Karl popper El cuerpo y la mente




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Karl popper El cuerpo y la mente

Karl Popper la razón fue siempre la única defensa contra ioleucia. La racionalidad es la disposición a aprender (le silos errores. La búsqueda del conocimiento objetivo ha ci uultimo paso en la evolución (le la especie humana. En

libro, Popper vuelve a tratar de manera extremadamente a algunos (le los temas más importantes de su obra: la iición entre la realidad física (mundo 1), los esta(loS menta— ‘inundo 2) y los productos de la inteligencia humana .iido 3); la descripción de la vida como una continuada lución (le prOl)lemas; la teoría de la evolución emergente; icgo (le las conjeturas y las refutaciones... Estos temas se .tulaui aIre(lcdor (le un )etiagud() problema: la relación Ile—cuerpo. Popper estudia la fimiición de la conciencia y elaciÓn con el lenguaje, y defiende la interacción de los ,menos físicos y los mentales. El ceniro del habla es el lugar lc el yo y el cerebro interactúan.

Xt() recoge las conferencias dictadas en la Universidad de jry cii 1969, así corno las discusiones que las prolongaron, lo que se uiiauitieuen la frescura y ci interés de la situación 1 uial. Sir Karl Popper, de los pensadores más

les (le mit testra época, escrt I)ió igi tal mimet tic libros coto o ociedad abierta y sus enemigos, Conjeturas y refutaciones, En a de un mundo mejor, La responsabilidad de vivir y El mito ,ia,co común, todos ellos también publicados por Paidós. troductor, José Antonio Marina, es Premio Nacional de iyo y autor de Elogio y r del ingenio, Teoría de la ‘i creadora y Etica para náufragos.

SBN 84-493-0381-8

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INTRODUCCIÓN

LECTURA ULTRAMODERNA DE KARL POPPER

Karl Popper es un pensador adversativo. Es racionalista, pero cree que sólo puede serlo por una decisión no racional. Es kantiano pero heterodoxo. Es ilustrado pero escéptico. Confía en la ciencia, pero afirma que sólo podemos estar seguros de las falsedades, no de las verdades. Es optimista pero cree que es más probable, para noso tros, la regresión que el progreso. Podemos decidir nuestro futuro, pero suceden cosas que nadie desea, como una guerra o una depre sión económica. El lenguaje, la ciencia, las tradiciones son creacio nes humanas pero disfrutan de autonomía. «La historia de la ciencia, como la de todas las ideas humanas, es una historia de sueños irres ponsables, de obstinaciones y de errores. Pero la ciencia es una de las pocas actividades humanas —quizá la única— en la cual los errores son criticados sistemáticamente y muy a menudo, con el tiempo, co rregidos.» «Es un crimen exagerar la repugnancia y la vileza del mundo: el mundo es repugnante, pero también es muy hermoso; es inhumano, y también muy humano.» Popper se declara admirador de la tradición, pero «al mismo tiempo me adhiero a la no ortodoxia de un modo casi ortodoxo: Sostengo que la ortodoxia es la muerte del conocimiento, pues el aumento del conocimiento depende por com pleto de la existencia del desacuerdo.»’ Buscó siempre la verdad pero pensaba que sólo puede alcanzarse lo verosímil. Defendía el conoci miento pero sin sujeto cognoscente. Creía que la inteligencia partía siempre de afirmaciones dogmáticas pero para someterlas a crítica.

JOSÉ ANTONIO MARINA

A pesar de tantas tensiones internas, la imagen de Popper, elabo rada en parte por él mismo, lo presenta compacto, claro, insistente hasta la tozudez en las mismas tesis, cientificista, positivista, previsi ble. Creo que es una versión incompleta. El carácter adversativo de su obra hace que podamos ver en él una de las posibles salidas al de bate entre modernidad y posmodernidad, que aún no está cerrado. El pensamiento adversativo incluye la oposición, impide el cierre auto- suficiente. El pero muestra la figura áspera que se destaca sobre el fondo apacible de la teoría, el caso incómodo, la diferencia que hay que salvar, la peculiaridad, la crítica, el problema no resuelto.

Me interesa releer a Popper desde la superación del posmoder nismo, que es la atalaya donde me gustaría estar. Después del diluvio hermenéutico, después de la sociología de la ciencia, después de la fragmentación de la realidad, después de tanto pensamiento débil, después de las deconstrucciones, después del fracaso marxista, des pués de las proclamas sobre el fin de la historia, cuando un suave re lativismo, engañoso por su ausencia de dramatismo, nos engatusa a todos como un lecho bien mullido donde siempre encontramos una postura confortable, resulta útil volver al escepticismo apasionado de Popper, a su difícil pelea por una verdad siempre en la lejanía, a su optimismo cauteloso.

El pensamiento posmoderno sostiene a ultranza lo que Popper llama «mito del marco», que dice así: «Es imposible la discusión ra cional y fructífera a menos que los participantes compartan un marco común de supuestos básicos o que, como mínimo, se hayan puesto de acuerdo sobre dicho marco en vistas a la discusión.» Como las cul turas tienen marcos diferentes, es imposible el entendimiento. Los lenguajes son autóctonos e intraducibles. Popper es más optimista y considera, con razón, que cada problema necesita un nivel de preci sión adecuado. No existe la precisión absoluta. Y no hay que asustar- se por la diferencia de marcos de comprensión. Piensa, por el contra rio «que no es problable que sea fructífera una discusión entre personas que comparten muchos puntos de vista, aun cuando pueda ser muy agradable; mientras que una discusión entre marcos muy di ferentes puede ser extremadamente fructífera, aun cuando a veces pueda ser extremadamente difícil y, tal vez, en absoluto tan agradable

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(si bien podemos aprender a disfrutar con ella)». En cambio, es una condición necesaria el deseo de lograr la verdad o de acercarse a ella, la voluntad de compartir problemas o de comprender los objetivos y los problemas de otra persona.

Esta energía para luchar con la complejidad, con la contradic ción, con la inseguridad, con la divergencia, es lo que me parece esen cial en el talante de Popper, lo que abre más sugerentes caminos al pensador pos-posmoderno, al que está más allá de la modernidad y de la posmodernidad. Al ultramoderno.

Un estilo intelectual

Acaso sea una deformación profesional, lo advierto por adelantado, pero creo que la preocupación pedagógica mejora el pensamiento y me jora el estilo, porque nos libra de la presunción y del autismo. En su au tobiografía, cuenta Popper su interés por la enseñanza. A los 20 años, «si pensaba en el futuro, soñaba con fundar un día una escuela en la que los jóvenes pudieran aprender sin hastío, y en la que fuesen estimulados a plantear problemas y a discutir; una escuela en la que no hubiese que escuchar respuestas no deseadas a cuestiones no planteadas». Trabajó como asistente social con niños abandonados y en 1925, cuando la ciu

-. dad de Viena fundó un Instituto Pedagógico para estudiar la reforma de las escuelas primarias y secundarias, entró en él. De sus profesores recordaba con admiración a Hans Hahn: «Cada clase era una obra de arte; dramática en su estructura lógica; ni una palabra de más; de clari dad perfecta.» Esta es la palabra que resume el estilo de Popper: clari dad. Incluso hablando de música, se refiere con entusiasmo a Bach por que, al comentar sus Invenciones, dice que están escritas para que ios amantes del piano aprendan «cómo tocar claramente».

Todos los filósofos deberíamos seguir sus consejos. «Escribo como si alguien estuviera constantemente mirando sobre mi hombro y señalándome de continuo pasajes que no son claros. Por supuesto,

JOSII ANTONIO MARINA

sé muy bien que nunca se pueden anticipar todos ios posibles malen tendidos; pero creo que pueden evitarse algunos de ellos asumiendo que hay lectores que desean entender.» 10 «Para mí, buscar la senci llez y lucidez es un deber moral de todos los intelectuales: la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen».”

En otro pasaje se burla del pensamiento oscuro. «1-lace muchos años acostumbraba a advertir a los estudiantes contra la difundida idea de que a la universidad se va para aprender a hablar y escribir “de modo impactante” e incomprensible (...) Aprenden incons cientemente a aceptar que el lenguaje extremadamente oscuro y difí cil es el valor intelectual por excelencia (...) Si a quienes han crecido con este tipo de alimento se les presenta un libro escrito con sencillez y que contenga algo inesperado, discutible, o nuevo, normalmente lo encuentran difícil de entender, cuando no imposible.» 12 La crítica se hace más mordaz al referirse a Adorno. «Adorno se opone cons cientemente a la claridad. En algún sitio menciona incluso con apro bación que el filósofo aleman Max Scheler pidió “más oscuridad” (rnehr Dunkel) , en alusión a las últimas palabras de Goethe, quien pi dió “más luz” (mehr Licht).»’ Estas críticas, muy anglosajonas, me recuerdan la ironía de Austin cuando decía que la filosofía continen tal estaba aquejada de «la ebriedad de las grandes profundidades».’

El libro que hoy presento es un ejemplo casi escolar de esta bús queda de la claridad. Las tesis que defiende son ya conocidas de to dos los lectores de su obra. Es sabido que Popper repitió muchas ve ces las mismas ideas, pero creo que esta insistencia se debía, sobre todo, a su deseo de exponerlas con más claridad, con más sencillez. «Adquirí el hábito de escribir y reescribir una y otra vez, continua mente clarificando y simplificando.» «Todo pensamiento debería formularse con toda la claridad y sencillez posibles. Esto sólo se pue de conseguir con un trabajo

10. Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual, Madrid, Tecnos, 1982, pág. 122.

11. Conocimiento objetivo, Madrid, Tecnos, 1982, pág. 51.

12. El mito del marco común, Barcelona, Paidós, 1997, pág. 78.

13. Id., op. cir., pág. 85.

14. Btí.i queda sin término. Una autobiografía intelectual, Madrid, Tecnos, 1982, p1g. 112.

15. Elmito del marco común, Barcelona, Paidós, 1977, pág. 77.

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La evolución intelectual de Popper estuvo determinada por su biografía. Su encuentro con el marxismo, breve y epidérmico, le va cunó contra toda ideología dogmática. Por rechazo, el marxismo «hizo de mí un falibilista —escribe—, me inculcó el valor de la mo destia intelectual y me hizo más consciente de las diferencias entre el pensar dogmático y el pensar crítico». El suceso debió de ser rele vante porque Popper lo recuerda en varias ocasiones. «Han pasado ya cincuenta años desde que llegué a una concepción muy semejante a la del mito del marco, y no sólo llegué a ella, sino que de inmediato la superé. Fue durante las grandes y exaltadas discusiones posteriores a la primera guerra mundial cuando descubrí lo difidil que era llegar a algún sitio con gente que vivía en un marco cerrado; me refiero a gente corno los marxistas, los freudianos y los adierianos. Ninguno de ellos se podría sacudir jamás de la visión del mundo que han adopta do. Interpretaban todo argumento contra su marco respectivo como si se pudiera asimilar a éste. Y si eso resultaba difícil, siempre era po sible psicoanalizar o socioanalizar a quien lo sostenía: la crítica a las ideas marxianas se debía al prejuicio de clase; la crítica a las ideas freudianas, a la represión, y la crítica a las ideas de Adler, a la necesi dad de demostrar superioridad, necesidad que tenía origen en el in tento de compensación de un sentimiento de inferioridad.»

La influencia más importante que experimentó Popper fue la de Einstein. En primer lugar, porque la teoría de la relatividad había su puesto una superación de la física de Newton, pero asumiéndola, me jorando sus resultados, y esto ponía al descubierto esa dialéctica del «pero» a que antes me he referido. Newton estaba en lo cierto pero la teoría de la relatividad es más fuerte, resuelve más problemas. Ein stein había expresado en un breve texto la grandeza y la humildad de la ciencia: «No podría haber destino más grato para una teoría física que el que esa teoría señalase el camino para una teoría más com prensiva, en la cual sobreviviese como un caso límite.» Esta altanera modestia me recuerda un texto de Rilke: « habla de victoria? Mantenerse, eso es todo». En efecto, no hay victorias definitivas en la ciencia. Lo importante es integrarse en la búsqueda sin término de la

16. Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual, Madrid, Tecnos, 1982, pág. 49.

17. El mito del marco común, Barcelona, Paidós, 1997, pág. 64.

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JOSI1 ANTONIO MARINA

verdad. Lo importante es asumir prolongando, criticando, cambian do, creando nuevas hipótesis. El dinamismo de la ciencia es semejan te al que guía la evolución. Las teorías más poderosas y los organis mos mejor dotados son los que sobreviven.

Otro breve texto de Einstein también magnífico por su sobrie dad, determinó la obra entera de Popper: «Si no existiese la desvia ción del rojo de las líneas del espectro debida a la potencia de la gra vitación, entonces sería insostenible la teoría general de la relatividad.» Admirable gesto de un científico que explica cómo puede ser refuta da su teoría. Este texto abre los ojos de Popper a un nuevo concepto de la racionalidad y del conocimiento. Ninguna teoría puede consi derarse científica si no específica las condiciones que podrían invali darla. Si un psicoanalista no es capaz de decir qué experiencia refu taría su doctrina, no podemos considerarla científica.

«De este modo llegué —escribe—, hacia el final de 1919, a la conclusión de que la actitud científica era la actitud crítica, que no buscaba verificaciones sino contrastaciones cruciales; constataciones que podían refutar la teoría contrastada, aunque nunca podrían esta blecerla.» Aparece así una humilde teoría de la razón, que me pare ce muy ultramoderna. La racionalidad es «la disposición a aprender de nuestros errores y la actitud de buscar conscientemente nuestros errores. Es una manera de pensar e incluso de vivir. Una disposición para escuchar argumentos críticos». No podemos alcanzar una ver dad absoluta, pero, puesto que hemos de elegir, será «racional» elegir la teoría mejor contrastada. Será racional en el sentido más obvio de la palabra: la teoría mejor contrastada es la que parece mejor, por el momento, a la luz de la discusión crítica. «La diferencia fundamental entre Einstein y una ameba es que Einstein busca conscientemente la supresión de errores. Intenta matar sus teorías, criticdndolas cons cientemente, razón por la cual trata de formularlas no con vaguedad, sino con precisión. Mas la ameba no puede ser crítica frente a sus ex pectativas o hipótesis, no puede plantarle cara.’ forman parte de ella.»

La razón no es todopoderosa, es una trabajadora tenaz, tanteado ra, cauta, crítica, implacable, deseosa de escuchar y discutir, arriesga

18. Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual, Madrid, Tecnos, 1982, pág. 52.

19. Conocimiento objetivo, Madrid, Tecnos, 1982, pág. 35.

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da. Popper admite una teoría de la verdad como correspondencia, que recibe de Tarski, pero advierte que sólo podemos aspirar a la ve rosimilitud. «La búsqueda de la verosimilitud es, pues, una meta más

clara y más realista que la búsqueda de la verdad.» Me recuerda la humilde actitud, tal vez decepcionada, del gran Husserl, otro pensa dor del que me gustaría hacer una lectura ultramoderna, cuando al fi nal de su vida, después de buscar durante años la evidencia absoluta,

escribía: < evidencia apodíctica! El sueño ha terminado.» Pero permanecía en pie en la tarea inacabable de acercarse a la claridad, la poderosa teleología de la razón confirmándose a sí misma.

Popper también rebaja las pretensiónes del racionalismo. «El antiguo ideal científico de la episteme —de un conocimiento absoluta mente seguro y demostrable— ha mostrado ser un ídolo. La petición de objetividad científica hace inevitable que todo enunciado científi co sea provisional para siempre: sin duda, cabe corroborarlo, pero toda corroboración es relativa a otros enunciados que son, a su vez, provisionales... ¿Son insolubles nuestros problemas intelectuales? No lo pienso así. La ciencia nunca persigue la ilusoria meta de que sus respuestas sean definitivas, ni siquiera probables; antes bien, su avance se encamina hacia una finalidad infinita —y, sin embargo, al canzable—: la de descubrir incesantemente problemas nuevos, más profundos y más generales, y sujetar nuestras respuestas (siempre provisionales) a contestaciones constantemente renovadas y cada vez más rigurosas.» «La ciencia natural —a diferencia de la matemática pura— no es scientia o episteme; y ello, no porque sea una techne, sino porque pertenece al ámbito de la doxa, al igual que los mitos», escri be en Conjeturas y refutaciones.
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