Resumen Este trabajo analizará los datos censales uruguayos en relación a tres grupos de personas: los descendientes de indígenas, los afrodescendientes y los extranjeros.




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fecha de publicación03.08.2016
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Afrodescendientes

Al comienzo del siglo XIX, los negros representaban casi un tercio de la población de Montevideo. Después que la esclavitud llegó a su fin y que las nuevas corrientes inmigrantes se establecieron de forma permanente en el país, esta proporción disminuyó considerablemente. 23 No obstante, todavía hoy casi uno de cada diez uruguayos se identifica a sí mismo como afrodescendiente. Los afrodescendientes conforman el 8% de la población total y se distribuyen de manera bastante uniforme entre la capital y el resto del país, con la excepción de algunos departamentos limítrofes con Brasil, como Artigas y Rivera, donde la proporción llega casi al 20%; y Salto, Tacuarembó y Cerro Largo con el 10%. En cambio en el sureste, en los departamentos de Colonia, Soriano y Flores la proporción llega al mínimo, en el entorno del 3%. La capital Montevideo está en la media pues el porcentaje de afrodescendientes es de 9%, pero es allí donde se concentra la mayor cantidad debido a la alta densidad demográfica. También es una población más joven que el resto, mientras que el 34% de los afrodescendentes es menor de 20 años, lo es el 30% de la población blanca y el 25% de los descendientes de indígenas.

En el caso específico de este grupo, su principal fuente de identidad se basa en una mezcla “etno-racial”.24 Si bien es cierto que el concepto de raza ha sido desacreditado después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la mayoría de los antropólogos y los biólogos llegaron a la conclusión de que no hay manera de diferenciar biológicamente razas humanas, también es real que el color de la piel sigue siendo un importante elemento para la identidad de este grupo por la forma en cómo son visualizados por el resto de la sociedad. La raza debe ser considerada como una construcción social sin fundamento biológico, pero que implica un fuerte sentido de pertenencia relacionado con una época de discriminación, un origen africano compartido y un pasado cultural de resistencia. La raza como “una construcción social basada en las diferencias fenotípicas de las personas. Ello implica que cada cultura tiene sus propios esquemas de percepción de las diferencias raciales. La noción biológica de razas, entendidas como categorías genéticas discretas —que pretendió constituirse en la base científica del racismo—, cayó en desuso en las ciencias sociales hace ya varias décadas. En la actualidad, hay un fuerte consenso fundado en los avances del conocimiento de la genética, en que no existen poblaciones humanas con rasgos innatos que determinen sus capacidades físicas e intelectuales”.25

Los afrodescendientes fueron traídos como esclavos en el siglo XVIII y desde entonces y durante la mayor parte de su historia, incluso después de abolida la esclavitud, no han sido tratados como ciudadanos ordinarios. A pesar de esta segregación han contribuido a la construcción del Uruguay en una serie de aspectos importantes. Probablemente la mayor parte de su aporte ha sido la influencia que han tenido en la música a través de la danza, los tambores y el candombe, un ritmo africano distintivo y muy puro a pesar de sus mezclas criollas, que se ha convertido en un verdadero hito en la música y el carnaval uruguayo. La cultura afrouruguaya ha hecho también una gran contribución a la música del tango, y aunque poco conocida, no es menos importante. La palabra “tango” tiene tres posibles significados originales, y los tres tienen una raíz africana. El primero deriva de la palabra africana “tango” procedente de Angola, traducida como “un lugar cerrado o reservado”; un segundo significado posible proviene del portugués y de la palabra de raíz latina tangere (que significa tocar), introducida al Río de la Plata por esclavos traídos desde Brasil; y el tercero podría ser la onomatopeya del sonido producido por el ritmo del tambor —tango—26. La comunidad afro ha realizado varios esfuerzos por elevar la conciencia general respecto a la contribución de su cultura al país más allá de la música o el deporte. En este sentido han manifestado su descontento, por ejemplo, acerca de que los libros de historia no muestran cómo en las campañas militares de Uruguay, en la época de los enfrentamientos por la independencia ocurridos en el siglo XIX, los africanos fueron utilizados como “carne de cañón” en la vanguardia del ataque. Realizaron además ciertas denuncias sobre los escasos estudios acerca de la contribución de los negros al país y que los documentos existentes solamente mencionan sus aportes para la industria de la construcción, el servicio doméstico y el trabajo rural, pero no más allá. Afirman, no obstante, que la más antigua y simbólica figura nacional, el gaucho, expresa justamente una mezcla entre indígenas, negros y españoles. Muchas de las palabras que se emplean comúnmente hoy día tienen claras raíces africanas: mucama (empleada doméstica), mondongo (comida típica), quilombos (burdeles o desorden), bujía (lámpara eléctrica), catinga (mal olor). Por último, la influencia afro en la religión también es significativa ya que se asocia a los esclavos y sus cultos afro-umbandistas muy presentes en toda América27.

Los datos actuales muestran claramente que los afrodescendientes sufren problemas estructurales de discriminación tanto a nivel socio-económico como cultural, y ello, sumado al hecho de que siempre los han mantenido “invisibles”, se han convertido en las principales demandas de reconocimiento para esta comunidad. Hay varias instituciones que tienen como objetivos la defensa de los derechos de los afrodescendientes, entre las que destacan Mundo Afro y ACSUN.

Dos leyes ya aprobadas y una tercera en vías de serlo apuntan al reconocimiento de la población afrouruguaya y a la mejor redistribución de la riqueza. La primera es la Ley 17.817: “Lucha contra el Racismo, la Discriminación y la Xenofobia”, aprobada en 2004, que menciona explícitamente la discriminación basada en “la raza, color de piel, religión, origen nacional o étnico” (artículo 2)28. La segunda es la Ley 18.059: "Día nacional del candombe, la cultura afrouruguaya y la equidad racial", aprobada en 2006, que declara que el 3 de diciembre de cada año “será el marco para la valoración y difusión de la expresión cultural denominada candombe, de la contribución de la población afrodescendiente a la construcción nacional, y de su aporte a la conformación de la identidad cultural de la República Oriental del Uruguay” (artículo 2). Y en octubre de 2012 se aprobó el “Proyecto de Ley Afrodescendientes: Normativas para favorecer su participación en las áreas educativa y laboral”. Este último está directamente vinculado al censo puesto que el proyecto establece que el 8% de todos los empleos públicos y de las becas estudiantiles sea reservado para los afrodescendientes.29 Tendrá una vigencia de diez años y luego de ese período se evaluará nuevamente su continuidad. Con esta iniciativa de acción afirmativa se procura disminuir la discriminación histórica hacia los afrodescendientes, que tienen los peores indicadores económicos y sociales entre toda la población. Para dar apenas un ejemplo: la pobreza en este grupo alcanza al 40%, casi tres veces más alta que en el conjunto de la población. Las políticas afirmativas son una reivindicación principal de la comunidad afro en Uruguay. Beatriz Santos30 lo expresó así ya unos años atrás: “considero que a través de las acciones afirmativas, a través de las famosas cuotas, se estaría de alguna manera comenzando a dar las oportunidades, de las cuales el colectivo hasta ahora carece, y a su vez sería una medida de reparación de toda una historia vergonzante como fue la esclavitud y su flagelo, que es el racismo…Una de las primeras medidas que se deberían tomar es en el ámbito de la educación. Desde la escuela debemos conocer la historia africana y afroamericana. Esta medida elevaría la autoestima de los afrodescendientes y a su vez estaríamos logrando que el resto no afrodescendiente conociera más sobre nosotros.”31

Los datos preliminares del censo muestran que la comunidad afrodescendiente está en una situación económica y social mucho más crítica que el grupo de personas que se autoidentifican con ascendencia indígena. El nivel educativo demuestra esto con elocuencia. Apenas el 10% de la población negra mayor de 24 años de edad alcanzó el nivel terciario de educación, mientras que lo hizo el 20% y 21% de la población blanca y descendiente indígena respectivamente. Y en el otro extremo, el 44% de los afrouruguayos mayores de 24 años alcanzó solamente el nivel primario de educación contra el 34% y el 32% entre blancos y descendientes de indígenas. Estas cifras ponen en duda que aquellos que se identifican como descendientes de indígenas se encuentren en una situación económica particularmente desventajosa cuando se los compara con toda la sociedad y confirman claramente que los negros sí lo están.32

El Proyecto de ley de cuotas no dice nada sobre quién será considerado afrodescendiente para ser beneficiario y sin dudas éste no será un problema menor. He mencionado las dificultades para responder quién es descendiente indígena en el caso de aprobarse el Convenio de la OIT, porque según sus lineamientos se deberían distribuir tierras a los descendientes. El problema para los afrodescendientes también se planteará. Es verdad que hay maneras complementarias a la autoidentificación en este caso para responder la cuestión de quién es afrodescendiente, ya que hay un componente de color de piel que a veces puede ser muy fácil de determinar, ya sea de la propia persona, o de sus progenitores y además hay una comunidad que se mantuvo viva y cohesionada en el tiempo ayuda. Pero incluso con estas ventajas, anticipo dolores de cabeza para adjudicar los cupos de la cuota establecida en el Proyecto de Ley.
Inmigrantes

Un censo realizado en Uruguay en 1860, treinta años después de la independencia, registró 223.000 habitantes y un tercio de ellos eran extranjeros nacidos fuera del territorio nacional; esta proporción seguirá más o menos sin cambios durante aproximadamente un cuarto de siglo. Para 1889 no se cuenta con información a nivel nacional pero ese año se realizó un censo en Montevideo, la capital, y se puso de manifiesto que el 47% de la población era extranjera. El próximo censo se realizó en 1908 y mostró que si bien los nacidos en el extranjero seguían constituyendo una cifra importante, el 17%, la inmigración ya había disminuido drásticamente en términos relativos pero no en cifras absolutas y esta tendencia decreciente continuará durante el resto del siglo XX. Es evidente que el Uruguay del siglo XIX fue producto de los inmigrantes que se incorporaron al país en el mismo período en que se configura la nacionalidad uruguaya.33 “El tiempo de los mayores crecimientos económicos en Uruguay, entre 1871 y 1887, cuando su ingreso per cápita era comparable a Inglaterra, Francia y Alemania, fue un momento de gran crecimiento demográfico, producto de la avalancha de inmigrantes europeos que buscaron la prosperidad económica mediante una ética de trabajo y de austeridad; valores que sentaron las bases de la grandeza de nuestro pasado”.34

La influencia de algunas de estas comunidades de inmigrantes se había estudiado principalmente en el plano económico pero poco se había profundizado desde la perspectiva sociológica y cultural, escribían Daniel Vidart y Renzo Pi Hugarte en 1969.35 En años recientes junto a un grupo de colaboradores nos dedicamos a llenar esa carencia y a hacer visible la contribución al país de las diferentes culturas inmigratorias.36 Demostramos que esa idea de país occidentalizado, sin negros, sin influencia indígena, producto de la inmigración española e italiana, es apenas una verdad a medias, porque existe un país mucho más diverso del que aceptamos históricamente que comenzó a hacerse más visible. Un país compuesto por descendientes de inmigrantes que mantienen y recrean buena parte de sus identidades culturales como los rusos, libaneses, armenios, árabes, mennonitas, suizos, peruanos y judíos. Un representante de la comunidad judía, descendiente de inmigrantes, lo expresó elocuentemente de esta manera: “(El Uruguay) siempre dijo ser tolerante y fue muy tolerante cuando los otros eran intolerantes. Pero eso no quiere decir que no haya discriminación. No es discriminación oficial. No hay ninguna ley que diga: los negros no pueden llegar a comandante en jefe del Ejército, pero no llegan. Hablar de una cultura uruguaya es muy discriminatorio. Es ignorar las multiculturas que hay. Que las hay. Nos gustará o no nos gustará, pero las hay…. Pero no es un tema que le afecte mucho a los judíos. Los judíos fueron los menos perjudicados por la discriminación. Salvo que no los dejaban entrar al Jockey Club o al Club Uruguay y en alguna época al Club de Golf. La Universidad no ha discriminado a los judíos. Enseguida me van a decir que tampoco discriminó a los negros. Sí, sí. Yo les voy a decir que nunca hicieron una campaña proactiva para tratar de integrar negros a la educación superior. Todo depende de lo que llames discriminación. Yo lo que sí digo es que el Uruguay no tuvo políticas antidiscriminatorias proactivas”.37



Fuente: elaboración propia a partir de los datos publicados por el INE y Rodríguez Villamil-Sapriza38.
La primera Ley de Inmigración uruguaya fue aprobada por el parlamento nacional en el año 1890 y tomó sus principales referencias de la Ley de Avellaneda Argentina aprobada en 1876.39 Según lo que establecía esta reglamentación: “considérase inmigrante a todo extranjero honesto y apto para el trabajo, que se traslade a la República Oriental del Uruguay en buque de vapor o de vela con pasaje de segunda o tercera clase con ánimo de fijar en ella su residencia”. Se rechazaban los enfermos de mal contagioso, mendigos, individuos que por vicio orgánico o defecto físico estaban inhabilitados para el trabajo, mayores de 60 años salvo que estuvieran acompañados por 4 personas útiles, y también se rechazaba en su artículo 27: “la inmigración asiática y africana y la de individuos conocidos con el nombre de zíngaros o bohemios.” Esta ley tenía como fundamento la máxima de Alberdi de que gobernar era poblar y para ello la mejor forma era atrayendo población extranjera que se radicara en el medio rural desarrollando la agricultura y creando colonias agrícolas. El país en esa época era exclusivamente ganadero y no existía ni explotación del agro ni de la cadena láctea. Pero tampoco era cuestión de poblar con cualquier tipo de personas, sino con aquellas que eran consideradas de raza superior o en caso contrario que tuvieran dinero suficiente. Explícitamente eso se percibe en el rechazo de africanos y asiáticos con pasajes de segunda o tercera y se reafirma en un decreto ampliatorio del año 1902 que reglamentaba la ley y cuya fundamentación y ampliación de motivos en la cámara sostenía que: “se prohíbe la entrada al país de elementos perjudiciales a la masa de nuestra población, que es necesario defender de toda influencia nociva como es la de razas inferiores”.40

Que el Uruguay fue abierto a la inmigración es, pues, una media verdad. Es cierto que desde el Estado se fomentó la llegada de europeos, que los consulados actuaban enérgicamente convenciendo a que los empobrecidos italianos y españoles cruzaran el océano, y que había una política definida y muy eficaz en este sentido, incluso con facilidades económicas. Pero no es menos cierto que la mitad de la población del mundo no fue bienvenida: ni africanos, ni asiáticos, ni gitanos. Si es verdad que, con muy pequeñas excepciones, desde hace casi un siglo no arriban nuevos contingentes de inmigrantes en masa (como sí ha sucedido en Argentina por ejemplo, con una inmigración regional muy fuerte compuesta por bolivianos, peruanos y paraguayos) los descendientes del aluvión de fines de siglo XIX y principios del XX aún mantienen un vínculo afectivo e identitario con la cultura y el país de sus abuelos o bisabuelos, en muchos casos con una identidad guionada: armenio-uruguayo, judío-uruguayo, ruso-uruguayo, etc. El último censo no incluye preguntas que aborden estas comunidades descendientes de antiguos inmigrantes, pero existieron varios esfuerzos recientes por estudiarlas en profundidad.

Hoy son apenas el 2% los extranjeros en Uruguay, pero seguramente en las próximas décadas comenzará otra vez el flujo inmigratorio.41 Los escasos inmigrantes recientes registrados en el último censo provienen fundamentalmente de los países vecinos Argentina y Brasil, el 35% y 17% respectivamente. Y la enorme mayoría ha llegado al país hace más de dos años porque apenas el 10% arribó en los últimos dos42. No quedan dudas: con excepciones significativas pero numéricamente muy pequeñas, el país no acercó a nadie en los últimos cincuenta años.

El Estado uruguayo incluso comenzó a planificar políticas de atracción de inmigrantes y transformó la vieja ley de inmigración aprobando en 2008 la nueva Ley de Inmigración 18.250: en la que se establece que: “El Estado respetará la identidad cultural de los inmigrantes y sus familias y fomentará a que mantengan vínculos con su país de origen” (artículo 14). Esta innovación en la legislación uruguaya respecto de la inmigración llegó treinta años después de que fuera adoptada en otros países. En este sentido Kymlicka afirma que: “a principios de los años setenta, y bajo presión de los grupos inmigrantes, los tres países [se refiere a Canadá, Estados Unidos y Australia] abandonaron el modelo asimilacionista y adoptaron una política más tolerante y pluralista que permite y, de hecho, estimula que los inmigrantes mantengan diversos aspectos de su herencia étnica”. 43

El censo de 2011 muestra sin equívocos un país que no recibe inmigrantes y el gráfico anterior muestra como en cien años, desde 1908 a 2011, la inmigración desciende sistemáticamente: 17%, 9%, 3% y finalmente 2%). No obstante, las probabilidades de que esto se revierta en el futuro cercano parecen altas. En Argentina ya hay casi cuatro millones de inmigrantes provenientes de Paraguay, Bolivia y Perú y en los últimos cinco años aterrizaron cien mil chinos que coparon el comercio de pequeños supermercados barriales de Buenos Aires. Si la economía uruguaya continua creciendo al ritmo de los últimos diez años, será insostenible en un mundo globalizado, que un espacio geográfico con un ecosistema amable como el uruguayo permenezca casi despoblado. A modo de ejemplo, Uruguay es solamente tres veces menor que España pero tiene casi diecisiete veces menos población. En este sentido la crisis española y la bonanaza uruguaya ya han producido la aparición de una incipiente inmigración desde España, que si bien es mínima desde el punto de vista estadístico, comienza a ser visible en la vida cotidiana.
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