Tesis de grado para optar al título de Doctor en Teología




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4.2 EN EL MUNDO MONÁSTICO

4.2.1 Los Padres del Desierto390

Se llaman Padres del Desierto a los primeros Cristianos que escaparon de las Ciudades del Imperio Romano con el fin de buscar a Dios en la soledad. Algunos autores han afirmado que el objetivo de esta huida del mundo era el buscar el martirio, cuando éste ya no fue posible en el régimen de Cristiandad instaurado después del Edicto de Constantino que hacía del Cristianismo la religión oficial del Imperio. Los Padres fueron al desierto para luchar contra sus propias pasiones, que ellos personalizaban en fuerzas demoníacas. El fenómeno del eremitismo Cristiano se presentó primero con más intensidad en las tierras de Egipto. Se considera a San Antonio (251-356) como el pionero de esta forma de vida monástica. Después de él, muchos otros llegaron a poblar los desiertos de Nitria, en el norte de Egipto. La vida y la doctrina de estos personajes quedó consignada en las colecciones que luego se llamarían “Apophtegmata Patrum”, o “Los Dichos de los Padres del Desierto.”

Los textos que condenan abiertamente la homosexualidad son muy escasos. Más bien se muestran a la defensiva de las costumbres que se consideraban comunes en el mundo del cual provenían los monjes y que podían ser un obstáculo para la vida cenobítica. En las listas de personas que se debían examinar muy bien antes de admitirse al monasterio se citaban: los magos, encantadores, astrólogos, afeminados, etc.391 Con lo cual se entiende que la homosexualidad se asociaba estrechamente a las costumbres Paganas, o se desconfiaba de ella por ser algo extraño o misterioso, como lo era la magia. El siguiente dicho de Juan el Persa nos muestra la actitud de relativa tolerancia de los Padres: “Un muchacho vino un día para ser liberado de un demonio. Aparecieron a la vez unos hermanos de un monasterio de Egipto. Saliendo, el viejo vio a un hermano pecar con el muchacho, y no le regañó, diciendo: “Si Dios que los ha hecho los ve y no acaba con ellos, ¿quién soy yo para regañarles?”.392

Mucho más importante que la condena de las relaciones homosexuales, era el buen funcionamiento del cenobio, centrado en la voluntad común de silencio, respeto de la regla y obediencia a los superiores. Por ello se aconsejaba en uno de los dichos anónimos: “En realidad, si alguien peca en tu presencia, no lo juzgues, sino considérate a ti mismo como más pecador que él”.393 Interesante es igualmente este texto: “Un hermano tentado por el demonio, buscó a un anciano y le dijo: 'esos dos hermanos están juntos y se comportan mal'. El anciano comprendió que el demonio lo tentaba y mandó llamar a los dos hermanos. Cuando llegó la noche, les desenrolló una estera y los cubrió con una misma manta, diciendo: 'los muchachos de Dios son santos' Y le dijo a su discípulo: 'encierra a ese hermano en una celda aparte, pues es él quien está tentado”.394

El entorno rígidamente masculino marcó profundamente la vida de los monasterios primitivos. La sexualidad era reprimida duramente para evitar que interfiriese con la vida comunitaria. No obstante, los monjes aprovechaban cualquier oportunidad que les brindaba su estricto reglamento, para dar salida a sus instintos. También las visitas a la ciudad o a otros monasterios eran aprovechadas en este sentido. Existía una fuerte homosexualidad sublimada en la raíz de muchas vocaciones monásticas, por lo cual no es de extrañar la insistencia de las reglas al respecto. El deseo homosexual se manifestaba principalmente en las relaciones entre los jóvenes o en la atracción hacia ellos. De cierta manera, el modelo pedagógico Griego, basado en la pederastia, se reprodujo en el esquema maestro-discípulo de las escuelas monásticas. El temor a la seducción de los jóvenes se manifiesta en este dicho de Abba Abraham: “Se decía de un gran anciano, que llegó a un cenobio, vio un muchachito y no quiso dormir en ese lugar. Los hermanos que lo acompañaban le dijeron: ¿tienes miedo de ti mismo, Padre? A lo que respondió: no tengo miedo en absoluto, pero, muchachos míos, ¿Para qué sirve una lucha superflua?”.395

No sólo los Padres del desierto, sino también otros autores monásticos importantes de la época expresaron serias advertencias con relación a la pederastia. Así San Pacomio (292-345), padre del Cenobitismo Egipcio, decía: “Respecto a la manera de mirar a los muchachos, no hay necesidad de demasiadas palabras; una sola es suficiente. El hombre que purifica su conciencia hasta el fin en el temor de Dios y la verdad, es el que puede mirar a los muchachos con la ayuda del Señor, pues necesita al Señor”.396 También San Juan Casiano (360-433), uno de los más grandes escritores monásticos, ponía en boca de uno de los Padres estas palabras: “Dejad pasar la tentación de un jovencito en el alma de este viejo, para que aprenda al menos en sus últimos días, a condescender con las debilidades de los afligidos y a compadecer la fragilidad de la juventud”.397 El mismo Casiano relata con asombro los sufrimientos de un monje al cual “consumía el intolerable fuego pasional del deseo de padecer antes que de cometer un acto ‘antinatural’ ”.398 Casiano consideraba inconcebible no sólo la inversión de los roles sexuales, sino que un hombre pudiera sentir placer asumiendo el papel pasivo en el acto sexual.

En síntesis, podemos decir que en los padres del desierto existió una actitud ambigua respecto a las relaciones homófilas: Por una parte se rechazaban, porque rompían el voto de vida célibe; pero por otra parte tampoco se les daba tanta importancia como a otros aspectos de la vida comunitaria, por ejemplo el ayuno y las buenas relaciones con los hermanos. En un principio, la legislación monástica fue bastante suave en el castigo de las faltas relacionadas con actos homosexuales. La máxima pena que se imponía era la expulsión del monasterio o la excomunión. Todavía estaba muy lejos el régimen del terror para las personas homófilas que quedaría plasmado en los Códigos de Teodosio y Justiniano.

      1. El Monaquismo Occidental

La vida monástica se extendió por todo el Imperio en los Siglos IV y V como un reguero de pólvora. Del oriente pasó al occidente sobre todo gracias a la popularidad de la “Vida de San Antonio”, escrita por S. Atanasio, que sería la inspiración de Agustín para su elección de este género de vida. Otros entusiastas propagandistas del monaquismo fueron los personajes que visitaron al Oriente, como Evagrio Póntico, Casiano y el mismo Jerónimo, quienes escribieron grandes alabanzas sobre los monasterios de Egipto y Palestina. La primera fundación en el occidente fue la de San Martín de Tours en Ligugé, hacia el año 360.

Los Autores Monásticos de los Siglos VI al IX.

Hacia el año 480 nació en Nursia, en el norte de Italia, el que llegaría a ser llamado el Padre del Monaquismo Occidental, y también Padre de Europa: San Benito. Decepcionado de la sabiduría del mundo y de la corrupción de la ciudad de Roma, huyó a la soledad de la campiña, para vivir solo con Dios. Pronto se le unieron otros compañeros, arrastrados por su ejemplo de santidad, y así fue como comenzó una de las experiencias que marcó más profundamente la historia eclesiástica y civil de los siglos posteriores. Los autores que estudiaremos a continuación tomaron como norma de vida la Regla escrita por Benito.

La Regla de San Benito

Este documento, escrito hacia el año 530 D.C., basado en una regla anterior (la Regla del maestro), finalmente se impuso por encima de todas las otras Reglas Monásticas existentes en la Edad media gracias a su prudencia, mesura y adaptabilidad a las diferentes circunstancias. Con referencia a las relaciones homosexuales, podemos percibir en la Regla una actitud preventiva y defensiva. Por ejemplo, dispone que todos los monjes duerman en un dormitorio, con la cama del abad en el centro. Los hermanos jóvenes no deberían dormir en camas contiguas, sino que debería haber ancianos intercalados. Se debía dejar una lámpara encendida durante toda la noche y los monjes tenían que dormir vestidos.399 De la misma manera, se condena toda expresión que produzca hilaridad. Algunos estudiosos sugieren que el motivo de esta condena es el hecho de que las bromas y burlas se asociaban con el oficio de los actores, que generalmente era ejercido en el Imperio por personas Gay. “Pero las chocarrerías y las palabras ociosas y las que provocan la risa, las condenamos en todo lugar a reclusión perpetua, y no permitimos que el discípulo abra la boca para semejantes expresiones.400

Beda el Venerable

San Beda (673-735), era un monje Sajón del monasterio de Jarrow, considerado hoy como el “Padre de la Historia Inglesa”. Escribió la “Historia Eclesiástica de la Nación Inglesa”, que es la principal fuente de información para el período que va desde el Siglo I hasta el VII. Representa la figura típica del monje dedicado al estudio: amable, piadoso, humilde y erudito. Ha sido declarado Doctor de la Iglesia Católica. En su historia de la evangelización de Gran Bretaña, narra una anécdota del Papa Gregorio Magno401, quien al ver a unos jovencitos que estaban expuestos para la venta en el mercado de Roma, al preguntar de dónde provenían, le respondieron que eran “anglos”. El papa, admirado de su extraordinaria apostura (pues eran rubios de ojos azules), exclamó “non anglos”, sino “angelicos” (no son Ingleses, sino angélicos). Esta historia nos muestra que todavía en el S. VI, después de la Cristianización del imperio se mantenía vigente la venta de niños como esclavos. Muchos de ellos empleados en el oficio de la prostitución, o destinados a satisfacer sexualmente a sus amos. Esta costumbre también explica la prevención de los teólogos monásticos contra la pedofilia y la prostitución infantil.

San Bonifacio

Bonifacio (677-755), es quizás el más famoso de los monjes misioneros, y fue quien evangelizó a Alemania y organizó allí la Iglesia. Dejó escritas numerosas cartas a los Papas y a otros personajes, de las cuales podemos inferir muchas de las costumbres y las creencias de su época. Es importante para nuestro estudio la interpretación que hace del pecado de Sodoma en una de sus cartas: “Si, en verdad, el pueblo de Inglaterra (como se rumora en estas provincias y se nos imputa en Francia y en Italia, con escándalo incluso entre los paganos) ha rechazado los matrimonios legales y vive impuras vidas de adulterio y de lujuria como el pueblo de Sodoma, lo único que cabe suponer es que de tales inmundas uniones se engendrará un pueblo degenerado e innoble, ardiente de lujuria”.402 Es claro que Bonifacio no se refiere aquí a las relaciones homosexuales, puesto que de ellas no se engendra ningún pueblo. Además, Bonifacio define lo que entiende por lujuria Sodomítica: “El desprecio del matrimonio legal y la preferencia por el incesto, la promiscuidad, el adulterio y la unión impía con mujeres religiosas y monjas de clausura”.403

Alcuino

Alcuino, nació en York hacia el año 730. En el año 781 fue llamado por Carlomagno para que fuera su consejero eclesiástico y pedagógico. Ocupó el cargo de director de la Escuela de la Corte de Aquisgrán. Finalmente fue nombrado Abad del monasterio de San Martín de Tours, donde murió en el año 804. Se distinguió de tal modo en el campo de la educación, que fue considerado como el “maestro de su época”, después de S. Beda. Se conservan 300 de sus cartas, principalmente dirigidas a Carlomagno y sus amigos de Inglaterra. En ellas muestra su sencillez y moderación.

Alcuino fue uno de los más importantes ejemplos del amor y la amistad entre personas del mismo sexo en los ambientes monásticos. En su círculo de amigos en la corte Carolingia aparece un elemento claramente romántico. Casi todos tenían un seudónimo tomado de las Églogas de Virgilio, incluso se emplearon nombres de amantes Gay como Alexis y Coridón. Además, en la correspondencia de Alcuino predomina el tema del amor. En la carta a un Obispo amigo suyo le decía: “Con tan dulce recuerdo pienso en tu amor y tu amistad, Reverendo Obispo, que añoro aquel amado tiempo en que podía coger el cuello de tu dulzura con los dedos de mis deseos. ¡Ay! , si sólo se me garantizara como a Habacuc [Dn. 14, 32-38], que se me llevara hasta ti, ¿cómo me hundiría yo en tu abrazo [...] cómo cubriría, con labios fieramente apretados, no sólo tus ojos, tus oídos y tu boca, sino también los dedos de las manos y de los pies, y no una sino multitud de veces”.404

En sus últimos años, Alcuino se lamentaría amargamente de sus “pecados de juventud”, y pidió en una carta a su amigo Angilberto que le explicara la situación al Papa. Añadía que a Angilberto le sería fácil hacerlo puesto que él también había cometido los “mismos pecados”.405 Algunos autores sugieren que es posible que, en su juventud, Alcuino se hubiera dejado arrastrar por su amor, llegando hasta la expresión física del mismo. Esto estaba en contra de su voto de vida célibe en el monasterio y por tanto, viéndose a las puertas de la muerte se arrepentía del quebrantamiento de sus promesas. Cabe destacarse que Alcuino aparentemente no rechazaba las relaciones en sí mismas, sino por el hecho de violar sus votos religiosos.

San Pedro Damián406

Nació en Ravena alrededor del año 1007 y perdió sus padres cuando era todavía un niño. Le tocó vivir una infancia muy áspera, pues uno de sus hermanos que se hizo cargo de él lo trató como un esclavo y lo puso a cuidar cerdos. Pero más tarde, otro hermano se apiadó de él y lo llevó a estudiar a Faenza y Parma. Llegó a ser un buen maestro y luego se dedicó a la vida monástica en la abadía de Fonte Avellana, en donde fue elegido Abad pocos años después de su ingreso. Se distinguió por su severidad y por la lucha incansable para corregir todos los vicios de la Iglesia y en especial de los monasterios. Era tal su rigidez que en cierta ocasión llegó a amonestar duramente al Obispo de Florencia por haber jugado una partida de ajedrez. Murió en el año 1072, satisfecho por haber preparado el camino para la reforma eclesiástica que llevaría a cabo su amigo el monje Hildebrando ( más conocido como el Papa Gregorio VII). En 1828 fue declarado Doctor de la Iglesia. Su primer biógrafo lo llamó “guerrero egregio”, calificativo muy merecido por la fogosidad combativa que demostró en sus cartas y tratados sobre las controversias eclesiásticas de su tiempo. Una de sus primeras batallas fue contra lo que él llamó el “flagelo” , el “vicio inicuo y vergonzoso” de la Sodomía. Contra éste escribió un opúsculo que tituló “El Libro de Gomorra”.

En este libro, Pedro Damián distinguió cuatro especies de Sodomía: masturbación solitaria, masturbación mutua, coito entre los muslos (inter femora), y fornicación por detrás (in terga). Todas estas son manifestaciones del pecado de la Sodomía, enumeradas en orden creciente de gravedad. Pedro afirmó que todas ellas merecen la suspensión del oficio eclesiástico y la reducción al estado laical para los clérigos. En este punto rechazó la opinión corriente, según la cual sólo la última categoría ameritaba la suspensión. Por ello atacó a los penitenciales que restaban gravedad a la Sodomía y argumentó que sus blandas reglas al respecto eran falsificaciones e interpolaciones.

El libro de Gomorra está dirigido al Papa León IX, pidiéndole una intervención especial para acabar con el terrible vicio que azota a la Iglesia. Afirma que cualquier retraso en aplicar el castigo provocará una intervención directa del Cielo o, por lo menos, hará que el vicio se extienda tanto que sea imposible detenerlo por medios humanos. Pedro también se dirige a los Obispos que han sido negligentes en reprimir la Sodomía. Parece que el Doctor de la Reforma Gregoriana teme que se haya infiltrado una iglesia de Sodoma dentro de la Iglesia de Dios y sospecha de la existencia de una jerarquía en la sombra, con sus propios medios de gobierno y reclutamiento. También se queja de la extendida práctica entre los sacerdotes Gay de confesarse unos con otros para evitar ser descubiertos u obtener penitencias más benignas.

Sin embargo, en ultima instancia, la apelación de Damián se dirige principalmente a quienes practican el vicio Sodomítico: “Ahora me enfrento cara a cara a ti, Sodomita, quienquiera que seas”.407 Combinando suavidad y dureza, Pedro trata de convencer al Sodomita para que haga penitencia. Recurriendo a todas las estrategias posibles, alterna la refutación en tercera persona con la conminación directa, que es algunas veces agresiva y otras cortés. El experimentado Abad sabe que el vicio comporta toda una vida de engaño y ocultamiento, especialmente si se trata de un miembro del clero; y espera que al exagerar el sufrimiento de una vida llevada en secreto, siempre con el pánico aterrador de ser descubierto, pueda forzar al “culpable” a “salir del clóset”.

La fuente principal en la cual se basó Pedro para escribir su Libro de Gomorra es el Decretum de Burchardo de Worms, un penitencial escrito hacia fines del S. X. Burchardo plantea una serie de preguntas bastante crudas que debe hacer el sacerdote en el confesionario, sobre el tema de las relaciones homosexuales. El estilo de redacción utilizado por Damián, muy diferente al de su fuente, nos sugiere que prefiere tomar distancia del pecado mismo de la Sodomía y evitar involucrarse directamente en el trato pastoral de los Sodomitas en el confesionario. El Doctor de Fonte Avellana también utiliza otros penitenciales, pero hace una selección muy cuidadosa de ellos, sobre todo para refutar los que son más tolerantes con el vicio, y por tanto, más manipulados por los Sodomitas.

En algunas ocasiones, Pedro parece perder toda esperanza de razonar con el Sodomita, pues considera que está como endemoniado: “entregan su carne a los demonios por tan fétido intercambio, contra la ley de la naturaleza, contra el orden de la razón humana”.408 que verdaderamente se puede decir que están poseídos. No obstante, en otras ocasiones trata de convencer al culpable para que tome conciencia de su monstruosidad. Por ello apela al argumento de los animales y la “naturaleza”, que ya conocemos tan bien de las secciones anteriores. Afirma que el “deseo natural” siempre trata de encontrar afuera lo que no encuentra por dentro. Todo “deseo natural” es un deseo de lo diferente. ¿Qué puede encontrar un hombre en otro, que no se encuentre en sí mismo?: “Entonces si tienes el anhelo de sentir la carne masculina, vuelve tu mano hacia ti mismo y sabe que lo que no encuentres en ti mismo, lo buscarás en vano en el cuerpo de otro hombre”.409

Damián considera que de ningún modo se puede aceptar que se haga de la Sodomía un deseo realizable, ni mucho menos permisible. Por ello invoca los principios más evidentes de la razón, así como la observación superficial de la vida animal, para establecer la irracionalidad e irregularidad del deseo homosexual. Insiste en que se trata de un crimen que merece el castigo de la muerte. Por tanto, es un pecado que no tiene conversión posible en esta vida. Según Pedro, el Sodomita está sordo como los muertos y, de hecho, ya habita en la mansión de los muertos. La sorprendente conclusión de este razonamiento es que la única salida para el Sodomita se encuentra en la vida monástica. Al fin y al cabo, el eremitorio es como una muerte en vida, un lugar “de otro mundo”, apropiado para el arrepentimiento y la reeducación. Allí se va a sufrir por los pecados del pasado y a prepararse a vivir como los ángeles.

La preocupación del Doctor Benedictino por la propagación de la homosexualidad en la Iglesia se concentraba en la situación de los monasterios. Existían varios factores que favorecían la asociación entre sexualidad Gay y vida monástica. En primer lugar, a nivel conceptual, se puede hablar de una asociación simbólica: el monje angélico, en cuanto víctima de la violencia sexual de su deseo Sodomítico, debe traer a la memoria los ángeles de la historia Bíblica de Sodoma, también víctimas del deseo de los habitantes de la ciudad. Por otra parte, a nivel sociológico y psicológico, la ausencia de mujeres era algo normal en el contexto eremítico. Además, la celda era también un sitio de intimidad extraordinaria entre hombres. Por ejemplo, en el monasterio de Fonte Avellana se entrenaba a los novicios poniéndolos a vivir en la celda de otro monje.

Damián manifiesta su consternación porque la larga cristianización de Italia había permitido que la Sodomía se hiciera más visible en toda la sociedad. El libro de Gomorra supone que la Sodomía había alcanzado a cada rincón de la Iglesia, incluyendo los monasterios. Por ello el Abad se dirige al Sodomita utilizando la expresión: “amado hermano, quienquiera que seas.” Este “amado hermano” es probablemente uno de los ermitaños-eunucos, alguien que pertenece al coro de vírgenes vestidos de blanco. El Sodomita es el hermano de Pedro Damián, un cristiano o incluso un compañero monje. Sin embargo, a pesar de esta expresión de dulzura fraternal, Sodoma es puesta en contraste con la ciudad celestial. El Sodomita nunca cruzará el umbral del lugar santo, está exiliado de él en la casa de la muerte. Su retorno al hogar sólo es posible por el arrepentimiento y las prácticas ascéticas.

Pedro Damián no es claro acerca de la posibilidad de curación del Sodomita, ni de cuál sería la comunidad en la cual esta curación pudiera llevarse a cabo. Es ambiguo sobre el futuro del ermitaño Sodomita confeso y de sus posibilidades de vencer el vicio incluso después de una larga ascesis. En lo que sí no es ambiguo es en cuanto al castigo que merece. El libro de Gomorra, usando el estilo de los Apophtegmata Patrum, narra la historia de un monje que, por engaño del demonio, llegó a creer que el semen no era diferente de cualquier otra secreción superflua, como el sudor o el flujo nasal, y por tanto recurría a la masturbación (una de las formas de Sodomía) con tanta tranquilidad como se sonaba la nariz. Según esta historia, parece que Damián consideraba que una larga vida de ascesis no era suficiente para evitar un burdo engaño acerca de la Sodomía.

¿Cuál es el diagnóstico exacto de la condición y de la causalidad del vicio Sodomítico? De acuerdo a Pedro y a la naciente tradición moral de la Iglesia Latina, se trata de una forma de Luxuria, descrita metafóricamente como una fuerza irracional y furiosa. Para vencer el desorden del deseo en el Sodomita, es necesario que él reconozca que su vicio está aliado con otros pecados, otras formas de Luxuria, y también otras clases de pecado, como la venta de investiduras clericales, todos los cuales claman por una reforma de la Iglesia.. Por otra parte, parece que Damián concibe la Sodomía como un pecado en el cual no hay lugar al arrepentimiento. Esta es una concepción que contradice la enseñanza Cristiana fundamental acerca de los pecados de la carne, según la cual en estos pecados siempre cabe la conversión. Por tanto, podría deducirse que la Sodomía no es un pecado carnal, sino más bien una condición en la cual no hay posibilidad de cambio.

¿ Cuál fue la reacción Eclesiástica frente al desmesurado Libro de Gomorra ? El papa León IX recibió con cortesía la obra, pero rechazó su petición de suspender a todos los clérigos Gay de sus cargos. En cambio decidió continuar con la práctica vigente, según la cual quienes no estuvieran implicados en una práctica homosexual “duradera o con muchos hombres” deberían conservar su jerarquía. Sólo se podría deponer a los que llegaban a situación pecaminosa más grave. Se puede ver que el papa estaba más interesado en la estabilidad del clero que en castigar la homosexualidad. León IX tampoco estuvo de acuerdo con la visión tan negativa de Pedro, puesto que le dice: “habéis escrito lo que os ha parecido mejor”410, dando a entender que no compartía plenamente sus opiniones. Se puede comprender muy fácilmente la frialdad del Papa con un libro que daba tan mala fama al clero. El Papa Alejandro, sucesor de León y gran amigo de Pedro, tampoco consideró muy prudente la difusión del Libro de Gomorra. En una de sus cartas, el Doctor se quejaba porque el papa Alejandro sustrajo el libro y lo mantuvo bajo llave: “Pero por la noche, sin mi conocimiento, lo hurtó y lo mantuvo bajo llave en su despacho [...] Y cuando yo se lo echo en cara, ríe y trata de apaciguarme con el refinado humor de la urbanidad”.411 En este mismo tenor, el sínodo Lateranense de 1059 también aprobó casi todas las sugerencias del abad de Fonte Avellana con respecto a la reforma del clero, menos las referentes a la sexualidad

Los Abades de los Siglos XI y XII

Anselmo de Canterbury

San Anselmo nació en Aosta (Piemonte) alrededor del año 1033. Desde los 15 años deseó ingresar a la vida monástica, pero su padre no se lo permitió. Después de la muerte de su madre, renunció a todo su patrimonio y a su nacionalidad para escapar de las difíciles relaciones con su padre y se fue a Borgoña para continuar sus estudios. En 1060 se hizo monje en Bec (Normandía), por consejo de su amigo el Abad Lanfranco. A los tres años fue elegido Prior de esta Abadía y en el año de 1078 pasó a ocupar el cargo de Abad. En el año de 1093, el Rey Guillermo II lo nombró Obispo de Canterbury. Su Episcopado en Inglaterra estuvo marcado por el enfrentamiento con el Monarca por la querella de las investiduras, ya que éste quería atribuirse el derecho a nombrar e investir a los obispos. Finalmente, después de un largo destierro y muchas penalidades, Anselmo logró que su punto de vista se aceptara y murió dos años después (1109). El Abad de Canterbury es reconocido como uno de los grandes teólogos de la Iglesia Católica y padre de la Escolástica. Sus obras principales, el Monologión (Monólogo), el Proslogión (Adiciones) y Cur Deus Homo (¿Por qué Dios se hizo hombre?), constituyeron ejemplos extraordinarios del uso de la razón que busca explicar la Fe. Fue canonizado en 1492 y declarado Doctor de la Iglesia en 1720.

Con relación a la sexualidad gay, podemos decir que Anselmo fue el autor que puso las bases para fundamentar la formulación de una teología que se abriera a la posibilidad de incluir cierta manifestación de sentimientos homófilos en la vida monástica. Este hecho es de gran importancia porque el monaquismo es quizás la tradición más admirada dentro del Cristianismo. Siendo el intelectual más reconocido de su tiempo, Anselmo puso sobre el tapete la existencia de amistades apasionadas entre miembros de un monasterio.

Aunque siempre mantuvo el valor del celibato monástico, ello no impidió que tuviera unas relaciones muy intensamente emotivas con su maestro Lanfranco y luego con varios de sus discípulos. En una de sus cartas se dirige a su “amado amante” (dilecto dilectori), en los siguientes términos: “Allí donde vayas te seguirá mi amor, y allí donde yo esté mi deseo te abrazará [...] Entonces , ¿cómo podré olvidarte? ¿cómo eliminar de mi memoria al que está impreso en mi corazón como un sello en la cera? Sin que digas una palabra sé que me amas, y sin decir yo una sola palabra, sabes que te amo”.412 R. W. Southern, un importante medievalista y biógrafo del Santo afirma que “El amor y la amistad fueron el rasgo dominante de sus años juveniles y de su edad mediana”.413 Brian McGuire, quizás el erudito más autorizado en la vida y obra del Abad de Bec, negó en uno de sus artículos que éste pudiera ser considerado Gay.414 No obstante, posteriormente reconoció que sus sentimientos se podrían clasificar como homófilos.415 En el capítulo acerca de las líneas pastorales volveremos con más detenimiento sobre la “teología de la amistad” de Anselmo.

Otro aspecto que debemos destacar en la vida del Arzobispo de Canterbury es el hecho de que impidió la promulgación de la primera legislación anti-Gay de Inglaterra. En 1102 el concilio de Londres decretó que el común de la gente fuera informada acerca de la impropiedad de los actos homosexuales y que se les hiciera saber que la Sodomía debería confesarse como un pecado.416 Anselmo prohibió la publicación de este edicto, explicando que “este pecado ha sido hasta ahora tan público que difícilmente se hallará a alguien que se sienta turbado por él, y muchos han caído porque no tenían conciencia de su gravedad”.417 Además, quizás el Doctor de Canterbury consideró que, en sus normas respecto a la degradación de los clérigos, este decreto contradecía el decreto anterior de León IX418, en el cual se prohibían castigos extremos para la homosexualidad entre el clero.

Elredo de Rieval

Elredo (1110-1167), una de las grandes figuras de la orden Cisterciense en Inglaterra, fue Abad del Monasterio de Rieval, donde escribió muchas obras históricas y de Espiritualidad. Entre las ultimas, se destaca La Amistad Espiritual. Podemos decir que fue él quien expresó más profundamente en términos Cristianos la grandeza del amor entre dos personas del mismo sexo. En su juventud fue amigo íntimo del rey David de Escocia (el hijo de Santa Margarita). Sus obras presentan la “Amistad” como fundamento de la vida monástica y de la experiencia de lo divino. Estudió también con detenimiento los problemas que se pueden presentar en las llamadas “amistades particulares” entre los religiosos. En “La Amistad Espiritual” sostiene que “quien vive en la amistad, vive en Dios, y Dios en él” pues “Dios es Amistad”.419

Para Elredo, la atracción hacia su mismo sexo fue uno de los rasgos dominantes en su vida. Cuenta que, desde su infancia experimentó este sentimiento: “Mientras era todavía un escolar, el encanto de mis amigos me cautivó enormemente, de modo que entre las debilidades y defectos que afectan a esa edad, mi mente se rendía por completo a la emoción y se entregaba al amor. Nada parecía más dulce, ni más bonito, que amar y ser amado”.420 Percibimos aquí un eco de lo que decía S. Agustín en sus Confesiones, en el pasaje que citamos anteriormente.421

Parece que Elredo se dejó llevar por su atracción hacia los amigos hasta llegar incluso a la expresión física en sus relaciones: “Una nube de deseo que surgía de los impulsos más bajos de la carne y de la explosión primaveral de la adolescencia... la dulzura del amor y la impureza de la lujuria se combinaban para imponerse a la inexperiencia de mi juventud”.422 En una carta a su hermana, el Abad se lamenta de que en aquella época él perdió su virtud, mientras que ella conservaba su pureza.423 La actitud posterior de Elredo con respecto a estos devaneos juveniles fue algunas veces de distanciamiento y otras de hostilidad. Pero se puede deducir de sus escritos que no los rechazaba porque se tratara de relaciones Gay, sino porque estaban en contra de su deseo de llevar una vida célibe dentro del monasterio.

      1. Conclusiones acerca de la Teología Monástica y la Homosexualidad.

De lo dicho anteriormente podemos concluir que, en general los escritores monásticos abordaron el tema de la homosexualidad principalmente desde el punto de vista pastoral y espiritual. No se trató la cuestión de la violación de las leyes de la “naturaleza”. Se rechazaron las relaciones Gay en tanto que se oponían a la guarda del celibato y del buen orden de la Comunidad. En sí mismas no se consideraron más pecaminosas que las relaciones heterosexuales. La tradición monástica incluso hasta el presente ha mantenido esta actitud. Testimonio de esto es la anécdota que narra el monje Catalán Just Llorens, acerca de Aurelí Escarré, quien fue Abad de Montserrat de 1941 a 1966. En cierta oportunidad le dijo un joven novicio al Abad: “Cuando pasa un grupo de chicas a mi lado no siento nada, padre; en cambio, me embobo cuando lo hace un grupo de chicos, excursionistas robustos, con sus mochilas a la espalda...". Escarré le respondió: "Hijo, ¿qué más te da combatir tus instintos por un lado que por otro? Sean los que sean, unos u otros, deberás combatirlos".424

Just Llorens concluye que la comunidad Benedictina ha sido siempre muy educada, respetuosa y comprensiva con las personas que tienen orientación homosexual, tanto dentro como fuera del monasterio. El caso de Pedro Damián merece consideración aparte, pues de todos los autores monásticos (y quizás de todos los autores Eclesiásticos) fue el que más negativamente consideró la homosexualidad. Sin embargo, de la virulencia del Libro de Gomorra podemos deducir hasta qué punto se había extendido ella en el entorno monacal.

Por otra parte, como hemos mencionado varias veces, en los primeros siglos del Cristianismo siempre estuvo presente la preocupación por la pederastia, pues ésta era muy común en la cultura circundante, donde todavía era común la prostitución infantil. Por ello, especialmente los Padres del desierto y las primeras reglas Monásticas urgieron la prevención de este peligro. La ausencia de mujeres en el monasterio aumentaba las posibilidades de buscar un sustituto en los niños y adolescentes que vivían en la comunidad.

En cambio, se puede encontrar una influencia positiva del modelo pedagógico Griego que muchas veces acompañaba a la pederastia. A nivel espiritual, se asumió este modelo para configurar la relación de paternidad espiritual entre el maestro y sus discípulos en el monasterio. Otro aspecto positivo de la espiritualidad Monástica, es el desarrollo de las relaciones de Amor-Amistad entre monjes, siguiendo la tradición de los Padres de la Iglesia. Es verdad que en ocasiones esta “Amistad Espiritual” se desbordó hasta llegar a las relaciones físicas, pero siempre éstas fueron causa de arrepentimiento, como pudimos ver en Alcuino, Anselmo y Elredo, no tanto por ser relaciones homosexuales, sino por la violación del voto de castidad.
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