Con la colaboración de Federico Beines, y Marcelo Herrera




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EL PROCESO EVOLUTIVO : FILOGENIA



La idea de una materia viva en constante proceso de evolución podemos hallarla, germinalmente, en el pensamiento humano desde hace mucho tiempo. Ya en las obras de Empédocles, Aristóteles, Goethe, Lamarck y Saint-Hilaire, se hallan esbozos de cierta concepción "protoevolucionista", si bien todavia poco significativos desde el punto de vista cientifico. Es recién en 1859, con la publicación de "E1 Origen de las Especies" de Charles Darwin, cuando se sientan las bases del evolucionismo moderno.
Influenciada por el pensamiento de Malthus ("Ensayo sobre la población"), la obra de Darwin descansa sobre dos pilares a veces insuficientemente comprendidos, y que han sido malintencionadamente utilizados por algunos teóricos como justificación de la afirmación "el hombre es el lobo del hombre". Nos referimos a los conceptos de selección natural y de lucha por la existencia.
De cualquier manera muy pronto se hizo evidente que las observaciones e ideas de Darwin resultaban insuficientes para explicar el nivel humano de organización de la materia. En efecto, la investigación contemporánea ha puesto de manifiesto el abismo insalvable que existe entre el homo sapiens sapiens y los animales, sobre todo en la esfera del comportamiento, área que no había sido explorada por el naturalismo del siglo XIX.
Hasta entonces, y desde la antigüedad, el hombre se había situado en el centro del Universo. Luego algunos pensadores comenzaron a demoler el aparato megalomaníaco resultante. Copérnico, Galileo, Darwin, Freud, Marx, fueron asestando durísimos golpes a una autoimagen pecaminosamente inflada. Pero la tarea de búsqueda de una imagen más realista terminó cayendo en el extremo opuesto, y de esta manera casi se perdió de vista la diferencia esencial entre hombre y animal, se negó la libertad humana, y hasta se nos vió como una anomalía en la historia natural, o a lo sumo como un resultado del mero azar.
Frente a esta desvalorización depresiva, y superando el evolucionismo individualista-malthusiano-moderno de Darwin, se alzó en el siglo XX, el evolucionismo totalizante-humanista-contemporáneo de Teilhard de Chardin y Huxley, al que seguiremos en esta obra, y que por lo tanto conviene sintetizar aquí (*).
Con los autores citados en último término y muchos otros, así como con los avances en Biología, Paleontología, Arqueología, Paleoantropología, etc., la Evolución dejó de ser una teoría para convertirse en una dimensión de la realidad.
E1 descubrimiento de su participación en la Evolución, involucra al hombre en la totalidad cósmica. Compromiso que encuentra una magnifica expresión en la siguiente frase de Teilhard: "dudo que en verdad exista para el ser pensante otro momento más decisivo que aquel en que, al
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(*) Para una más completa información sobre la historia del evolucionismo cf. el muy didáctco “Creación y Evolución” de F. J. Arnaudo (1998)

caer las vendas de sus ojos, descubre que no es de ninguna manera un elemento perdido en las soledades cósmicas, sino que existe una voluntad de vivir que converge y se hominiza en él. El hombre, pues, no como centro estático del Mundo -como se ha creído mucho tiempo-, sino como eje y flecha de la Evolución, lo que es mucho más bello" (Teilhard de Chardin, 1961.)
La Evolución es un movimiento constante -inaparente por su lentitud, pero real e indudable-. Según ya lo hemos sostenido, dicho movimiento tiene una dirección: la que va de lo menos a lo más complejo, de lo menos a lo más diferenciado. Aclaremos que los términos “mayor complejidad” queremos significar aquí un aumento del número de elementos constitutivos, conjugado con un incremento de la organización que los intervincula. Por otra parte la creciente organización es progresivamente menos aparente, más interiorizada, y se va expresando insensiblemente como conciencia -presente en forma indudable desde cierta altura de la escala zoológica-. Esta conciencia se vuelve reflexiva en el hombre. Esto ess lo que Teilhard denominó “ley de complejidad-conciencia”, o también, “ley de cefalización”.
Hemos dicho que el nivel humano de organización de la materia se diferencia críticamente del nivel animal de dicha organización. Las modernas investigaciones de antropólogos como Stephen Jay Gould confirman la idea de que la Evolución no es una transición exclusivamente continua, como se había creído hasta ahora, sino un proceso continuo-discontinuo. Es por ello, entre otras causas, que no pueden encontrarse los que popularmente han recibido el nombre de "eslabones perdidos". Una comparación nos permitirá comprender mejor este importante concepto. Las formas sólida, líquida y gaseosa del agua son tres estados del mismo

compuesto de hidrógeno y oxígeno, que no pueden confundirse entre sí, pero que pasan de uno a otro en forma crítica. De la misma manera, la materia inorgánica, la orgánica y la vida humana o reflexiva, constituyen tres estados diferentes de la misma materia, igualmente inconfundibles y con similares transformaciones críticas: la cosmogénesis se ha continuado en una biogénesis y ésta desembocó en una antropogénesis que aún está en marcha.
En este marco teórico, el hombre deja de ser una especie zoológica más, para convertirse, como venimos señalando, en una forma diferente de organización de la materia, caracterizada por la reflexión, la capacidad de autoevolución, la libertad, la totalizacíón o estado ultrahumano de unión, y otras particularidades, que serán más extensamente detalladas en el siguiente apartado.
Aceptando este enfoque la materia puede ser concebida como una totalidad: cada elemento del Cosmos está positivamente entretejido con todos los demás, en esa totalidad que se expresa a través de su capacidad global de acción. La consecuencia la encontramos también en cada uno de nosotros. El hombre de los siglos XVIII y XIX basaba su relación con la Naturaleza en la explotación indiscriminada (hecho aún imperante en la organización de la industria capitalista contemporánea). En cambio, en el final del siglo XX y en este comienzo del XXI son cada vez más numerosos los hombres que adquieren noción de sus responsabilidades para con la biosfera, percibiendo la necesidad de una comunicación creativa y respetuosa con la naturaleza.
Para establecer una transición con el apartado siguiente, diremos que la materia evoluciona hacia una creciente complejidad, configurando paralelamente un "interior" de las cosas, que a su vez, culmina en la conciencia reflexiva, a través de la continuidad evolutiva expresada en la ecuación que podemos expresar como: preconciencia-bioconciencia-conciencia reflexiva.

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