Tesis de grado para optar al título de Doctor en Teología




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Malakoi v puede traducirse por “muelle” (que según el Diccionario de la Real Academia tiene la acepción de “voluptuoso”). Furnish y Scroggs297 concuerdan en que básicamente malakoi v quiere decir “suave”, “débil”, y por afinidad “afeminado” o “prostituto”. Según ellos, no es un término técnico para describir gente que practica la pederastia. Esta afirmación está confirmada por las recientes investigaciones de Dale Martin, las cuales muestran que la palabra puede referirse a muchas cosas que tienen un elemento suave o débil en ellas: telas298, manjares, brisas suaves, etc. Cuando se usa en un contexto moral también se refiere a actitudes “suaves”, tales como la pereza, degeneración, decadencia, falta de valor. En síntesis, todos los vicios que antiguamente se suponía que caracterizaban a lo femenino. Martin concluye: “la palabra malakoi v se refiere a toda la compleja devaluación antigua de lo femenino... malakoi v significa “afeminado”.299
En la Patrística Griega, malakiva suele aludir a la conducta disoluta en general, y a veces, a actividades sexuales concretas, como la masturbación, pero nunca a la homosexualidad como tal. Desde Sto. Tomás todos los teólogos morales definieron mollitia o mollities (equivalente latino de malakiva) como masturbación. (Summa Theologiae 2.2.154.11 resp.).300 En general, hasta el S. XX se pensaba que malakoi v significaba “masturbadores”. Sólo desde el momento en que se empezó a poner más atención a la homosexualidad, se desplazó el significado hacia el afeminamiento que se supone característico de los hombres Gay. Aquí se puede ver claramente cómo las traducciones de la Biblia evolucionan según los prejuicios propios de la época en que viven los traductores.301
ajrsenovkoitai: Comerciantes del sexo
La palabra ajrsenovkoitai es más difícil de interpretar porque no tiene una historia anterior que daría una comprensión clara de cómo fue el uso que le dio San Pablo. Furnish sugiere la traducción: “Los que se van a la cama con otros hombres”. Y por tanto, interpreta “malakoi v ouvte ajrsenovkoitai” como “ni los afeminados, ni los que tienen relaciones sexuales con ellos”. Por otra parte, puesto que avrsen significa “varón” y koitvh es “cama”, Scroggs dice que podría traducirse “yacer con un hombre”, o “el que se acuesta con hombres”. Si malakoi vse refiere al prostituto afeminado, entonces ajrsenovkoitai en este contexto debe ser el compañero activo que mantiene al “malakós” como su amante, o que lo contrata en ocasiones para satisfacer sus deseos sexuales. Con estos dos términos se denuncia una dimensión muy específica de la pederastia. Desde esta perspectiva, las listas de 1 Co y 1 Tm comparten la desaprobación de esta forma de pederastia con toda la literatura del mundo grecorromano sobre el tema.302
Dale Martin es más cauteloso con respecto al significado de ajrsenovkoitai, y afirma que tratar de fijar su significado por medio de los componentes que lo integran es un procedimiento ingenuo. Estudiando su aplicación en otros contextos, deduce que puede referirse a una cierta forma de explotación económica por medio del sexo, aunque no es necesariamente de carácter homosexual. Concluye que lo único que se puede afirmar con certeza es que nadie sabe exactamente hoy qué significaba ajrsenovkoitai para Pablo. William Countrymann303 y John Gaden304 coinciden con esta afirmación, pero sugieren que el contexto apunta hacia hombres cuya actividad sexual explota a otros, o se apartan de la relación monogámica heterosexual. En esta misma dirección, la Vulgata traduce ajrsenovkoitai como “masculi concubitores”, es decir, concubinos; con lo cual sugiere la prostitución masculina.
Traducción e ideología.
Hay un famoso aforismo Italiano: “traduttore, tradittore” (traductor, traidor). Según este proverbio, muchas veces las personas que traducen textos de otros idiomas se preocupan más por reforzar sus propias opiniones, que por expresar lo que el autor original quería decir. Cuando se trata de lenguas antiguas y de culturas completamente extrañas a las del traductor, este problema se hace más crítico. Pero cuando se llega al caso de la Sagrada Escritura, que es la Palabra de Dios, que puede salvar o condenar por toda una eternidad, la traducción adquiere un valor de vida o muerte. Desgraciadamente, en ninguna otra obra como en la Biblia, se puede percibir la presencia de los prejuicios e ideologías de quienes la interpretan. El caso de las dos palabras que estudiamos en esta sección (malakoi v y ajrsenovkoitai) nos puede ilustrar muy bien esta afirmación.

Ya anteriormente, al estudiar las traducciones de malakoi v, comentábamos cómo los textos Bíblicos evolucionan según los prejuicios de la época. La versión Inglesa Católica “New American Bible” es un ejemplo evidente de este hecho, cuando traduce ajrsenovkoitai como “homosexuales practicantes”. Un texto del S. I parecería enseñar ahora exactamente lo mismo que el Catolicismo Romano comenzó a enseñar sólo a mediados de los años 70s: ser homosexual no es pecado, pero participar en actos homosexuales sí es malo. El tratar de matizar la traducción añadiendo la palabra “practicantes” (que no aparecía anteriormente en esta versión de la Biblia) no está mal. Es comprensible y aceptable. Sinembargo, esta traducción introduce toda una visión moderna en el texto Griego, puesto que en el S. I no existía una conciencia elaborada de lo que es la orientación sexual, ni la dicotomía entre “ser” y “practicar”.305
También en las traducciones Españolas de la Biblia podemos encontrar este fenómeno. Así, la versión Francesa de la Biblia de Jerusalén vierte ajrsenovkoitai como “depravés” y “gens de moeurs infames”. En cambio, la versión Española de esta misma Biblia, que depende estrechamente de aquélla, traduce tranquilamente esta palabra como “los homosexuales”. Boswell comenta al respecto que “las diferencias culturales ejercen, al parecer, considerable influencia en la traducción de los pasajes bíblicos que tratan de la moral sexual.” Alonso Schökel, quien por otra parte muestra algunos grandes aciertos en su “Nueva Biblia Española”, traduce ajrsenovkoitai por “invertido”, lo cual es hacer decir al texto más de lo que quiere decir. Ya anteriormente habíamos mencionado los peligros de su traducción por “equivalencia dinámica”.
* * *
Del análisis del relato de Sodoma, podemos ver que lo que realmente se condena en este pasaje de la Escritura, no es la homosexualidad sino la falta de hospitalidad y el intento de violación de los extranjeros. La ira de Yahvé es provocada por la opresión de los débiles. Posteriormente veremos que la interpretación incorrecta del relato de Sodoma tendrá gran importancia en la valoración moral de la homosexualidad en la teología medieval y por tanto en la legislación acerca de ella. Así por ejemplo, en las Novelas de Justiniano en el año 538, se justificaba la quema de homosexuales porque ellos atraían el castigo del cielo. Por otro lado, Gn 19 también nos hace caer en cuenta de la importancia de la virtud de la hospitalidad.
El estudio del libro del Levítico nos enseña que algunos actos homosexuales fueron condenados por estar asociados estrechamente a las religiones Paganas, cuya influencia quería evitar Israel a toda costa. No se rechaza la homosexualidad por sí misma, sino por su vinculación a otra realidad, que en cuanto a su esencia nada tiene que ver con ella. La reflexión sobre el libro del Levítico también nos muestra que la homosexualidad es condenada por su relación con la idolatría. Los ídolos mismos recibían la denominación de “abominación”. No obstante, es claro que la abominación (Toevah) era algo completamente diferente del verdadero pecado (Zimah), que es la injusticia. Por tanto, el concepto de “abominación”, que se aplicó a la homosexualidad en este libro, tiene una connotación de impureza ritual o cultual, no se refiere a una falla de carácter moral o ético. Además de esto, el derrame de los fluidos vitales, el semen y la sangre, estaba relacionado con la abominación. Esta es otra razón por la cual algunos actos sexuales, como la homosexualidad, entraron en tal categoría. A primera vista, lo más importante, para los autores del Levítico, era mantener la pureza religiosa y étnica que preservaba la identidad del pueblo escogido. Pero quizás el propósito de fondo del Levítico era tratar de establecer un control riguroso de la situación, para conservar el poder de las élites después del exilio. Por todo lo anterior, hoy en día la mayoría de los preceptos Levíticos calificados como “Toevah”, no tienen carácter de obligatoriedad para los Cristianos. Finalmente, debemos añadir que los dos versículos del Levítico acerca de la homosexualidad nunca son citados en otro pasaje Bíblico, ni hay ninguna historia en la Biblia que muestre su aplicación concreta en la vida de Israel. Comparado con la insistencia Bíblica en otros asuntos, como la pobreza y la injusticia, el tema pasa casi desapercibido, en contraste con la enormidad que se le atribuye en la teología posterior al “pecado contra naturam”.
El texto de Rm 1, 26-28, que se considera la condenación más explícita de la homosexualidad tanto femenina como masculina, ha tenido repercusiones inusitadas. Refiriéndose a este texto, la Congregación para la Doctrina de la Fe dice: “En otro pasaje de su epistolario, fundándose en las tradiciones morales de sus antepasados, pero colocándose en el nuevo contexto de la confrontación entre el Cristianismo y la sociedad pagana de su tiempo, presenta el comportamiento homosexual como un ejemplo de la ceguera en la que ha caído la humanidad. Suplantando la armonía originaria entre el Creador y las creaturas, la grave desviación de la idolatría ha conducido a toda suerte de excesos en el campo moral. San Pablo encuentra el ejemplo más claro de esta desavenencia precisamente en las relaciones homosexuales” (Homosexualitatis problema N. 6).306
Al estudiar el pasaje de Rm 1, 26-28 pudimos ver que cuando Pablo habla de actos “contra la naturaleza”, no se está refiriendo a algo que vaya en contra del orden creado, sino contra la costumbre de los Judíos. También advertimos que la expresión “pasiones infames” se refiere a algo que no tiene aprobación social y, por tanto, cuando el Apóstol aplica esta expresión a alguna costumbre, no está haciendo un juicio de carácter ético. Siguiendo el Levítico, Pablo considera que los actos homosexuales son socialmente inaceptables. Esta es una calificación que coincide con la del libro del Levítico, que los clasifica dentro del orden de la “abominación”, una impureza que destruye la sociedad Israelita. El Apóstol distingue claramente dos consecuencias diferentes de la Idolatría: en primer lugar está la impureza sexual (degradante e indecorosa), y en segundo lugar el pecado propiamente dicho (impiedad e injusticia). Pablo recalca que lo realmente importante en Cristo es la pureza de corazón y no la pureza ritual. En síntesis, la homosexualidad se menciona en la carta a los Romanos como un ejemplo de la “impureza” de los Paganos, considerada desde el punto de vista Judío; pero en última instancia la carta se propone enfatizar que la cuestión de la pureza pierde importancia ante la novedad radical de Jesucristo.
Respecto a los textos de 1 Co 6, 9 y 1 Tm 1, 10, dice la carta Homosexualitatis problema (n. 8): “Teniendo como telón de fondo esta legislación teocrática, San Pablo desarrolla una perspectiva escatológica, dentro de la cual propone de nuevo la misma doctrina, catalogando también a quien obra como homosexual entre aquellos que no entrarán en el reino de Dios... En fin, en continuidad perfecta con la enseñanza bíblica, en el catálogo de aquellos que obran en forma contraria a la sana doctrina, se mencionan explícitamente como pecadores los que efectúan actos homosexuales”.
A partir de un estudio más a fondo de los textos en mención, podemos concluir que traducir ajrsenovkoitai como “homosexuales” no es justo, pues en este caso parecería condenar la mera orientación sexual, siendo así que la palabra Griega se refiere, como es natural, exclusiva y explícitamente, a la práctica (acostarse con hombres). En Griego había nombres para quienes practicaban la homosexualidad: paideravstei, palakoi v, kinavidoi, ajrenomavnei, paidofevoroi. Si la intención de Pablo hubiera sido indicar la actividad homosexual en general, como tal, es probable que hubiese elegido uno de estos términos. Soards307 reconoce que las palabras malakoi v y ajrsenovkoitai han sido maltratadas por los traductores y destaca que ninguna de ellas se refiere a la homosexualidad femenina, y por tanto no se puede decir simplemente que se condena a “los homosexuales”, porque se estaría incluyendo injustamente también a las Lesbianas.
1 Corintios considera algunos puntos concretos que preocupaban a los habitantes de Corinto308: Un hombre que estaba conviviendo con la ex-esposa de su padre, Cristianos que llevaban sus querellas internas ante jueces civiles, bautizados que acudían a los prostíbulos. 1 Co 6, 9-10 es una típica lista de pecados. Lo mismo puede decirse de 1 Tm 1, 8-11, que es también una lista en la cual se enumeran todos aquellos que van en “contra de la sana doctrina”, y por tanto necesitan de la Ley para corregir su vida. Gregorio Ruiz309 anota que las listas de pecados eran transcripciones de los catálogos estoicos de vasta circulación en su tiempo. Éstos englobaban mediante una simple enumeración a los Sodomitas, con los borrachos, los mentirosos y los avaros, etc. (1 Co 6, 9-10). Por tanto, rebajaban con la indiscriminación, la fuerza y la evidencia de la condena.310 Y por otra parte, tenemos que insistir, tampoco es justo condenar a todos los “homosexuales” con un texto que se refiere concretamente a cierto tipo de pederastia o de explotación sexual.

4. UNA HISTORIA COMPLEJA
POSICIONES PASTORALES FRENTE A LA HOMOSEXUALIDAD

EN LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA
El numeral 5 de la carta de 1986 se refiere a la “tradición viva de la iglesia”. Esta referencia aparentemente inocua es supremamente significativa. La tradición entonces es una realidad viva. La iglesia crece y se desarrolla. La experiencia del Concilio Vaticano II subrayó la realidad de la tradición viva. La Iglesia debe comprender, apropiarse, y vivir la palabra y la obra de Jesús a la luz de la situación histórica y cultural de hoy. Con demasiada frecuencia, la Tradición se entendía en el pasado como algo que se había detenido cincuenta años antes. Un reconocimiento de la tradición viva significa que la Iglesia en general, y el Magisterio Jerárquico en particular, no pueden limitarse a repetir lo que se ha dicho en el pasado. A continuación veremos cómo se desarrolló el pensamiento Católico acerca de la homosexualidad desde el comienzo del Cristianismo hasta la actualidad.


    1. EN LA HISTORIA ANTIGUA DEL CRISTIANISMO


El libro del Apocalipsis se escribió hacia fines del S. I D.C y más o menos por esta misma época se escribieron los libros más tardíos del Nuevo Testamento. Según el pensamiento Católico, con estos libros se cerró la Revelación pública de las Sagradas Escrituras. No obstante, la Revelación de Dios a los hombres es un proceso que nunca termina, y que se continúa a través de lo que se ha llamado en el pensamiento Católico la Sagrada Tradición. Esta Tradición (cuya validez no es reconocida por el axioma Luterano: sola fe, sola gratia, sola Scriptura) tiene un valor normativo para la Doctrina y la moral Cristianas.
El primer lugar dentro de la Tradición, en sentido cronológico, lo ocupan los llamados Padres de la Iglesia, quienes recibieron la herencia de los Apóstoles y de los primeros discípulos de Jesús. Como podremos verlo, en esta época se dio la fusión entre el pensamiento Hebreo de la Biblia y el pensamiento Griego de la filosofía y la cultura del imperio romano. Ambos pensamientos contribuyeron a la conformación del Cristianismo que se vivió en el Imperio Romano. Ya en el Capítulo anterior describimos brevemente la religiosidad Griega y Romana, que ahora conviene tengamos muy en cuenta al analizar los conceptos desarrollados por los Padres en todos los aspectos espirituales y morales, y más concretamente en el tema de la homosexualidad.
Es conveniente que recordemos la clasificación tradicional de los autores patrísticos. Aquellos que escribieron durante los tres primeros siglos de era cristiana: padres apostólicos (Didakhé y la Carta de Bernabé), padres apologistas griegos (San Justino) y escritores antiheréticos (San Ireneo). A partir del s. IV los autores cristianos se agrupan en dos grandes divisiones: padres orientales y padres occidentales. A su vez, los padres orientales se concentran en dos grandes escuelas: Antioquía (Juan Crisóstomo, Teodoreto de Ciro) y Alejandría (Clemente y Orígenes); y los occidentales se clasificaron según su procedencia, Romanos (Hipólito y Jerónimo) y Cartaginenses (Agustín). Además, entre los padres griegos podemos encontrar otro grupo que sería el de los padres capadocios (Basilio y Gregorio). El S. V ha sido considerado como el siglo de oro de la Patrística: a partir de él se enumeran los cuatro grandes padres de oriente (Basilio, Gregorio Nacinceno, Gregorio Niseno y Juan Crisóstomo), y los cuatro de occidente (Ambrosio, Agustín, Jerónimo y Gregorio Magno).


      1. Influencia del Platonismo y del Estoicismo


Para comprender a fondo el pensamiento de los Padres de la Iglesia es necesario que miremos primero la profunda influencia de los dos sistemas filosóficos más en boga durante los comienzos del Cristianismo: el Platonismo y el Estoicismo. Tanto las ideas Patrísticas acerca de la Moral en general, como las referentes a la sexualidad en particular, y más puntualmente las concepciones sobre la homosexualidad, son un reflejo de estos discursos filosóficos. Entre las ideas que más se enfatizaron en ambos sistemas, cabe destacar la de “naturaleza”, que jugaría un papel decisivo en la elaboración del concepto de pecados “contra naturam”. Por tanto, dedicaremos una atención especial a la evolución de este concepto de “naturaleza”.

El Platonismo
Siguiendo la interpretación Platónica del Mito de la Caverna, según la cual el cuerpo es la cárcel del alma, muchas sectas Gnósticas Cristianas, afirmaban que todo lo material y carnal era intrínsecamente malo, mientras que el espíritu y lo espiritual eran buenos de por sí. Con la progresiva decadencia del Imperio Romano y su inminente derrumbamiento, muchos filósofos e intelectuales se refugiaron en una huida hacia lo puramente espiritual. En palabras de Porfirio, se trataba de vivir “como si no se tuviese cuerpo”. Dentro de este contexto, la ascesis (disciplina) se dirigía a desligarse de todo vínculo material, para poder unirse a la divinidad. Parte importante de esta ascesis era la abstinencia de todo acto sexual. La vida monástica que surgió en los primeros siglos de la Iglesia es un testimonio vivo de esta concepción.
Cuando surgió el Cristianismo, circulaban en el Imperio Romano algunos conceptos de “naturaleza ideal” que eran derivaciones tardías de la ideas originales de Platón y Aristóteles. Estos conceptos de “naturaleza” ejercerían una profunda influencia sobre los primeros pensadores Cristianos. Según los filósofos Neoplatónicos, la “naturaleza” era como una fuerza cuasidivina que hacía posible que lo “ideal” se convirtiese en “real”. Por tanto los dictados de la naturaleza adquirían el carácter de una ley moral. Los Judíos Helenizados llegaron a pensar que “lo natural” era un corolario de la Ley Divina, el reflejo en la tierra de la Voluntad de Dios. De este modo hacían una justificación filosófica de la moral del Antiguo testamento. Así por ejemplo, la legislación sexual Israelita se fundamentaba, según los Judíos Alejandrinos, en la idea de que “el único uso ‘natural’ de la sexualidad era la procreación”.311
El Estoicismo
Jean Claude Vibert afirma que a fines del S. II D.C. y principios del S. III D.C. se dio en el imperio Romano un cambio de mentalidad que condujo a un nuevo sistema moral del cual derivaría nuestra moral Cristiana. En realidad, dice él, la influencia de los autores Cristianos en aquella época era mínima, puesto que todavía eran muy pocos y además pertenecían a estratos sociales muy bajos. El cambio se produjo por obra de los filósofos Estoicos, quienes “predicaban una sabiduría fundada sobre un total dominio de sí mismo, un control radical de los impulsos y de las pasiones, una voluntad de conformarse a la naturaleza”.312 Su moralismo austero llegó a ser parte del pensamiento de los Cristianos.
Con respecto a la homosexualidad, tenemos que decir que los estoicos no la condenaban, por el contrario, algunos de ellos la practicaban313. Pero en lo que sí insistían era en que la sexualidad no debería ser una pasión esclavizante. Por ello empezaron a defender la relación dentro del matrimonio como único ejercicio válido de la sexualidad.
Los Estoicos partían de lo que ellos llamaban “los procesos naturales”, para deducir lo que era “natural”. Y luego, a esto “natural” lo convertían en la norma ética. Así, por ejemplo, decían que el ser humano debe comer únicamente lo necesario para poder subsistir, y todo lo que pasara de este límite era “antinatural”. La función “natural” del alimento era exclusivamente la supervivencia (y por tanto, el disfrute de la comida era “contra la naturaleza”). Es probable que el triunfo de la austera moral Cristiana en el imperio Romano se debiera a su semejanza con la moral Estoica a nivel práctico. Existen ciertos puntos de las enseñanzas morales de Séneca tan semejantes a las de San Pablo, que hasta llegó a inventarse una supuesta correspondencia que circuló entre ellos. Por eso muchos Cristianos adoptaron las ideas de Séneca acerca de la “naturaleza”, aunque no tuvieran nada que ver con el Evangelio. Según este filósofo, todos los vicios violentan a la “naturaleza”, pero ninguno lo hace en mayor medida que los otros. No parece que se opusiera a los actos homosexuales, a menos que implicaran excesos. En una de sus cartas menciona alguna actividades que consideraba “no naturales”: “nadar en piscinas de agua caliente, cultivar plantas dentro de la casa, tratar de parecer joven, beber con el estómago vacío”.314


      1. Los Padres Apostólicos


Se clasifican como Padres Apostólicos los escritos de autores Cristianos, que muestran una cierta cercanía con los Apóstoles, autores del primer siglo y de la primera mitad del segundo siglo de la era Cristiana. Merecen una mención especial “la Didakhé” y la “Carta de Bernabé”. De hecho, ambos escritos se refirieron concretamente al tema de la pederastia, que era tan común en el imperio Romano, pero sus afirmaciones se aplicarían más tarde a todo tipo de homosexualidad. Más importante que esta condenación de la pederastia, las dos obras contienen principios esenciales que deben regir la moral y espiritualidad Cristianas.

La Didakhé
La Didakhé, cuyo título completo es “Doctrina del Señor por los Doce Apóstoles a los Gentiles”, es algo así como un documento para la instrucción de los catecúmenos. Probablemente fue escrito hacia el año 80 D.C. en Palestina,315 en lengua Griega, aunque utiliza categorías totalmente Judías. En su primera parte, la catequesis moral, se refiere al comportamiento social. Habla de dos caminos que la persona puede seguir: el camino de la vida y el de la muerte. Uno de los comportamientos que puede llevar a la persona por el mal camino es la pederastia: “Hay dos caminos, uno de la vida y uno de la muerte; y es grande la diferencia entre estos dos caminos... Según precepto de la instrucción: No matarás, no robarás, no corromperás a los menores ( paidofqorhvsein), no fornicarás...”.316
En este pasaje se condena concretamente la pederastia, identificada con la corrupción o violación de menores, que estaba muy extendida en el mundo Helénico. Por otra parte, como un aporte positivo a la espiritualidad Cristiana, según la Didakhé el camino de la vida se deriva del Evangelio como norma del Amor que se expresa en actitudes de hospitalidad y generosidad, el compartir y dar. Todas las inquietudes que transmite la Didakhé se inscriben en un horizonte de libertad. No son preceptos positivos rígidos, sino más bien consejos para el perfeccionamiento de la persona. La Comunidad se basa en la Familia, tal como se concebía en el pensamiento Judío. Por ello no ha de extrañar el rechazo de algunas costumbres Paganas, como la pederastia. No obstante, como es propio de su época, la Didakhé acepta tranquilamente la institución de la esclavitud, con lo cual se nos muestra que sus enseñanzas están relativizadas por el contexto cultural.
La Carta de Bernabé
Esta obra es más un tratado teológico que una carta. Fue escrita entre los años 96 y 131 D.C. posiblemente en Alejandría. El propósito de su autor, cuyo nombre no se menciona en la carta, era enseñar “el conocimiento perfecto”. En el S. II fue considerada parte del canon Bíblico (como tal aparece en el Codex Sinaíticus), y es citada por Ireneo, Eusebio e Hipólito. Su influencia se percibe durante siglos en muchos escritos Patrísticos, como Clemente y Orígenes.
Concepciones zoológicas y moral natural
Por lo que se refiere a la sexualidad, hay que destacar que la carta equipara las prohibiciones del Levítico sobre el comer la carne de ciertos animales con algunas conductas sexuales:
“De la liebre no comeréis (Lev. 11, 5). ¿Por qué? A fin de no volveros, dijo [Moisés], abusadores de muchachitos, o de que no os suceda como a este animal. Pues la liebre desarrolla una nueva apertura anal cada año, de modo que tendrá tantos anos como años haya vivido. Tampoco de la hiena comeréis, dijo, a fin de no volveros adúlteros o seductores, o como ella. ¿Por qué? Porque este animal cambia de sexo anualmente y es un año macho y al año siguiente hembra. Y también despreció la comadreja (Lev. 11, 29). No os volveréis como estos animales, dijo, de los que sabemos que cometen actos inmundos con la boca, ni os uniréis a aquellas mujeres que han cometido actos ilícitos oralmente con el impuro. Pues este animal concibe por la boca”.317
Este texto contiene muchas concepciones erróneas que posteriormente fueron aplicadas a la homosexualidad. En realidad, Moisés nunca atribuyó tan extraños rasgos a los animales mencionados. Es más, ni siquiera habló de la hiena.318 Pero en la antigüedad estas concepciones zoológicas eran aceptadas casi universalmente. Y la aplicación moral que Bernabé hizo de ellas ejerció una influencia considerable en muchos Cristianos, especialmente a través del Physiologus, el tratado de ciencia natural más popular de la Edad Media. Aunque Bernabé se refería a las relaciones sexuales con menores, sus comentarios se aplicaron a toda relación sexual entre personas del mismo sexo, o incluso a cualquier acto sexual que no conducía a la reproducción. La influencia de esta carta sería tan perdurable que 500 años más tarde, el obispo de Pavía se burlaba de un hombre Gay asemejándolo a una liebre319, y otros 500 años después, Bernardo de Cluny320 condenaba la homosexualidad argumentando que “quien deshonra su virilidad sólo es una hiena”.
Más que el rechazo de la pederastia, basado en una concepción científica fantástica, y luego extendido a toda relación homosexual, la carta de Bernabé ciertamente trae una comprensión de la moral Cristiana que podría muy bien contribuir a una espiritualidad. El autor insiste en que lo más importante de la vida moral es la actitud interior del hombre. “El Señor por medio de todos sus profetas, nos ha manifestado que no tiene necesidad ni de sacrificios ni de holocaustos, ni de ofrendas. Sólo quiere un corazón arrepentido”. Por la transformación de la persona en Cristo hay un proceso ético que afecta su existencia de modo gradual. Lo que importa realmente no son los actos aislados, sino las actitudes. La carta combate el moralismo ritualista y la auto-justificación Judía centrada en el cumplimiento de ciertas normas de la ley.


      1. Los Padres Apologistas Griegos


Después de los Padres Apostólicos, los escritores Cristianos que tuvieron más de cerca la Revelación Neotestamentaria fueron aquellos que hablaban el mismo idioma en que fue escrito el N.T. : el Griego. Casi todos estos autores dieron a sus obras un carácter apologético frente a los que atacaban a la religión naciente. Por ello, muchas veces tomaron prestados el lenguaje y las categorías de sus oponentes para presentar sus propios argumentos. En no pocas ocasiones el pensamiento Evangélico fue transformado en una versión nueva de la filosofía y la ciencia de la Grecia antigua. Esto sucedió con las concepciones zoológicas y la idea de “naturaleza” que entraron a fundamentar las normas de la vida Cristiana. Este hecho, combinado con el rechazo a las prácticas de la pederastia y la prostitución, estrechamente relacionadas con la idolatría de las Religiones Paganas, daría lugar a la condenación de la homosexualidad por parte de muchos Padres Orientales.
Justino
San Justino Mártir es el apologista Griego más importante del S. II. Nació en Palestina, de padres Paganos y tuvo contactos con el Platonismo. Después de su conversión en Efeso, dedicó su vida a la defensa de la Fe Cristiana. Fundó una escuela en Roma y allí murió decapitado hacia el año 165. Sus dos “Apologías” del Cristianismo estaban dirigidas al Emperador Antonino Pío.
En la primera Apología, Justino se pronuncia en contra de la prostitución masculina, alegando que un hombre que recurra a ella podría cometer incesto ignorantemente con algún hijo o hermano.321 Por ello dice: “se nos ha enseñado que es un error incluso exponer a los recién nacidos... porque hemos observado que casi todos esos niños, ya sean varones, ya sean hembras, serán prostituídos”.322 El apologista se refiere aquí a la costumbre, muy extendida en el imperio, de abandonar a los niños no deseados para que fueran vendidos como esclavos. Muchos de estos niños eran utilizados para fines sexuales, por lo menos hasta que alcanzaban la edad adulta, cuando se empleaban como trabajadores. Muchos autores posteriores, por una imprecisión de conceptos, llegaron a identificar la homosexualidad con el abuso sexual de menores. Todavía en la actualidad existe la tendencia entre la gente del común a pensar que todos los hombres Gay son pedófilos.
Justino insistía en que, en una vida moral, la sexualidad debería separarse del placer y tener únicamente como fin la procreación: “O bien nos casamos para tener hijos, o bien, rehusando el casamiento, vivimos en continencia por el resto de nuestra vida”.323 Hay que anotar que el apologista rechazaba la sexualidad Pagana por su asociación con la idolatría, sin discriminar entre la orientación heterosexual y la homosexual: “Nos hemos consagrado nosotros mismos a Dios, que no tuvo nacimiento ni sufre, y que, creemos, no asaltaba a Antiope ni a otras mujeres movido por el deseo, ni a Ganimedes”.324 Por otra parte, hay que destacar que Justino repudia los abusos homosexuales, pero nunca utiliza el término ajrsenovkoitai (que mencionábamos en el capítulo anterior), sino que se refiere a ellos como: kinaidia, ejrwvtei, ajvrsevnwn, ajndrobavtein.325
Clemente de Alejandría
Tito Flavio Clemente nació en Atenas hacia el año 150. Viajó por todo el Imperio Romano buscando la instrucción de los mejores maestros Cristianos. Finalmente se estableció en Alejandría, en donde se hizo discípulo de la escuela de Panteno, a quien luego sucedería en la dirección de esta escuela. Se propuso demostrar que la Fe y la Filosofía, el Evangelio y el saber profano no se oponen, sino que se completan mutuamente. Toda ciencia humana sirve a la Teología. El Cristianismo es la corona y la gloria de todas las verdades contenidas en las diferentes doctrinas filosóficas. Sus escritos principales son “El Protréptico” o “Exhortación a los Griegos”, “El Pedagogo”, y los “Stromata” (“Tapices”).

La Regla Alejandrina
Clemente fue uno de los primeros teólogos cristianos que propagó la “Regla Alejandrina”, según la cual, para que un acto sexual sea moral, tiene que estar dirigido hacia la procreación. “Mantener relaciones sexuales con cualquier otro fin que no sea la producción de hijos es violentar la naturaleza”.326 Específicamente consideraba que el amor (eros) no era una buena razón para casarse, como sí lo era la razón (logismos).327 De muchas maneras, pero con poco éxito, trató Clemente de explicar por qué la naturaleza, que supuestamente ordenaba las relaciones sexuales únicamente hacia la reproducción, permitía la existencia de animales supuestamente homosexuales como la hiena. Para demostrar que la “naturaleza” rechazaba la homosexualidad, paradójicamente calificaba como “bestiales” y “cuadrúpedos” a quienes la practicaban, como si los animales también pudieran actuar “contra naturam”.
Teorías zoológicas y Platonismo Bíblico
Su repudio de las relaciones homosexuales se basó primordialmente en el argumento animal sobre la hiena propuesto por la Carta de Bernabé. En realidad, la inmensa acogida que tuvo la leyenda anti-Gay de la hiena durante toda la Edad Media, se debió a su adopción por parte de Clemente en el Pedagogo, que era un manual de instrucción muy popular para los padres de familia Cristianos. En esta obra, afirma que Moisés “rechazó la siembra inútil” al prohibir comer hiena y liebre, ya que “estos animales están demasiado obsesionados con el coito”.328 Es muy posible que Clemente hubiera leído a Aristóteles, quien negaba la tesis popular propalada por Bernabé, según la cual la hiena cambiaba de sexo. No obstante, creía que las hienas macho copulaban frecuentemente entre sí, y de ahí derivaba la supuesta prohibición de Moisés, como un signo de desaprobación de los actos homosexuales.
Para reforzar su condena, Clemente recurría a Rm 1, 26-28 y además decía que Platón, quien había estudiado la Biblia, también se oponía a la homosexualidad basándose en el rechazo de las Escrituras: “El nombre de un mal deseo es hybris, y Platón llamó hybriste (ujbristhvn)329 al corcel del mal deseo, cuando leyó: “Te has vuelto para mi como sementales obsesionados por las hembras” (Jr 5, 8)”.330 En San Clemente se puede percibir muy bien la combinación de las leyes Mosaicas con la filosofía Platónica: “...pero lo mejor de todo es no mantener nunca relaciones sexuales con muchachos como se haría con una mujer. A este respecto el Filósofo, instruido por Moisés, dice: No insemines rocas y piedras, pues de sus raíces no se obtiene naturaleza fructífera”.331 Hoy en día podría parecernos ridícula esta mezcla de preceptos Judíos con filosofía Griega y todas esas concepciones derivadas de una primitiva ciencia zoológica., pero la influencia de este pensamiento en la Edad Media fue muy importante. De hecho, no se descarta que Clemente fuera el autor de una versión Griega del Physiologus.
Lucha contra la pederastia
Clemente cuenta que los niños que se ponían a la venta como esclavos eran embellecidos para que los clientes se sintieran más atraídos a realizar la compra. Al igual que Justino, también se horroriza preguntándose: “¿Cuántos padres, olvidando los hijos que ellos mismos abandonaron, tienen, sin saberlo, relaciones sexuales con un hijo que es un prostituto o con una hija convertida en ramera?".332 Hay que observar que Clemente no atacaba la institución de la esclavitud, pero sí el incesto al que ésta podía dar origen. Insistía tanto en la pecaminosidad de los actos homosexuales porque tenía que enfrentar a una sociedad en la cual éstos eran algo común. En especial, se refería a la pederastia: “Sobre esta base, a mi me parece que, en el Fedro, Platón se pronuncia en contra de la pederastia, a la que llama “bestial” porque los que se entregan a este placer “se desbocan” y copulan a la manera de los cuadrúpedos, esforzándose por engendrar hijos de esa manera”.333
En su lucha contra la pederastia, Clemente no duda en modificar la Biblia para reforzar su argumento: “Además, el propio Moisés prohibió rotundamente esto, sin apelar a la metáfora y mirando las cosas a cara descubierta, ‘no fornicarás, no cometerás adulterio, no corromperás a los muchachos (Paidofqoriva)’. El mandato de la Palabra debe ser observado por todos y no debe violarse nada del mismo, ni deben socavarse los mandamientos”.334 En ningún lugar del Antiguo o del Nuevo testamento aparece la palabra Paidofqoriva, pero a Clemente le pareció conveniente añadirla para resaltar más su oposición a la pederastia.
Otra visión sobre los “roles sexuales”
Existe una diferencia importante que debemos hacer notar, entre el pensamiento de San Clemente y el de muchos otros Padres de la Iglesia. En su rechazo de la homosexualidad, Clemente nunca hizo uso del argumento de los “roles sexuales”. La única explicación acerca de este silencio la podemos encontrar en la admiración que experimentaba por el llamado “Evangelio Egipcio”. Este evangelio apócrifo siempre insistió en la necesidad de dejar de lado las pautas tradicionales de sexualidad, en especial la procreación. También afirmaba que la Parusía no se realizaría hasta que “los dos sexos se vuelvan uno, y el hombre y la mujer no sean ya macho ni hembra”.335 Al igual que esta obra, una importante corriente de los Cristianos de los primeros siglos pensaron que la preocupación por los comportamientos de género no era algo que estuviera presente en el Evangelio. Por algo había elogiado Jesús a los “eunucos por el Reino de los Cielos” (Mt 19, 12) y Pablo recalcaba que entre los Cristianos ya no había “varón ni hembra, pues todos sois ya uno en Cristo Jesús.” (Ga 3, 28).
Hipólito
A San Hipólito de Roma (180-235), se le conoce con este gentilicio porque su ministerio lo ejerció en la ciudad eterna, pero todo indica que provenía del Oriente. Es el último escritor Latino que escribió en Griego y su pensamiento es completamente Helenista, más concretamente, de la escuela de Alejandría. Se le ha considerado como el primer Antipapa, pero es venerado como Santo porque murió mártir. Se enfrentó al Papa Calixto porque éste permitía regresar a la Iglesia a aquellos que habían faltado gravemente en materia de Fe y costumbres, siempre y cuando se arrepintieran. En contra de esta tolerancia, Hipólito decía que la Iglesia es “una sociedad de santos que viven en la justicia”336, sin tener en cuenta lo que decía Jesús acerca de haber venido para sanar a los pecadores y no a los justos. La obra más importante de Hipólito, sin lugar a dudas, es la “Tradición Apostólica”, la cual después de la Didakhé es la más importante de las Constituciones Eclesiásticas de la antigüedad. Esta obra ejerció una gran influencia, especialmente en el aspecto litúrgico, en la legislación de la Iglesia, sobre todo en el oriente. Allí se describe la disciplina vigente en la Iglesia de Roma a principios del Siglo III.
La Tradición Apostólica se refiere a la homosexualidad cuando considera el tema del bautismo. Respecto a la admisión de los candidatos a este sacramento, dice que se debe averiguar cuál es la profesión de la persona. Especifica que “la prostituta o el invertido o el afeminado y cualquiera que haga cosas que no pueden ni decirse, serán rechazados porque son impuros”.337 Hay que destacar que el motivo del rechazo no era de tipo moral, sino más bien de tipo ritual, porque los que practicaban estas profesiones generalmente estaban vinculados a los cultos idolátricos Paganos. Por la misma razón Hipólito decía que no debían admitirse al Bautismo los pintores y escultores (puesto que fabricaban las estatuas), los actores (porque el teatro era una especie de liturgia Pagana), los maestros (que tenían que enseñar a los niños la religión oficial), los gladiadores (los juegos estaban dedicados a los dioses), y los soldados (no sólo porque tenían que matar sino también por el Sacramentum, es decir, su juramento a las divinidades). Al igual que en el Levítico y en el pensamiento Paulino, Hipólito descalifica la homosexualidad por su carácter de “impureza ritual” asociada al Paganismo, sin referirse tanto a una falla de tipo moral.
Basilio Magno
Es quizás el más importante de los llamados Padres Capadocios, un gran estadista y organizador eclesiástico, considerado como Padre del Monaquismo Oriental. Nació en Cesarea hacia el año 330. Estudió en Constantinopla y en Atenas, en donde conoció al gran amigo de su vida, Gregorio Nacianceno. Interrumpió su carrera como retórico para dedicarse a la vida monástica. Más tarde fue nombrado Obispo de Cesarea y allí trabajó mucho en la fundación de hospitales y casas de acogida para los pobres. También se preocupó bastante por la unión entre los Cristianos de Oriente y Occidente. Algunos lo han considerado “un Romano entre los Griegos”, por su inclinación hacia los aspectos prácticos y éticos del mensaje Cristiano, a diferencia de los demás Padres Griegos, quienes preferían las reflexiones de carácter metafísico. Entre sus obras se destacan las “Reglas Monásticas”, “Ad Adolescentes”, y la “Admonición a un Hijo Espiritual”.

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