Tesis de grado para optar al título de Doctor en Teología




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2.2.1. Los pasajes de toda vida humana



La paradoja central del pasaje espiritual es que significa siempre a la vez una pérdida y una ganancia, un peligro y una posibilidad. Hay dos ejemplos típicos de pasaje que se presentan en toda vida adulta: 1. La muerte de nuestros padres, cuando perdemos nuestros orígenes y nuestra seguridad, quedamos solos y aterrados. 2. El establecimiento de una amistad profunda, cuando tenemos que aceptar que si admitimos en nuestra vida a otra persona tendremos que cambiar y quizás perder mucha independencia. El pasaje comienza con una primera etapa que se caracteriza por un sentimiento de desorientación y la amenaza de una pérdida, pero luego alcanzamos un nuevo grado de madurez cuando nos permitimos experimentar en plenitud esta pérdida y darle nombre.
La segunda etapa del pasaje está constituida por un período de oscuridad. La imagen del pasaje nos sugiere un camino estrecho, subterráneo y oscuro, como un túnel. Dejamos el camino familiar, inciertos de nuestro destino, pero esperamos encontrarnos con Dios en alguna parte. Psicológicamente, crecemos renunciando a partes de nosotros que ya no son necesarias en nuestro camino, nos purificamos de lo que no encaja en nuestro futuro. De la amenaza y la pérdida inicial emergemos no solo diferentes (y heridos), sino también más fuertes. En la oscuridad del pasaje hemos encontrado una nueva dirección hacia la confianza en nosotros mismos. La tercera etapa del pasaje es la emergencia y reincorporación en la comunidad, de la cual nos habíamos sentido separados por nuestra desorientación y por considerarnos diferentes. Regresamos conscientes de nuestro valor, transformados y maduros.
Cabe anotar que algunos pasajes de la vida se acostumbra celebrarlos ritualmente, como ocurre con los sacramentos de la iglesia, pero muchos otros pasajes permanecen escondidos. Entre estos últimos ahora vamos a considerar tres pasajes que los cristianos lesbigay quizás encontrarán en el camino de la vida.


      1. Los tres pasajes del camino lesbigay


En la sección pasada observábamos que actualmente contamos con una poderosa imagen que describe muy bien la peligrosa transición del camino Lesbigay: el salir del clóset. Como punto de partida, el clóset es muy semejante al seno materno: protector y oscuro, es un lugar excelente para esconderse. A la vez seguro y asfixiante. Ambos lugares son importantes refugios, pero deben ser abandonados para poder avanzar en el proceso del desarrollo humano. El salir de ellos es una aventura que da comienzo a un viaje peligroso y excitante que dura toda la vida. En el camino lesbigay pueden señalarse tres pasajes, que describen la salida de tres clósets diferentes.
El pasaje interior
Este primer pasaje puede equipararse a una experiencia de conversión. Gradualmente o de repente, la persona gay se comprende y acepta tal como es. Pasa del clóset de la ignorancia y la negación a la luz de la autoaceptación. Tras años de evadir sus sentimientos, se acerca con amor a ellos. Este pasaje puede ser aterrador para muchas personas lesbigay porque la cultura circundante refuerza la autonegación. Además, el individuo siente nostalgia por la seguridad de su vida anterior (así ésta fuera una vida de esclavitud), como los judíos en el desierto del Sinaí recordando la abundancia que tenían en Egipto. Hay que recalcar que aquí se trata de un pasaje interior, porque ocurre dentro de la persona y es independiente de cualquier decisión respecto a la expresión interpersonal de su afectividad en conductas sexuales concretas. Simplemente traba amistad con esta persona lesbigay que es ella misma, que ha sido creada y amada por Dios tal y como es ahora.
A diferencia de los dos pasajes siguientes, este primer pasaje es imprescindible en la vida de toda persona gay. El negar la existencia o la bondad de su afectividad entorpece el esfuerzo para amar y trabajar, y disminuye el sentido de su vocación. La madurez religiosa incluye necesariamente la conciencia de sí y el amor a sí mismo. Cuando se negocia favorablemente una crisis, no sólo se logra sobrevivir, sino que la persona sale fortalecida para amar mejor y trabajar más efectivamente. El abrazar amorosamente la propia identidad fortalece la verdadera vocación porque se toma conciencia de lo que estamos llamados a ser y lo aceptamos con amor. Para muchos cristianos lesbigay este pasaje es retardado hasta la edad entre 20 y 30 años. Este retardo tiene la desventaja de ser posterior a algunas decisiones importantes ( como la elección de carrera..., etc.); pero también tiene sus ventajas relativas, ya que el pasaje se realiza con más experiencia de la vida y más profundidad.

El pasaje de intimidad
El segundo pasaje del camino espiritual homosexual se presenta cuando la persona experimenta una invitación a compartir lo que es con otras personas. Aquí aparecen el conflicto y la ambigüedad por el temor de ser rechazada y humillada al mostrarse como es. Sin embargo, una vez fortalecida en su sentido de identidad (por el primer pasaje), la persona se siente animada a abandonar su anonimidad protectora y asumir el riesgo de ser conocida en profundidad. Es atraída a dejar el segundo clóset. Este pasaje es muy importante para muchas personas lesbigay, porque es difícil mantener una relación de amistad profunda dejando en lo escondido esta parte tan importante de cada uno. Bien sea que el homosexual decida expresar genitalmente su sexualidad o no, este segundo pasaje es necesario para una real intimidad.

Para muchos cristianos lesbigay este segundo pasaje ocurre alrededor de los 25 años. Este retardo tiene sus desventajas para el gay, especialmente por la experiencia acumulada de no ser realmente conocido como es ni siquiera por sus amigos más íntimos. Pero también tiene ventajas, pues está bien asegurado en su autoaceptación (primer pasaje) antes de descubrirse ante los demás. De este modo evita el círculo vicioso del narcisismo: revelarse continuamente a los otros, con la esperanza de conocer realmente quién es él mismo. Sin amarse a sí mismo, es imposible establecer una relación profunda y que perdure.
En la experiencia de algunas personas gay este pasaje puede darse en la dirección espiritual. El

pastor puede prestar una ayuda especial en el proceso de salir del clóset. Él parece ser la persona obvia con quien compartir ciertas confidencias y su respuesta debe mostrar sensibilidad y comprensión. Tal vez se requiera una clara afirmación de los patrones morales, pero no se debe mostrar un rechazo brusco basado en los prejuicios o la ignorancia. El rechazo puede llevar a los homosexuales a confiar sólo en la compañía de otros homosexuales, en quienes encontrará al menos la comprensión que no ha hallado en su pastor. Pero también es importante la presencia de una comunidad, un grupo de apoyo para gente gay, que la proteja del aislamiento y el rechazo de la sociedad y que le anticipe que va a sobrevivir a esta crisis, brindándole su experiencia acumulada de salvación.

El pasaje público
En el camino de algunos cristianos lesbigay aparece un tercer pasaje: el ser reconocidos públicamente como lo que son. Este pasaje no es absolutamente necesario, y debido al rechazo de nuestra sociedad actual (que pronto debe cambiar), no siempre es aconsejable. ¿Cuáles podrían ser los motivos para emprender esta transición? Una motivación equivocada podría ser el exhibicionismo, el deseo compulsivo de ser visto y reconocido. Algunos alegan la utilidad política de esta visibilidad para mostrar la fuerza del número en la búsqueda del reconocimiento de los derechos de los gay, pero aún así quizás no sea esta la motivación más adecuada.
Otra motivación muy diferente es la generatividad, que Erik Erikson define como el impulso que se desata generalmente hacia la mitad de nuestra vida, de cuidar a la próxima generación y aportarle algo. Es el instinto paternal o maternal que se aprecia en todo ser humano. Pero este instinto básico humano, que también es una virtud cristiana, no está limitado por lo biológico. Y este instinto llevará a algunas personas lesbigay a dar testimonio público de madurez espiritual como su don para la nueva generación. Este testimonio es generativo porque brinda al mundo una imagen y un modelo observable de madurez en la vida cristiana lesbigay. Una vida oculta en el clóset, por muy santa que sea, no ofrece ninguna imagen o modelo de maduración religiosa. Se requiere pues un grado de exposición pública para lograr la generatividad.
Los peligros tan reales que pueden correr las personas que se arriesgan a dar este tercer paso, exigen una resistencia personal extraordinaria desarrollada por medio de los pasajes anteriores. La falta de este proceso puede conducir a un desastre. Sólo cuando el individuo está absolutamente seguro de su vocación (primer pasaje) y de su intimidad con otros (segundo pasaje), puede proceder con este tercer pasaje público.
2.2.3. Conclusión: Pasajes y salidas
El camino espiritual lesbigay está jalonado por muchos pasajes diferentes. Se puede decir que los gay son un pueblo que camina, comprometido en la búsqueda de un Dios no siempre comprensible. Por tanto, el movimiento y el cambio son la esencia de su crecimiento espiritual. La gracia, que se manifiesta en las pequeñas muestras del placer y de la presencia de Dios, irrumpe en la vida cotidiana en momentos de crisis y de pérdida. En pasajes tales como la muerte de un ser querido, el establecimiento de una relación, el retiro de un trabajo, la salida de un clóset, la persona es despojada de una parte de su ser que antes era muy importante para ella y forzada a descubrir otras nuevas dimensiones hasta ahora desconocidas. Es invitada a dejar el hogar una y otra vez, a viajar cada vez más ligera de equipaje con un Dios elusivo.
Naturalmente, la persona homosexual preferiría que su camino hubiera sido más “normal”, más “ortodoxo”; pero en realidad para casi nadie es así. En la medida en que reconocemos la asombrosa variedad de nuestros caminos espirituales con Dios, también llegamos a identificar los elementos comunes en nuestros diferentes pasajes. Al hacernos más fieles a nuestro camino compartido comenzamos a comprender que algunos movimientos humanos que habíamos clasificado como salidas, en realidad son pasajes de gracia. Muchos cristianos lesbigay, al abrazar su afectividad son fortalecidos para proseguir su vida de amor y de compromiso como creyentes maduros. El abrazar su identidad afectiva no les lleva a una salida de la Iglesia, sino que los invita a entrar más profundamente en su misterio, dando un testimonio público de lo que es la madurez y la santidad lesbigay, en medio de la diversidad del cuerpo de Cristo,.


    1. Cambio de Orientación Sexual


Algunos cristianos han sugerido que necesariamente el camino del crecimiento espiritual para los gay debe conducirlos hacia una conversión a la heterosexualidad. Como comentamos en el primer capítulo, hay corrientes espirituales que consideran que la homosexualidad tiene como causa la presencia de un demonio en el cuerpo de la persona. El demonio de la homosexualidad (o del lesbianismo) sería la causa de dicha conducta, es decir que la causa sería espiritual y no tendría origen emocional y/o psicológico. También su “curación” tendría que realizarse por medio de elementos espirituales. Esta perspectiva cristiana es muy corriente entre los miembros de iglesias más conservadores, especialmente entre los pentecostales y/o los que abrazan el concepto de la vida cristiana como un “combate espiritual".
2.3.1 Ministerios cristianos: Exodo y Coraje
La organización “Exodo”, patrocinada por las iglesias evangélicas norteamericanas más fundamentalistas, tiene como una de sus creencias fundamentales la posibilidad del cambio de la homosexualidad a la heterosexualidad, por medio de la oración, la fuerza de voluntad y otras ayudas de la gracia. No obstante, en muchas oportunidades los miembros de esta entidad han tenido que reconocer que lo que se cambia realmente son los comportamientos, mas no la identidad sexual de la persona. Esto queda claro en los muchos manuales que los orientadores de este grupo de “ex-gays” han publicado. En uno de ellos se plantea la siguiente pregunta como la más frecuente entre sus miembros: “Aunque yo he nacido de nuevo y me he entregado a Cristo, todavía lucho con la tentación y los deseos homosexuales. ¿Es que aún soy homosexual? El autor del manual responde cándidamente: “Esta pregunta que se hace frecuentemente refleja punzadas de miedo y duda. No porque tú hayas venido de un trasfondo homosexual y aún experimentes tentaciones homosexuales, de ninguna manera significa que todavía eres homosexual. Tú necesitas que tu mente y emociones sean continuamente limpiadas y renovadas por el Espíritu de Dios, pero tú no eres homosexual. De hecho, tú eres bastante normal. No importa que tú vengas de un trasfondo o antecedentes homosexuales o naturales (straight) cuando te has manchado con la inmoralidad, por lo regular estás más sujeto a las tentaciones sexuales”.169
A diferencia de los ministerios de “ex–gays”, la organización católica “Courage” (coraje) ha admitido que su objetivo no es el cambio de orientación, sino el vivir una vida célibe. Courage usa el término “orientación sexual”170 en vez de “preferencia sexual”, utilizado por los evangélicos para enfatizar que se trata de una elección voluntaria y que puede ser cambiada fácilmente. Debemos señalar que la expresión “preferencia sexual” es un desafortunado rezago proveniente del argot del movimiento de liberación gay hacia los años setenta que, de acuerdo con la idea de “vive y deja vivir” corriente en esa época, argumentaba que cualquiera puede convertirse en gay. No obstante, parece que en los últimos años Courage ha derivado hacia una posición algo diferente. Aunque no afirma que los homosexuales pueden convertirse en heterosexuales, algunos hombres que pertenecían anteriormente al capítulo de Nueva York, reportaron que habían sido animados a participar en “fines de semana” de “deprogramación” en casas de retiro fuera de la ciudad.
Frente a esta posición, los obispos de Inglaterra y Gales oponen sus serias reservas. Ellos afirman que el tratamiento psiquiátrico profesional o la consejería psicológica no son de ningún modo el remedio comprobado para la condición homosexual. Muy a menudo sólo resulta ser una experiencia frustrante que sólo aumenta la ansiedad. “Los pastores y consejeros pueden sugerir pruebas psicológicas para determinar si una persona es exclusiva o predominantemente homosexual, a diferencia de un homosexual transitorio, que sólo está pasando a través de una fase temporal de su desarrollo psicológico. En el caso de los verdaderos homosexuales o “invertidos”, la terapia profesional puede ser útil para ayudarles a aceptar su condición positivamente, pero nunca debería sugerirse una terapia de modo que genere falsas expectativas de una reversión o modificación de la condición homosexual”.171
2.3.2. La perspectiva de Masters y Johnson
Desde una perspectiva totalmente diferente a la de los grupos fundamentalistas cristianos, los doctores William Masters y Virginia Johnson172, considerados como los pioneros de la moderna ciencia de la sexología, presentan un serio estudio clínico, realizado entre 1968 y 1977, en el cual también se plantea la posibilidad de un “cambio” de orientación sexual. Además del desarrollo de una exitosa terapia con parejas gay disfuncionales, los científicos trabajaron con 54 hombres y 13 mujeres homosexuales que se sentían profundamente insatisfechos con su condición y querían cambiarla. Cuando el tratamiento para cambiar se aplicó a personas de la escala Kinsey 2,3 y 4 (45 hombres y 10 mujeres), se denominó reversión porque suponía una experiencia heterosexual previa; en cambio se llamó conversión a la terapia con personas clasificadas como Kinsey 5 y 6 (9 hombres y 3 mujeres).
Al analizar los resultados de la discusión preclínica, la pareja de sexólogos concluye planteando la tesis central de que no existen diferencias importantes entre los individuos homo y heterosexuales respecto de su capacidad fisiológica para responder a estímulos sexuales similares. En otras palabras, no hay bases físicas para afirmar que una orientación es mejor que la otra. Masters y Johnson suponen que la asimilación de este hallazgo lleve a una modificación significativa de los conceptos culturales actuales. “Ahora que se estableció que los homosexuales no son fisiológicamente diferentes, también es razonable pensar que, en un futuro próximo, una parte considerable de sus cargas actuales de oprobio público se alivien. Por supuesto, persistirán los problemas de ajuste para ellos a medida que se alteren los conceptos culturales. Los homosexuales deben asumir coraje social para salir de la posición amurada de negación de la preferencia a la que los llevó la condena cultural; al mismo tiempo, no deben cometer el error de reaccionar demasiado ante las nuevas oportunidades de aceptación social; los prejuicios psicosociales no se alteran en un día”.173

Insatisfacción homosexual masculina
En la elección de los sujetos para el estudio que realizaron, Masters y Johnson fueron extremadamente cuidadosos y exigentes con el fin de excluir las personas que podrían recibir más daños que beneficios por parte de las técnicas sexuales utilizadas, como sería el caso de algunos homosexuales clasificados con el número 6 en la escala Kinsey. Los sexólogos advierten que antes de proceder con cualquier tipo de terapia de “conversión” a la heterosexualidad o de “reversión” (regreso a una conducta heterosexual anterior) hay que clarificar muy bien las motivaciones que tiene el paciente al buscar el cambio. El terapeuta debe saber que hay muchas posibles razones para querer cambiar una orientación homosexual. Por ejemplo, puede existir una amenaza real o implícita de rechazo social o una preocupación constante por la seguridad laboral. Es necesario tomar conciencia de los motivos, pero nunca se debe devaluar la experiencia sexual previa del individuo. Si el terapeuta sugiere a alguien que está intentando modificar su sistema de valores sexuales, que la homosexualidad es una forma de vida psicosexualmente inaceptable, el paciente tiende a pasar a la heterosexualidad con la sensación de que debe triunfar en el tratamiento de inmediato pues, si no, su vida tendrá poco o nada que ofrecer en el futuro.
Durante el tratamiento de reversión o conversión a la heterosexualidad no se insiste sobre la orientación homosexual previa del paciente; nunca se le dice que debe elegir entre la homo y la heterosexualidad. Sólo cuando se han neutralizado o removido los bloqueos psicosexuales y el sujeto es capaz de funcionar como heterosexual, se lo alienta a hacer su propia elección. Una vez que el paciente ha tenido la oportunidad de considerar los pro y los contra de cada conducta sexual, los terapeutas quedan a su disposición como fuente de referencia para discutir estas variables, sin presionar nunca al paciente para que tome una decisión determinada. “En respuesta a estos principios terapéuticos, algunos volvieron a la homosexualidad, otros funcionan ahora como ambisexuales pero casi todos los hombres tratados para conversión o reversión se decidieron por un compromiso heterosexual completo y, en apariencia mantienen ese compromiso”.174 Debemos observar que lo que se obtuvo fue un cambio de conductas genitales, mas no de la personalidad profunda. Pretender cambiar la orientación de alguien es como cambiar el color de sus ojos con lentes de contacto, en el fondo todo sigue igual.


Insatisfacción homosexual femenina
En el caso de la homosexualidad femenina, se encontró que la falta de respuesta frente a los hombres se debe a diversos factores. Los más frecuentes fueron: 1) rechazo psicosocial del hombre en el que la mujer estaba interesada; 2) falta de experiencia sexual masculina suficiente como para dar a la mujer una oportunidad efectiva; 3) aparente desinterés por parte del hombre en proporcionar liberación sexual a su compañera; 4) utilización masculina de la compañera con poca o ninguna consideración por sus necesidades personales o sexuales; 5) abuso físico y psicológico continuado de la mujer, y 6) falta de interés sexual por parte del hombre o negación de la oportunidad sexual por parte de la mujer, como castigo.
Masters y Johnson concluyeron que las técnicas sexuales de su tratamiento terapéutico sólo podrían tener éxito cuando el cónyuge reconozca el verdadero valor de la mujer. “La mayoría de las lesbianas que buscaron apoyo para convertirse o revertirse a la heterosexualidad optó por una relación heterosexual en marcha cuando pudo establecerse como compañera y no como mera proveedora de servicio sexual. Si las mujeres que solicitaron apoyo para la reversión o la conversión hallaron satisfacción psicosocial y psicosexual, casi siempre siguieron comprometidas con el estilo de vida heterosexual”.175

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