Estudios sociologicos en torno al deporte, la violencia y la civilizacion




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Formación de los Estados de Europa occidental y el desarrollo del deporte moderno



En 1976, Ah Mazrui dijo que «las primeras leyes que adoptaron voluntarianente hombres de toda cultura y condición freron las leyes del deporte» (Mazrui,
6:
411). Se estaba refiriendo específicamente al deporte moderno, y como ubrayó Huizinga, fue Inglaterra la que sirvió de «cuna y centro» para el desairollo de esta forma peculiar moderna de prácticas lúdicas (Huizinga, 1971; ver también el capítulo 2 de este volumen). No es difícil discernir las razones ge- perales. Estaban relacionadas en primera instancia con el dinamismo peculiar de la figuración de Europa Occidental.
A veces se olvida que las sociedades de Europa occidental estaban, en cier[to sentido, unidas ya en la época del Imperio Romano y siguieron compartiendo elementos comunes hasta el día de hoy. Es habitual hablar de «la época oscura» cuando el imperio de Roma dejó de dominar sobre Occidente durante el siglo V d. C. y considerar este período como de total anarquía. Desde un : punto de vista figuracional es útil establecer una distinción entre la unidad social y la integración social, y ver que este declive del dominio del Estado Romano no supuso desintegración, sino la aparición de una forma nueva, menos unificada y más conflictiva, de integración entre unidades de estados embrionarios, junto con una alteración en el orden social europeo respecto al equilibrio entre las presiones sociales centrípetas y centrífugas a favor de las segundas (Elias, 1994). Es decir, según esta conceptualización, la Europa de la «época oscura» se caracterizó por un modelo de integración social inestable, desunido y muy descentralizado. Esta inclinación hacia unidades de Estados descentralizados e inicialmente feudales —Elias habla de «feudalización»— fue crucial para sentar las condiciones estructurales de un dinamismo peculiar de Occidente respecto a otras civilizaciones, es decir, para establecer las condiciones necesarias para los procesos a largo plazo de luchas hegemónicas, de eliminación y formación de monopolios que, según Elias, iban a generar la aparición de Estados_naciones y a su vez, de la ciencia, la industrialización y—lo más importante en este contexto— lo que Elias llamó «conversión de los pasatiempos en deportes» (Elias, en Elias y Dunning, 1986).
También estuvieron implicadas las guerras entre Estados-naciones y entre Estados dinásticos y formas feudales de «unidad de supervivencia» que les precedieron (Elias, 1978). Entre ellas, este complejo de procesos interrelacionados contribuyó y fue recíprocamente dependiente de la hegemonía global de Occidente, un patrón de dominio global que duró de tres a cuatro siglos y que sólo ahora muestra signos de llegar a su fin con el desplazamiento del poder global
—dado la hegemonía militar de Estados Unidos, sobre todo del poder económico— al Lejano Oriente. La hegemonía global de Occidente fue, por supuesto, crucial para la extensión global del deporte moderno. Pero, ¿por qué, dentro del campo social y del «complejo cultural» de Europa occidental, fue en Gran Bretaña, sobre todo en Inglaterra, donde se dio por primera vez «la conversión de los pasatiempos en deportes»?
Las razones generales de este hecho normalmente aceptado son fáciles de discernir. Parecen estar relacionadas con la trayectoria específica inglesa de la formación del Estado en relación con las trayectorias específicas de otros Estados-naciones de Europa. Por ejemplo, Alemania e Italia quedaron fuera de este proceso de «conversión en deportes» porque permanecieron desunidas hasta entrado el siglo XIX. Tal vez en Italia surgiera el calcio por el siglo XVI, antes de que en Inglaterra apareciera el futbol y el rugby, pero en ese país relativamente desunido, el pueblo premió las tradiciones locales particulares sobre las nacionales, más universales, y el calcio siguió confinado en gran medida en Florencia. Por lo que a Alemania se refiere, la unificación se logró bajo la égida de los militares prusianos y la brutal cultura de los duelos ocupó un lugar central en la incorporación de la burguesía a la clase gobernante, proceso en cuyo curso los valores de lo que Elias llamó eme satisfaktionf2ihig Gesellschafi —una cultura donde dar y recibir satisfacción en duelos era un rasgo clave de las clases altas y medias altas— llegaron a dominar ios valores humanistas (Elias, 1996). Además de esto, en Alemania se desarrolló un movimiento gimnástico nacional, die Turnerbewegung. Al hablar de la resistencia alemana a los «deportes ingleses», Eisenberg escribió persuasivamente que:
La indiferencia, incluso la resistencia ocasional, de la clase medía alemana hacia los «deportes ingleses» modernos se ha... explicado con dos argumentos. Primero, la Bürgertum (la burguesía) había desarrollado sus propias fo rmas de ejercicio a comienzos del siglo XIX Turnen (gimnasia), una forma de preparación militar que no se basaba en los princzios de la victoria y la competición, absorbió en parte los medios que en Inglaterra y otros países se invirtieron en el desarrollo de los deportes; además, aportó una base organizati va para los que se oponían a los deportes. Segundo, muchos intelectuales creían que la mente y el genio no eran compatibles con la frerza muscular. En su opinión, los deportes no formaban parte de la Kultur alemana sino de la Zivilisation occidental, la cual desaprobaban.
(Eisenberg, 1990: 266)

El que a diferencia de la Turnen, el «deporte inglés» se basara en «los prinlos de la victoria y la competición» —el «juego limpio» es presuntamente más ptante— tiene importancia y en su momento volveré a este punto. Sin emrgo primero es necesario aportar más pruebas sobre las distintas trayectorias la formación de los Estados europeos y su importancia para entender el dejrollo del deporte moderno.
Al contrario que Italia y Alemania, Francia e Inglaterra estaban bastante ficados a nivel nacional ya en los siglos XVII y XVIII, en parte —y quizá so- e todo— porque hacía tiempo que habían desplazado a otros contendientes en estatus de «superpotencias» europeas como España y Holanda. Sin embargo, rancia estaba muy centralizada y gobernada por una forma de gobierno absoÍuto donde, en palabras de Elias, el derecho de los súbditos a «formar asociaciones a su entender solía estar restringido, cuando no prohibido» (Elias, 1 986b: 38). En Inglaterra por el contrario, durante el siglo XVII y en el curso de la Revolución Inglesa todas las formas de absolutismo y un Estado muy centralizado [fueron destruidas por la victoria de la Commonwealth, que llevó a grandes restricciones del poder monárquico. Esta tendencia se vio reforzada por el hecho de que Inglaterra era una potencia naval/insular y no necesitaba una burocra -ci tan numerosa y centralizada como la que tendió a darse en los Estados conmentales, donde se necesitaba un ejército terrestre numeroso para defender las fronteras (Elias, 1950).
De ahí que en Inglaterra gran variedad de presiones de origen social contribuyeran a que las clases altas terratenientes —la aristocracia y la alta burguesía— retuvieran un alto grado de autonomía y pudieran, a través del Parlamento, compartir las tareas del poder con el monarca. Como sugerí en el capítulo 2, durante el siglo XVIII, a medida que se fueron aplacando las pasiones generadas por la Revolución Inglesa, los miembros de estas clases sociales comenzaron de forma gradual a desarrollar «partidos políticos» y medios relativamente pacíficos para solventar las disputas políticas. Elias se refirió a la «parlamentarización de los conflictos políticos» y siguió arguyendo de forma convincente, primero, que esto fue fundamental en el proceso civilizador inglés, y, segundo, que al mismo tiempo que este proceso de parlamentarización se dio lo que él llamó «conversión de los pasatiempos en deportes», proceso en cuyo curso los hábitos más civilizados que se dieron entre los aristócratas y grandes burgueses por lo que se refiere al ejercicio del gobierno les llevó a adquirir formas menos violentas y más «civilizadas» de disfrutar del tiempo libre. La relación fue correlativa y no casual. La parlamentarización se produjo en las vidas políticas de estos aristócratas y caballeros, y la transformación de su vida de ocio en deportes.
Eisenberg ha observado que los deportes que empezaron a modernizarse durante el siglo XVIII en Inglaterra se organizaron mediante «clubes» exclusivos, cuya modernización se inició en el siglo XIX mediante «asociaciones» más abiertas y universales (Eisenberg, 1990, 271-272), hecho que marcó el traspaso de parte del poder de los terratenientes a la burguesía. El lugar principal de esta segunda ola de conversión del ocio en deporte partió de las «escuelas públicas» de la elite, una serie de escuelas que, con un estilo propio de Inglaterra, operaron con un alto grado de independencia del Estado. Este alto grado de autonomía relativa facilitó las innovaciones en las escuelas públicas y esto, junto con la grave tensión y competición entre sus miembros de distinto estatus, fue una de las condiciones que permitió la transformación del football en un deporte, proceso en cuyo curso el rugby y el futbol se diferenciaron y surgieron como deportes modernos (ver capítulo 5).
Hacia el término del siglo XIX y con lo que Perkin (1989) ha llamado los imperios británicos «formales» e «informales», muchas de estas formas de deporte inglés comenzaron a difundirse por el mundo. De hecho, al igual que Italia fue la cuna del lenguaje musical empleado hoy en día en todo el mundo, Inglaterra fue el punto de origen principal de la mayor parte del vocabulario y práctica del deporte moderno. Tal y como escribió Stiven en 1936:
Inglaterra fise la cuna y la amante madre del deporte... Parece posi 61€ que los términos técnicos del inglés para referirse a este campo se conviertan en una posesión común de todas las naciones, de la misma forma que los términos técnicos del italiano lo hacen en el campo de la música. Probablemente es poco habitual que un elemento cultural haya emigrado con tan pocos cambios.
(citado por Elias, 1986b: 126)
Una excepción principal a este patrón de difusión sin cambios importantes es la de la expansión del rugby por Estados Unidos, donde este tipo dej’hotball, originalmente inglés, se transformó en un juego muy distinto. También hubo resistencia en Europa a esta difusión de los deportes ingleses. Terminaron por adoptarse sin cambios significativos, aunque Elias se refiera a una aristocracia alemana que decía en 1810 que «el deporte no es propio de los caballeros» (Elias, 1 986b: 127) y miembros del movimiento Turner trataron de frenar el avance del futbol en Alemania definiéndolo como Fusslümmelei —»hooliganismo con los pies»— y die englische Krankheit—«la enfermedad inglesa» (Planck, 1898)—, afirmaciones basadas en prejuicios locales y no una intuición de lo que sería el hooliganismo en el futbol de las décadas de 1970, 1980 y 1990. Eisenberg cita un libro sobre deporte publicado en Alemania en 1908 que también ejemplifica estos prejuicios localistas. En él, los clubes deportivos se comparan con las fraternidades de estudiantes duelistas. «Los contemporáneos familiarizados con ambas formas de sociabilidad —nos dice— se daban cuenta de que en los deportes había grandes fricciones [Reibungj pero no un calor real [Wdrme] (Ei erg

1990). Esto era típico del contraste establecido entre Kultur y Zivilistos procesos de resistencia constituyen un área poco estudiada de la so‘ del deporte. Por ejemplo, poco se sabe sociológicamente sobre la forde los juegos gaélicos en Irlanda. Sin embargo, es menos relevante pa- propósitos actuales el hecho de que, a comienzos del siglo XX, se hubieierto camino el <(deporte», no sólo como palabra alemana, sino como voz .ia de la mayoría de las lenguas europeas, con modificaciones ocasionales no deporieen español y esporten catalán. También por aquel entonces el fútestaba a punto o ya había adquirido el estatus del deporte de pelota más poLar del mundo, proceso de difusión que implicó la exportación, no sólo de la na propia de juego del futbol, sino también del nuevo, pero otra vez con caciones locales como Fussballen alemán, voetbalen holandés yfrtbolen pañol. Sólo los italianos se resistieron a este aspecto lingüístico, y optaron por propio término, calcio, presumiblemente por creer que Florencia había sido i cuna de este juego moderno. Parece razonable suponer que la difusión de deortes como el fútbol procedentes de Inglaterra es un testimonio del nivel de nadurez alcanzado. Desarrollemos algunos aspectos de esta afirmación falsanente sencilla.
Me he opuesto aquí al concepto cosificado del tiempo y he sugerido el recónocimiento del hecho de que el «tiempo» es un símbolo humano y que sólo la «realidad» implica procesos y acontecimientos, elementos que apuntan la
de que la sociología debería ser una asignatura histórica. También afirmé que Brailsford y Hargreaves se equivocaban al hablar, por una parte, de la «esencia eterna» del deporte y, por otra, de un «elemento lúdico» en el deporte que es «irreducible a una programación para obtener beneficios y control». Tales krmulaciones son esencialistas e implican la existencia de un «instinto de juego» y no consiguen plasmar como debieran el equilibrio entre continuidad y cambio en el desarrollo de formas lúdicas. Más adecuado es un concepto figuracional del deporte moderno como desarrollo específico y fenómeno social relativamente autónomo.
Eisenberg planteó una idea interesante en este sentido. Después de reparar en que «una de las características más importantes del deporte moderno es su capacidasi para aportar e institucionalizar un marco de sociabilidad», aplica lo que ella llama ideas «teóricas puras» de Simmel sobre la competición como una forma social en un intento de explicar por qué se desarrolló primero en Inglaterra el deporte competitivo.
Según ella, es crucial la idea de Simmel sobre «la fbrma pura de lucha
petitiva donde... elprecio de una competición no está en manos de los adversarios o competidores, sino en un tercer miembro».
Al aplicar esta idea al deporte, Eisenberg escribe:

En el deporte, el tercer mkmbro es una corporación gobernante que ofrece un premio, o bien el entrenador y una audiencia bien informada... es su reconocimiento y el aplauso de los deportistas lo que buscan. Las peleas entre ellos son simplemente el medio para alcanzar un fin. Para acer carse al máximo al tercer miembro, tienen que ajustar y establecer lazos entre ellos, pero sin causar daños, y en muchos deportes, no llegan ni a tocarse. En este contexto, «la lucha de todos contra todos» es al mismo tiempo, según SimmeL «la lucha de todos por todo». La competición en su fo ma pura neutraliza la necesidad de establecer la victoria o la derrota en términos morales y ayuda a asumir que los deportistas son seres racionales y éticos que no hacen trampas.
(Eisenberg, 1990: 269)
El hecho de que haya deportes como el boxeo donde el objetivo explícito es dañar al oponente muestra que este argumento fecundo pero abstracto no abarca por completo el desarrollo o el carácter del deporte moderno. Algunos de los datos de la propia Eisenberg apuntan en esta dirección. Pero nos cuenta que
Incluso los ideólogos del deporte en Alemania, como los miembros del Zentralausschuss flir Volks- und Jugendspiele que trataron de dfisndir elfootball y otros deportes durante la de’cada de 1890, no consideraban la competición como un tema importante o lo relacionaban con aspectos negativos. Muchos temían que la competición evocara las pasiones negativas de los jóvenes y que los distrayera de los «juegos infantiles inocuos».
(Eisenberg, 1990: 274)
Dicho de otro modo, estos avanzados partidarios alemanes del deporte no confiaban en la capacidad de que sus protegidos ejecieran el autocontrol en situaciones competitivas. Esto sugiere que el deporte moderno no es una especie de «forma pura de sociabilidad competitiva» en la forma abstracta concebida por Simmel, si bien implica a seres humanos que no son sólo racionales sino también emocionales y cuya estructura de la personalidad, sus hábitos y controles sociales internos reflejan una fase concreta de un proceso civilizador o descivilizador. Durante los siglos XVIII y )UX los ingleses estaban más avanzados que los alemanes en este aspecto. Esto se confirma con lo que escribió Weber (1930) en la Etica protestante.
Como ya dije con anterioridad, el deporte moderno se desarrolló primero en Gran Bretaña en gran medida junto con lo que Elias llamó «laparlamentarización del conflicto político», proceso que marcó una fase crucial de los procesos ingleses civilizador y de formacion del Estado. Además, junto con el gobieno parlamentario, el deporte llegó a tener muchas de las características de lo que

ions (1964) habría descrito como un «universal evolutivo», es decir, una for1 ue facilitó su expansión y que echará raíces en todas las sociedades en un [dado de desarrollo. Fue crucial el desarrollo de reglas escritas y convenes orales que permitieron un equilibrio entre cierto número de polaridades rdepen&entes como:
a polaridad global entre dos equipos o individuos opuestos;
a polaridad entre ataque y defensa;
la polaridad entre cooperación y tensión entre dos equipos o individuos; la polaridad entre cooperación y tensión dentro de cada equipo;
la polaridad entre el control externo de los jugadores en distintos niveles (por ejemplo de los administradores, entrenadores, capitanes compañeros
de equipo árbitros, jueces de línea, espectadores etc.) y los controles flexibies que los jugadores ejercen sobre sí mismos;
la polaridad entre la identificación afectuosa y la rivalidad hostil contra los oponentes;
la polaridad entre el placer de la agresión experimentado por jugadores individuales y el freno impuesto a tal placer por las reglas orales y escritas; la polaridad entre la laxitud de ciertas reglas y la rigidez de otras; la polaridad entre los intereses de los jugadores y los intereses de los espectadores;
la polaridad entre los intereses de los jugadores y los espectadores y los intereses de las autoridades y cuerpo legislativo del deporte;
— la polaridad entre los intereses de los jugadores y espectadores y los intereses de los árbitros, jueces de línea o juez lateral cuya misión no es otra que asegurar el cumplimiento de las leyes o reglas del deporte;
la polaridad entre «seriedad» y «juego»;
la polaridad entre aburrimiento y violencia y
la polaridad entre los intereses de las personas que están implicadas cognitiva y emocionalmente y las personas que no lo están.
Estos aspectos se refieren a deportes de equipo como el fútbol y deportes más individuales como el tenis. Habría que modificarlos para abarcar, por ejemplo, las distintas formas de competición deportiva. Ni que decir tiene que esta conceptualización se ofrece como una guía para iniciar nuevos estudios, no como una respuesta definitiva e incontestable.
Las polaridades expuestas arriba son interdependientes en el sentido de que los cambios pueden tener efectos ramificados. Tomemos las polaridades novena y duodécima, la polaridad entre los intereses de jugadores y espectadores y la existente entre «seriedad» y «juego». Si los jugadores empiezan a participar con mayor seriedad en un deporte, el nivel de tensión subirá y, pasado cierto punto, es posible que aumente la incidencia de la rivalidad hostil dentro y entre los equipos; es decir, es probable que el juego se transforme y pase de ser la pantomima de una batalla a otra «real», y es posible que los jugadores transgredan las reglas y cometan actos de juego «sucio». Una vez más, según el grado en que los espectadores se sientan identificados con los equipos que apoyan, tendrán menos capacidad para asumir las derrotas con ecuanimidad y tal vez respondan tratando de afectar el resultado de la competición, por ejemplo, gritando a favor de su equipo y contra el contrario. Una vez alcanzado cierto grado, tal vez traten de interferir directamente en el juego o incluso invadan el área de juego para intentar asegurar la suspensión del partido. En ese punto es probable que entren en juego las autoridades deportivas, las personas con intereses comerciales y las autoridades públicas.
Las formas deportivas que se desarrollaron en Inglaterra durante los siglos XVIII y XIX llegaron a alcanzar un equilibro relativamente estable entre estas polaridades. Por supuesto, se necesitarán nuevos estudios que establezcan el cómo y el porqué. Sin embargo, para lo que aquí nos interesa, basta con sugerir que es este equilibrio lo que importa para su supervivencia durante más de cien años y su difusión global sin apenas cambios. Suele argüirse que los procesos de globalización y comercialización de los deportes que se produce en la actualidad son una amenaza para su estructura básica, pero es dudoso.
La estructura básica de los deportes modernos parece conferirles un alto grado de autonomía relativa. Son «invenciones colectivas» y exitosas en el sentido de que, de vez en cuando, proporcionan a la gente emociones placenteras sin generar aburrimiento ni degenerar en una violencia excesiva. Es decir, se ajustan al carácter de los tiempos, a personas como nosotros y que, según sugiere Elias, futuros historiadores podrían calificar de «bárbaros tardíos», o sea, personas que están lejos de alcanzar el «pináculo del autocontrol civilizado» (Elias, 1991b).
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