É Entendemos como uso racional del medicamento?




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CAMPAÑA EN FAVOR DE UN USO RACIONAL DE MEDICAMENTOS.

Comisión de Salud Pública.

Abril - 2014

INTRODUCCIÓN

El texto que se presenta a continuación constituye un documento que trata sobre el correcto uso de los medicamentos. En él se realiza una breve descripción sobre la automedicación, los posibles problemas derivados de una mala realización de la misma y medidas que se deben tener en cuenta para llevarla a cabo y conseguir, de este modo, un mejor estado de salud para todos. Está elaborado por la comisión de Salud Pública del CEEM (Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina) a fecha de Abril-Mayo de 2014.

¿QUÉ ENTENDEMOS COMO USO RACIONAL DEL MEDICAMENTO?

La Organización Mundial de la Salud define como Uso Racional de los Medicamentos cuando los pacientes reciben la medicación adecuada a sus necesidades clínicas, en las dosis correspondientes a sus requisitos individuales, durante un período de tiempo adecuado y al menor costo posible para ellos y para la comunidad. De esta forma podemos prevenir el mal uso de los fármacos y se promueve la automedicación basada en el cuidado de la salud y la calidad, haciendo uso de los fármacos cuando sean requeridos y de una forma correcta.



El padecer pequeñas molestias o problemas de salud nos suele llevar a utilizar fármacos de una manera autónoma siempre que la persona esté bien informada sobre el uso de estos y de las técnicas correspondientes para autosuministrarnos correctamente el fármaco y una justa dosis. La automedicación no tiene porqué ser opuesta a la labor profesional de los sanitarios, siendo absolutamente complementaria. Se puede decir que, en muchas ocasiones, la automedicación podría evitar la necesidad de desplazamiento, esperas y muchos otros inconvenientes de nuestra actual asistencia sanitaria, normalmente congestionada. Esta individualización es un episodio de autoafirmación, obra que tanteamos en todos los órdenes de la vida como personas independientes.



A pesar de todo, según los datos de la OMS, más de la mitad de los medicamentos que se prescriben, venden o dispensan se hace de forma inapropiada y, como consecuencia, la mitad de los pacientes los toman incorrectamente. Este hecho conlleva a decir que hacemos un uso incorrecto de los medicamentos; convirtiéndose, en la mayoría de casos, en un uso excesivo, indebido o insuficiente de fármacos, ya bien sea con o sin receta.



Al analizar diversos estudios, se ha demostrado que aproximadamente el 30% de los ingresos a urgencias son consecuencia de este uso incorrecto. El usar medicamentos recetados en anteriores situaciones o buscar alternativas en internet apenas tiene fiabilidad ni evidencia científica y puede llegar a ser muy peligroso. Hoy en día, los antibióticos son cada vez menos eficaces, siendo este hecho importante, ya que nos han posibilitado tratar infecciones bacterianas que fueron letales y salvar gran cantidad de vidas.

En muchos países del sur de Europa, como España, hay una elevada tasa de resistencia a varios tipos de enfermedades por el uso incrementado de antibióticos. De ahí la importancia que debemos darle al control de su uso.

Según datos relativos del INE de 2009 en cuanto al consumo de medicamentos no recetados (automedicación) según sexo, edad y nivel de estudios en mayores de 16 años de España, el 16% se automedican. Conforme a los datos obtenidos, podemos observar que la automedicación aumenta según lo hace el nivel de estudios y cuanto más joven se es. Así, aproximadamente un 24% de personas con estudios universitarios, consumen medicamentos no recetados, sobre todo la población con edad comprendida entre 16 y 44 años y de sexo femenino, alcanzando el 27%.

En 2010 podemos apreciar que España supera a la media europea en cuanto al consumo de antibióticos y ligeramente, la población de sexo femenino es más consumidora de antibióticos, con un 55%, frente al sexo masculino, con un 52%.

Gráfica: Comparación del consumo de antibióticos por sexo en España y Europa en según el eurobarómetro de 2010.

En cuanto a los datos obtenidos en 2013, según la población que fue encuestada en el eurobarómetro en España, el 38% afirmó el hecho de haber tomado antibióticos en los últimos 12 meses (35% de europeos).

De ese 38%, el 84% los obtuvo por prescripción médica (87% europeos); al 8% se los suministró un médico (8% europeos); el 4% los obtuvo de una prescripción anterior (2% europeos); y el 4% los consiguió en la farmacia sin receta (3% europeos). Asimismo, el 47% de población española sigue creyendo que contra la gripe y resfriados los antibióticos son efectivos; el 38% de los adultos en los últimos 12 meses los había tomado para tratar resfriados, gripe, bronquitis e incluso dolor de garganta, enfermedades que no son producidas por bacterias, sino por virus en su mayoría. Tan sólo el 20% (51% en 2009), consideraron haber sido informados sobre el uso apropiado de los antibióticos. El 8% reconocieron automedicarse con restos de antibióticos que tenían por casa o sin prescripción médica.

La gran mayoría de los factores que llevan al uso incorrecto de los medicamentos aparecen sobre todo en el ámbito médico y de empresas farmacéuticas pero, ¿sabemos cuáles son estos factores?

Falta de conocimientos teóricos y prácticos.

Numerosas preguntas sobre el diagnóstico, falta de conocimientos de los que prescriben sobre ciertos enfoques diagnósticos, ausencia de información independiente como directrices clínicas y ocasiones para realizar un seguimiento de los pacientes o el miedo a probables altercados son factores que conllevan a la prescripción y entrega indebida de medicamentos a lo que se le suma el convencimiento de dominar todo sobre los medicamentos por parte de los pacientes, el asesoramiento entre familia y/o conocidos y el concepto irracional que hay de que son inofensivos.

Promoción de los medicamentos inapropiada y contraria a la ética por parte de las empresas farmacéuticas.

La gran mayoría de las personas que prescriben medicamentos consiguen la información sobre estos de las empresas farmacéuticas y no de fuentes autónomas, como las directrices clínicas. Eso es lo que normalmente lleva el uso excesivo. En ciertos países, la publicidad de fármacos que necesitan receta está permitida y va directamente al consumidor, lo que sería muy posible conducir a los pacientes a ejercer algún tipo de presión sobre los médicos reclamando medicamentos que no son necesarios. Esta situación puede acarrear una excesiva medicalización, con una predisposición al consumo de fármacos que muchas veces no son necesarios.

Pese a que la ley normaliza los medicamentos cuyo fin podría ser la publicidad dirigida al público, la realidad es que estamos sometidos a novedosas pericias publicitarias, las cuales promueven la necesidad de poder tener un medicamento mediante publicidad de la propia afección.

Aunque el paulatino protagonismo de las farmacéuticas lleva a posturas donde los métodos del mercado pueden chocar con la ética o la preponderancia de la Salud Pública, en la actualidad la publicidad es quien nos hace ver una gran mayoría de veces una realidad distorsionada, cuya única meta es fomentar la adquisición sin ningún tipo de margen de infinidad de sustancias, sin meditar en los posibles daños o marcas que estos pueden dejar a lo largo de nuestra vida.

Beneficios de la venta de medicamentos.

En numerosos países, los comerciantes prescriben y expenden medicamentos sin que haga falta una receta médica. Sus ganancias aumentarán cuanto más vendan, por lo que la población adquiere más medicamentos, consumiendo más y, comúnmente, exclusivamente de lo fármacos más caros.

Disponibilidad de medicamentos sin restricciones.

En muchos países la prescripción de fármacos (como los antibióticos) se hace autónomamente, sin necesidad de receta. Como resultado, aparece la abundante consumición, la libre e inadecuada medicación y la desobediencia de la administración y dosificación de fármacos.

Sobrecarga de trabajo del personal sanitario.

La mayoría de los clínicos con capacidad y autoridad para prescribir suelen tener escaso tiempo para destinar a cada paciente. Este hecho puede hallarse en la procedencia de diagnósticos y tratamientos fútiles. Cuando esto sucede, los prescriptores se justifican en rutinas de prescripción ya que no disponen de tiempo suficiente para renovar sus competencias sobre los medicamentos.

Medicamentos inasequibles.

En sectores en los que los medicamentos son inalcanzables, los pacientes puede que no obtengan las cantidades requeridas para un tratamiento íntegro o no poder obtener ningún medicamento en absoluto. En vez de eso, pueden tantear diferentes opciones como los fármacos de índole no asegurada agenciados mediante internet u otros orígenes, o también medicamentos que fueron prescritos anteriormente a sus parientes o amigos.

Inexistencia de políticas farmacéuticas nacionales coordinadas.

A las políticas elementales recomendados por la OMS para avalar el uso correcto de los medicamentos tan sólo se adhieren menos de la mitad de los países. Dichas políticas incorporan medidas e infraestructuras pertinentes para así monitorizar y regular el empleo de los medicamentos y para habilitar y controlar a los expertos sanitarios que confeccionan las prescripciones.

Despunta también que España, en el decrecimiento de antibióticos por individuo, se ha emplazado en segundo lugar, con un declive del 15% y solo por debajo de Italia, con un 21%. Sin embargo, el empleo de estos fármacos en España perdura tenuemente por encima de la media comunitaria, con un 38% de habitantes que ratificaron haberlos utilizado el último año frente a un 35% que han sido empleados por los europeos. A pesar de todo, las disparidades entre países están aminorando poco a poco, indicándonos que coexiste una considerable concienciación, sin rehuir el inconveniente de la crisis económica.

Sin embargo, la población española que fue encuestada alegó obtener escasa información sobre los riesgos del exceso de antibióticos en equiparación con sus fronterizos europeos, colocándose los terceros menos enterados de la Unión Europea.

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