Tesis de grado para optar al título de Doctor en Teología




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Amistad con Gregorio Nacianceno



Su amistad con Gregorio de Nacianzo, otro de los Padres Capadocios y Doctor de la Iglesia Oriental junto con Basilio, quedó como paradigma de lo que debería ser un verdadero amor entre dos personas del mismo sexo que se llamen Cristianas. En sus Disertaciones, Gregorio cuenta cómo el amor por el estudio fue lo que primero los unió: “Éste fue el principio de nuestra amistad, el pequeño fuego que empezó a unirnos; de este modo, se estableció un mutuo afecto entre nosotros... Con el correr del tiempo nos hicimos mutuas confidencias acerca de nuestro común deseo de estudiar la filosofía; ya por entonces se había acentuado nuestra mutua estimación, vivíamos juntos como camaradas, estábamos en todo de acuerdo y nos comunicábamos cada día nuestra común afición por el estudio...”.338
Hasta qué punto llegó la unión entre los dos Padres podemos deducirlo de las siguientes palabras del Nacianceno: “Era como si los dos cuerpos tuvieran un alma en común. Pues si bien no hay que dar crédito a los que afirman que todas las cosas están en todas partes, en nuestro caso sí podía afirmarse que estábamos el uno en el otro.” Incluso la moralidad parecía estar supeditada a esa relación tan profunda: “Con estos pensamientos dirigíamos nuestra vida y todas nuestras acciones, esforzándonos en seguir el camino de los mandamientos divinos y estimulándonos el uno al otro a la práctica de la virtud; y, si no pareciese una arrogancia el decirlo, diría que éramos el uno para el otro la norma y regla para discernir el bien del mal”. Con todo, Gregorio insistía en que el mayor orgullo de ambos era el conservar su nombre de cristianos: “...para nosotros el mayor título de gloria era el ser cristianos y ser con tal nombre reconocidos”.
Basilio no consideraba que la atracción física entre hombres fuera algo “antinatural”, antes bien pensaba que los lectores de sus obras podían sucumbir a los encantos de otros hombres. “Todo el que sea joven y físicamente hermoso, oculte su atractivo hasta que su apariencia alcance un estado adecuado... Siéntate en una silla lejos de tal joven; cuando durmáis no permitas que tu ropa toque la suya, sino que has de poner un anciano entre vosotros339... No te encuentres con él en el interior de la casa ni allí donde nadie pueda ver lo que hacéis, ni para estudiar las profecías de la Sagrada Escritura, ni con ninguna otra finalidad, por necesaria que fuere”.340 Insistía en que debía evitarse toda familiaridad con los jóvenes atractivos porque representaban un peligro para el ideal monástico del celibato, pero no daba a entender que una falla en ese sentido fuera particularmente nefanda. Argumentó que ninguna relación sexual, que él llamaba porneia, que tuviera lugar entre personas religiosas (tw^^n canovnicwn), podría tener el carácter de “matrimonio”, y que tales uniones (sunavfeian) deberían ser disueltas de todas maneras.341

La moral Cristiana y la “naturaleza”



Por lo que se refiere a la divinización del concepto de “naturaleza” que se presentó en algunos autores Patrísticos, hay que decir que el Magno Capadocio no estuvo de acuerdo con esta idea. San Basilio es un ejemplo de cómo en la teología Cristiana de los Padres orientales, no fue posible adaptar el concepto de “naturaleza” al marco de referencia de la moral del Evangelio: “Aquel que siga a la naturaleza en estas cuestiones se condena, pues todavía no ha conquistado completamente la naturaleza y sigue dominado por la carne”.342 Como muchos otros Padres, Basilio pensaba que algunos animales cometían adulterio de diversas clases, y lo hacían de una manera “natural”.343 Por tanto, la “naturaleza” no debería ser la norma para la praxis Cristiana.

Precursor de los Penitenciales



El pensamiento Basiliano acerca de la homosexualidad también se descubre en las penitencias que asigna a los diferentes pecados. Para los casados, las penitencias por actos homosexuales eran casi las mismas que las asignadas a otro tipo de adulterio.344 Cuando Basilio estableció penitencias para las relaciones entre personas del mismo sexo, citó directamente a Rm 1, 26 pero no usó las palabras de 1 Co 6 y 1 Tm 1, lo cual nos indica que tampoco el Capadocio encontró en estos dos últimos textos una referencia a la homosexualidad.
Como veremos después, los penitenciales no se ocuparon mucho de la conducta homosexual de personas no casadas hasta muy tarde en la Edad Media. En la misma línea de San Basilio, en estos penitenciales rara vez la sexualidad Gay fue objeto de una descalificación especial. Sin embargo, Reginon de Prüm (m. 915) incluyó en su libro Penitencial345 un apéndice que citaba un Canon atribuido a Basilio en el cual se refería a los monjes que seducían a niños o adolescentes, asignándoles una pena relativamente liviana: apaleamiento en público, ser sometido a salivazos, encadenamiento y ayuno a pan y agua durante seis meses.


Juan Crisóstomo
Es uno de los cuatro grandes Padres del Oriente y de los tres grandes Doctores Ecuménicos de la Iglesia Griega. Nació hacia el año 347 en Antioquía en el seno de una familia Cristiana. A los 18 años “se enamoró de la Doctrina Sagrada”, se hizo bautizar y se dedicó al estudio de la teología con Diodoro de Tarso. Vivió un tiempo como ermitaño y luego regresó a Antioquía en el año 381. En esta ciudad ejerció como sacerdote hasta que fue nombrado Patriarca de Constantinopla en el año 398. De temperamento ardiente, no pocas veces se dejó llevar por él hasta el punto de utilizar un lenguaje que podría considerarse incluso agresivo. Ya en la sección sobre la interpretación Patrística del texto de Sodoma mencionamos sus difíciles relaciones con el Emperador Arcadio y su esposa Eudoxia. Su extraordinaria elocuencia le valió el glorioso título de “Crisóstomo” (boca de oro), que casi suplantó su verdadero nombre desde que le fue otorgado por primera vez en el S. VI. Entre los Padres Griegos ninguno dejó una herencia literaria tan copiosa como la suya. De él se ha dicho que “su estilo es la expresión armoniosa de un alma Ática”. Sus obras principales aparecen bajo la forma de Sermones y Homilías exegéticas, aunque también tiene algunos tratados, entre los cuales cabe citar los dedicados a la Vida Monástica y a la Educación de los Hijos.
Los textos Bíblicos acerca de la homosexualidad.
San Juan Crisóstomo probablemente ha escrito más sobre el tema de la homosexualidad que ningún otro autor anterior a Freud, con excepción de Pedro Damián. De hecho, menciona este tema o lo analiza en muchas de sus obras. Sus escritos nos proporcionan una importante clave para comprender el verdadero significado de la palabra ajrsenovkoitai, que mencionábamos en el Capítulo anterior. La lengua que utiliza Juan es el Griego culto de fines del Imperio, pero muy influenciado por la Koiné del Nuevo Testamento. Conocía las Escrituras casi de memoria y las empleaba constantemente. No obstante hay que notar que en sus escritos jamás utilizó la palabra ajrsenovkoitai para referirse a las relaciones homosexuales. Con esto nos muestra que esta palabra de 1 Co 6, 9 y 1 Tm 1, 10 no se refería concretamente a este tipo de relaciones. Hay que destacar que Crisóstomo no dice una sola palabra acerca de la homosexualidad cuando comenta estos textos. Sin embargo, siempre que se presentaba la oportunidad, este autor la aprovechaba para atacar la sexualidad Gay. En varias ocasiones repitió la lista de pecados de 1 Co, sin incluir la única palabra que supuestamente se refería a los homosexuales (ajrsenovkoivtai).346 Si consideramos su aversión hacia ellos, que se expresa tan claramente en muchas de sus obras, sería inconcebible que lo hubiera pasado por alto, si realmente creyera que allí se hablaba de lo que llamaba “el peor de los pecados”.
En el comentario sobre 1 Co347 Juan Crisóstomo distinguía entre etairekós y arsenokoitos. Algunos estudiosos de sus escritos han sugerido que probablemente el segundo término se refería a los hombres que ejercían la prostitución al servicio de las mujeres. Otros patrólogos piensan más bien que los primeros eran de clase baja, en cambio los segundos eran de clase alta, pero esta interpretación es poco probable puesto que Crisóstomo no hace este tipo de distinciones en otros pasajes. Incluso unos intérpretes consideran que los etairekós eran prostitutos pasivos y los arsenokoitos eran activos. De todos modos, puede verse que ambas palabras apuntan a la prostitución masculina y no hacia una orientación sexual. Esta afirmación también puede comprobarse en la explicación que da Crisóstomo acerca de su repulsión por ciertas prácticas: “Sólo para demostrar mi punto de vista, suponed que alguien acudiera a vosotros y os ofreciera cambiaros de hombres a perros. ¿No trataríais de huir de semejante degenerado? Sin embargo, no habéis cambiado de hombres a perros, sino a un animal mucho más repulsivo aún. Un perro, por lo menos, es útil, pero un prostituto [etairekós] no sirve para nada”.348
También la obra del Patriarca nos ilumina mucho acerca del significado del comentario de San Pablo sobre la homosexualidad en su carta a los Romanos. Con referencia a Rm 1, 26-28 san Juan Crisóstomo comenta que el Apóstol:
“Los priva de toda excusa [...] al observar de sus mujeres que ‘invirtieron el uso natural’. Ninguna puede afirmar, señala, que ha llegado a eso porque se le impidió el coito lícito, ni que, puesto que era incapaz de satisfacer su deseo, cayó en esa monstruosa depravación. Únicamente los que poseen algo pueden cambiarlo [...] así mismo, pone de relieve lo mismo acerca de los hombres, aunque de manera distinta, pues de ellos dice que ‘desecharon el uso natural de la hembra’. Del mismo modo, con estas palabras hace imposible toda excusa, pues no sólo los acusa de haber experimentado el goce (legítimo) y de haberlo abandonado para perseguir otro diferente, sino también de que, desdeñando lo natural persiguieron lo no natural”.349
El Doctor de Constantinopla considera que San Pablo, en su carta a los Romanos, se refiere a personas heterosexuales que, por experimentar nuevos placeres, buscan el coito homosexual. Sabemos que en el mundo Helénico estaba muy extendida la idea de que la homosexualidad era algo congénito, como ya lo hemos visto al hablar de Platón y Aristóteles; y Crisóstomo debía conocer muy bien esta idea. Como también debió entender que es muy poco probable que Pablo distinguiera entre una persona Gay (nacida homosexual), y una persona heterosexual que de vez en cuando tiene conductas homosexuales. Muy pocos Judíos de su época harían tal distinción. Por tanto, siguiendo el razonamiento de Juan Crisóstomo, es muy probable que el Apóstol no rechazara a las personas Gay sino los actos homosexuales realizados por personas heterosexuales. Esto se puede ver más claramente aún en lo que dice el Patriarca refiriéndose al texto de Rm 1, 26 ss: “Nótese el énfasis que pone en sus comentarios. No dice que se han enamorado [hjravsqhsan] y que se atraen mutuamente con pasión , sino que ‘encendieron su lujuria unos con otros’. Podéis ver que todos estos deseos surgen de una concupiscencia que no se mantiene en sus límites usuales”.350
La homosexualidad en la sociedad contemporánea de Juan Crisóstomo
Crisóstomo se sintió afectado personalmente por la homosexualidad y consideró escandalosa la situación que se vivía en su época. Esto se debía a que, como podemos inferir de sus escritos, la mayoría de las personas en su ciudad veían las relaciones homosexuales como algo normal. Tuvo que admitir que la sexualidad Gay era absolutamente común en la sociedad Cristiana de Antioquía del S. IV, a todos los niveles:
“Aquellos que se han nutrido de doctrina divina, aquellos que instruyen a los demás en lo que deben hacer y en lo que no deben hacer, aquellos que han oído las Escrituras que bajaron del cielo, no se unen a prostitutas con la misma falta de temor con que se unen a muchachos.
Los padres de los muchachos mantienen tal cosa en silencio: no tratan de secuestrar a sus hijos, ni buscan remedio para ese mal. Nadie se avergüenza, nadie se sonroja, sino que, por el contrario, más bien se enorgullecen de su pequeño juego; los que parecen raros son los castos, y equivocados los que desaprueban. Si estos son insignificantes, se los intimida; si son poderosos, son objeto de burla, de risa, de refutación, con mil argumentos. Los tribunales carecen de poder, leyes, instructores, parientes, amigos, maestros: todos son desvalidos.
A quienes quisieran impedir tales prácticas les resultaría difícil escapar a la mala reputación de los implicados en ellas, en primer lugar porque son muy pocos y fácilmente se perderían en la gran multitud de quienes viven una mala vida...
En verdad [...] hay cierto peligro de que en el futuro la comunidad de mujeres resulte innecesaria y que los muchachos satisfagan todas las necesidades que hoy acostumbran a satisfacer las mujeres...”.351
En estos párrafos vemos que incluso los líderes de la comunidad cristiana (“aquellos que instruyen a los demás en lo que deben hacer”) toleraban abiertamente las relaciones homosexuales.
El hecho de que Juan Crisóstomo defendiera su fuerte opinión en contra de la homosexualidad de una manera tan vehemente nos hace pensar que la opinión general de su época se inclinaba en el sentido opuesto al suyo. “Esta era la actitud de los pueblos más sabios, los Atenienses,, y de su héroe Solón. Y se puede encontrar muchas obras de los filósofos llenas de este mal. Sin embargo, no hemos de decir que por ello el acto sea lícito, sino que quienes aceptan esa ley son más bien dignos de piedad y muchas lágrimas [...]. Pues os digo que esa gente es peor que los asesinos, y sería para ellos mejor morir antes que vivir deshonrados de esta manera”.352
Naturaleza y homosexualidad
Juan Crisóstomo experimentó alguna confusión ante la naturalidad con la cual los Griegos aceptaban las relaciones homosexuales. Sin embargo rechazó la “Regla Alejandrina”, pues se dio cuenta de que las diversas enunciaciones de la teoría de la “Ley Natural” no sólo se oponían entre sí, sino también presentaban grandes contradicciones al interior de cada una. A pesar de su ardorosa oposición a la sexualidad Gay, Crisóstomo consideraba la atracción homosexual como algo natural y la yuxtaponía a la heterosexual, como si fueran dos caras de la misma moneda. Así, al quejarse de las motivaciones erróneas para acercarse al templo, menciona en igualdad de probabilidades el deseo de ver a las mujeres hermosas y a los efebos que no faltan en las iglesias.353 Al aconsejar a los padres sobre lo difícil que es controlar la sexualidad de los adolescentes, enfatiza que el peligro es doble, ya que la “bestia” de la ambición puede llevar al joven a corromper a las mujeres o a ser corrompido por otros hombres.354
Incurriendo en la misma paradoja que veíamos en Clemente, Crisóstomo llamaba bestial al deseo homosexual, y sin embargo decía que éste no era “natural” porque no se encontraba entre los animales: “Entre ciertos animales hay un poderoso impulso sexual [oistros], una necesidad irresistible, que en nada se diferencia de la locura. Aun así, no experimentan este tipo de amor, sino que se mantienen dentro de los límites de la naturaleza. Aunque se los provoque diez mil veces, nunca transgreden las leyes de la naturaleza”.355 Aparentemente, Crisóstomo no conocía o había olvidado las teorías sobre la hiena y la liebre.
Paradojas y contradicciones
Crisóstomo estuvo influenciado por el rechazo maniqueo del placer y el aprecio estoico de la naturaleza, lo cual lo llevó a la opinión paradójica de condenar el placer sexual, y a la vez denunciar los actos homosexuales por no proporcionar placer: “Los pecados contra la naturaleza [...] son más difíciles y menos gratificantes, a tal punto que ni siquiera puede decirse que proporcionen placer, pues el verdadero placer está en la armonía con la naturaleza”.356 Como dijimos anteriormente, al igual que San Pablo, Juan Crisóstomo pensaba que los actos homosexuales inmorales no eran fruto de la perversión, sino de un exceso de deseo, (es decir, no como una sustitución de la satisfacción heterosexual, sino como una adición a ella). No obstante, al darse cuenta de que muchas personas se sentían atraídas sólo a uno u otro sexo, el Patriarca se veía en apuros para explicar por qué algunos caían en la trampa del “exceso del deseo” y otros no. La dificultad para concretar la pecaminosidad de los actos homosexuales se refleja también en otras contradicciones de Crisóstomo. En una ocasión reconoce la antigüedad del deseo homosexual entre los Griegos primitivos, a quienes admiraba profundamente; pero en otra ocasión describe esas pasiones como “Un amor nuevo e ilícito, un crimen nuevo e intolerable”.357 En un lugar afirma que “Ningún pecado que menciones, cualquiera que fuese, puede igualarse a éste [...]. No hay nada, absolutamente nada, más extraviado y pernicioso que esta maldad”.358 Pero en otros dos textos observa que “hay diez mil pecados iguales a éste o peores aún”.359
Los roles sexuales
En el fondo de las contradictorias diatribas de Crisóstomo está una única y poderosa hostilidad como responsable de su repugnancia a los actos homosexuales, un horror profundo por lo que considera la depravación máxima de un hombre: el que se degrade a actuar en una posición pasiva ante otro. “Si los que la padecen percibieran realmente qué se les hacía, preferirían morir mil veces antes de incurrir en ello [...] pues yo sostengo que no sólo no te conviertes en mujer, sino que también dejas de ser hombre; ni te vuelves de esa naturaleza ni conservas la que tenías”.360 De aquí podemos darnos cuenta de que la angustia de Crisóstomo (y de muchos otros autores Patrísticos) con respecto a los actos homosexuales, no era tanto por un enfoque sistemático de la moral sexual, sino un rechazo a las violaciones de las supuestas expectativas sexuales del género masculino. Esto se refuerza por la constatación de una casi total ausencia de comentarios Patrísticos acerca del lesbianismo, que también era muy común en el mundo Griego.
Teodoreto de Ciro
Es el último de los grandes teólogos de Antioquía. Nació en esta ciudad hacia el año 393. En el 433 fue elegido Obispo de Ciro, pequeña ciudad cerca de Antioquía. Gobernó su diócesis durante 35 años (hasta su muerte) con gran celo y sabiduría. Intervino muy activamente en las polémicas teológicas de su tiempo. En una de ellas se enfrentó a Cirilo de Alejandría, pero finalmente se retractó de su posición ante el Concilio de Calcedonia, en donde fue rehabilitado como “maestro ortodoxo”. Versado en la literatura clásica, conocía varias lenguas, además del Siríaco, que era la suya propia. Escribió en perfecto Griego, con un estilo claro y simple. En su interpretación de la Escritura escogió una vía media entre el literalismo Antioqueno y el alegorismo Alejandrino.
Su obra apologética más importante es Graecorum Affectionum Curatio, “La Curación de las Enfermedades paganas o la verdad de los Evangelios Probada por la Filosofía Griega.” Es la última apología Cristiana, y algunos la consideran como la mejor refutación antigua del Paganismo que se ha conservado hasta hoy. Consta de doce libros, el noveno de los cuales revela la superioridad de la ética Cristiana en comparación con las leyes de los Griegos, Romanos y otros pueblos. En esta obra despliega su erudición clásica, citando a más de 100 filósofos, poetas e historiadores paganos en cerca de 340 pasajes.
El Platonismo y la homosexualidad
Respecto al tema que nos interesa, Teodoreto pensaba que la homosexualidad era en general “un hábito” que algunos llegan a asumir como su “estilo de vida” de manera definitiva, por alguna razón que no especifica. Aunque no defiende esta conducta, su actitud es parecida a la de Platón, quien rechazaba esta pasión sólo en la medida en que se convertía en una obsesión o una adicción: “Por mi parte pienso que aquellos que se inclinan excesivamente (livan) a estas pasiones hedonistas, no ensalzan la pasión, sino que con el tiempo se tornan esclavos al convertir un hábito en modo de vida”.361 No habla del fin procreativo de la sexualidad, ni tampoco afirma que la homosexualidad, siempre que no sea obsesiva, vaya en contra de la vida Cristiana. Podemos decir que Teodoreto fue uno de los escritores Patrísticos que tuvo una visión más positiva sobre la sexualidad Gay.
Oponiéndose al pensamiento de Clemente de Alejandría, Teodoreto dice que, según los escritos de Platón, la gente Gay puede alcanzar la dicha en la tierra y luego también en el cielo. “Tampoco [de acuerdo con Platón] hay una ley que relegue a la sombra y a un viaje a un mundo subterráneo a aquéllos (Gays) ya embarcados en un viaje al cielo; por el contrario, viven vidas radiantes y viajan juntos y felices y toman impulso en la virtud de su amor. Y concluye exclamando: ‘¡Oh, jóvenes! ¡Tales recompensas celestiales os concederá el amor de un hombre!’ Y no hace estas observaciones en relación con los amantes castos, sino con los desenfrenados, como fácilmente puede colegirse de sus Diálogos...”.362


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