Entrevista en profundidad: 74




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4. DUELO




4.1. ¿Qué es el duelo?



La palabra “duelo” viene del latín “dolus” o dolor que según Ortego, López, Álvarez y Aparicio (2001), se define como “el proceso por el que atraviesa una persona ante la muerte de un ser querido” (p.2). Éste un proceso normal y natural por el cual la mayoría de las personas pasan en algún momento de sus vidas.

Según, Pereira (2010), la Real Academia de la Lengua define el duelo como “dolor, lástima, aflicción o sentimiento que se tiene por la muerte de alguien” (p.656). Esta definición remite a emociones negativas como dolor, lástima y aflicción; e inmediatamente alude a como se ha “vulgarizado” la palabra “duelo” en los últimos años, la cual en ocasiones se utiliza para aludir a el proceso de pérdida de un objeto o de alguien en general.

Sin embargo, Pereira (2010) considera esta definición de la Real Academia de la Lengua, como poco precisa con respecto a con qué se relacionan estas emociones.  Por ende, Pereira (2010), alude a la definición de Bowlby donde se considera a el duelo como “el proceso psicológico que se pone en marcha debido a la pérdida de una persona amada” (p.656).

Para efectos del trabajo, se considera el duelo como una combinación entre la definición de Bowlby y Ortego et al (2001), considerando al duelo como ese proceso de pérdida de un ser querido; y al hablar de “pérdida”, en un caso específica se hablará en adelante de la muerte del cónyuge en particular. Se considera un  proceso porque tiene un comienzo y un fin.

Como se mencionó en párrafos anteriores, el duelo no es un estado, sino más bien un proceso natural en el que la personas atraviesa una serie de fases, etapas y/o tareas, las cuales conllevan a una superación de dicho proceso (Ortego et al, 2001). Estas etapas serán más detalladas en el siguiente apartado.

Según Millán y Solano (2010), en condiciones normales el duelo suele tener una duración de seis a doce meses, aunque en ciertas ocasiones se puede tomar mucho más tiempo. Además, mencionan sobre la existencia de presentar síntomas residuales los cuales también son considerados como “normales”.

El duelo tiene tres componentes, uno individual, uno familiar y uno social de acuerdo con Pereira (2010). Si bien es cierto, aunque exista una definición de qué es un duelo, realmente la mayoría lo desconoce hasta que no lo experimente en carne propia. Sin embargo, la importancia de efectuar este proceso de duelo, menciona Sánchez (2011) que es que en su ausencia de este mismo, se va a desarrollar un choque psicológico que imposibilita a la persona a crecer y aceptar el cambio

A continuación se muestran las principales etapas del duelo que se incluyen dentro del trabajo para un mejor entendimiento de este mismo.

4.2. Etapas principales del duelo



Como se mencionó con en el apartado anterior, en el proceso de duelo se han establecido varias fases o etapas; sin embargo, no existe una decisión unánime entre autores a la hora de determinar su número. Autores como Grollman, Bourgeois y Verdoux, Filgueira y Neumeyer, entre otros; indican que son tres etapas; mientras que otros autores como Bowbly indica que son cuatro fases; y hasta cinco fases según Kübler-Ross y Parkes. A pesar de esto, sí se comparten las líneas generales con puntos en común como lo menciona Ortego et al (2001).

Una de las características que este autor opina que se comparten en común entre las diferentes posturas es que no se consideran las etapas como universales, por lo que no es necesario que una persona en duelo tenga que atravesar por todas y cada una de ellas, ni tampoco existe un orden o secuencia determinada que deban de seguirse.

A continuación se muestran cinco etapas de duelo propuesta por Kübler-Ross en Editorial Vértice, (2010) y que se presentan a continuación.

4.2.1. Incredulidad y negación


Esta es la primera etapa a la cual se enfrenta la persona en duelo ante la pérdida de un ser querido. En este momento se evidencia una incredulidad, acompañada con sensaciones de aturdimiento y shock que desencadenan el mecanismo de negación. En este momento, de acuerdo con lo que escribe la editorial:

“La persona siente que no es posible estar viviendo una situación como la que le ha tocado. Busca de todas formas esconder y alejarse de la realidad en un intento por amortiguar el peso de la noticia” (p. 50)

La negación en este caso es manifestada a lo largo del duelo y este sentimiento suele aumentar al inicio y luego se reabsorbe gradualmente hasta la aceptación final de la pérdida del ser querido/a.

De ahí que Pereira (2010), habla de que en ocasiones se interpreta la negación como un intento de guardar un vínculo con el/la desaparecido/a; o bien como una defensa contra un dolor demasiado vivo o intenso. Aunado a esto, si el sujeto persiste con esta actitud de negación, se corre el peligro de que se prolongado el proceso de duelo.

4.2.2. Rabia e Ira


Esta es la segunda etapa que menciona la editorial corresponde a la experiencia y expresión de sentimientos de rabia e ira; en donde la persona en duelo se muestra desagradecido con las personas que se encuentran a su alrededor y se caracteriza por estar en un estado hostil. Explica además que la persona en duelo simplemente no encuentra razones suficientes y de peso, que expliquen la situación que le está pasando en este momento de la vida, y cómo es posible que para todos los demás la vida sigue “igual”. En esta etapa, el sujeto suele desarrollar una posición de crítica excesiva hacía sí mismo, así como aquellos que lo rodean.

En este momento, dice la Editorial Vértice (2010) que el doliente sólo piensa en la pérdida y este acontecimiento lo/la golpeó brutalmente a cada instante ocasionando una sensación de gran intensidad emocional. A través de la rabia y de la ira, también aparecen miedos a la constante sensación de estar al borde de una crisis, y donde el sentimiento de dolor comienza a ser más intenso.

4.2.3. Negociación


En esta tercera etapa, sobre la que se habla es aquella en que la persona en duelo por lo general disminuye sus niveles de agresividad debido a una aceptación parcial de la realidad que no puede cambiar; y entra en la etapa de negociación. En la mayoría de las personas creyente en su religión, realizan esta transacción con Dios; mientras que aquellos no tan apegados con la religión, recurren a profesionales u otras personas que representan para ellos cierta autoridad. Esto con el fin de que esta autoridad les ayude a entender algo de la situación que se ha dado para que, poco a poco, comience a darse un cambio en la posición del sujeto.

Esta etapa dice la editorial que se caracteriza por la presencia de cierta esperanza a que la circunstancia pérdida pueda ser recuperada.

4.2.4. Depresiva



La cuarta etapa se caracteriza por la aceptación de la pérdida, donde la persona siente un gran dolor y comienza a aceptar la ausencia de la persona. La Editorial Vértice (2010) se manifiesta una actitud de apatía y silencio en relación al mundo exterior debido a que se asume ahora la ausencia de esa persona.

Explica además que en esta etapa se presenta el arduo trabajo psicológico de desapegarse a la persona y a la situación. Se comienzan a dar cambios en los vínculos con la representación mental de la persona; así como también se suelen dejar atrás expectativas y falsas esperanzas relacionadas a la persona perdida.

Se comienza un proceso de reconstrucción de la propia conducta y se da un proceso de transformación interna; donde se abandonan algunos roles viejos pero se continúa con la búsqueda de una explicación ante lo sucedido.

Algunas posibles reacciones presentes en esta etapa son, la disminución gradual de los efectos del estrés, así como un aumento en la energía física y emocional y la restauración de los patrones vitales.

4.2.5. Aceptación


La última etapa, es la etapa de aceptación y paz, donde toda la energía mental retirada de la persona desaparecida se acumula y se concentra en el propio sujeto doliente, centrando la atención sólo en él o ella misma. Para lograr alcanzar esta etapa, ya ha pasado tiempo y el sujeto ya vuelve a sus actividades cotidianas, comenzando a realizar proyectos nuevos y su capacidad mental regresa a su estado “normal”.

En esta etapa, el deudo ha logrado reorganizarse tras la pérdida e inicia una fase de renovación. En este momento el sujeto comienza a aprender a “vivir sin” y “estar sin” lo cual es esencial del proceso de reconstrucción. Esto no quiere decir que se olvide de la persona, sino que simplemente se cambie la forma de “estar” (Editorial Vértice, 2010).

Una vez definidas las etapas de duelo a utilizar dentro del trabajo, se considera importante conocer los tipos de duelo que existen para poder tener una visión más amplia de este concepto. A continuación se muestra dicha información.

4.3. Tipología del duelo



A continuación se detallan tres tipos de duelo distintos.

.3.1 Duelo Retardado


Nuevamente, la editorial realiza un aporte, esta vez explicando que el duelo retardado se considera como un fenómeno en el que se experimentan sensaciones de duelo en el algún momento lejano a la pérdida de la persona querida. Luego de un considerable tiempo transcurrido del suceso, es que aparecen las características y el fenómeno de duelo como tal. En ocasiones, ciertas personas controlan sus emociones en exceso; éstas son quienes se muestran muy fuertes, ya sea porque se ven obligadas por la circunstancias o bien, porque no pueden o no quiere mostrar sus emociones. Este comportamiento conlleva a que durante meses o incluso años, se desencadene en el deudo, reacciones de duelo no resuelto; y se considera como una respuesta en ausencia de duelo.

4.3.2 Duelo ambivalente


En este caso, Pereira (2010) es quien dará definición a este tipo de duelo al describir que ésta se da cuando no se sabe muy bien si la reacción de ese sujeto ante la muerte es de alegría o de tristeza ante la pérdida. En este caso el autor menciona que se produce una primera reacción de alivio, y luego los sentimientos de dolor y de desesperanza tardan en aparecer; pero cuando lo hacen son realmente de un duelo muy intenso. El presenciar este tipo de duelo, inconscientemente se alarga el proceso de duelo combinado con presencia de características muy autopunitiva. Además menciona que es usual observar este tipo de duelo en situaciones de relación donde existía maltrato o abuso.

4.3.3 Duelo crónico


La editorial define que este es un tipo de duelo que se arrastra durante años y el o la deudo/a, queda completamente absorbido por los recuerdos, siendo incapaz de incorporarse a una vida normal.

Se ha visto una mayor presencia de este tipo de duelo en mujeres adultas mayores que enviudan habiendo sido muy dependientes de la persona desaparecida; y más bien mantienen una relación de dependencia aún tras la muerte, lo que imposibilita la resolución.

A pesar de que existen distintos tipos de duelo, éstos comparten determinadas manifestaciones, por lo que se detallan algunas de ellas en el siguiente apartado.

4.4. Manifestaciones del duelo



De acuerdo con Ortego et al (2001) algunas manifestaciones del duelo se traducen en sentimientos clave que se presentan por las personas que se encuentran inmersos; tales como tristeza, enojo/enfado, irritabilidad, culpa, autorreproches, ansiedad, sentimientos de soledad, cansancio, indefensión, alivio, anhelo, anestesia emocional y rabia contra sí mismo hasta llegar, en ocasiones, a ideas de suicidios.

Chavez (2011) por su paste dice que la tristeza es quizás, el sentimiento más común que se ha detectado en las personas en duelo, el cual no siempre se manifiesta a través de un llanto, aunque el llorar es una señal que precede de una reacción de comprensión y protección por parte de los demás.

Además explica que el enfado o el enojo que se experimenta es considerado como uno de los sentimientos más desconcertantes para el sujeto en duelo, pues si éste no lo reconoce adecuadamente, puede que el proceso de duelo se vuelva mucho más largo y complicado.

La culpa y el autorreproche son otros de los sentimiento que predomina en este proceso de duelo ya que es muy común que el sujeto se culpe, o que se refleje la culpa a través de algo que ocurrió en el momento de la muerte. En su mayoría, menciona el autor que ésta es una culpa irracional.

Además, menciona que la ansiedad es más que todo una sensación de inseguridad, la cual en casos extremos se puede convertir en una fobia; y la soledad es un sentimiento que predomina en este proceso y entiende que, el apoyo social puede ser útil para la soledad social. Sin embargo, ésta no mitiga la soledad emocional que provoca la ruptura de una relación.

Ortego et al (2001) por su lado menciona que además de los sentimientos antes mencionados, se ha evidenciado la presencia manifestaciones comunes del duelo como lo son las alteraciones perceptivas en las personas que se encuentran inmersos en este proceso, tales como alusiones, alucinaciones auditivas y visuales, generalmente transitorias y seguidas de críticas, entre otras.

Asimismo dice que existe la presencia de cogniciones como la confusión, la dificultades de memoria, atención y/o concentración, así como la presencia de preocupaciones, pensamientos obsesivos e intrusivos, los cuales se pueden acompañan de imágenes del muerto.

4.5. Estrategias de ayuda a las personas en duelo




Existen distintas estrategias que pueden ayudar a las personas en duelo; Ortego et al (2001) mencionan algunos aspectos en su artículo como:

  • Permitir la contemplación del cuerpo del fallecido para evitar cualquier fantasía, temor o presencia de “fantasmas” en etapas posteriores.

  • Hablar sobre la pérdida, ayuda al superviviente a tomar conciencia de la muerte.

  • Identificar y expresar los sentimientos en el “modo y manera” de cada persona, ya que no existe una norma para expresar los sentimientos unánime o universal; ya que todos se expresan de una manera diferente. Lo importante está en que se mantenga una comprensión empática y sin forzar ninguna situación.

  • Respetar el silencio si el doliente lo hace llegar. Muchas veces la comunicación no verbal puede ser más ventajosa para una persona en particular, que la comunicación verbal.

  • Escuchar a la persona en duelo permitiendo que éste cuente una infinidad de detalles y anécdotas de su vida con sentimientos relacionados con ese ser querido.

  • Siempre es importante informar sobre la duración del proceso de duelo y que, usualmente éste es de una duración prolongada por lo que es normal que no aparezca al poco tiempo. El duelo requiere tiempo y esto muchas veces no es algo obvio para la personas en duelo, ni para las personas de su entorno

Por ende, existen distintas maneras de cómo reaccionar con la persona que se encuentre en duelo. Lo importante es conocer estas técnicas y estrategias para poder reaccionar de manera adecuada antes las distintas situaciones.

Otros autores como Gil, Bellver y Ballester (2008), enfatizan en otro tipo de estrategias y técnicas para utilizar durante este proceso. Ellos aluden a lo siguiente:

  • Utilizar cartas, periódicos, fotos, imágenes en general o poesía, para expresar emociones, pensamientos, reconciliación y despedida con el fin de dar significado personal a la experiencia de la pérdida.

  • Usar fotos, videos y pinturas para estimular recuerdos y emociones.

  • Utilizar el “role playing” como una ayuda a las personas a representar diferentes situaciones que temen, o sobre las que se sienten molestas con el fin de facilitar el aprendizaje de habilidades y estrategias de afrontamiento.

  • Visualización e imaginación de escenas en las que se encuentra el/la fallecido/a con el fin de que sirvan para expresar los sentimientos. El éxito de esta técnica está en estar en el presente y de hablar con la persona fallecida y no, de la persona fallecida.

  • Utilizar técnicas de relajación para situaciones de ansiedad e insomnio.

  • Planificar actividades gratificantes.


Estas, como muchas otras técnicas son eficientes siempre y cuando se realicen en el momento oportuno y teniendo en cuenta las particularidades de cada individuo (Gil, Bellver y Ballester, 2008). Todas las estrategias difieren una de la otra, y otras son más similares entre sí. Sin embargo, esto no es importante. Si bien es cierto,  no hay una mejor que otra, eso va a depender de la persona en duelo, de su situación y de su personalidad. La relevancia está, en que existe una amplia gama de estrategias y opciones para utilizar con el fin de poder finalizar este proceso de una manera exitosa.

A continuación se presenta más detalladamente el proceso de duelo en los adultos mayores y algunas de las características de este proceso en esta etapa de la vida en particular.

4.6. El proceso de duelo en adultos mayores



Uribe, Valderrama y López, (2007) aportan que el hecho de acercarse a la adultez mayor, pone a las personas ante un sinfín de cambios y pérdidas las cuales repercuten de una u otra manera en la calidad de vida, el estado y estabilidad emocional, y trae consigo la conciencia de saber que la muerte está cada vez más cerca.

En el adulto mayor, tener que afrontar un duelo es un proceso muy doloroso como para cualquier otra persona en otra etapa de la vida. Sin embargo, para esta etapa en particular, Chavez (2011) destaca en su tesis algunas características del duelo en los adultos mayores, las cuales se mencionan a continuación:

4.6.1 Independencia


En el caso en particular de los adultos mayores, por lo general éstos han tenido un matrimonio largo (más largo que un matrimonio de jóvenes o de adultos medio), por lo que es probable que los cónyuges fueran muy dependientes de sus cónyuges en determinados roles y/o actividades; lo que conduce a un ajuste más difícil después de la pérdida del ser querido. En este caso, Sánchez (2011) menciona que es usual que el sujeto en proceso de duelo recurra a la persona que ya no está con vida.

4.6.2 Pérdidas múltiples


Además, Sánchez (2011) aporta que con la edad, aumenta el número de muertes de amigos, conocidos y familiares. Lo que sucede con el proceso de duelo de los adultos mayores es que se mezcla con otras pérdidas, como la pérdida de ocupación, de su ambiente, de las constelaciones familiares, del vigor físico incluyendo las discapacidades físicas, pérdida o disminución de las propias sensaciones y hasta una pérdida del funcionamiento cerebral.

4.6.3 Soledad


En este aspecto Sánchez (2011) opina que muchos de los ancianos que evidencian el proceso de duelo viven solos; y esto se asocia con un sufrimiento más intenso de soledad, ya que se siguen desarrollando en el mismo ambiente físico en que había compartido con su cónyuge. Inclusive existen indicios que entre más armonioso ha sido el matrimonio, se experimenta más soledad.

En ocasiones, el sentimiento de soledad es tan fuerte, que los adultos mayores no pueden continuar viviendo solos el proceso de duelo y requieren de atención institucional donde exista cierto apoyo. Lo anterior dice el autor que se respalda con que existe evidencia anecdótica que apoya el hecho de que los adultos mayores que se encuentran obligados a abandonar sus hogares durante su proceso de duelo, presentan un mayor riesgo de mortalidad.

4.6.4 Grupos de apoyo y evocar recuerdos


De acuerdo con Sánchez (2011), los grupos de apoyo son útiles a cualquier edad pero son particularmente importantes para los adultos mayores; ofreciéndoles  un contacto humano importante a quienes están experimentando un alto nivel de soledad.

En ocasiones, dentro de estos grupos de apoyo, se utiliza otra técnica de intervención en los adultos mayores, que es el evocar recuerdos, o bien realizar una “revisión de vida”. Es un proceso que ocurre de forma natural y que colabora en que la personas realicen un retorno progresivo a la conciencia de experiencias pasadas para poder re-surgir conflictos no resueltos. Al evocar recuerdos, dice el autor que se contribuye a un mantenimiento de la identidad, de manera que así, se puede trabajar el pasado.

Además de lo antes mencionado en este apartado, el autor añade que en ocasiones ciertos adultos mayores se vuelven demasiado dependientes de sus hijos, pero a pesar de que están en duelo, ellos y ellas tienen la capacidad de desarrollar nuevas habilidades y así, aumentar su autoestima; por lo que es importante tener en cuenta este aspecto.

Otro aspecto que resalta Sanchez (2011), es que es importante, no presupone que todos los ancianos que se encuentran en proceso de duelo, requieren o necesitan asesoramiento; ya que al considerarlo como un hecho, muchos adultos mayores muestran gran resistencia.  

Lo anterior conlleva al conocimiento del duelo como tal, los tipos de duelo que existen y distintas técnicas y estrategias a utilizar para poder llevar ese proceso con éxito. Por lo tanto, se continúa con el tema de la viudez, asociado justamente a esta etapa en donde los adultos mayores pierden a su cónyuge y reflejan este proceso de duelo.

De modo que una vez que se analizó la etapa del desarrollo como tal, así como la experiencia de la viudez como una adversidad que se atraviesa en esa etapa, y la respuesta que por medio del duelo se hace de la experiencia de pérdida; ahora corresponde analizar la forma en la que se afronta la situación después de haberla vivido, es decir la capacidad de resiliencia de la persona. De modo que a continuación se procederá a explicar a fin de comprender más certeramente qué es la resiliencia.

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