Estudios sociologicos en torno al deporte, la violencia y la civilizacion




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EL DEPORTE EN EL ESPACIO Y EN EL TIEMPO



Trayectorias de la formación del Estado y evolución inicial del deporte moderno
Al igual que el capítulo 2, en cierta medida se superponen, el tema de este ca- mio es el deporte en el «proceso civilizador» de Occidente. Se divide en dos culones amplias que he titulado: (1) aspectos del tiempo, el espacio y la sociogía del deporte, y (2) aspectos del deporte en los procesos de formación de Esados en Europa Occidental. La primera sección implica el estudio de algunos emas complejos, y una crítica de los medios con que algunos historiadores, fi.ósofos y sociólogos de orientación filosófica han conceptualizado los términos cespacio» y «tiempo». Esta sección comienza y termina prestando atención a temas relacionados con el deporte. La segunda sección abarca un intento de pror más a fondo la razón por la cual los deportes modernos se desarrollaron prirnero en Inglaterra. Esperamos arrojar luz sobre este tema mediante un análisis comparativo centrado en las distintas trayectorias de formación de los diferentes Estados-naciones surgidos en Europa.
Aspectos sobre el tiempo, el espacio y la sociología del deporte
Dennis Brailsford publicó un libro en 1991 llamado Sport, Time and Society:
the British at Play (Deporte, tiempo y sociedad: los británicos y los juegos).
Es un libro bien escrito, con buena base investigadora, pero trata sólo del «tiempo» en un sentido poco razonado. Esto significa que, en las pocas ocasiones en que Brailsford intenta ser explícitamente conceptual, pasa como sobre ascuas. Le ocurre, no sólo al hablar del tiempo, sino también al abordar aspectos relacio nados con el deporte. Por ejemplo, en lo que estoy convencido de que es un ata[ que velado a la obra de Guttmann (1978), Brailsford escribe:
Ver en el deporte taly como lo conocemos un fenómeno comp letamente moderno es adoptar una óptica muy limitada de su importancia social y personal. E pasarse de sofistificación y obviar la esencia eterna y básica del deporte. El deporte competitivo es apenas más «moderno» que, digamos, la caza, la lucha, los bailes, el canto y las relaciones sexuales. A pesar de los cambios que ha experimentado el deporte a lo largo de los siglos, la misma urgencia psi cosocial ha seguido formando su base. Sin embargo, por encima del deseo y elplacer de los juegos competitivos, de vez en cuando debió de haber aspectos comunitarios, relzgiososy comerciales, la fibra íntima de la lucha personal, la búsqueda del éxito y la satisfacción —aun a costa de grandes esfuerzos— que han fo rmado parte de su esencia. Ypuede existir vicariamente en los espectadoresyjugadores.
(Brailsford, 1991: 160)


La referencia de Brailsford a una «esencia eterna y básica» del deporte es muy burda e implica un juicio erróneo del equilibrio entre la continuidad y el cambio en el desarrollo del deporte moderno. Tan sólo es capaz de imbuir algunos de sus argumentos esencialistas: primero, arguyendo un alto nivel de generalización; segundo, afirmando la existencia de una «urgencia psicosocial» que, según él, ha permanecido inmutable a lo largo de los siglos, y tercero, hablando de «juegos competitivos» y la «búsqueda del éxito y la satisfacción» como elementos recurrentes de los deportes de todas las sociedades y eras. Este argumento es tan general que es casi tautológico. De hecho, resulta más útil ver en los deportes modernos no sólo rasgos específicos señalados ya por Guttmann (1978), es decir, una orientación hacia el establecimiento y superación de récords, además de niveles más altos de racionalización, estandarización, secularización, especialización y cuantificación de lo que eran características de sus antecedentes, sino también ciertas características que se interpretan mejor como pruebas de un «proceso civilizador». En este sentido es importante: primero, los conceptos de «juego limpio»; segundo, los controles de la violencia que son potencialmente «civilizadores», aunque puedan infringirse, saltarse o caer en desuso, y tercero, las actitudes y el empleo del espacio y el tiempo propios de la modernidad y que no hubieran sido posibles de no haber sido por la evolución del conocimiento y la tecnología.
Las formulaciones de Brailsford no son sólo cuestionables por lo que se refiere a su conceptualización del equilibrio entre continuidad y cambio en el desarrollo del deporte moderno. Su concepto de tiempo también es discutible. «Es
—dice él— la caída de las barreras del tiempo lo que ha hecho del mundo del deporte moderno una posibilidad. El deporte ha conquistado el calendario que lo confinaba en el pasado, y ahora puede invadir todas las horas del día del año» (Brailsford, 1991: XI). Tal vez Brailsford piense que es metafórico en este pasaje, pero está muy cerca de lo metafisico. Es decir, la implicación de lo que él dice es que no son los seres humanos ios que han dado lugar al mundo del deporte moderno, sino que se ha tratado de un proceso impersonal que ha supuesto «la caída de

4a,reras del tiempo». Hacia la conclusión del libro, Brailsford sugiere en la nla onda que
no puede haber reflexiones fina/es sobre este tema del deporte y el tiempo. No hay una línea esencial que pueda trazarse. E/paso de los años y los siglos seguirá haciendo estragos con sus cambios siempre y cuando los seres humanos sigan jugando. La división de los segundos se volverá más refinada. El tiempo seguirá conquistando la distancia. El deporte creará cada vez más sus propios ámbitos.
(Brailsford, 1991: 161)
Hay implícita una visión de la historia como un progreso inevitable que haque Brailsford crea poder vaticinar el futuro. Sin embargo, para lo que aquí porta, es menos importante que esté recurriendo a un concepto cosificante l tiempo que sirve de traba a una teorización seria de la investigación sobre
>5 procesos implicados en el desarrollo del deporte. Es decir, su modo de conceptualización hace del tiempo algo en sí, y de conceptos temporales como «año» y «siglo», «cosas» o «fuerzas» que actúan. En otras palabras: está personiicando abstracciones igual que los antiguos, por ejemplo, cuando las «acciones Justas se convertían en la diosa Justicia» (Elias, 1992: 42) o cuando los alquimistas decían que «la naturaleza aborrece el vacío». Por tanto, Brailsford hace que el tiempo «conquiste distancias» ylos años y siglos «sigan haciendo estragos con sus cambios». No obstante, el tiempo ylos conceptos temporales no pueden actuar, conquistar ni causar estragos, sólo los seres humanos.
«Tiempo», «año» y «siglo» son símbolos humanos, medios de orientación elaborados por personas a fin de facilitar la comprensión y controlar sus actividades en los mundos físico y social. Este hecho, que en un nivel es relativamente sencillo, suele no ser visto por estudiosos como Brailsford. Están preparados para seguir una tradición histórica de escasa base teórica y poco reflexiva, y por eso suelen usar conceptos populares como «tiempo» en un sentido acrítico. Sin embargo, no son sólo estos historiadores sin base teórica los que se enfrentan con dificultades a este respecto. Los sociólogos de filiación filosófica también topan con ellos. Saquemos a colación lo que Giddens escribió sobre el tema del tiempo:
Como /afinitud de Dasein y la «infinidad del surgimiento de seres de la nada», el tiempo es tal vez e/rasgo más enigmático de la experiencia humana. No por nada [sic] fue e/filósofo Heidegger quien ha tratado de abordar de la forma más fundamental e/problema obligando a usar una terminología de una oscuridad desalentado ra. Sin embargo, e/tiempo ola constitución de la experiencia en elespacio-tiempo también es un rasgo bana/y evidente de la vida diaria de los seres humanos. De algún modo, en la falta de «ajuste» entre los pocos problemas para asumir la continuidad de la conducta en el espacio-tiempo y en su inefable carácter cuando se aborda filosojicamente es donde descansa la verdadera esencia de la desconcertante naturaleza del tiempo.
(Giddens, 1984: 34-35)
Los dos elementos de esta ecuación son problemáticos. El tiempo tal vez sea un «rasgo banal y evidente de la vida diaria de los seres humanos» en el mundo moderno donde hemos heredado un calendario y medios eficaces para medir lo que llamamos «tiempo». Sin embargo, no siempre ha sido así, como Elias pone de manifiesto al escribir que:
Uno se olvida de que durante miles de años los calendarios que usó el hombre causaron problemas unay otra vez, tenían que reformarlosy mejorarlos sin cesar hasta que uno de ellos alcanzó casi la perfección que ha logrado el calendario europeo desde su última reforma.
Lejos de ser «banal y evidente», es este rasgo diario de la vida humana lo que ha hecho que en ocasiones la gente se opusiera a las reformas del calendario porque creían que sus vidas se verían acortadas.
La otra cara de lo que escribió Giddens es problemática porque no parece haber tenido en cuenta la posibilidad de que la «oscuridad desalentadora» de la terminología de Heidegger esté relacionada, no con las propiedades del tiempo per se, sino con el hecho de que (Heidegger) abordase el problema filosóficamente. Éste parece ser el caso, porque, si bien los problemas asociados con el «tiempo» siguen siendo complejos desde la óptica sociológica, no son «desalentadores» ni «oscuros». Al contrario, son perfectamente comprensibles. Desde el punto de vista sociológico, el tiempo es un medio simbólico de orientación mediante el cual los seres humanos se relacionan entre sí con acontecimientos y procesos de distinta naturaleza. Su única realidad es como símbolo social en un universo donde sólo existen procesos naturales —incluyendo los humanos y sociales—, donde, si así se quiere, sólo los acontecimientos y procesos de distinta naturaleza son reales. Ése era, al menos, el punto de vista de Elias, quien los expresó así:
Los hábitos lingüísticos... refuerzan constantemente el mito del tiempo como algo que en cierto grado existe y que puede determinarse o medirse aunque los sentidos no puedan percibirlo. Sobre este modo peculiar de existencia deltiempo sepuedefilosofarsine die, taly como se ha hecho durante szlos. Podemos entretenemos especulando sobre el secreto del tiempo como un maestro de misterio, aunque en realidad no haya misterios.

Fue Einstein quien finalmente puso el sello al descubrimiento de que el tiempo era una forma de relación y no, como creía Newton, un flujo objetivo, una parte de la creación similar a ríos y montañas que, aunque invisible, era como ellos independiente del ser humano que lo medía. Pero ni siquiera Einstein alcanzó suficiente profundidad. Tampoco escapó por completo a la presión del frtichismo lingüístico y a su modo apoyó nuevamente el mito del tiempo cosificado, por ejemplo, al afirmar que bajo ciertas circunstancias el tiempo podía contraerse o expandirse.
(Elias, 1992: 43-44)
Por tanto, procesos y acontecimientos, y no símbolos, son los únicos susntivos; el «tiempo» es un símbolo, no un proceso ni un acontecimiento. Adeís, «cualquier cambio en el “tiempo” [es] un cambio en el “espacio”» (Elias, 1992:
-1OO). No profundizaré aquí en los conceptos de «espacio» y «espacio-tiem,o», excepto para decir que, de la misma forma que la gente de hoy es herede d símbolos y mediciones sobre el tiempo más congruentes con la realidad : los que tenían sus antecesores, también son herederos de un conocimiento niás congruente con la realidad sobre el «espacio», sobre todo con el «espacio local», es decir, la tierra en la que viven. Cuentan con mapas y aparatos mis fiables como brújulas y radares para medir la posición relativa en el «espacio- tiempo», y tienen una importancia considerable para facilitar el desarrollo y el carácter del deporte moderno. En realidad constituyen la sustancia de un deporte, la orientación.
Para la sociología del deporte, la principal relevancia de este argumento es : que esta subdisciplina se preocupa del estudio de acontecimientos y procesos en
el espacio y en el tiempo. Esto significa que la óptica convencional establece que la sociología y la historia son materias separadas, una relacionada con «el presente» y la otra con «el pasado». Si pensamos un momento veremos que esto es así. Las sociedades humanas existen ene! espacio-tiempo, yel tiempo, como dice el antiguo adagio personificador, «nunca se detiene». Esto significa que lo que nosotros llamamos «el presente» es un punto de referencia en constante variación dentro del incesante flujo de procesos y acontecimientos. Lo que era «el presente» cuando empecé a escribir este capítulo ya forma parte del «pasado» al acabarlo. «El presente» es un concepto ambiguo y hay que leerlo con una connotación histórica. De lo cual se deduce que, si hay que aceptar que la sociología es el estudio «del presente», hay que hacer un juicio más o menos arbitrario sobre el pasado reciente. En otras palabras, habría que decidir si este término se refiere, digamos, a las décadas de 1980 y 1990, los años a partir de 1960 o el período posterior a la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, sea cual sea la decisión tomada, cualquier estudio implica por obligación un intento de asumir aspectos del pasado. En resumen, esto lleva inevitablemente a emprender una especie de estudio hist6i0.
A menudo se arguye —por ejemplo, Popper (1957)— que la historia y la sociología de la historia no pueden ser ciencias debido al carácter único y la irrepetibilidad de los acontecimientos sociales. La postura de Elias era distinta. Afirmaba que el carácter único y la irrepetibilidad no son inherentes a los acontecimientos como objetos, independientemente de los valores de la gente que hace tales afirmaciones (Elias, 1983: 9 y sigs.). Al contrario, Elias sugirió que tales ideas reflejan los valores de la gente de las sociedades industriales altamente diferenciadas donde el carácter único individual es muy apreciado. Esto da pie a la aparición de temas complejos. Según Elias, los seres humanos tienen mayor conciencia de la individualidad de sus acciones que ninguna otra especie conocida. Sin embargo, todos los seres humanos son únicos dentro de un patrón recurrente y genéticamente determinado de la especie. Las relaciones sociales de las hormigas y las abejas han permanecido iguales durante miles de años porque dependen de su constitución genética. Como especie, sin embargo, el Horno sapiens es fundamentalmente distinto porque los patrones humanos de organización social dependen del aprendizaje. De ahí que la organización social de los seres humanos se modifique sin que haya cambios biológicos.
Es la dependencia del aprendizaje lo que permite a los seres humanos que tengan «historia» y que cambien y se desarrollen sus sociedades y productos sociales como los deportes. De hecho, Elias sugirió: las secuencias que denotan los términos «evolución biológica», «desarrollo social» e «historia» forman tres estratos distinguibles pero inseparables (1983: 13 y sigs.). El ritmo de cambios en cada uno suele diferir. Por tanto, las configuraciones sociales cambian con mis rapidez que la estructura genética de los organismos biológicos, los seres humanos cambian con más rapidez que las configuraciones. Por ejemplo, la figuración de los tres estamentos «caballeros, sacerdotes y siervos» de la Europa medieval, y la figuración del «obrero, patrón y gerente» de los tiempos más recientes son ejemplos de configuraciones que han durado varias generaciones. Esto es independiente del hecho de que todos y cada uno de los individuos que lo comprenden son, o eran, una variación única e irrepetible del patrón común de la especie y actuaban de forma más o menos diferente, en parte de acuerdo con el nivel de individualización estructuralmente determinado por la fase de desarrollo de la sociedad.
Otra forma de decir esto es afirmar que las configuraciones permiten cierto grado de autonomía relativa a los individuos que las forman. Esto es lo que Durkheim trató de plasmar cuando escribió sobre la imposibilidad de modificar hechos sociales por «un sencillo esfuerzo de la voluntad» (1964: 28). Los deportes modernos parecen tener tal carácter de autonomía relativa, una estructura relativamente estable que los hace comparables a la figuración relativaite duradera de «caballeros, sacerdotes y siervos» de la Edad Media o la fitación actual y también relativamente duradera de «obreros, patrones y gettes».
Al escribir teniendo en mente el deporte moderno, Elias se refirió provisionte a la forma «madura» o menos juiciosamente «definitiva» de los dertes y juegos, una fase de equilibrio dinámico donde siguen produciéndose mbios, pero que por algún tiempo son ligeros y superficiales (Elias, 1986b:
). Tal opinión es una variante de la creencia que tienen muchos escritores iue hablan de temas como la comercialización y comodificación de los depores. Parece que creen voluntariamente que todos los aspectos de la estructura de s deportes están destinados a cambiar al antojo de los empresarios mediante a implicación de los deportes en este proceso, aspectos «estructurales profuns» como las reglas constitutivas, así como aspectos «estructurales superficias» como la planificación y el vestuario.
Mi posición respecto a esta materia es en ciertos aspectos más cercana a la ie Hargreaves (1986). l habla de «la naturaleza del deporte como un medio au:t6nomo de expresión», de la existencia de un «elemento lúdico» que «es irreducible inherentemente a la programación para lograr beneficios y control» (1986: 222). Sin embargo, sólo acepto este razonamiento en un punto. Tal y como lo expresó Hargreaves, parece tener matices esencialistas e implica que hay un «elemento lúdico» inherente al deporte, una suerte de «esencia» o «instinto» que otorga al deporte un grado de autonomía protectora con independencia de sus , localizaciones histórico-sociales, su organización y la socialización, hábitos, relaciones de poder, valores e intereses de la gente implicada. Su posición al respecto parece ser próxima a la de Brailsford. Los sociólogos figuracionales también tienen un concepto de la autonomía del deporte. Sin embargo no es esencialista y subraya la autonomía relativa históricamente variable, y, al contrario
de lo que está implícito en la formulación de Hargreaves, la autonomía no es [ universal ni absoluta. Por encima de todo, los sociólogos figuracionales no intentan negar que ios deportes —o para el caso cualquier otra cosa— puedan programarse para obtener beneficios y control. Al contrario, tratan de explicar lo que ocurre haciendo referencia al cambiante equilibrio de poder entre los grupos implicados en el deporte, los intereses y valores de estos grupos, la localización y forma de integración de los deportes en un marco social más amplio, y el carácter y estructura, por encima de todo la fase de desarrollo, de esta totalidad social más amplia (ver capítulo 5).
Un ingrediente importante de la autonomía, estabilidad y persistencia relativas de los deportes es la estructura «profunda» o básica que se produce y reproduce fundamentalmente con reglas escritas y códigos no escritos. Por ejemplo, el fútbol tal y como se desarrolló en Gran Bretaña durante el siglo XIX tuvo una estructura básica que le permitió extenderse sin cambios básicos por todo el mundo, incluso en contextos culturales que eran muy distintos del lugar de origen. Es una estructura básica que sobrevive a la <(americanización» del juego que fue ejemplificada notablemente junto con la puesta en escena de los mundiales de 1994 en Estados Unidos y los procesos más generales de comercialización y comodificación asociados con la intervención de empresarios. Es discutible que sea esta estructura básica la que interese a los empresarios del fútbol y deportes parecidos. Les interesa porque explica lo que engancha y emociona a millones de personas, lo cual convierte los deportes en un filón explotable comercialmente. Elias comenzó a definir lo que implica una estructura básica como ésta cuando escribió:
En todas sus variedades, el deporte siempre es una batalla controlada en un ámbito imaginario... Tomemos el caso de lfitbool. Es la imaginación humana la que hace que los hombres jueguen con una... pelota —sólo con los pies—y hagan de ella el objeto de una lucha acalorada pero bajo control entre dos grupos humanos. El problema que hay que resolver.., es que el riesgo de sufrir lesiones sea bajo, pero conservando la emoción de la bata1k.. Si el marco de las reglas y las habilidades desarrolladas conszue en la práctica mantener éste y otros equilibrios relacionados, puede decirse que el deporte ha alcanzado la madurez. Las variedades delfootball inglés alcanzaron este grado de equilibrio tras un período de crecimiento y ajustes frncionales, y su concreción final dio a los jugadores la posibilidad recurrente de conseguir que la tensión de una batalla sin violencia durase lo su- fi ciente para pasarlo bien, así como una buena posibilidad de c-ulminary descargar la tensión en sus variantes de victoria o derrota. Si muchos partidos terminan en empate, sin una victoria que resuelva la tensión, es necesario reajustar las reglas del juego. De la misma forma, un juego-deportepuede perder suflínción si, en demasiados casos, la victoria se obtiene con demasiada rapidez. En tal caso, se pierde o se reduce al mínimo el placer de la tensión-emoción. Como otras variedades del deporte-ocio... elfiutbol se halla en una posición precaria entre dos peligros mortales, el aburrimiento y la violencia. Elaspecto dramático de un buen partido defrtbol... tiene algo en común con una buena frnción de teatro. También aquí se concentra durante cierto tiempo una tensión o emoción miméticas placenteras, que llevan a un clímax y, por tanto, a la resolución de la tensión.
(Elias, 1986b: 50-5 1)
Al referirse a que ci deporte se desarrollaba en «ámbitos imaginarios», Elias incurrió en una idea contra la cual luchamos durante la década de 1960, a saber, que los deportes son en cierto sentido «irreales» o «alucinatorios» (Dunning, 1972). Estos ámbitos son más bien «imaginados» que «imaginarios».

rte de esto, este pasaje es revelador sobre la autonomía relativa y «madurez» los deportes. Emplearé algunas ideas de Elias para estudiar otros aspectos del oceso social imprevisto durante el cual surgieron los deportes modernos en iflas más «maduras».
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