Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía




descargar 0.53 Mb.
títuloTrabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía
página6/13
fecha de publicación11.03.2016
tamaño0.53 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Derecho > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   13
2.3 El camino de la pregunta por la esencia de la técnica

Estamos tratando de pensar sobre la esencia de la técnica, en el ámbito de lo que no se ha pensado todavía, que es lo que más da qué pensar, como lo dice Heidegger en ¿Qué significa pensar? Estos ámbitos de la ciencia y de la técnica han sido tratados por él ampliamente pues, además de su trabajo como filósofo, tuvo que hacerlo en su paso por la universidad, previniendo, con mucha cautela, los peligros de un mal entendimiento de sus planteamientos sobre la ciencia. Es como si percibiera que al hacerlo pudiera entrar en terrenos pantanosos y ser mal interpretado: "En cambio, cuando se establece una distinción y una separación entre el pensar y la ciencia, eso se considera de inmediato como una degradación de la ciencia. E incluso se teme que el pensamiento inicie las hostilidades contra la ciencia y perturbe la seriedad y el agrado en el trabajo científico" (Heidegger, 2008, 76).

Pareciera querer excusarse, de antemano, con los científicos y anunciar que sus críticas no desean enlodarlos. Continúa diciendo "por razones de tacto habría que evitarse aquí una polémica" (2008, 76) y, a continuación, remata aclarando que los pensadores no son contradictores sino que ellos sólo piensan en favor de una única cosa. "Todo hablar a la defensiva sólo tiene aquí el sentido de proteger una cosa" (2008, 76). Esto es un preámbulo para hablar de las ciencias, pero no de ellas en sí sino de su esencia. Insiste en que ellas son algo positivo, pero no como se tiende hoy a representar su esencia en las universidades. Las ciencias, dice, pertenecen al ámbito de la esencia de la técnica y aclara que se refiere a la esencia de la técnica, no a la técnica como tal. Insiste en que esta esencia permanece en la niebla, pero que hay un camino que recorrer en ese aprendizaje a pensar, orientado a poner en correspondencia la acción, la praxis, con lo esencial es decir con lo que se nos es donado.

Esta idea de una esencia rodeada de niebla hace pensar en la presencia oculta de algo de lo que sabemos que está ahí, que percibimos su presencia, pero que no podemos determinar de qué se trata mientras no la desocultemos para que florezca la verdad de su ser. Hans-Georg Gadamer (1900-2002) señala cómo Heidegger se separa del principio de la percepción clara y distinta del ego cogito de Descartes. Lo hace refiriendo a la anécdota en la que Heidegger en una clase en Friburgo se remite a “la brumosidad (Diesigkeit) de la vida” (Gadamer, 2002, 69). En medio de esta brumosidad sobreviene el juego de aquello que se oculta pero que al mismo tiempo aparece, no desde un punto de vista material o visual, sino desde la perspectiva del conocimiento. La única manera de evitar su hundimiento es a través de los esfuerzos para entender el concepto que desoculta la verdad, la aletheia: “[...] la verdad está abierta a la luz del día [...] hay que arrancarla al ocultamiento como un robo [...] la verdad está siempre en peligro de volver a hundirse en la oscuridad, y el esfuerzo del concepto debe apuntar a preservar lo verdadero de este sumergirse, pensando incluso, este sumergirse aún como un acontecer de la verdad” (Gadamer, 2002, 69).

Esta visión de lo brumoso nace desde nosotros mismos que nos vemos enfrentados, en ocasiones, a otros que también son dueños de su propia conciencia. Gadamer reconoce la dificultad hermenéutica del dialogo con otros y del peligro de que nuestros pensamientos y presuposiciones sucumban:

Por esto no podemos ocultarnos lo difícil y lo imprescindible que es vivir en el diálogo. No buscamos el diálogo para entender mejor al otro. Más bien somos nosotros mismos los que estamos amenazados por el anquilosamiento de nuestros conceptos cuando queremos decir algo esperando que el otro nos reciba [...] queda claro en todo caso que el habla misma es una forma de vida que es brumosa como la vida y que también se vuelve a rodear de niebla una y otra vez. Así, nos movemos una y otra vez sólo durante un rato en un claro en medio de la niebla que nos rodea nuevamente cuando buscamos la palabra adecuada. Se vive con más facilidad cuando todo va según los propios deseos (2002, 367-368).

Traemos aquí la sugestiva referencia en ¿Qué significa pensar? sobre el aprendiz de carpintero que en su trabajo desoculta la verdad de su obra pero que hay quienes lo hacen por caminos diferentes. Uno de ellos usará las herramientas y sólo verá en las formas de su trabajo, lo material; este carpintero solo realiza un trabajo, una labor. El otro es aquel que en cambio se pone en correspondencia con la madera, con su esencia en el habitar del hombre. En Construir, habitar, pensar define la diferencia entre construir y habitar, lo cual va en el mismo camino de lo que estamos exponiendo. Hay una diferencia entre hacer un simple trabajo como carpintero a hacerlo entrando en relación con la esencia de la madera lo que determina el hacer una obra de arte, no un simple trabajo. Eso mismo sucede en el uso del lenguaje en el ámbito del poetizar, aspecto de la metafísica que Heidegger no olvida.

La presencia de un aprendiz sugiere la existencia de un maestro que es el que asume los riesgos que trae enseñar a pensar y enseñar a aprender. También la acción del maestro tiene una esencia que sí se desoculta, su autoridad no será puesta en duda y no hará falta asumir posiciones autoritarias para ser lo que es: un maestro. Sloterdijk se ocupa de rescatar la identidad de estos maestros artesanos que hacen su trabajo bajo sistemas de adiestramiento, en su libro Has de

cambiar tu vida. Allí hace una referencia directa a los artesanos y a los maestros, razón por la cual traemos aquí sus consideraciones en las que eleva estas tareas humanas al nivel de los actos de los héroes. Se ayuda de Richard Sennett que quiso liberar a las artesanías del desprecio dándoles su puesto como comportamiento político. El análisis de Sloterdijk se centra en la respetabilidad que merece la actividad humana que no por ser repetitiva o no engalanarse con el hábito de la originalidad debe despreciarse. Al contrario, Sloterdijk, consistente con sus ideas sobre la antropotécnica, considera que esta labor merece ser elevada a niveles más altos como consecuencia del respeto por los actos repetitivos. ¿No es respetable el hecho de que un artista pueda requerir hasta diez mil horas de trabajo ejercitándose para llegar a ser un maestro? En su peculiar manera de definir los conceptos dice que la característica de genialidad se la merece alguien que, por ciertas dotes naturales, simplemente acorta el tiempo de su praxis.

Los valores que Sloterdijk rescata del artesano son sus capacidades de "ejercicio, experiencia, cuidado, vigilancia" (Sloterdijk, 2012, 374), que vienen a colindar con los terrenos de la meditación es decir, son valores del orden espiritual. Al mirar el trabajo del artesano con una óptica marxista, la actividad productiva del artesano en la producción y el comercio se sale del esquema del trabajo denegado, porque no va a perder la relación de orden espiritual con el producto que crea con sus propias manos. Para Sloterdijk, los talleres, en donde se desarrollan los procesos de producción, están impregnados de subjetividad y se transforman en templos en donde aun las máquinas cumplen su causa final, usando el lenguaje de Heidegger, conservando su dignidad sin perder la esencia de su ser. En este contexto, Sloterdijk da al artesano y a su recinto la cualidad de ser templo en el cual profesa su fe rodeando la actividad con características de tipo religioso.

La entrada de las artesanías al dominio de las obras de arte se puede determinar por el hecho de situar a los objetos en un terreno lejano del ámbito de su mera utilidad: se convierten en objetos de admiración sin perder su condición de artesanía ni irrumpir en los terrenos de la pura obra de arte. "Tales objetos ya no tolerarían ningún uso cotidiano, haciendo que el usuario se pliegue al imperativo, incrustado en ellos, de la admiración" (Sloterdijk, 2012, 376-377). Dice Sloterdijk que, tanto en el artesano como en el artista, se dan las características de seres humanos que desarrollan su trabajo en el ámbito del taller “[...] hasta las mayores obras de arte no son sino productos superiores, es decir, figuraciones de cosas superiores, que los más grandes artistas no

son otra cosa que simples hombres” (2012, 377). Igualmente, Heidegger muestra, a propósito de la referencia al maestro, que el enseñar tiene la categoría de construir, como lo hace el carpintero con la madera, usando una mano de obra y ha de pensarse en la esencia de lo que es una mano de obra: “La mano de obra es mucho más rica de lo que habitualmente nos parece. La mano no solo agarra y apresa, no solo presiona y empuja. Más allá de esto, la mano entrega y recibe, y no se reduce a hacerlo con cosas, sino que se da a sí misma a otros y se recibe de otros. La mano sostiene. La mano lleva. La mano diseña, y diseña seguramente porque el hombre es un signo. Las manos se juntan cuando el hombre se sume en un gesto de candor [...] Los gestos de la mano pasan por doquier a través del lenguaje, y pasan a su través en la forma más genuina cuando el hombre habla precisamente callado” (Heidegger, 2008, 78-79)

Algo tan sencillo como las manos tal vez no nos dé que pensar y por eso, en defensa de pensar en lo que no se piensa, Thomson en Phenomenology and Technology se refiere a la psicología de la Gestal, en relación con aquello que más se nos dificulta entender y pensar, a través de la primera ley de la fenomenología denominada como la ley de la proximidad que hace referencia a la paradoja de que lo que tenemos más cerca es lo que más se nos dificulta entender y hablar de ello de manera explícita, como ocurre con las manos (Thomson, 2009, 195-196) y ni que decir con el ser, ya que, no olvidemos, que “el Dasein es para sí mismo ónticamente cercanísimo, ontológicamente lejanísimo y, sin embargo, preontológicamente no extraño” (SyT, §5, página en español; en alemán, 16). Esta cita, casi poética, sobre las manos nos ha llevado hasta los poemas de Paul Celán (1920-1970) que en su carta de aceptación para participar en la ontología Mi poema es mi cuchillo, de su amigo Hans Bender, no solo hace una reflexión sobre las manos, sino que expresa de una manera nostálgica la presencia del ser responsable en la poesía13. Así, estamos entrando en el camino para comprender qué es la esencia de la técnica (Heidegger, 2008, 81).

Aquello que es producido por la técnica es entonces un acaecer de la verdad lo que conforma uno de los planteamientos más fuertes de Heidegger en ese proceso de encontrar la esencia de la técnica moderna. Sobre la técnica antigua, Heidegger, sigue a Platón en el Fedro que habla de la techné cuyo significado era un saber, una disposición a planificar, organizar y dominar las organizaciones, un sacar a lo abierto, un ver más allá algo que está por encima de lo existente. El saber permite que el hacer produzca una obra (o un utensilio) pero poniéndole a esa obra, a ese ente, el ser que lo hace ser lo que es. Por eso el arte es considerado techné pues erige el ser de forma inmediata es decir como se ve en la obra. Imaginémonos como si el ente quisiera ocultarse, tratando de que no sea descubierto, pero está ahí, como la rueda que está en la naturaleza. La techné se opone a ese ocultarse, entra en una lucha a través del hombre para ponerle el ser a ese ente, como en el caso de la rueda, hacer que ella aparezca. El hacer patente el ser es la base de hacer aparecer la verdad, la aletheia.

Hasta ahora hemos mencionado como la técnica es vista como un medio que orientado por el ser humano nos lleva a un fin. Pero Heidegger no considera que esta comprensión capte la verdad de la técnica. Lo que vemos, los instrumentos, que por su relación con el hombre es un constructo antropológico, no muestra la esencia de la técnica. Podríamos decir que así como el tronco del árbol nace de sus raíces no por eso él es la esencia del árbol. Más bien, tronco o instrumento pertenecen a la causalidad, es decir, que hay algo que es causa del instrumento. Esa causalidad es capaz de hacer aparecer la verdad, a través del producir para lo cual la condición es que se opere sobre algo que está oculto. Ese desocultar se mueve dentro de lo que dicen los griegos y que ya hemos mencionado: la aletheia, la verdad.

Lo que Heidegger señala en su conferencia La pregunta por la técnica es que este desocultar de la técnica moderna es realmente un provocar, que saca la energía a la naturaleza para almacenarla y distribuirla al servicio de lo humano: “Sacar a la luz, transformar, almacenar, distribuir, conmutar son maneras de hacer salir lo oculto” (Heidegger, 2001, 17). Pero lo que la técnica moderna hace lo lleva a cabo de una manera provocadora que significa que el ente ha sido transformado en su ser, ya no es el objeto originario que se presenta como Bestand, es decir, como objeto transformado. Ya no es un objeto en sí; es, más bien, un objeto que cobra identidad a través de un modo subjetivo dependiendo de la utilidad o de la función que desarrolla. Por esta razón, ya habíamos comentado antes que Heidegger señala que el Rin ha dejado de ser aquel Río que movió el poetizar de Hölderlin para ser ahora, más bien, un generador de fuerza para mantener activa una hidroeléctrica.

La presencia del hombre es evidente en la desocultación que hace que el objeto sea apreciado como Bestand, como objeto transformado. Esto sucede en el caso del poetizar de Hölderlin que no nace del ser mismo sino que existe la intervención de algo que lo mueve, es decir, que el desocultamiento que efectúa el hombre es precedido por algo. El hombre es solicitado, antes de que él provoque a la naturaleza. Es lo que Heidegger denomina Ge-stell; el filósofo considera que ésta es la esencia de la técnica la que antes de la presencia de las ciencias modernas era la metafísica: “Ge-stell (estructura de emplazamiento) significa lo coligante de aquel emplazar que emplaza al hombre, es decir, que lo provoca a hacer salir de lo oculto lo real y efectivo en el modo de un solicitar en cuanto un solicitar de existencias. Estructura de emplazamiento significa el modo de salir de lo oculto que prevalece en la esencia de la técnica moderna, un modo que él mismo no es nada técnico” (Heidegger, 2001, 20). Hemos comprendido que lo que se desoculta es la verdad del ser que si bien es un hacer del hombre, éste es solicitado previamente (Geschick) y es llevado a la acción, como algo que sucederá inexorablemente, como un sino, un destino: “La esencia de la técnica moderna descansa en la estructura de emplazamiento. Ésta pertenece al sino del hacer salir lo oculto. Estas proposiciones nos dicen lo que se suele oír a menudo, que la técnica es el destino de nuestra época, donde destino significa lo inesquivable de un proceso que no se puede cambiar” (Heidegger, 2001, 24).

Esta verdad desocultada se puede representar de manera exacta a través de la ciencia en la que su representación se hace por medio de las matemáticas, del cálculo, del número conformando lo que Heidegger llama la teoría de lo real, el resultado de una acción para ver la realidad como lo objetivo, lo calculable, lo seguro. Heidegger no considera a las ciencias como un producto humano, sino como un destino del ser, un acaecer de la verdad (Berciano, 1982, 94). Resulta ahora necesario profundizar en la noción heideggeriana de la palabra Gestell, porque en ella encontramos un soporte para entender la posición del hombre ante la presencia de la técnica y develar con ello los peligros que aún quedan por descubrir.

Ya hemos tratado el tema del emplazamiento y la transformación del objeto originario en otro que no se identifica con su origen. Lo emplazado, dice Heidegger en La Pregunta por la técnica, es almacenado y convertido en inventario, en existencias que tal vez vayan más allá del concepto de una reserva. Desde ya queremos señalar que en el mundo del consumismo la nobleza del significado de la palabra reserva se destruye. Ya lo desocultado no se nos presenta como objeto, como lo que configura su ser original. Lo que Heidegger trata de mostrarnos es la presencia del hombre en este emplazamiento que es llevado por él, pero así él haya sido quien actúa, el emplazamiento no es dispuesto por él. No es él quien decide hacerlo, el hombre mismo es solicitado a hacerlo. Pensamos que este ser es solicitado primeramente por la necesidad de subsistencia y luego, por la presión del mercado que se encarga de surtir con existencias lo que se necesita o lo que es exigido inútilmente por el ansia de consumo. Al ser el hombre solicitado como lo son las demás entidades, se convierte en un tipo de existencia de un modo más originario, pero será requerido como el recurso que satisface a su manera las exigencias del mercado. En ese momento, es también él recurso humano, material humano. Está emplazado por la industria, por los medios, por el mercado, por la fuerza de la publicidad. Su emplazamiento lo convierte en fuerza del hacer: "De ese modo, la técnica moderna, como un solicitador sacar de lo oculto, no es un mero hacer del hombre [...] Aquella interpelación que provoca, que colija al hombre a solicitar lo que sale de lo oculto como existencias, lo llamamos ahora estructura de emplazamiento (Gestell)" (Heidegger, 2001, 19).

Heidegger hace unas anotaciones con respecto del significado de las palabras para justificar el uso de la palabra Gestell y darle un sentido con la esperanza de que sea comprendida para el caso que nos ocupa. Por eso, toma la palabra eidos que Platón se atreve (según Heidegger) a utilizar para aquello que esencia en todas las cosas y en cada una de ellas. En la lengua cotidiana, eidos significa el aspecto que ofrece una cosa visible a nuestros ojos sensibles pero Platón la relaciona con nombrar aquello que precisamente no se convierte en algo que el sentido de la vista pueda percibir.

Esa concesión que se toman los griegos en el uso de la palabra eidos le da a Heidegger su propia concesión para darle a la palabra Gestell un significado más allá de su uso popular que se refiere a cosas, enseres, objetos. Estas conjeturas desmienten la idea de que la técnica es solo un medio y por lo tanto su definición no está contenida dentro de lo instrumental y antropológico. Aquí consideramos esta participación del hombre solicitante como una conducta, que se hace efectiva en su trabajo con las ciencias exactas de la época moderna y se descarta la consideración de la tecnología como una ciencia natural aplicada.

2.4 El surgimiento de nuevos peligros

El hombre está entonces situado en un camino por el cual debe caminar, a veces deambular y finalmente avanzar, bien sea errando o acertando pero acompañado de un destino que lo lleva a intentar representar el mundo de una manera tal que le permita interpretarlo. Pero ese sino o destino “no es nunca la fatalidad de una coacción. Porque el hombre llega a ser libre justamente en la medida en que pertenece a la región del sino, y de este modo se convierte en uno que escucha, pero no en un oyente sumiso y obediente” (Heidegger, 2001, 23). La característica de escucha y de ser dueño de su proceder hacen de este destino algo liberador, por lo que Heidegger considera que la técnica pertenece a esa categoría. Por eso, no la considera diabólica como lo haría posiciones decididamente pesimistas frente al progreso científico técnico del hombre, pero sí localizada en la orilla de un abismo cuya caída depende de las equivocaciones del hombre con respecto de lo no oculto y con el riesgo de que se la malinterprete14.

Heidegger dice “El sino del hacer salir lo oculto no es en sí un peligro cualquiera sino el peligro” (Heidegger 2001, 25). El seguir transitando por estos caminos, sin detenerse a pensar en este peligro, es algo más peligroso que el peligro mismo. Es como un entregarse al sino sin tener en él una participación objetiva, convirtiendo la vida en una entrega sistemática de la libertad. El mismo hombre puede ser tomado como existencia material. “Sin embargo, precisamente este hombre que está amenazado así se pavonea tomando la figura del señor de la tierra” (Heidegger, 2001, 25). Hay allí un proceso recursivo y al mismo tiempo una dicotomía, pues se alude a la prepotencia del hombre al mismo tiempo que a una debilidad producida por la ignorancia. Es como el caso del Rey héroe que enfrenta al enemigo sin armas con la seguridad de que no le

puede suceder nada, porque: ¿cuándo le ha pasado algo a un Rey? De este modo, el hombre está en peligro sin saberlo o más bien sin percibirlo, es decir, esta “en el séquito de la provocación, que no percibe ésta como una interpelación, que deja de verse como el interpelado, y con ello deja de oír todos los modos como él ec-siste desde su esencia en una región de una exhortación, y con ello nunca puede encontrarse con sigo mismo” (Heidegger, 2001, 25).

De ahí que el uso de la palabra Gestell, o la estructura del emplazamiento, la podemos pensar en el sentido de sino y de peligro. La anotación de Heidegger en este sentido ya nos aclaró que la técnica no es nada técnico, que esta búsqueda de la esencia de la técnica no se refiere a ningún tipo de aparato ni es como lo dice Heidegger, el hombre frente a los mandos de una maquinaria. Es, más bien, un modo destinal del hacer salir de lo oculto, a saber, lo que provoca. Como lo es también la poiesis. A modo de ejemplo, traslademos estas señales de peligro, del hombre como solicitador, a asuntos relacionados con el actual momento de la tecnología informática como un ejercicio hacia lo que nos interesa que es la configuración del ser hoy en día y la consecuente participación de la técnica en ella.

El término más sonado en esta época es la llamada computación en la nube, que se refiere a la posibilidad de poner la información en todas sus representaciones textuales, gráficas, de video, sonido, fotografía y demás formas de expresión de los datos. Pero, ¿qué es la nube? Son plataformas tecnológicas representadas en computadores específicos que se denominan servidores, es decir, máquinas concretas que residen en cualquier parte del mundo situados en países y regiones que tienen sus propios intereses, tanto en lo propio como en el mundo globalizado. Estos intereses son de orden político, social, comercial, científico, religioso y de poder que están regulados por normas de estado creadas para proteger su soberanía nacional y poder así tomar libremente sus decisiones políticas.

Tratando de hablar con el lenguaje de Heidegger, podemos decir entonces que el hombre es aquí solicitado en un emplazamiento que lo lleva, si quiere ser parte del mundo moderno, a tener sus datos en la nube para poder interactuar con los demás congéneres a través de las telecomunicaciones. La fuerza de aquello que lo solicita está por encima del hombre mismo sin importar su autenticidad o inanutenticidad. Todos nos vemos emplazados a llevar nuestros datos a la nube y a alimentar con información propia las plataformas ubicadas en otros países lo que equivale, metafóricamente, a poner el dinero en la caja fuerte del vecino. Los datos tienen un valor, no como dato en si mismo sino en la interpretación de sus contenidos que por su carácter social, político, personal o psicológico nos muestran tendencias en todos los sentidos. Y este valor intrínseco es lo que justamente estamos llevando a plataformas extranjeras haciendo que su poder aumente en la medida en que se les dan a conocer las fortalezas y debilidades del vecino.

¿Es consciente el hombre común o el estado de este emplazamiento? ¿Es consciente del incremento, no de la fortaleza, como se cree, sino de la debilidad en un país que entrega todo lo que sabe, pero sobre todo su identidad a naciones extrañas? ¿Somos conscientes de cómo estamos fortaleciendo el imperialismo en el sentido jüngeriano para ser más débiles cada vez? Retomemos una vez más las palabras de Jünger: “(…) lo decisivo no es quién dispone de la máquina eléctrica, o del automóvil, lo decisivo es quién dispone de los sistemas de presas y de autopistas” (1993, 267). Obviamente, estamos ante un peligro cuyos efectos y causas apenas vislumbramos hoy, pues la figura del Gran Hermano se ha tomado nuestra cotidianidad.

La presencia de los hombres en la web a través de sus datos es algo así como el ADN virtual que los hace reconocibles por otros dependiendo de las diferentes formas en que se hace presencia en la nube. El advenimiento de las tecnologías llamadas Big Data permitirá recolectar de manera instantánea lo que una persona es, según ese ADN que se alimenta de lo que él mismo publica, de lo que de él hablan otros, de su presencia en cámaras de video o de audio, que lo convierten en un actor involuntario. Y esa posibilidad de conocer el ADN virtual de las personas a través de las tecnologías de Big Data será la base de un emplazamiento del ser humano que no podrá controlar en la medida en que alimente más la nube, sin importar si lo hace de manera auténtica, inauténtica o engañando a la red suministrando datos con diversas identidades. Al final él será, ante los demás, lo que su ADN virtual muestre en la nube. El Big Data se comportará como una máquina para leer el pensamiento.

Este ADN va a ser utilizado para múltiples fines que harán que las personas sean buscadas para cumplir tareas dependiendo de lo útiles que sean como recurso o para ser afectados debido a su relación con otros. Los hombres seremos existencias en la nube como cosas útiles para los fines del mercado. Claramente se plantea la necesidad de un análisis ético en los años por venir. Estas observaciones, tratadas dentro del ámbito de la técnica moderna, las hemos planteado acompañados, de manera especial, de Martín Heidegger quien en su pregunta por la técnica nos ha hecho comprender que el hombre, a pesar de ser quien maneja o controla la técnica, es previamente emplazado por otros factores convirtiéndose en un recurso de aquello que lo emplaza. Heidegger nos hace ver que somos manipulados por fuerzas externas que en unos casos nos llevan a esforzarnos para buscar de manera consciente un lugar en el mundo y en otros casos ni siquiera nos posicionamos por nosotros mismos, sino que somos puestos allí sin nuestra intervención. La configuración del ser sigue estando, sin embargo, en nuestras propias manos, bien sea para lograr una vida auténtica o para ser un uno cuyo puesto en el mundo no depende de sí mismo.

Las preguntas que nacen de estas coyunturas son: ¿cuáles son las fuerzas que rodean al hombre? ¿Cuáles son las reacciones contrarias que el hombre aplica para buscar su configuración? ¿Cómo se transforma el modo de pensar hoy en día teniendo en cuenta la presencia de la técnica en la vida del hombre en un ambiente globalizado? Para trabajar estos aspectos trabajaremos de la mano de las ideas que Sloterdijk nos plantea sobre la antropotécnica en su libro Has de cambiar tu vida en donde nos quiere mostrar las peculiaridades del ser humano en su tremendo esfuerzo por posicionarse en el mundo y en una sociedad en la que él mismo ha creado una cultura que le permita sobrevivir y configurarse para hacer posible ser parte de ella. Slóterdijk en la Introducción sobre el giro antropotécnico del libro mencionado, plantea la existencia de un pasadizo entre la naturaleza y la cultura y lo mira metafóricamente como un “puente fácil de cruzar: la vida como ejercicio” (Sloterdijk, 2012, 25), puente, que según el autor, prueba la presencia de los seres humanos en la medida en que se ocupan de su construcción teniendo como extremos la naturaleza y la cultura.

La naturaleza y la cultura estarían unidas de antemano, por un amplio espacio de en medio, de prácticas corporeizadas, donde encuentran su sitio las lenguas, los rituales y el manejo de la técnica, en tanto estas instancias materializan las formas universales de un conjunto de artificios automatizados [...] una región pródiga en formas, variable y estable, que provisionalmente puede ser designada con suficiente claridad mediante expresiones convencionales como educación, usos, costumbres, conformación de hábitos, entrenamientos y ejercicios [...] este «jardín de lo humano» son recintos cerrados en donde coinciden plantas y artificios. Constituyen «culturas», en un sentido no comprometido con la expresión. Quien se adentre en los jardines de lo humano se topa con potentes estratos de acciones reguladas, internas y externas que representan una tendencia propia de sistemas inmunitarios ubicados sobre sustratos biológicos (2012, 26).

Leído este párrafo con detalle nos hace pensar en aquellos procesos en que la naturaleza es

tratada bajo procesos hidropónicos15 para mejorar su producción artificialmente y nos hace preguntarnos, metafóricamente, si el hombre también está sujeto no solo a ser configurado sino también producido bajo técnicas equivalentes. De esta manera damos por concluido el presente capítulo para adentrarnos, a continuación, en bosquejar cuál es la configuración del hombre en la actualidad mediado por el proceder de la técnica.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   13

similar:

Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía iconTesis de grado para optar por el título de
«Los conceptos emitidos en el presente trabajo de grado son de la exclusiva responsabilidad de los sustentantes»

Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía iconTesis de grado para optar al título de Doctor en Teología

Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía iconProyecto de grado para optar al título de medico veterinario zootecnista

Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía iconTrabajo de investigación para optar al título de

Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía iconTesis o trabajo de investigación presentada(o) como requisito parcial para optar al título de

Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía iconRequisito parcial para optar al título de

Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía iconTesis para optar por el Título de

Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía iconTesis para optar el título de Ingeniero de Sistemas, que presenta

Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía iconTesis para optar al título de maestria en métodos de investigación social cualitativa

Trabajo de grado para optar al título de Magister en Filosofía iconInforme presentado como parte de los requisitos para optar al título de Ingeniero Agrónomo




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com