México, Distrito Federal, a veinte de agosto de dos mil trece




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el más alto nivel posible de salud.” (lo resaltado es de este juzgado)

En esa medida, los límites o restricciones autorizados sólo deben tener por objeto la protección de los derechos de los particulares. Las restricciones deberán estar en consonancia con la ley, incluidas las normas internacionales de derechos humanos, y ser compatibles con la naturaleza de los derechos amparados por la Constitución, en aras de los objetivos legítimos perseguidos, y ser estrictamente necesarias para promover el bienestar general en una sociedad democrática.

De esta manera, las restricciones al derecho a la identidad personal y autodeterminación son constitucionalmente válidas si están destinadas, en primer lugar, a evitar que se afecten derechos de terceros y, en segundo lugar, son necesarias para garantizar el derecho a la salud que puede comprender de manera específica el establecimiento de regulaciones para garantizar la calidad de vida.

Por último, la medida legislativa impugnada es proporcional porque el grado de restricción a la siembra, cultivo, cosecha, elaboración, preparación, acondicionamiento, adquisición, posesión, comercio, transporte en cualquier forma, prescripción médica, suministro, empleo, uso, consumo y, en general, todo acto relacionado con la cannabis sativa, es justamente el necesario para poder garantizar la protección de la salud de las personas, por lo que contrario a lo señalado por los quejosos la identidad personal y autodeterminación no son libertades que pueda ejercerse libremente, sin que ello tenga impacto en el derecho de las personas de ver protegida su garantía a la salud.

Además, cabe señalar que los quejosos parten de un premisa errónea, pues consideran como un derecho el consumo individual de Cannabis, así como la siembra, cultivo, preparación, posesión y demás conductas relacionados con el autoconsumo de mariguana, sin embargo, la prohibición contenida en los artículos impugnados es constitucionalmente válida, toda vez que ni la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ni los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano es parte lo han constituido como un derecho; por tanto, los artículos impugnados no son inconstitucionales, en virtud de que no se puede hablar de una restricción de un derecho cuando éste no existe como tal, de ahí que contrario a lo señalado por los quejosos, los artículos impugnados no deban cumplir con los requisitos necesarios para restringir un derecho.

Por tanto, es claro las normas impugnadas superan los anteriores requisitos, pues la finalidad de la norma es proteger el derecho a la salud de la población, además de que se trata de un objetivo no sólo constitucionalmente admisible, sino muy importante y relevante; y si bien se puede calificar la prohibición contenida en los artículos impugnados, prima facie, de “límite a un derecho”, también lo es que no dice nada acerca de la constitucionalidad o inconstitucionalidad de los mismos, calificación que dependerá, de si puede afirmar que la medida legislativa examinada persigue una finalidad constitucionalmente admisible, resulta un medio instrumentalmente apto para avanzar hacia la consecución de dicha finalidad y constituye, también, un medio necesario y proporcional que evita el sacrificio innecesario de otros bienes y derechos.

Además, la prohibición contenida en los artículos 235, último párrafo, 237, 245, fracción I, 247, último párrafo, y 248, de la Ley General de Salud está muy lejos de recaer sobre el centro o núcleo del derecho a elegir y desempeñar lo que cada individuo puede hacer con su vida, pues la restricción legislativa no es una restricción de entrada, esto es, no condiciona la posibilidad de disponer del propio cuerpo y de decidir qué hacer con él, sino que simplemente regula algunas de sus condiciones de ejercicio, lo cual se traduce en un impacto objetivamente mínimo sobre el ámbito de ejercicio del derecho o libertad en cuestión; por tanto, resultan infundados los conceptos de violación a estudio; en virtud de que el Estado no lleva acciones tendentes a socavar o suprimir la identidad personal del individuo, su interés es preservar el derecho a la salud, lo cual es de interés superior al de cualquier particular que decida sembrar, cultivar, cosechar, elaborar, preparar, acondicionar, adquirir, poseer, comerciar, transportar en cualquier forma, prescripción médica, suministro, empleo, uso, consumo y, en general, todo acto relacionado con la cannabis sativa (marihuana).

Máxime que el derecho a la salud puede considerarse una salvedad para imponer restricciones, inclusive al derecho a la dignidad, y a los principios de personalidad, propia imagen, intimidad, desarrollo de la personalidad y autodeterminación, de conformidad con lo que se deduce de lo establecido en el artículo 1° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y los tratados internacionales, en el sentido de que es obligación del Estado proporcionar a toda persona el disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental, a través de la prevención y el tratamiento de las enfermedades epidémicas, endémicas, profesionales y de otra índole, como en el caso, de las adicciones y la lucha contra ellas, con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano, salvo cuando éstas se hallen previstas en la ley y sean necesarias para proteger la seguridad nacional, el orden público y la salud.

Además, contrario a lo señalado por los quejosos, no existe una prohibición como tal, de consumir cannabis sativa, en virtud de que como quedó señalado, existe autorización para el consumo personal en las dosis establecidas en el artículo 479 de la Ley General de Salud.

No es óbice a lo anterior, el hecho de que los quejosos hayan exhibido como prueba de su parte el instrumento notarial 63894, de diecinueve de agosto de dos mil trece, pasado ante la fe del Notario Público 102 del Distrito Federal, que contiene la fe de hechos realizada el dieciséis del mes y año citados, relativa a la obtención del reporte·Cannabis Policy: Moving Beyond Stalemate” de la página de internet de la Beckley Foundation, www.beckleyfoundation.org, visible en un legajo de pruebas que obra por separado y que se tiene a la vista para mejor proveer, documental de la que se advierte lo siguiente:

(…)

RESUMEN

Los acentuados efectos adversos producidos por el consumo de cannabis incluyen ansiedad y pánico, especialmente en consumidores inexperimentados, e incrementa el riesgo de ocasionar un accidente en caso de manejar una motocicleta o un automóvil bajo los efectos del cannabis. Las mujeres que fuman cannabis durante el embarazo, aumentan el riesgo de que el recién nacido nazca con bajo peso.

El efecto de salud que probablemente sea el más adverso por el consumo frecuente de cannabis, es el aumento del riesgo de: síndrome de dependencia de cannabis; bronquitis crónica y respiración disfuncional en consumidores regulares; alto riesgo de problemas cardiovasculares en adultos mayores que siguen consumiendo en la mediana edad; cáncer respiratorio en consumidores que fuman diariamente desde hace varios años; y síntomas psicóticos y trastornos en consumidores frecuentes - especialmente en aquellos con precedentes de dichos síntomas, antecedentes familiares por tales trastornos, o en aquellos que consumen desde la adolescencia temprana. Entre los efectos psicológicos que probablemente sean los más adversos entre adolescentes que inician en la etapa temprana, está el alto riesgo de dependencia al cannabis y un rendimiento académico deficiente. Los adolescentes que son consumidores regulares de cannabis tienen un alto riesgo de consumir otras drogas ilegales, aunque la explicación y relación de tal riesgo y sus implicaciones son polémicas.

El impacto en la salud pública de patrones contemporáneos del consumo de cannabis es modesto a comparación del de otras drogas ilegales (tales como los opioides) o del alcohol. En el caso anterior, esto refleja la falta del riesgo de sobredosis por cannabis. En el caso posterior, refleja el bajo riesgo de muerte por cannabis a comparación del riesgo de conducir deficientemente por los efectos del alcohol, menos efectos adversos en la salud, índices menores del consumo regular a la intoxicación de cannabis de aquella por el alcohol, y un bajo índice de persistencia del consumo de cannabis durante la adultez tardía.

(…)

CONCLUSIONES SOBRE EL USO DE CANNABIS Y SUS DAÑOS

1.- En la última mitad del siglo el uso recreativo de cannabis se ha convertido ampliamente establecido entre los adolescentes y adultos jóvenes en una amplia gama de países desarrollados y en algunos países en desarrollo. En los países desarrollados con la más larga historia de uso, una minoría sustancial de usuarios continúan su uso en edades adultas y más allá.

2.- Hay un número de daños a la salud por fumar cannabis. El uso de cannabis deteriora el funcionamiento en tareas de exactitud, y su uso previo a conducir probablemente aumenta el riesgo de un accidente de tránsito. Aproximadamente el 10 por ciento de aquellos que tratan cannabis desarrollarían una dependencia a la droga, y tendrán de alguna forma un mayor riesgo a trastornos respiratorios, de funcionamiento cognitivo deteriorado (al menos en el corto plazo) y de desarrollar síntomas psicóticos o un trastorno psicótico. El uso temprano y en exceso por adolescentes puede aumentar los riesgos de deficiencia educativa y otros resultados psicosociales en la edad adulta joven.

3.-La probabilidad y la escala de daño entre los usuarios de cannabis en exceso es modesta en comparación con la causada por muchas otras sustancias psicoactivas, tanto legales como ilegales, de uso común, como lo son, alcohol, tabaco, anfetaminas, cocaína y heroína.

4.-Recientemente, se han expresado preocupaciones sobre la creciente potencia de los productos del cannabis. En promedio el contenido de THC en muchos países probablemente ha aumentado, y el balance de THC:CBD se han deteriorado, al menos en parte debido a la ilegalidad de la producción del cannabis. Las consecuencias para la salud de cualquier aumento en el contenido de THC dependerá de la medida que los usuarios valoren sobre la dosis de THC.

5.-Ha habido variaciones en los rangos de cannabis utilizados dentro y entre los países, pero dichas variaciones no parecen estar muy afectadas por la probabilidad de arresto o penalización por el uso o venta, aún siendo severas. El generalizado patrón de uso de cannabis indica que muchas personas obtienen placer y otros beneficios además de terapéuticos por su uso.

6.-Es probable que los usuarios del cannabis que conduzcan intoxicados puedan ocasionar daños a otros. Herramientas sobre medición actualmente son disponible para establecer si el conductor se encuentra bajo la influencia de cannabis y la ejecución de regulación para detener estas conductas se pueden implementar ampliamente. Otros daños a otros por el consumo de cannabis están menos bien establecidos. Fallas en el rol por la dependencia del cannabis (en la vida familiar y laboral) son probablemente las más importantes.

(…).”.

La documental señalada no es apta para acreditar que la prohibición contenida en los artículos reclamados es violatoria de derechos, en primer término, porque constituye una opinión particular respecto a la legalización de drogas, en específico de la marihuana, la cual se hace depender de situaciones o circunstancias hipotéticas, en virtud de que lo señalado en la opinión a que se ha hecho referencia, no se encuentra sustentada con documento que sirva de sustento de lo afirmado en el reporte exhibido como prueba, de ahí que resulte ineficaz la prueba de mérito para acreditar la violación de derechos alegada por los quejosos, dado el carácter general, abstracto e impersonal de la ley.

En segundo lugar, contrario a lo expuesto por los quejosos, la prueba exhibida confirma los efectos nocivos que produce el consumo de cannabis sativa en la población, lo cual es violatorio del derecho fundamental de acceso a la salud.

Además, resulta pertinente tener en cuenta el contenido de la Encuesta Nacional de Adicciones7 de dos mil once, que en el capítulo de conclusiones señala lo siguiente:

Conclusiones

Capítulo Drogas

El objetivo de la encuesta fue conocer si se modificó y en ese caso, cómo se modificó, el consumo de sustancias entre 2008 y 2011. Para evaluar las tendencias, la epidemiología cuenta con dos indicadores: la prevalencia actual, que se refiere a la proporción de personas que presentan la condición bajo estudio en los treinta días previos al momento de la entrevista y la prevalencia anual, que mide la presencia de la condición bajo estudio, en este caso, la proporción de personas que han consumido sustancias o presentado síntomas o diagnóstico de dependencia durante los 12 meses anteriores a la encuesta.

La encuesta también reporta la prevalencia acumulada del consumo, es decir, el porcentaje de la población que ha usado drogas alguna vez en su vida. Cabe resaltar que la mayor parte de la población que forma parte de la prevalencia acumulada ya no consume drogas, pero es un indicador útil para conocer las diferencias del problema a lo largo de varias generaciones, aunque no es el ideal para conocer las diferencias en la proporción que usa drogas en dos periodos de tiempo.

Dado el objetivo de esta encuesta, el tiempo transcurrido entre los dos estudios y el alcance del tamaño de muestra utilizado, se optó por reportar la prevalencia anual; es decir, las similitudes y las diferencias de la proporción de la población que reportó haber consumido una o más drogas en el año previo a la realización de las encuestas de 2008 y de 2011.

Este reporte ha considerado también la regionalización de las diferentes encuestas para reportar las tendencias observadas a partir de la primera encuesta nacional, realizada en 1988. En los anexos estadísticos el lector podrá encontrar datos adicionales que se han reportado en encuestas previas.

La encuesta reporta datos para el consumo de cualquier droga, que incluye drogas de uso médico consumidas fuera de prescripción y tienen potencial de dependencia; consumo de cualquier droga ilegal y prevalencia por tipo de droga. En el caso de drogas ilegales los datos se reportan para el consumo de mariguana, cocaína (en cualquiera de sus presentaciones y de manera independiente su forma fumada conocida como crack), alucinógenos, inhalables y estimulantes tipo anfetamínico.

Prevalencia nacional

La tendencia al crecimiento que se observó entre 2002 y 2008 parece haberse detenido en los siguientes tres años de 2008 a 2011, no se observan cambios significativos en la proporción de personas que reportan consumo de cualquier droga en el último año; el consumo de drogas ilegales es muy similar en las dos mediciones. Tampoco se aprecian diferencias en el consumo por tipo de droga. La mariguana sigue siendo la droga de mayor consumo y representa el 80% del consumo total de drogas. La cocaína sigue apareciendo en segundo lugar con un usuario de cocaína por cada 2.4 usuarios de mariguana. Uno de cada cinco usuarios de cocaína la consumen en forma de piedra o crack.

¿Cuáles son las diferencias entre hombres y mujeres?

Cuando se analizan las prevalencias por sexo, se encuentra un aumento en el consumo de mariguana en los hombres. El consumo en las mujeres se mantiene estable.

Los hombres siguen teniendo las cifras más altas de consumo, por cada mujer que reportó consumo de cualquier droga hay 4.2 hombres que lo reportaron.

La droga de preferencia en hombres y mujeres sigue siendo la mariguana, en los hombres la cocaína ocupa el segundo lugar y en las mujeres el consumo de cocaína muestra cifras similares a las reportadas para estimulantes tipo anfetamínico, droga que en los hombres ocupa el tercer lugar en la preferencia de consumo.

Cuando sólo se incluye la población urbana, los resultados son muy similares, con índices de consumo ligeramente más altos que los observados en las zonas rurales.

¿Se modifica la edad de inicio?

La edad promedio para el inicio en el consumo de drogas disminuyó entre 2002 y 2008, en las mujeres pasó de 23.6 años a 20.1 años; en tanto que en los hombres pasó de 19.8 años a 18.3 años. En cuanto a los resultados de la presente encuesta, la edad de inicio se mantiene estable, en 20 años para las mujeres y 18 años en los hombres.

¿Varían las tendencias en las regiones Norte, Centro y Sur del país?

En ambas mediciones la Región Norte tiene las prevalencias más altas, le sigue la Región Centro y es la Región Sur la que continúa teniendo las cifras más bajas de consumo. Por cada usuario en las Regiones Centro y Sur del país hay 1.6 y 2.3 usuarios, respectivamente, en la Región Norte. En las tres regiones, la mariguana es la droga de preferencia.

En cuanto a la cocaína, los datos muestran una tendencia que se observa desde 2002: el mayor índice de consumo de esta droga se da en la Región Sur en comparación con la Región Centro y, aunque se mantiene en los límites de los intervalos de confianza de las estimaciones, esta tendencia debe mantenerse bajo vigilancia. Asimismo, la diferencia entre el consumo de mariguana y cocaína en la Región Sur, es menor de la que se observa en otras regiones, con un usuario de cocaína por cada 1.2 usuarios de mariguana, mientras que la media nacional es de 1 por cada 2.4.

¿Hay variaciones en los índices de dependencia?

El índice de dependencia no presentó cambios significativos; sin embargo, cuando el análisis se hace por regiones del país, se observa un incremento de las personas que han desarrollado esta condición en la Región Norte del país.

¿Qué nos dicen los datos cuando se analizan 8 regiones?

El diseño de las encuestas de 2008 y 2011 permite dividir al país en 8 regiones, analizar sus prevalencias y comparar las tendencias. Los datos muestran que la Región Noroccidental (Baja California, Baja California Sur, Sonora y Sinaloa), es la que tiene las prevalencias más elevadas de consumo de drogas ilegales (2.8%), seguida muy de cerca por la Región Nororiental (Tamaulipas, Nuevo León y San Luis Potosí) (2.4%). Estas dos regiones tienen cifras de prevalencia anuales significativamente más altas que la media nacional. El tercer lugar lo ocupa la Ciudad de México (1.7%), con cifras muy similares a las de la Región Norcentral (Chihuahua, Coahuila y Durango) (1.6%) y Occidental (Colima, Nayarit, Aguascalientes, Zacatecas, Jalisco) (1.5%); le siguen las Regiones Centro Sur (Veracruz, Oaxaca, Michoacán, Guerrero) (1.3%), Centro (Guanajuato, Hidalgo, Estado de México, Morelos, Puebla, Querétaro y Tlaxcala ) (1.2%) y la Región Sur (Campeche, Quintana Roo, Chiapas, Tabasco, Yucatán) (0.6%), que tiene las prevalencias más bajas, menos de la mitad de la media nacional (1.5%).

En la Región Occidental se observaron aumentos significativos en el consumo de cualquier droga y de drogas ilegales, comparadas con las cifras de consumo reportadas en 2008. Esta tendencia significativa hacia el crecimiento se observa sólo en los hombres.

¿Hay variaciones por tipo de droga?

Este aumento en el consumo de drogas en la Región Occidental, se debe principalmente al incremento significativo en el consumo de mariguana, en los hombres de esta Región.

En contraste, hay un decremento en el consumo de mariguana en la Región Norcentral, en las cifras totales y en específico en los hombres.

El consumo de cocaína en la población total registra decrementos que no alcanzan a ser significativos, tanto en los hombres como en las mujeres. En las mujeres, el consumo de esta droga se mantuvo estable.

Por otro lado, el consumo de crack, de inhalables, de heroína y de estimulantes de tipo anfetamínico, se

mantuvo estable.

¿Qué nos dicen los datos sobre la población adolescente entre 12 y 17 años?

El consumo de drogas en adolescentes es bajo y no hay cambios en relación con el 2008.

La mariguana es la droga de preferencia igual que en la población total; en este grupo hay 3.3 usuarios de mariguana por cada uno de cocaína (la media para la población total es de 2.4 usuarios de mariguana por cada uno de cocaína).

Es importante notar que el consumo de mariguana, en los hombres adolescentes de 12 a 17 años, es similar al reportado en la población total de 12 a 65 años; no obstante el consumo de cocaína cuenta con 2.25 usuarios en la población total por cada uno en la población adolescente.

En las mujeres adolescentes, consistentemente con lo observado en 2008, el consumo de mariguana y de cocaína es mayor al reportado por las mujeres adultas, lo que refleja su incorporación más reciente en el mercado de consumo.

El consumo de mariguana en hombres adolescentes es 3.3 veces más frecuente que en las mujeres, pero el consumo de cocaína en hombres y mujeres adolescentes es similar.

Como se ha observado históricamente, los inhalables ocupan un lugar importante en las preferencias de este grupo de edad, la cual no se observa en la población total. En este grupo, el consumo de cocaína e inhalables es muy similar, cuando en la población adulta el consumo de inhalables con fines de intoxicación es cinco veces menos frecuente que el consumo de cocaína.

¿Varían las tendencias en las regiones Norte, Centro y Sur del país?

Los datos indican que los índices de consumo en los adolescentes de estas tres regiones se mantiene estable. La Región Norte es la que sigue presentando las prevalencias más altas.

¿Esta tendencia es similar cuando se divide al país en 8 regiones?

Los datos muestran que el consumo se mantiene estable, en el consumo de cualquier droga ilegal y en las drogas médicas usadas fuera de prescripción (uso de cualquier droga).

Se detecta una prevalencia importante de consumo de estimulantes tipo anfetamínico en la Región Nororiental, cuando en 2008 el consumo fue mínimo; muy similar al índice de consumo de cocaína en población adolescente de esa región.

¿Qué pasa en los adultos jóvenes?

En el grupo de 18 a 34 años es en donde se encuentran las prevalencias más altas de consumo, sin incremento estadísticamente significativo con relación al 2008. La mariguana y la cocaína son las drogas de mayor consumo, con 2.4 usuarios de mariguana por cada uno que reporta haber consumido cocaína en el año previo al estudio. El consumo de otras drogas, es cuatro veces inferior al reportado para cocaína.

Al analizarlo según sexo, los hombres presentan la prevalencia más alta para el consumo de cualquier droga, con un incremento estadísticamente significativo de 2008 a 2011. En las mujeres de este grupo de edad, el consumo de cualquier droga se mantuvo bajo y estable.

¿Cómo se compara el consumo con la población entre 35 y 65 años?

Para el subgrupo de 35 a 65 años, el consumo permanece sin cambios entre las dos mediciones (2008 y 2011). Los índices de consumo en este grupo de edad, son significativamente menores que los observados para la población adulta joven, con índices de consumo de mariguana hasta 3.2 veces menor y de cocaína 2.7 veces menor.

En este grupo de edad hay mayor diferencia en los índices de consumo entre hombres y mujeres; en el grupo de 18 a 34 años hay 4.3 hombres que reportan haber usado drogas en el año previo, en comparación con 5.7 hombres por cada mujer en este grupo. La menor diferencia se observa entre los adolescentes con sólo dos hombres por cada mujer.

¿Cómo se comporta el fenómeno por regiones?

Cuando se analizan los datos para tres regiones: Norte, Centro y Sur, se encuentra un consumo estable en el grupo de 18 a 34 años en las diferentes regiones analizadas.

En el grupo de 35 a 65 años hay un decremento significativo del consumo de cualquier droga en la Región Norte.

Cuando se divide al país en ocho regiones, los resultados indican que en la Región Nororiental hubo un incremento significativo en el consumo de cualquier droga en la población de 18 a 34 años, así como en el consumo de cualquier droga y cualquier droga ilegal en la Región Occidental, en el grupo de 35 a 65 años.

¿Cuál ha sido la cobertura de prevención en la población adolescente?

El 64.1% de los hombres y el 70% de las mujeres reportaron haber estado expuestos a un programa de prevención, principalmente en la escuela. Aquellos que han recibido prevención reportan también menor consumo de drogas.

Los análisis de regresión logística múltiple muestran que el no haber recibido prevención y una mayor exposición a drogas, incrementan la probabilidad de consumirlas, tanto en los hombres como en las mujeres.

Haber estado expuesto a drogas (que se la hayan ofrecido regalada o comprada), no estar estudiando, una baja percepción de riesgo sobre el consumo de drogas, o una alta tolerancia ante el consumo de drogas de su mejor amigo, son factores que predicen el consumo, principalmente en los hombres.

¿Qué nos dicen los datos sobre el uso de servicios?

Los datos muestran que casi una de cada 5 personas con dependencia a drogas en el último año, ha asistido a tratamiento. El rezago es mayor para las mujeres, con 2.2 hombres con dependencia que ha recibido ayuda por cada mujer.

Una tercera parte ha recibido tratamiento completo y un 22% ha recibido tratamiento parcial.

En relación al tipo de profesionista con el que han asistido a tratamiento, entre los hombres destacan los grupos de autoayuda o ayuda mutua, seguidos los psiquiatras y por los psicólogos. En total, la proporción que ha recibido tratamiento de un profesionista es superior a la población que sólo ha participado en grupos de autoayuda o ayuda mutua.

Para concluir, en México, como en el resto del mundo, el consumo de drogas muestra periodos de aumento y periodos de decremento. Hacia el año de 2008 se encontraron crecimientos significativos en el consumo en comparación con lo que ocurría 6 años antes; en los tres años siguientes el consumo se ha estabilizado, no hay cambios significativos en los índices de consumo en el último año, en la población total estudiada.

Cuando los datos se analizan por sexo, encontramos un incremento en el consumo de mariguana en los hombres. Al analizar los datos por regiones, este aumento se manifiesta en la Región Occidental.

En los hombres y en las mujeres el consumo de cocaína se mantuvo estable. Por otro lado, en la Región Norte del país, se encuentra un crecimiento significativo entre quienes han desarrollado dependencia al consumo de drogas.

El consumo en adolescentes no se modificó, pero en las mujeres, consistentemente con lo observado en 2008, el consumo de mariguana y de cocaína, es mayor al observado para las mujeres adultas, lo que refleja su incorporación más reciente en el mercado de consumo.

Los datos muestran la necesidad de reforzar las acciones desarrolladas para reducir la demanda de drogas, si bien el consumo en general se ha estabilizado, es importante ampliar la política de prevención y tratamiento y dirigir más acciones hacia la población adulta joven.”.

De lo transcrito se deduce que la política implementada en el combate a las drogas, si bien no ha erradicado el problema, si ha logrado detenerlo y hasta en algunos casos disminuirlo, en efecto, como quedó señalado en la Encuesta Nacional dos mil once, la tendencia al crecimiento que se observó entre dos mil dos y dos mil ocho parece haberse detenido en los siguientes tres años de dos mil ocho a dos mil once, no se observan cambios significativos en la proporción de personas que reportan consumo de cualquier droga en el último año; de ahí que, en el caso de una hipotética concesión del amparo, que tuviera como efecto eliminar la prohibición contenida en los artículos impugnados, lejos de beneficiar traería consigo un retroceso en perjuicio del derecho a la salud.

Finalmente, en el sexto y último concepto de violación la parte quejosa aduce que la penalización del autoconsumo de mariguana transgrede la finalidad objetiva del derecho penal y vulnera la libertad individual y corporal, toda vez que es una actividad que no entra en el campo del derecho penal, sino que se trata de una actividad meramente moral, por tanto, la política prohibicionista del consumo de mariguana es transgresora de la finalidad objetiva del derecho penal y de la libertad individual y corporal, de modo que transgrede el artículo 73, fracciones XVI y XXI, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; interpretados a partir de su finalidad objetiva, de modo que se le debe permitir la siembra, cultivo, cosecha, elaboración, preparación, acondicionamiento, adquisición, posesión, comercio, transporte en cualquier forma, prescripción médica, suministro, empleo, uso, consumo y, en general, todo acto relacionado con substancias psicotrópicas o cualquier producto que los contenga.

Incluso, sostiene que se transgrede el principio de proporcionalidad penal e intervención mínima del Estado, ya que para que éste tenga la posibilidad de sancionar una conducta debe afectarse un bien jurídico y, además, el principio de proporcionalidad penal tiene como fin el control del ejercicio de las facultades discrecionales de los cuerpos legislativos para determinar si un tipo administrativo es proporcional a la pena impuesta, la cual no puede ser mayor o más lesiva de los derechos que la falta cometida; por tanto, la política prohibicionista contenida en los artículos reclamados transgrede los principios de proporcionalidad penal y mínima intervención del Estado, ya que éste puede proteger la salud individual de los particulares, sin prohibir a quien deliberadamente y con pleno conocimiento de causa decida consumir cannabis, aunado a que es contrario al principio de proporcionalidad, porque tipifica el uso de la conducta, no obstante que no se lesiona ningún bien jurídico sino que sirve para protegerlo.

El artículo 73, fracciones XVI y XXI, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, establece.

Artículo 73.- El Congreso tiene facultad:

(…)

XVI.- Para dictar leyes sobre nacionalidad, condición jurídica de los extranjeros, ciudadanía, naturalización, colonización, emigración e inmigración y salubridad general de la República.

(…)

XXI. Para establecer los delitos y las faltas contra la Federación y fijar los castigos que por ellos deban imponerse; expedir leyes generales en materias de secuestro, y trata de personas, que establezcan, como mínimo, los tipos penales y sus sanciones, la distribución de competencias y las formas de coordinación entre la Federación, el Distrito Federal, los Estados y los Municipios; así como legislar en materia de delincuencia organizada.

(…)”

De la lectura de dichas porciones normativas, se deduce que el Congreso de la Unión está facultado para dictar leyes sobre la salubridad general de la nación, así como para establecer los delitos y las faltas contra la Federación y fijar los castigos que por ellos deban imponerse y si bien la creación de ilícitos responde a la necesidad de que éstos sean un instrumento para la defensa de los valores fundamentales de la comunidad, que sólo debe emplearse contra ataques graves a esos valores y en una forma controlada y limitada por el imperio de la ley.

De los preceptos reclamados se desprende que se estableció la prohibición contenida en éstos con la finalidad de proteger el bien jurídico de la salud de la población en general; luego, como la siembra, cultivo, cosecha, elaboración, preparación, acondicionamiento, adquisición, posesión, comercio, transporte en cualquier forma, prescripción médica, suministro, empleo, uso, consumo y, en general, todo acto relacionado con substancias psicotrópicas o cualquier producto que los contenga es catalogada como una conducta que pone en peligro ese bien jurídico, debe considerarse que los motivos, finalidades y espíritu son los de proteger a la sociedad contra su infracción.

Con estas precisiones queda confirmada la potestad restrictiva del Congreso de la Unión para establecer las prohibiciones contenidas en los artículos reclamados, con la finalidad de salvaguardar un bien jurídico que estimó vital, como es la salud de los gobernados, considerados en su generalidad, y que por su trascendencia se protegió con sanciones punitivas aplicables a quienes eventualmente la pongan en peligro, independientemente de que puedan existir otras sustancias que no se han prohibido y que también pudieran envilecer al individuo y degenerar la raza humana, como el tabaquismo y las bebidas alcohólicas, pues el legislador tiene la facultad exclusiva de decidir cuáles conductas antisociales que se presentan en las relaciones sociales y jurídicas merecen ser catalogadas como prohibidas, desde luego, atendiendo a razones que persigan la protección del bien jurídico de la salud de la población en general.

Ahora, como ya se precisó, del análisis sistemático de los artículos que impugna la parte quejosa se advierte que la Ley General de Salud considera como un estupefaciente la cannabis sativa, índica y americana o mariguana, su resina, preparados y semillas, así como sus isómeros o cualquier otro producto derivado o preparado que contenga tal substancia, los de naturaleza análoga o cualquier otra substancia que determine la Secretaría de Salud o el Consejo de Salubridad General, además de imponer una prohibición absoluta en el territorio nacional para la siembra, cultivo, cosecha, elaboración, preparación, acondicionamiento, adquisición, posesión, comercio, transporte en cualquier forma, prescripción médica, suministro, empleo, uso, consumo, entre otras substancias, de la cannabis sativa, índica y americana o marihuana, en virtud de contener, en términos de la propia ley, escaso o nulo valor terapéutico y poder constituir un grave problema para la salud.

En ese sentido, el concepto de violación resulta infundado, ya que de ninguna manera se advierte la forma en que los preceptos reclamados contravienen lo dispuesto por el artículo 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ya que el Congreso de la Unión cuenta con facultades para emitir tales disposiciones.

Por otra parte, el concepto de violación es inoperante, en virtud de que se sustenta en consideraciones que ya se desestimaron, en efecto, aducen los quejosos que se vulnera el principio de mínima intervención del Estado, ya que el Estado Mexicano puede proteger la salud individual de los particulares, sin prohibir la siembra, cultivo, cosecha, elaboración, preparación, acondicionamiento, adquisición, posesión, comercio, transporte en cualquier forma, prescripción médica, suministro, empleo, uso, consumo, entre otras substancias, de la cannabis sativa, índica y americana o marihuana, porque no existe ningún vínculo o instrumentalidad entre la protección a la salud y la prohibición reclamada, y agrega que se vulnera el principio de proporcionalidad penal, porque a pesar de que no se lesiona ningún bien jurídico, se le impide la siembra, cultivo, cosecha, elaboración, preparación, acondicionamiento, adquisición, posesión, comercio, transporte en cualquier forma, prescripción médica, suministro, empleo, uso, consumo, entre otras substancias, de la cannabis sativa, índica y americana o marihuana y, además, porque la prohibición es exageradamente superior a los daños que se ocasionan.

En efecto, es inoperante el concepto de violación a estudio, porque parte de la base de la inexistencia de un fin justificado; sin embargo, como ya se determinó en esta resolución, tal prohibición se encamina a la protección de la salud de los habitantes en general, para evitar que consuman productos que pudieran contener sustancias adictivas, aunado a que, su inclusión como producto nocivo, es constitucionalmente válida, porque la finalidad de las disposiciones reclamadas es evitar la proliferación de sustancias que pudieran resultar nocivas, además de que la medida es justificable con el fin que se pretende, ya que la autorización para su producción puede generar afectación a la sociedad en general en beneficio de un particular, lo que, se reitera, no es permitido conforme a la legislación nacional.

Aunado a ello, es inoperante el argumento relativo a que el legislador atiende una política que la promovente refiere como “prohibicionista”, al impedirle la siembra, cultivo, cosecha, elaboración, preparación, acondicionamiento, adquisición, posesión, comercio, transporte en cualquier forma, prescripción médica, suministro, empleo, uso, consumo, entre otras substancias, de la cannabis sativa, índica y americana o marihuana; porque se hace derivar de los motivos de queja con los cuales se pretendió demostrar la inconstitucionalidad de la ley reclamada, sin que se haya conseguido ese objetivo debido a que se estimaron infundados y, por ende, si la premisa inicial de la cual parten los conceptos de violación es incorrecta, igual situación priva respecto de la conclusión que en ellos se formula.

Sirve de apoyo a lo anterior la jurisprudencia cuyos datos de localización, rubro y contenido son:

Novena Época

Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito

Fuente: Semanario Judicial de la Federación

Localización: Tomo XXI, Abril de 2005, página 1154

Materia(s): Común

Tesis: XVII.1o.C.T. J/4

Página. 1154

CONCEPTOS DE VIOLACIÓN. SON INOPERANTES LOS QUE PARTEN O SE HACEN DESCANSAR SUSTANCIALMENTE EN LO ARGUMENTADO EN OTROS QUE FUERON DESESTIMADOS. Si de lo alegado en un concepto de violación se advierte que la impugnación planteada se hace descansar, sustancialmente, en lo que se argumentó en otro u otros conceptos de violación que fueron anteriormente desestimados en la misma ejecutoria, en tanto que resultaron infundados, inoperantes o inatendibles, ello hace que aquél resulte a su vez inoperante, dado que de ninguna manera resultará procedente, fundado u operante lo que en dicho concepto se aduce, por basarse en la supuesta procedencia de aquéllos.”.

Ante lo infundado e inoperante de los conceptos de violación, se debe negar el amparo y protección de la Justicia Federal solicitados en contra de los actos reclamados consistentes en la expedición y promulgación de la Ley General de Salud, publicada en el Diario Oficial de la Federación el siete de febrero de mil novecientos ochenta y cuatro, en particular los artículos 235, último párrafo, 237, 245, fracción I, 247, último párrafo, y 248.
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