Resumen ¿Tiene la mente algún poder sobre la materia? ¿Es posible que nuestros pensamientos, nuestros deseos y oraciones puedan producir cambios objetivos en el mundo?




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títuloResumen ¿Tiene la mente algún poder sobre la materia? ¿Es posible que nuestros pensamientos, nuestros deseos y oraciones puedan producir cambios objetivos en el mundo?
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fecha de publicación05.01.2016
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pensar en hacerlo, los ensayos mentales son tan buenos para crear una vía como la práctica física. Los nervios y los músculos crean una vía tan sólida como la creada mediante la práctica repetida.

Sin embargo, hay algunas diferencias importantes entre la prácti­ca física y la mental. Con la primera, cuando practicas demasiado, te cansas, y el cansancio causa interferencias eléctricas y bloqueos en las vías. Con la intención mental nunca se producen bloqueos, no impor­ta lo mucho que practiques en tu cabeza.

La otra diferencia se refiere al tamaño del efecto; el patrón neu­romuscular creado por la práctica mental puede ser levemente más pequeño que el de la física. Aunque ambos tipos de práctica crean los mismos patrones musculares, las actuaciones imaginarias tienen una magnitud menor.2

Para producir algún beneficio, los ensayos mentales han de repro­ducir la situación real -a velocidad normal-. Aunque podría parecer lógico que un ensayo funcionara mejor a cámara lenta, prestando una atención especial a determinados movimientos, esto no ha sido con­firmado por las investigaciones. Cuando los esquiadores monitorizados con EMG imaginaron su actuación a cámara lenta, produjeron un patrón muscular de respuesta disunto al originado por la realización de la actividad a velocidad normal. De hecho, la actividad cerebromuscular al ensayar la actividad a cámara lenta es idéntica al patrón cerebromuscular que se produce cuando se esquía realmente en cáma­ra lenta. Esto coincide con lo que los científicos saben de los patrones neurales implicados en los movimientos a cámara lenta, en compara­ción con los realizados a velocidades normales. La misma tarea en cámara lenta ocasiona patrones neuromusculares totalmente distintos a los que tienen lugar cuando la tarea se lleva a cabo a velocidad normal.28

No existe nada parecido al entrenamiento cruzado en los ensayos mentales; la intención sólo sirve para el tipo de especialidad deportiva que se está ensayando mentalmente y no es transferible a otros depor­tes, ni siquiera a aquellos en que se ejercitan los mismos grupos mus­culares. Esto quedó patente en un fascinante estudio realizado con velocistas. Los investigadores dividieron a los corredores en cuatro gru­pos y pidieron a los miembros de cada uno de ellos que siguiesen uno de los cuatro tipos de preparación siguientes: imaginarse en un sprint de 40 metros, realizar un entrenamiento de potencia en una bicicleta estática, combinar la visualización con el entrenamiento de potencia o, en el caso del grupo de control, no hacer nada en absoluto. Después de seis semanas de entrenamiento, los deportistas realizaron dos prue­bas: pedalear lo más rápido posible mientras su esfuerzo era registrado por un cicloergómetro, que mide la potencia del pedaleo, y correr un sprint de 40 metros. Las dos actividades requieren más o menos idén­tica capacidad motora y trabajan los mismos músculos de las piernas.

En la prueba de ciclismo, los deportistas que presentaron mejoras fueron los que habían realizado únicamente el entrenamiento de potencia. Sin embargo, en el caso del sprint, los únicos deportistas que mejoraron fueron los que lo habían practicado mentalmente. La visua­lización detallada mejoró únicamente aquella tarea específica que había sido imaginada. No sirvió para el desarrollo muscular general. El entrena­miento neuromotor era altamente específico, y afectaba tan sólo a la acción visualizada en la mente.29

Además de mejorar el desempeño deportivo, la intención mental puede producir cambios fisiológicos reales, y no sólo en los cuerpos de los deportistas. Guang Yue, psicólogo deportivo de la Fundación de la Clínica Cleveland, en Ohio, efectuó investigaciones en las que compa­raba a los participantes que iban al gimnasio con los que realizaban una sesión de pesas virtual en su cabeza. Los que iban regularmente al gimnasio aumentaron su fuerza muscular en un 30%. Pero los que se quedaron sentados en su casa y realizaron un ensayo mental de la sesión de pesas también consiguieron aumentar su fuerza, y nada menos que en casi un 15%.

Voluntarios de entre veinte y treinta y cinco años imaginaron que estaban flexionando sus bíceps con todas sus fuerzas durante sesiones diarias de entrenamiento realizadas cinco veces por semana. Después de asegurarse de que los participantes no hicieran ningún ejercicio real, incluido el mero hecho de tensar los músculos, los investigadores com­probaron un asombroso aumento de un 13,5% en el tamaño muscu­lar y la fuerza después de sólo unas pocas semanas, una ventaja que se prolongó durante tres meses después de que el entrenamiento mental hubiese terminado.™

En 1997, el doctor David Smith, del Chester College, obtuvo resultados similares: los participantes que iban al gimnasio aumenta­ron su fuerza en un 30%, mientras que los que realizaron una sesión imaginaria lograron un incremento de un 16%.31 El puro pensamien­to dirigido puede proporcionarte una congestión muscular casi tan buena como una sesión de pesas real.

Pensar en cambiar un aspecto del cuerpo de otras maneras tam­bién puede funcionar -y puede resultar reconfortante para todos los que no estén satisfechos con la forma de su cuerpo-. Un estudio demos­tró que, bajo hipnosis, las mujeres podían aumentar las dimensiones de sus senos simplemente visualizándose a sí mismas en la playa con los rayos del sol calentándoles el pecho.32

Estas vividas técnicas de visualización usadas por los deportistas también son muy eficaces en el tratamiento de las enfermedades. Mediante el uso de imágenes mentales o representaciones metafóricas de sus cuerpos luchando contra la enfermedad, los pacientes han potenciado el tratamiento de una serie de afecciones agudas y crónicas, desde las enfermedades coronarias33 y la tensión arterial alta hasta el dolor lumbar y los trastornos musculoesqueléticos,34 incluida la fibromi algia/* La visualización también ha mejorado los resultados posoperatorios,3'' ayudado en la gesuón del dolor37 y minimizado los efec­tos secundarios de la quimioterapia.38

De hecho, se ha predicho el resultado de la enfermedad de un paciente al examinar los tipos de visualización usados para combatir­la. La psicóloga Jeanne Achterberg, que se curó a sí misma de un tipo raro de cáncer en el ojo mediante la visualización, estudió a un grupo de pacientes de cáncer que estaba usando la visualización para comba­tir su enfermedad. Achterberg predijo con una precisión del 93% qué pacientes experimentarían una recuperación total y qué pacientes empeorarían o morirían. Y lo hizo simplemente examinando y eva­luando sus visualizaciones. Los pacientes que tuvieron éxito tenían una mayor capacidad para visualizar vividamente, con imágenes y símbo­los poderosos, y podían mantener una clara intención visual en la que se imaginaban a sí mismos derrotando al cáncer y el éxito del trata­miento médico. Los pacientes exitosos también practicaban regular­mente sus visualizaciones.39

Si el cerebro no puede distinguir entre un pensamiento y una acción, ¿seguiría el cuerpo cualquier tipo de instrucciones mentales? Si le envío a mi cuerpo una intención mental para calmarlo o acelerarlo, ¿me escuchará necesariamente? La literatura sobre el hiofeedbacky la medicina mente-cuerpo indica que sí. En 1961, Neal Miller, neurocientífico dd comportamiento de la Universidad de Yale, fue el primero en proponer

que se puede enseñar a la gente a influir mentalmente sobre su siste­ma nervioso autónomo y controlar mecanismos como la presión san­guínea y las evacuaciones intestinales, más o menos de la misma forma que un niño aprende a montar en bicicleta. Realizó una serie de extra­ordinarios experimentos de condicionamiento y recompensa con rato­nes. Miller descubrió que si estimulaba el centro del placer en el cere­bro, sus ratones podían ser adiestrados para reducir a voluntad su fre­cuencia cardíaca, controlar el ritmo al que la orina llena los ríñones e incluso producir distintas dilataciones en los vasos sanguíneos de cada oreja.40 Si animales relativamente simples como los ratones podían lograr este increíble nivel de control interno, pensó Miller, ¿no po­drían los seres humanos, con su mayor inteligencia, regular muchos otros procesos corporales?

Después de estas revelaciones iniciales, muchos científicos descu­brieron que la información sobre el sistema nervioso autónomo podía ser retroalimentada como biofeedback para determinar con precisión el lugar al que la persona debería enviar la intención. En la década de los sesenta, John Basmajian, profesor de medicina de la Universidad McMaster, en Ontario, y especialista en rehabilitación, comenzó a enseñar a la gente con lesiones en la médula espinal a usar la retroalimentación EMG para recobrar el control sobre células individuales de la médula espinal.4' Más o menos en la misma época, el psicólogo Elmer Green, del Instituto Menninger, creó un método de biofeedback para tratar la migraña después de descubrir que un paciente suyo con esta dolencia podía hacer desaparecer sus dolores de cabeza mediante una determinada técnica de relajación. Luego Green comenzó a usar el biofeedback para ayudar a los pacientes a curarse de la migraña, y hoy en día su sistema es una forma aceptada de terapia.42 El biofeedback es especialmente útil en el tratamiento de la enfermedad de Raynaud, un trastorno vascular en que los vasos sanguíneos se contraen cuando hace frío, causando que las extremidades se enfríen, y se pongan páli­das e incluso azules.43

Durante un tratamiento de biofeedback, el paciente es conectado a un ordenador. Sensores colocados en distintas partes de su cuerpo envían la información a una pantalla que registra la actividad del sis­tema nervioso autónomo, como las ondas cerebrales, la presión san­guínea, la frecuencia cardíaca y las contracciones musculares. La información visual o de audio que recibe el paciente depende de su afección; en el caso de la enfermedad de Raynaud, apenas se contraen las arterias de las manos, las máquinas registran una caída de la tem­peratura de la piel y entonces se enciende una luz o se emite una señal acústica. Esta retroalimentación (feedback) insta al paciente a enviar una intención a su cuerpo para corregir la situación —en el caso de la enfer­medad de Raynaud, manda una intención para calentar sus manos-

Desde entonces, el biofeedback se ha convertido en una terapia bien establecida para el tratamiento de prácticamente todas las enfermeda­des crónicas, desde el síndrome por déficit de atención e hiperactividad hasta los sofocos de la menopausia. Los pacientes que han sufrido un infarto o una lesión de la médula espinal hoy en día usan el biofe­edback para rehabilitar o recuperar la función de sus músculos parali­zados. Esta técnica ha demostrado ser muy útil para eliminar el dolor en el miembro fantasma.44 Incluso los astronautas han usado el biofe­edback para curar el mareo en sus viajes espaciales.43

La visión más convencional del biofeedback sostiene que tiene algo que ver con la relajación —aprender a calmar las respuestas de lucha o huida de nuestro sistema nervioso autónomo-. Sin embargo, la enor­me amplitud de este control tiende a indicar que este mecanismo tiene más que ver con el poder de la intención. Prácticamente todos los pro­cesos medibles por una máquina —incluso el control de una célula muscular por parte de una sola célula nerviosa— parecen estar dentro del control de un individuo. Los voluntarios en algunos experimentos han logrado un total dominio mental sobre la temperatura de sus cuer­pos,46 e incluso sobre la dirección del flujo sanguíneo hacia el cerebro.47 Como el biofeedback, el entrenamiento autogénico, la técnica desa­rrollada por el psiquiatra alemán Johannes Schultz para relajar el cuerpo y hacer más lenta la respiración y la frecuencia cardíaca, también demuestra que una gran variedad de funciones corporales se halla bajo nuestro control consciente. Aquellos que practican esta técnica son capaces de bajar la presión sanguínea, aumentar la temperatura de las extremidades, y ralentizar la frecuencia cardíaca y la respiración. El entrenamiento autogénico también ha sido usado para tratar muchos trastornos crónicos además del estrés, como el asma, la gastrids, las úlceras, la presión sanguínea alta y los problemas de la tiroides.48 Incluso hay pruebas de que puede funcionar eficazmente en grupos.^

Para un gato, el nirvana es el tazón de comida que está a la vuel­ta de la esquina. El doctor Jaak Panksepp, profesor emérito de psico­logía de la Universidad Bowling Green, teoriza que esta alegría antici­pada tiene que ver con el estado de «deseo» del cerebro —una de las cinco emociones primitivas que los humanos comparten con los miembros del reino animal-."0 El deseo ayuda a los animales a inves­tigar y descifrar el significado de su entorno. Los circuitos del deseo están plenamente activados cuando un animal está experimentando anticipación, interés o curiosidad. Panksepp se sorprendió al descubrir que la parte emocionalmente más atrayente para el animal es la caza y no la captura.51

Cuando los animales sienten curiosidad, el hipotálamo se activa y se produce dopamina, un neurotransmisor que produce una sensa­ción de bienestar. Los científicos solían creer que era la sustancia en sí la que producía el placer, hasta que se descubrió que el verdadero propósito de la sustancia es el de activar una determinada vía neural. Lo que hace que uno se sienta bien es la activación de la zona del cere­bro encargada del deseo.

Hace cuarenta años, Barry Sterman, profesor emérito de los departamentos de Neurobiología y Psiquiatría del Comportamiento Biológico de la Universidad de California, en Los Ángeles, descubrió accidentalmente que esta emoción anticipadora ponía a los gatos en un estado meditativo: sus cerebros se ralentizaban hasta alcanzar un ritmo EEG de 3-13 hercios (que corresponde a las frecuencias alfa en los humanos) cuando estaban a punto de recibir su recompensa.52 Finalmente, consiguió que los gatos recrearan este estado a voluntad, y no simplemente cuando estaban a la espera de comida. Esto significa­ba que los animales podían controlar sus propias ondas cerebrales.

Pero ¿podría un ser humano hacer lo mismo? Para comprobarlo, Sterman necesitaba hacer una prueba con alguien cuyas ondas cere­brales estuviesen en niveles tan fuera de lo normal que cualquier cam­bio se notaría inmediatamente. Encontró una mujer con ataques de epilepsia periódicos causados por la producción de ondas cerebrales theta en momentos inadecuados. Sterman construyó una máquina de biofeedback EEG que encendiera una luz roja cuando surgiera una onda theta v una luz verde durante los estados alfa. Después de un rato, su paciente fue capaz de cambiar su estado a voluntad, y reducir la canti­dad y la intensidad de sus ataques epilépticos. Sterman dedicó los diez años siguientes de su vida a estudiar a los epilépticos y a enseñarles cómo podían reducir la intensidad de sus propios ataques.

En la década de los ochenta, dos psicólogos estadounidenses, Eugene Peniston y Paul Kulkosky, utilizaron los resultados de Sterman para reformar a los alcohólicos. Conectados a sus aparatos de biofeed­back, los alcohólicos se concentraron en disminuir la cantidad de ondas cerebrales beta, que tienden a predominar cuando sientes ansias de beber, y en aumentar las ondas alfa y theta, que te ayudan a relajarte y a hacer más coherentes tus ondas cerebrales. Un 80% de los alcohó­licos fueron capaces de controlar sus ansias y mantenerse alejados del alcohol. El adiestramiento también parecía afectar a la composición química de la sangre, ya que aumentaba los niveles de beta-endorfinas, otra sustancia química cerebral que produce una sensación de bienes­tar. El biofeedback, en conjunción con una terapia de autoestima, acabó eliminando la mayor parte de su comportamiento disfuncional y los convirtió en mejores personas.54

Joe Kamiya, psicólogo de la Universidad de Chicago, demostró la asombrosa especificidad del biofeedback de las ondas cerebrales mediante unas extraordinarias investigaciones sobre el cerebro. Conectó unos electrodos EBG a la parte posterior del cráneo de varios voluntarios, la zona del cerebro en que las ondas cerebrales son más prominentes. Cuando se producía una señal sonora, los participantes tenían que adi­vinar si sus ondas cerebrales eran predominantemente alfa. Después de comparar sus respuestas con la información registrada por las máqui­nas EEG, Kamiya les hizo saber si tenían razón o se habían equivoca­do. Al segundo día, uno de los participantes fue capaz de acertar un 66% de las veces, y dos días después, pudo hacerlo prácticamente todo el tiempo. Otro participante descubrió una forma de entrar a volun­tad en un determinado estado de ondas cerebrales."

El biofeedback EBG se ha convertido hoy en día en un sofisticado medio para controlar el tipo de frecuencias emitidas por el cerebro. Funciona especialmente bien con los pacientes de traumas que tienen depresión,'6 ayuda a los estudiantes a concentrarse y aumenta la creati­vidad. Es muy posible que, onda a onda, podamos usar la intención para controlar el cerebro.

La hipnosis es también un tipo de intención —una instrucción dirigida al cerebro durante un estado alterado de conciencia— Los hip­notizadores demuestran continuamente que el cerebro o el cuerpo es afectado por el poder del pensamiento dirigido.

Un pequeño grupo de gente con una misteriosa enfermedad con­gènita de la piel llamada eritroderma ictiosiforme nos proporciona un impresionante ejemplo del poder de la sugestión mental. En un expe­rimento, cinco pacientes fueron hipnotizados y se les pidió que se con­centraran en una parte de su cuerpo y visualizaran que su piel había vuelto a su estado normal. Después de sólo unas pocas semanas, el 80% de la superficie del cuerpo de los pacientes se había curado por completo. La piel quedó lisa y limpia/7

Por medio de la intención hipnótica, los pacientes que se van a someter a una cirugía de la médula espinal han reducido su pérdida de sangre en casi un 50% simplemente alejando el flujo sanguíneo de la zona que se iba a operar.58 Las mujeres embarazadas han podido modi­ficar la posición podálica del feto, las víctimas de quemaduras han ace­lerado su cicatrización y la gente con hemorragias en el tracto gas­trointestinal ha controlado la hemorragia.^ Está claro que durante un estado alterado de conciencia, un estado similar al de la intensa medi­tación, el pensamiento consciente puede convencer al cuerpo para que resista el dolor, cure muchas enfermedades graves y modifique prácti­camente cualquier dolencia.

El doctor Ángel Escudero, cirujano de Valencia, España, ha reali­zado más de 900 complejas cirugías sin anestesia. Las cámaras de la BBC entraron en su quirófano y filmaron a una mujer a la que estaba operando sin anestesia. Todo lo que tuvo que hacer fue mantener la boca llena de saliva y repetir continuamente: «Mi pierna está aneste­siada». Una afirmación como ésta es otra forma de intención. Una boca seca es una de las primeras señales de advertencia enviadas por la mente. Cuando la boca está bien lubricada, el cerebro se relaja, da por hecho que todo está bien y desactiva sus receptores del dolor, seguro de que se ha administrado un anestésico/'"

Un fascinante estudio realizado por David Spiegel, profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento de la Universidad de Stanford, nos da una idea de lo que le sucede al cerebro cuando se envía una intención en un estado de hipnosis. Se mostró a los participantes un cuadro con rectángulos de colores, parecido a un Mondrian, y se les pidió que imaginaran que el color desaparecía del cuadro, dejando sólo el blanco y el negro. Mediante el uso de tomografías por emisión de positrones, que registran la actividad física del cerebro, Spiegd mostró que el flujo sanguíneo y la actividad disminuían sensiblemen­te en la parte del cerebro encargada de la percepción del color, mien­tras que las zonas que procesan las imágenes blancas, negras y grises eran estimuladas.

Cuando el experimento se invirtió, y se pidió a los participantes que imaginaran las imágenes grises tomando color, se registraron cam­bios inversos en los patrones de percepción cerebral.01

Esto ilustra otro caso en que el cerebro es el sirviente de los pen­samientos. La corteza visual del cerebro, la zona responsable del pro­cesamiento de las imágenes, no pudo distinguir entre una imagen real y una imaginaria. Las instrucciones mentales fueron más importantes que la imagen visual real.

El efecto placebo ha demostrado que las creencias son poderosas, incluso cuando la creencia es falsa. El placebo es una forma de inten­ción -en este caso, un truco de la intención-. Cuando un médico da a un paciente un placebo, o una pildora de azúcar, está contando con la creencia del paciente de que el medicamento va a funcionar. El hecho de que una creencia en un placebo produzca los mismos efectos fisiológicos que un agente activo es algo que está bien documentado -hasta tal punto que esto causa grandes problemas a la industria far­macéutica a la hora de diseñar las pruebas para los medicamentos—. Hay tantos pacientes que presentan el mismo alivio y los mismos efec­tos secundarios con un placebo que con el propio medicamento que el placebo no puede funcionar como un verdadero control. Nuestros cuerpos no distinguen entre un proceso químico y el pensamiento de un proceso químico. De hecho, en un reciente análisis de 46 000 pacien­tes con problemas de corazón, la mitad de los cuales estaba tomando un placebo, se dio un resultado asombroso: a los que tomaron el pla­cebo les fue igual de bien que a los que tomaron el medicamento para el corazón. El único factor que determinaba la supervivencia parecía ser la creencia de que la terapia fuera a funcionar y una voluntad para seguirla religiosamente. A los que siguieron al pie de la letra las órde­nes del médico de ingerir sus pastillas tres veces al día les fue igual de bien tanto si tomaron el medicamento auténtico como una simple pil­dora de azúcar. Los pacientes con peor tasa de supervivencia fueron aquellos que habían sido poco estrictos con su régimen, independien­temente de que tomaran el placebo o el medicamento.62

El poder del placebo quedó claramente demostrado en un estudio realizado con pacientes que tenían la enfermedad de Parkinson, un trastorno del sistema motor en que falla el sistema corporal que libera el neurotransmisor dopamina. El tratamiento normal de esta enfer­medad consiste en la administración de una forma sintética de dopa­mina. En un estudio realizado por la Universidad de Bridsh Columbia, un equipo de médicos demostró mediante una tomografía por emisión de positrones que cuando a los pacientes a los que se había dado un placebo se les decía que habían recibido dopamina, sus cere­bros aumentaban sustancialmente la liberación de este neurotransmisor.63 En otro impresionante ejemplo, el doctor Bruce Moseley, espe­cialista en cirugía ortopédica del Hospital Metodista de Houston, reclutó a 150 pacientes con osteoartrids severa de la rodilla y los divi­dió en tres grupos. Dos tercios fueron sometidos a o bien una artroscopia de limpieza o a otra forma de desbridamiento. Al tercer grupo se le realizó un simulacro de cirugía: los pacientes fueron preparados, anestesiados y llevados al quirófano. Se les hizo una incisión en la rodi­lla pero no se llevó a cabo ninguna cirugía.

A lo largo de los dos años siguientes, durante los cuales ninguno de los pacientes supo quién había recibido el tratamiento de placebo y quién había sido operado, los tres grupos afirmaron haber experimen­tado una leve mejoría tanto en la función como en el dolor. De hecho, el grupo del placebo obtuvo mejores resultados que algunas personas que habían sido operadas.64 La expectativa mental de la curación fue suficiente para activar los mecanismos curativos del cuerpo. La inten­ción, suscitada por la expectativa de una operación exitosa, produjo el cambio físico.

Casos extremos de intención y expectativa también pueden mani­festarse físicamente. El fenómeno de los estigmas, en los que el fervor religioso produce sangre, magulladuras, o heridas en las manos, pies o costados que semejan las heridas de Cristo durante su crucifixión, son una forma de intención. La Asociación para el Estudio Científico de los Fenómenos Anómalos ha registrado al menos 350 casos de estig­mas debidos a la identificación con Cristo. Stanley Krippner, psicólogo de la Universidad Saybrook, y sus colegas presenciaron esto de prime­ra mano con el médium brasileño Amyr Amiden. Apenas la conversa­ción tocó el tema de Jesucristo, aparecieron manchas rojas y gotas de sangre en el dorso y en la palma de las manos de Amiden, y también en su frente/'5 Durante las tres semanas anteriores al domingo de Pascua, se produjo una situación similar con una niña negra pertene­ciente a la religión bautista a la que había conmovido profundamente una película sobre la crucifixión y que había quedado muy preocupa­da por el sufrimiento de Cristo. La palma de su mano izquierda san­graba entre dos y seis veces al día.66 Krippner conocía también a tres anglicanos que desarrollaban estigmas regularmente.67

Los casos de curaciones espontáneas son un ejemplo de extrema intención que revierte un proceso de muerte casi segura. La gente que sufre lo que se considera una enfermedad terminal desafía la descrip­ción oficial del avance de su enfermedad y el pronóstico de sus médi­cos, y consigue derrotarla prácticamente de la noche a la mañana, sin la ayuda de los medios de la medicina moderna.

El Instituto de Ciencias Noéticas ha recopilado todos los casos científicamente registrados de las llamadas curaciones milagrosas.68 Aunque la opinión generalizada es que estos casos son poco comunes, un examen de la literatura médica resulta instructivo. Uno de cada ocho cánceres de piel se cura espontáneamente, y lo mismo sucede con casi uno de cada cinco cánceres genitourinarios. Prácticamente, en todas las enfermedades, incluida la diabetes, la enfermedad de Addison y la ateroesclerosis, en las que supuestamente han quedado irrepara­blemente dañados órganos o partes vitales, se han dado casos de cura­ciones espontáneas.69 También hay algunas investigaciones sobre pacientes terminales de cáncer que con muy poca o ninguna interven­ción médica acaban superando las expectativas.

Aunque estos casos son considerados ejemplos de «remisión es­pontánea», como si la enfermedad hubiese decidido de repente escon­derse pero pudiese volver a atacar en cualquier momento, en muchos casos representan otro ejemplo de la capacidad de autocorrección del cuerpo mediante el poder de la intención. Los casos de remisión espontánea presentan una situación en que la gente se enfrenta a un gran obstáculo en su vida: estrés crónico, trauma no resuelto, hostili­dad prolongada, aislamiento, profunda insatisfacción o callada deses­peración.70 Estos casos presentan a gente que ha perdido el papel de protagonista en el propio drama de su vida.71

Muchos casos de remisión espontánea parecen suceder después de que la persona sufre un profundo cambio psicológico, y recrea su vida para que tenga sentido y sea provechosa. En estos casos, el paciente se libera de la fuente de su malestar psicológico72 y se responsabiliza ple­namente de su enfermedad y de su tratamiento.73 Esto parece sugerir que algunas personas caen enfermas porque pierden toda esperanza de que la vida pueda ser buena algún día. Es decir, caen enfermas porque tie­nen los pensamientos erróneos. Estos casos de remisión espontánea me sugieren que los pensamientos casuales que fluyen por nuestra mente cada día se convierten en nuestra intención de vida.

Podemos usar la intención para controlar prácticamente cual­quier proceso corporal y tal vez incluso las enfermedades que ponen en peligro la vida. Pero ¿pueden nuestros pensamientos sobre los demás ser tan potentes como aquéllos sobre nosotros mismos?

El psicólogo William Braud es uno de los pocos científicos que han examinado este tema. Braud reunió a un grupo de voluntarios y les pidió que realizaran un biofeedback entre ellos. Después de empare­jar a los componentes del grupo, conectó a un miembro de cada pare­ja a una máquina de biofeedback, y luego pidió al otro miembro que res­pondiera a los resultados y llevara a cabo el envío de instrucciones mentales. Según las pruebas de Braud, los resultados eran equivalentes a los que se producían cuando los pacientes usaban el biofeedback con sus propios cuerpos. Las buenas intenciones de otro hacia ti pueden ser tan poderosas como las tuyas propias.74

Los otros estudios de Braud también sugieren que cuanto más «ordenados» sean nuestros pensamientos, más podremos influir sobre los de los demás para hacerlos también más «ordenados». Por ejemplo, en sus experimentos, la gente tranquila fue la que más éxito tuvo a la hora de enviar influencia mental para calmar a la nerviosa, y la gente con buena capacidad de concentración fue la que más ayudó a con­centrarse a la distraída.75 H trabajo de Braud también sugiere que los mayores efectos se producen cuando la persona está más necesitada de ayuda.6

Los datos científicos también demuestran que podemos afectar prácticamente a cualquier ser vivo. La gran cantidad de datos sobre la curación reunidos por el doctor Daniel Benor muestra que los pensa­mientos pueden ejercer un poderoso efecto sobre variedad de plantas, semillas, organismos unicelulares como las bacterias, hongos, insectos y otros pequeños animales.77 Recientemente, una serie de experimentos a doble ciego realizados a lo largo de dos años por la doctora Serena Roney-Dougal en Somerset mostró que las semillas de lechuga a las que se envió intención rindieron un 10% más que las convencionales, y con un número significativamente menor de enfermedades producidas por hongos.78

Las pruebas me convencieron de que podemos mejorar nuestra salud y nuestro desempeño en cualquier aspecto de nuestras vidas mediante el uso consciente de la intención. La intención debería ser un objetivo o meta específico que tienes que visualizar en tu mente como si ya hubiese sucedido mientras te encuentras en un estado de total concentración e hiperconciencia. Cuando imagines este acontecimien­to futuro, imagínalo como si fuese algo que estuviese ocurriendo en ese preciso instante. Usa los cinco sentidos para visualizarlo con todo detalle. La parte fundamental de esta imagen mental debería ser el momento en que alcanzas tu objetivo.

Un médico puede mejorar la tasa de supervivencia de sus pacien­tes no dando nunca un diagnóstico negativo. 9 Un cirujano pudo mejorar la recuperación de sus pacientes ensayando mentalmente la cirugía antes de entrar en el quirófano. De hecho, es posible que ya no necesitemos medicamentos, sino simplemente buenas intenciones. Dado que se ha demostrado que la intención afecta a la química de nuestros cuerpos, deberíamos ser capaces de acelerar, ralentizar o mejo­rar cualquier proceso fisiológico. Podríamos desarrollar muchos más medicamentos revolucionarios dirigiendo mentalmente su eficacia y minimizando sus efectos secundarios.

Podríamos elevar la calidad de nuestras tareas diarias simplemen­te realizando un detallado ensayo mental. En casa, podríamos enviar buenas intenciones a nuestros hijos para que les vaya mejor en la escue­la o sean más bondadosos con sus amigos. La intención humana podría ser lo suficientemente poderosa como para influir sobre todos los aspectos de nuestras vidas.

Todas estas posibilidades sugieren que tenemos una enorme res­ponsabilidad a la hora de generar nuestros pensamientos. Cada uno de nosotros es un Frankenstein en potencia, con un extraordinario poder para afectar al mundo vivo que nos rodea. ¿Cuántos de nosotros, des­pués de todo, enviamos especialmente pensamientos positivos?
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