La participación de las empresas transnacionales en la educación ambiental en Argentina




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La participación de las empresas transnacionales en la educación ambiental en Argentina
Primera parte: Las empresas en el siglo XXI, derechos y obligaciones





  1. El derecho empresarial, una nueva rama del derecho.


Todavía no existe como especialidad en las facultades de derecho pero existe ya una práctica y una jerarquización respecto del derecho empresarial. La OMC Organización Mundial de Comercio, el Banco Mundial y el FMI son los padres de la criatura con la promoción de los Tratados de Libre Comercio, los Tratados de Protección de Inversiones y otras herramientas utilizadas para beneficiar y proteger los derechos de las empresas transnacionales en este mundo de libre comercio globalizado.
Hace unos años el director de la OMC decía “Estamos creando una nueva arquitectura jurídica internacional” ¿En qué consistía o cuáles eran los pilares de esa construcción? Se trataba de instalar a través de distintos mecanismos una normativa internacional favorable al capital transnacional.
La estrategia apuntaba a desactivar todos los mecanismos legales que los estados nacionales tenían incorporados a su legislación para regular, para protegerse de la voracidad insaciable de las empresas extranjeras (como se denominaban antes).
Las nuevas tecnologías potenciaron al infinito la globalización económica y las empresas veían como grandes obstáculos las legislaciones nacionales existentes, de ahí la necesidad de encontrar instrumentos que superaran esas barreras. Los tratados de libre comercio y los tratados de protección de inversiones fueron las herramientas de las que se valió el sector. Sin entrar en detalle ya que esto daría lugar a todo un capítulo, estos tratados tenían más jerarquía que las leyes nacionales y su incumplimiento daba lugar a juicios en tribunales internacionales y a bloqueos de todo tipo de crédito internacional. Fue así que se instaló el derecho del inversionista a nivel internacional.


  1. La imagen es todo


La arquitectura jurídica empresarial era muy importante para las corporaciones pero algo faltaba: era el cambio de imagen ya que, en el imaginario colectivo, las empresas no eran bien vistas, culturalmente estaban asociadas a la explotación de los trabajadores y en los últimos años a la depredación y la contaminación ambiental. Temas por los cuales confrontaban permanentemente con las organizaciones sindicales y los movimientos sociales.
Esa necesidad de una nueva imagen los llevó a pensar en las herramientas más adecuadas que fueron apareciendo con un nivel de creatividad aportado por los publicistas de sus productos que no venderían productos sino valores… La empresa tenía una cara ética.


  1. ¿Cómo cambiar y seguir siendo lo mismo?


Esta paradoja que debían resolver los empresarios cuando iniciaron este proceso de cambio de imagen, de cómo ser éticos y seguir manteniendo las mismas ganancias o aumentarlas, fue resuelta fácilmente con publicidad, dinero y gobiernos y organizaciones cómplices del gran engaño que empezaba a gestarse.
La ayuda llegó en 1999 de la mano de Kofi Annan, entonces Secretario General de las Naciones Unidas, en el encuentro del Foro Económico Mundial de Davos, quien lanzó el “Pacto Global”.


  1. El curioso Pacto de una sola parte.


Si se habla de un pacto, imaginamos a dos grupos o sectores que están enfrentados, que tienen distintos intereses y que llegan a un acuerdo, y es posible imaginar también un garante y tribunales u organismos a los cuales se someterán si hay incumplimiento de partes. Si alguien al escuchar o leer sobre el Pacto Global supone algo de esto, se equivoca.
Este Pacto curiosamente es de un solo sector, el empresario que genera sus propias reglas se compromete a cumplirlas, se controla a sí mismo y, si no las cumple, no tiene importancia ya que las puede modificar; como decía Groucho Marx “Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”.
El Pacto Global es un acuerdo voluntario. Las empresas que se adhieren a él deben suscribir diez principios genéricos -sobre derechos humanos, medio ambiente, derechos laborales y corrupción- y su única obligación es tener al día el llamado informe de progreso, con el que se considera que rinden cuentas a la sociedad. El objetivo según el ex presidente de Naciones Unidas, era "dar una cara humana al mercado global".
El apoyo de la ONU fue la culminación de un proceso que instaló a nivel mundial un nuevo concepto en materia de normas internacionales con el propósito de restar, limitar el poder de control y sanción a los Estados.
Este Pacto permite a cualquier empresa en el mundo, definirse como una “empresa responsable” a partir de cumplir sus propias normas, más allá de cómo realmente se desempeñe, y contar con el aval de la ONU.
Con la consolidación del Pacto Global, las empresas han ganado la batalla de las ideas, imponiendo un concepto del que tanto se ha oído hablar en los últimos años: “La Responsabilidad Social Empresaria”.


  1. Un aporte más a la confusión y la manipulación


Ya con el aval de la ONU en el bolsillo, las corporaciones ponen a funcionar a pleno a sus creativos para gestar el mayor engaño del que se tenga memoria.
Las continuas denuncias sobre la explotación laboral y ambiental que enfrentaban estas corporaciones han sido un factor fundamental para el diseño virtual de un nuevo modelo empresarial que transmita los valores, imágenes y símbolos que gozan de prestigio social en la actualidad. Pero que además es rentable económica y socialmente, ya que permite potenciar al mismo tiempo el valor de la marca y, por lo tanto, los beneficios de la empresa.
Esto ha sido tan exitosamente desarrollado por las grandes empresas a nivel mundial que, si hiciéramos caso a sus anuncios publicitarios, parecería que son organizaciones ecologistas o defensoras de los Derechos Humanos, en lugar de tratarse de las compañías responsables de la actual crisis ambiental y social.



  1. Un mundo sin controles


La propuesta de estas empresas de reducir el poder del estado como controlador y reivindicar el autocontrol puede lograr que un desprevenido confunda a estos empresarios con luchadores sociales. Si uno se guía por las definiciones que las empresas hacen de la Responsabilidad Social Empresaria, esta aparece como un plus normativo respecto a las obligaciones legales.
Es decir, se afirma estar cumpliendo escrupulosamente la legalidad nacional e internacional, con lo que la RSE sería esencialmente una serie de acuerdos voluntarios que la empresa se compromete a cumplir y que genera un valor añadido a la legislación. Pero nada de esto sucede en la práctica, ya que la mayoría de las compañías transnacionales no respetan las legislaciones nacionales de los países receptores ni las normas internacionales que les afectan directamente y que los Estados, en muchas ocasiones, no les obligan a cumplir.
7- El mundo al revés. Los ricos tienen derechos que los pobres deben respetar
Todo este avance empresarial en materia normativa, genera una situación insólita pues mientras los derechos de las empresas transnacionales se protegen mediante los múltiples acuerdos que forman el Derecho Comercial Global -una complicada arquitectura jurídica fundamentada en las normas vinculantes de la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el FMI, los Tratados de Libre Comercio y los Acuerdos de Protección de Inversiones- sus obligaciones a nivel ambiental, laboral y social se dejan en manos de la ética, de la conciencia empresaria, que en este caso adquiere la forma de Responsabilidad Empresaria construida sobre el principio de la autorregulación; en otras palabras, la empresa define cuáles son sus principios éticos y cuándo, cómo y dónde aplicarlos.
La resultante final de todo este proceso de cambio de paradigma jurídico es que los derechos de las mayorías sociales quedan en manos de la conciencia empresarial mientras que los derechos de las transnacionales se protegen en los tribunales internacionales de arbitraje.


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