tranquilizarme? —preguntó ella con sarcasmo—. Si de veras soy huésped, entonces supongo que Monty y yo somos libres de irnos cuando queramos, ¿no?

—Por supuesto. Hacer caso omiso del consejo de la policía quizá sea insensato, pero en este caso, tal vez sea bastante peligroso; desde luego, no está prohibido…

Honor le dirigió una mirada fulminante que no tuvo ningún efecto en él.

—¿Qué hay aquí dentro? ¿El cuarto de baño? —preguntó ella, abriendo la puerta que estaba junto al armario y recurriendo a la acción para alejar sus peligrosos pensamientos.

—No, lo lamento pero tienes que compartir el cuarto de baño —dijo él con sospechosa mansedumbre—. Se encuentra por el pasillo, dos puertas a la derecha.

Ella contempló la habitación que se comunicaba con la suya. Era un dormitorio muy masculino con una enorme cama que dominaba todo lo demás.

—Esta es tu habitación —dijo ella, acusadora, soltando la manija de la puerta como si fuera un carbón al rojo vivo—. ¿Por qué estaré en la habitación contigua a la tuya?

—Porque es la única disponible.

A Honor le habría gustado llamarlo mentiroso, pero como existía cierta posibilidad de que dijera la verdad, guardó silencio.

—Supongo que tampoco hay llave para esta puerta, ¿verdad? —preguntó ella, irritada.

Él se encogió de hombros.

—¿Qué puedo decir? Somos una familia muy confiada. Ah, sí, Adam se había vuelto muy afable ahora que estaba saliéndose con la suya.

—Pues yo no soy miembro de la familia y no confío en ti.

—Ese sentimiento es totalmente mutuo.

—Es muy poco probable que entre a hurtadillas en tu habitación y trate de vencerte —señaló ella.

Él alzó las cejas.

—¿Es eso lo que esperas que haga? No te dejes llevar por tus fantasías de solterona frustrada, Honor. Ya te han metido en muchos problemas…

—¿Mis fantasías? —preguntó ella con enfado—. Eres fino para criticar. Tú…

—No tengamos otra discusión sin sentido —la interrumpió él—. Basta con decir que nunca he estado tan necesitado de sexo que tuviera que recurrir a la violencia para conseguirlo.

Honor le creyó. Con su atractivo y su riqueza, seguramente no tenía ningún problema para atraer a las mujeres. A ella le resultaba difícil sobreponer esta imagen de seguridad en sí mismo a la del hombre de letras que la hechizó tanto con su sensibilidad.

—Tampoco yo —repuso ella sin rodeos, tratando de emular esa mezcla de arrogancia y refinamiento sexual que él mostraba. Honor no iba a permitir que la intimidara y la hiciera sentirse inferior. Lo miró con desdén.

—Qué bien, entonces ninguno de los dos tiene que permanecer despierto esta noche, preocupado si va a ser violado en su cama.

La idea de su pequeño cuerpo dominando al cuerpo enorme y fuerte de él, resultaba ridícula. En cuanto a obligarlo a que le hiciera el amor, a Honor le parecía que una cosa así no podría realizarla… a menos que… a menos que entrara furtivamente en su habitación y lo atara a los barrotes de su cama mientras estuviera aún dormido, y luego, cuando estuviera totalmente a merced suya…

Honor cerró los ojos y se sonrojó cuando se dio cuenta hasta dónde la llevaban sus pensamientos. ¿Es que estaba obsesionándose con fantasías malsanas a costa de la monótona realidad? Y esta realidad consistía en que si fuera Helen a quien Adam hubiera llevado hasta allí, ¡él no rechazaría la posibilidad de la violación!

—¡No presumas! —logró decir ella, al fin, abriendo los ojos. Horrorizada, descubrió que Adam la observaba con expresión especulativa.

—¿Estaba haciéndolo? No es necesario que se ponga nerviosa, señorita Sheldon, pues sus atrevidos secretos están seguros conmigo… no estoy en el negocio de comprar y vender conversaciones privadas. ¿Puedo sugerirte que sigas el consejo de mi madre y te cambies de ropa antes de bajar a cenar? No nos preocupamos por las formalidades, pero esperamos que los huéspedes estén limpios y razonablemente vestidos. Con esa ropa quizá dejarás pelos de gato por toda la mesa.

Luego de ese insulto final, Adam entró en su dormitorio y cerró la puerta que comunicaba a las dos habitaciones.

Después, Honor descubrió, mientras registraba la ropa que Adam había metido sin cuidado en la maleta, que nada combinaba.

Lo primero era lo primero. Rápidamente entró en el anticuado, pero funcional cuarto de baño y se lavó la cara y las manos. Cuando regresó, puso la silla del dormitorio contra la puerta que comunicaba a las dos habitaciones y se quitó la ropa.

El vestido negro que no recordaba tener, parecía ser lo mejor; pero cuando se lo puso, se dio cuenta de por qué le resultaba tan poco familiar. Era de Helen, uno más de los que colgaban en la parte posterior del armario de Honor. Pero si cuando lo llevaba Helen parecía un vestido elegante, ahora que Honor se lo ponía, resultaba vulgar.

Volvió a revisar la maleta y "sacó una chaqueta roja de punto. Se la puso. Causaba un efecto mucho menos provocativo. Luego se cepilló el pelo.

Había un extraño silencio en la casa cuando bajó. Se sintió incómoda mientras caminaba por el pasillo.

Un débil ruido la hizo apresurar el paso para abrir las puertas que estaban frente a la cocina y al fin encontró el comedor.

Se sorprendió al encontrar a otras dos personas junto con Adam y su madre. Una era una esbelta y atractiva morena de unos treinta y tantos años y otra, una niña rubia y regordeta, de unos diez u once años.

—Honor, adelante, no seas tímida… ven a conocer a mi nuera Tania. Acaba de llegar con Sara, la hija de Adam. Sara, saluda a la señorita Sheldon…

¿Adam estaba casado? ¡Estaba casado con esa elegante mujer! Además tenía una hija… una niña que, a juzgar por la manera en que tomaba de la mano a su padre, lo adoraba.

¡Qué cerdo! ¡No era de extrañar que hubiera estado tan desesperado por recuperar esas cartas comprometedoras!

Honor entró en la habitación y le dirigió a Adam una mirada fulminante que borró la sonrisa del rostro de él. Estaba preocupado. ¡Se lo merecía! ¡Ella tenía argumentos para destruir ese juego de familias felices!
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