¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam




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título¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam
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Capítulo 7

Honor mordió una manzana grande y roja, contenta con las técnicas de la refrigeración moderna que le permitía gozar de un sabor fresco mientras que a su alrededor sólo había árboles cargados de pequeñas frutas verdes.

Suspiró satisfecha y se recostó en el césped, debajo de la cambiante sombra de los árboles. Cerró los ojos y disfrutó de los sonidos del campo. Incluso el zumbido lejano de un tractor parecía armonizar con el ambiente.

Pero el momento de tranquilidad fue efímero.

—¿Qué estás haciendo aquí abajo? ¿Ocultándote?

Seguramente la niña tenía radar. Honor abrió los ojos de mala gana. Sara jadeaba y tenía la cara rosada debido al esfuerzo de correr. Los jeans que llevaba estaban manchados y su expresión era de suficiencia y satisfacción. No podría haber parecido más desaliñada, aunque hubiera tratado… Honor supuso que lo intentó, pues la tarde anterior Tania le dio un regalo inesperado a su "única y favorita sobrina": varios vestidos elegantes que pensó que a Sara podría gustarle usar en la casa.

—Estoy almorzando. ¿Y qué haces tú? ¿Vienes a fumar a hurtadillas?

Sara rió tontamente. Se dejó caer junto a Honor.

—Papá está buscándote.

—¿De verdad? —Honor dio otra mordida a la manzana, esforzándose por aparentar tranquilidad, aunque el corazón le latía de prisa.

—¿Te ocultas de él? ¿De papá? ¡Caramba! ¿Qué hizo?

—No me oculto…

—¿Entonces por qué no estás almorzando con nosotros en la casa? Mi abuelita dijo que hoy podíamos hacerlo junto a la alberca. ¿Sabías que hay un campeonato de natación en el colegio? Te apuesto a que podría vencerte en una carrera —ahora Sara había decidido que la mejor amiga de su papá debía ser la mejor amiga de ella—. Entonces, si no te escondes de mi papá, ¡sin duda te ocultas de mi tía Tania!

El comentario de Sara estuvo muy cerca de la verdad.

—Ya te dije que no me escondo, sino que estoy comiendo.

—No tienes de qué preocuparte, se fue a comer con la Growers Association. Se puso furiosa porque se suponía que papá la acompañaría, pero él dijo que no tenía tiempo para hacerlo. ¿Es esa manzana todo lo que estás comiendo? No estás a dieta, ¿verdad? No deberías de prestar atención a lo que, tía Tania dice. ¿Sabías que a veces ella toma pastillas para mantenerse delgada? Es bastante obsesivo, ¿no te parece? Eso se puede convertir en adicción…

—¿Cómo con los cigarrillos? —la interrumpió Honor rápidamente. Cualquiera que fuera la opinión que tenía de Tania, no debía animar a Sara a que no respetara a su tía.

Sara sonrió.

—En realidad me sentí muy mal —confesó—. Lo hice para que me mandaran a casa.

De modo que Adam tenía razón. Honor trató de parecer indiferente.

—¿Oh? ¿Por qué lo hiciste?

Por un momento pensó que Sara iba a contárselo todo, pero la chica se encogió de hombros.

—Deberías de hablar con tu padre, pues él está preocupado. O con tu abuela, si es algo que tiene que ver con… esto…

—¿Con el sexo? No, nada de eso. Si fuera eso, podría hablar contigo, ¿no? Mi tía Tania dijo que tú eres experta en sexo.

—No deberías de escuchar furtivamente a la gente, Sara.

—Es la única manera de enterarse de las cosas cuando se es niño. Además, ahora no escuché furtivamente. Mi tía Tania lo dijo en voz alta. Mi abuelita también la escuchó.

—¿Y qué dijo tu abuelita?

—Nada. Ella no dice muchas cosas cuando mi tía Tania está presente. Tiene miedo de empeorar el asunto delante de ella. También a veces olvida las cosas… pero cosas insignificantes, no las importantes. A ella le gusta estar ocupada. Siempre cocinaba cuando papá y yo veníamos a visitarlos, cuando mi tío Zach estaba vivo, porque a mi tía no le gusta meterse en la cocina. Mi abuelita ha estado enferma. Mi tía Tania tiene un libro donde habla de la gente que olvida qué día es o quién es su familia. Mi abuelita no es así. Todavía juega a los bolos.

—No, ella no es así —aseguró Honor con firmeza—. Es una persona amable y espontánea. He charlado mucho con ella y nunca he notado algo mal. Sólo parece indecisa cuando está cerca de tu tía, quizá porque no se llevan bien y a tu abuelita no le gusta discutir.

—¿Por qué mi tía Tania la intimida?

—A mucha gente le gusta creer que sabe qué es lo mejor para todos los demás. Sobre todo, con otras personas que no son tan agresivas como nosotros. Quizá tampoco tu tía quiere sentirse responsable si algo sucede cuando está fuera…

—Siempre está fuera… excepto cuando papá está en la casa.

—Si de verdad estás preocupada, ¿por qué no se lo comentas a tu padre…? —Oh, ya lo hice, hace tiempo. Después que mi tío Zach murió. Mi papá dijo que nunca llevaría a mi abuelita a un asilo. Pero mi tía Tania no tiene por qué preocuparse, porque mi abuelita vivirá con nosotros… cuando papá decida dónde vivir, porque podríamos quedarnos aquí…

—¿Te gustaría eso? —Honor se preguntó cómo sería vivir cerca de Adam.

Sara se encogió de hombros y sonrió.

—Quizá. Depende de cómo resulten las cosas…

Honor abrió la boca para preguntarle qué cosas, pero Sara se le adelantó.

—¿Estás segura de que no volverás a la casa para comer? Después de que mi tía Tania se fue, mi abuelita preparó una pizza, panecillos y molletes de manzana…

A Honor se le hizo agua la boca.

—Bueno… tendré que nadar después —si no hubiera sido por la alberca, habría engordado.

—Fabuloso, competiré contigo. Oh, mira… ¡te dije que papá te buscaba! —Sara se levantó de un salto y corrió a encontrar a la motocicleta de cuatro ruedas que se detuvo cerca de los manzanos.

A causa del ruido del motor del vehículo, Honor no pudo escuchar lo que Adam le dijo a su hija, pero notó su efecto. Sara rió, echó por encima del hombre una mirada maliciosa a Honor y regresó corriendo a la casa. Sintiéndose acalorada y desaliñada, Honor se puso de pie y miró al hombre que después de acelerar el motor una vez más, se inclinó y lo apagó.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Adam.

—Estoy descansando un momento —respondió ella, tajante—. Esa es la razón de trabajar de manera independiente: uno no se tiene que humillar ante un jefe negrero.

—Pero sin duda el periódico tiene plazos que debes respetar. Además, tus clientes seguramente te piden el trabajo para una fecha determinada.

—Trabajo según mi propio plan. Hasta ahora no he recibido quejas.

Adam levantó las manos del manillar de la motocicleta y las extendió en un gesto de apaciguamiento.

—No me estoy quejando —aclaró—. Todo lo contrario. Hasta ahora has estado haciendo un trabajo fabuloso.

Honor deseó sentir que él sólo se refería al boletín que ella estaba armando.

—Lo haría mejor si dejaras de interrumpirme.

A ella le resultaba muy difícil concentrarse en la pantalla cuando, en cualquier momento, levantaba la vista y encontraba allí a Adam, observándola en silencio.

El problema era que vivir con él y trabajar con él, no le ofrecía a ella la clase de curación que esperaba. Conocer la otra faceta de Adam, la que ocultó en sus cartas, sólo agravaba el problema. Sí, él era testarudo, arrogante y discutidor, pero se doblegaba por aquellos a quienes amaba. Era extraño y caprichoso con su madre; un niño juguetón con su hija; firme e incluso amable con Tania.

Era sencillamente… Adam. Su querido héroe de fantasía comenzaba a palidecer en comparación con el Adam de carne y hueso.

—Me gusta tomarle el pulso a las cosas. Por eso quise que te quedaras aquí mientras trabajabas en ello —dijo él, interrumpiendo sus pensamientos—. Es bueno tener un intercambio constante de ideas, ¿no te parece?

La recorrió con la mirada, fijándose en la ropa que Honor vestía y que ella recogió de su casa junto con otras prendas, cuando Adam la llevó para que también se llevara su computadora y cerrara bien la casa. Frunció el ceño al ver los pies descalzos de ella.

—¿Dónde están tus zapatos? —preguntó—. No deberías pasearte por un huerto sin protección para los pies.

Honor se inclinó para recoger sus zapatos de lona y se los puso.

—Mi padre siempre trabajaba en el campo. Allí pasé mi niñez. No hace mucho tiempo que olvidé las reglas. Sólo me quitaba los zapatos cuando me sentaba.

—Con esa ropa parece que sigues siendo niña. Estoy seguro de que el uniforme del colegio que utiliza Sara, es casi igual.

—Si querías glamour, debiste haber ido a comer con Tania.

—No dije que no me gustaba —sonrió él—. Siempre me han atraído las mujeres con uniforme… Mary era voluntaria de la St John Ambulance. ¿Has estado interrogando a mi hija acerca de mis actividades?

—No —respondió ella mientras consideraba la extraña referencia que Adam hizo de su esposa. Joy había mencionado a Mary sólo unas cuantas veces, siempre con expresión reverente, diciendo lo maravillosa esposa y madre que fue y comentando que Adam había guardado todas las fotografías de ella porque lo entristecían mucho. Si Mary Blake fue hermosa y buena, ¡no era de extrañar que ninguna mujer pudiera ser digna rival de su recuerdo!—. ¡Ojalá pudiera impedir que me platicara cosas!

—¿De verdad? Le simpatizas, lo cual resulta afortunado teniendo en cuenta que se supone que estás muy enamorada de mí.

Honor se sorprendió antes de darse cuenta de que Adam estaba bromeando.

—¿Y de quién es la culpa que ella crea eso? No deberías de animarla, Adam…

—¿A que le simpatices?

Á propósito, él se mostraba torpe.

—No, a reírse de tu cuñada… a ponerse de mi lado y en contra de ella. No… ¡no es justo!

—¿Para quién? ¿Para Tania? Dudo de que se dé cuenta de ello. No ve a Sara como persona, sino como algo adjunto a mí. Antes nunca le hizo caso. No tengo ninguna intención de que me convenzan de convertirme en protector de Tania durante el resto de mi vida, y cuanto más pronto lo acepte, mejor. ¿No tienes un sombrero que haga juego con esos zapatos? El pelo no te protege del sol y ya tienes la nariz un poco rosa. La casa está lejos. Sube a la moto y te llevaré. No quiero que lleguemos tarde a comer.

—Gracias, pero caminaré —respondió Honor con voz áspera, de mal talante.

—Será más rápido en la moto. Hay mucho espacio.

—No, yo…

—¿Nunca te has subido a una motocicleta? Las cuatro ruedas la hacen muy segura.

—No me preocupa eso…

—Yo también soy muy seguro.

—Sé que lo eres. Pero prefiero caminar.

—Estás entrecerrando los ojos, Honor. ¿Es el sol o estás diciendo mentiras? —preguntó él, riendo—. Vamos, no seas tonta. Hace calor y te apuesto a que estás muriéndote de sed. Si no quieres abrazarme, me moveré para que puedas sentarte delante de mí. Entre mis piernas. Entonces te sentirías más segura, Honor. Ya estuviste así antes y saliste ilesa.

—Eso es cuestión de opinión —repuso ella con aspereza. Alargó el brazo para tocar las gruesas llantas traseras. Adam tenía razón, ¡maldición!, quería subirse a la motocicleta. ¿Por qué habría de privarse de una experiencia nueva y agradable sólo para demostrar que Adam estaba equivocado?

Subirse al vehículo resultó un poco más complicado de lo que él insinuó. Honor tuvo qué subirse la falda muy arriba de los muslos para sentarse. Y una vez que quedó a horcajadas en el asiento, no dejaba de deslizarse hacia atrás. Sus piernas rozaban el pantalón de él.

Indecisa, Honor alargó las manos hacia la cintura de Adam y cerró los ojos. Él tenía la piel caliente y un poco húmeda.

Adam volvió la cabeza.

—Afiánzate de mí con más fuerza, Honor. No me romperé.

Ella respiró a fondo y se inclinó más hacia la espalda de él. Sus senos se apretaron contra los músculos de Adam y sus dedos se entrelazaron por encima del ombligo, pero al hacerlo se enredaron con algunos vellos. Él soltó una exclamación ahogada de dolor y rió al mismo tiempo.

—¡Lo lamento!

—¿Lo hiciste a propósito?

—Por supuesto que no. No es mi culpa que seas velludo.

—Si quieres podría afeitarme.

—¿Afeitarte el pecho? Es mejor que no lo hagas —bromeó ella, a punto de reír.

—No escogí ser así. La genética lo decidió por mí. No es cuestión de vanidad.

—Tu padre fue un hombre velludo —comentó Honor, riendo.

—Sí lo fue, en realidad. ¡Y aún tenía una abundante cabellera el día en que murió!

De verdad Adam estaba disgustado. Honor ahogó la risa apoyándose contra la espalda de él.

—Si puedes controlarte, nos iremos —dijo él, encendiendo el motor. Sonrió—. No estás en una posición ideal para provocarme, con el vestido subido hasta la cintura y tus piernas alrededor de las mías.

—¿Vas a poner en marcha la motocicleta o a quedarte sentado aquí?

—¿Estás lista, encanto? Eso está bien, porque el motor del vehículo ha estado zumbando desde hace cinco minutos.

Fue un frenético paseo en motocicleta. Después de los primeros minutos Honor se olvidó del pudor y se asió con firmeza de Adam. Él condujo el vehículo por los caminos de grava y al final atravesó por donde estaban los kiwis.

Cuando Honor trató de bajarse de la motocicleta, al llegar a la casa, sus piernas mostraron una alarmante tendencia a doblarse.

—Estuviste alardeando —aseguró ella, jadeante, mientras Adam la levantaba y la ayudaba a ponerse de pie.

—Sólo un poco —respondió él, sonriendo—. Espero que no nos haya visto alguno de los empleados. Existe la amenaza de despido para quien sorprendan utilizando sin autorización el equipo de la granja.

—No pueden despedirte, pues tú eres el jefe.

Adam la tomó de la mano y la condujo hacia la puerta que daba a la casa.

—¿Por qué fuiste a buscarme? —preguntó ella en el momento en que encontraron a Joy poniendo platos sobre una mesa, a la sombra de una gran sombrilla azul de lona.

—¿Mmm?

—Sara me dijo que estabas buscándome.

—Ah, sí, para decirte que la policía capturó a ese hombre. Creo que nadaré un poco antes de comer… ¿me acompañas?

—No, yo… ¿qué dijiste?

—Dije que creo que nadaré…

—No, hablo de ese hombre. ¿Qué hombre? ¿Te refieres al chantajista? ¿La policía lo atrapó? Oh, Dios, ¿por qué no me lo dijiste?

—Creo que acabo de hacerlo —dijo él con impaciencia.

—¡Quiero decir de inmediato! ¿Cuándo sucedió? ¿Quién era? Me refiero a… es… bueno, es fabuloso…

Adam continuó caminando por el sendero y Honor junto a él.

—En realidad la policía no lo capturó, sino su esposa. Ella encontró las revistas de donde recortó las letras para elaborar los mensajes, de modo que lo obligó a que le confesara qué había hecho. Él mismo se entregó. Solicitó un empleo en Inversiones Blake hace dos años, pero acudió ebrio a la entrevista. No ha podido encontrar trabajo desde entonces, y al parecer en su última juerga, decidió que era hora de que la empresa le pagara por causarle todos sus problemas. No admite ser un alcohólico. En realidad, no tenía ningún plan, además de enviar las cartas para ponernos en un aprieto. Lo que buscaba era vengarse, no quería dinero. Sólo deseaba "hacer que sufrieran los hijos de perra".

Adam parecía aburrido. Como si ahora que el lío estaba resuelto, hubiera perdido todo interés.

Honor tragó en seco.

—¿Qué pasa ahora?

—¿Ahora? La policía continuará con su trabajo y nosotros volveremos a ocuparnos de nuestros negocios, como de costumbre.

—Espero que esta pizza no tenga muchos hongos, mamá —dijo Adam cuando llegaron a la mesa y alargó el brazo para tomar una rebanada caliente.

—La tuya está todavía en el horno —le Informó Joy—. Esta es para Sara y Honor. Tiene muchos hongos.

—Iré a la casa por ella.

—Sara la traerá ahora. Ojalá no me trataras como una inválida, Adam. No me gusta.

Él pareció desconcertado; luego sonrió y besó a su madre en la mejilla.

—¿Honor ha estado dándote lecciones a escondidas? Su madre pareció satisfecha.

—Me dio un libro —respondió—. No estoy pasándome de la raya, ¿verdad? Tu padre odiaba a las mujeres autoritarias. Adam sonrió.

—No lo eches a perder ahora.

Honor no entendía cómo podía él ser tan despreocupado.

—Adam… —empezó la chica a hablar.

—Tú puedes sentarte y empezar, pues tu rebanada de pizza ya está aquí —interrumpió él.

—Adam, necesito hablar contigo…

—Después, ¿no? —la rechazó, quitándose la camisa.

—No, ahora. Es que ya me voy…

Adam la tomó del mentón y la besó.

—Tienes un trabajo que todavía no has terminado —aclaró él—. No puedes irte antes de hacerlo. Tampoco te he devuelto tus cartas. Así que no puedes irte…
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