Instituto Ibero latinoamericano de Profesores en Bariatria Clínica




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Instituto Ibero latinoamericano de Profesores en Bariatria Clínica


“PREVALENCIA DE SOBREPESO Y OBESIDAD EN NIÑOS DE

7-12 AÑOS DE EDAD, EN CONSULTORIO PRIVADO”


Alumno: Abraham Omar Franco Ruiz

México D.F a 13 de Diciembre del 2014

INDICE


2…………………………………………………………………….Índice

3……………………………………………………..………Introducción

4……………………………………………….……….Marco Contextual

  1. Situación Actual de la Obesidad

  2. Planteamiento del Problema

  3. Justificación

  4. Objetivo General y Específico

8……………………………………………………….…………Marco Teórico

33……………………………………………………………….….Metodología

37…………………………………………………………………….Resultados

39………………………………………………………………..….Discusiones

43……...…………………………………………………………..Conclusiones

45…………………………………………………………….Recomendaciones

46.……………………………………………………………….…….Bibliografía
INTRODUCCIÓN

El sobrepeso y la obesidad son un problema de salud pública, que afecta tanto a países desarrollados como en vías de desarrollo, cuya etiología incluye factores genéticos, tempranos (bajo peso al nacer, malnutrición fetal, diabetes gestacional, otros), metabólicos, sicosociales y ambientales. En las últimas décadas, América Latina ha experimentado transformaciones socioeconómicas y demográficas, caracterizadas por una rápida urbanización y un creciente proceso de industrialización, que se acompañaron de modificaciones en el perfil epidemiológico, en los patrones alimentarios y en la actividad física. En su etiología interviene diferentes factores; en países industrializados el problema refleja condiciones socioeconómicas relacionadas con el exceso en el consumo de alimentos y hábitos de vida inadecuados; en los países menos desarrollados se debe a la existencia de un patrón de consumo distorsionado debido a la necesidad de llenar los requerimientos con calorías de bajo costo provenientes de los carbohidratos y grasas saturadas.

La prevalencia de sobrepeso y obesidad infantil se ha duplicado en las últimas dos décadas en Estados Unidos entre niños de 6 a 11años de edad y se ha triplicado entre los adolescentes de 12 a 17 años. En América Latina, los estudios en México, Brasil, Chile y Perú muestran también la magnitud del problema.

CAPITULO I. MARCO CONTEXTUAL


  1. Situación Actual de Obesidad Infantil en México


En la actualidad, hay un interés creciente por la obesidad, tanto en la investigación epidemiológica como clínica, nutricional, genómica y básica. Una de las razones que explican este auge es el incremento de su prevalencia en todas las naciones del mundo occidental y de sus comorbilidades en todos los grupos de edad. La edad pediátrica no está exenta del incremento de esta prevalencia y sus complicaciones y las estimaciones del riesgo de la población infantil del mundo apuntan hacia un contexto epidemiológico y de salud pública muy desalentador. Esta generación tiene probabilidades crecientes de morir antes que la de sus progenitores.
La obesidad infantil es el problema de salud pública mundial más importante y se ha incrementado en los últimos años en forma alarmante. Según la Encuesta Nacional de Salud, México ocupa el primer lugar en obesidad infantil a nivel mundial. Con el objetivo de establecer la prevalencia de obesidad en una cohorte de niños mexicanos en edad escolar se realizó esta investigación.
De acuerdo con los datos publicados por la International Association for the Study of Obesity (IASO),1 en la última encuesta realizada en México durante el año 2006, se encontró que el 18.6% de los niños entre cinco y 12 años tienen sobrepeso, y el 9.5% de estos niños eran obesos. Con relación a las niñas, el 20.3% entre cinco a 12 años tuvo sobrepeso y el 8.7% presentaba obesidad. La obesidad de niños y adolescentes está considerada dentro de la Norma Oficial Mexicana (NOM- 008-SSA2-1993), la cual establece los lineamientos sanitarios para regular su manejo integral.
La obesidad infantil es un factor condicionante de obesidad en la vida adulta. Un 80% de los niños obesos continuará con ella en su adultez; Por lo que aún falta mucho por conocer sobre su origen y sus efectos en la salud, por ello resulta urgente estudiar dicho problema desde diversos ángulos.



  1. Planteamiento del problema


El Instituto Nacional de Salud Pública, desde la publicación de su Encuesta de Salud y Nutrición de 2006 (ENSANUT 2006), ha dado voz de alarma acerca del incremento dramático que han tenido las tasas de sobrepeso y obesidad en México, ya que 70% de los adultos mexicanos la padecen. En los últimos anos, se ha observado un incremento en la prevalencia de sobrepeso y obesidad en la población infantil y adolescente de todo el país. En niños en edad escolar, ha aumentado de 18.4% en 1999 a 26.2% en 2006, es decir, a razón de 1.1% cada año. La diabetes mellitus, importante complicación de la obesidad, es la primera causa de muerte en México. Cabe destacar que además de la elevada mortalidad, el tratamiento de la diabetes y sus complicaciones cuesta al estado Mexicano, alrededor de 80 mil millones de pesos anuales.
Es por ello, que el énfasis en las acciones preventivas y de promoción de la salud, para llevar a cabo el control de la obesidad, deberá enfocarse a niños y adolescentes. Lo anterior genera la urgencia de llevar a cabo medidas inmediatas y drásticas, de no ser así, las próximas generaciones verán una disminución en su esperanza de vida y un deterioro en la calidad de esta, debido a la presencia de problemas de salud crónicos y degenerativos altamente incapacitantes, en edades muy tempranas. Algunos ejemplos son: la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, el ovario poli quístico y diversos tipos de canceres, entre otros.



  1. Justificación


Lo anterior genera la urgencia de llevar a cabo medidas inmediatas y drásticas, de no ser así, las próximas generaciones verán una disminución en su esperanza de vida y un deterioro en la calidad de esta, debido a la presencia de problemas de salud crónicos y degenerativos altamente discapacitantes, en edades muy tempranas. Algunos ejemplos son: la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, el ovario poliquistico y diversos tipos de canceres, entre otros.

Existen en nuestro medio múltiples factores que contribuyen a la formación de malos hábitos de alimentación en el hogar, en los centros laborales de cualquier índole, en los planteles escolares, en la calle e incluso en las instituciones dedicadas a la salud, amén de que a través de los medios de comunicación se bombardean a diario las voluntades de los consumidores con alimentos de dudoso valor nutricional e incluso de calidad, lo cual propicia una mala información en el consumidor.



  1. Objetivos


Objetivo General
Determinar la prevalencia de sobrepeso y obesidad, e identificar los factores de riesgo en niños de 7 a 12 años en consultorio privado en la colonia Polanco, delegación Miguel Hidalgo, México D.F.
Objetivos Específicos
1.- Estimar la prevalencia de sobrepeso y obesidad, en la población de niños de

7 a 12 años, a través de indicadores antropométricos.
2.- Reconocer los hábitos alimentarios en la población de niños de 7 a 12 años.
3.- Identificar los factores de riesgo relacionados con actividad física en los niños

de 7 a 12 años.


CAPITULO II. MARCO TEÓRICO

La obesidad y el sobrepeso, se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Esta, es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial que se puede prevenir. Es un proceso que suele iniciarse en la infancia y la adolescencia, que se establece por un desequilibrio entre la ingesta y el gasto energético41. En su origen se involucran factores genéticos y ambientales, que determinan un trastorno metabólico que conduce a una excesiva acumulación de grasa corporal para el valor esperado según el sexo, talla, y edad.

El diagnóstico y la clasificación del sobrepeso y la obesidad se hace utilizando tablas que expresan valores en percentiles y puntajes Z, con relaciones como el índice de masa corporal (IMC), este es un indicador simple de la relación entre el peso y la talla y se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por la talla en metros cuadrados (kg/m2).
La obesidad no es un fenómeno exclusivo de la época moderna, pues ha sido descrita e ilustrada de diferentes formas de arte, desde tiempos inmemorables. En el pasado fue considerada como un signo de estatus social, y probablemente ofreció ventajas selectivas en el proceso evolutivo del hombre.

La situación nutricional de muchos países del mundo, especialmente de América Latina y Asia ha experimentado cambio en pocos años, pasando de una situación de déficit nutricional a otra de problemas por excesos, caracterizada por la presencia de obesidad e hiperlipidemias.


Las importantes dimensiones que la obesidad está adquiriendo en las sociedades desarrolladas desde la edad infantil y juvenil, han hecho que el sobrepeso y la obesidad constituyan un importante problema de salud pública, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado como “Epidemia del Siglo XXI”, y hoy en día es considerada como una enfermedad crónica no transmisible por sí misma, dejando de ser considerada tan solo como una condición de riesgo de dichas enfermedades46. Las tendencias actuales del aumento de la obesidad en el ámbito global y en especial en América Latina, se explican en gran medida, por el sedentarismo e inactividad, y por los cambios en los hábitos alimentarios, en los que influye el consumo de dietas ricas en energía y altas en grasa47. Los síndromes genéticos y/o endocrinológicos representan el 1% de la obesidad infantil, correspondiendo el 99% restante al concepto de obesidad nutricional, simple o exógena.
Teniendo en cuenta, que la infancia es la época de la vida en la que se establecen patrones, hábitos y estilos de vida que condicionarán el comportamiento alimentario en la etapa adulta, y la adquisición y mantenimiento de la obesidad, la obesidad infantil, incrementa el riesgo de aparición de patologías crónicas en la edad adulta como hipertensión, diabetes mellitus, hiperlipoproteinemia y enfermedades cardiovasculares, que condicionarán una menor esperanza de vida y un aumento en el deterioro de la calidad de vida.
La International Obesity Task Force (IOTF), en un informe de junio de 2005, estima que actualmente 550.000 jóvenes europeos pueden padecer el Síndrome Metabólico.

2.1 EDAD ESCOLAR

La edad escolar es una etapa en la cual los niños experimentan un crecimiento lento pero continuo y va desde los 5 años hasta el comienzo de las manifestaciones puberales; a esta etapa se le ha denominado período de de crecimiento somático y los cambios corporales se producen de una manera lenta y gradual.
El crecimiento y desarrollo del niño son dos fenómenos íntimamente ligados, sin embargo conllevan diferencias que es importante precisar. Se entiende por crecimiento al aumento del peso y de las dimensiones de todo el organismo y de las partes que lo conforman; se expresa en kilogramos y se mide en centímetros. El desarrollo implica la biodiferenciación y madurez de las células y se refiere a la adquisición de destrezas y habilidades en varias etapas de la vida.
Los períodos más intensos en el incremento pondoestatural corresponden al primer año de vida y al desarrollo puberal. El aumento en peso y estatura es similar en niños y niñas desde el nacimiento hasta el comienzo del desarrollo puberal. A partir de este momento los incrementos ponderales no guardan relación con la edad sino con el estadio del desarrollo, el cual difiere entre niños y niñas.

En la edad preescolar, la velocidad de crecimiento de la talla anual es de 6 a 8 centímetros al año, disminuyendo progresivamente hasta los 5 años de edad, momento en que se estabiliza en 5 y 6 centímetros/año; en cuanto al peso el aumento es de 2 a 3 kilogramos/año, hasta que el niño llega a los 9 y 10 años de edad. Con relación a la composición corporal, no hay diferencias significativas entre los géneros, en la masa magra ni en la masa grasa, durante los períodos preescolar y escolar.
No obstante, los varones presentan valores de áreas musculares un poco aumentados con relación a las niñas, y éstas tienen un más alto porcentaje de peso por la grasa, aún en años tempranos, haciéndose más evidente en la pubertad.

Durante los años de la infancia temprana, la grasa disminuye de manera gradual alcanzando un mínimo a los 6 años de edad. Luego empieza aumentar en magnitud, en forma más temprana y en mayor proporción en las niñas que en los niños, a lo que se denomina rebote de adiposidad, como preparación para el crecimiento de la pubertad y que se considera un momento crítico para el desarrollo de la obesidad,

2.1.1 Tejido adiposo. El tejido adiposo es uno de los tejidos más abundantes, y representa alrededor del 15-20% del peso corporal del hombre y del 20-25% del peso corporal en mujeres. Debido a la baja densidad de los triglicéridos -moléculas grasas que los adipocitos guardan-, y a su alto valor calórico, el tejido adiposo es muy eficiente en su principal función, almacenar energía para tiempos de ayuno, o de hibernación. Cumple el tejido graso también una función aislante, que impide la pérdida del calor generado por las combustiones internas, protegiendo de la hipotermia.
En los últimos años se ha destacado su función endocrina y metabólica, por la producción de una serie de hormonas -que actúan de manera endocrina, parácrina y autocrina- y que en conjunto se han llamado adipoquinas, que integran una red de señales que participan en la regulación de funciones en diversos tipos de células localizadas en órganos distantes, tales como hipotálamo, hígado, páncreas y músculo esquelético.

El tejido graso es además receptor de una serie de hormonas y proteínas que inducen cambios en él.

El adipocito posee las enzimas que se requieren en la lipólisis y en la lipogénesis, procesos metabólicos finamente modulados por acción de hormonas, citocinas y otras moléculas implicadas en la regulación del metabolismo energético; es capaz de modificar su tamaño hasta veinte veces su diámetro y varios cientos de veces su volumen. Estas proteínas secretadas, las cuales fueron denominadas bajo el término común de ADIPOCITOQUINAS o ADIPOCINAS se encuentran implicadas en las siguientes funciones:

1.- Regulación del peso corporal

2.- Sistema inmune

3.- Función vascular

4.- Función reproductiva

5.- Desarrollo de la resistencia a la insulina
Por lo tanto, se reconoce que el tejido adiposo, especialmente el visceral, funciona como un ÓRGANO ENDOCRINO. Estos nuevos conocimientos tienen implicaciones importantes para entender la relación fisiopatológica entre el exceso de grasa del cuerpo y los estados patológicos, tales como, la resistencia a la insulina y Diabetes Mellitus, solo por nombrar algunas.

El tejido adiposo está formado por células adiposas (adipocitos) y un componente estromático/vascular en el que residen los preadipocitos. Los adipocitos, con un tamaño de 10 a 200 micras, son células redondeadas que contienen una vacuola lipídica que representa el 95% del peso celular, y que desplaza al resto de las organelas hacia la periferia. Existen dos tipos de tejido adiposo, y en consecuencia, dos tipos de adipocitos diferentes que los forman:
El tejido adiposo blanco, es el más abundante del organismo humano adulto y por lo tanto el mayor reservorio energético, este depósito se hace en forma de triacilglicéridos (TAG), proveniente éstos de los quilomicrones y VLDL circulantes (lipoproteínas de muy baja densidad). Es en éste tejido adiposo blanco donde se pone de manifiesto como órgano productor de sustancias con acción endócrina, parácrina y autocrina.

El tejido adiposo pardo es el encargado de la termogénesis, su color se debe por la gran cantidad de mitocondrias que posee, las cuales expresan altas cantidades de UCP (uncoupling protein); proteínas desacoplantes que producen una fosforilación oxidativa desacopladora, lo que produce disipación de energía en forma de calor. En condiciones normales el 80% del tejido adiposo está localizado en el tejido celular subcutáneo (TCS o hipodermis), mientras que el tejido adiposo visceral (TAV) representa menos del 20%. El TAV está constituido por adipocitos de un tamaño más reducido, con menor capacidad de almacenamiento, más vascularizado, con una mayor inervación simpática y con gran número de receptores β3-adrenérgicos, lo que facilita una mayor actividad metabólica.

El tejido adiposo blanco, aparece y se desarrolla en el feto humano en etapas muy tempranas. La primera estructura que se puede reconocer como tejido adiposo es el lóbulo graso, cuya aparición precede a las células adiposas, estos lóbulos que se asocian íntimamente al desarrollo de los vasos sanguíneos, se observan en primer lugar en la cara, a las 14 semanas de gestación y después se extienden progresivamente al tronco y extremidades. En la semana 23 se los puede observar en todos los lugares en que se encontrará tejido adiposo en el momento del nacimiento.

Entre las semanas 23 y 29 de la gestación, el número de lóbulos grasos no se modifica, pero su tamaño aumenta como resultado de la proliferación activa de los adipocitos. Por lo tanto, el segundo trimestre de la gestación representa una de las etapas críticas del desarrollo de este tejido. Su rápido crecimiento ocurre después de la semana 30.

Durante el tercer trimestre de gestación hay un aumento de más o menos 12 veces en el total de la grasa corporal (5% al 15%). La composición del almacenamiento de triglicéridos es similar a la de las reservas maternas en la gestación temprana, pero el almacenamiento graso durante el tercer trimestre consiste predominantemente en ácidos grasos saturados.

El recién nacido tiene poca grasa en la zona perineal, los depósitos subcutáneos corresponden al 15% del peso corporal. Durante los primeros 4 meses de vida extrauterina, aproximadamente el 30% de la ingesta total de energía del lactante se utiliza para el crecimiento, esta cifra disminuye al 7 u 8% durante los 8 meses siguientes hasta llegar al 1% al año de edad. Durante el resto de la niñez esta proporción permanece cercana al 1% y solo aumenta transitoriamente al 3% durante la aceleración del crecimiento en la adolescencia.

El 60% del aumento de peso durante los 6 primeros meses de vida, y el 20% durante el primer año corresponden a la acumulación de tejido adiposo. A los 3 años de edad, aproximadamente el 18% del peso corporal corresponde a grasa, cifra que aumenta en el sexo femenino durante la pubertad hasta llegar al 25%. En relación a los varones, el porcentaje del peso corporal que corresponde a tejido adiposo disminuye transitoriamente durante la pubertad y llega finalmente a los niveles de la edad adulta (15%).

El número de adipocitos aumenta lentamente entre los 6 meses y los 2 años de edad, y permanece estable hasta los 8 y 10 años, cuando en asociación con la aparición de la pubertad, aumentan tanto en tamaño como en número.
En niños obesos y no obesos, no hay cambios significativos en el volumen de las células grasas de los 2 a los 14 años y solamente hay un leve aumento en el número de células grasas de los 2 a los 10 años de edad. En los primeros hay un continuo aumento en los adipocitos sin hiperplasia, durante el mismo período.

El espesor de la grasa celular subcutánea aumenta de manera constante a partir del nacimiento para alcanzar un máximo al noveno mes y disminuir progresivamente hasta el sexto u octavo año de vida en que vuelve a aumentarse; el incremento de grasa localizada en el tronco se prolonga hasta la madurez en ambos géneros.

2.2 OBESIDAD

La obesidad se define como una enfermedad crónica, que se caracteriza por un incremento anormal de peso, debido a una proporción excesiva de grasa, resultado de la pérdida de balance entre el consumo y el gasto de energía. Uno de los factores en la actualidad, es el cambio en el estilo de vida, como son las comidas rápidas hipocalóricas, ricas en azúcares, grasas (principalmente saturadas) bajas en fibra; asociado a la inactividad física, sobre un fondo genético.

El sobrepeso es el aumento del peso corporal, por encima de un patrón dado en relación con la talla, sin embargo un exceso de peso, no siempre indica un exceso de grasa, ya que puede ser resultado de exceso de masa ósea, músculo o fluidos.

Según Pollock & Wilmore (1993), el sobrepeso es la condición en la que el peso del individuo excede del promedio de la población en relación al sexo, la talla y el somatotipo. Sin embargo, la obesidad “es el resultado de un desequilibrio permanente y prolongado entre la ingestión de alimentos y el gasto energético, donde el exceso de calorías se almacena en forma de tejido adiposo”. (Coutinho 1999). A través de ambas afirmaciones podemos verificar que el desequilibrio entre la ingestión calórica y su posterior consumo energético, es la principal causa de aparición de la obesidad en humanos.

La obesidad infantil, no esta tan bien definida como en el adulto, porque la composición corporal y la grasa corporal, va cambiando como parte del crecimiento normal del niño. La obesidad como exceso de grasa corporal es un desorden metabólico y nutricional común, que frecuentemente se define como una enfermedad crónica de origen multifactorial donde intervienen factores genéticos, conductuales y ambientales, no es equivalente de sobrepeso porque denota el exceso de grasa corporal, mientras que el sobrepeso relaciona fuertemente la grasa u otros tejidos en el exceso, con relación a la talla”.
En los niños y adolescentes, la obesidad desencadena múltiples alteraciones, como: edad ósea avanzada, incremento en la talla, aumento del comportamiento adiposo, presentación temprana de la menarquía, alteraciones emocionales, hiperlipidemias, aumento del gasto cardíaco, esteatosis hepática y alteraciones en el metabolismo de la glucosa, problemas ortopédicos (artrosis en la rodilla, cadera y columna lumbar), apnea de sueño, pseudotumor cerebri, ovario poliquístico, colelitiasis e hipertensión.

La obesidad se puede clasificar con base a diferentes parámetros. Algunos de ellos son:

Según Sande & Mahan (1991), la obesidad puede ser clasificada, atendiendo a su origen, como exógena o endógena. Los autores consideran que la obesidad exógena es causada por una ingestión calórica excesiva a través de la dieta, mientras que, la endógena, se produce por disturbios hormonales y metabólicos.

De acuerdo con aspectos fisiológicos: Bjorntorp & Sjostrom (1971), clasificaron la obesidad en: hiperplásica e hipertrófica. La hiperplásica se caracteriza por el aumento del número de células adiposas, mientras que la hipertrófica por el aumento del volumen de los adipocitos.

En cuanto a los aspectos etiológicos, la obesidad se puede clasificar en primaria y secundaria. La primaria representa un desequilibrio entre la ingestión de alimentos y el gasto energético. La secundaria se deriva como consecuencia de determinadas enfermedades que provocan un aumento de grasa corporal.
En la comunidad científica, se acepta una clasificación de la obesidad en 4 categorías atendiendo a criterios relacionados con la distribución de los depósitos de grasa:

Obesidad tipo I: caracterizada por el exceso de grasa corporal total sin que se produzca una concentración específica de tejido adiposo, en alguna región corporal84.

Obesidad tipo II: caracterizada por el exceso de grasa subcutánea en la región abdominal y del tronco (androide). La obesidad tipo II tiene mayor incidencia en varones, y suele asociarse con altos niveles de colesterol tipo LDL. Esta situación aumenta el riesgo de aparición de alteraciones cardiovasculares y otras enfermedades asociadas.

Obesidad tipo III: caracterizada por el exceso de grasa víscero-abdominal86.

Obesidad tipo IV: caracterizada por el exceso de grasa glúteo-femoral (ginóide). La obesidad tipo IV es más común en mujeres, resultando fundamental atender a situaciones críticas en las que se producen cambios determinantes en el organismo, como el ciclo reproductivo o embarazos repetidos, ya que dichas situaciones pueden favorecer un acumulo substancial de grasa en estos depósitos.

Según Coutinho (1999), el tipo de obesidad con mayor incidencia en las distintas etapas de la vida de una persona es el exógeno, ya que este tipo representa un 95% del total de casos observados. Así mismo, la obesidad exógena está asociada directamente con la incidencia de obesidad hiperplásica e hipertrófica en niños. Las células adiposas aumentan en número, y son capaces de acumular una cantidad más elevada de grasa, incrementando su tamaño normal.

Es entre los 5 y 7 años, cuando los niños adquieren mayor número de células adiposas. En el caso de que un individuo tuviese una ingesta calórica excesiva en la dieta, indudablemente aceleraría dicho proceso y sería mucho más propensa a padecer de obesidad.

La obesidad en niños en su mayoría, es la consecuencia de una ingestión energética excesiva y/o un gasto energético reducido. Por ello, en la niñez se pueden considerar dos grandes formas de obesidad: 1. Obesidad nutricional, exógena o simple y 2. Obesidad orgánica, mórbida, intrínseca o endógena.
La obesidad exógena se asocia con la talla alta, edad ósea normal o aumentada, menarquía precoz y frecuentemente con la historia de la obesidad familiar, corresponde a más del 95% de los casos.

La obesidad endógena es causada por alteraciones metabólicas o endocrinas. Se asocia con talla baja, retraso de la edad ósea y retraso en la aparición de características sexuales secundarias. Corresponde a menos del 5% de los casos. “La obesidad mórbida es la de más alto riesgo a cualquier edad, y en el adolescente se ha asociado como causa de muerte súbita.
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