Estudios sociologicos en torno al deporte, la violencia y la civilizacion




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Ocasión vi al Duque de Graflon pegándose en plena calle con otro tzo al que aporreaba sin compasión. En Francia castzamos a estos pícaros con una somanta de palos, y a veces con la hoja plana de la espada, pero esto jamás se hace en Inglaterra. No emplean espada ni bastón contra hombres desarmados y si algún extranjero desafortunado,., sacara la espada contra alguien sin ella, se le echarían un centenar de personas encima en un santiamén.
(citado en Marsh, 1978: 77)
Las descripciones de Carew y Valbourg revelan la temprana aparición en Inglaterra de nociones de «juego limpio», uno de los componentes básicos del deporte moderno. Sin embargo, como sugirió Elias, fue en el contexto del siglo XVIII cuando el «esfuerzo civilizador» y «deportivizador» lograron el despegue del deporte moderno como fenómeno social significativo. Durante el siglo XVII, Gran Bretaña se vio dentro de un ciclo de violencia asociada sobre todo con el intento de los Estuardo de reimponer el catolicismo y proclamar su «poder absoluto» como Luis XIV en Francia, por ejemplo, subiendo los impuestos con independencia del Parlamento. Esto provocó el estallido de la guerra civil y el monopolio estatal de la fuerza se vio seriamente amenazado.
Sin embargo, ya en el siglo XVIII, la eficacia del monopolio de la violencia estatal había sido restaurada, aunque la aristocracia y la alta burguesía disfrutaban de mayor autonomía que sus homólogos franceses. Por aquel entonces los ánimos se habían sosegado y empezaron a surgir partidos parlamentarios que encauzaban las luchas políticas. Fue en el contexto de una sociedad cada vez más pacificada y sometida a formas más eficaces de legislación parlamentaria donde empezaron a surgir formas modernas y reconocibles de deportes basados en reglas escritas.
Que existía una poderosa relación entre ambos procesos lo sugiere el que hubiera estrechos paralelismos entre los nacientes rituales entre partidos parlamentarios y los incipientes rituales del deporte moderno. Ambos, que se desarrollaron en la Inglaterra del siglo XVIII, supusieron una forma menos violenta de lo que había prevalecido hasta el momento para resolver las disputas. Dicho de otro modo, no se trató de un «factor político» conceptualizado de forma abstracta que influyó de algún modo en el desarrollo del deporte, sino más bien el hábito de la clase dirigente de Gran Bretaña —y en cierto grado de grupos de clase inferior en la jerarquía— que emprendió un «esfuerzo civilizador», lo cual transformó al mismo tiempo las caras de la política y el ocio de sus vidas en una dirección civilizadora. Tal y como lo expresó Elias:
El arte militar dio paso al arte de lapalabray el debate.., la retórica y la persuasión,., que exzía mayor co ntrol por parte de todos e identificaba este cambio... claramente con el esfrerzo civilizador. Fue este cambio, la mayor sensibilidad para con el empleo de la violencia lo que, reflejado en los hábitos sociales de los individuos, también halla expresión en sus pasatiempos. La «parlamentarización» de las clases terratenientes de Inglaterra tuvo su paralelismo en la «deportivización» de sus pasatiempos.
(Elias, 1986b: 34)
El hecho de que la cara ociosa de este proceso implicara un esfuerzo civiliador se deduce bien del desarrollo del boxeo y la caza del zorro. Elias comena la temprana deportivización del boxeo del siguiente modo:
Como muchas otras peleas de contacto coqorah en Inglaterra las peleas con los puños desnudos asumieron las características de un deporte sometido a reglas estrictas... La mayor conciencia se manfstó en la introducción de guantesj con el paso del tiempo, de acolchado en los guantes y la aparición de distintas categorías para que los combates freran más zgúalados. De hecho, sólo fue en relación con el desarrollo de una serie de reglas más dferenciadas y estrictas y una mayor protección de los contendientes ante lesiones graves.., que esta lucha popular a4uirió las características de un «deporte».
(Elias, 1986b: 21)
Elias parece haberse informado mal sobre la cronología de estas innovaciones. Las pruebas existentes sugieren que los guantes —que por aquel entonces recibír an el sugerente nombre de «silenciadores»— aparecieron después que las primeras
reglas escritas. Al parecer ambas modificaciones se introdujeron en la década de 1740 en un anfiteatro de Londres dirigido por un hombre llamado Jack Broughton, a donde acudía una clientela formada en gran medida por «gentilhombres» que iban a apostar y/o que aprendían a boxear (Sheard, 1992). Lo que de forma reduccionista se ha dado en conocer como las «Reglas de Broughton» fueron «aprobadas por varios caballeros en elAnfiteatro de Broughton, Tottenham CourtRoaa el 16de agosto de 1743». Estas reglas eran las siguientes:
1. Se dibujará un cuadrado de varios metros cuadrados en medio del escenario; y en cada nueva pelea después de una caída, nada más alejarse de las bandas, los cuidadores tienen que llevar a su hombre a la esquina y colocarlo en frente del contrario; y hasta que no estén bien colocados en las líneas, no estará permitido que empiecen apegarse.
2. Con el fin de impedir que haya discusiones sobre el tiempo que un hombre debe estar tumbado después de caer, se considerará que haperdido sí el cuidador no conszgúe llevar a su hombre a la esquina en el tiempo de un minuto.


3. En ningún combate está permitido que haya más personas en el escenario, excepto los contendientes y sus cuidadores; la misma regla se aplica a las eliminatorias, excepto porque el señor Broughton puede estar en el escenario para mantener el decoro y ayudar a los compañeros a ocupar sus puestos, siempre y cuando no interfiera en el combate, cualquiera que infrinja estas reglas será expulsado de inmediato.
4’. Ningún campeón debe considera rse derrotado, a menos que no vuelva a la línea dentro del límite de tiempo o su propio cuidador lo declare vencido. Ningún cuidador puede hacer preguntas al adversario de su hombre ni aconsejarle que tire la toalla.
5. Que en los combates eliminatorios, el ganador cobrará dos tercios del dinero apostado, el cual se dividirá públicamente en el escenario, apesar de que haya un acuerdo pri vado sobre lo contrarío.
6 Que para evitar discusíones, los directores elegirán entre los caballeros presentes a dos árbitros que decidirán sobre cualquíer discusión sobre el combate; y silos dos árbitros no se ponen de acuerdo, éstos escogerán a un tercero, que habrá dejuzgar
7. Que nadie podrá golpear al adversario cuando esté en el suelo, ni cogerlo por las nalgas, los calzones o cualquier otra parte por debajo de la cintura; un hombre arrodillado se considera tumbado.
(Sheard, 1992: 129-130)
Aunque está claro que una finalidad era regularizar el juego de apuestas y limitar el que hubiera discusiones relacionadas con éstas, también se formularon las reglas con una intención civilizadora en cierto número de aspectos. Más en concreto, su intención era la de regular el inicio de los combates decretando que ningún boxeador diera un solo puñetazo hasta que ambos estuvieran bien colocados en la esquina dibujada con tiza; impedir que otras personas ayudaran o interfirieran en el combate; lograr un buen control estipulando la necesidad de que hubiera dos árbitros para decidir en las discusiones, con la posibilidad de llamar a un tercer árbitro cuando no se pusieran de acuerdo, y con el objetivo limitador de que los puñetazos se dirigieran a la parte superior del cuerpo e impedir que los boxeadores pegaran a sus oponentes cuando estaban tumbados o de rodillas.
La introducción por primera vez de guantes en los combates de boxeo podemos calificarla retrospectivamente como «un intento civilizador», lo que puede apreciarse en un anuncio que l3roughton puso en el Daily Advertiser en febrero de 1747 anunciando su intención de abrir una «academia de boxeo». El anuncio decía así:
El señor Broughton propone... abrir una academia,., en elHaymarket para enseñar a todo el que quiera iniciarse en los misterios del boxeo, donde

se enseñará y explicará la teoría y la práctica de este auténtico arte británi co con todo tipo deparadas, golpes, incidentes entre púgiles, etc.; no se ex cluy la entrada de personas de calidad y distinción a estas clases, ya que se
tendrá mucho cuidado con la delicadeza de la constitución de los pupilos,
razón por la cual seproporcionarán guantes que impedirán que sufran la in convenienci de los ojos a laflinerala,
mandíbulas rotas y las narices san grando. (Sheard, 1992: 125)
La introducción de los guantes por parte de Broughton y de los «caballeros» ue lo apoyaban, así como aquellas rudimentarias reglas escritas, marcaron el flicio de un proceso largo y complejo que estuvo plagado de altibajos. Por ,emplo, a pesar de las innovaciones de Broughton, hasta la década de 1880 siuió habiendo combates con los puños desnudos por dinero con un número de asaltos ilimitado hasta que uno de los boxeadores admitiera la derrota o esturiera tan tocado que no pudiera luchar más; a partir de entonces y tras una ardua lucha, se suprimieron para volver a resurgir en varias ocasiones, logrando
finalmente las autoridades que pasaran a la ilegalidad.
Como parte de este proceso general, se dividió a los boxeadores de manera
informal en tres categorías (pesos pesados, pesos medios y pesos ligeros) por las
décadas de 1850 y 1860, pero, una vez más, no fue hasta la década de 1880 que surgieron unas categorías por peso más complejas y aproximadas a las del boxeo moderno en Gran Bretaña y Estados Unidos (Golesworthy, 1960: 236). Un ingrediente esencial para la evolución del boxeo como deporte moderno fue la introducción del refinado juego limpio en sus programas y espectáculos, lo que ayudó a equilibrar los combates primando más la técnica que la fuerza (Sheard, 1992).
Igualmente, la definición y los detalles de las llamadas «reglas de Queensberry» sobre las cuales se basa el boxeo moderno y que, entre otras cosas, intentaban limitar el número y duración de los asaltos se introdujeron (originalmente para los boxeadores amateur y no los profesionales) en 1865 (Sheard,
1992: 219-221). (He dicho las «llamadas reglas de Queensberry» porque los datos sugieren que su principal redactor fue un estudiante de Cambridge hamado J. G. Chambers, que procedió bajo el patronazgo del Marqués de Queensberry [Sheard, 1992: 263]).
Las reglas de Queensberry fueron las primeras en mencionar los guantes. Aunque no quedó estipulado explícitamente por escrito, eran de cuero y acol[ chados con no menos de cuatro onzas de crines de caballo (Sheard, 1992: 266).
Elias (1986b: 21) describió la introducción de los guantes de boxeo como una señal de que había más concienciación, y el anuncio de Broughton en 1747 parece darle la razón en parte. Sin embargo, como ha demostrado Sheard (1992)

de forma convincente, si bien los guantes de boxeo protegen en cierto grado la piel y la cara de quien recibe un puñetazo, también protegen las manos de los púgiles, lo cual permite propinar golpes más fuertes, y con mayor frecuencia y en rápida sucesión, de lo que permitían los puños desnudos. De ahí que los guantes de boxeo contribuyeran probablemente a que hubiera mayor incidencia de daños en el cerebro.
Si bien los datos sugieren que el boxeo moderno surgió en Inglaterra junto con una serie de esfuerzos «civilizadores», fruto de una mayor concienciación por el tema de las lesiones, el dolor y la visión de la sangre, también sugiere que, al menos en este otro sentido, el deporte se ha vuelto más violento y dañino. Por esta razón, desde la década de 1940 ha habido una serie de campañas médicas para prohibirlo. Es dificil no llegar a la conclusión de que, en el futuro, habrá un aumento sustancial del número de personas que estén más civilizadas que los «bárbaros tardíos» que hoy en día son devotos del boxeo, y que aumentará la presión para sancionar los golpes en la cabeza o prohibir el «deporte» en sí. Si se da este caso, como ha sucedido por lo general en los procesos civilizadores de Occidente hasta e1 momento, el boxeo no desaparecería sino que se volvería ilegal.
La caza del zorro es otro deporte que la mayoría considera «incivilizado». Al igual que el boxeo, ha sido objeto de ataques orquestados, por ejemplo, de los «saboteadores de cacerías». Considerado únicamente en términos sincrónicos, parece absurdo sugerir que una actividad que tanta gente tacha de «bárbara» haya experimentado un «proceso civilizador». Sin embargo, eso es lo que afirma Elias. Es necesario, dice él, ver un actividad como la caza del zorro, no desde la perspectiva del presente, sino en relación con sus antecedentes, los tipos de caza de la Edad Media, sobre todo los que practicaba la nobleza. Estas cacerías eran más espontáneas y menos elaboradas y organizadas, más parecidas a la guerra. Así prosigue:
Un vistazo.., a las antzg-uas formas de caza muestra las peculiaridades de la caza del zorro inglesa... Era una modalidad., en la cual los cazadores imponían a ellos y a las jaurías cierto número de restricciones muy específicas. Toda la organización... la conducta de los particzantes, el entrenamiento de los perros, estaba regulado por un códzg-o muy elaborado. Sin embargo, las razones para imponer este códio... no eran evidentes. ¿Por qué se entrenaba a los perros para que sólo sz’uieran el rastro del zorro y, en lo posible, sólo elprimer zorro con cuyo rastro habían dado?El ritual de la caza delzorro exzg-ía que los cazadores no usaran armas. ¿Por qué se consideraba un crimen social grave disparar a los zorros, algo impropio de caballeros?Los caballeros que cazaban el zorro mataban por delegación de la tarea en los perros. ¿Por qué el código de la caza del zorro prohibía que los

hombres mataran al animal? En las primeras modalidades de caza, donde las personas ejercían el papel principal en la cacería, los perros desempeñaban un rol subordinado. ¿Por qué se dejaba en la caza del zorro inglesa el papel princzal a los perros de presa, mientras los hombres se relegaban a un papel secundario de espectadores y controladores de los perros?
(Elias, en Elias y Dunning, 1986: 16 1-162)
, La opinión de Elias es que estas reglas y rituales surgieron junto con la transwmación de la caza del zorro en un deporte moderno. De hecho, fue una de s primeras actividades en la que se empleó el término «deporte» en su sentido oderno, y la función primaria de estas reglas y rituales fue generar y prolonr el disfrute de la emoción-tensión. Que había implicado un <(esfuerzo civilidor» lo sugiere por encima de todo el que caballeros y damas mataran por deegación y no directamente, disfrutando de la emoción de la persecución y de a resolución de la tensión como espectadores y no como cazadores. Su concienia no supuso un rechazo generalizado del sacrificio de animales per se, sino sóo participación directa en la violencia.
Primeras fases del desarrollo del rugby y el fútbol
En contraste con sus antecedentes populares y en la mayoría de los aspectos con juegos más avanzados pero aún premodernos como el cakio italiano, el fútboly el rugby son un ejemplo de deportes más civilizados en al menos seis sentidos. Son más civilizados en el sentido de que más en concreto presuponen lo siguiente:
Una estricta limitación del número de participantes, así como igualdad numérica entre los bandos contendientes. La delimitación del número de jugadores representa un avance civilizador, porque los juegos practicados por números ilimitados suelen terminar en refriegas y peleas. La institucionalización de la igualdad numérica entre bandos también es un avance civilizador, porque constituye un ingrediente central de la noción de «juego limpio».
La especialización respecto al juego con los pies, las manos, acarreo o lanzamiento, junto con la eliminación del uso de palos para golpear la pelota o a otros jugadores. Todos los jugadores se desplazan a pie, es decir, las prácticas que a menudo resultaban peligrosas por la mezcla en las tradiciones populares, como el que algunos jugadores llevaran palos y unos montaran a caballo y otros fueran a pie, se han institucionalizado por separado en deportes diferenciados como el futbol y el rugby, y el polo y el hockey


3. Un comité centraiizado que promuiga las reglas y las pone en práctica, la Football Associatjon (FA) en el caso del fútbol, y la Rugby Football LTnion (RFU) en el caso del rugby.
4. Una lista de reglas que exige a los jugadores ejercer un estricto autocontrol sobre el contacto ffsi0 y el empleo de la fuerza física, y que prohíbe la fuerza en ciertas formas, por ejemplo golpear a otro jugador en la garganta, o dar una patada para zancadillear a otro.
5. Sanciones dentro del juego bien definidas, como las «faltas» y los «penaltis» que sufrirán los que infrinjan las reglas, y, como sanción definitiva en el caso de infracciones graves o reincidentes, la posibilidad de expulsar a los jugadores.
6. La institucionalización de reglas específicas respecto al control del juego, es decir, las reglas del árbitro y, en el fútbol, de los «jueces de línea» y, en el rugby, de los «jueces de fuera de juego».
A diferencia de los <‘portadores de látigo» y los «portadores de porra» cíe los Juegos Olímpicos antiguos, y los piqueros del calcio florentino, estos árbitros no recurren a la fuerza física o a las amenazas para garantizar el cumplimiento de sus órdenes, sino a sanciones específicas del juego que no implican castigos Físicos. Esto sugiere que el carácter de estos juegos modernos depende en gran medida de restricciones externas pacíficas, pero también del despliegue de autocontro l de los jugadores. Dicho de otro modo, estos deportes manifiestan la decantación de la balanza entre las restricciones externas e internas a favor de las segundas y, por tanto, son sintomáticos de ciertos procesos civilizadores desde hace tiempo en curso en las sociedades de Europa occidental. El corolario de esta decantación es que en los deportes modernos golpear a un árbitro se considera uno de los actos más censurables
El temprano desarrollo del fútbol y el rugby fue parte de un esfuerzo civilizador concentrado en el tiempo. Dos momentos significativos fueron la elaboración de las primeras reglas escritas durante la década de 1840y la fundación, respectivamente, de la FA y de la RFU. Hablaré ahora brevemente de este esfuerzo civilizador
Las primeras reglas escritas sobre el football que nos han llegado proceden de la «escuela pública» de Rugby en las midlands inglesas, en 1845 (Dunning y Sheard, 1979: 91-94). Otras escuelas públicas adoptaron sus reglas más tarde. El contexto social donde se dieron tales reglas fue un reflejo microcósmi co de la formación del estado y del proceso de la civilización que se estaban dando en la sociedad británica. La mayoría de las escuelas públicas más importantes remontan sus orígenes a la Edad Media y comienzos de los períodos modernos. Se fundaron como instituciones benéficas o escuelas primarias, si durante el siglo XVIII fueron ocupadas por miembros de la aristocracia alta burguesía. En aquel contexto llegaron a adquirir la personalidad que en hoy de internados elitistas donde se cubren las necesidades educativas ¡as clases media y alta.
Tunto con la usurpación ejercida por la aristocracia y la alta burguesía, las es[as públicas sufrieron un ciclo de violencia que se manifestó sorpredenteite en la frecuencia con la cual los chicos se rebelaban abiertamente contra uitoridades de la escuela (Dunning y Sheard, 1979: 46-62). Entre 1728 y 1, por ejemplo, Eton y Winchester, dos de las escuelas más antiguas, sual menos siete rebeliones, mientras que Rugby, que sólo se convirtió en
çuela pública a finales del siglo XVIII, sufrió al menos cuatro. Que no es erróeo describir estos altercados como «rebeliones» lo demuestra el que la revuelde 1797 de Rugby y la de 1818 de Winchester llevaran a proclamar la Ley ontra Altercados y que sólo pudieran sofocarse con el ejército o cuerpos as- nados con espadas y bayonetas.
La primera escuela donde las autoridades recuperaron el control fue Rugby, o la dirección de Thomas Arnoid, y no es coincidencia que junto con la rezación de las relaciones de autoridad surgieran en aquella escuela formas
civilizadas y regladas para jugar al footbalL También fue sintomático de es: te proceso y del desarrollo social británico el que los chicos, sobre todo los mayores o «prefectos», obtuvieran cierta autonomía en este proceso (Dunning y Eieard, 1979: 79-99).
Entre los objetivos de los chicos más mayores de Rugby que elaboraron las reglas escritas de 1845 (y tal vez, tras ellos, las autoridades de la escuela) estuvo el de asegurar un control más estricto sobre el empleo de la fuerza fisica en el juego. Para lo cual las reglas impusieron restricciones sobre la práctica de puntapiés y zancadillas, y la prohibición del uso del calzado que llamaban «zapadores». Eran botas con puntera de hierro, a veces con clavos sobresalientes, y que habían formado parte del juego en Rugby y otras escuelas públicas. Que los zapadores también se habían usado en algunos antecedentes populares del Jotball moderno lo sugiere un antiguo estudiante anónimo de Eton que en 1831 escribió que
NopuedD considerar eljuego del football como de caballeros. Es un fuego muy apreciado por el vulgo llano de Yorkshire, y las punteras de sus botas están cubiertas de hierro y con frecuencia hay muertos de resultas de la violencia de los golpes infligidos.
(citado en Dunning, 1971: 135)
A pesar de esta actitud despreciativa, las formas del «Juego del Muro» y el «Juego del Campo» (variantes tempranas del football que siguen practicándose

en Eton hoy en día) estaban bien arraigadas en la escuela en las décadas de 1830 y 1840. De hecho, las primeras reglas escritas de Eton se elaboraron en 1847,’ dos años después de que se escribieran las reglas de Rugby. Suponían la primera encarnación absoluta y conocida de la prohibición del uso de las manos y, por tanto, pueden considerarse la legislación de una forma embrionaria de fútbol. Parece probable que la rivalidad entre Eton y Rugby fuera la razón de esta incipiente bifurcación del football en formas de la asociación y de Rugby (trataré este proceso con mayor detalle en el capítulo 4). La bifurcación sólo se institucionalizó cuando se reconoció que el football era una actividad legítima para «caballeros» adultos, momento en que miembros de las clases alta y media fundaron clubes cuyo propósito específico o principal era la práctica del footbalb y cuando se crearon asociaciones con la intención de dar cuerpo a una legislación a nivel nacional.
El primero de esos cuerpos legislativos, la FA, surgió de una serie de reuniones celebradas en Londres en 1863 y a las cuales acudieron sobre todo «antiguos alumnos» de escuelas públicas y otros «caballeros». Al principio, los asistentes intentaron crear un código de football unificado. Una mayoría estuvo a favor de jugar con los pies eliminando las zancadillas, pero los partidarios de versiones de football modeladas por la forma de jugar de Rugby preferían un juego mis rudo, donde el bajón se acarreaba y lanzaba con las manos y donde las zancadillas conservaban un lugar principal. De ahí que se retiraran de las conversaciones y se unieran en 1871 para fundar la RFU. Los partidarios de Rugby dieron este paso en parte por la controversia pública sobre lo que en algunos sectores había llegado a percibirse como violencia excesiva de sus códigos; uno de sus primeros actos al dar cuerpo a las reglas fue seguir el ejemplo de la FA y prohibir por completo los puntapiés y zancadillas. Hablé antes de «códigos» de rugby en plural antes de la unificación de 1871 porque, con anterioridad, hubo variaciones considerables en los juegos practicados por las distintas escuelas y clubes. Incluso hubo un tipo de rugby donde había portero (DunningySheard, 1979: 113-122).
Los datos de que disponemos sugieren, por tanto, que las dos primeras fases principales del desarrollo inicial del deporte moderno implicaron una transformación hacia una mayor civilización. Es decir, a medida que se fueron desarrollando en Gran Bretaña durante los siglos XVIII y XIX, deportes como el boxeo, la caza del zorro, el rugby y el fútbol representaron la eliminación de ciertas formas de violencia fisica y la exigencia general de que los participantes ejercieran un control más estricto sobre el contacto fisico y los impulsos agresivos de origen social, para los cuales el deporte sirve como vía central de expresión, y que, en cualquier caso, pueden surgir en cualquier actividad competitiva.
Como parte de este desarrollo, deportes como el boxeo, el rugby y el fútbol, que implican una lucha entre individuos y grupos, se sometieron, mediante

eSOS de aprendizaje de ensayo-error a formas de control en manos de árbi, quienes imponían sanciones, no castigos físicos, sanciones pacíficas y
Jas en el deporte de forma que influyeran en contra de las posibilidades de az de tales jugadores yio de sus equipos. En todos los sentidos, los deportes ódernos difieren de sus homólogos de la antigua Grecia y Roma, así como de s antecedentes del período medieval y contemporáneo europeo. En resumen, de decirse que el desarrollo de los deportes modernos es un ejemplo de pro- o civilizador y respalda la teoría de Elias.
Concluiré este capítulo abordando un último punto. Hay ciertas pruebas que la Gran Bretaña actual está experimentando las primeras fases de un de- ve civilizador, un proceso descivilizador de duración y fuerza todavía inderininables que se está produciendo en el deporte y la sociedad en general.’4 n el mundo del fútbol se manifiesta, por ejemplo, en el uso cada vez mayor e los codos y, en el rugby, en el aumento de ciertas prácticas ilegales, como el zar con los tacos de las botas la piel del oponente. En ambos casos, estos vances descivilizadores parecen ser consecuencia de la mayor competitividad Le estos juegos. Esto, a su vez, parece estar relacionado con la mayor comeraJización, profesionalización e internacionalización, y, por consiguiente, con aumento de la importancia de ganar. Sin embargo, estas prácticas parecen
ir más ligadas a razones instrumentales que a fines placenteros en sí. Es lo que habría que esperar de «bárbaros tardíos» que sufren un aumento de la presión competitiva y emprenden una regresión a las formas y niveles de violencia, sobre todo expresiva, que caracterizaban a los «deportes» del mundo antiguo y la Edad Media.
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