Estudios sociologicos en torno al deporte, la violencia y la civilizacion




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Una de sus ventajas estriba en que ofrece un modo de conceptualización que apunta hacia una resolución igualmente teórica y fundada en la investigación de estos problemas —muestra el camino pero no pretende haberlos solucionado—, que surge de forma recurrente en las sociedades humanas junto con la tendencia arraigada a dicotomizar naturaleza y educación, a verlas como algo totalmente separado o incluso opuesto en el desarrollo de los seres humanos.
Por ejemplo, la síntesis figuracional ofrece una forma para salir de este confficto estéril y fundamentalmente ideológico entre, por una parte, escuelas como la etología y la sociobiología, que resaltan la naturaleza animal de la humanidad a expensas de las propiedades humanas únicas, y, por otra, las escuelas sociológícas, que destacan las características excepcionales de los seres humanos a expensas de las que comparten con otros animales. Kilminster lo expresó a la per&cción e identificó con claridad la dimensión ideológica cuando escribió:

entre las intenciones de Elias [estaba] la de avanzar entre las dosposiciones ideológicas extremas que, por lo general, ahondan en la dimensión animal de los seres humanos. Por una parte está la visión reduccionista de los etólogosy sociobiólogos... que afirman que somos fundamentalmente primates. Por otra, está la visión religioso-filosófica de que los seres humanos constituyen una ruptura comp/eta del mundo animal, lo cual constituye un nivel del alma o el espíritu.

(Kilminster, 1991: XIV)

Los problemas en la esfera del deporte que adquieren otra perspectiva con esta visión sintetizadora incluyen: la relación entre la herencia genética y el
aprendizaje y la estructura social para la determinación del talento deportivo; la relación entre la herencia genética, la experiencia social y la práctica deporUva para la determinación de las lesiones de todo tipo, y el papel desempeñado por las formas no aprendidas del lenguaje coporal en relación con las aprendidas en los encuentros deportivos. Y quizá sea más importante que la síntesis figuracional apunta directamente al núcleo del problema del cómo y por qué los seres humanos tienen necesidad de actividades como el deporte, a saber, que el proceso de la evolución biológica haya llevado al Horno sapiens a ser, no sólo una especie que maneja símbolos y que depende en gran medida del aprendizaje sociocultural para su supervivencia, sino también una criatura cuyo «organismo requiere estímulos para funcionar satisfactoriamente, sobre todo estímulos en compañía de otros seres humanos» (Elias, 1986b: 114).
Si estamos en lo cierto, e1 deporte se ha convertido en uno de los medios para recibir tal estimulación. Como Elias y yo apuntamos ya en 1969, el deporte parece ser una actividad de ocio de importancia decisiva en el contexto de las sociedades industriales-urbanas muy controladas y rutinarias, donde el trabajo ha adquirido cada vez más un carácter sedentario y la gente depende más y más de medios de transporte mecanizados (Elias y Dunning, 1969: 50 y sigs.).
El segundo sentido en que la sociología figuracional constituye un trabajo de síntesis es que supone un intento de amalgamar los mejores rasgos de la sociología clásica y moderna. Difiere de otros intentos de elaborar una síntesis
—por ejemplo, la «teoría de la estructuración)> de Giddens (1984)— porque, aunque suele centrarse en los sociólogos clásicos cuyas contribuciones, se dice, constituyen un sine qua non para construir tal modelo de la «santísima trinidad» de Marx, Weber y Durkheim, Elias (1978) ha añadido a Comte, por lo general poco de moda. Lo hizo así porque una teoría del conocimiento —la «ley» de las tres fases del crecimiento intelectual— fue una contribución central de Comte y porque, para Comte, los problemas del desarrollo social o, como él los llamaba, de la dinámica social forman el núcleo del interés sociológico. También ocupa un lugar central en la sociología figuracional la preocupación por el desarrollo social, y dentro de éste, el desarrollo del conocimiento y el deporte.
De forma modificada, hay elementos de las teorías de Marx, Weber y Durkheim que ocupan una posición central en la síntesis de Elias. El concepto de clase, por ejemplo, ocupa un lugar importante en la sociología figuracional, junto con la idea del papel desempeñado por los conflictos en la dinámica social. Sin embargo, Elias se distancia de Marx al argüir que la propiedad yel control de los medios de producción no son universalmente la fuente dominante del poder social, lo cual no significa, por supuesto, que nunca hayan sido la fuente dominante. También elaboró la teoría de lo que él llamaba configuraciones de foráneos y arraigados (Elias y Scotson, 1994) con el fin de sentar las bases de una teoría sobre el poder mis general y capaz de arro$r luz sobre los rasgos comunes de las clases sociales, las desigualdades raciales-étnicas y sexistas, así como los que experimentan con quienes son discriminados por estar a favor o en contra de su orientación sexual (Van Stolk y Wouters, 1987).
De Weber tomó Elias el concepto del Estado como organización que posee el monopolio sobre la violencia en un territorio dado. Sin embargo, a diferen ci

de intérpretes de Weber como Dahrendorf (1959), Elias no subrayó el ca ¡ácte legítimo de este monopolio, sino que reconoció que los Estados y sus
agentes suelen utilizar el poder de forma ilegítima y para sus propios fines en vez de los sociales. Elias también fue mis allá que Weber al establecer un vín culo entre el monopolio de la violencia ejercida por los Estados y su monopolio sobre los impuestos. Finalmente, fue más allá que Weber al adaptar la teo rí marxista de la monopolización económica sobre los conflictos económicos, poniendo en evidencia, por ejemplo, la forma en que se dan los procesos de formación de los Estados por medio de luchas hegemónicas y cómo, dentro de sus «procesos civilizadores», las sociedades de Europa occidental han pasado de la propiedad privada de los medios de gobierno a formas de carácter público (Elias, 1994: 345 y sigs.).
El principal concepto de Durkheim integrado en la síntesis figuracional es el de interdependencia y, de nuevo, se transforma radicalmente en manos de Elias. Mientras que para Dukheim (1964) los lazos de interdependencia no figuran en las sociedades más sencillas, donde la «solidaridad mecánica» constituye la forma dominante de cohesión social, y donde sólo se producen mediante una división más compleja del trabajo que da origen a la «solidaridad orgánica», para Elias (1978), aunque los vínculos de interdependencia varíen en densidad, visibilidad y longitud, la interdependencia per se es un universal de las sociedades, uno de los puntales principales de la vida social.8 Tampoco empleó Elias el concepto de interdependencia en un sentido armónico; al contrario, era parte central de su concepto de poder,9 y también escribió sobre la interdependencia de los enemigos, incluso de «unidades de supervivencia», como las tribus y Estados que están siempre en guerra (Elias, 1978: 74 y sigs.).
Otra forma en que la síntesis figuracional hunde sus raíces en el legado clásico es la preocupación de sus seguidores por los procesos históricos y su oposición a lo que Elias (1983) denominó «la retirada de los sociólogos hacia elpresente». Lo que discutiblemente consiguió al respecto fue sentar las bases para una síntesis que, aunque mantuviera el énfasis en la dinámica social de teorías como las de Comte o Marx, se vio desprovista de sus conceptos evaluadores de «progreso» inevitable y su teleología, es decir, las ideas de que el desarrollo social avanza inexorablemente hacia una meta específica: la sociedad industrial y científica en el caso de Comte, y la sociedad comunista sin clases en el caso de Marx.
Según Elias (1978: 158 y sigs.), la dirección del desarrollo social es discermble pero, en el caso de que lo sea, sólo es «evolutivo» en un sentido laxo. Elias escribió al respecto sobre los procesos a largo plazo «ciegos» o «imprevistos», y sin pretender haber hecho algo más que señalar la dirección en que había que avanzar para alcanzar un mejor conocimiento, sustituyó conceptos teleológicos abstractos como la idea hegeliana de la «astucia de la razón» y la «lógica del capital» de Marx por la sugerencia de que la dinámica de ios procesos sociales a largo plazo derivan de la interrelación de la suma de actos individuales. Cada uno de estos actos implica una medida de intencionalidad, pero no un resultado colectivo; la dirección de los procesos sociales a largo plazo no se planifica. Engels anticipó aspectos de esta idea cuando en 1890 escribió que
la historia se hace a sí misma de tal modo que el resultado final siempre surge de los conflictos entre el deseo de muchos individuos... Hay innumerabies fuerzas encontradas, una serie infinita de paralelogramos defuerz.as que dan origen a una resultante: el acontecimiento histórico. Esto.., tal vez.., se vea como elproducto de un poder que, tomado en conjunto, opera deforma inconsciente y sin volición. Porque los deseos de cada individuo se ven obstruidos por los de los demás y el resultado es algo que nadie quiere. Por tanto, la historia pasada actúa como un proceso naturaly está en esencia sometida a las mismas leyes del movimiento.
(Engels, 1942: 382)
La historia, por supuesto, no «se hace a sí misma» ni «actúa»; sólo lo hacen los seres humanos interdependientes. No se trata de «un poder» que «opera de forma inconsciente» y «sin volición». Lo que hay simple y llanamente es un proceso social. Sin embargo, en el caso de Engels, esta percepción se pierde porque queda velada por una teoría económica y reduccionista y porque no vio con suficiente claridad que el equilibrio de parecidos y diferencias entre los procesos «naturales» y sociales era un tema que requería ser objeto de estudio. Aunque poco más que una aproximación, el concepto de Elias tiene el mérito de señalarnos una dirección donde buscar modelos más «congruentes con la realidad» y susceptibles de ser probados (es decir, orientados por la investigación).
¿Qué ocurre con los elementos específicos del siglo XIX de la síntesis de Elias? En el contexto actual debe bastar con mencionar dos: la modificación de Elias de la sociología del conocimiento de Mannheim (1953) y su adaptación del concepto de función. Como la acusación de «funcionalismo» es una de las críticas que con frecuencia suele achacarse a Elias (Horne yJary, 1987; Critcher, 1988), nos centraremos en este último aspecto de su síntesis.
Para Elias, «función» es un concepto inherente y esencial en cualqir tema vinculado con las relaciones. Quizá la mejor forma de clarificar la evidente adaptación de este concepto sea mediante una cita. Según Elias:
[Ah zgual que el concepto de poder, el concepto defunción debe entenderse como un concepto de relación. Sólo podemos hablar defunciones sociales cuando se refieran a las interdependencias que obligan a la gente en

mayor o menor medida... Es imposible comprender que laflinción A actúe por B sin tener en cuenta que laflínción B actúa por A. Este es el sentido cuando se dice que el concepto defunción es un concepto de relación.
Para decirlo de la forma más sencilla, cuando una persona (o un grupo...) carece de algo que otra persona u otro grupo pueden retener, estos últimos actúan como una función de los primeros. Por tanto, los hombres tienen unafunción para con las mujeres, y las mujeres para con los hombres; los padres para con los hijos, y los hjos para con los padres. Los enemtos ejercen una función entre sí, ya que una vez que se vuelven interdependientes, tienen el poder para negar al contrario requisitos tan elementales como el de la preservación de la integridad socialyfisica y en ultimo término, la supervivencia...
Entender el concepto de «función» en este sentido manflesta su relación con el pode r... Las personas o los grupos que tienen funciones entre sí ejercen una restricción entre sí. Su potencial para retener lo que quieren suele ser imparciah lo cual supone que el poder represor de un bando es mayor que el del otro.
(Elias, 1978: 77-78)
En manos de Elias, el concepto de función se vuelve inherentemente re‘ l y orientado hacia el poder, la represión, los conflictos, luchas y la CX L En su base hay un concepto de la interdependencia radical de múl s niveles. Es decir, según Elias, la interdependencia no sólo implica el intercambio de bienes y servicios, sino que es un aspecto de la vida humana de tíces mucho más profundas. Goudsblom lo expuso con claridad cuando escribió:
Vivir juntos sobre la base de dependencias mutuas es una condición básica para todos los seres vivos. Desde el momento en que nace un niño, depende de otros que lo alimentan, protegen, dan cariño y le enseñan. Tal vez el niño no siempre admita las cortapisas impuestas por sus poderosas dependencias sociales, pero no tiene elección. Por sus propias querencias está ligado a otros seres humanos, a sus padres en primer lugar, y a través de éstos a muchos otros, que en su mayoría permanecen desconocidos al niño durante mucho tiempo, si no para siempre. Todo el aprendizaje del niño, el habla, el pensamiento, actos y sentimientos, se desarrolla en un ámbito de dependencias sociales. Como resultado profundo de sus personalidades, [las personas] establecen vínculos entre sí. Sólo son comprensibles a la luz de las distintas configuraciones a las que han pertenecido en el pasado y que proseguirán en elpresente.
(Goudsblom, 1977: 7)

De hecho, la interdependencia precede al nacimiento y, como ha demostrado Goudsblom, es un elemento integrador de la construcción de la personalidad ylos hábitos individuales del «yo». Todos nosotros nacemos mediante la interdependencia sexual de los padres a través de unos lazos de interdependencia que crean alguna forma de familia. Nuestra familia es un eslabón de la cadena de interdependencia de una «unidad de supervivencia» como un estado- nación, y en el mundo moderno, un eslabón en la cadena de interdependencias cada vez con mayor repercusión global. Una parte crucial de la socialización de los individuos implica el aprendizaje de una lengua, y como las lenguas se producen colectivamente en el tiempo, de esta forma se expresa la interdependencia de la gente con las generaciones previas.
En palabras de Elias, «no hay nadie que no forme o no haya formado parte de una red cons uida por gente» (1978: 131); fue para dar forma a la idea de la existencia de estas redes que acuñó el concepto de configuraciones. Es un término que, como dijo Elias, «puede aplica rse por igual tanto a grupos relativamentepequeños como a sociedades de miles de millones de miembros» (1978: 131). Dicho así, suena muy simple. Sin embargo, proporciona un medio para evitar un problema mayor que ha hecho estragos durante años en la sociología y la filosofía, lo que en términos filosóficos se llama el «dilema entre estructura y delegación», el problema de hallar una forma de conceptualizar las relaciones entre individuos y sociedades por medios que no sean cosificantes ni reduccionistas; es decir, que no postulen metafísicamente la existencia en las sociedades de estructuras supraindividuales que son «reales», ni van las sociedades simplemente como agregados de individuos independientes y distantes.
En su crítica a la sociología figuracional del deporte, Horne y Jary (1987) citaron aprobándolo un razonamiento de Bauman según el cual hay una afinidad evidente entre «la idea de figuración y otras nociones caseras como atrón” o ‘rituación”» (Bauman, 1977: 117). Esto es en parte un tópico y en parte una concepción errónea. Se puede hablar de una (Al usar el término «patrón», por ejemplo, es comparativamee fácil cosifi— carlo, manifestar la idea de que uno está hablando de una «cosa» que existe por derecho propio, con independencia de los seres humanos. A su vez, el término «situación» es tan vago y abstracto como el término «educación» o «ambiente». Como el primero, no transmite ninguna connotación de estructura. No puede haber sido accidental que uno de los contextos donde fuera recomendado sea en la obra de Popper (1957), en su defensa estructural de una sociología basa— 30

.a en el «individualismo metodológico» y preocupada por el estudio de lo que l Uarnaba las «situaciones lógicas».
Que se trata de un tema de relevancia no sólo académica sino también poa lo sugiere el que la ex primera ministra Margaret Thatcher dijera una vez que no hay tal sociedad, sino sólo individuos y familias. En tanto en cuanto atacaba el uso cosificado de «sociedad», estaba en lo cierto. Sin embargo, sólo tenía razón a medias, ya que un fallo obvio en su afirmación es que no hay «injividuos» en d sentido que ella quería, es decir, individuos completamente distanciados y aislados excepto en el sentido de pertenecer a una familia. Por el contrano, los seres humanos son interdependientes como especie. Sin los lazos de interdependencia no podrían nacer ni sobrevivir. Los individuos y las configuraciones se complementan. Son carne y uña del mismo fenómeno, lo que Elias (199 la) denominó «la sociedad de individuos».
Por supuesto el concepto de configuraciones podría usarse de forma reduccionista o cosificante, si bien, tal y como lo emplea Elias, se refiere simultáneamente a los individuos vivos y a sus lazos de interdependencia. Ello implica tanto una referencia a acción como a estructura. Fue elegido por sus propiedades lingüísticas comparadas con otros términos menos adecuados como patrón, situación, sistema y estructura. Igualmente se forjó en el contexto de un programa de investigación dirigido a arrojar luz sobre la forma en que los agentes y estructuras se producen y transforman mutuamente. Abrams captó cuál era la contribución de Elias cuando escribió:
Probablemente, el intento reciente más notable de aunar individuo y sociedad en un plan unificado de análisis sociológico sea el de Norbert Elias. En The Civilizing Process (El proceso civilizador), Elias nos proporciona una crítica del dualismo de los análisis sociales convencíonales mediante un estudio de casos minuciosamente documentado sobre la «historia de los modales», aporta una presentación profunda de una posición teórica alternativa.
(Abrams, 1982: 230-1231)
Elias describe la teoría del proceso de la civilización a la que se refería Ahrams como una teoría central. Elias consideraba que era una teoría comprobable hacia la cual podía orientarse la investigación sociológica, logrando de esta forma que el proceso de estudio tuviera un cierto grado de continuidad que hasta ahora ha sido poco habitual y que permitirá sentar las bases de un mayor Conocimiento.
presente libro se orienta con este espíritu hacia la teoría del proceso de la civilización. Aunque ni Elias ni ningún otro sociólogo figuracional quisieran
Sugerir que nada de lo hecho hasta el momento hubiera conseguido más que
ajustarse a la fiabilidad de lo conocido por las ciencias naturales —a Elias siempre le dolía poner de manifiesto lo primitivos que eran los conocimientos de las ciencias sociales—, creo que no se exagera al manifestar la esperanza de que los distintos capítulos de Temas deportivos sean un granito de arena en respaldo de las teorías de Elias.
Será el lector quien juzgue si las pruebas y razonamientos presentados en cada capítulo confirman los fundamentos básicos de la teoría del proceso de la civilización, y si ponen de manifiesto lo fructífero de esta teoría como objetivo y medio para realizar gran variedad de investigaciones sociológicas. En el capítulo 1 trataré de fundamentar lo aquí afirmado mediante el estudio de algunos de los problemas generados por las emociones en el deporte y el ocio.
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