La educación primaria en el uruguay del siglo XXI




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Obligatoriedad y gratuidad: principios de la educación como derecho humano fundamental.
Obligatoriedad y gratuidad son principios incuestionables al considerar el derecho a la educación de todos los hombres y el correspondiente compromiso con un proyecto social y político que lo concrete.

El hombre considerado como sujeto de derechos ha de ser partícipe en la determinación de los fines de la educación.

Estos principios desde la perspectiva jurídica están incluidos en la Constitución de la República ( Art. 70 y 71) y trascienden el ámbito de la educación formal.

Analizar los derechos en los contextos reales en los cuales se materializan y las relaciones de poder que regulan los ámbitos humanos es una condición esencial para una educación democrática.

La convivencia humana requiere del debate permanente como fundamento de la construcción colectiva, crítica y participativa de la sociedad y la cultura para permitir profundizar las relaciones democráticas en ella en términos de derechos y deberes.

El Estado y la Familia son instituciones que garantizan los derechos fundamentales de niños, jóvenes y adultos para alcanzar su conciencia crítica y transformadora. Son la esencia de la condición humana en cualquier momento de su vida.

Este debate es dialógico, intersubjetivo, ético y problemático. Constituye un proceso de construcción continuo.

Este estado de situación deseable es una construcción histórica, consecuencia de la acción del hombre en la búsqueda de respeto de la dignidad humana y la creación de un mundo del cual formar parte como sujeto activo, consciente y reflexivo

La condición humana de igualdad de derechos permitirá resolver contradicciones como inclusión – exclusión social, cultural, política e ideológica, a través de una vigilancia constante de las relaciones de poder justificadas en el marco del interés emancipatorio del hombre y la sociedad.

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Igualdad, Integralidad y Libertad: conceptos centrales para la formación integral del hombre y del ciudadano.
La Igualdad constituye la esencia y existencia misma del hombre. Significa respetarse, respetar al otro y a los otros reconociendo sus identidades, rechazando las ideas de homogeneidad versus diversidad que se justifican solamente desde un criterio de dominación o disciplinamiento.

En el plano teórico significa considerar al hombre como “hombre situado” 8 , aquel que se hace históricamente definiendo su singularidad en un entramado social concreto, donde las relaciones de poder y el juego de intereses en los que participa contribuyen a conquistar su auténtica libertad.
“Como presencia consciente en el mundo no puedo escapar a la responsabilidad ética de mi moverme en el mundo. Si soy puro producto de la determinación genética o cultural o de clase, soy irresponsable de lo que hago en el moverme en el mundo y si carezco de responsabilidad no puedo hablar de ética. Esto no significa negar los condicionamientos genéticos, culturales, sociales a que estamos sometidos. Significa reconocer que somos seres condicionados pero no determinados. Reconocer que la Historia es tiempo de posibilidad y no de determinismo, que el futuro, permítanme reiterar, es problemático y no inexorable.”9
Por esto la igualdad no es una condición dada sino conquistada. Conquista que requiere de la conciencia de inacabamiento, de inconclusión que nos hace responsables y también nos hace conscientes de la esperanza y la posibilidad, es decir nos hace sujetos y no meros objetos del proceso.

La inconclusión y la esperanza son dos dimensiones sustantivas de la libertad del hombre.
El principio de Integralidad se acuña en una concepción humanista de la educación. Se plantea como idea relevante para formar al pueblo a través de una educación estética y emancipadora.10

Desde la concepción de hombre como sujeto de derecho y con derecho en el marco de una sociedad democrática Pedro Figari a principios del Siglo XX propuso una educación integral en sentido amplio incluyendo una formación intelectual acompañada de una formación manual. Ingenio y vocación son los elementos fundamentales para el desarrollo integral de la personalidad del hombre como “obrero artista”.
“El arte humano, como manifestación del ingenio del hombre, es idéntico esencialmente, cualquiera que sea la pista en que se ejercite, puesto que deriva de un mismo instrumento – el ingenio- y tiende igualmente a servir nuestras necesidades y aspiraciones de mejoramiento, en el esfuerzo de adaptación al ambiente, a la realidad en que vivimos, y que es la vida misma (…)

Entiendo, pues, que siempre, y muy particularmente en la hora actual de América, todas las artes – eso es, todas las formas del ingenio- deben estimularse y florecer al propio tiempo y cuando sea posible: las investigatorias, las gubernamentales, las industriales, las pedagógicas, las de experimentación, etc., lo propio que las poéticas, literarias, pictóricas, musicales, escultóricas, arquitectónicas. Todo esto es la vida, la vida real, la vida efectiva, la vida integral.”11

Esta concepción de educación integral no niega ni ignora al hombre como sujeto activo en los procesos de producción, sino todo lo contrario. Concibe el trabajo como actividad social y cultural que dignifica la vida del hombre, que contribuye a su humanización en la medida que transforma su pasividad en participación, su ignorancia y sumisión en actitud crítica y reflexiva, su postura individualista y egoísta en construcción con sentido solidario y cooperativo.

En la Educación Primaria siempre ha estado presente la intencionalidad de promover la solidaridad como idea directriz y fermental12 de la democracia.
“Este principio se considera como un derecho porque permite educar a la persona en todas sus dimensiones, física, intelectual, social, afectiva, estética y ética.(…)

Dentro del principio de integralidad apostamos a promover las técnicas de resolución alternativa de conflictos desde la educación inicial, generando una cultura de la paz, procurando centrar sus acciones en el respeto por el otro, la solidaridad y la no discriminación.”

Se debería incluir la cultura de paz en los principios de la educación, así como fomentar a nivel nacional e internacional el desarrollo de la paz y la justicia. Se debe defender los derechos humanos ya que todos los seres humanos sin exclusiones son sujetos de derecho”13
Solidaridad versus competitividad.

La educación contemporánea se enfrenta con una sociedad fuertemente segmentada, fragmentada hasta el extremo del individualismo y la competitividad promovidos por un modelo capitalista que deshumaniza a través de la pérdida de la historicidad, la subjetividad y el descreimiento en las utopías.

Las relaciones sociales se impregnan de indiferencia, desconfianza, violencia e inseguridad lo que significa la negación del hombre (del yo y de los otros) como sujeto histórico.

Se impone a niños, jóvenes y adultos vivir el presente sin pensar en el futuro, se jerarquiza el tener, posesión de bienes materiales, frente al ser como proceso de concientización de su lugar en el mundo y la posibilidad de transformarlo.

La educación puede adoptar dos posturas:

- asumir la sumisión frente a este modelo hegemónico, contribuyendo a mantener esta estructura y funcionamiento individualista y competitivo de la sociedad y la cultura

- posicionarse para construir un modelo contrahegemónico fundamentado en los principios de solidaridad y cooperación.

En esta segunda postura la concepción de hombre se orienta a recuperar su humanidad, conocerse a sí mismo, comprender a los otros, conocer la vida, comprender la gente, lo que implica la construcción de un saber intersubjetivo en el proceso de formación de una personalidad cooperativa y solidaria.

En este escenario la educación democrática permitirá la recuperación de la confianza en el hombre como sujeto de posibilidad, de imaginación y contribuirá a valorar la búsqueda de fines comunes y la construccción de una sociedad de utopía.

Las relaciones sociales se constituirán favoreciendo la consolidación de sentimientos de respeto, de valoración de sí mismo y del otro en situaciones reales. Comienza a tener importancia lo que dice y piensa el otro.

El lenguaje adquiere un lugar central en este modelo relacional y dialogal que exige compromiso y conciencia de participación. Decir su palabra implica comprender el mundo, es decir, pensarlo para poder decirlo.

Hacer suya su palabra, en tanto unidad de sentido y significado, como construcción intelectual supone que la palabra adquiere más poder en la medida en que aumenta la interrelaciónn entre pensamiento y lenguaje, de esa forma el pensamiento se hace más verbal y el lenguaje más racional. (Vigotsky)

Es así que el lenguaje adquiere un lugar privilegiado en la democratización del saber, en la construcción del conocimiento.

Las escuelas del estado como esferas públicas democráticas14 están llamadas a redefinir sus fines en cuanto a la alfabetización crítica de las nuevas generaciones.

“... la alfabetización debería capacitar a las personas para interpretar críticamente sus mundos personales y sociales (...)”15

La educación democrática contribuirá a la construcción de una cultura de los derechos, una cultura de la solidaridad, una cultura de la paz.


Educación, conocimiento y saber.
La Educación implica apropiación y producción de conocimiento por tanto Educación, Arte, Ciencia y Tecnología son componentes centrales de la cultura contemporánea. Las relaciones entre ellos nos permiten pensar qué es enseñar y qué implica aprender. Las situaciones de enseñar son situaciones intencionales.

La escuela que conocemos es una institución que nació con el proyecto de la modernidad, basada en una imagen racionalista del mundo. La razón apoyada en la inteligencia del hombre, le permitía mostrar un conocimiento científico empíricamente válido. El conocimiento fue adquiriendo un carácter público y convirtiéndose en un derecho de todos pero que exigía ser trasmitido como un conocimiento único, de verdad, bien y belleza apoyado en la objetividad del saber científico.

Este conjunto de conocimientos se constituye en la cultura escolar. Cultura escolar que debía ser aprendida también en forma única por seres humanos diferentes.



Esta estructura ideológica para Gramsci, hegemonía ideológica, es una forma de control que manipula las conciencias, direcciona los procesos y domina los comportamientos sociales.

La hegemonía ideológica se transforma en hegemonía cultural constituyéndose en “un proceso cultural totalizador”, con intencionalidad social, que organiza significados, valores y prácticas. Esta totalización opera de un modo muy intenso, naturalizando modos de ver y de actuar y constituyendo un sentido de la realidad.

Dentro de esta concepción el conocimiento aparenta ser independiente del contexto. Es decir, que se divorcia de las tradiciones políticas y culturales que le dan significado.

Con la sociedad posmoderna aparece la pérdida de fe en el progreso y la falta de creencia en el desarrollo ilimitado de la sociedad humana por los avances de la ciencia y la tecnología. El ser humano y las comunidades no tienen un horizonte definido, tienen que asumir vivir en la incertidumbre, en el cinismo de aprovechar la sinrazón en provecho propio y la búsqueda del placer en el presente sin considerar las consecuencias. La Escuela sigue siendo fundamentalmente racionalista, se resiste a cambiar, aunque de hecho cambia.

La estética desplaza a la ética en todos los ámbitos. Las apariencias dominan el terreno de las representaciones. La ausencia del fundamento axiológico es el símbolo más claro de la crisis de la educación y la cultura contemporánea

En esta realidad educativa se hace necesaria una práctica reflexiva, creativa y consciente de esas condiciones.

Afirmar que todos poseemos conocimientos, que la riqueza de la cultura y la importancia de la educación radican en que no todos tenemos los mismos conocimientos y por tanto necesitamos de otros para saber más; significa situar al hombre como sujeto de la educación y de su educación.

La Educación Primaria reconoce al niño como sujeto de derecho, poseedor de una identidad cultural que le es propia y que responde a su condición humana, a su historia personal, al contexto concreto en el que vive y a la sociedad de la que forma parte.

La formación del niño, del hombre, implica la posibilidad de saber más y el valor de la educación está en despertar la curiosidad por saber más, en generar el deseo, el placer y la alegría de saber. La curiosidad y el deseo se constituyen como actitud ética y estética en relación al conocimiento. Se respeta la situación de saber y se generan instancias de búsqueda, de investigación, de intercambio que caracterizan la convivencia participativa y respetuosa de sí mismo y de los otros.

El docente como intelectual transformador se posiciona desde el lugar de quien enseña para construir el conocimiento que quiere enseñar ideando la situación de enseñanza, estructurando el escenario de diálogo, de debate y de construcción de sentido de la enseñanza y del aprendizaje.

Quien en esa situación se ubica como aprendiz, el alumno, también construye un escenario en el cual la comprensión del conocimiento supone iniciar un diálogo con el saber y con quien ha seleccionado y organizado ese saber como objeto de estudio.

Estas relaciones están condicionadas por la intencionalidad de quien enseña y de quien aprende, no son neutrales ni objetivas sino que responden a intereses. Por lo tanto cada uno de los actores piensa, define, crea su modelo de interpretación del saber transformándolo en conocimiento propio, aprendido, interiorizado.

Esta relación dialéctica entre educando y educador, entre el docente y el saber, el alumno y el saber, exige una postura de humildad de cada uno de ellos, requiere reconocer que no sabe lo que el otro sabe y que se está generosamente dispuesto a compartir ese saber, que no se piensa o razona de la misma forma lo cual hace necesario asumir la diferencia para poder superarla.
"....enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción.

........Al hablar de construcción del conocimiento, criticando su extensión, ya debo estar inmerso en ella, y en ella la construcción debe estar envolviendo a los alumnos."16

Los educadores se posicionan desde esta perspectiva para pensar su praxis.

Este posicionamiento significa:

-Considerar a los alumnos como personas en un momento particular de su vida, la infancia y juventud, con las características propias y las potencialidades que favorecen su continua evolución y transformación.

-Constituirse como un modelo de democratización de la cultura que combina dinámicamente la universalización con la relación dialógica y dialéctica entre los sujetos de la educación y de ellos con el saber.

-Valorar la pluralidad de concepciones como factor positivo, lo que supone considerar la cultura infantil y juvenil como manifestaciones humanas válidas y vigentes compartiendo e interactuando en escenarios comunes con otras manifestaciones culturales y en el ámbito educativo con la cultura académica.
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