¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam




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título¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam
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Capítulo 5

La cena resultó tan exquisita como Joy Blake lo prometió, pero a pesar de sus mejores intenciones, Honor tuvo dificultades para disfrutarla.

La extraña hija de Adam la observaba como halcón desde el otro lado de la mesa, siguiendo cada bocado que Honor daba con horrorizada fascinación, como si esperara que en cualquier momento la chica se transformara de una mujer normal, a un espantoso monstruo.

Cada vez que Honor trataba de dirigirle un comentario amistoso, la niña apartaba la vista y daba la impresión de ser sorda y muda. Ella no tenía mucha experiencia con niños, pero Adam había mencionado que Sara tenía doce años, de modo que la niña creía que tenía la edad suficiente para haber adquirido algunas delicadezas sociales.

Bajo su exterior frío y altanero, Tania estaba tensa y bufaba de rabia. Honor se dio cuenta de ello al verla, pues el medio en que su hermana se desenvolvía estaba lleno de ese tipo de mujeres. Eran mujeres dedicadas a satisfacer una ambición personal, pirañas sociales que buscaban una presa que les permitiera escalar a una mejor posición social. Pero si Tania era una piraña, ¡entonces Adam tenía precisamente la clase de esposa que se merecía!

Por desgracia, en su prisa por disociarse de la perfidia de él, Honor sufrió una confusión mayor.

Si tan sólo hubiera esperado que Joy terminara de hacer la incoherente presentación en lugar de ponerse a hablar, pero cuando la hermosa mujer que estaba junto a Adam la saludó con gélido fastidio, Honor se vio obligada a tratar de dar una explicación.

—Señora Blake… le aseguro que no habría invadido su casa así si… sí la policía no hubiera insistido… Pero Adam la interrumpió.

—Quieres decir que si yo no hubiera insistido. No es necesario que des disculpas por mí, Honor. No pedí tu protección ni la necesito.

Honor se volvió hacia Adam, a quien dijo en voz baja:

—No, ¡pero quizá sí tu esposa y tu hija! Adam ni siquiera tuvo la decencia de parecer avergonzado.

—¿Mi esposa?

—¡Dios mío! ¿Es que no tienes conciencia?

—Honor…

—¡Eres un cerdo…!

Él sonrió, como si de pronto encontrara divertida la situación.

—Está bien, pero no me culpes si no te gustan las consecuencias —dijo.

Estaba furiosa y era muy difícil mirar airadamente a un hombre cuando toda la atención de éste estaba fija en los senos de ella. Sin duda le parecían demasiado grandes.

—¿Cómo te atreves a tratar a tu esposa con tan poca consideración? ¿No tienes vergüenza… depravado?

—¿Esposa? —preguntó Tania, tomando a Adam del brazo. Sus ojos azules brillaban con fastidio—. ¡Por Dios, Adam! ¿Acaso te casaste con esta… esta persona?

Honor se puso pálida. Si esa mujer pensaba que estaba casado con Honor, entonces eso debía significar…

—No seas ridícula, Tania —dijo Adam, obligándola a que le soltara la mano—. ¿De veras crees que volvería a casarme sin pedirle permiso a Sara? —miró a su hija y bajó la voz—. Sabes que no haría eso, ¿verdad, cariño?

Su hija asintió con la cabeza y luego, con los ojos muy abiertos, volvió a mirar con curiosidad a Honor.

—Bueno, ¿qué dijo ella acerca de una esposa? —preguntó Tania—. ¡Algo pasa y yo exijo saber de qué se trata!

—Puedes exigir todo lo que quieras, pero no recibirás respuesta. Por ser la viuda de Zachary, mereces respeto y consideración, pero no tienes derecho a inmiscuirte en mis asuntos privados.

Tania era cuñada de Adam, comprendió Honor. ¡Oh, no!

—Quizás ahora quisieras repetir algunos de tus comentarios, ¿no, Honor? —atacó Adam con voz suave, disfrutando de la humillación de ella.

—Yo… fue una equivocación natural dadas las circunstancias —masculló ella, en actitud defensiva.

Tania no daba la impresión de ser una viuda afligida. No era que Honor esperar a verla vestida de negro meses después de la muerte de su esposo, pero su intuición femenina le indicaba que ese vestido de color azul eléctrico, estaba destinado a tener un máximo impacto con los hombres. Y el único hombre presente era Adam.

—¿De verdad? —dudó él, implacable.

—Bueno, yo… tú…

—Soy un depravado, un pendenciero sin conciencia y un secuestrador… por lo tanto, soy totalmente amoral.

—¿Secuestrador? —preguntó Tania con curiosidad—. ¿A quién secuestraste? ¿Qué sucede?

—¿Quién te arañó la cara, papi?

—Un gato montés —respondió Adam, sonriente, tocando los mechones dorados de la niña.

—¡Un gato montés! —exclamó Sara—. ¿Un tigre o algo así?

—Bueno, no era esa clase de gato —le aclaró su padre. Divertido, miró a Honor, quien estaba sonrojada. Joy también parecía divertida, mientras Tania torcía los labios con arrogante fastidio.

Adam pasó el brazo en torno a Sara, haciéndola acercarse más a él.

—¿Por qué no le pedimos a nuestra invitada que nos dé una explicación? Trabaja para el diario local. Las palabras son su instrumento de trabajo.

¡Al parecer, Adam estaba decidido a no dejarla en paz!

—¡Una periodista! —exclamó Tania—. Me dijiste que no querías a nadie de la prensa aquí. Aunque ella sólo trabaje para un semanario vulgar, sigue siendo periodista.

—Se trata de una publicación quincenal —la interrumpió Adam—, pero da la casualidad de que Honor no está aquí en su calidad de periodista y nunca se le ocurriría traicionar la confianza de un amigo por dinero, ¿verdad, cariño?

¿Cariño?

La palabra de cariño era en realidad una amenaza. Honor tragó en seco y logró sonreír.

—Este… sí… quiero decir, no… —miró de forma airada a Adam—. No lo haría, a menos que ese amigo hubiera demostrado no merecer ese calificativo. Después de todo, la confianza debe ser recíproca, ¿verdad… cariño?

Honor lamentó haber hablado así al ver que Sara Blake se mordía con fuerza el labio y se miraba los pies.

Vestida de blusa blanca y falda de tartán, la niña pareció de pronto mucho más joven. No era justo que tuviera que sufrir por la conducta de Adam. Honor miró los ojos hostiles de Tania y se sintió más culpable. Dadas las circunstancias, la familia tenía todo el derecho a temer la participación de la prensa.

Todos, excepto Joy, quien aligeró el silencio batiendo palmas.

—¡Así que eres escritora! ¿Sabías que a Adam mismo le gustaba escribir cuando era más joven? Siempre sacaba puntuaciones altas en sus ensayos en el colegio. Tenía una imaginación maravillosa… —suspiró—. Pensaba que algún día podría ser un autor famoso…

—No sea ridícula, Joy —dijo Tania, riendo—. Adam ha sido siempre un hombre de acción. No le satisfaría estar sentado ante un escritorio garabateando todo el día. Por eso no siguió trabajando en la granja… no era un verdadero reto. ¡Tenía que crear la suya propia!

Joy Blake se calmó y Honor sintió compasión por ella.

—Adam ha sacado mucho mejor partido de su imaginación que si hubiera sido sólo un proveedor de información para las masas —continuó Tania con el mismo tono condescendiente—. Si no hubiera sido por sus ideas e instancia, Zach nunca habría emprendido un programa de diversificación y las empresas Blake no serían tan rentables como lo son hoy. Adam ha logrado el éxito con el que mucha gente sueña —se volvió hacía Honor, sonriente—. A juzgar por la ropa que la señorita Sheldon tiene puesta, supongo que la profesión de escritor no es muy lucrativa…

—En realidad, este vestido es un original parisino —dijo Honor, imitando el modo altanero de Tania y mencionó al famoso diseñador francés a quien Helen le compró la prenda.

Por desgracia, su comentario tuvo el efecto de atraer la mirada de todos hacia su figura. Los ojos de Adam brillaron con una malicia lujuriosa mientras miraba primero sus caderas y luego sus senos. Lo hacía a propósito, pero si seguía con esa actitud, ¡iba a darle una bofetada sin que le importara lo que la familia de él pensara!

Como si Adam supiera lo que pasaba por la cabeza de ella, él propuso que era hora de que se sentaran y condujo a todas a la mesa. "Su harén", pensó Honor mientras les servía la cena otra mujer, a quien Adam llamó Rhonda. Después, ésta se despidió mirando con franca curiosidad a la periodista, quien se sentó junto a Adam, ante la insistencia de él.

Honor esperaba que Joy relajaría la tensión durante la cena con más de su charla, pero su nuera dominó la conversación.

Pronto la hizo informar dónde vivía, para quién trabajaba y qué edad tenía. Cuando Honor rechazó otras preguntas con generalidades, Tania habló de sí misma y pintó un cuadro de satisfacción doméstica que a Honor le resultó difícil de creer.

Mientras movía el pollo de un lado para otro en su plato, la periodista escuchó que Tania había pasado los últimos días en la casa de North Shore de Adam mientras hacía compras y asistía a varios eventos sociales en la ciudad.

—¿Es que las ventas terminaron pronto o regresas a la ciudad mañana? —preguntó Adam al fin—. No esperábamos que volvieras hasta el fin de semana.

—Quizás eché de menos tu brillante compañía —respondió Tania, riendo, de ningún modo enfadada por el escepticismo de Adam—. Como tenía que dejar a Sara, decidí que era una tontería ir y regresar por otro día o dos. Ya sabes que me encanta tu casa, pero prefiero estar allí cuando me haces compañía.

Honor no necesitaba que le dijeran que era el blanco del remilgado comentario.

—¿Conoces la casa de Adam? —le preguntó Tania—. ¿Te dijo que la diseñó él mismo? Sorprendió a todos. Esos cuartos de baño son de perdición. ¡Caramba, podría uno perderse en ellos durante una semana!

Luego de establecer su familiaridad con la vida de Adam, Tania, pagada de sí misma, hizo una pausa.

—Yo no me sorprendí en absoluto —contestó Honor, echando una mirada enternecedora a Adam—. Siempre supe que él era un hombre de profundidades ocultas. Me parece que esta casa es un reflejo de su carácter, lleno de ángulos imaginativos y fantasías impulsivas.

—Adam es el hombre menos impulsivo que conozco —agregó Tania, malhumorada.

—Como dije, es un hombre con profundidades ocultas —murmuró Honor, encogiéndose de hombros. Bajó todavía más la voz—. Desde luego, cada una descubre aspectos diferentes de él.

—Es claro que no lo conoces tan bien como crees. Si ésta es la primera ocasión que ves a Sara, entonces tú y Adam no llevan mucho tiempo de conocerse, porque todos sabemos que a él le gusta presumir a su hija. ¿Cuándo se conocieron?

Honor abrió la boca para responder la pregunta, pero sintió que una mano grande y tibia se cerraba con firmeza sobre su rodilla.

—Parece que fue hace siglos, pero en realidad nos conocimos hace apenas unos meses —intervino Adam con afabilidad—. Lo siento, pero me he mostrado totalmente egoísta al mantener oculta mi relación con Honor, pero gracias a Sara, ahora he rectificado el error —se volvió hacia su cautelosa hija—. A propósito, sólo diré que me parece muy extraño que una estudiante a quien siempre han elogiado por sus actitudes maduras, de pronto la manden castigada a casa. Me rogaste que te permitiera quedarte en el mismo colegio mientras vivíamos aquí, aun cuando significara hacer preparativos especiales para viajar una distancia extra. Espero que este incidente no indique que cometí un error grave…

Honor se dio cuenta de que la tensión que encontró en el comedor, no fue resultado sólo de su propia llegada.

—¿Te expulsaron? —preguntó Honor a Sara. Adam había revelado ser tan erudito en sus cartas, que le sorprendió que no hubiera inculcado en su hija el mismo respeto por el estudio.

—Me suspendieron —respondió la niña, dirigiendo una mirada intranquila a su pensativo padre.

—Pero… ¿qué hiciste? —a pesar de que se esforzó por ocultarlo, Honor habló con cierta admiración. Siempre le había tenido envidia a los temerarios que se burlaban de las leyes.

De repente, por primera vez la niña miró a la periodista.

—Me sorprendieron con una cajetilla de cigarrillos.

—En tres ocasiones distintas en una semana —añadió su padre tranquilamente.

Alegrándose de que el delito fuera de poca importancia, Honor cambió su expresión por otra de sorpresa. Eso no resultó, pues provocó una descarada sonrisa de la niña.

—La señorita Runcie dijo que debería visitar la facultad de medicina y echar un vistazo a los pulmones cancerosos que allí tenían en frascos. No sé por qué se enfadó tanto. Sólo logré darle unas cuantas bocanadas antes que me sorprendieran.

¿Tres veces en una semana? No era de extrañar que Adam estuviera perplejo.

—No es eso, Sara —intercedió Tania, adoptando un tono regañón—. Sabes muy bien por qué la directora se enfadó. Te advirtieron de las consecuencias de volver a violar las normas y, sin embargo, lo hiciste. No sólo te defraudaste a ti misma, sino a tu padre y a mí también. Imagínate lo sorprendida y humillada que me sentí cuando me llamaron y me informaron de tu conducta vergonzosa…

—No te llamaron a ti, sino a papá —señaló Sara—. La señorita Runcie estaba tan furiosa que se le olvidó que él se había instalado aquí.

—De todas maneras, habló primero conmigo —agregó Tania con el mismo tono—. Y como tu padre no se encontraba allí, ejercí mi responsabilidad como tu parienta adulta más cercana. En realidad, fue sólo gracias a mi influencia con la señorita Runcie, que no te expulsaron. Y ni siquiera te has tomado la molestia de agradecer mi intervención.

Sara se encogió de hombros.

—Gracias, tía Tania —el énfasis fue apenas lo suficientemente sutil para no pasar inadvertido.

La actitud de Sara no parecía el malhumorado desafío de un delincuente.

—Sí, gracias, Tania —recalcó Adam, con semejante falta de entusiasmo—. Lamento que te hayas preocupado por nuestros problemas…

—No fue ninguna molestia. ¿En quién podrías confiar para que te ayudara si no en un miembro de tu familia? —dijo Tania con radiante sonrisa—. Lo que me sorprendió fue que nadie parecía saber dónde estabas. Cuando le pregunté a Joy, no lo supo…

—Pero no me informaste para qué lo querías —empezó a explicar Joy, frunciendo el entrecejo—. Si me hubieras dicho que era urgente, habría tratado de encontrarlo.

Tania la miró.

—Pero sí se lo dije, ¿no lo recuerda? —la anciana vaciló y entonces Tania sonrió—. No se preocupe, Joy, comprendemos… ya no tiene la misma memoria que cuando era joven. Se asustó cuando le mencioné a Sara y quizá se confundió. No importa. No ha pasado nada… esta vez.

Honor se fijó en el miedo efímero que invadió los ojos cafés, así como en la manera en que las manos apretaron el cuchillo y el tenedor. ¿No se daba cuenta Tania de que sus palabras tranquilizadoras producían un efecto contrario?

—Yo tengo muy mala memoria —intervino Honor, sonriendo alegremente a Joy—. Sobre todo tratándose de nombres. Por cierto, este platillo de pollo que preparó es realmente delicioso, Joy. Tiene que apuntarme la receta, porque soy un caso perdido para recordar listas de ingredientes. Es por eso que me convertí en reportera… siempre tenía que apuntar las cosas para recordarlas, así que decidí hacer una profesión de ello. Solía enloquecer a mi hermana cuando confundía sus mensajes telefónicos.

—¿Tienes una hermana? ¿Mayor o menor que tú? —preguntó Joy rápidamente. Honor se dio cuenta de que debería haber utilizado un ejemplo distinto.

—Este… mayor. Vive en Manhattan.

—¿Nueva York? —Tania pareció interesada—. ¿A qué se dedica?

—Helen es modelo —admitió Honor de mala gana.

—Es una modelo rubia y muy hermosa —agregó Adam de tal manera, que la periodista apretó los dientes.

—Helen Sheldon… ¿Helen Sheldon es hermana tuya? —preguntó Tania.

Honor suspiró, debió haber sabido que alguien tan elegantemente vestida como Tania, establecería la relación.

—Sí.

—Nunca lo habría adivinado —comentó Tania, arrastrando palabras y riendo entre dientes—. ¿Ese vestido es suyo? por eso que se ve tan… extraño ahora que lo llevas? Magnífico. Ahora todo el mundo sabía que llevaba ropa de segunda mano, aunque exclusiva.

—Siempre que ella me visita me regala la ropa que desecha —aclaró Honor con pesar—. Por desgracia, ella y yo no tenemos la misma talla. Ella es muy delgada… además es una rubia natural —sonrió a Sara—. ¿Viste la película en la que aparecen Arnold Schwarzenegger y Danny De Vito? Así somos Helen y yo… ¡es obvio suponer que yo hago el papel de De Vito!

En lugar de reír, Sara se puso un poco pálida.

—¿Estás bien, encanto? —preguntó su abuela.

—Ah, sí… discúlpenme, tengo que ir al… regresaré en un momento —salió de prisa de la habitación.

—Tal vez todo ese humo está haciendo estragos en su aparato digestivo —comentó Tania con sarcasmo—. Deberías de dejarme que la inscribiera en algún curso de cuidado personal, Adam. Así tendría más confianza en sí misma, de modo que no haría tonterías para ser popular con las demás chicas.

—¿A eso crees que se debe lo que hizo? —preguntó Adam.

Tania se encogió de hombros y respondió:

—¿No es la tensión lo que suele causar estas cosas? Quizá si ella no fuera tan gordita y supiera qué ropa ponerse, se sentiría mejor.

—Ya adelgazará —intercedió Joy—. Recuerda que Mary era alta y esbelta, así que estoy segura de que tendrá un cuerpo muy bonito… No se preocupa por ello, ¿verdad, Adam? Nunca me ha dicho nada.

—Sin intención de ofenderla, Joy, pero tal vez Sara piensa que usted no está al tanto de las modas actuales —insistió Tania—. Hace cinco años que murió su madre, de modo que quizá necesita desahogarse con alguna mujer que tenga más o menos la edad que tendría Mary… Tal vez yo podría hablar con ella, Adam…

—O quizás Honor —sugirió Joy, categórica.

Tania entrecerró los ojos.

—Bueno, sí —dijo con dulzura—. Supongo que podría ayudar hablar con alguien que tenga los mismos problemas. ¿Pero no creen que Honor sería la persona equivocada? Sin intención de ofenderte, pero no eres precisamente un ejemplo a ese respecto —¿sin intención de ofenderla? Distraída ahora que sabía que Adam era viudo, la periodista se enfureció ante la hipocresía de la frase que Tania había empleado dos veces en unos cuantos minutos—. Tu hermana sería un ejemplo mucho mejor para que Sara lo imitara. ¿Conoces a la familia de Honor, Adam? ¿Conoces a Helen?

De nuevo empezaba la búsqueda de información. Honor vio a Adam tomar un sorbo de vino blanco. Para ser un hombre tan dominante, había estado actuando con una extraña pasividad. Parecía que había estado jugando algún juego, esperando, observando, pensando, planeando…

Honor, nerviosa, tomó un sorbo de su propio vaso. Nunca debió haberlo provocado antes. ¿Qué iba a decir él ahora?

—Nos conocemos.

Honor sintió que se ahogaba. Adam se inclinó y le dio una palmada en la espalda.

—¿Estás bien, cariño? —preguntó.

—Sí, estoy bien —tosió Honor, preguntándose qué tramaba él.

Adam se inclinó más, la tomó del mentón, la hizo levantar la cabeza y la miró a los ojos, llorosos.

—¿Estás segura?

—Sí, sí, por supuesto —respondió ella. Se sintió vulnerable a las dagas invisibles que le clavaban ahora en la espalda.

—Tal vez deberías tener cuidado con el vino, pues parece causar un efecto muy perjudicial en tu coordinación —sugirió él, bromeando, con una voz que le alteró los nervios—. ¿Recuerdas la última fiesta a la que fuimos juntos? Te quedaste dormida, así que tuve que llevarte en brazos hasta el auto…

La sensual insinuación de él resultó tan desconcertante, que a ella le llevó un momento darse cuenta de con qué habilidad Adam había mezclado la ficción con la realidad. Estaba hablando de la noche del baile de los enamorados. ¿La última fiesta a la que habían ido? ¡Era la única!

—No fue el vino, sino los medicamentos que estaba tomando —aclaró ella, tratando de no estremecerse cuando el pulgar de él le acarició la mandíbula—. Estaba enferma esa noche, pero tenía que ir al baile porque era una de las organizadoras…

Adam la siguió acariciando.

—Pobre Cenicienta. Qué suerte tuviste de que un príncipe viniera a tu rescate. Aunque tengo que admitir que después de lo que tú hermana me dijo, esperaba que algún pretendiente celoso se abalanzara sobre mí y te arrebatara de mis brazos…

Había un cierto tonillo irónico en sus palabras que sólo Honor reconoció.

—No… no había ninguno. Helen dijo eso porque… —se detuvo, vacilante.

—Me fijé que no llevabas un anillo de compromiso —le informó él, mirando los labios femeninos como si supiera lo que la hacía sentir—. ¿Hay ahora alguien que pudiera molestarse por tu presencia aquí conmigo?

—No, yo… —demasiado tarde se dio cuenta de la trampa que él le tendió. Tomó a Adam por la muñeca y lo hizo que apartara la mano del rostro de ella. Con un movimiento hábil, Adam entrelazó sus dedos con los de Honor y sonrió con suficiencia exasperante.

—Ah, sí, eres un verdadero príncipe, Adam —comentó ella con sarcasmo. ¡No volvería a engañarla!

—Gracias, Honor —dijo él, inclinando la cabeza, levantando las manos entrelazadas y depositando un beso en los nudillos—. Me halagas con tu amable homenaje. Me alegra saber que me consideras noble. Eso me hace sentirme digno de una dama de buena familia.

Ahora Adam la hizo bajar la mano, que quedó firmemente apoyada contra un muslo de él.

Honor vio que las otras dos mujeres seguían el movimiento con los ojos. Se sintió humillada. ¿Pensaban ellas que su mano estaba en las rodillas de Adam? ¿Estaba él loco? De pronto Joy alzó la vista y Honor vio un brillo travieso en sus ojos. Tania, por su parte, soltó un gemido estridente.

Todos saltaron. Tania volcó la silla al apartarse de la mesa.

—¿Qué pasa? —preguntó Adam, de pie, alerta.

—¡Una rata!

—¿Una rata? ¿Eso es todo? ¿Te pareció ver una rata?

—¡No la vi, la sentí! —gimió Tania, molesta por la falta de preocupación de él—. Era algo peludo y horrible que estaba debajo de la mesa. ¡Me mordió! —mostró el tobillo y, al hacerlo, dejó al descubierto buena parte de la pierna. Tenía algunas heridas en la parte posterior del tobillo—. Mira, me hizo un agujero en la media. ¡Por Dios, Adam…! ¡Mátalo!

—¿Matar qué? —Sara regresó a la habitación a tiempo para escuchar la exigencia de Tania.

¿Peludo y horrible? Con cautela, Honor bajó los pies de la silla y echó un vistazo debajo de la mesa. Efectivamente, allí estaba Monty moviendo la cola y satisfecho de los estragos que había causado. Por un momento, la chica se preguntó si podría espantarlo sin que los demás se dieran cuenta, pero Sara también se asomó debajo de la mesa.

—Tal vez fue el gato, eso es todo… ¡escuchen, ese no es "Curry"! Debe de ser algún gato extraviado. ¿Qué estás haciendo allí abajo…? ¡Ay! ¡Me atacó! —la niña se puso de pie y se chupó el dedo—. Es salvaje. Debes de haberle pisado la cola, tía Tania…

Pero su tía estaba aún examinando la herida.

—Ahora ya sabes por qué no apruebo que haya animales en la casa —espetó irritada—. Si es un gato extraviado, tal vez tenga pulgas y quién sabe qué otras asquerosas enfermedades…

Monty sal de allí abajo —ordenó Honor en voz baja y le dio un puntapié al gato para ponerlo en movimiento. Luego se dirigió a Tania—: Lo lamento mucho, señora Blake. Fue culpa mía, pues debería haberme asegurado de que mi gato estaba… en la cocina. Pero es muy limpio. Lo que pasa es que tiene la costumbre de pedir las sobras…

—¿Tu gato? —Tania se enfureció más—. Adam, sin decírmelo, no sólo invitaste a tu… amiga a quedarse, sino le permitiste que trajera una colección de animales salvajes…

—Un gato no es una colección de animales —aclaró Adam mientras miraba a Monty, que salió de su madriguera temporal. Arqueó el lomo y ronroneó con inocencia. Entonces Joy se inclinó para acariciarlo y regañarlo con cariño—. Aunque debo admitir que éste parece causar tantos problemas como una carretada de animales salvajes —añadió, irónico.

—¿Fue Monty el gato salvaje que te dio ese arañazo? —preguntó Sara a Adam, intuitiva.

Adam expresó con una sonrisa la respuesta a su hija. De pronto volvió a ser el hombre que le enviaba cartas a Honor: amable y alegre. Pero ella no deseaba conocerlo.

—Adam, te dije…

—Escuché lo que dijiste, Tania, y supongo que como familiar, no necesito permiso para sentirme como en mi casa aquí. Si vamos a ser quisquillosos, podría señalar que no me preguntaste si podrías quedarte aquí esta semana mientras estuvieras en la ciudad. Sólo me informaste que era lo más conveniente para ti.

—La situación no es la misma… —empezó a decir Tania.

—En efecto. En realidad no necesito pedirte permiso para hacer lo que quiera aquí, pues Zach juzgó conveniente dejarme incondicionalmente la casa y la propiedad a mí.

¡De modo que Tania no había heredado la casa de su esposo! Honor contuvo el aliento. Las palabras de Adam parecieron un cruel recordatorio de lo mucho que Tania había perdido.

—Él sabía que yo no puedo administrar cosas —justificó Tania, sonriendo—. Siempre dijo que si algo le sucedía, te hicieras cargo de mí. Encomendó mi felicidad y seguridad futuras a ti, y yo también. Lo que pasa es que a veces olvido lo mucho que las cosas han cambiado. Esta es nuestra casa, ya no sólo mía…

Honor admiró la actuación.

—Por cortesía, desde luego te habría avisado de la visita de Honor… si yo mismo lo hubiera sabido. Pero no fue planeado. No quería que ella estuviera sola en su casa ahora, así que la sorprendí y la traje aquí, donde sabía que estaría segura bajo mi protección. Podría decirse que me dejé llevar por mi instinto caballeroso.

Eso era demasiado para Honor.

—¡Caballeroso!—exclamó.

—Está bien, mi instinto apasionado, entonces —corrigió él.

Honor estaba a punto de decir algo mordaz, pero antes que s pudiera hacerlo Adam se acercó a ella, la tomó del brazo y comenzó a conducirla hacia la puerta.

—En cuanto a tu otro inesperado invitado, Tania, lamento decirte que Monty es de temperamento tan imprevisible como su dueña, así que te aconsejo que no te acerques a él. Mamá, quizá tú puedas convencerlo para que vuelva a la cocina, pues parece que eres la única persona a quien respeta. Honor y yo tenemos que hablar de algunos asuntos en el estudio.

—¿Asuntos? ¿Qué clase de asuntos? —preguntó Tania—. Adam… no hemos comido el postre, y se trata de pastel de zarzamora… ¡tu favorito! Le pedí a Rhonda que lo preparara especialmente…

Adam sonrió y miró por encima del hombro.

—Adelante —dijo—. No te preocupes por nosotros. Honor y yo comeremos el postre en el estudio…
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