La educación primaria en el uruguay del siglo XXI




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REPUBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY

CONSEJO DE EDUCACIÓN PRIMARIA

GRUPO DE TRABAJO

Agosto 2008


LA EDUCACIÓN PRIMARIA EN EL URUGUAY DEL SIGLO XXI.
Esta propuesta educativa se formula desde el marco de las Ciencias de la Educación. Se han tomado tres disciplinas consideradas referentes fundamentales: Filosofía de la Educación, Pedagogía y Didáctica. El planteamiento general incluye la especificidad de cada campo académico y sus relaciones.
Educación, política y poder
La Educación constituye un derecho de todas las personas y una condición fundamental para la democracia social participativa, por tanto es responsabilidad del Estado garantizarlo.

En tanto actividad humana es un proceso social históricamente construido, ideológicamente condicionado y éticamente conducido.

Concebirla como acción liberadora implica educar para pensar, educar para decidir conscientemente dentro de una pluralidad de alternativas y tensiones.

Educar para hacer opciones con fundamento significa poder explicar la opción con argumentos teóricos, exige firmeza y rigor para conocer, para acceder al saber, para comprender la cultura, las culturas.


La educación es política y está siempre sostenida por una opción ética”1
La educación como terreno de tensiones existe en tanto operan fuerzas contrarias que buscan darle sentido. Fuerzas que entran en lucha porque la educación está necesariamente ligada a la transmisión de conocimientos y de valores culturales que no son homogéneos. Es a través de las instituciones educativas que se crean significados y se legitiman prácticas sociales construyendo modelos para hacer públicos los saberes.

La escuela del estado, como institución educativa: “no puede dejar de definirse como un lugar de vigencia de lo público. Es decir de lo público como criterio de legitimación de los saberes, y del espacio social construído en los procesos de su transmisión y apropiación. (...) Un saber es público, cuando está destinado a todos, cuando cualquiera lo pueda aprender. Es aquello que Aristóteles llamaba el carácter enseñable de los conocimientos bien fundados (es decir científicos).2

Dentro de este contexto se hacen explícitos los discursos y acciones que ponen en juego el ejercicio del poder (dominación, resistencia, emancipación). Ejercicio del poder que no es neutral sino que devela el modelo de racionalidad que lo sustenta y los intereses a los cuales responde.

La educación es ese escenario en el cual el poder y lo político adquieren una expresión fundamental ya que es allí donde el significado, el deseo, el idioma y los valores se vinculan con y responden a las más profundas creencias sobre la naturaleza misma de lo que significa ser humano, soñar y luchar por una forma concreta de vida (como adaptación a la realidad o como transformación hacia un mundo más justo y solidario, más humano).

El poder de producir y difundir verdades es poder para producir y difundir ideología.



Durante el Siglo XX el discurso dominante implantó un modelo de hegemonía cultural que implicaba la aceptación de la los supuestos y mitos sociales: la competencia, la verticalidad del poder, convivir con la injusticia sin reclamar.

La cultura dominante ha buscado convencer a la sociedad que ciertas situaciones y procesos son normales, que es necesario aceptarlos como tales, sin cuestionamientos que pongan en riesgo esa concepción armónica de la sociedad y así asegurar su hegemonía.

Los supuestos sociales y educativos se centran en el positivismo, se basan en la lógica y el método de investigación de las ciencias naturales, en el control técnico y el principio de racionalidad técnica.

Esta concepción llevó a la subordinación de la teoría frente a la evidencia práctica. La noción de objetividad y neutralidad constituyeron los pilares ideológicos conservadores de este paradigma educativo. El conocimiento se presentaba bajo la aparente independencia del contexto político y cultural que le daba significado.

La teoría fue perdiendo preocupación por los fines y la ética, se justificaba un modelo pasivo de hombre, sumiso y acrítico.

La educación como praxis liberadora.
La educación como praxis liberadora se enmarca en la Teoría Social Crítica y representa la posibilidad de superar los supuestos del positivismo, situando a la educación como acto político fundamental.

Como acto político implica que los seres humanos deben emerger de su ignorancia – inconciencia y conquistar las condiciones para intervenir en la realidad históricamente situada reconociendo las tradiciones, las biografías individuales y las relaciones intersubjetivas con otros hombres.

Esto significa que , para trascender el enfoque positivista y su racionalidad técnica se necesita cambiar más que las estructuras organizativas del sistema , se deben idear y construir formas alternativas de transformación consciente hacia el cambio social. Éste no es un problema exclusivamente académico es también un asunto político.

La educación entonces, como dice Paulo Freire 3, en tanto referente del cambio, de la transformación del hombre y del mundo representa una praxis, una forma de acción y reflexión que emerge de la unión de los lenguajes de la crítica y de la posibilidad. Representa esa necesidad que se plantea desde los educadores de establecer un apasionado compromiso por lograr que lo político se convierta en algo más pedagógico y lo pedagógico en algo más político.

Esta concepción antropológica sitúa al hombre en el camino de la búsqueda, de la búsqueda de sí y de los otros, de su saber y del saber de los otros, de su cultura y de la cultura de otros. La educación es esencialmente un proceso de humanización, de concientización, o sea de construcción de un pensamiento crítico para que el hombre se haga sujeto de los cambios junto a otros sujetos y así transformar la realidad en que viven transformándose.

Este posicionamiento se define como racionalidad emancipatoria, vinculando pensamiento y acción a favor de la liberación de la sociedad y la cultura en su conjunto.

Esta nueva teoría de la cultura señala la importancia de la conciencia y la subjetividad en el proceso de formación y autoformación. Jerarquiza la intencionalidad de la intervención humana y a la vez hace visible la esperanza .

Simultáneamente asume el compromiso ético basado en la solidaridad y la responsabilidad, orientado hacia la construcción de una sociedad más justa donde el sujeto adquiere poder para desocultar las formas de dominación y está en condiciones de diseñar un modelo de educación en el marco de los Derechos Humanos.

La centralidad del hombre exige que los derechos humanos impregnen el proceso educativo. Para ello debe conocerlos , lo que implica descubrirlos en la práctica social para comprender que no son neutros, que suponen opción, que significa no aceptar cualquier comportamiento social, político o cultural, que exige valorar situaciones, posiciones, prácticas y relaciones.

Educar para los derechos humanos significa pensarlos, practicarlos, argumentar con ellos, comprenderlos como conquista de los hombres, como construcción colectiva; reconociendo su historicidad y por tanto considerarlos universales y obligatorios para todos los hombres en cualquier situación.

Los Derechos Humanos son una cuestión pública. Lo público ha estado y continúa estando vinculada con lo universal, lo referido a todos, a la sociedad en general, al pueblo. Por ello constituye un compromiso y responsabilidad del Estado garantizar el derecho de todos a la educación, la cultura, la salud y la vida.
La Educación en el marco de los Derechos Humanos.
Las concepciones contemporáneas sobre la democracia, particularmente la democracia social, requieren pensar nuevos modelos de educación vinculados al desarrollo del hombre y la sociedad. Una visión integral del desarrollo democrático exige ver lo económico, lo político, lo cultural y lo social formando parte de un mismo enfoque centrado en el hombre.

Las nuevas concepciones sobre los derechos referidos a infancia, etnia, género, entre otros constituyen hoy pilares fundamentales de la concepción de ciudadanía.

Esta nueva ciudadanía requiere que la educación sea responsabilidad de todos como situación social multideterminada, que ya no puede resolver sus desafíos desde una perspectiva única ni unilateral por lo cual demanda el compromiso de respeto y solidaridad como perspectiva dialéctica derechos - deberes.

Supone situarse históricamente en el hombre como ciudadano, identificando en el tiempo el papel del Estado, su constitución, sus espacios de autonomía y soberanía como conquistas sociales en la consolidación de esa sociedad democrática.

La vigencia de los principios fundacionales de la Educación Pública en nuestro país están en la esencia de su propia redefinición.

Autonomía, Laicidad, Obligatoriedad, Gratuidad, Igualdad, Integralidad, Libertad y Solidaridad son los fundamentos teóricos que trascendiendo el contexto de origen se constituyeron en los principios de Política Educativa de Estado que han caracterizado al Sistema Educativo Uruguayo es sus rasgos más singulares.

Autonomía: compromiso ético - profesional.
En el “Primer Congreso Nacional de Educación Maestro Julio Castro” realizado en el año 2006 4se proclamó la autonomía como un principio rector de la educación pública y se señaló que en términos jurídicos implica dotar a un ente del grado máximo de descentralización respecto al poder central del Estado.

Clásicamente y a nivel internacional significa otorgarle a un ente plenas potestades para autodeterminarse en las esferas administrativa, financiera, técnico docente y de gobierno. La autonomía de gobierno o autonomía política viene a garantizar las tres primeras.

La autonomía en su dimensión técnico - docente significa que la especificidad de la educación exige una orientación pedagógica bajo la responsabilidad de profesionales de la educación. Se garantiza así que las decisiones sobre políticas educativas guarden relaciones razonables con argumentos teóricos orientados por los fines de la educación.

La autonomía financiera se asegura a través de la Ley de Presupuesto del Estado, la cual asigna los recursos económicos que cada uno de los servicios educativos públicos que integran el sistema entiendan necesarios, respetando y respondiendo a su propia iniciativa. Supone la independencia económica, lo que equivale a afirmar que no debe estar condicionada por agentes externos al sistema (ni privados a nivel nacional ni extranjeros).

Laicidad : garantía para una cultura democrática plural y crítica.

La Laicidad es una concepción que surgió y se afianzó en un escenario de permanente polémica y debate lo cual evidencia claramente posiciones, intereses y contradicciones en la sociedad y la cultura. Como tal es un principio de alto valor pedagógico ya que se sitúa en los aspectos sustantivos más profundos, a veces ocultos, del acto de educar.

“…. No hay ni ha habido jamás una práctica educativa, en ningún espacio – tiempo, comprometida únicamente con ideas preponderantemente abstractas e intocables. Insistir en eso es tratar de convencer a los incautos de que ésa es la verdad es una práctica política indiscutible con que se intenta suavizar una posible rebeldía de las víctimas de la injusticia. Tan política como la otra, la que no esconde, sino que por el contrario proclama su politicidad.

Lo que me mueve a ser ético por sobre todo es saber que como la educación es, por su naturaleza, directiva y política, yo debo respetar a los educandos, sin jamás negarles mi sueño o mi utopía. Defender una tesis, una posición, una preferencia, con seriedad y con rigor, pero también con pasión, estimulando y respetando al mismo tiempo el derecho al discurso contrario, es la mejor forma de enseñar, por un lado el derecho a tener el deber de “pelear” por nuestras ideas, por nuestros sueños, y no sólo aprender la sintaxis del verbo haber, y por el otro el respeto mutuo. …”5

La concepción humanista y antropológica de Educación sustentada en el principio de Laicidad tiene un referente pedagógico fundamental en el pensamiento de la Maestra y Pedagoga Reina Reyes quien cuatro décadas atrás planteaba con pasión que toda educación que atienda a la formación integral del niño, joven o adulto exige desarrollar el pensamiento reflexivo y el sentimiento de igualdad. Pensamiento reflexivo que requiere de la actividad intelectual del sujeto en tanto hombre Es promoviendo la libertad de pensamiento y de expresión que se logra, libertad vista en su doble dimensión, como libertad individual (libertad - autonomía) y como libertad social (libertad – participación) fundada en un profundo respeto de sí mismo, del otro y del conocimiento.

"...En un alto nivel de abstracción la laicidad supone un ideal de convivencia basado en el respeto a la persona e implica una actitud opuesta a toda presión coercitiva para el pensamiento y para los sentimientos individuales en los dominios de la religión, de la política o de la filosofía. La laicidad es un elemento esencial de las democracias instituídas y resulta fácil establecer la similitud entre el contenido de las palabras "laicidad" y "democracia" cuando ésta se entiende como forma de vida." (...).¿cómo debe ejercer el educador su necesaria autoridad? Esta cuestión se plantea en forma singular en cada una de las situaciones de cada pareja educativa y esto es lo que hace que la acción de educar sea la más compleja de las actividades humanas, si el educador tiene conciencia de su responsabilidad como tal." 6

“El principio de Laicidad implica promover el tratamiento integral y crítico de los temas mediante el libre y público acceso a las fuentes de información y conocimiento, que posibilite una toma de posición consciente de quien se educa
.
Se garantiza entonces, la pluralidad de opiniones y la confrontación racional y democrática de saberes y creencias. (...) Requiere del sujeto una capacidad de discernimiento tanto
en lo individual como en lo social que le permita ubicarse en la posición del otro. Implica el pleno desarrollo de las estructuras mentales que asegure el ejercicio del pensamiento reflexivo y la capacidad crítica.(…) Este principio se sustenta en la racionalidad crítica y en la problematización del conocimiento, oponiéndose a cualquier dogmatismo y práctica adoctrinante. (…) no significa neutralidad respecto a ningún fenómeno de la vida social, sino que alude al desenvolvimiento de prácticas de libertad y pluralidad, tomando como principios el cooperativismo, la solidaridad, el compromiso con la igualdad social, el respeto a la diversidad.”7
La emancipación en el plano material, económico y técnico supone liberarse de situaciones de hambre, miseria, enfermedad mientras que en el plano intelectual le habilita a vencer la ignorancia, el temo y la sumisión a verdades únicas, absolutas, incuestionables. Es una toma de posición, un devenir, una realización progresiva esencialmente antidogmática.

La Laicidad se construye en el escenario de los Derechos Humanos centrada en la Igualdad de los hombres frente a sus derechos.
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