Apuntes teoría del conocimiento




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APUNTES TEORÍA DEL CONOCIMIENTO

La expresión teoría del conocimiento se creo en el s. XIX por los neokantianos a propósito de las reflexiones sobre la propias filosofía; convirtiéndola en su disciplina fundamental. Se refiere el título teoría del conocimiento a todo lo relativo a la reflexión sobre la naturaleza del conocimiento. Posteriormente se ha acuñando el término epistemología por los filósofos anglosajones. Aunque se suelen usar como sinónimos, el término epistemología connota una cercanía a las ciencias físico-naturales. Otro término utilizado es gnoseología, y se refiere sobre todo a los estudios del conocimiento en la filosofía medieval. En todo caso los utilizaremos como sinónimos.

El problema es buscar un criterio que distinga entre lo que es conocimiento y lo que no es conocimiento, derivado de la pregunta qué es conocimiento. Otras cuestiones son:

  1. Si el conocimiento es algo unitario (y entonces qué es lo que lo unifica).

  2. Si hay uno o varios métodos que permitan acceder al conocimiento.

  3. Si lo que distingue al conocimiento del no-conocimiento es la verdad. Y qué es entonces la verdad y los fundamentos de la verdad del conocimiento.

  4. Diferencia entre creencia y conocimiento, si se oponen o se complementan, y cual es su relación. ¿También cual es la relación entre conocimiento y saber?

  5. Génesis del conocimiento, esto es, cuales pueden ser sus orígenes. Es un problema distinto del problema del fundamento del conocimiento. Antes de Kant no se distinguía entre génesis y justificación.


Otra característica de esta disciplina es que es autoconsciente, que reflexiona sobre su propia disciplina, esto es, de cómo la filosofía reflexiona sobre el conocimiento. Es Kant el que toma conciencia de la distinción entre conocer objetos y conocer algo sobre cómo se produce el conocimiento de los objetos. Esta idea comienza a gestarse en Descartes y adquiere conciencia en Kant, puesto que hay en ese periodo una progresiva separación entre ciencia y filosofía.

Este lenguaje de segundo orden o metalenguaje resulta problemático en ciertas cuestiones:

Hasta qué punto la teoría del conocimiento se puede desligar de los datos empíricos concretos de las ciencias, hasta qué punto puede prescindir de las ciencias. Si se deja la reflexión sobre el conocimiento a las ciencias naturales, debe de abandonarse la epistemología a estas ciencias. Tenemos argumentos para pensar que no es tan fácil esta reducción, y no será el reduccionismo el punto de vista que adoptemos en este curso.
Encontramos estas dos expresiones relacionadas: la teoría de la racionalidad teórica y la teoría de la racionalidad práctica. Ambas son reacciones ante el reduccionismo que antes hemos señalado. Aclaramos estos dos conceptos. La racionalidad teórica o epistémica considera que el conocimiento es creencia, y que tiene que ver mucho con el lenguaje y sus usos y desarrollos sociales e históricos. Por ello esta epistemología se abre también al ámbito social. Con racionalidad práctica se alude a un tipo de saber que ver con las acciones o interacciones de los seres humanos. Se entiende que hay otro ámbito al que tenemos acceso cognitivo racional que no es el mundo inerte natural regido por leyes. Estas acciones e interacciones se guían por normas de conducta, la moral, etc. regulación por normas, valores y fines.

Aunque podemos decir que estas reflexiones han estado presentes en la filosofía desde siempre, podemos decir que -al igual que la diferencia Descartes-Kant- ha tardado en tomar conciencia de su propio discurso y su acentuación tardía.
Ryle rotura el conocimiento entre el saber qué y el saber cómo.

  • El saber qué está referido a las proposiciones afirmativas sobre los hechos, que pueden ser verdaderas o falsas, y al que se ha llamado conocimiento (creencias que llevan consigo la justificación de su pretensión de verdad; esta es la definición tradicional de conocimiento, noción criticada y discutida desde Platón, de conocimiento como creencia verdadera justificada; criticada como reduccionista, dado que hay otros tipos de conocimiento como el inductivo, el pre-proposicional -previo a la expresión lingüística.

  • Respecto al saber cómo tiene otra estructura lingüística, verbal en infinitivo. No se refieren a proposiciones, sino a actividades, no a objetos sino a posibilidades de acción. Cuando la epistemología surge desde este punto, intenta determinar si hay conocimiento estricto de las acciones. La reflexión moral puede o no ir acompañada de este tipo de reflexiones.


Presocráticos:

La reflexión filosófica desde los presocráticos se caracteriza por intentar delimitar rigurosamente el conocimiento adecuado del inadecuado. Al mismo tiempo esta distinción relaciona el conocimiento adecuado con la verdad y el inadecuado con la no verdad. Se opina que el conocimiento adecuado es de unos pocos y el inadecuado conocimiento de la mayoría.

Tanto Parménides como Heráclito coinciden estructuralmente en la manera de roturar el conocimiento filosófico: pasa por demarcar entre lo que es conocimiento en sentido estricto y lo que es conocimiento aparente. Ambos vinculan el conocimiento estricto con la divinidad. El conocimiento está condicionado por algo, un cierto rito inciático por el que tiene que pasar.

Algunos caminos llevan a la verdad, y otros caminos no llevan a la verdad. Lo que no es conocimiento propio, la doxa, suele traducirse por opinión, y a veces en Platón por creencia.

Episteme es siempre conocimiento en sentido estricto. Esta escisión radical condiciona toda la filosofía posterior y la investigación sobre el conocimiento. Y también para ambos el conocimiento estricto es competencia de unos pocos, y los que acceden a él acceden a lo divino. Encontramos esto también en Descartes, donde el conocimiento de las ideas claras y distintas tiene relación con Dios.

El elitismo del conocimiento desaparece en la modernidad. Es Descartes quien viene a decir que todos los seres humanos tienen la misma capacidad cognitiva. También encontramos en Parménides un criterio de conocimiento: el que suministra el conocimiento/fundamento de su verdad. Esta idea se mantendrá posteriormente, así como la idea de conocimiento estricto consistirá siempre en un proceso mediante el cual se retrotrae la multiplicidad de la realidad a una unidad. En términos modernos hablamos de procesos de síntesis.

Heráclito: quien está despierto concibe el mundo como uno y común, frente a la pluralidad de opiniones de los que duermen.

Parménides: el conocimiento es el conocimiento del ser, que es uno.

A partir de este momento el conocimiento es verdadero porque dice el ser. Es un criterio cosmológico; la opinión no dice la verdadera realidad. La verdad no es tanto lingüística como una propiedad del verdadero ser. Las condiciones de la realidad son las que determinan en este momento al conocimiento en sus determinaciones conceptuales.
Platón:

El acceso al problema del conocimiento parte de la distinción Episteme/doxa, una distinción que aborda pormenorizadamente y enriqueciéndola. La aborda según dos perspectivas una interna y otra externa:

La perspectiva externa la manifiesta Platón en la distinción metafísica de los dos mundos, una investigación del conocimiento desde la realidad.

La perspectiva interna atiende a la estructura del conocimiento, la vía por la que se investiga.

En el siglo XX se hace esta distinción externo/interno con las nociones de contexto de descubrimiento y contexto de justificación. Platón aborda estos dos puntos de vista: el punto de vista externo se da la analogía de la línea, y el interno en el Teeteto de manera representativa. Parece que en Teeteto se concluye que no es posible definir saber o conocimiento (Episteme) desde la perspectiva interna sin caer en la aporía, un callejón sin salida tras otro.

República: Las reflexiones metafísicas y sobre el conocimiento están ligadas profundamente a reflexiones de tipo político. El diálogo en general trata de definir qué es la justicia. Se defiende que la justicia es lo que acontece en un estado saludable, y la discusión pasa a la caracterización de este estado. Procede a una teoría del estado como todo orgánico donde cada parte cumple unas funciones. La legitimación de esta división fundamental viene apoyada por la teoría del alma y el mito de los metales: hay quienes tienen el alma de bronce y de hierro (artesanos y campesinos), quienes tienen el alma de plata (la casta guerrera), y quienes tienen el alma de oro (los que gobernarán el estado). En cuanto al alma sólo habrá estado justo cuando los estamentos desarrollen las cualidades del alma que les caracterizan (apetitos, intelectos).

En todo caso, al hilo de estas reflexiones surge la pregunta de quién debe gobernar. Los gobernantes se extraen de la casta guerrera, bajo un modelo educativo espartano. ¿Quien debe de gobernar? Quien sea capaz de alcanzar y conocer la idea de justicia al margen de contingencias: el filósofo debe de gobernar (por sus capacidades cognoscitivas). Aquí procede la idea del rey filósofo. Se recoge la idea de Heráclito y Parménides de que el conocimiento verdadero es de unos pocos. A quienes aman el espectáculo de la verdad, éstos deben de gobernar; los que son capaces de ir más allá de la multiplicidad e ir a las ideas en sí; está el que conoce las cosas bellas y el que conoce la belleza en sí.

Pero el filósofo siempre retorna a la caverna: no hay conocimiento eidético sin acción política. A continuación realiza la roturación parmenídea y heracliteana entre la opinión (creencia o doxa), y el conocimiento (Episteme); añadiendo el matiz de que el problema del conocimiento es también un término político.

Caracterización global de la distinción entre Episteme y doxa:

La Episteme lo es porque tiene como objeto lo plenamente cognoscible (adecuación externa), dice y capta lo que es de forma absoluta.

En el lado opuesto no está la doxa sino la ignorancia (diferencia con Parménides y Heráclito).

Entre las dos está la doxa que es un tipo de saber intermedio porque su objeto no es plenamente, pero tampoco deja de ser: el mundo físico caracterizado por la multiplicidad. Orden del ser y orden del conocer. Platón define el objeto que se conoce como lo que distingue los niveles de conocimiento: añadirá rasgos característicos que posteriormente se llamarán valores epistémicos, a cada tipo de conocimiento.

La doxa se caracteriza por su falibilidad, mientras que la Episteme es siempre verdadera; la doxa es oscura y la Episteme es siempre clara.

La inmutabilidad es lo característico del conocimiento: la verdad es absoluta porque su objeto metafísico es absoluto. La verdad es la característica de lo real.

La gran cuestión es la siguiente: si el mundo en su estado físico es una copia del mundo eidético, entonces ¿hay tránsito de la doxa a la Episteme? ¿Hay continuidad de uno a otro, dado que son objetos distintos? ¿Se puede establecer un abismo entre doxa y Episteme? En Republica se establece que no, pero este problema se recupera en Teeteto.

La doxa es un ámbito propio en República. Ya veremos que se caracterizará por el método, regido por las leyes de la dialéctica (y no de la retórica). Las múltiples creencias (doxa) de la multitud (frente a lo Uno, lo que explica lo múltiple ruedan en un terreno intermedio entre lo que es y lo que no es. Los que se mueven en el terreno de la multiplicidad podemos llamarlos filodoxos (amantes de la opinión). Los filodoxos son los sofistas.
Analogía de la línea: Introduce una distinción cosmológica para una caracterización externa del conocimiento. Recupera nociones como claridad que serán valor permanente del ámbito de conocimiento.

La primera división (visible/inteligible) es la de tipo cosmológico, y se enriquece el análisis al introducir una segunda distinción. Cuando Platón habla de las afecciones del alma pasamos del plano del ser al plano del conocer, y distingue dos ámbitos: inteligencia (noesis), pensamiento discursivo (dianoia) [ámbito del conocer, episteme]. Creencia (pistis); conjetura (eikasia) [ámbito de la opinión, doxa].

La caracterización final externa del conocimiento viene dada por las reflexiones de tipo ontológico. Platón ordena el campo del conocimiento de manera jerárquica (aunque no todas las reflexiones sobre los ámbitos del conocimiento las ordena jerárquicamente).

La verdad es una propiedad de tipo cosmológico en Platón, mientras que en el s. XX se utilizan conceptos de verdad referidos siempre al ámbito epistémico. En Platón verdad depende de que su objeto sea verdadero e inmutable (metafísico). La investigación llega a un punto en el que da un salto de la caracterización ontológica a la vía de la investigación: el método. Introduce para la distinción en el ámbito de la episteme una reflexión metodológica. La cuestión aquí es que no se conocen las cosas sino el mundo eidético. Hay desde luego una continuidad del mundo visible al inteligible.
La relación idea-copia es de tipo cógito-dialéctico (y no que la idea se divida infinitamente).

La dianoia es el conocimiento matemático, y la noesis el conocimiento del filósofo; y es superior el conocimiento del filósofo. La diferencia está en el cómo se conoce en cada caso (y no en el qué se conoce).

La dianoia parte de las cosas imitadas y los convierte en imágenes de algo superior. Al tomarlas como imágenes las libera de lo que de múltiples tienen las cosas. Construye su saber deductivamente (no investiga el principio que supone, se ve forzado a investigar a partir de supuestos.

La tarea del filósofo es investigar allí donde no llega el geómetra, ni tampoco recurre a las imágenes del geómetra. El filósofo parte de las ideas y maneja con las ideas (y no en imágenes), piensa en ideas a través de ideas, no hay continuidad. El método del filósofo es la dialéctica.

El problema se complica al intentar tomar el pensamiento discursivo (dianota) como punto de separación de la noesis. Se produce una ruptura con respecto al saber del filósofo. Aprehender, captar es conocer de manera inmediata (en filosofía también usamos intuición) las ideas. En el orden eidético hay también una jerarquía piramidal. La investigación del filósofo va de un orden ascendente y descendente. Lo que sí dejó claro es que sólo es posible un descenso tras la intelección intelectual de las idea de bien. Lo que opone episteme a doxa es una intuición intelectual y una separación radical del mundo sensible.
¿Qué es lo que dota de rigor al conocimiento en sentido estricto? ¿El método o su objeto? La relación problemática entre episteme y doxa se aborda en el Teeteto, donde se proponen tras definiciones de conocimiento que acaban en un rechazo de todas. Nuestro interés se centrará en la primera y tercera definición.

  1. La primera definición es la de saber (episteme) como percepción, sostenida por Protágoras. Es la primera presentación de epistemología fenomenista (que sostendrá posteriormente Hume entre otros). Lo que se presenta es el campo de problemas de la percepción.

  2. La segunda definición es la de saber como opinión verdadera a partir de la búsqueda de la opinión falsa.

  3. La tercera definición es la de saber como opinión verdadera justificada. Definición clásica de conocimiento.

En líneas generales Platón entiende por doxa ése ámbito que siempre tiene relación con el logos con un carácter proposicional (desarrollado más ampliamente en el sofista).

Quien opina algo, y opina que ese algo es el caso, enuncia un determinado estado de cosas. La división de la doxa tiene que ver con las afecciones del alma, aunque está claro que reside en el logos. Las proposiciones son verdaderas o falsas, luego son falibles dependiendo de si se refieren o no a lo que es el caso. Son también mutables puesto que los estados de cosas cambian. Por eso quien considera el conocimiento como doxa ha de ser hábil en el uso de la razón (retórica), pues está siempre indeterminada dependiendo del estado de cosas actual. Quien opina no puede aducir justificaciones ad infinitud, y es el problema de considerar el conocimiento como opinión verdadera. Quien opina no puede salir del ámbito de la opinión para justificar su verdad radical.
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