¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam




descargar 410.52 Kb.
título¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam
página8/9
fecha de publicación09.03.2016
tamaño410.52 Kb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Derecho > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9

Capítulo 9

Si la llegada de Honor produjo sorpresa, la de Helen causó sensación.

Tania, en lugar de que se sintiera herida al ser eclipsada por la presencia de otra mujer más hermosa que ella, se mostró efusiva y no dio ninguna señal de la hostilidad que le expresaba a Honor.

Y Joy, desde luego, estaba encantada. Por supuesto, la hermana de Honor era bienvenida y lo insólito de la hora no importaba. En realidad, ¿no era una tontería que Helen regresara a Kowhai Hill si su hermana iba a quedarse en la casa? ¿Por qué ella no se quedaba también?

Helen aceptó.

—Qué oportuno que sólo trajiste tu maleta —le dijo Honor con ironía.

Era inútil tratar de deshacerse ahora de Helen. El daño estaba hecho desde el momento en que Adam salió del comedor para ver qué era lo que causaba la conmoción en el vestíbulo. Pareció estupefacto; después una expresión de regocijo se reflejó en su rostro y casi dio un traspié en su prisa por hacer pasar a la modelo.

Esta le dirigió a Honor una de sus famosas miradas frías.

—Soy una viajera experimentada, querida, de manera que siempre estoy preparada para las contingencias.

Incluso Sara parecía haber abandonado su acostumbrada actitud de indiferencia y miraba a Helen con la misma fascinación que su padre. Quizá se imaginaba que, después de todo, la modelo sería una mejor rival para Tania, pensó Honor con pesar.

Diez minutos después de haber llegado, Helen estaba sentada a la cabecera de la mesa familiar, bebiendo café solo, comiendo pan tostado y entreteniendo a todos con la divertida historia de cómo había localizado a Honor. Luego de meterse en la casa de Kowhai Hill el día anterior, esperó toda la noche a que Honor apareciera.

—Empezaba a creer que mi sensata hermana había decidido al fin desmandarse, pero esta mañana apareció en mi puerta ¡nada menos que el policía del lugar! Alguien informó haber visto actividad en la casa, aunque todo el mundo sabía que Honor no se encontraba. Creo que el pobre oficial casi tuvo un ataque cardíaco cuando fui a la puerta —dijo Helen, echando una mirada ardiente al hombre de la casa, como si lo invitara a imaginarse lo que añadió en seguida—. Yo estaba tomando una ducha, así que sólo me cubrí con una toalla…

Adam sonrió.

—Apuesto a que el policía casi se muere.

Helen sonrió, complacida.

—Cuando al fin se serenó, el pobre hombre se ofreció a traerme en su auto. ¿No fue una amabilidad de su parte?

—Podrías haber telefoneado primero —sugirió Honor. Sabía muy bien que fue la curiosidad, no la preocupación, lo que llevó a su hermana a la casa de Adam.

Helen estaba demasiado ocupada sonriéndole a éste para preocuparse por las contradicciones de su relato, pero respondió:

—Entonces no habría sido una sorpresa. De todas maneras, el señor Plod me informó todo acerca de ese hombre detestable que exigía dinero con amenazas y de cómo Honor escribió un reportaje para los periódicos. Qué inteligente fuiste, querida, al sacar provecho de lo que debió de haber sido una espantosa experiencia para todos.

Honor sonrió débilmente. El cumplido no sólo era dudoso, sino también inmerecido. Era difícil admitir que había olvidado todo acerca de su supuesta ambición hasta que Adam le refrescó la memoria el día en que le informó lo del arresto y le dijo que hizo preparativos para que el jefe de la policía le concediera una entrevista esa misma tarde.

El resto de la prensa tuvo que esperar hasta el día siguiente, cuando el hombre perturbado apareció brevemente en el tribunal para ser mantenido bajo custodia para un informe psiquiátrico, antes que obtuviera su primera declaración oficial de la policía. Para ese momento, Honor estaba llamando a los periódicos de todo el país ofreciendo enviarles por fax la información que tenía, la cual aceptaron de inmediato, de modo que pronto tuvo el dinero suficiente para telefonear al taller y decirle al mecánico que ya podía pagarle la reparación de su automóvil. Este se encontraba ahora junto al Mercedes de Adam.

—Así que… estuviste en casa de Honor hace dos semanas, ¿verdad? —inquirió Adam—. Ella no me dijo que regresarías tan pronto…

—Es que yo tampoco lo sabía. La verdad es que lo hice sin reflexionar, pues estábamos trabajando en la gran Barrera cuando el ciclón surgió amenazadoramente, de modo que aceleramos el paso y terminamos la tarea tres días antes; Entonces pensé: ¿por qué no pasar por casa de mi hermana antes de regresar a Nueva York? Tuve que irme de prisa la última vez que estuve aquí, cuando Honor estaba excitada por la tontería esa del Día de los Enamorados. Debo admitir que me sentí un poco culpable por no haberme mostrado más comprensiva con ella…

—¿A qué te refieres? —preguntó Tania con interés.

—Al baile que fuimos este año, en Evansdale. Honor fue una de las organizadoras —aclaró Adam, quien cambió de tema—. Desde luego, estuvo bien que hicieras el esfuerzo de visitar a Honor. Tiene suerte de contar con una hermana tan considerada… y tan hermosa, por supuesto…

—Caramba, gracias —dijo Helen, bajando la vista.

—Como mi familia le dio la bienvenida, me parece justo que tenga la oportunidad de conocer un poco mejor a tu hermana, ¿no? —sugirió él, dirigiendo una mirada maliciosa a Honor.

—¡Espero que más que un poco, Adam! —respondió Helen.

—Estoy seguro de que tendremos tiempo para ello en los próximos días —replicó él.

El amor propio de Honor quedó lastimado, lo mismo que su corazón. ¿Adam la castigaba por lo del día anterior? ¿O existía una razón más compleja? ¿De pronto se dio cuenta del error que habría cometido si hubiera tenido éxito al querer seducirla? ¿O al ver a Helen de nuevo volvió a entrar en razón?

La noche anterior, acostada en la cama, no pudo dejar de pensar en lo sucedido. La excitación la dominó. ¡La actitud triunfal de Adam no fue la reacción de un hombre que quisiera irse y no probar los frutos de la victoria! Sin embargo, permitió que ella se fuera, tal como lo hizo antes en el estudio.

Honor suspiró. Había aprendido a muy temprana edad que era inútil tratar de competir con Helen para lograr la atención de los demás. Siempre perdía.

¡No pudo creer lo que estaba escuchando!

Media hora después todavía no podía creerlo, mientras ayudaba a Helen a desempacar sus vestidos y colgarlos en el armario del dormitorio contiguo a la que ahora era la oficina de ella.

—Bueno, querida, no pude negarme, pues habría sido una grosería después que su madre ofreció con tanta generosidad darme alojamiento… —decía Helen, sentada ante el tocador, arreglándose una uña astillada—. Fui injusta con él, ¿verdad? —preguntó, riendo tontamente—. No me explico por qué no lo recordé la primera vez, pues es un hombre muy apuesto —levantó la vista y descubrió la expresión de Honor reflejada en el espejo—. Oh, vamos, Hon, ¿verdad que no te opones a que salga con él? Sólo es una cena. Además, me dijo que tú tenías que trabajar. Sólo estaré aquí un par de días…

Honor no tuvo ganas de hablar de la fama que tenían los Blake por sus noviazgos rápidos. Tampoco quiso decirle a su hermana que no tenía ningún trabajo que hacer esa noche.

—De todas maneras, ya sabes que eres un caso perdido con los hombres. Así veré cómo es él y luego te lo diré…

—Esa es la excusa menos convincente para aceptar una cita con un hombre que no escuché te la haya propuesto —dijo Honor.

Helen sonrió sin avergonzarse.

—De acuerdo, creo que es un hombre apuesto y no puedo resistir la tentación de comprobar si es tan encantador como él piensa. Oye, ¿por qué no escoges algo recatado para ponérmelo? Así no tendrás que preocuparte de que lo vuelva loco en cuanto me mire…

Honor esperaba que Adam quizás iría a buscarla para tranquilizarla, pero se sintió desilusionada. A la hora de comer, Sara le dijo que él había salido, pues iba a tener una reunión con autoridades. A las seis telefoneó desde Auckland y le dijo a Helen que iba a llegar tarde, de modo que le pidió que se vieran en el restaurante, a veinte minutos en taxi desde allí.

Aunque vestida con ropa sencilla, Helen parecía una diosa. Con miedo y la sensación de que había cometido un terrible error, Honor la vio subir al taxi a las siete. No debió haber permitido que Helen tomara en broma la cena a la que iba.

Cinco horas después, Honor iba y venía a través de la habitación de Helen, deteniéndose de cuando en cuando para mirar por la ventana.

Maldición, ¿dónde podrían estar a esa hora?

¿Qué tal si se habían metido en algún hotel? ¿Qué tal si habían ido a Kowhai Hill, sabiendo que no había nadie allí?

La terrible idea invadió su mente. Cuando se dio cuenta de que pensaba subir a su automóvil para ir a toda velocidad a sorprenderlos, Honor descubrió que estaba perdiendo el juicio.

Así que se refugió en su propia habitación.

Seleccionó la prenda de ropa interior más excitante que tenía.

Se metió en la cama y apagó la luz. Volvió a encenderla y acomodó la almohada. Apartó la manta porque tenía demasiado calor, pero luego se cubrió de nuevo. Cerró los ojos para contener las lágrimas.

Estaba pensando contar ovejas, cuando escuchó el ruido de un motor.

Oyó que la puerta de la habitación de Adam se abría y luego se cerraba.

Honor se levantó de la cama en un instante, encendió la luz y abrió de golpe la puerta.

Helen se quedó paralizada. Llevaba los zapatos en la mano y con la otra se levantaba la falda a media pierna. Sus luminosos ojos verdes tenían una expresión vidriosa.

—¿Por qué llegas a esta hora? —preguntó Honor, furiosa.

—Yo…

—¿Sabes qué hora es? —alzó la voz hasta que casi se convirtió en un gemido mientras, como adolescente desafiante, hacía entrar a su hermana en la habitación.

—Bueno, yo…

—¿Sabes qué hora es? —repitió Honor, estremeciéndose de rabia—. ¿Dónde demonios estuvieron hasta esta hora? ¡Y no me digas que en el restaurante, pues lo cerraron hace más de dos horas!

—¿Cómo lo supiste? —preguntó Helen. Honor retrocedió y cruzó los brazos sobre el pecho. Su hermana abrió la boca, sorprendida, cuando se fijó en la ropa que llevaba—. Honor, ¿dónde compraste esa ropa increíble? Estás bastante… bastante… excitante…

¡No era necesario que Helen pareciera tan sorprendida!

—Porque llamé al restaurante y me lo dijeron. ¡Por eso! —exclamó Honor.

—¿Llamaste… al restaurante? —preguntó Helen, moviendo la cabeza.

Honor ni siquiera se sonrojó.

—Sí, llamé al restaurante. ¡Y me dijeron que ustedes no estaban allí!

Helen puso mala cara.

—Es que fuimos a otra parte por el postre.

—¿Durante dos horas?

—Es un lugar que está abierto toda la noche. Su especialidad es el chocolate, pero por supuesto yo sólo pedí una ensalada de fruta fresca. Estábamos tan ocupados conversando, que el tiempo transcurrió sin que nos diéramos cuenta y…

—¿De verdad? —la interrumpió Honor con sarcasmo.

—¡Es la verdad! ¿Por qué estás furiosa? ¿Terminaste temprano tu trabajo?

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Honor, con las manos en la cintura—. Sabías que no quería que salieras con él, pero lo hiciste de todas maneras. Para ti fue divertido. Pues para mí no lo fue, así que te lo advierto ahora: vete.

—Honor…

—Esta es la última vez que vas a alguna parte con Adam Blake, aunque se humille y te lo pida de rodillas. ¿Entiendes?

—Bueno, yo…

—Él es el único hombre en el mundo entero que no está disponible para ti. ¿De acuerdo? Aunque él crea que sí, yo te digo que no. No hoy, no mañana, no en toda tu vida. ¿Entiendes el mensaje ahora? Suceda lo que suceda entre él y yo no importa. Busca a otro hombre que te divierta. Yo llegué aquí primero. Este es mío.

—Bueno… Honor…

Honor no estaba dispuesta a detenerse.

—¡Vete!

—Mira, Honor…

—No, mira tú…

—¿Puedo mirar yo también?

Honor se volvió poco a poco y Helen dijo:

—Traté de advertírtelo, querida, pero no dejabas de hablar. El ha estado allí todo el tiempo…

—Vaya discurso…

Adam tenía metidas las manos en los bolsillos del pantalón. Apoyado en la puerta, la miró con sensualidad.

—¿Hablabas en serio? —preguntó él.

Honor echó la cabeza hacia atrás.

—¿Tú qué crees?

—Creo que eres una mujer escandalosamente atractiva.

Ella lo miró, airada.

—No es necesario que me mientas…

—Me atraes, así que debes de ser atractiva —aseguró él con lógica seductora, sacando las manos de los bolsillos y acercándose a ella—. Y vestida así eres una invitación al pecado. ¿Estás invitándome esta noche, cariño? Espero que sí, porque tengo todas las intenciones de aceptar…

Honor lo miró fijamente. El bajó la vista y pasó las manos por encima de los senos de ella.

—En cuanto a Helen… —se obligó a decir Honor.

—Además, de beber una copa o dos más de las que debería haber bebido, tu hermana se comportó de manera impecable… y yo también. Es una mujer interesante, pero no es para mí. Tú sí. Así que le pedí que me hablara de ti y me informó todo, desde que naciste y eras un querubín llorón hasta el presente.

Adam observó su dedo deslizarse por el lazo que sujetaba el encaje entre los senos.

—¿Por qué no me miraste cuando me presentaste a Helen está mañana? —preguntó él.

—Porque sabía lo que encontraría…

—¿De veras? ¿O tenías miedo dé lo que podrías ver y preferiste no mirar…?

A Honor le resultaba difícil respirar. Si Adam jugaba mucho tiempo más con la punta del lazo…

El nudo se deshizo.

—Oh —dijo él en voz baja—. Mira lo que sucedió. ¿Qué haré ahora?

—¿Qué quieres hacer? —preguntó Honor, estremeciéndose.

—Quiero hacerte el amor durante lo que queda de la noche…

—Oh —la sencillez apasionada de Adam le robó el poco aliento que le quedaba. No contestó nada.

El la tomó de la mano y la condujo con suavidad al interior de su habitación, pero en lugar de tomarla entre sus brazos, de inmediato le preguntó con curiosidad:

—¿Por qué esperaste hasta esta noche para decirle un sermón a Helen? ¿Por qué no reclamaste algo esta mañana?

—Yo… ¿es eso lo que se suponía que debía hacer? —preguntó Honor mientras Adam se quitaba la corbata. Después, sin apartar la mirada de ella, se despojó de la chaqueta y de la camisa—. ¿Querías que actuara como una zorra celosa?

—¿Por qué no? Estabas celosa.

Las manos de Adam se detuvieron en la hebilla del cinturón.

—Muy celosa —repitió él, divertido—. Lo disimulaste muy bien entonces. Me habría encantado que dieras alguna señal de estar preparada para luchar por mí. No tiene nada de malo estar celoso. Después de todo, yo estoy celoso…

—¿De qué?

—De esto… —respondió él, deslizando las manos por la seda que cubría los senos—. De la ropa que te pones. También estoy celoso de Helen y de todos los demás que saben de ti más que yo… sobre todo los hombres… Tócame, Honor. Apoya tus manos sobre mi pecho…

Había una cosa más que ella tenía que resolver primero.

—Adam… en cuanto a Helen…

—Ya te lo dije…

—No, me refiero a la Helen de quien te enamoraste y a quien le escribiste esas cartas…

—¿Te refieres a Mary?

—A tu esposa no… a Helen.

—Pero Mary era Helen… y Helen era Mary. ¡Oh Dios! ¿.No te comenté eso? Era una especie de broma entre nosotros. Ella era mi Helena de Troya y yo era su Paris, quien secuestró a su amada de casa de sus padres y la llevó a vivir con él. Eso es exactamente lo que yo hice. Sus padres no aprobaban nuestro matrimonio. Pensaban que Mary era demasiado joven y yo demasiado grande y tosco, demasiado apasionado. No les simpaticé hasta el día que murieron. Nunca podría perdonarme por ser la razón de que Mary se apartara de sus padres, aun cuando ella nunca me lo recriminó… Escribí esas cartas en un momento de pasión. Robé fragmentos de la gran literatura, porque pensé que no podría igualar su habilidad para la seducción. Pero tú no tenías que hacer trampas así, Honor, pues manifiestas una increíble respuesta sensual a las palabras, así como una naturaleza romántica que te permite saber cómo utilizarlas. Cuando leí algunas de las cosas que escribiste, sentí como si me acariciaran con guante de seda. Me excité y comprendí que tú también te habías excitado cuando las escribiste para mí… —con esa misma voz sensual repitió uno de los párrafos más delirantes de ella—. Me gusta la idea de que pueda inspirarte para escribir algo así…

—No me inspiré tanto en ti, sino en tus cartas —negó ella con voz ronca.

—Quedaste extasiada con tu amor —dijo él—. Y ese amor se materializó en cada palabra… —le besó una muñeca y luego la otra con ternura.

—Fue un enamoramiento físico expresado en forma metafísica…

—Te enamoraste de un fantasma —comentó él con burla—. Y ahora necesitas que él te ame.

No dejaría que él supiera cuánto deseaba eso.

—Quiero que ese él, me haga el amor. Pero parece más interesado en los juegos de palabras. ¿Sueles hacer tan difícil que una mujer empiece una aventura contigo?

—Una aventura… ¿es todo lo que esperas de mí, Honor?

—Por supuesto que sí. Amigos y amantes, dijiste. ¿O has cambiado de idea?

—Así sea —las manos de Adam cubrieron las de ella un momento, oprimiéndolas contra su pecho; después la sujetó de las caderas y la atrajo hacia sí— Oh, sí, sí… ¡Necesito sentirte, Honor! Saber que eres real. Así… tócame… así…

Los dedos de él habían encontrado los pezones a través de la tela de encaje. Cuando ella lo imitó, Adam se estremeció.

—Oh, sí, oh Dios, sí, así… hazlo de nuevo, más fuerte… —inclinó la cabeza y el cuerpo de ella se estremeció de placer cuando sintió que él deslizaba los labios por los senos. Luego los mordisqueó. Era algo profunda y primitivamente erótico.

Después Adam emitió un áspero sonido de impaciencia y se apartó para despojarse del resto de la ropa.

Permaneció de pie delante de ella, desnudo y excitado. Honor lo miró con admiración. Ella tembló cuando tomó la mano de él y volvió a ponerla sobre su pecho.

El interpretó de inmediato la tímida petición.

—¿Quieres que te desnude? —preguntó.

—Me encantaría —respondió ella, sin aliento.

La ayudó a sentarse en la orilla de la cama y se arrodilló. La hizo abrir las piernas y se colocó en el espacio que había creado. Luego, despacio, comenzó a quitarle la ropa.

Honor gimió.

—¿Te lastimé?

Ella negó con la cabeza.

Adam la levantó con facilidad y la recostó sobre la cama. En seguida se colocó encima de ella, entre las piernas.

Honor quiso tomarlo de las caderas, pero él lo evitó.

—No, todavía no, cariño. Quiero prepararte más… y si me tocas ahora, estallaré.

Entrelazó sus dedos con los de ella y la hizo subir los brazos por encima de la cabeza para que se sujetaran de la cama.

—No, no te sueltes —pidió él minutos después mientras exploraba el cuerpo femenino—. Eso es, arquea el cuerpo, muévete conmigo, pero, hagas lo que hagas, cariño, ¡no te sueltes¡

—¡Adam…! —exclamó ella desde lo profundo de su desconcierto.

—No, déjame hacer esto… déjame ser egoísta… quiero que te suceda antes de tomarte. Quiero que estés tan preparada dentro como aquí, y aquí… y aquí…

El mundo de Honor se hizo astillas, se formó y volvió a formarse a su alrededor mientras Adam besaba todo su cuerpo.

De pronto toda ella se contrajo, sus caderas se levantaron de la cama en una serie de violentas convulsiones al mismo tiempo que vivía una nueva experiencia. Adam gritó su nombre y descendió, acometiéndola con una fuerza que borró el último pensamiento consciente de ella. La condujo a la realización y al éxtasis. Su propia culminación resultó tan violenta y satisfactoria como la de ella.

Después, mucho tiempo después, cuando la luz penetraba por la ventana y Adam le había hecho el amor dos veces más, él le hizo la pregunta que flotaba en el aire:

—¿Por qué demonios no me advertiste que yo iba a ser tu primer amante?
1   2   3   4   5   6   7   8   9

similar:

¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam icon¡Ella estaba allí para hacer un trabajo no para enamorarse de un...

¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam icon“Si podemos medir una cosa y si podemos expresarla en términos numéricos,...

¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam iconLas bacterias pueden crecer en tamaño como todo ser vivo, pero es...

¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam iconLos conversatorios anteriores, las lecturas derivadas de ellos, pero...

¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam iconGenesis 11: 6-7, “Y dijo Jehova, He agui el pueblo es uno, y todos...

¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam iconEl Gran Superuniverso es ilimitado, al igual que es nuestro Padre...

¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam iconLa naturaleza es lo que tiene; cuando trata de reventar a uno, lo...

¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam iconLo que entonces quedó sin escribir se ha visto posteriormente inscrito...

¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam iconLa crisis que estamos padeciendo?
«autopsia de la cebolla» que vamos a efectuar generara en nosotros –como ocurre habitualmente en la cocina– las lágrimas que todo...

¿Acaso Adam Blake conocía todo acerca de Honor? Ella abrió su corazón sin ninguna inhibición cuando contesto sus cartas, ¡pero ahora se arrepentía! Adam iconUno de cada tres niños sufre desnutrición aguda tras la mayor sequía...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com