Estudios sociologicos en torno al deporte, la violencia y la civilizacion




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EL FENÓMENO DEPORTIVO EL DEPORTE EN EL PROCESO CIVILIZADOR DE OCCIDENTE


El segundo punto versa sobre una diferencia entre los argumentos teóricos de la teoría del proceso de la civilización sobre la violencia y la agresión en comparación con la obra de los que han recibido la influencia de Lorenz (1966) o Freud (1939). El núcleo de la posición figuracionai sobre el equilibrio entre «naturaleza» y «educación» en la generación de la violencia humana ha sido resumido por Elias. La idea de que los seres humanos poseen una conducta agresiva innata que recuerda estructuraimente al apetito sexual, dice él, es una forma falsa de plantear el problema. Lo que tenemos es un «potencial innato para que toda nuestra maquinaria fisica cambie de marcha cuando hay pelzg-ro». Es el llamado «mecanismo de lucha o huida» mediante el cual el cuerpo humano reacciona ante el peligro con un «ajuste automático que io prepara para realizar movimientos o intentos con los músculos esqueléticos como cuando combate o huye». Sin embargo, según Elias «impulsos» del hombre como el hambre o el apetito sexual son de origen psicológico y «relativamente independientes de Li situación real» en que se halla la gente. Por el contrario, la preparación del cuerpo «para luchar o huir está condicionada en gran medida por una situación especflca, real o recordada». Estas situaciones pueden ser «naturales», por ejemplo, al enfrentar- se a un animal salvaje, o sociales, sobre todo los conflictos. Sin embargo, «en oposición consciente a Lorenzy otros que atribuyen a la gente un impulso agresivo sobre el modelo de los impulsos sexuales, no es Li agresividad lo que activa los conflictos sino que son los conflictos los que activan la agresividad». Por supuesto, hay un grado de exageración retórica en lo dicho. Elias no habría negado que algunos conflictos tienen su origen en el carácter destructivo de individuos agresivos ni que, en algunos casos, la agresividad de esos individuos tiene raíces psicológicas o incluso genéticas. Tampoco habría negado la interdependencia de los distintos impulsos del hombre (Elias, 1994: 156). Simplemente lo que quería resaltar era su oposición al reduccionismo psicológico que implicaba la noción del «instinto de agresividad».
La teoría del proceso de la civilización
Un revisor anónimo del proyecto de Temas deportivos aprobó a grandes rasgos el libro, pero mostró sus reservas sobre el tema del deporte en el proceso civilizador occidental, porque dijo que «estaba suficientemente tratado». Esta afirmación revelaba una visión de la sociología que parece extendida, pero que está en desacuerdo con la de los sociólogos figuracionales. Consideramos que el tema no es tanto una cuestión de debate —aunque, por supuesto, el debate público sea crucial— como de elaborar unos conocimientos fiables mediante la relación entre teoría e investigación. Desde esta óptica, es un error considerar que una teoría ya no mereceocupar un lugar en los asuntos

la sociología sólo porque ya ha sido suficientemente tratada. Sólo cuando refrtan las teorías mediante la lógica y la investigación —uno de cuyos reisitos primarios es que debe interpretarse con precisión— deberían arrojar a cubo de la basura y caer en el olvido. Mi opinión es que, a pesar de lo ucho que haya sido debatida, la teoría de Elias sobre el proceso de la civiliación ha aguantado hasta el momento las pruebas a que ha sido sometida Lesde bases teóricas y empíricas. Es decir, aunque ni Elias ni otros sociólogos
uracionales querrían afirmar que nuestro conocimiento del proceso de la .rilización y descivilización sea en la actualidad nada más que rudimentario, teoría preliminar de Elias —y ahora no debe considerarse nada más que eso— no ha sido refutada con observaciones ni razonamientos.
Los sociólogos anglófonos, en concreto, parecen tener problemas con la teoría de Elias sobre todo por la traducción de su libro y, en parte, como reacción emocional ante el término «civilización», que se considera cargado con un sentido moral. El libro de Elias se publicó por vez primera en 1939 con el título (Jber den Prozess der Zivilisation, sobre el proceso de civilización. Esto demuestra que Elias veía en la teoría una contribución al conocimiento y desarrollo de Occidente más que una teoría completamente nueva. Esto se pierde en la traducción inglesa con el título de The Civilizing Frocess.2 También se perdió en la reacción crítica cualquier referencia al contexto original del libro. Escrito como fue en el exilio en Gran Bretaña después de que los nazis subieran al poder y a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, Elias quería recuperar la idea perdida de civilización, no sólo como un proceso, sino, de la forma en que mucha gente lo veía en Occidente, como un estado ya alcanzado, aunque (y sobre todo en aquella coyuntura histórica) como una formación social que estaba en entredicho. En resumen, su obra estuvo desde el principio preocupada por el proceso de la civilización como desarrollo que podía invertirse en condiciones específicas y poco conocidas en la actualidad.3
En El proceso de la civilización, Elias comenzó por plantearse el significado del término civilización y llegó a la conclusión de que, dado que todos los aspectos de la sociedad y el comportamiento humanos pueden considerarse civilizados o incivilizados, lograr una definición era una tarea díficil, si no imposible. Resultaba más fácil especificar la función del término. Según él, había llegado a expresar la imagen que de sí misma tenían las naciones occidentales más poderosas y había adquirido, por tanto, connotaciones racistas y despectivas, no sólo respecto a lo que los occidentales consideraban sociedades no occidentales primitivas o bárbaras a las cuales habían conquistado, colonizado o sometido a su poder, sino también en relación con grupos y sociedades occidentales menos avanzados, es decir, menos poderosos.
Elias demostró que británicos y franceses lucharon en la Primera Guerra Mundial en el nombre de la civilización y que en los siglos XVIII, XIX y comienzos del XX, cuando ios alemanes estaban desunidos y eran relativamente débiles y se embarcaron en un intento de alcanzar a sus vecinos occidentales más unidos y poderosos, muchos alemanes se volvieron ambivalentes sobre la civilización y preferían expresar la imagen que tenían de sí mismos mediante el concepto particular de Kultur (cultura) (Elias, 1994: 3 y sigs.; Williams, 1976).
Otro medio empleado por Elias para distanciar su teoría de las connotaciones enjuiciadoras del concepto popular fue negar de forma explícita que las sociedades occidentales hubieran llegado a representar cierto tipo de «cumbre» o «punto final» (Elias, 1994: 522). Los occidentales de hoy en día tal vez se consideren «civilizados» y crean que la civilización occidental está «completa», pero, aunque puede demostrarse empíricamente que se han vuelto más «civilizados» en ciertos aspectos que sus antepasados medievales (es decir, aunque no haya garantías de que tal proceso continúe en el futuro, puede decirse que han sufrido un «proceso civilizador» en un sentido técnico), Elias dejó claro que los occidentales de hoy estaban lejos de estar civilizados en un sentido absoluto y especuló, como dije en el capítulo 1, con que los futuros historiadores tal vez consideren que las sociedades occidentales más «avanzadas» en la actualidad hayan formado parte de una «prolongación de la Edad Media» (Elias, 1994) y juzguen a sus miembros como «bárbaros tardíos» (Elias, 1991 b).
La otra cara de la moneda, según Elias, es que, teniendo en cuenta la excepción marginal del recién nacido como un ser todavía sin socializar, no existe el punto cero en la civilización; no hay personas ni sociedades completamente incivilizadas. También afirmaba Elias que el nivel de desarrollo de una sociedad podía medirse con un grado bastante alto de objetividad mediante lo que él llamaba «la tríaehi de controles básicos» (Elias, 1978: 156), que son: (1) el alcance de las oportunidades de control de una sociedad sobre los acontecimientos naturales; (2) el alcance de las oportunidades de control de una sociedad sobre las relaciones humanas, y (3) el grado en que los individuos de una sociedad han aprendido a ejercer el autocontrol. A la teoría del proceso de la civilización le concierne el segundo y el tercero de esos «controles básicos», y su obra El proceso de la civilización * constituye un intento de trazar los avances en este sentido de las sociedades más poderosas de Europa occidental desde la Edad Media hasta comienzos del siglo XX.4
En resumen, lejos de ser una construcción totalmente nueva y aplicable a nivel universal, la teoría del proceso de la civilización, tal y como se halla en la actualidad, está muy delimitada en el espacio y en el tiempo. Trata de seguir las distintas trayectorias de desarrollo, sobre todo en Gran Bretaña, Francia y Ale-
* N. del T. El proceso de la civilización fue publicado en español en un so volumen por Fondo de Cultura Económica en 1987.
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Comienzos del XX, cuando los alemanes estaban desunidos y eran relativamente débiles y se embarcaron en un intento de alcanzar a sus vecinos occidentales más unidos y poderosos, muchos alemanes se volvieron ambivalentes sobre la civilización y preferían expresar la imagen que tenían de sí mismos mediante el concepto particular de Kultur (cultura) (Elias, 1994: 3 y sigs.; Williams, 1976).
Otro medio empleado por Elias para distanciar su teoría de las connotaciones enjuiciadoras del concepto popular fue negar de forma explícita que las sociedades occidentales hubieran llegado a representar cierto tipo de «cumbre» o «punto final» (Elias, 1994: 522). Los occidentales de hoy en día tal vez se consideren «civilizados» y crean que la civilización occidental está «completa», pero, aunque puede demostrarse empíricamente que se han vuelto más «civilizados» en ciertos aspectos que sus antepasados medievales (es decir, aunque no haya garantías de que tal proceso continúe en el futuro, puede decirse que han sufrido un «proceso civilizador» en un sentido técnico), Elias dejó claro que los occidentales de hoy estaban lejos de estar civilizados en un sentido absoluto y especuló, como dije en el capítulo 1, con que los futuros historiadores tal vez consideren que las sociedades occidentales más «avanzadas» en la actualidad hayan formado parte de una «prolongación de la Edad Media» (Elias, 1994) y juzguen a sus miembros como «bárbaros tardíos» (Elias, 1991 b).
La otra cara de la moneda, según Elias, es que, teniendo en cuenta la excepción marginal del recién nacido como un ser todavía sin socializar, no existe el punto cero en la civilización; no hay personas ni sociedades completamente incivilizadas. También afirmaba Elias que el nivel de desarrollo de una sociedad podía medirse con un grado bastante alto de objetividad mediante lo que él llamaba «la tríada de controles básicos» (Elias, 1978: 156), que son: (1) el alcance de las oportunidades de control de una sociedad sobre los acontecimientos naturales; (2) el alcance de las oportunidades de control de una sociedad sobre las relaciones humanas, y (3) el grado en que los individuos de una sociedad han aprendido a ejercer el autocontrol. A la teoría del proceso de la civilización le concierne el segundo y el tercero de esos «controles básicos», y su obra Elproceso de la civilización * constituye un intento de trazar los avances en este sentido de las sociedades más poderosas de Europa occidental desde la Edad Media hasta comienzos del siglo XX.4
En resumen, lejos de ser una construcción totalmente nueva y aplicable a nivel universal, la teoría del proceso de la civilización, tal y como se halla en la actualidad, está muy delimitada en el espacio y en el tiempo. Trata de seguir las distintas trayectorias de desarrollo, sobre todo en Gran Bretaña, Francia y Ale-
* N. del T. El proceso de la civilización fue publicado en español en un sovo1umen por Fondo de Cultura Económica en 1987.

Y, si tenemos presente la obra de Elias sobre los alemanes, intenta comlider cómo y por qué Alemania siguió la trayectoria que siguió hasta 1945 en dirección barbarizante que se tradujo en el nazismo y el holocausto (Elias,
Todavía no se ha estudiado si esta teoría es aplicable, y en qué medida, a odedades no occidentales y distintas a las que analizó Elias. Incluso por lo e concierne a Gran Bretaña, Francia y Alemania, hay que probar y refinar los ...azgos de Elias y adentrarse en áreas de la vida social que no dejó sin abordar. No es posible ni necesario en este contexto especificar con detalle todo el estro de los desarrollos factuales que Elias consideró constituyentes del proceiviiizador occidental. Basta con subrayar que tenía claro el hecho de que, al 1 que con los desarrollos sociales más en general, se había basado en la trans3n intergeneraCio-l de experiencias aprendidas. De ahí que sea reversible. thecho, es útil pensar que la teoría de Elias opera en dos niveles distintos peinterrelacionados. Por una parte, implica una generalización empírica sobre
a trayectoria global de la estructura de la personalidad la formación de hábis ylas normas sociales de las sociedades de Europa occidental desde la Edad ._edia hasta comienzos del siglo XX. Por otra, implica la hipótesis de una onexión entre lo que Elias trataba de establecer como una trayectoria civilizadora demostrable empíricamente en los niveles de la personalidad hábitos y normas, y una tendencia igualmente demostrable hacia formas más eficaces de centra1ización y control del Estado.
Más en concreto, los datos cronólogicos seriados de Elias sobre lo que él llamaba convencionalmente el nivel microsocial o normativo-behaviorista —su prueba principal procedía de los libros de buenos modales— revelan una tendencia dominante que, a pesar de las variaciones en la velocidad y en los reveses temporales, continuó durante largos períodos en la dirección de: la elaboración y refinamiento de los modales y las normas de comportamiento exigidas por la sociedad; el aumento de la presión social para que las personas ejercieran un autocontrol sobre sentimientos y comportamient0 es decir, respecto a todos los aspectos de las funciones corporales en un número cada vez mayor de situaciones sociales; una inclinación en el equilibrio siempre necesario social- mente entre las constricciones externas e internas a favor de estas últimas; un umbral más elevado de repugnancia sobre funciones corporales como la comida, la bebida, la defecación, la micción, las relaciones sexuales y el sueño, un proceso donde estas funciones y órganos corporales relacionados se volvieron
cada vez más tabú y cargados de ansiedad, embarazo, culpabilidad y vergüenza; un umbral más elevado de repugnancia sobre los actos violentos (fuera co-
mo actores o como testigos), y, como corolario de este umbral más elevado de repugnancia una tendencia a dejar la violencia y a actuar en conexión con las funciones biológicas cada vez más «detrás de bastidores». Ejemplos de ello son el abandono de las ejecuciones públicas y el confinamiento de las relaciones sexuales y el sueño a los dormitorios. En resumen, según Elias, es una vertiente del proceso de la civilización europeo que ha implicado una tendencia a aumentar la privacidad de la vida cotidiana.
Elias trató de explicar esta generalización empírica sobre todo haciendo referencia a los datos empíricos sobre la formación del Estado, es decir, teniendo en cuenta el establecimientos no planificado (ciego) de Estados centralizados, estables y seguros que ejercieran el monopolio de la violencia y el cobro de impuestos —según Elias, los impuestos y la violencia son los principales «medios de gobierno»6_, procesos donde fueron decisivas las luchas «hegemónicas»o «de eliminación» entre reyes y otros señores feudales. Empleando un lenguaje más convencional, lo que hubo fue una transición gradual mediante una lucha competitiva desde las sociedades feudales muy descentralizadas hasta Estados dinásticos mucho mis centralizados, para terminar en los Estados-naciones.7
Según Elias, un corolario importante de este proceso no planificado fue la pacificación gradual de espacios cada vez mayores dentro de cada Estado en desarrollo. Dicho de otro modo, Estados que siguieron enfangados en luchas en cada fase —y es crucial recordarlo— se fueron pacificando a nivel interno. A su vez, la pacificación interna facilitó la producción material, el crecimiento del comercio, un aumento del volumen y circulación de dinero, junto con la prolongación de las cadenas de interdependencia, es decir, el paso de los lazos de interdependencia que eran sobre todo de alcance local a lazos que fueron cada vez más de carácter nacional e internacional.
Según Elias, las consecuencias «macrosociales» de estos complejos cambios fueron sobre todo triples. Más en concreto: (1) hubo un aumento del poder del Estado (en primera instancia el poder regio) porque aumentaron los ingresos de los impuestos y la capacidad de los gobiernos para mantener ejércitos permanentes; (2) hubo un aumento progresivo del poder de la clase media o grupos «burgueses», es decir, de los grupos que habitaban en ciudades y vivían del comercio, y cuyo poder y estatus dependían sobre todo de la fluidez y la expansión de las reservas monetarias en oposición a las posesiones relativamente fijas de la tierra, y (3) un debilitamiento correlativo de la «aristocracia de guerreros», es decir, de caballeros cuyo poder dependía de la propiedad de la tierra y de la fuerza de las armas. En el punto donde convergieron el poder de la clase media emergente y el de los grupos de clase alta en decadencia, los reyes pudieron imponerse sobre unos y otros y proclamar su «poder absoluto».
El alcance fue mayor en Francia que en ninguna otra parte —por ejemplo, al rey francés Luis XIV del siglo XVII se le atribuye la frase «l’état ç ‘est moi» (el Estado soy yo)— y fue en este momento, según Elias, cuando se produjo en mayor grado la «transformación de los guerreros en cortesanos»; es decir, los miembros de la clase gobernante empezaron a ser domesticados y transformados de «caballeros» independientes o «libres» en «cortesanos» urbanos y educados de-

lentes del rey. En Gran Bretaña, por el contrario, en parte debido a que era ja, dependía más de la armada que de un ejército de tierra, con lo cual el r absoluto era imposible de mantener y los monarcas se vieron obligados npartir el gobierno con el Parlamento. En el contexto británico, la función ¡zadora de la corte real fue compartida con el Parlamento y la «Sociedad», amblea de nobles y «caballeros» y «damas» sin título cuya «temporada ionase» coincidía más o menos con las sesiones del Parlamento. Tal y como é probado en este capítulo y con más detalle en el capítulo 3, hay razones a creer que esta figuración general fue crucial para el desarrollo inicial del de- te moderno en Gran Bretaña.
or consiguiente, junto con el continuo crecimiento del poder de la buresía y, más tarde, de la clase obrera, la propiedad privada de los medios de gotrno dio paso a formas cada vez más públicas. Otro modo de exponerlo sería dr, siguiendo a Weber, que el gobierno patrimonial de los gobernantes diticos y absolutos dio paso a formas de soberanía parlamentaria y gobierno al-racional (Weber, 1946). Según Elias, las alteraciones del poder fundantal que generaron estos cambios en las formas de gobierno fueron sobre toconsecuencia de dos cosas:
El desarme de todos los miembros de la población excepto los militares y la policía; es decir, la privación del derecho a recurrir a medios violentos, lo cual no significa que todos se vieran privados de hecho.8 Esto tuvo el efecto de reducir el uso de la fuerza directa en las relaciones sociales, lo cual en cierto grado igualó las posibilidades de poder de los que eran físicamente más débiles respecto a los más fuertes, por ejemplo, las mujeres respecto a los
hombres, los niños respecto a los adultos. En este contexto, empezaron a dominar hábitos más pacíficos en las relaciones sociales, sobre todo, pero no únicamente, dentro de sociedades particulares.
. La prolongación de las cadenas de interdependencia aumentó la dependencia de los gobernantes y otros grupos de poder de aquellos a los que dominaban, con lo cual aumentaron las posibilidades de poder de estos últimos
—por ejemplo, dando oportunidades para la retirada organizada de su mano
de obra— y se produjo, no la igualdad de hecho, pero sí una reducción de la desigualdad en las relaciones entre ellos. Elias se refirió a este hecho como
«democratización funcional» (Elias, 1978: 65 y sigs.).
Según Elias, hubo diferencias entre los procesos civilizador y de formación de los Estados en Gran Bretaña y Francia, aunque en ambos casos los procesos fueron relativamente continuos a largo plazo. Esto contrastó con el proceso que se dio en Alemania que fue, arguye Elias, más discontinuo. En Alemania cierto número de obstáculos estructurales muy arraigados impidieron durante un largo período la centralización del Estado, el surgimiento de una clase media poderosa y relativamente independiente y, por tanto, el desarrollo de valores, actitudes e instituciones más democráticos. De hecho, Alemania no se convirtió en un Estado-nación un tanto unificado hasta 1870 ylo hizo bajo la hegemonía de la Prusia militarista. En tal contexto, los alemanes siguieron bajo formas de gobierno absolutista hasta 1918, lo que quedó muy arraigado en los hábitos, la conciencia y las tradiciones de una mayoría de alemanes. Esto explica el papel desempeñado por Alemania en los orígenes de la Primera y Segunda Guerras Mundiales y la llegada del nazismo al poder y el holocausto. También ayuda a explicar por qué el culto a los duelos y al Turnen, un tipo de gimnasia de orientación nacionalista y militarista que nació en Alemania en vez del deporte moderno (Elias, 1996).
Sea cual fuere su grado de adecuación, es difícil ver cómo esta teoría puede describirse justificadamente como «evolutiva», incluso en el sentido laxo de que mostraba «una tendencia hacia un evolucionismo latente» (Horne y Jary, 1987:
100). Es una teoría cuyo objeto son los procesos basados en la transmisión intergeneracional de experiencias aprendidas que Elias trató de demostrar que se habían dado. Es algo comprobable tanto a nivel «macro» como «microsocial», y en relación con las conexiones que Elias postulaba entre ellos. También se pueden comprobar haciendo referencia a sociedades ajenas al contexto de Occidente y en relación con esferas específicas de la vida social como el crimen y el castigo (Spierenburg, 1991), y, más acorde para nuestros propósitos, el deporte. De hecho, según Horne, Jary y otros que también han afirmado que la teoría del proceso de la civilización no puede probarse, el corpus de la obra de Leicester sobre el deporte representa una prueba explícita y una elaboración de la teoría. Es así porque, cuando Elias y yo empezamos la obra sobre el desarrollo del deporte en 1959, ninguno de nosotros sabía cuáles serían los resultados.
te es un punto adecuado para empezar el debate sobre aquella obra. Como espero demostrar, las líneas principales del desarrollo del deporte moderno tienden a confirmar la teoría del proceso de la civilización por lo que a la dirección y las «causas» o, más acertadamente, la sociogénesis y psicogénesis del desarrollo se refiere. Empezaré hablando con brevedad y por razones comparativas sobre los «deportes» del mundo antiguo.
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