Estudios sociologicos en torno al deporte, la violencia y la civilizacion




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clásica». Dado el dinero que genera este deporte y el ritmo acelerado de los cambios globales y europeos, han desaparecido las normas por medio de las cuales la codicia de los individuos solía mantenerse bajo una vigilancia razona ble. Sería útil que el Comité tratara de abordar este tema con urgencia, o que el gobierno tratara de encontrar un remedio a la creciente patología social de lo que ya no es un «simple juego», sino una industria del deporte que ha crecido hasta tener gran importancia a nivel nacional.



6 EL HOOLIGANISMO EN EL FÚTBOL COMO PROBLEMA SOCIAL MUNDIAL



Introducción
El hooliganismo en el fútbol está vivito y coleando. Sigue vivo, no como se creía durante las décadas de 1970 y 1980 como un problema casi exclusivo de Inglaterra, sino de dimensión mundial en el sentido de que se produce —o se ha producido en algún momento— en casi todos los países donde se practica el fútbol. En este capítulo profundizaré en este problema desde la óptica sociológica para tratar de explicarlo. Lo haré en primer lugar haciendo referencia al análisis de los datos obtenidos en Inglaterra, pero iré más allá y ofreceré unas pocas hipótesis especulativas sobre algunas de los rasgos que posiblemente comparte el hooliganismo a nivel internacional como problema social. Sin embargo, primero echaremos un vistazo a algunos datos.
Durante las primeras etapas de la investigación en Leicester en la década de 1970, examinamos varios periódicos ingleses y archivamos casos sobre incidentes violentos relacionados con el fútbol donde participaran fans —no jugadores— y se produjeran fuera del Reino Unido. Repasamos los periódicos desde 1890 en adelante y dejamos de archivar casos al término de 1983. Esto significa que, aunque cubrimos la mayoría del siglo XX, no vamos más allá de 1983. En ese sentido, los datos son incompletos. No obstante, son reveladores y un indicador general de la incidencia mundial del hooliganismo. Más en concreto, dimos con noticias de 101 incidentes violentos relacionados con el fútbol que se produjeron en 37 países entre 1908 y 1983. Los países y el número de incidentes aparecen en la tabla 6.1.
En cuanto al número de muertos y heridos registrados, los más serios aparecen en la tabla 6.2.
Comparados con algunas de las cifras aquí aportadas, la muerte de 39 fans en el estadio de Heysel de Bruselas, durante la final de la Copa de Europa de 1985 entre el Liverpool y la Juventus, adquiere una perspectiva reveladora. Dado que las muertes relacionadas con el hooliganismo en Heysel fueron probablemente más importantes que ningún otro hecho para fijar la opinión mundial de que el hooliganismo en el futbol era una «enfermedad inglesa», los datos de las tablas 6.1 y 6.2 aportan pruebas concluyentes de que este fenómeno no es, ni nunca ha sido, un problema exclusivo de Inglaterra. Pero se ha dado Una aparente paradoja al respecto porque, precisamente cuando el hooliganismo ha empezado a ser frecuente en países como Italia y Brasil, se ha extendido la creencia en Inglaterra de que su propio problema del gamberrismo doméstico se ha «curado» o «desaparecido». Dicha creencia es un mito.
Tabla 61 Incidencia mundial de actos violentos en el ámbito del futbol aparecida en

uente. Williams y cols. (1989).
Además del incidente registrado en 1931, estos incidentes se produjeron en la antigua Repúica Federal de Alemania.
Induye incidentes registrados en la República de Irlanda yen el Ulster, así como incidentes restrados antes de la partición.
Tabla 62 Incidentes seleccionados en ios que se dieron casos de violencia grave entre el público

Brasil

País Año Partido Node

N0de

muertos

heridos


EL FENÓMENO DEPORTIVO

L HOOLIGANISMO EN EL FÚTBOL COMO PROBLEMA SOCIAL MUNDIAL

El hooliganismo en Inglaterra: realidad y mito
Desde finales de la década de 1960 hasta en torno ala mitad de 1990, el año de los Mundiales de fútbol celebrados en Italia, el hooliganismo se consideró como uno de los principales problemas sociales de inglaterra. Sin embargo, durante la década de 1990 empezó a prevalecer una percepción distinta. Gordon Taylor, jefe ejecutivo de la PFA inglesa, lo expresó bien cuando escribió en septiembre de 1993 que desde el cénit representado por Heysel, «la política con- junta de las autoridades locales, la policía, el go biernoy elfrtbol ha tratado con éxi. to elproblema del hooliganísmo» (Guardian, 30 de septiembre de 1993).
Sólo una semana antes de que apareciera el artículo de Taylor, Birna Helga dottír propuso en The European la idea de que el problema inglés del hooliga nismo se había «resuelto». Al contrastar lo que asumió como una situación habitual en Inglaterra con lo que estaba ocurriendo en el continente, afirmó que «los peores hábto [de los hoolzg-ans ingleses] son imitados por los jóvenes hooligans de Grecia hasta Roma... Pero en Gran Bretaña la situacíón, irónicamente, está más tranquila que en muchos años» (The European, 23 de septiembre de 1993).
El título del artículo de Helgadottir era «El retorno de los fans violentos» y se basa en la premisa de que, aunque los hooligans ingleses han entrado en un período de relativa tranquilidad en su país, desde la Eurocopa de 1992 en Suecia han empezado a desarrollar sus actividades delictivas en el continente, siendo el ejemplo a gran escala más reciente de la violencia y el vandalismo de los fans ineses los actos en Amsterdam y Rotterdam en noviembre de 1993 —momento en que la autora escribe—. Ambos aspectos de esta creencia representan una simplificación excesiva de un tema complejo. Es decir, los hooligans ingleses no «han vuelto», sino que nunca se han ido. Y los fans ingleses siguen manifestando su comportamiento violento en ámbitos domésticos e internacionales como han hecho a distinta escala desde la década de 1970.
Lo que parece haber ocurrido y malinterpretarse por personas como Taybr y Helgadottir es que, desde los Mundiales de 1990, el problema inglés del hooliganismo se ha «despolitizado» por distintas razones. Más en concreto, se ha despolitizado primero como resultado de la decisión del gobierno de Thatcher de retirar la Parte 1 de su Declaración sobre los Espectadores de Fútbol. Fue esta medida una disposición central de lo que fue la exigencia de la entrada computarizada a los partidos y fue condenada por el juez Taylor en su informe sobre la tragedia de Hillsborough en 1989, cuando murieron 95 personas aplastadas durante un partido de fútbol en Sheffield, ya que según él era probable que aumentara más que disminuyera la incidencia de muertes entre el público (Taylor, 1990).
El tema del hooliganismo también empezó a despolitizarse en Inglaterra en 1990 debido a la decisión del gobierno conservador de retirar su oposición a la

ión anual de la federación inglesa de fútbol a la UEFA para que readmia los dubes ingleses en las competiciones europeas, después de la prohibiimpuesta por la tragedia de Heysel. Una consecuencia de estas dos decis políticas fue que la incidencia del hooliganismo, sobre todo en el ámbito stico de Inglaterra, resultó menos «noticiable» y, por lo tanto, apareció jenos frecuencia en los periódicos, sobre todo entre los medios de comuión nacionales.
s decir, los medios de comunicación ingleses perdieron dos razones que hatenido durante la segunda mitad de la década de 1980 para centrarse con ilaridad en e1 público del fútbol y en su comportamiento: el interés generapor los debates sobre la Dedaración sobre los Espectadores de Fútbol y el rés despertado por los intentos de la Federación inglesa para que los clubes [eses fueran readmitidos en las competiciones europeas. Otros tres factores tribuyeron en el mismo sentido: «el factor de bienestar» generado por la ación inesperada de la selección inglesa en Italia 90 yel que recibiera de la FItel trofeo al juego limpio; el sentimiento de autocomplacencia experimenta.en las altas esferas del fútbol inglés por ci programa de renovación de los adios iniciado a remolque de las recomendaciones del Informe Taylor (en es- sentido, prosperó la idea de que los nuevos estadios con asientos ayudarían a
- izar» a los hooligans), y probablemente la importancia similar para la des_ zación del hooliganismo, el intento de las autoridades futbolísticas y los embros de la «nueva clase social de propietarios» de clubes de la primera di.ión por potenciar una imagen «inocua» del fútbol inglés, de deporte «para la xniia» que había dejado atrás la etapa de los hooligans.
Las delegaciones del Estado también han participado en este proceso de Lnipulación de la imagen, en especial después de 1996 cuando, al alimón con
• eración inglesa, tanto los gobiernos de Major como de Blair se implicaron i el intento de que los Mundiales de 2006 se celebrasen en Inglaterra.1
Vale la pena tener en cuenta dos de los razonamientos académicos que acep)2fl el mito del hooliganismo del fútbol inglés y que han desaparecido. El pribero se debe a Jan Taylor. En 1991 aludió a lo que él denominó la «ausencia iraordinaria de manfrstaciones del hoolianismo u otros incidentes desagradables rz los campos defitbol ingleses durante la temporada 1990-1991». «Se está prociendo un cambio sorprendente —prosigue el autor— en el panorama cultural de ‘unas gradas de los campos [de Inglaterra]», y él atribuye este proceso a la conluencia del «despliegue televisivo de la BBC» en Italia 90 y a la eliminación de as vallas de perímetro de muchos campos en respuesta al Informe Taylor. La
ninación de las «jaulas» redujo la frecuencia de las respuestas «animales» de
f.ns y esto interactuó con el despliegue de los Mundiales de 1990, durante
s cuales, argumenta Taylor, «la ópera de Pavarotti sefrndió etéreamente en un
spliegue poético deJitbol europeo»,
generando un énfasis marcado por el «esti 158

lo». Corno resultado, afirma Taylor, «el hooliganismo [quedó] de repente pa$, de moda, anticj, irrelevante» (Independent on Sunehzy, 21 de abril de 1991)
El segundo razonamiento académico pertenece a l3irger Peitersen. En su Opinión, lo que él llama <(período hooligan» del futbol pertenece al pasado. «p0,. suerte, el hoolianismo ejerce un papel mucho menor hoy en día en el mundo d€i fitbol_afirma él—. Los aficionados delfiítbo/ han tomado las riendas y sus actjyj dades estimulan ks momentos más agradables de los partidos defiítbol» (Peitersen 1996 52) Peitersen introduce la distin de Fiske (1991 b) entre «Cultura de masas» los productos culturales del capitalismo industrial— y «culturapopular» es decir, la forma en que la gente «usa, abusay subvierte estos productos para darle un sentido propio y crear mensajes» (Peitersen, 1996: 52). La finalidad del autor es arrojar luz sobre el hueco que un poderoso elemento carnavalesco se ha creado entre los espectadores europeos de fútbol durante los últimos años. Una de las ideas de Peitersen es que los «roligans» daneses —»hooligans pacíficos» desempeñaron un papel innovador en esta introducción de lo carnavalesco. Más tarde trataré el tema del fenómeno «roIigan». Por el momento quiero sugerir que los razonamientos de Peitersen y Taylor están bajo sospecha en ciertos sentidos Centraré mis observaciones en el ámbito del fútbol inglés. Es cierta que se han producido cambios significativos en el fútbol inglés
desde la década de 1980. La asistencia regular a partidos del máximo nivel ha aumentado desde 1986-1987, y la temporada 1992-1993 fue testigo del lanzamiento de la Premier League Como dejé constancia en el capítulo 5, esto se asoció a la reestructuración de la posesión de muchos de los clubes más importantes y coincidió con la tendencia a que los estadios tuvieran todas las gradas con asientos Además de esto, se introdujeron distracciones como la de las cheerles norteamericanas para controlar y entretener al público. Sin embargo, estas manifestaciones de lo que Fiske consideraría «cultura de masas» se completaron con innovaciones independientes de «cultura popular».
Por ejemplo, al copiar a los fans daneses y holandeses se extendió la costumbre de pintarse la cara y llevar ropa extravagante. Todas estas innovaciones introdujeron un elemento distintivo y carnavalesco al juego. Al mismo tiempo, el movimiento de los «fanzines» supuso la aparición de una nueva forma sin precedentes de literatura futbolística (Jary y cols., 1991; King, 1995; Haynes, 1995) y, aunque sigue siendo marginal, la Footbajl Supporters’ Association fundada en 1985 logró abrirse paso en los consejos superiores del futbol inglés.
Es fácil reparar en por qué personas como Taylor y Peitersen, muy vinculadas al mundo del fútbol, deducen de cambios como éstos una seria disminución del problema del hooliganismo. No obstante, la explicación del supuesto declive del hooliganismo en el fútbol en relación con una mayor preocupación por el «estilo» y lo «carnavalesco» es muy endeble. El hecho de que los Mundiales de 1990 se asociaran en Inglaterra con una forma sin precedentes de hooliganismo, , ataques a extranjeros de fans que habían visto los partidos de Italia 90 evisión (ataques parecidos se dieron junto con hechos similares en la Eudel 96 y el mundial de 1998), muestra por lo menos que la «cobertura 3C» del torneo no tuvo de inmediato el efecto hipotético apuntado por
r. Además, el movimiento «informal del fútbol», la orientación de los hoy otros fans durante la década de 1980 del movimiento skinheada un es...nformal» en el que en realidad se llevaba ropa de diseño, cara en apanende verdad, muestra con claridad que el interés por la moda y la violencia n excluyentes tal y como se deduce de la Edad Media, la América del Sur emporánea y las fiestas anuales de Notting Hill. Peitersen parece no haber¿o cuenta de que el análisis de Fiske sobre la «cultura popular» inglesa duel siglo XIX depende en gran medida de la demostración de Malcolmson ‘.) de lo gravemente violentos que eran muchos elementos de aquella «cuí- popular» según los baremos actuales (Fiske, 1991 b: 70-74).
‘ambién hay pruebas sustanciales de que el problema inglés de los hoolino ha quedado resuelto. Los fans ingleses causaron altercados en Suecia en
2, en Amsterdam en 1993, en Dublín en 1995 y en Marsella en 1998. Los
tidarios de la tesis de que el «hooliganismo pertenece al pasado» sólo pue asumi estos incidentes sesgando su interpretación y afirmando, como hiHelgadottir, que los hooligans ingleses se han vuelto pacíficos en la isla y sóometen actos violentos en el extranjero. Pero las pruebas están en su contra. mos las cifras de las tablas 6.3 y 6.4. La tabla 6.3 ofrece una selección de [entes que se produjeron en la primera división o en su ámbito, y en otros los durante 1992-1993. De hecho, durante esa temporada se produjeron
s de 60 incidentes con hooligans en cuatro ocasiones. Once de ellos fueron onsiderados «serios» por la policía, dos fueron asesinatos y los hooligans usan gas lacrimógeno en cuatro ocasiones. Los incidentes se produjeron a todos s niveles de las ligas de fútbol, así como en un partido internacional jugado n Wembley. Sin embargo, sólo 26 de los incidentes se produjeron dentro de )S estadios. Por tanto, en la mayoría de ios casos no fueron vistos directamene por los medios de comunicación, y por eso se informó de sólo unos pocos, Sobre todo a nivel nacional. También ha habido una política en los medios de omunicacjÓn de no tomar con las cámaras los incidentes en los estadios, polí basada en la suposición de que si apartamos la vista y no nos enfrentamos
rectamente a un problema, de alguna forma desaparecerá.
Los datos aportados por la British Transport Police (BTP) desde el período comprendido entre el 21 de agosto de 1990 hasta el 22 de diciembre de 1993 apuntan en la misma dirección. Más en concreto, la BTP registró un total de _7 incidentes en viajes de ida o vuelta de partidos en Inglaterra entre agosto de 1990 y diciembre de 1993, período que cubre tres temporadas y media de fútbol. El análisis de estos incidentes aparece en la tabla 6.4.

Peleas en pubs en el centro de la ciudad y la estación. Peleas dentro y fuera del campo/centro de la ciudad. Gas lacr. lanzado en un pub de Covent Garden. Invasión del campo, peleas en pubs*.
Fan apaleado hasta morir (más racial que futbolístico). Invasión del campo, peleas en pubs*.
Peleas fuera del estadio, gas lacr. lanzado en un pub. Peleas callejeras. 300 fans en peleas, gas lacr. lanzado en un pub. Invasión del campo, peleas fuera del estadio*. Ataques contra la policía. Peleas, un asesinato*. Peleas en pubs, objetos lanzados al campo*. Invasión del campo, incendio provocado.
Peleas en pubs, ataques a la policía.

EL HOOLIGANISMO EN EL FÚTBOL COMO PROBLEMA SOCIAL MUNDIAL
mayo 1993 Reading y Swansea

Exeter y Port Vale Millwall y Bristol Rovers

Peleas dentro/fuera del campo, invasión del campo*. Disturbios en Oklham; altercado con intervención de la policía.

Intervención de la policía montada. Peleas dentro del estadio.
Peleas fuera del estadio.
Los fans del Leicester
saquearon un pub de
Wembley. Disturbios en
Swindon.

Estos datos son de lan Stanier, un doctorando de Leicester.
* La policía asume que la alteración es lo bastante seria como para «desplegar» los medios policiales disponibles.
Tabla 64 Incidentes relacionados con el futbol registrados por la British Transport Police (1990-1993)

Tabla 63 Selección de incidentes con hooligans en las ligas inglesas y en partidos internacionales y amistosos de pretemporada en Inglaterra y Gales

Aston Villa y Oldham

mayo 1993
4mayo 1993
B mayo 1993
$mayol993
Div. 1 Play-off
Semifinal
Div. 1 Play-off

Ataque de los fans al árbitro Invasión del campo, objetos lanzados al campo*.

Halifax y Hereford
Portsmouth y Leicester (en el
City ground de Nottingham)
Swindon y Leicester City
(en Wembley)

20 febrero 1993
5marzo 1993

Tortenham y Leeds Tottenham y Blackpool

7 marzo 1993 Man. City y Tottenham

17marzo 1993
3 abril 1993
3 abril 1993

Inglaterra sub 18 y Ghana
Sheffield Wed. y Sheffield Utd.
Millwall y Portsmouth

24 abril 1993 Peterborough y Leicester
28 abril 1993 Inglaterra y Holanda

Los restantes doce incidentes registrados por la BTP se produjeron en partidos de la pretemporada.

162

163




Temporada

N» de incidentes

1990-1991

(del 21 de agosto de 1990 al 5 de junio de 1991; los
del final de la

204

1991-1992

incluye
play-offi
temporada)
(del 17 de agosto de 1991 al3 de junio de 1992; los
finales

260




incluye
play-offi
y un partido




1992-1993
1993-1994

(del 8 agosto 1992 31 de mayo 1993)
(del 24 de julio de 1993 al 22 de diciembre de 1993; sólo la primera mitad de la temporada)
Total

127
64
655

Estos datos de la BTP no dejan de ser problemáticos. Tal vez manifiesten el declive de los incidentes asociados con viajes a partidos de fútbol durante 1992 1993, pero lo que denotan con un grado relativamente alto de certeza —y están respaldados por los datos de la tabla 6.3— es que, al contrario de lo que se cree, el hooliganismo no ha desaparecido de Inglaterra. Tal vez haya declinado como problema reconocido públicamente, pero el comportamiento gamberro en el ámbito del fútbol, con mayor frecuencia fuera que dentro de los estadios, sigue produciéndose. Por supuesto, como es imposible contabilizar con precisión la incidencia a nivel nacional de este fenómeno, y como muchos hooligans gustan de la publicidad y de la notoriedad, este patrón de infracontabilidad desde 1990 tal vez haya contribuido al declive en cierto grado.
Todo lo que puede decirse con certeza es que el problema sigue produciéndose y que las cifras citadas aquí no completan ni por aproximación el grado de incidencia entre 1992 y 1993. Los hechos acaecidos en la Eurocopa del 96 en Inglaterra, en junio de 1996, apuntan en la misma dirección. Y lo mismo sucede con lo acaecido en Francia durante los Mundiales de 1998. Por razones de concisión, hablaré aquí sólo de la Eurocopa de 1996.
Está muy extendida la creencia de que la Eurocopa 96 transcurrió sin incidentes de gravedad. Por ejemplo, al hablar de las expectativas de la federación inglesa de fútbol de que la FIFA concediera a Inglaterra la celebración del mundial de 2006, el periodista Martin Thorpe escribió de la Eurocopa del 96 que
la capacidad de la UEFA para obtener beneficios de un torneo en el cual Inglaterra puso los mejores equipos en el campo y evitó cualquier incidente será bien acogido por la FIFA cuando elja una sede para los segundos mundiales del nuevo szlo.
El nivel de juego del equipo inglés —llegaron a las semifinales, donde fueron derrotados por Alemania en la tanda de penaltis—, el nivel de juego global de la competición y la atmósfera festiva del público son cosas que no pueden negar- se. Lo que pongo en duda es si se consiguió evitar que hubiera problemas fuera de los estadios. Hay amplias pruebas de que fue algo generalizado. Por ejemplo, la multitud se congregó en Trafalgar Square en Londres después del partido de Inglaterra contra España el 22 de junio y tuvo que ser dispersada por los antidisturbios. También se registraron altercados en HuIl, y hubo peleas entre ingleses y españoles en Fuengirola y Torremolinos en la Costa del Sol (Independent, 24 de junio de 1996). Los altercados más serios se produjeron después de la derrota de Inglaterra por Alemania en las semifinales, no sólo en Londres, sino también en Basingstoke, Bedford, Birmingham, Bournemouth, Bradford, Brighton (donde un adolescente ruso fue confundido con un alemán, y casi

uere de una cuchillada en el cuello), Dunstable, Exeter, Haywards, Heath, Lnsfield, Norwich, Nottingham, Portsmouth, Shropshire y Swindon (Daily
28 de junio de 1996). La crónica de lo acaecido en Trafalfar Square de ondres en el Daily Mail es la siguiente:
El momento agónico cuando a Gareth Southgate le pararon el penal- ti... fríe el desencadenante de una noche continuada de acciones violentas de los hooligans. Envueltos en banderas y blandiendo botellas, miles de fans se desperdigaron por pubs y bares... nada más saberse la victoria de Alemania... El peor punto se dio en Trafalgar Square... Fue el centro de... una violencia orquestada... Hasta dos mil personas se concentraron en la plaza poco después de las 10,06 de la noche... La situación se deterioró con rapidez... Coches y conductores... se vieron envueltos en una escalada de violencia concentrada en los coches alemanes de las marcas Volkswagen y Mercedes. Una horda de 400 hooligans... salió de la plaza y atacó un coche patrulla de la policía. Los dos policías que lo conducían tuvieron que huir para salvar la vida, ya que en menos de un minuto el coche estaba hecho pedazos. Los hooligans se dirigieron al Támesis, destrozando para brisas, volcando un coche y prendiendo friego a los coches deportivos japoneses... Entre las diez y la medianoche, la policía recibió 2.500 llamadas pidiendo ayuda con urgencia. De éstas, 730 estaban relacionadas con actos violentos... Las cifras finales en torno a Trafalgar Square frieron 40 vehículos dañados, seis volcados y dos incendiados. Siete edificios sufrieron desperfrctos, 25 policías y 23 miembros del público resultaron heridos en Londres, además de otros 18 heridos entre civiles y policías en el mismo Trafalgar Square... Casi 200 personas fueron arrestadas en todo Londres, de las cuales 40 frieron detenidas durante los tumultos de Trafalgar Square.
(Daily Mail,
28 de junio de 1996)
Estos acontecimientos fueron los más violentos de una serie, variando en violencia y escala, que se propagó por toda Inglaterra durante la Eurocopa del 96. Se produjeron a pesar del esfuerzo coordinado de la policía y planificado durante 3 años, con un coste de unos 20 millones de libras esterlinas (BBC 1, 10 de julio de 1996) y supuso el arresto con el eco mayoritario de los medios de comunicación de «hooligans famosos» de todo el país antes del campeonato. El corresponsal deportivo de The Times John Goodody sacó la conclusión de que: «Lo que la noche del miércoles puso de manflesto fríe que, si los aficionados ingleses participan en campeonatos internacionales, es inevitable que haya problemas. A pesar de los cuidadosos preparativos los alborotadores se aseguran de que haya confrontaciones» (The Times, 28 de junio de 1996). Los acontecimientos

EL HOOLIGANISMO EN EL FUTBOL COMO PROBLEMA SOCIAL MUNDIAL

Estos datos de la BTP no dejan de ser problemáticos. Tal vez manifiesten el declive de los incidentes asociados con viajes a partidos de fútbol durante 1992- 1993, pero lo que denotan con un grado relativamente alto de certeza —y están respaldados por los datos de la tabla 6.3— es que, al contrario de lo que se cree, el hooliganismo no ha desaparecido de Inglaterra. Tal vez haya declinado como problema reconocido públicamente, pero el comportamiento gamberro en el ámbito del fútbol, con mayor frecuencia fuera que dentro de los estadios, sigue produciéndose. Por supuesto, como es imposible contabilizar con precisión la incidencia a nivel nacional de este fenómeno, y como muchos hooligans gustan de la publicidad y de la notoriedad, este patrón de infracontabilidad desde 1990 tal vez haya contribuido al declive en cierto grado.
Todo lo que puede decirse con certeza es que el problema sigue produciéndose y que las cifras citadas aquí no completan ni por aproximación el grado de incidencia entre 1992 y 1993. Los hechos acaecidos en la Eurocopa del 96 en Inglaterra, en junio de 1996, apuntan en la misma dirección. Y lo mismo sucede con lo acaecido en Francia durante los Mundiales de 1998. Por razones de concisión, hablaré aquí sólo de la Eurocopa de 1996.
Está muy extendida la creencia de que la Eurocopa 96 transcurrió sin incidentes de gravedad. Por ejemplo, al hablar de las expectativas de la federación inglesa de fútbol de que la FIFA concediera a Inglaterra la celebración del
dial de 2006, el periodista Martin Thorpe escribió de la Eurocopa del 96 que
la capacidad de la UEFA para obtener beneficios de un torneo en el cual Inglaterra puso tos mejores equij’os en el campo y evító cualquier incidente será bien acogido por la FIFA cuando elja una sede para los segundos mundíales del nuevo siglo.
(Guardian,
12 de octubre de 1996)
El nivel de juego del equipo inglés —llegaron a las semifinales, donde fueron derrotados por Alemania en la tanda de penaltis—, el nivel de juego global de la competición y la atmósfera festiva del público son cosas que no pueden negar- se. Lo que pongo en duda es si se consiguió evitar que hubiera problemas fuera de los estadios. Hay amplias pruebas de que fue algo generalizado. Por ejemplo, la multitud se congregó en Trafalgar Square en Londres después del partido de Inglaterra contra España el 22 de junio y tuvo que ser dispersada por los ami- disturbios. También se registraron altercados en Huli, y hubo peleas entre ingleses y españoles en Fuengirola y Torremolinos en la Costa del Sol (Independent, 24 de j unjo de 1996). Los altercados más serios se produjeron después de la derrota de Inglaterra por Alemania en las semifinales, no sólo en Londres, sino también en Basingstoke, Bedford, Birmingham, Bournemourh, Bradford, Brighton (donde un adolescente ruso fue confundido con un alemán, y casi

EL HOOLIGANISMO EN EL FÚTBOL COMO PROBLEMA SOCIAL MUNDIAL
iuere de una cuchillada en el cuello), Dunstable, Exeter, Haywards Heath, risfleid, Norwich, Nottingham portsmouth, Shropshire y Swindon (Daily
faí
28 de junio de 1996). La crónica de lo acaecido en Trafalfar Square de 1..ondres en el Daily Mail es la siguiente:
El momento agónico cuando a Gareth Southgate le para ron el penalti... fue el desencadenante de una noche continuada de acciones violentas de los hooligans. Envueltos en banderas y blandiendo botellas, miles de fans se desperdigaron por pubs y bares... nada más saberse la victoria de Alemania... El peor punto se dio en Trafalgar Square... Fue el centro de... una violencia orquestada... Hasta dos milpersonas se concentraron en la plaza poco después de las 10,06 de la noche... La situación se deterioró con rapidez... Coches y conductores... se vieron envueltos en una escalada de violencia concentrada en los coches alemanes de las marcas Volkswagen y Mercedes. Una horda de 400 hooligans... salió de la plaza y atacó un coche patrulla de la policía. Los ¿os policías que lo conducían tuvieron que huir para salvar la vida, ya que en menos de un minuto el coche estaba hecho pedazos. Los hooligans se dirigieron al Támesis, destrozando parabrisas volcando un coche y prendiendo fuego a los coches deportivos japoneses... Entre las diez y la medianoche, la policía recibió 2.500 llamadas pidiendo ayuda con urgencia. De éstas, 730 estaban relacionadas con actos violentos... Las cifras finales en torno a Trafalgar Square fueron 40 vehículos dañados, seis volcados y dos incendiados. Siete edificios sufrieron desperfectos, 25 policías y 23 miembros del público resultaron heridos en Londres, además de otros 18 heridos entre civiles y policías en el mismo Trafalgar Square... Casi 200 personas fueron arrestadas en todo Londres, de las cuales 40 fueron detenidas durante los tumultos de Trafalgar Square.
(DailyMail,
28 de junio de 1996)
Estos acontecimientos fueron los más violentos de una serie, variando en violencia y escala, que se propagó por toda Inglaterra durante la Eurocopa del 96. Se produjeron a pesar del esfuerzo coordinado de la policía y planificado durante 3 años, con un coste de unos 20 millones de libras esterlinas (BBC1, 10 de julio de 1996) y supuso el arresto con el eco mayoritario de los medios de comunicación de «hooligans famosos» de todo el país antes del campeonato. El corresponsal deportivo de The Times John Goodody sacó la conclusión de que: «Lo que la noche del miércoles puso de manifiesto fue que si los aficionados íngleses partictan en campeonatos internacionales, es inevitable que haya problemas. A pesar los cuidadosos preparativos los alborotadores se aseguran de que haya confrontaciones» (The Times, 28 de junio de 1996). Los acontecimientos En Inglaterra se han propuesto cinco explicaciones sobre el hooliganism0 que han calado en la opinión pública, cada una de ellas respaldada por los medios de comunicación y los políticos. Estas explicaciones —algunas en parte contradictorias_ del origen del fenómeno son: un consumo excesivo de alcohol, incidentes violentos en el terreno de juego o mala actuación arbitral, el desempleo, la opulencia y la permisividad.
Ninguna de ellas cuenta con pruebas, al menos por lo que se refiere al papel más profundo y duradero del hooliganismo en el fútbol. No puede decirse que el consumo de alcohol sea la causa, porque no todos los fans que beben en el fútbol se pelean, ni siquiera todos los que beben mucho. También es cierto lo contrario, es decir, que no todos los hooligans beben. Por ejemplo, algunos jefes de hooligans ingleses afirman que no beben antes de pelear porque necesitan tener la mente clara para dirigir las operaciones y evitar ser pillados por sorpresa por los rivales o la policía (Dunning y cols., 1988). Sin embargo, hay una conexión indirecta entre los hooligans del fútbol y el consumo de alcohol, ya que las normas de masculinidad de los grupos implicados tienden a subrayar la capacidad de lucha, la dureza y el aguantar la bebida como prueba de hombría.
La violencia en el terreno de juego y los malos arbitrajes como incitadores pueden descartarse como raíz del hooliganismo. Esto se debe a que los incidentes se producen antes, después y durante los partidos, a menudo a distancia considerable de los estadios. Tampoco puede acharcarse directamente al paro (causa favorecida por la izquierda). Por ejemplo, durante la década de 1930, cuando el paro en Inglaterra era alto, la incidencia de casos de violencia en el fútbol siempre fue baja. De forma similar, cuando el hooliganismo del fútbol inglés comenzó a entrar en la fase actual durante la década de 1960, la tasa nacional de desempleo era la más baja registrada jamás. Hoy en día, la tasa de participación de parados en el hooliganismo varía a nivel regional, siendo más alta en áreas como el Norte de Inglaterra donde el desempleo es alto y más baja en lo que, hasta hace poco, eran áreas de desempleo como Londres y el sureste. De hecho, casi todos los clubes importantes ingleses cuentan con hooligans, independientemente de la tasa local de paro, y durante la década de 1980 los fans de áreas acomodadas afrentaban a sus rivales menos afortunados agitando fajos de billeste de 5 y 10 libras mientras cantaban (la tonada de «Nunca caminarás solo») y decían «iNunca volveréis a trabajar!».

No obstante, el desempleo es una causa indirecta del hooliganismo en el ido de que es uno entre otros factores complejos que ayudan a perpetuar las
,rmas de masculinidad agresiva implicadas.
La cuarta explicación sobre el hooliganismo, a saber, que la riqueza más
e el paro es la causa principal, es la que defiende la derecha política. No sóestá en contradicción directa con el supuesto papel causal del desempleo, kio que también se asocia a veces con la explicación en términos de «permibridad», por ejemplo, cuando se sugiere que el hooliganismo es un atributo Le la generación del «demasiado, demasiado pronto». Sin embargo, sea cual re la forma adoptada, la explicación por la riqueza se contradice con las bas y parece ser producto de una lectura errónea de ios cambios de mola de los jóvenes fans de fútbol británicos durante la década de 1980, cuanlo pasaron de la moda skinheada la moda informal. La moda skinhead era, por supuesto, propia de la clase trabajadora; el estilo informal, por el contrasrio, es aparentemente «desclasado». La ropa que llevan los seguidores de esta rnoda suele ser cara, aunque no necesariamente. A veces es robada o sólo es cara en apariencia, por ejemplo, cuando se cosen «etiquetas de marca» en camisetas baratas o robadas. Por supuesto, algunos hooligans cuentan con dir nero, por lo menos durante un tiempo, sea por conseguir un trabajo bien pagado, sea porque los padres tienen dinero, sea porque ganan dinero en
tividades de mercado negro o participan en actividades criminales. Sin embargo, la mayor parte de las pruebas de que disponemos van en contra de la «tesis de la riqueza».
Durante la década de 1960 se empezó a tener datos de bastante fiabilidad sobre los orígenes sociales de los hooligans y en todo momento han sido muy consecuentes, sugiriendo que, aunque procedan de todas las clases sociales, la mayoría (un 80-90%) proviene de la clase obrera, es decir, de las filas de los obreros manuales con un nivel bajo de estudios (Dunning y cois., 1988).
La explicación de la «permisividad» muestra deficiencias parecidas. Es superficialmente plausible que la llegada de la llamada «sociedad permisiva» en Gran Bretaña durante la década de 1960 coincidiera con la mayor conciencia entre las autoridades y los medios de comunicación de que el comportamiento de ios fans de fútbol era problemático. Sin embargo, el origen de los hooligans británicos se remonta a las décadas de 1870 y 1890 (Dunning y cois., 1988) y el golpe de gracia al argumento de la «sociedad permisiva» se lo da el hecho de que, desde que el fenómeno fue asumido en Gran Bretaña como un problema social durante la década de 1960, los partidos de fútbol han estado más vigilados por la policía y sometidos a estrictos controles; es decir, asistir a un partido de fútbol se ha convertido en todo menos en permisivo. Además, durante la década de 1980 el gobierno de Thatcher trató de invertir con medios autoritarios y políticas «de ley y orden» lo que se consideraba la «permisividad» nociva de los años sesenta y setenta. Aun así, el hooliganismo —y el crimen en general siguió creciendo.
Además de la explicación «figuracional», se han esbozado cuatro explicacio nes académicas sobre el hooliganismo inglés: la explicación «antropológica» de Armstrong y Harris (1991) y Armstrong (1998); las explicaciones marxistas de Taylor (1971, 1982) y Clarke (1978); la explicación «etológica» esbozada por Marsh y cols. (1978) y Marsh (1978), y la explicación según la «teoría de la inversión» psicológica propuesta por Kerr (1994). Todas estas explicaciones presentan puntos débiles y fuertes.
El trabajo antropológico de Armstrong y Harris sobre el hooliganismo se basa en descripciones minuciosas y profundas sobre el comportamiento de los fans de fútbol de SheWield, ciudad que cuenta con dos clubes. A pesar de ser teóricamente ecléctica, centrada en el presente como suele ser el caso de las investigaciones etnognfficas o con observación de los participantes, su autor principal (Armstrong) no parece ser lo bastante consciente de las delimitaciones propias de la dependencia del testimonio sin respaldo de una sola persona. Tampoco se presta suficiente atención a la forma en que se ha visto afectada la dinámica del comportamiento y las relaciones de los fans porque Sheffield cuente con dos clubes de fútbol, ni tampoco hay observaciones comparativas con las ciudades de un solo club como Leicester y otras de dos clubes como Liverpool y Nottingham. Estas limitaciones se combinan con el rechazo del autor de cualquier otra investigación en el campo que no sea la suya, posición que no favorece un diálogo abierto ni la posibilidad de determinar públicamente el grado en que los resultados minuciosos, profundos y densos de Sheffield confirman o refutan las conclusiones de otros.
El trabajo de Taylor y Clarke es revelador por lo que respecta a las formas en que el camino emprendido por el fútbol inglés está ligado al carácter capitalista de la economía; sin embargo, ninguno de estos autores ha realizado un estudio sistemático y profundo del hooliganismo, y aparentemente ninguno de ellos se da cuenta de la importancia de que el fenómeno implique, sobre todo, un conflicto entre grupos de la clase obrera que sólo en ocasiones se ven implicados en altercados con las autoridades futbolísticas y la policía —y menos directamente con otros representantes del Estado—, aparte de las peleas entre ellos.
En su estudio anterior, Taylor describió el hooliganismo como un «movimiento de resistencia de la clase obrera». Marsh y sus colaboradores no cometen ese error, aunque su estudio carece de dimensión histórica, con la consecuencia de que tienden a considerar las peleas de los hooligans —o lo que ellos llaman «aggro»— como una constante histórica inmutable. Además, al subrayar que el «aggro» es un acto de «violencia ritual», es decir, violencia en esencia simbólica o metonímica en cuanto implica una postura agresiva sin acción o conación de los actos agresivos, no se dan cuenta de que la agresión ritualizauede ser realmente violenta.
knente, mediante la aplicación de la teoría de la «inversión>, Kerr pareacer poco más que adornar, con su jerga psicológica compleja, algunas ideóciológicas sencillas. Este autor escribe:
La combinación de estados metamotivadores que operan durante la mayo ría de las actividades de los hooligans constituye un dominio paratélico-negativista y dutico. El elemento negativo y paratélico de esta combinación (con elevados niveles de emoción y sentimientos negativos) genera un ttpo de agresión provocati va, lúdicayparatélica que caracteriza a tantos ejemplos de actividad hooligan. El comportamiento de los hooligans en estas circunstancias no es necesariamente malévolo, sino que trata sobre todo degenerar emociónyplacer mediante la contravención de las reglas.
(Kerr, 1994: 109)
Kerr parece pensar que la búsqueda de emociones a través de actos violen- Os, anormales y delincuentes en el ámbito del fútbol puede explicarse como ma sencilla <(inversión» de un «estado metamotivado», «aburrimiento» (Kerr, 994: 33 y sigs.), a otro de «emoción». Es dificil ver en lo que escribe algo más
e ci adorno con lenguaje psicológico de lo que Elias y yo escribimos más de años atrás (aunque hablamos de la rutina y no sólo de aburrimiento), al empo que reduce una realidad completa y gradual de comportamiento social una dicotomía sin más. Por encima de todo, no hay referencia en sus escritos ib que también está siempre en juego en las peleas de los hooligans, a saber, as normas de la masculinidad. Estas ocupan un lugar central en la explicación uracional.
La explicación «figuracional» del hooliganismo
La investigación realizada en Leicester sobre el hooliganismo se desenvolvió en el marco del paradigma «figuracional» abogado por Norbert Elias. Es una de las afirmaciones que diferencia a los seguidores de este paradigma, que no es tanto un método como un descubrimiento que dota a las investigaciones de carácter científico (Elias, 1986b: 20). Por lo tanto, al tratar de entender el hooliganismo, adoptamos un enfoque más bien católico para el método, y empleamos una combinación de observación directa, observación de participantes y estudio histórico. La parte histórica de la investigación fue central y sobre todo adoptó la forma de un análisis de contenidos de una serie cronológica de informes oficiales y noticias de periódicos.2 En ambos casos, los datos recogidos cubrieron el período final del siglo XIX hasta mediados de la década de
1980.
Mediante esta combinación de métodos hicimos cuatro grandes descubri mientos para el debate y la investigación sobre el hooliganismo. Estos descu brimientos fueron:
— que el hooliganismo no es ni nunca ha sido únicamente un fenómeno inglés o británico, sino que se encuentra en distintos grados y con distintas formas en casi todos los países donde se juega al fútbol;
— que las manifestaciones de la violencia del público se producen en otros deportes distintos del fútbol y también en otros países;
— que en Gran Bretaña existe una historia de comportamiento violento que se remonta más allá de la década de 1960, período durante el cual el problema se hizo eco en la sociedad;
— que el hooliganismo es sobre todo la expresión de un patrón de agresividad masculina característica, al menos en el caso inglés, en las secciones más duras de la clase trabajadora y que una de las formas en que se produce y reproduce es la experiencia de vida en lo más bajo de la escala social. Suele haber vinculado un tipo de estructura de comunidad que se aproxima en mayor o menor grado a lo que Suttles (1968) llamó «segmentación ordena&t», aunque no siempre. Es un tipo de estructura de comunidad que genera una formación recurrente de bandas que se pelean.
He repasado los datos sobre el primero de nuestros descubrimientos y, por tanto, no hay necesidad de repetirlos. El segundo descubrimiento aporta sólidas pruebas en contra de una versión de la teoría de la catarsis que a veces se propone. Lo que sostiene esta versión es que el fútbol suele asociarse más que otros deportes con la violencia del público porque, al ser un deporte más «civilizado» y menos violento, proporciona menos oportunidades al público que, por ejemplo, el boxeo, el rugby o el fútbol americano, para vertir las frustraciones vicariamente, identificándose con los actores violentos situados en el terreno de juego. Esta teoría está falsificada porque la violencia del público se asocia con deportes como el boxeo, el rugby y el fútbol americano. Holt (1981), por ejemplo, llegó a la conclusión de que las peleas entre fans de equipos rivales es algo habitual en los partidos de rugby en el sur de Francia, mientras que un patrón de lo que podría llamarse «altercados celebraticios» acompañan con frecuencia al fútbol americano y otros deportes de elite de Estados Unidos (ver capítulo 7).
Una explicación más sincera de la mayor frecuencia de violencia del público futbolístico es que se trata del deporte de equipo más popular del mundo y que una gran proporción de sus espectadores procede de lo más bajo de la es-

EL HOOLIGANISMO EN EL FÚTBOL COMO PROBLEMA SOCIAL MUNDIAL
a social de los países donde se juega. Esta mayor frecuencia relativa de peley desórdenes también suelen magnificarla perceptualmente los medios de Ømunicación que acuden a los partidos; es decir, aunque en Inglaterra y dujrne la década de 1990 la tendencia haya sido a lo contrario, el problema de la ¡olencia del público en el fútbol puede parecer mayor de lo que es en realidad r la frecuencia con que los periódicos, la radio y la televisión cubren estos pars. Este tipo de exposición, bajo ciertas condiciones, afecta positivamente la icidencia real de problemas entre el público al atraer a los partidos a gente que uiere pelea.
Nuestra tercera conclusión es que la violencia del público se ha producido unísono con los partidos de fútbol profesional en Gran Bretaña desde que ese deporte surgió como estructura moderna durante las décadas de 1870 y 1880. Sin embargo, la incidencia registrada de esta violencia —en forma de noticias periodísticas e informes de los árbitros a las federaciones— no ha sido constante, sino que ha adoptado grosso modo la forma de una U. Más en conreto, la incidencia registrada fue relativamente alta antes de la Primera Guerra Mundial; se redujo en el período de entreguerras en Inglaterra, aunque no en
ocia; siguió siendo baja después de la Segunda Guerra Mundial, pero empezó a subir a mediados de la década de 1950, lentamente al principio pero con mayor rapidez durante y en torno a la década de 1960.
Cada forma de lo que las autoridades ylos medios de comunicación denominan «hooliganismo» —lanzamiento de objetos, invasión del terreno de juego, ataques a jugadores y árbitros, y peleas entre grupos de fans— se observa a lo largo de este período de más de 100 años. Sin embargo, los ataques a jugadores y árbitros tienden a predominar antes de la Primera Guerra Mundial, mientras que las peleas entre grupos de fans han tendido a predominar desde la década de 1960 (Dunning y cois., 1988).
El patrón del hooliganismo que empezó a surgir durante la década de 1960 parece, en parte, apoyarse en la mayor frecuencia con que los fans asistían a los partidos en campo contrario. Esto, a su vez, fue una clara consecuencia del mayor nivel de vida, el desarrollo del transporte y las comunicaciones, y el surgimiento a nivel nacional de una cultura de juventud dominada y orientada claramente por los hombres. Por lo que al hooliganismo en el fútbol se refiere, los Mundiales de Inglaterra en 1966 parece haber actuado de catalizador. Antes del mundial, los principales «diablos populares» de la clase obrera inglesa —teddy boys, mods y rockers— no se asociaban a las peleas en torno al mundo del fútbol. Sin embargo, para sus sucesores, los «skinheads», que empezaron a manifestar- se en 1967, el fútbol fue el principal teatro de operaciones. En parte, esto parece haberse dado junto con la información de los medios de comunicación justo antes de los Mundiales.
Ya he sugerido que la incidencia de desórdenes en el fútbol inglés había em 170 pezado a crecer a mediados de la década de 1950. Este lento crecimiento siguió durante los años sesenta y parece haber contribuido a la angustia generada por los medios de comunicación con sus noticias sensacionalistas. El que los Mundiales estuvieran a punto de jugarse en Inglaterra parece haber sido crucial. En noviembre de 1965, por ejemplo, un fan del Millwail lanzó una granada «Sin espoleta» al campo durante la visita al equipo contrario en un derby local contra el rival londinense Brentford Este suceso fue contado en los términos siguientes en el periódico Sun con el título «E/futbol camina hacia la guerra»:
La Federación defutbol ha actuado para sofocar este aumento de la violencia a his 48 horas del día más negyo del futbol británico, el día de la granada que puso en evidencia que los fans británicos pueden rivalizar con cualquier cosa que hagan los sudamericanos.
Los Mundiales están a menos de 9 meses. Es todo el tiempo que queda para intentar restablecer el buen nombre de este deporte en e/país. En estos momentos e/futbol está enfermo. O mejor dicho, elpii blico parece haber contraído cierta enfermeda4 que provoca que monte en cólera.
(Sun,
8 de noviembre de 1965)
Hubo peleas en este partido tanto dentro como fuera del estadio, y un fan de Millwajl sufrió fractura de mandíbula (Sun, 27 de septiembre de 1965). Sin embargo, el Sun optó por concentrarse en la violencia simbólica de la granada de mano e implícitamente comparó este incidente con el altercado a gran escala que se produjo en Lima, Perú, en 1964 (ver pág. 157).
Al comentar en abril de 1966 los disturbios que se produjeron en un partido entre Liverpool y Celtic, el redactor del Sun escribió:
Tal vez sólo sean un puñado de hooligúns, pero, si este comportamjen to se repite enjulio, el mundo llegará a la conclusión de que todos los británicos son hooli-ans... Cualquier amago de violencia debe reprimirse o el futbol quedará destruido como entretenimiento. Menuda propagandapa ra el espíritu de/deporte británico si acabamos con los campos defiítbolro deados de vallas protecto ras
(Sun,
21 de abril de 1966)
En este comentario había una profecía premonitoria doble: primero, la combinación del fenómeno hooligan per se y la reacción del público ante él llevaría «al mundo a pensar» durante las dos décadas siguientes que muchos británicos, en especial los ingleses, «eran hooligans», y segundo, que los campos de fútbol de Inglaterra quedarían vallados, contribuyendo así a la tragedia de Hillsborough de 1989, donde 95 fans del Liverpool quedaron aplastados hasta morir en

EL HOOLIGANISMO EN EL FÚTBOL COMO PROBLEMA SOCIAL MUNDIAL
ma de esas gradas valladas (otro fan murió más tarde en el hospital). Un efecto nás inmediato e inintencionado de estas noticias sensacionalistas fue el de pinar los campos de fútbol como lugares donde se desarrollaba un tipo de acción tnasculina» en el sentido tradicional del término, lo cual atrajo a los campos de iltbol a jóvenes que empezaron a adoptar la moda skínheady para los cuales las ,eleas eran al menos tan importantes como el fútbol.
Unas cuantas citas de los hooligans ingleses mostrarán cuáles son sus motivaciones y valores característicos. Las cuatro citas siguientes fueron recogidas lurante las décadas de 1960, 1970 y 1980. Al evocar las emociones que experimentó durante sus días de hooligan en los años sesenta, E. Taylor escribió en 1984 que
la emoción de la batalla, elpelzgro, la acelerada actividad de cuerpo y mente mientras actuaban la adrenalina, e/miedo y el triunfo. Hasta el día de hoy, cuando surgen problemas durante un partido, cobro vida y estoy a punto de intervenir. Tal vez no olvide los peligros de sufrir lesiones fisi cas y ser fichado por la policía, pero los ignoro.
(Guardian,
28 de marzo de 1984)
Sentimientos parecidos expresó un camionero de 26 años entrevistado durante el partido entre Cardiff City y Manchester United en 1974, partido en que se vaticinaban serios problemas:
Voy a los partidos con una única razón: el aggro. Es una obsesión a la que no puedo renunciar. La violencia me da tanto placer que casi me meo en los pantalones... Recorro todo e/país en su busca... A diario tengo una apariencia respetable... pero si vemos a alguien que parece enemigo, lepedimos la hora; si responde con acento extraño, le damos una paliza; si lleva algún dinero encima, se lo robamos.
(Harrison, 1974: 602-604)
He aquí lo que uno de nuestros informadores de Leicester escribió en 1981. Su testimonio ejemplifica la forma en que suelen razonar:
Si co nsigú es desconcertar a lapoli, has ganado. Sólo hay que pensar como ellos. Yla mitad del tiempo sabes lo que van a hacer, porque toman el mismo camino todas las semanas. Si das con la forma de engañarlos, te partes de risa y consigues meterte en una buena bu/la.
Finalmente, cuando el programa Hooligan de la cadena Thames entrevistó durante la temporada 1984-1985 a un miembro de la West Ham United’s City

Firm (JCF), una de las bandas de hooligans más famosa de Inglaterra, éste dijo:
No vamos, bueno sí que vamos con la intención de luchar, ya sabes a qué me refiero... Tenemos muchas ganas... E- magnífico. 500 tíos que van a iry que esperan que vayas, es... es bueno saberlo. Como sifreras un tenista. Te motivas para jugar Te sientes motivado para luchar.. Creo que lucho para ganarme una reputación. Espero que la gente me respete por lo que hice.
A pesar de que cubren un período de más de 20 años, estas afirmaciones son sólidas. Lo que revelan es que, en el caso de los jóvenes implicados, las peleas entre hooligans versan básicamente sobre masculinidad, luchas territoriales y emociones fuertes. Para ellos, pelearse es algo que da sentido a su vida, que confiere un estatus o reputación y es divertido. Lo que Taylor describe como «emoción de la batalla» e «inyección de adrenalina»; el miembro de la ICF no sólo hablaba de la emoción generada por las peleas, sino también del respeto que esperaba despertar entre sus compañeros, y el camionero hablaba de la violencia como de una obsesión placentera, casi erótica. Este último punto fue confirmado cuando Jay Allan, miembro de peso de los Aberdeen Casuals, banda de hooligans del fútbol escocés, describió el fútbol como algo más placentero que el sexo (Allan, 1989). Un nuevo dato que lo confirma es el hecho de que los miembros de la ICF hablan de las peleas como de «echar un polvo», expresión londinense de ámbito sexual. Que lo dicho por Allan no es el único ejemplo de este sentimiento lo sugiere el que un miembro de 17 años de la torcida brasileña dijera en 1994 al periódico fluminense Journal Do Brasil’ «Pelear me resulta divertido. Es muy emocionante escuchar a otro tío gritar de dolor. No me importa lo que la gente piense, mientras yo sea feliz» (The Australian 15 de diciembre de 1994). BilI Buford expresó la misma idea en términos más literarios cuando escribió:
[Los hooliansj hablan deflijes, chutes y picos. Hablan de la necesidad de conseguirlo, de que no pueden ni quieren olvidarlo... Hablan de ello con elorgullo de los elegidos... Hablan de ello como otra generación hablaría de drogas y bebidas. Un tío, regente de unpub, habla de ello como sifliera algo químico... una vez en marcha, una vez cometido un acto de violencia, Otros actos le seguirán inevitablemente, como una necesidad... La violencia es una de las experiencias que se viven con más intensidad y para los que la practican, es uno de los placeres más intensos.., la violencia pública es su droga.
(Buford, 1991: 206-207)

Sociológicamente, lo que hay que explicar es por qué algunas personas obtienen placer cuando participan de esa violencia belicosa y por qué han elegido el fútbol como campo de batalla, que no es ni mucho menos el único para desplegar estos rituales violentos. La hipótesis figuracional que desarrollamos durante las décadas de 1970 y 1980 abordan estos temas y se resume en lo si guiente. La búsqueda de emociones fuertes es un rasgo común de las actividades de ocio de todas las sociedades. En particular en las sociedades industriales, lo implicado es un intento de contrarrestar la esterilidad emocional propia de la rutina de una vida insatisfactoria (ver el capítulo 1). Además, en la actualidad Inglaterra es una sociedad patriarcal donde se espera de ios hombres que luchen en ciertas circunstancias, y se confiere un elevado estatus a los buenos luchadores, sobre todo en el ámbito laboral, por ejemplo, en el ejército y la policía. Sin embargo, las normas dominantes de la sociedad inglesa exigen a los hombres que no inicien las peleas y confinen sus ímpetus a la autodefensa, a la defensa de los familiares y seres queridos, a la defensa «del territorio» y a deportes como el boxeo.
La rama dura de los hooligans, los que practican el gamberrismo con regularidad, buscan más la pelea con fans de otros equipos que el verse arrastrados a pelear por la exigencia de situaciones concretas, contraviniendo así las normas sociales dominantes. Son capaces de iniciar y planear ataques y pelear en público en situaciones donde, según las normas dominantes, las peleas son tabú. Para ellos, alcanzar el estatus de «hombres duros>, así como la «placentera emoción de la batalla» que se genera durante los enfrentamientos, constituye uno de los intereses centrales de sus vidas.
Sociológicamente, lo importante es explicar por qué. ¿Quiénes forman la rama dura de los hooligans y cuáles son sus circunstancias sociales, su personalidad, hábitos y experiencias que explican su habituación a las peleas y su desviación de las normas dominantes? Esta pregunta me lleva a afrontar el cuarto descubrimiento del estudio de Leicester. Hace referencia a cierto patrón innato de comportamiento que se genera con recurrencia dentro de configuraciones sociales específicas. El fútbol es un ámbito donde se expresa y refuerza este comportamiento, pero no es un ámbito donde se produzca la generación primaria.
Los datos de que disponemos sobre los orígenes sociales del hooliganismo del fútbol inglés son relativamente escasos. Los que tenemos sugieren que, aunque los hooligans procedan de todos los ámbitos de la escala social, la gran mayoría (80-90%) procede de la clase obrera. Es decir, la mayoría tiene un nivel de estudios relativamente bajo y realiza trabajos manuales. Los datos también sugieren que, con una posible excepción, este tipo de distribución ha sido el mismo desde la década de 1960, cuando el hooliganismo inglés empezó a despertar la preocupación del público.

Más en concreto, los datos de Harrington (1968) de los años sesenta, de Tri vizas (1980) de los setenta, y del grupo de Leicester (1988) y Armstrong (1998) de los años ochenta, sugieren que la mayoría de los hooligans ingleses proceden de los estratos más bajos de la escala social. Una proporción menor e igualmente estable procede de la clase media, así como otra proporción menor, pero también estable, de la clase alta. La excepción es un posible aumento de la participación de varones con relativa especialización laboral o semiespecialjz dos durante la década de 1980 en comparación con los años sesenta y setenta Este cambio coincidió con el abandono de la moda skinhead El problema principal desde la óptima sociológica es explicar por qué el grueso de los hooligans ingleses de clase obrera se comporta así.3
Como destaca Suttles (1968), uno de los rasgos dominantes de muchas comunidades obreras es el grupo de varones o bandas callejeras. Sutdes acuñó el término «segmentación ordenada» para describirla estructura de las Comunidades de este tipo y sugirió que las bandas tienden a surgir de niveles altos de segregación entre
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