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Detección y diagnóstico:
Actualmente los sistemas de clasificación de los Trastornos Mentales y del Comportamiento que sirven de referencia internacional para los diagnósticos clínicos en todo el mundo son: CIE-10 (OMS, 1992) y DSM-IV (APA, 1994). A continuación exponemos los criterios de diagnóstico que sigue cada uno de estos sistemas.

Criterios para el diagnóstico del Síndrome de Asperger del CIE-10 (OMS, 1992).


  • Se observa un desarrollo intenso de intereses restringidos.

  • Se puede dar en personas con retraso mental leve.

  • Se puede dar en personas con retraso en el desarrollo del lenguaje.


Pautas para el diagnóstico

  • Mismo déficit cualitativo en la interacción social recíproca propio del autismo.

  • Presencia de un repertorio restringido, estereotipado y repetitivo de actividades e intereses.

  • A diferencia del autismo, no hay déficit o retrasos del lenguaje o del desarrollo cognitivo.

  • Pueden existir o no problemas de comunicación similares a los del autismo.

  • La mayoría de los afectados tienen una inteligencia normal, pero suelen ser llamativamente torpes desde el punto de vista motor.

  • Ocasionalmente aparecen episodios psicóticos en la vida adulta.



Criterios diagnósticos para el SA del DSM-IV (1994, Texto revisado en 2002).


  1. Trastorno cualitativo de la interacción social. Manifestado al menos por dos de las siguientes características:

  • Alteración importante del uso de múltiples comportamientos no verbales, como el contacto ocular, la expresión facial, la postura corporal y los gestos reguladores de la interacción social.

  • Incapacidad del individuo para desarrollar relaciones con iguales apropiadas a su nivel de desarrollo.

  • Ausencia de la tendencia espontánea a compartir placeres, intereses y logros con otras personas (por ejemplo, ausencia de las conductas de señalar o mostrar a otras personas objetos de interés).

  • Ausencia de reciprocidad social o emocional.




  1. Patrones restrictivos de comportamientos, intereses y actividades repetitivos y estereotipados.

Manifestados al menos en una de las siguientes características:

  • Preocupación absorbente por uno o más patrones de interés estereotipados y restrictivos que son anormales, sea por su intensidad o por su contenido.-

  • Adhesión aparentemente inflexible a rutinas y rituales específicos, no funcionales.

  • Estereotipias motoras repetitivas (por ejemplo, sacudir o girar manos o dedos, o movimientos complejos de todo el cuerpo).

  • Preocupación persistente por partes de objetos.




  1. El trastorno causa un deterioro clínicamente significativo de la actividad social, laboral y otras áreas importantes de la actividad del individuo.

  2. No hay retraso general del lenguaje clínicamente significativo (por ejemplo, a los dos años de edad el niño utiliza palabras sencillas y a los tres años de edad utiliza frases comunicativas).

  3. No hay retraso clínicamente significativo del desarrollo cognoscitivo ni del desarrollo de habilidades de autoayuda propias de la edad, comportamiento adaptativo (distinto de la interacción social) y curiosidad acerca del ambiente durante la infancia.

  4. No cumple los criterios de otro trastorno generalizado del desarrollo ni de esquizofrenia.


Como se puede observar, los listados diagnósticos que se han publicado hasta la fecha (incluidos los de los sistemas «oficiales» de la OMS y de la APA) no coinciden literalmente ni entre sí ni con las descripciones originales de Asperger y Wing, lo que ha generado bastante confusión y controversia. Sin embargo, estos listados, al igual que los estudios empíricos de estas décadas (estudios de casos individuales, comparaciones de grupos clínicos, seguimiento de cohortes, y otros) sí coinciden en muchos aspectos esenciales, por lo que permiten hoy en día asociar justificadamente el Síndrome de Asperger con un patrón de funcionamiento característico, tanto evolutivo como conductual (Belinchón, M. Sotillo, M. y Hernández, J.M., 2009).
El diagnóstico del Síndrome de Asperger, en general, es técnicamente muy complejo, debido, entre otras cosas, a la naturaleza sutil de algunas de sus manifestaciones y a la similitud del patrón conductual característico con el observado en otras condiciones. La ausencia de retraso intelectual, la buena capacidad verbal y la preferencia por formas de vida solitarias y con poca exigencia social, retrasan considerablemente, en muchos casos, el inicio del proceso diagnóstico. Con los instrumentos con que se cuenta hoy día este diagnóstico es muy difícil aún de hacer en niños de corta edad. Todo ello dificulta el diagnóstico del Síndrome de Asperger y retrasa el acceso subsiguiente a los apoyos.
El conocimiento preciso de la prevalencia de esta condición, así como su detección y diagnóstico tempranos, constituyen elementos fundamentales para la planificación de recursos por parte de las administraciones, y para el inicio, cuanto antes, de los tratamientos y de la provisión de los apoyos que requieren las personas.
Por otro lado, las propias características clínicas y funcionales de las personas con Síndrome de Asperger, y sobre todo la ausencia de problemas llamativos en los primeros 3 años de la vida, la ausencia de retraso intelectual, el hablante pedante o los intereses inusuales, dificultan el reconocimiento temprano de los problemas de estos niños.
Por otro lado, y en lo relativo específicamente al diagnóstico, los datos de los diversos estudios previos confirman indirectamente que los criterios «oficiales» que sirven en la actualidad como referencia internacional para el diagnóstico del Síndrome de Asperger (OMS, 1992; APA, 2002), al igual que los instrumentos y algoritmos desarrollados para el diagnóstico del autismo (p.ej., ADI-R y ADOS), hacen prácticamente imposible diagnosticar casos con Síndrome de Asperger antes de los 4 años, por debajo de esa edad los niños son demasiado pequeños para que se pueda determinar si las habilidades motoras, adaptativas y de autocuidado a las que se refieren estos criterios son atípicas o entran dentro de la variabilidad del desarrollo «normal». Además, el diagnóstico del Síndrome de Asperger, exige una madurez cognitiva y de lenguaje considerable para que se puedan hacer juicios clínicos, por ejemplo, sobre la adecuación de la conducta social, las amistades, la reciprocidad en la conversación y los intereses especiales.
Tomando en consideración estos hechos, en los últimos años se han desarrollado diversos instrumentos orientados, más que a la detección temprana, a la confirmación a cualquier edad de las sospechas de presentar un Síndrome de Asperger.
En España, (según Belinchón, M. Sotillo, M. y Hernández, J.M., 2008) no hay instrumentos específicos para diagnosticar el Síndrome de Asperger, exceptuando el CIE-10 y DSM- IV que sirven como referencia pero no son los más adecuados a la hora de detectar y diagnosticar el Síndrome de Asperger.
Pensamos que es imprescindible crear instrumentos específicos para diagnosticar esta patología, para una vez detectada y diagnosticada es poder identificar todas las necesidades que pueda tener una persona, con el fin de que al ser cubiertas, pueda alcanzar una óptima calidad de vida y pueda ser lo más independiente posible.
Una vez realizado un diagnóstico adecuado e identificadas las necesidades del alumno hay que otorgar un papel fundamental a la provisión de los apoyos, basándose en los principios de inclusión y de equidad como indica la LOE, y asumir que proporcionando los apoyos adecuados en ambientes naturales es posible mejorar el funcionamiento adaptativo individual y la integración en la sociedad.
Los apoyos apropiados reducen las limitaciones funcionales y permiten a los individuos participar y contribuir en la vida comunitaria, al mismo tiempo que se da respuesta a sus necesidades en un contexto social más natural. Por tanto, se pone especial énfasis en los apoyos naturales para mejorar los resultados personales, entendidos éstos como aquéllos apoyos proporcionados por personas o equipamientos del entorno, que se encuentran en el ambiente del individuo.

Necesidades en el ámbito educativo:
La revisión de los estudios demuestra que la mayoría de los niños y jóvenes con Síndrome de Asperger son educados en colegios ordinarios de integración. Hasta hace muy poco el número de estos alumnos integrados en la escuela era escaso, pero el aumento de la prevalencia en los últimos años y la mejor detección determinan que las personas con este síndrome representen ahora una proporción significativa de alumnos con necesidades especiales candidatos a la inclusión.
Ello ha hecho que el ámbito educativo tenga que responder de manera adecuada a las necesidades más frecuentes que suelen tener este tipo de alumnos, entre las que destacamos:
- Necesidades de detección: como hemos destacado anteriormente la detección de los niños y jóvenes con Síndrome de Asperger durante la etapa escolar tropieza con problemas, que sólo muy recientemente han comenzado a identificarse, de ahí que un porcentaje elevado esté mal identificado y sus problemas de relación sean malinterpretados a veces como problemas de conducta o de personalidad.
- Necesidad de adaptaciones curriculares: los problemas de aprendizaje de este alumnado son tan sutiles o atípicos que a veces no se considera que son alumnos con necesidades educativas especiales. Lo que a estas personas les ocurre constituye un trastorno que exige una evaluación psicopedagógica para establecer el nivel de funcionamiento, describiendo puntos fuertes y dificultades, y poder así proporcionarle las adaptaciones curriculares y los apoyos necesarios para responder a sus necesidades.
- Necesidad de disponer de una propuesta curricular que persiga niveles altos de calidad de vida. Metas educativas importantes son no sólo el logro de resultados académicos, sino también de resultados personales, valorados y percibidos como importantes para la vida de la persona. Esto implica ir más allá de las adaptaciones curriculares individualizadas y hacer una planificación centrada en la persona para, entre otras finalidades, fomentar el establecimiento de relaciones sociales significativas.
- Necesidad de un plan individualizado de apoyo porque es crucial que los apoyos se adapten a cada alumno. Esto implica identificar necesidades en las distintas áreas determinando el nivel y la intensidad de los apoyos necesarios en cada una de ellas.

- Necesidades metodológicas. Es importante el estilo de enseñanza directivo y tutorizado para proporcionar un ambiente social y de aprendizaje donde el alumno se sienta seguro y competente. Asimismo, el desarrollo y la participación en la escuela de los alumnos con Síndrome de Asperger demanda realizar adaptaciones de acceso tales como diseñar entornos significativos y psicológicamente accesibles para los alumnos (estructuración del aula, recreo, comedor..), emplear apoyos visuales para organizar la jornada escolar (horarios visibles, uso de agendas...), utilizar indicadores sencillos que faciliten la secuencia temporal, establecer procedimientos de anticipación y previsión de cambios, y usar las nuevas tecnologías de la información en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
- Necesidad de coordinación familia-escuela. Las escuelas y los padres de estos alumnos deben estar estrechamente compenetrados para que el alumno pueda avanzar adecuadamente y siga los mismos procedimientos en la escuela y en casa para poder progresar y conseguir las metas educativas propuestas.
- Necesidad de orientación y asesoramiento en los cambios de etapa, especialmente en la transición de la etapa primaria a la secundaria, que tiene que ser cuidadosamente preparada.
- Necesidad de mejorar las oportunidades de aprendizaje y el apoyo social y académico en la educación secundaria obligatoria (ESO) ya que es una etapa difícil para todos los alumnos en general y para estos alumnos en particular debido a la edad y al cambio tan brusco de la organización de la educación primaria a la secundaria.

Intervención con Asperger




La intervención con alumnos con Síndrome de Asperger supone trabajar aspectos como la interacción y relaciones sociales, comunicación, dificultades sensoriales y motoras, dificultades emocionales, conducta y habilidad para el trabajo.
En la práctica, casi todos los niños con Síndrome de Asperger se escolarizan en las etapas obligatorias y postobligatorias en centros de educación ordinarios. Algunos son atendidos sin necesidad de recursos extraordinarios, otros pueden requerir distintos tipos de recursos y de apoyos materiales, personales (como maestro de Audición y lenguaje y/o maestro especialista en pedagogía terapeútica) y curriculares para desarrollar su proceso de enseñanza y aprendizaje. Otros son escolarizados en aulas de integración preferente de alumnos con Trastornos Generalizados del Desarrollo, (como en el alumno del caso que hemos tenido que proviene de un aula con TGD). Muy pocos son escolarizados en centros de educación especial.

Antes de comenzar nuestra intervención pensamos que es importante tener en cuenta los siguientes aspectos:
Para proporcionar una respuesta adecuada a las NEE de los alumnos con Síndrome de Asperger hay que tomar una serie de decisiones a nivel de centro y de aula, compartidas por la comunidad educativa, que asuma a nivel conceptual, metodológico y organizativo la diversidad como factor inherente a todo grupo humano. Es esa misma diversidad la que hará necesario un esfuerzo de adaptación de la escuela a las características de los alumnos con estas alteraciones.
Entre estas decisiones destacan: a nivel de centro el proyecto educativo, el proyecto curricular y el plan de atención a la diversidad; y a nivel de aula, la programación de aula. En la medida en que tomemos buenas decisiones en estos niveles, menos necesarias serán las adaptaciones curriculares.
Es posible que sea necesario adaptar algunos elementos curriculares para dar una respuesta adecuada a las NEE de nuestros alumnos. Estas adaptaciones deben quedar recogidas en el D.I.A.C.
En nuestro caso el alumno se escolariza en un centro ordinario, tiene adaptaciones curriculares significativas, ya que su propuesta se aparta mucho de lo que se propone al resto de alumnos de su edad.
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