Con la colaboración de Federico Beines, y Marcelo Herrera




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Una concepción evolucionista del problema salud - enfermedad


 

Tomando como modelo las características evolutivas que son propias y exclusivas de la "especie" humana, y las direcciones evolutivas observables tanto en la filo como en la ontogenia, podemos intentar ya una complementación de los criterios de salud - enfermedad, y de normalidad - anormalidad, con el más dinámico y operativo de evolutividad - contraevolutividad.

 

Hablar de evolutivo o contraevolutivo exige recordar previamente el sentido direccional de la Evolución, que según quedó expresado en páginas anteriores, es el que va desde lo menos a lo más complejo, desde lo menos a lo más diferenciado.

 

Las características específicamente humanas que hemos enunciado al hablar de la emergencia del hombre -apertura cognoscitiva, pensamiento conceptual y abstracto, lenguaje, libertad, cultura, amor humano, flexibilidad adaptativa, etc.-, no son sobreimposiciones a una naturaleza animal que pugna por liberarse de ellas, sino realidades inherentes a este nuevo nivel de organización de la materia. Como tales constituyen un bien propio del ser humano, que se desarrolla desde el estado potencial al actual a través del proceso evolutivo. La enfermedad consiste entonces en la falta de desarrollo de lo propiamente humano o en una indeseable tardanza en su logro.

 

En esta óptica la salud es la consecución natural de la tendencia metahomeostática hacia la plena actualización de las características humanas, según la dirección evolutiva enunciada. La tarea terapéutica, así como la educativa, consisten entonces en fortalecer esa tendencia, eliminando las trabas que se oponen al desarrollo. Las tendencias contraevolutivas existen y no pueden ser negadas, pero no son consideradas ya como las fuerzas primarias, sino como fuerzas dialécticamente opuestas y complementarias a aquellas que tienden a la plena actualización de las potencialidades evolutivas.

 

En esta óptica la cultura no es necesariamente promotora de salud, sino que en ciertas circunstancias puede favorecer el movimiento contraevolutivo, realidad que en nuestra época resulta de observación cotidiana. Este hecho exige una consideración profunda de las características sociales que realmente promueven un desarrollo humano pleno, en el sentido de la Evolución.

En la concepción que venimos desarrollando, la enfermedad psíquica puede ser vista como una manifestación de la tendencia contraevolutiva. De manera que la enfermedad constituye la advertencia de que algún aspecto del crecimiento y el desarrollo está inhibido o paralizado. La tarea terapéutica consistirá en descubrir y ayudar a disolver esa inhibición, de manera que se manifieste la fuerza metahomeostática o evolutiva que ha resultado, hasta ese momento, cohartada. Esta posición, aunque no siempre queda formulada explícitamente, es la que alienta algunas de las nuevas tendencias terapeúticas y educativas, y la que se halla en la base de la moderna insistencia en la prevención y promoción de la salud.

 

Evolutividad y contraevolutividad constituyen entonces -por su carácter operativo, dinámico, y constructivo-, términos capaces de complementar los de salud-enfermedad. Estos vocablos serán utilizados a lo largo de esta obra, junto a los de salud y enfermedad, para señalar las vicisitudes del desarrollo ontogenético en la niñez y la adolescencia.





IMPORTANCIA DE LA VISION EVOLUCIONISTA EN LA CLINICA

 

La concepción antropológica que esbozamos al comienzo de esta primera parte, y la inserción de la misma en el marco evolutivo filo y ontogenético que venimos de considerar encuentran, para el médico, un valor operativo para su actividad clínica. Como vamos a ver, cuando se traslada al plano médico-psicológico todo lo considerado hasta aquí, puede constituirse en el fundamento de una concepción evolucionista del problema salud-enfermedad. Previo a su desarrollo y para su comprensión más adecuada, es necesario aclarar la significación con que vamos a utilizar los modismos que señalan algunos conceptos básicos, como crisis evolutiva, precursor evolutivo, registro del pasado, fijación, y regresión.

 
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