Estudios sociologicos en torno al deporte, la violencia y la civilizacion




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10 A continuación, hablaré sobre los «deportes» medievales y de la Europa moderna y, tras esto, sobre lo que hemos dado en definir y reconocer como «deportes» hoy en día.
Los deportes del mundo antiguo
Existe una tendencia en el discurso académico y en la mitología popular a considerar los «deportes» de la antigua Grecia como una cumbre de los logros

Leporte civilizado (Mclntosh, 1993: 27))’ Por el contrario, los «deportes» antigua Roma se ven como una regresión a la barbarie. No hay necesidad yr lo que, desde el punto de vista de los «bárbaros tardíos» de hoy en día se consideran «civilizados», fue un alto nivel de crueldad y violencia en los portes» de la antigua Roma. La brutalidad de los combates entre gladiado4as batallas, las masacres y la sed de sangre de la chusma son bien patentes. iológicamente estos «deportes» son señal de una actitud hacia la vida, la trte y el sufrimiento de los demás muy distinta de la que domina en el Oc‘mte contemporáneo (Auguet, 1972). Estaba con toda probabilidad unido a entralidad de la esclavitud en la economía y sociedad de la antigua Roma. bablemente no sea tan bien conocido que la violencia de los Juegos Romano se confinaba a los números de la arena; también la población de todo el
* se comportaba con frecuencia de forma violenta. Tomemos el ejemplo las facciones del circo en las carreras de cuadrigas. Se dividían sobre todo en zules» y «Verdes» según los colores de los aurigas. Gibbon los describió como
los azules trataban de infundir terror con un vestuario bdrbaroypeculiar, con el cabello largo de los hunos, con mangas cerradas y amplias vestiduras, el paso orgulloso y la voz tonante. Por el día ocultaban las dagas de doble filo, pero por la noche se reunían... en numerosas bandas, preparados para cualquier acto de violencia y rapiña. Sus adversarios de la facción de los verdes, o incluso ciudadanos inofensivos, eran asesi nados por esos ladrones nocturnos, y se volvió peligroso llevar botones o cinturones de oro o dejarse ver a altas horas de la noche por las calles... No había lugar donde uno estuviera seguro de sus actos depredatorios; para calmar su sed de avaricia o venganza, vertían la sangre de los inocentes; iglesias y altares eran profanados con asesinatos atroces, y los asesinos tenían a gala su destreza para infligir siempre heridas mortales con un sólo golpe de daga.
(citado en Mclntosh, 1993: 35)
Los Azules y los Verdes se podían comparar en algunos aspectos a los hooligans del fútbol actual, aunque, si tenemos que creer a Gibbon, eran bastante más letales. Que tal vez haya exagerado al hablar de la violencia de las facciones del circo lo sugiere el hecho de que trataba de achacar el «declive y caída» de Roma al aumento de la inmoralidad y el vicio. En resumen, sea cual fuere el grado de las acciones deliberadas, Gibbon puede haber exagerado sobre la violencia de las facciones del circo para respaldar mejor su tesis. En cualquier caso, los estudios mis recientes (Cameron, 1976) respaldan la tesis de que, según los baremos actuales, su comportamiento era con frecuencia muy violento. Por ejemplo, prendieron fuego al hipódromo de madera de Constantinopla en los años 491, 498, 507 y 532 de nuestra era, haciendo que el emperador Justiniano se decidiera a construir un estadio de mármol. Las pruebas sugieren que el peor de los altercados en este circo fue el del año 532, cuando Azules y Verdes se unieron, rescataron a los prisioneros que por obligatoriedad habían de ser ejecutados públicamente antes del comienzo de las carreras, y terminaron siendo reprimidos por el ejército al precio de 30.000 vidas (Guttmann, 1986: 32). Los 39 muertos de la final de la Copa de Europa de fútbol entre el Liverpool y la Juventus en el estadio Heysel, en Bruselas, en 1985, e incluso la cifra de 287 y 328 (Smith, 1983: 181) en el partido internacional entre Perú y Argentina jugado en Lima en 1964, la peor tragedia futbolística de los tiempos modernos, tienen una perspectiva distinta al compararlos con lo que ocurrió en Constantinopla en el año 532 que si se apreciaran sólo desde el presente.
¿Y los <(deportes» de la antigua Grecia? ¿Eran menos violentos, tal y como los representa la mitología actual, que los «deportes» de la antigua Roma? Es dificil establecer juicios comparativos de esta naturaleza, pero las pruebas de que disponemos sugieren que eran bastante más violentos que los deportes modernos. Tomemos el ejemplo del pancracio. Según Finley y Pleket (1976: 40) combinaba elementos del boxeo, la lucha libre y el judo, y era una de las pruebas más populares en las Olimpiadas de la era antigua. En efecto, era un equivalente a lo que hoy se ha llamado «lucha total». En el pancracio,
los competidores luchaban con todas partes de su cuerpo... Estaba permitido sacarse los ojos... poner la zancadilla, cogerse por los pies, la nariz y las orejas, luxar los dedos de la mano y los brazos, y aplicar llaves de estrangulamiento. Si uno conseguía proyectar al otro sobre el suelo, podía sentarse encima y golpearle la cabeza, la caray las orejas; podía patearley pisotearle. Ni que decir tiene que los contendientes a veces recibían heridas terribles y que con frecuencia morían. El pancracio de los efebos espartanos era probablemente el más brutal de todos. Pausanio nos cuenta que los contendientes luchaban literalmente con uñas y dientes y se arrancaban los

ojos.

(Elias, 1986b: 136)

El boxeo griego era igualmente brutal. No había clases por el peso y, al igual que el kick—boxingy el savate francés, los contendientes podían emplear los pies igual que las manos. Se podían dar golpes con la mano abierta y los actos de eludir el cuerpo a cuerpo o las fintas, sobre todo retrocediendo, se consideraban un signo de cobardía. Los boxeadores de la antigua Grecia se apostaban pie con pie y la emprendían a puñetazo limpio (Elias, 1986b: 137-138).
Otro testimonio de la violencia de las Olimpiadas de la antigua Grecia nos lo aporta el hecho de que los hellanodika, los directores de los juegos, empleafrdos tipos de ayudantes: los mastigophoroi, o portadores de látigo, y los rabçhoi, o portadores de porra, cuya tarea era mantener a luchadores y espec‘ores bajo control (Guttmann, 1986: 17). La necesidad de funcionarios de e tipo sugiere que el público solía indisciplinarse con frecuencia y que sólo pondí a a grandes medidas de naturaleza física. Una prueba de su indisciplies que los alborotos causados por borrachos eran tal problema en los Juegos icos de Delfos que estaba prohibido que los espectadores llevaran vino al esho (Guttmann, 1986: 17). La reciente prohibición de llevar alcohol a los par- de fútbol en Gran Bretaña y otros países tiene sus precedentes.
Los «deportes» de la antigua Grecia se basaban en el ethos de la nobleza guevera. A diferencia de los deportes modernos, llevaban implícitos una tradición Ee «honor» más que de juego limpio, lo cual explica el nivel de violencia toleado. Este nivel de tolerancia era acorde a la frecuencia con la que las polis enraban en guerra y al hecho de que la vida era por lo general más violenta e injura que en los Estados-nación modernos. De hecho, una de las principales istificaciones dadas para los «deportes» de la antigua Grecia era que se trataba le un entrenamiento para la guerra. Por ejemplo, Filostrato escribió que la gente consideraba los juegos como una preparación para la guerra, y la guerra como una preparación para los juegos (Finley y Pleket, 1976: 113), lo cual tiende una conexión mayor entre los combates bélicos y los combates de los juegos de la que existe —con excepciones marginales como la de la Alemania nazi— en los Estados-naciones de hoy. Una conexión ideológica parecida se establecía con frecuencia en la Edad Media europea y e1 comienzo del período moderno.
Los deportes de la Europa medieval y moderna
En la Edad Media europea había cuatro tipos principales de deportes: torneos; cacerías y otras actividades que implicaban actos brutales contra animales; competiciones de tiro al arco, y juegos populares. Había cierta imitación entre estamentos sociales y cierto grado de variación entre países, pero, por lo general, estos deportes tendían a ser específicos de un estamento social. Es decir, los torneos y las cacerías estaban limitadas a los caballeros y escuderos; las competiciones de tiro al arco, a los estratos de clase media, y los juegos populares, como su propio nombre implica, junto con deportes como las peleas de gallos y de perros, para el pueblo común. Me limitaré a hablar de los torneos ylos juegos populares.
Las crónicas más antiguas que han sobrevivido sobre torneos datan del siglo XIIy relatan un tipo de deporte muy violento. «Los torneos típicos» —cuentan— «eran un tumulto compuesto departidas de caballeros que luchaban al mismo tiempo, que capturaban a otros, que luchaban no sólo por la gloria sino también por los

rescates» (Guttman, 1986; Barber, 1974). Lo mis importante para lo que aquí nos ocupa es que entre ios siglos XIIy XVI los torneos experimentaron un proceso civilizador en cuyo curso se transformaron cada vez más en espectáculos con una violencia más fingida que real; es decir, lo importante pasó a ser el espectáculo y el alarde, y, a medida que se dio el proceso, el papel de los espectadores, sobre todo el de las mujeres de clase alta, creció en importancia. Taly como dice Guttmann:
La presencia de mujeres de calidad en los torneos señala claramente la transfi»-mación [de los torneos] en una función. La perfección de la destreza militar se volvió secundaria y los torneos se convirtieron en una producción teatral donde el cumplimiento de las reglas se asociaba con lafinura de la sensibilidad.
(Guttmann, 1986: 41)
Esto respalda el concepto de Elias de la «transformación de los guerreros en cortesanos» y con el papel que atribuyó al creciente poder de las mujeres en aquel proceso (Elias, 1994: 326).12 A pesar de la domesticación de los torneos, la asistencia como espectador siguió siendo un tema peligroso y hay noticias de que las gradas se vinieron a bajo en Londres en 1331 y en 1581 con el resultado de numerosas heridas y, en el último caso, muertos (Guttmann, 1986). Ahora nos centraremos en los juegos populares, ya que es esta fuente de donde surgen los deportes modernos más civilizados, como el fútbol y el rugby.
El fútbol y el rugby modernos son descendientes de un tipo de juegos populares del medievo que en Gran Bretaña adoptaban numerosos nombres, como «football», «camp bali», «hurling» y «knappan». Las variantes continentales incluyen «la soule» francesa, el «sollen» en Bélgica y el gioco delpugno (juego del puño) en Italia.
En todos estos juegos la pelota se llevaba con la mano, se lanzaba y golpeaba con palos y con los pies, ylos partidos se jugaban por las calles de las localidades así como en campo abierto. Intervenía un número variable de jugadores sin regla alguna, a veces pasando de mil. No había igualdad en el número de jugadores entre los grupos o equipos enfrentados, y las reglas eran orales y propias de cada lugar.
A pesar de tales variaciones locales, los juegos compartían al menos un rasgo: eran peleas que toleraban un grado de violencia física considerado hoy tabú, y por lo general se practicaban con un elevado índice de violencia superior al permitido en el fútbol, rugby y juegos comparables de la actualidad. Esto se deduce de algunos fragmentos de crónicas del siglo XVI y XVII. Ambos siglos son la fuente más fértil de pruebas sobre estos juegos, en gran parte por los ataques de que eran objeto por parte de puritanos, y de los contraataques de los

os de los puritanos. A pesar del grado de contaminación ideológica me- e, las pruebas de siglos previos y posteriores a éstos confirman en gran me1 1o que afirman las fuentes de los siglos XVI y XVII (Dunning y Sheard,
79: 21-45). Como resultado, estos juegos populares han constituido una so tradición cuya estructura básica permaneció casi sin cambios a lo largo de
rrios siglos. Es decir, los cambios introducidos no supusieron un desarrollo en
4 ámbito estructural básico.
Sabemos, por ejemplo, que en Chester, ciudad cercana a Liverpool en el roeste de Inglaterra, se jugaba cada año desde «la noche de los tiempos» un
do de football entre las Cofradías de los Zapateros y los Lenceros el mars de Carnaval. En 1533, aquellos a los que se describía como «personas de condición aviesa» —el equivalente del siglo XVI de los hooligans del fútbol moderno— participaron con el resultado de «grandes daños, con parte de la multiguden estado cataléptico, con el cuerpo contusionado o aplastado; algunos con pierizas, brazos y cabezas rotas, y algunos lisiados o en peligro de muerte» (Dunning y Sheard, 1979: 23). En la descripción del «hurling a campo traviesa» de Cornualles publicada en 1602, Carew subraya que este nivel de violencia y peligro fisico era inherente a la estructura de tales juegos y no sólo consecuencia de la participación de lo que hoy llamaríamos «hooligans>. Describió el juego como «plagado de peligros... » Y prueba de ello era que «cuando eljuego ha su fin, veráse a todos tornar a casa como de una batalla, con la testa manando sangre, los huesos tronchados o descoyuntados, et tales magulladuras que no dudo que acortarán los días de las sus vidas» (Dunning y Sheard, 1979: 27). Un año después, Owen escribió sobre el «knappan» galés que
en el susodicho juego se ajustan viejas cuentas, razón por la cual a la mas mínima oportunidad dirimen las sus diferencias, que a veces brotan entre dos, mas el resto divídese en dos bandos, por lo que cualcunas veces verás- los, cinco o seis centenas de hombres en pelota, pegándose en compaña y barahúnda.
(Dunning y Sheard, 1979: 28)
Al igual que en el «hurling» de Cornualles, algunos de los participantes del «knappan» jugaban a caballo. Los hombres a caballo, dijo Owen, «portan monstruosas clavas, de tres pies y medio de longura, tan grande como el manejo permitiere». Otro testimonio de la bestialidad de estos juegos es el de Thomas Elyot, discípulo del humanista Erasmo de Rotterdam y amigo de Tomás Moro. En 1531 Elyot escribió condenando el «foot bale» por ser un juego donde «no hay más que fina bestialy violencia extrema; de donde se vienen daños y la conszçuiente inquina y malicia que se guardan los heridos; por lo cual habría que condenarlo a un perpetuo silencio» (citado en Marpies, 1954: 66).

Entre 1314y 1667 hubo numerosos intentos sin éxito por parte del Estado y las autoridades locales para prohibir estos juegos salvajes (Dunning y Sheard, 1979: 23; ver también el capítulo 4 del presente volumen). También en Francia hubo intentos infructuosos por prohibir «la soule» y juegos similares, al menos hasta la Revolución francesa de 1797 (Elias, n.d.). Que las variantes continentales eran tan brutales como sus homólogas británicas lo sugiere la descripción que hace Guttmann del gioco del pugno. Se practicaba en el norte de Italia y, según Guttmann, era:
en ocasiones poco mejor que una batalla, un torneo libra€-h, con las armas de que ¿4ta la naturaleza. Una versión más ruda.., se daba cuando los «jugadores» se lanzaban piedras, pasatiempo que tuvo el honor de ser condenado por Savanarola En Perugia, milo más hombres y mujeres se reunían en un combate anualapedrud, que se volvía tan violento que las autoridades trataron de atemperar el derrame de sangre en 1273 amenazando a los que mataban a sus oponentes con ser juzgados por asesinato.
(Guttmann, 1986: 52)
¿Cómo surgieron los deportes modernos de esta tradición popular violenta? En las siguientes dos secciones trataré de demostrar cómo se produjo este proceso junto con los «esfuerzos civilizadores» que experimentó Gran Bretaña durante los siglos XVJII y XIX.
El desarrollo inicial del deporte moderno
En Florencia, durante el Renacimiento surgió un juego más moderado y reglado llamado gioco del calcio (juego de pies). Lo practicaban nobles (Marples, 1954: 67; Young, 1968: 26). Era un juego rudo y que estaba controlado en última instancia por filas de piqueros presentes por si el fragor de la pelea llevaba a los jóvenes nobles o a miembros del público a excederse o a perder el auto- control (Guttmann, 1986: 51). El gioco del calcio se sigue practicando en Florencia y sigue siendo un juego rudo, quizá más que el rugby.
Autores como Bredekamp (1993: 53, 54) han sugerido que el calcio fue un modelo sobre el cual se formó el fútbol, pero no hay pruebas evidentes de que tuviera tal proceso de difusión. Para respaldar sus afirmaciones, Bredekamp cita un solo dato: que los ingleses relacionados con el cónsul británico en Livorno participaron en un partido ceremonial de calcio en 1776. Sin embargo, esta prueba es muy endeble. En la relación de Bredekai-np, no aparece una relación de los nombres de los asistentes ingleses; nada se dice de cómo jugaron al calcio y en qué grado estaban familiarizados con las reglas. Y lo que es más imite, nada se dice sobre que estas personas se plantearan enseñar este jueamigos y amistades de vuelta en Inglaterra. En resumen, el componente ctivo de la afirmación de Bredekamp es tan poderoso que lo mejor por el flentO es suponer que el desarrollo del fútbol —y también del rugby, ya que ron una coproducción social— fue un proceso que se dio de forma autóno..cn Inglaterra. Esto al menos es acorde con la opinión del historiador hodés Huizinga, quien describió a Inglaterra «como la cuna del deporte mono» (Huizinga, 1971: 13).
Aunque hay signos del desarrollo de deportes más moderados y reglados en
aterra ya por el siglo XVI, todos los datos sugieren que no arraigaron. El de inicia del deporte moderno fue un proceso que se dio más tarde, sobre do en dos fases superpuestas: una fase durante el siglo XVIII, cuando los embros de la aristocracia y la alta burguesía eran mayoría, y otra fase duran- el siglo )UX, cuando los miembros de la burguesía ascendente se unieron a
s dases terratenientes en el liderazgo. Los datos también sugieren que este procso fue más una función de desarrollos sociales más amplios, sobre todo de las variantes peculiares inglesas de la formación del Estado y del proceso de la ciJzación, que de las propiedades de estos deportes emergentes.
f Más en concreto, el siglo XVIII vio surgir formas más civilizadas de boxeo, caza del zorro, carreras de caballos y cricket, mientras que el siglo )UX fue tes‘,, o de la aparición de formas más regulares de deportes de competición atléti, ca y deportes de montaña y acuáticos, pero, por encima de todo, los inicios de juegos de pelota más civilizados, como el fútbol, rugby, hockey y tenis. El desarrollo de los juegos de pelota y las modalidades no violentas de competiciones atléticas predominaron sobre los deportes campestres, sobre todo los deportes de campo en los cuales la presa muere abatida, lo que representa una indinación civilizadora de cierta importancia. También el hecho de que los deportes modernos consiguieran con el tiempo —al menos en los países no totalitarios— justificarse menos como una preparación para la guerra y más como un fin en sí mismos saludables, placenteros y socialmente valiosos.
Dos aspectos mis merecen nuestra atención. El primero es que en la conciencia popular de las sociedades occidentales de los siglos )UX y XX el término «deporte» ha dejado de asociarse con la caza y otros deportes sangrientos; por ejemplo, en España el toreo no se considera un deporte, y en Gran Bretaña, cada vez surgen más dudas de que la caza del zorro pueda considerarse como tal. Por otra parte, el término «deporte» se ha aplicado con mayor exclusividad a actividades de ocio competitivas donde se realiza un ejercicio físico que no implica actos violentos como un componente legítimo (puede haberlos pero son ilegales, como empujar, echar zancadillas o dar codazos en las carreras) o, cuando hay violencia, está más sometida a controles civilizadores, por ejemplo, la regla de no dar golpes bajos en el boxeo.

Otro aspecto de este proceso ha sido el intento de algunos grupos específicos de asegurarse la inclusión de actividades competitivas menos violentas bajo la rúbrica de deporte. Un ejemplo de esto son actividades como el montañismo y la escalada donde la competición no es entre personas, o no sólo entre ellas, sino entre seres humanos y obstáculos físicos que suelen entrañar algún riesgo físico. Tales actividades respaldan la teoría del proceso de la civilización, porque presuponen el sometimiento de la naturaleza salvaje a un mayor control humano. Además, los peligros están casi siempre controlados mediante técnicas y un equipamiento especiales. La práctica de actividades de riesgo controladas, motivadas por el «gusto por el peligro», ha sido una característica central del desarrollo de los deportes y formas de ocio de las sociedades relativamente civilizadas de Europa occidental durante los siglos XIX y XX. Pasemos a examinar las dos fases del desarrollo del deporte moderno con mayor detalle. Esto exigirá dedicar un breve espacio a los avances del deporte y la sociedad durante el siglo XVIII y no sólo durante los siglos XIX y XX.
Una hipótesis obvia para explicar la aparición del deporte moderno sería relacionar este proceso con que Gran Bretaña se convirtiera en la primera nación industrializada del mundo, es decir, vincular las (De la misma forma que el esfuerzo pacficadory civilizador del szgío XI/II francés no fue el inicio de un proceso en esa dirección, en Inglaterra el esfuerzo comparable del szlo XVIII sólo fue uno de los distintos esfuerzos emprendidos, aunque quiz% el más decisivo. Los intentos exitosos de Enrique VIlipor someter a los nobles fue un paso... La poderosa corte de la reina Isabel Iy el rey Jaime 1 tuvo una función parecida. Pero en el sigio XVIII, la larga lucha entre monarcas y sus representantes, y entre las clases altas terratenientes y las clases medias urbanas, generó una situación donde las clases altas terratenientes, la nobleza y la alta burguesía adquirieron igualdad e incluso superioridad sobre el rey y la corte. Su posición dominante en la Cámara de los Lores y de los Comunes también les confirió superiori dad sobre las clases medias urbanas.
(Elias, 1986b: 36)

• Los datos de que disponemos sugieren que lo que podríamos llamar un proo de «deportivización incipiente» se remonta a los «esfuerzos civilizadores» los siglos XVI y XVII. Por ejemplo, Carew escribió en 1602 sobre un se..ido tipo de «hurling» al que llamó «hurling to goales» donde competían equios del mismo número de jugadores (quince, veinte o treinta por bando). Tamlén describió las reglas a las que se sometían los jugadores. Según Carew:
Los jugadores han obligación de seguir muchas leyes. como la del uno contra uno, y no dos cerrando al mesmo tiempo contra uno; los jugadores arremeten contra la pella, y no deben embestir ni meter elpuño por debajo del cinto: que el que ha la pella sólo puede embestir a los otros en el pecho;... El más mínimo rompimiento de aquestas leyes, y los jugadores consideran justa causa dirimir sus desvenencias, pero sólo con los puños; mas ninguno de ellos busca venganza por los daños sufridos excepto dentro del juego.
(Carew, 1602: 73-75)
Carew definió «embestida» como el «golpear a un oponente en el pecho» con el «puño cerrado». Por tanto, el hurling to goales era un juego rudo que se practicaba según unas reglas aceptadas pero no escritas, que incluían la prohi‘ bición de pegar o agarrar a los oponentes por «debajo del cinto». No había, sin embargo, árbitros. Las infracciones de las reglas se dirimían con los puños.
Otra prueba también señala la aparición en Inglaterra ya por el siglo XVII de una forma tradicional de pelea reducida a golpes con los puños. Parece haber sido practicada por hombres de toda condición social y hasta contaba con cierto apoyo femenino. Misson de Valbourg, refugiado hugonote que llegó a Inglaterra en 1685, nos ha dejado la siguiente descripción de las peleas callejeras que presenció en Londres, comparándolas con lo que según él era habitual en Francia por aquella época:

Si dos niños se pelean en la calle, los viandantes separan, hacen un corrillo en torno a ellos en un momento, y los acicatean uno contra el otro para que luchen a puñetazos... Durante la pelea el corrillo de viandantes anima a los contendientes con gran alborozo, y nunca los separan mientraspeleen szuiendo las reglas. Estos viandantes no son sólo otros muchachos, porterosy chusma, sino hombres de toda condición... Los padres y madres de los chicos los dejan luchar igual que el resto y los alientan. Estos combates son menos frecuentes entre los hombres que entre los niños, pero tampoco son infrecuentes. Si un cochero discute por la paga con el caballero que lo ha contratado, y el caballero le ofrece dirimir la cuestión con una pelea, el cochero aceptará de corazón. El caballero se desprende de la espada, la de- ja en alguna tienda con su bastón, guantesyfulard, y boxea... En cierta


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