Tesis de grado para optar al título de Doctor en Teología




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LA TEOLOGÍA

El S. XIII señaló el comienzo del fin del predominio del estilo de vida monástico en la Iglesia, para dar lugar al apogeo de las Órdenes Mendicantes. A estas Órdenes pertenecieron los grandes Maestros que edificarían el monumental sistema de la Escolástica, especialmente S. Alberto Magno y su discípulo Sto. Tomás de Aquino. Pues si bien es cierto que San Anselmo preparó el camino, fueron éstos quienes lo recorrieron hasta el fin. En la sección anterior vimos cómo diferentes circunstancias históricas y políticas se conjugaron en la Alta Edad Media para dar lugar a un resurgimiento de la homofobia y del temor a todas las conductas, religiones, razas y formas de pensar extraños o poco comunes según la mentalidad popular. Este temor se reflejó en la elaboración de la Teología Moral acerca de la homosexualidad que encontramos en la Escolástica.

5.2.1 San Alberto Magno

Nació en Lauingen (Alemania), cerca del Danubio, alrededor de 1206, su padre era conde de Bollstädt; estudió en las universidades de Padua y París. Contra la voluntad de su padre, entró a la orden Dominica, en la cual lo nombraron maestro de Teología en el Studium Generale de Colonia, en donde enseñó a Tomás de Aquino. El papa Urbano IV lo nombró Obispo de Ratisbona en 1260, cargo que ejerció durante dos años. Escribió 38 volúmenes compilando todo el saber de su época tanto en el campo de la teología como de las ciencias naturales. Murió en Colonia en 1280. Los que lo conocieron personalmente le dieron el título de “Magno”, dada la magnitud de sus conocimientos. Y ya desde entonces le decían “Doctor Universal”, título que todavía conserva en la Iglesia.

Alberto afirmaba que el objeto de las ciencias naturales es “investigar las causas que operan en la naturaleza”. Su principal mérito fue hacer uso de la filosofía Aristotélica para reorganizar la Teología. Fue el creador del “sistema predilecto de la Iglesia”, pues reunió y seleccionó los materiales y echó los fundamentos del edificio de la Escolástica, que luego construiría Santo Tomás. Pío XI declaró a Alberto Doctor de la Iglesia y lo canonizó como patrono de los estudiosos de las ciencias naturales, afirmando que “poseyó en el más alto grado el don raro y divino del espíritu científico... Es exactamente el tipo de santo que puede inspirar a nuestra época, que busca con tantas ansias la paz y tiene tanta esperanza en sus descubrimientos científicos”.

Alberto y Avicena: Teología y Medicina

Más que cualquiera de sus contemporáneos latinos, Alberto tenía la posibilidad de incorporar en la teología moral Cristiana las explicaciones médicas y científicas acerca de la homosexualidad, pero aparentemente decidió no hacerlo. Conoció muy bien el “canon de Medicina” de Avicena, en el cual se hacía una consideración médica de la actividad sexual no reproductiva entre hombres. Avicena advertía que los actos homosexuales estaban prohibidos por la ley Coránica, pero decía que en ciertos aspectos eran menos dañinos que la copulación con mujeres. El sabio Árabe afirmaba que la “aluminati” era una “enfermedad (egritudo) que se presenta en el que está acostumbrado a tener hombres que se acuesten sobre él. Y tiene mucho deseo, y hay en él mucho esperma estancado, y su corazón es débil”. 451

La fuente de la cual Avicena tomó la descripción de esta extraña enfermedad era el libro de los “Problemas”, atribuido a Aristóteles. Según este libro, el deseo de ser el sujeto pasivo de un acto sexual se debe a la acumulación de semen alrededor del ano. El único tratamiento que sugiere Avicena para esta enfermedad es “tristeza y hambre, y vigilias y prisión y golpes”. Evidentemente, no se trata de un régimen de terapia médica, sino de un castigo con el propósito de quebrantar el deseo. Lo que se podría plantear el lector Medieval de Avicena, más concretamente Alberto Magno, es que si la Sodomía se debe a una causa natural anatómica o fisiológica, entonces debería tener un tratamiento médico, en vez de una respuesta moral o jurídica.

Vale la pena anotar que Rogerio Bacon452, al referirse al fenómeno de la Sodomía no menciona el Canon de Medicina de Avicena, sino su Metafísica, que es mucho más negativa con respecto a las relaciones homosexuales. Esta elección puede explicarse porque Bacon está considerando el problema desde el punto de vista político, destacando la importancia de la reproducción para el progreso de los países. Por ello no le interesa la fisiología del individuo. También hay que resaltar el hecho de que, al descalificar la homosexualidad, Bacon utiliza argumentos tomados de los filósofos Paganos, en vez de los argumentos tomados de la Escritura o la Medicina, porque intuía que éstos no justificaban la condenación de los Gay.

Las leyes de la “Naturaleza”

La “luxuria” vs. la “Ley de la Procreación”

Alberto define “luxuria” como una “experiencia de placer según la capacidad reproductiva, que no cumple con la ley”.453 Aquí se refiere a la ley de la procreación. La “luxuria” es un uso ilícito de la capacidad generadora en su primera fase, es decir, la fase de ubicar y preparar la materia que ha de convertirse en el embrión. Por tanto , para Alberto la luxuria no es un pecado sexual en el sentido moderno de la palabra. No tiene nada que ver con la sexualidad humana como elemento de la personalidad. La luxuria es un pecado reproductivo, que viola la ley de la procreación al poner el semen fuera de un útero fértil. Pero hay que aclarar que esto no significa que todos los individuos tengan obligación de reproducirse, pues en este sentido también serían pecados reproductivos el celibato y la virginidad.

El determinismo de los órganos sexuales

En el comentario454 acerca de las Sentencias de Pedro Lombardo, Alberto comienza enseñando que Dios creó las diferencias sexuales con miras a la generación. Partiendo de la observación de Aristóteles en la “Historia de los Animales”, según la cual sólo las hembras de la especie humana presentan la vulva de manera frontal, Alberto deduce que la cópula humana sólo debe hacerse de frente. Debemos observar que Aristóteles compara la copulación animal y la humana con el objetivo de mostrar lo variado y complejo que puede ser el acto sexual. Sin embargo, Alberto toma esta observación Aristotélica para convertirla en una Ley. Lo que era un rasgo distintivo para el Filósofo, se convierte en un obligatorio moral para el Teólogo. Según esta noción, la “naturaleza” formó los órganos para un fin que debe gobernar todos sus posibles usos. De esta manera incorpora Alberto la Filosofía Natural en la Moral. No obstante, hay que aclarar que el Doctor Universal es bastante selectivo en cuanto al uso que hace de las ciencias naturales Aristotélicas, pues en algunas ocasiones, como en el caso de la Sodomía, omite totalmente el tratamiento del tema que aparece en la Medicina del Filósofo, consciente de que la consideración de ella como enfermedad haría muy difícil su condena moral como pecado.

Caracterización de la enfermedad de la Sodomía.

Pese a lo anterior, finalmente el Doctor Universal no puede eludir la caracterización de la Sodomía como una enfermedad. Esto ocurre en su comentario al evangelio de Lucas, escrito 15 años después del comentario a las Sentencias, en el cual hace la “exégesis” del pasaje de Lc 17: 28-29 : “Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada. Y le dijeron: ¿Dónde Señor? El les respondió: “Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres”.

Según el Magno Dominico, estas palabras hacen referencia a la Sodomía. Y en ellas se justifica la furia de la condenación divina de los Sodomitas, pues describen claramente las cuatro características que señalan este delito nefando, definido como un deseo ardiente y devorador que va más allá de lo que permite el orden natural:

1º: La Sodomía es un ardor que obnubila la razón.

2º: La fetidez de su infamia se eleva como la de los cadáveres: “Y muy bien se afirma que el hedor se levanta, porque este inicuo vicio se encuentra más frecuentemente reinando en las clases altas que en las humildes”.455 Es pues un pecado elitista.

3º: Este vicio se caracteriza por su persistencia, ya que “casi nunca abandona a quien ha esclavizado”. Por ello el Génesis nos cuenta que Sodoma estaba ubicada en un valle lleno de pozos de brea, que es el pegante más fuerte.

4º: “se dice que este vicio es una enfermedad contagiosa, una infección que puede pasar de una persona a otra”.

En definitiva, encontramos que sus profundos conocimientos de medicina y ciencias naturales de la época le presentan al Doctor Universal el concepto paradójico de la Sodomía como un deseo “innatural” (e inmoral) que sin embargo se da en la naturaleza como una enfermedad.

Otra paradoja: el remedio contra la Sodomía

En la Suma Teológica, Alberto condenó los actos homosexuales como el tipo más grave de pecados sexuales, porque ofendían “la gracia, la razón y la naturaleza”. En su comentario a Lucas sugería que la homosexualidad era una característica innata y casi imposible de liberarse de ella. No obstante, en el Tratado sobre los Animales describía una cura relativamente fácil. El Sodomita puede convertirse si se le aplica en el ano la piel del cuello del Alzabo, que es un animal Árabe, incinerada con alquitrán y triturada finamente en un polvo. Este tratamiento supone una ironía, puesto que Alberto negaba la leyenda homosexual de la hiena, que mencionábamos anteriormente, pero parece no estar al tanto de que el “alzabo” era el nombre latino por el cual se traducía el Árabe al-dab (hiena). Seguramente el Doctor Universal, quien no conocía el idioma Árabe, copió la receta de algún tratado Musulmán traducido al Latín.

      1. Santo Tomás de Aquino.

Nació hacia 1225 en la llanura de la Campania (Italia), en la familia de los condes de Aquino. Desde los cinco hasta los doce años estuvo como oblato en la Abadía Benedictina de Montecasino, a pocos kilómetros de su hogar. Luego fue a estudiar en la Universidad de Nápoles, y en esta ciudad conoció a los Dominicos, a cuya orden ingresó a los 19 años, con la oposición de su familia, que incluso lo retuvo prisionero por dos años. Estando en la prisión introdujeron una prostituta en su celda, pero él la rechazó con una tea ardiente y luego tuvo un sueño según el cual dos ángeles le ceñían un cinturón en el pecho, representando la castidad.

Sus superiores le enviaron a estudiar en Colonia con Alberto Magno, luego llegó a ser maestro en París y Roma. Hacia 1266 comenzó a escribir la Suma Teológica. En 1273, mientras celebraba la Misa, tuvo un éxtasis, después del cual no quiso volver a escribir ni enseñar nada. Cuando le instaron a terminar la Suma, respondió: “Ya no es tiempo de escribir. Todo lo que he escrito me parece que no es sino paja, en comparación con lo que se me ha revelado”. En marzo de 1274, mientras se dirigía al Concilio de Lyon falleció en la Abadía de Fossa Nova.

Tomás fue canonizado en 1323 y declarado Doctor de la Iglesia en 1880, como patrono de las universidades, colegios y escuelas, recibiendo el título de “Doctor Angélico”. Se ha dicho que su método consistía en aplicar la geometría a la teología. El Concilio de Trento se basó, como una de sus fuentes principales, en la Suma Teológica. Dos siglos más tarde, S. Alfonso María de Ligorio, el arquitecto de la Teología Moral Católica moderna, comienza su obra principal con un reconocimiento de Sto. Tomás. Como veremos a continuación, con respecto a la homosexualidad, la Suma Teológica se convirtió en un instrumento para ocultar las paradojas inherentes al concepto de Sodomía, detrás de una explicación aparentemente simple de ésta como un pecado más.456 Sin embargo, el sistema Tomista nos brinda importantes intuiciones para analizar mejor la complejidad del fenómeno de la sexualidad Gay.

La Suma Teológica y los pecados de la carne

De lo que sabemos acerca de la enseñanza de Tomás en Roma podemos colegir que su esfuerzo al escribir la Suma se dirigía a ampliar el currículo pastoral y práctico de los conventos Dominicos, ubicándolo dentro del marco general de la Teología. Por tanto, la Suma presenta sólo lo que es esencial según los requerimientos pedagógicos de una introducción que trata de no ser repetitiva.

La segunda parte de la Suma está dividida en dos secciones. La primera habla en general de los actos humanos, en tanto que la segunda se refiere particularmente a las virtudes y estados de vida. “Los vicios y pecados se distinguen por especies de acuerdo a su materia y objeto, no de acuerdo a otras clasificaciones de pecados, tales como “del corazón”, “de la boca”, y “de los actos”, ni según la debilidad, ignorancia o malicia, u otras clasificaciones semejantes”.457 Una de las consecuencias de esta nueva distribución es que desplaza los siete Pecados Capitales del centro a la periferia de la Teología Moral. Ahora, estos pecados aparecen de manera sucesiva, pero sin una conexión obvia entre ellos, ni importancia especial alguna.

La Luxuria y la Sodomía

El Aquinate dice que la luxuria es un vicio de exceso en los “placeres venéreos” (voluptatis venerei), aunque también algunas veces este concepto se refiere secundariamente a excesos tales como beber demasiado licor.458 La luxuria se divide en seis clases: fornicación simple, adulterio, incesto, desfloración (stuprum), violación (raptus), y vicios contra naturam ( que a su vez pueden ser de cuatro clases: masturbación, coito heterosexual en posiciones indebidas, coito homosexual y bestialidad). La Sodomía no se destaca por su gravedad, pues aunque la clase de vicios contra naturam es la más grave en la categoría de la luxuria, la Sodomía no es la peor entre los vicios contra naturam, ya que es superada por la bestialidad.

El Doctor Angélico explica por qué son tan graves los vicios “contra naturam”: “Así como el orden de la recta razón proviene del hombre, el orden de la naturaleza proviene de Dios mismo. Y por tanto, en los pecados contra la naturaleza, en los cuales se viola el mismo orden de la naturaleza, se injuria a Dios mismo, el ordenador de la naturaleza”.459 Nos encontramos pues con dos visiones contradictorias sobre la gravedad del pecado homosexual. Por una parte, la relectura que hace Tomás de la tradición moral, ubica el vicio Sodomítico como una especie mediana de una clase subsidiaria de pecados, que no pueden ser considerados como los más graves, por cuanto son simplemente debilidades carnales. Por otra parte, el vicio contra naturam se presenta como la negación por excelencia del “orden de la naturaleza”, y por tanto de Dios mismo.

La Gravedad del Pecado Sodomítico.

Tomás reinterpreta la famosa cita de S. Agustín en “Las Confesiones”460, que ya mencionábamos anteriormente: “Dios no formó a los hombres para que usasen de sí tan torpemente los unos con los otros. Y así se deshace y se rompe aquella íntima unión y sociedad que debemos tener entre nosotros y Dios, cuando se mancha con el uso perverso de la concupiscencia carnal aquella misma naturaleza que le tiene y reconoce por su Autor”. De aquí deduce el Aquinate que los vicios contra naturam son más graves que la violación y el adulterio aunque no hieran a otro ser humano, puesto que van contra el mismo Dios. Debemos hacer notar que S. Agustín, siguiendo los profetas del Antiguo Testamento, y de acuerdo con muchos de los exégetas Patrísticos, había considerado la destrucción de Sodoma como prototipo de la ferocidad del Juicio Divino. En cambio, Sto. Tomás, con muchos de los exégetas medievales, la toma como el prototipo de una cierta clase de pecados.

Deseos bestiales o deseos innaturales.

El Doctor Angélico dice en su exposición literal de la “Etica” que Aristóteles distingue los deseos bestiales de los deseos innaturales debidos a la enfermedad o la costumbre.461 Algunos ejemplos de estados bestiales, según el Filósofo, son las atrocidades como el canibalismo. En cambio, entre los ejemplos de deseos morbosos resultantes de la costumbre, incluye la actividad erótica entre hombres. Sin embargo Tomás borra la distinción Aristotélica, al colocar el canibalismo, la bestialidad y el acto homosexual bajo la misma noción de deseo bestial.462 Al fundir las categorías de lo bestial con lo innatural relega el vicio Sodomítico a un inhumano más allá, puesto que las extremas enfermedades del deseo no son susceptibles de corrección y por tanto quedan excluidas de la discusión Ética.

En este tratado, el Aquinate no comparó la homosexualidad con ejemplos de exceso sobre lo necesario, como el emborracharse, ni con las conductas ajenas a los animales, como el mentir; sino con los actos más repugnantes y violentos, como el canibalismo y la bestialidad463 o el comer excrementos. También asoció la homosexualidad con el enorme peligro de la herejía.464 De este modo, el Doctor Angélico desplazó su opinión sobre la sexualidad Gay, que consideraba un pecado de exceso, subdivisión de la categoría de Luxuria, para llegar a tomarla como un extraño pecado que se asemejaba a las conductas más temidas por el pueblo y perseguidas por la Iglesia.

La “naturaleza” y “lo natural”

El pecado innombrable

Existe un pasaje del Corpus Paulinum sobre el cual se ha especulado bastante en la exégesis Cristiana. Se trata de Ef 5, 3: “La fornicación, y toda impureza o codicia, ni siquiera se mencione entre vosotros, como conviene a los santos”. En su Scriptum, Tomás se apropia la tradición según la cual este pasaje ordena silencio con respecto a cierta clase de pecados contra naturam: “Las especies de luxuria se dividen en primer lugar en acostarse según la naturaleza o contra la naturaleza. Sin embargo, puesto que la luxuria contra naturam es innombrable, la dejaremos de lado”.465 Debemos aclarar que cuando el Angélico define lo que es “naturaleza” y “lo natural”466 hace referencia al concepto de Ulpiano, que ya mencionamos antes: “El derecho natural es lo que la naturaleza ha enseñado a todos los animales”.

Paradójicamente, en otra de sus obras, Tomás reestructura y amplía la teoría Aristotélica acerca del origen del vicio Sodomítico, en la cual se sugiere que este vicio es mucho más fácil de adquirir y quizás de inculcar de lo que podría permitir su innombrabilidad. En apariencia, el Aquinate se muestra de acuerdo con la “Política” de Aristóteles, en donde se afirma que el vicio Sodomítico acompaña la belicosidad y puede ser causado o exacerbado por efectos fisiológicos o por mucho montar a caballo.467 Es más, también siguiendo la enseñanza Aristotélica acerca del origen de la pasividad sexual en los hombres, de la cual hablamos en el Capítulo I, el Doctor de Aquino consideraba que la Sodomía era un defecto genético. Por tanto, al ser una inclinación innata se podría decir que es “natural”.

La “sexualidad animal”

El Doctor Angélico distingue entre deseos “naturales” y “no naturales”, los primeros son los que experimentan los animales debido a la necesidad. Los “no naturales” son exclusivos de los humanos, “que sólo pueden reconocer como bueno y adecuado cosas que trascienden los requerimientos de la naturaleza”.468 Tomás se refiere a estos deseos no naturales con los apelativos de “racionales, individuales y adquiridos”, y además dice que se ordenan hacia “cosas que son buenas y adecuadas”, aunque vayan más allá de “lo natural” y sean ajenas a los animales. Además, como ya lo discutimos en el capítulo primero al hablar de la filosofía de Sto. Tomás, puede darse el caso en el cual “algo que se oponga a la naturaleza humana, ya sea en relación con la razón, ya con la preservación del cuerpo, puede llegar a ser connatural para un individuo en particular, debido a algún defecto de la naturaleza en él”.469 En este sentido podría afirmarse que la homosexualidad es “natural” para algunas personas.

La Suma Teológica estableció de manera permanente e irrevocable lo “natural” como norma de la moral sexual católica. Es difícil entender cómo, a pesar de que Tomás pensaba que los seres humanos eran superiores a los animales y estaban en posibilidad y obligación de realizar cosas imposibles para éstos, considerase que la sexualidad humana debía regirse por la animal. Por eso se veía en aprietos al reconocer la promiscuidad de ciertos animales, como los perros y gatos, afirmando que las aves sí que eran monogámicas, aunque no todas.470

Desde este punto de vista, en cuanto pecado de exceso, la promiscuidad puede considerarse más grave que la gula solamente porque deja el resultado de un niño ilegítimo abandonado. Según esta manera de ver las cosas, los actos homosexuales tendrían la misma malicia que la gula, pues tampoco producen el efecto de la promiscuidad. Pero, por otro lado, su inmoralidad está determinada por el hecho de que no contribuyen a la propagación de la especie.471 Sin embargo, la virginidad y el celibato tampoco contribuyen a ésta.472 Es decir que, ni como pecado de exceso, ni como pecado contra la procreación, se puede afirmar la malicia absoluta de la Sodomía. Luego, habría que buscar otro argumento para condenar los actos homosexuales.

Concesiones al lenguaje popular

Hay un párrafo en el cual el Aquinate descubre la verdadera razón para considerar la homosexualidad como algo no natural: “Debe notarse que podemos referirnos a la naturaleza humana como lo peculiar al hombre, y en este sentido todos los pecados, en la medida en que se oponen a la razón, se oponen a la naturaleza (como lo afirma San Juan Damasceno); o bien como lo que el hombre tiene en común con otros animales, y en este sentido se dice de ciertos pecados particulares que son contra naturam, así como el coito entre machos (que es el vicio llamado específicamente contra naturam) es contrario a la unión del macho y hembra natural en todos los animales”.473 Aquí podemos ver como Tomás admite que el clasificar la homosexualidad con el nombre de contra naturam, es una concesión al uso popular del término. Se trata de una noción que depende de los conocimientos de zoología en la antigüedad, que desconocían la actividad homosexual entre los animales; y de los patrones lingüísticos del medio, influenciados por el temor a lo diferente que reinaba en el S. XIII.

Limitaciones de la Teología Moral

Según el Aquinate, el pecado original puede oscurecer el acceso a la ley natural, hasta tal punto que pueblos enteros puedan olvidar algunas de sus enseñanzas básicas. Tomás menciona la afirmación de Julio César, según la cual los Germanos no consideraban el robo como algo malo.474 Los silencios de la ley natural pueden ser compensados sólo por la Divina Revelación, es decir, por la articulación de las leyes Divinas del Antiguo y Nuevo Testamento. En la Suma, el Doctor Angélico presenta el ideal de una serie de patrones para el análisis de la vida moral, pero les recuerda a sus lectores la limitación de cualquier enseñanza Teológica acerca de la Moral. Lo que se necesita para una vida de completa virtud es el don personal de la Gracia Divina.

Teniendo en cuenta lo que acabamos de decir, es importante que aclaremos cuál sería la motivación profunda de Sto. Tomás al ubicar el pecado de la Sodomía en un plano de tan extrema gravedad y malicia, que ni siquiera debería ser nombrado. Para ello tenemos que recordar lo que decíamos al principio de esta sección, acerca de la ubicación histórica de la Suma Teológica. El maestro Dominico pretendía brindar a sus alumnos y hermanos de Religión un compendio didáctico de la Teología Católica. Puesto que la Suma tenía por objeto enseñar la “Religión Cristiana” a los que se inician en la vida religiosa, debía presentar el pecado Sodomítico como algo remoto, más allá del límite de la naturaleza, y todavía mucho más ajeno a la santa vida de un convento Dominico. La preocupación del Angélico se justifica si tenemos en cuenta que la historia monástica muestra que su “contagio” era particularmente frecuente entre el clero.

En la obra del Aquinate no hay nada que se parezca a las categorías actuales de “heterosexual” y “homosexual”, como determinantes de una identidad personal. Cuando habla acerca del vicio Sodomítico, está hablando exactamente de un vicio. Precisamente el vicio es lo opuesto a una disposición fisiológica y sus comportamientos derivados. Para Santo Tomás, la afirmación de que el placer venéreo tiene por objeto la reproducción no es una suposición sino una tautología. El supremo bien del matrimonio no era ni siquiera la procreación, sino la “legitimidad de la descendencia.”: “Certitudo prolis est principale bonum quod ex matrimonio quaeritur”.475 La divergencia entre nuestros términos y los del Aquinate confirma la afirmación de Foucault según la cual nuestra categoría de “sexualidad” en sí misma es de invención bastante reciente.

Consideraciones finales sobre la posición Tomista

Tomás reconoce que la teleología fisiológica de la reproducción puede suspenderse en casos especiales cuando hay una llamada superior de la ley divina, que proclama que hay algo más allá de los imperativos del cuerpo, como es el caso del celibato y la virginidad.476

La Teología Apofática o de la Negación, la cual se considera en la Suma, nos enseña que hablamos más verdaderamente acerca de Dios y de las cosas divinas cuando les negamos las categorías humanas, que cuando les aplicamos estas categorías. La Teología Moral Cristiana, podría sospechar de cualquier aplicación fácil de las categorías lingüísticas prevalecientes en un momento dado de la historia, para referirse a las acciones humanas, y en especial a algo tan complejo como la sexualidad. En realidad, hay que reconocer que Tomás nunca consideró la posibilidad de aplicar este principio Apofático al tratado de Moral Sexual. En esta materia sus afirmaciones fueron bastante categóricas. Desgraciadamente, esta simplificación apodíctica marcaría toda la reflexión posterior. El uso de la Suma como un sistema cuasi-legal de Teología Moral preparó el camino para la estéril sistematización de los siglos siguientes.

Estrechamente relacionada con el principio anterior hay una consideración del Doctor Angélico que nos puede iluminar mucho. En las Qaestiones Disputatae, Tomás dice: “Por cierto, el hombre está inclinado a buscar su bien propio a través de un apetito natural, pero puesto que éste varía de muchas maneras y el bien del hombre consiste en muchas cosas, un apetito natural en el hombre por este bien determinado es imposible debido a todas las condiciones que se requieren para que esto sea bueno para él, puesto que esto varía de muchas maneras de acuerdo a las diversas condiciones de las personas, tiempos, lugares y cosas por el estilo” ... “Cada uno de estos bienes puede ser conseguido de muchas maneras, y no de la misma manera para todos los hombres. Por tanto, para establecer la manera correcta de actuar, se requiere un juicio prudente. De la misma manera, gracias a la prudencia hay una rectitud y un complemento de bondad en todas las otras virtudes...”.477

Aquí Tomás no está justificando el hacer algo malo porque es compensado por algún bien logrado, sino que está expresando que es consciente de que la vida humana es compleja, y de que la manera de lograr el bien puede variar de acuerdo al tiempo, lugar y circunstancias de la persona. En realidad, insiste en que el juicio, es decir la prudencia, debe ejercerse para que se alcance la virtud. Este es un aspecto de la moral Tomista que no se ha tenido suficientemente en cuenta al formular la sistematización jurídica de la Moral de los últimos siglos.
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