Tesis de grado para optar al título de Doctor en Teología




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LA ÉPOCA RECIENTE

Realmente durante los siglos siguientes a Tomás casi todos los autores Católicos se limitaron a repetir y quizás a ampliar un poco lo dicho por él. Así, S. Alfonso María de Ligorio478 (1696-1787), patrón de confesores y moralistas, fundador de los Redentoristas, conserva la división Tomista entre pecados según la naturaleza y contra naturam. Se diferencia con respecto a la Suma en el hecho de que distingue entre Sodomía imperfecta (coito anal heterosexual) y Sodomía perfecta (coito anal homosexual). Cabe añadir que, en contra de la opinión de S. Agustín, Ligorio permite la relación sexual motivada por el placer, siempre y cuando no se excluya la procreación.

El Teólogo Dominico B. H. Merkelbach479, uno de los más autorizados representantes del Tomismo, se distancia de la clasificación de los pecados de luxuria del Angélico porque clasifica bajo el título de Onanismo tanto el coito anal heterosexual como todas las demás posiciones no reproductivas en la relación sexual entre hombre y mujer. En cambio, el Jesuita N. Zalba480 vuelve a la distinción entre Sodomía estricta (coito anal homosexual) y Sodomía lata (coito anal heterosexual). Este autor considera que el pecado Sodomítico es más grave que la masturbación puesto que va en contra de la caridad al suponer el acuerdo de dos personas para delinquir.

5.4 POSICIONES TEOLÓGICAS ACTUALES ANTE LA HOMOSEXUALIDAD

Una vez terminado este somero repaso histórico sobre el pensamiento de la Iglesia en el pasado, es conveniente que estudiemos las diferentes respuestas que se han propuesto en el S. XX ante el problema moral que plantea la existencia de las personas Gay. Recurriendo a una simplificación extrema, podríamos dividir en cuatro grandes grupos las posturas que se han presentado con respecto al tema de la homofilia.

      1. Visión Fundamentalista

En primer lugar está la posición más radical, que considera pecaminosas tanto la orientación como el comportamiento homosexual. Se piensa que las personas Gay son responsables de su forma de ser y deben tratar de cambiarla para convertirse en heterosexuales. En esta postura se encuentran algunas iglesias Protestantes Fundamentalistas, y también el Judaísmo Ortodoxo y el Islamismo Integrista.

Sorprendentemente, el gran teólogo Protestante Karl Barth481 comparte también esta opinión, aunque de ninguna manera se puede decir que su pensamiento recurra al fanatismo o al Integrismo. Barth alega que los seres humanos, hombre y mujer, sólo pueden existir en concreto “cohumanamente”, es decir, el uno con el otro. En consecuencia, la homosexualidad sería una perversión, puesto que la persona no es cuestionada por su complemento, sino que “vive para sí, se basta a sí misma”. Así la “cohumanidad” se desfigura en la inhumanidad de una virilidad o feminidad recortadas. Con estas afirmaciones, Barth, que es considerado como un teólogo existencialista, se desliza hacia una visión esencialista de la sexualidad, basada en los relatos de Gn 1 y 2. En el capítulo siguiente analizaremos la complementariedad de los sexos que nos presentan las narraciones de la Creación.

      1. Visión tradicional Moderada.

La segunda postura considera que la orientación homosexual en sí misma no es pecaminosa, pero los actos correspondientes sí lo son. Aquí podemos incluir la posición del Magisterio Católico y la mayoría de las Iglesia Cristianas. Dentro de este grupo podemos destacar la orientación pastoral de Helmut Thielicke482, quien sigue la teoría de la “cohumanidad” de Barth, pero afirma que la homosexualidad es consecuencia del pecado original y, por tanto, la persona Gay no ha elegido su condición sino que es “arrojada” a ella. En consecuencia, si no puede cambiar su orientación ni es capaz de permanecer célibe, debe tratar de establecer una relación madura y comprometida, pero conservándola oculta, para evitar el escándalo.

En esta posición, pero con una orientación pastoral contraria a la anterior, también encontramos al P. John Harvey, quien ha trabajado por más de 40 años en la atención pastoral a las personas homosexuales. Harvey fundó la organización “Courage” (Coraje), que invita a los Gay a llevar una vida célibe. Él afirma que en su larga práctica pastoral no ha encontrado un solo homosexual que sea verdaderamente “gay” (gozoso). “En muchas personas homosexuales también hay un terrible complejo de inferioridad”.483 Cree que los Gay son capaces de abstenerse de la relación genital, aunque reconoce que esta libertad se ve disminuida en muchos casos. Sugiere que pueden formar relaciones íntimas muy intensas, sin necesidad de una expresión genital, lo cual no resta nada a la humanidad de estas relaciones. Critica fuertemente a los teólogos que afirman que la tradición Católica ha centrado todo el significado de la sexualidad en lo biológico y sin embargo dicen que la expresión genital del amor es indispensable para una relación de verdadera intimidad.

      1. Visión Progresista Intermedia de algunos Teólogos Postconciliares.

Una tercera posición con respecto a la homosexualidad reconoce esta orientación como un valor positivo, pero no en el mismo plano que la heterosexualidad, que seguiría siendo el ideal presentado por la Revelación. Además, considera que los actos homosexuales no siempre serían pecaminosos gravemente. Entre los autores que defienden esta posición se destaca Philip Keane484 quien afirma que los actos homosexuales, al no estar abiertos a la procreación y a la relación hombre-mujer, siempre encierran un grado significativo de “mal óntico” por esa carencia, pero no son moralmente malos, si se consideran en la totalidad concreta actual en la cual ellos existen.

De manera semejante Charles Curran formula una teoría intermedia en estos términos: “De la misma forma que la propiedad privada está justificada como consecuencia del pecado en el mundo, considero moralmente justificadas las acciones homosexuales para el homosexual irreversible en el contexto de una relación amorosa que aspira a la estabilidad. Por otra parte, tal concepción no es el ideal y los que no son irreversiblemente homosexuales, tienen la obligación moral de esforzarse por una relación de amor heterosexual”.485 Curran recurre al principio escolástico según el cual “el actuar sigue al ser”: “La tradición ética católica ha insistido constantemente en una base metafísica u ontológica para la moral, Agere sequitur esse, la moralidad surge de nuestro ser. Deberíamos actuar de acuerdo a quiénes y cómo somos. En este caso el invertido tiene una estructura psíquica diferente y una sexualidad humana diferente, consecuentemente, los actos del invertido pueden y deberían corresponder a este ser diferente. Los actos homosexuales están fundados en la estructura psíquica homosexual del invertido”.486

Como otros exponentes de esta opinión podrían considerarse Benjamín Forcano487, Marciano Vidal488 y Richard McCormick SJ. Refiriéndose al juicio moral sobre los homosexuales irreversibles que no sienten el llamado al celibato, el último autor sostiene que sus actos son “responsabilidad del individuo ante Dios... la Iglesia no “justifica” su decisión simplemente porque no puede hacerlo. Es la responsabilidad del individuo. Pero la Iglesia puede respetarla”.489 El teólogo Dominico Inglés Gareth Moore, siguiendo esta misma línea dice que: “Si la sexualidad heterosexual es la mejor, aun así no tenemos derecho a hacer de lo mejor enemigo de lo bueno. Si establecemos que la sexualidad homosexual es una sexualidad inferior, ésta no es una razón a primera vista para descalificarla, ni mucho menos combatirla”.490

      1. Visión Progresista de Avanzada.

Una cuarta posición afirma que la orientación homosexual no es pecaminosa y los actos homosexuales tampoco lo son, si se dan dentro de ciertas condiciones, semejantes a las que se exigen en una relación heterosexual. Algunas Iglesias Evangélicas, Episcopales y Anglicanas han asumido esta postura. Entre los autores de este grupo se destaca A. Kosnik, quien escribió un artículo sobre el tema en el libro Human Sexuality, publicado bajo la responsabilidad de la Asociación de Teólogos Católicos de Estados Unidos. Kosnik dice que “Las normas que rigen la moralidad de la actividad homosexual son las mismas que gobiernan toda actividad sexual”.491 En cuanto a las orientaciones pastorales, este autor afirma que los sacerdotes deberían ayudar a la persona Gay para que “realice un juicio moral acerca de sus relaciones y acciones en términos de si ellas son auto-liberadoras, enriquecen al otro, son honestas, fieles, gozosas y sirven a la vida. Como cualquier otra persona, los homosexuales están obligados a evitar la despersonalización, el egoísmo, la deshonestidad, la promiscuidad, el daño a la sociedad y la desmoralización”.

También John McNeill, ex-sacerdote Jesuita, dice que para evitar la promiscuidad es preferible que los Gay sostengan relaciones estables caracterizadas por la fidelidad y permanencia. “El amor homosexual, aunque incapaz de la procreación, ciertamente no está condenado a la esterilidad... es cierto que por medio del amor homosexual muchas personas se han liberado para una verdadera fertilidad espiritual”.492 Marc Oraison493 comparte también este pensamiento.

La pareja de Teólogos laicos conformada por los Doctores James y Evelyn Whitehead quienes, como se decía en el capítulo segundo, combinan su experiencia como psicólogos del desarrollo con sus investigaciones en Teología Pastoral, tienen un interesante aporte al debate moral sobre la homosexualidad. Ellos sostienen que la insistencia de la Iglesia en el celibato forzoso parece sugerir que “el compromiso y la fidelidad son imposibles de lograr para los Gay y lesbianas adultos”. Los Whitehead insisten que para las personas Gay “la elección del celibato debería ser una opción ‘por’ algo, y no ‘en contra de’ algo. La persona debe elegir no simplemente para evitar, sino para comprometerse”.494

Siguiendo con esta línea de pensamiento, la Teóloga Inglesa Elizabeth Stuart ha publicado un libro de Espiritualidad para personas Gay, centrado en el concepto de la amistad: “En Cristo, se disuelven los conceptos tradicionales de familia, para ser reemplazados por los de cercanía de amistad. Las personas Lesbianas, Gay y bisexuales tienen una intuición importante de lo que significa experimentar algo parecido a un reino-familia universal. La “Etica de la amistad” es el verdadero “valor familiar”. Y la Iglesia debería apoyar a todos aquellos que co-existen en los lazos de la amistad, y no únicamente a los de la familia nuclear”.495 En el Capítulo siguiente tendremos oportunidad de estudiar más a fondo las sugerencias de esta autora y de los anteriores.

5.5 LAS IGLESIAS REFORMADAS FRENTE A LA HOMOSEXUALIDAD

Después de reflexionar acerca de las opiniones personales de algunos destacados Teólogos del S.XX, pasamos ahora a ocuparnos de las actitudes de las Comunidades de Fe ante el fenómeno de la sexualidad Gay. Nos referimos en primer lugar a las Iglesias Cristianas de la Reforma.

En estas Iglesias se ha presentado un choque entre su fidelidad a lo que las enseñanzas tradicionales suponen se encuentra en la Biblia, y la llamada a mostrarse solidarias con quienes lo necesitan, especialmente cuando experimentan opresión o discriminación. Además, las Iglesias de tradición Protestante se ven enfrentadas a un serio dilema, pues han heredado de la Reforma un total rechazo del celibato obligatorio. Los Padres de la Reforma sostenían que el celibato “según una venerable tradición Cristiana, debería ser escogido de manera voluntaria, por razones positivas, más bien que por razones negativas”.496 Según esta concepción, no tiene mucho sentido exigir una vida célibe a todas las personas Gay, independientemente de que sientan o no el llamado a este estilo de vida. Por eso muchas iglesias evangélicas han optado por negar la posibilidad de una condición homosexual irreversible, para exigir a las personas homófilas que traten de convertirse en heterosexuales y busquen el matrimonio. La misma división que planteábamos con respecto a los Teólogos actuales puede señalarse en las Iglesias Protestantes.

5.5.1 Posiciones tradicionalistas.

Lutero consideró la homosexualidad como una “distorsión idolátrica infundida por el demonio” y Calvino decía que era “el crimen más abominable de todos”.497 En esta línea, la posición más radical entre los tradicionalistas es la de la “Iglesia de Identidad Cristiana”, según la cual la homosexualidad es una abominación ante Dios y debería ser castigada con la muerte. Muchas iglesias evangélicas fundamentalistas coinciden esencialmente con esta afirmación. Inspiradas por Jerry Falwell, fundador de la “Mayoría Moral” de Estados Unidos, creen que los Gay y las Lesbianas se han propuesto la “eliminación completa de Dios y de la Cristiandad en la cultura Americana”.498 Además, existen influyentes organizaciones, como Exodus International, que se basa en la creencia de que la Biblia condena toda actividad homosexual como pecaminosa. Exodus considera que la orientación homosexual es una “neurosis sexual” y una “adicción relacional”499, que puede ser curada por medio de una adecuada terapia.

      1. Posiciones Innovadoras.

La Iglesia Anglicana

En 1991 la Iglesia Anglicana emitió un comunicado sobre “Asuntos de la Sexualidad Humana” en el cual, citando los casos de David y Jonatán, Rut y Noemi, y Jesús y sus discípulos, afirmaba que “la amistad está muy devaluada en la época actual”, agregando que “el celibato no se debería prescribir a nadie” y “los solteros deberían vivir una forma de castidad apropiada para su situación”. Este documento concluía: “Al elaborar nuestra respuesta hemos tratado de no olvidar nunca nuestras dos funciones principales como obispos: ser guardianes de la forma de vida y de la fe Cristiana; y a la vez ser pastores que no sólo responden con amor a aquéllos que claman por cualquier dolor provocado por la injusticia o la angustia, sino también buscar el discernir cuándo el amor está llamando a la Iglesia a reconsiderar su percepción actual de la verdad”.500

De igual manera, un documento publicado por la Iglesia Anglicana de Australia en 1992501, reflexionando acerca de los pasajes Bíblicos que se refieren a los actos homosexuales, concluía que “el Apóstol Pablo se refirió a la actividad y no a la orientación homosexual.” El documento se mostraba sensible a la situación de las personas Gay y ponía énfasis en las amistades que reflejan el amor al prójimo. Por otra parte, la Convención general de la Iglesia Episcopal de Estados Unidos en 1988 había expresado profunda preocupación por “el trágico sufrimiento de muchos jóvenes Gay y Lesbianas que cometían suicidio”. A la vez pedía un creciente compromiso de la Iglesia en el “cuidado pastoral de los jóvenes con problemas, incluyendo la exploración de las causas de fondo para estos suicidios”.502

Otras Iglesias Evangélicas.

Ya desde 1963 el documento “Hacia una visión Cuáquera de la sexualidad” afirmaba que “el patrón de castidad Cristiana no debería medirse por un acto físico, sino que debería ser un patrón de relaciones humanas, aplicable dentro del matrimonio y fuera de él”.503 Apoyando esta afirmación, el Biblista Víctor Furnish observaba que “los relatos de la creación no se refieren a la voluntad de Dios para los miembros individuales de la especie, sino sólo a lo que es típico de la especie como un todo”.504 Con respecto a este tema, la Iglesia Luterana, en un documento de estudio publicado en 1993, recomendaba más apertura hacia los Gay y Lesbianas, e incluso apoyaba las relaciones comprometidas, estables y en las cuales reinara el amor, aunque tales relaciones eran consideradas imperfectas a los ojos de Dios.505 Por otra parte, la hostilidad hacia las personas Gay ha llevado a la fundación de Iglesias dedicadas principalmente al ministerio entre estas personas como la “Iglesia de la Comunidad Metropolitana”, iniciada en 1968 por el Pastor Pentecostal Troy Perry, que hoy cuenta con 264 congregaciones en 16 países.

Una posición Conciliadora.

La Iglesia Unitaria de Australia, en un comité de la asamblea de 1985, resumía la situación de esta manera: “La Iglesia alrededor del mundo está dividida actualmente por su comprensión de la homosexualidad... Podemos alegrarnos de que Dios nunca abandona a su pueblo a sus desacuerdos. El continúa irrumpiendo en la ambigüedad y el dolor de nuestra existencia humana siempre conduciéndonos hacia una nueva esperanza de una vida de comunión”.506 El grupo de trabajo de este tema en la Iglesia Unitaria, considera que se necesita una seria discusión sobre el tema de las parejas Gay, que deberían ser reconocidas, apoyadas y contar con recursos litúrgicos adecuados. Estas apreciaciones coinciden básicamente con la perspectiva del Papa Juan Pablo II cuando reconoce que el área de la moral y la ética muestra dolorosas diferencias entre las Iglesias, de tal modo que “en esta extensa área hay mucho lugar para el diálogo referente a los principios morales del Evangelio y sus implicaciones”.507

5.6 DOCUMENTOS RECIENTES DE LA IGLESIA CATÓLICA

5.6.1 Algunas Declaraciones del Vaticano relevantes para el tema de la homosexualidad

A diferencia de las Iglesias Reformadas, la intensa centralización de la Autoridad Magisterial en la Iglesia Católica, ha obstaculizado los esfuerzos de los Obispos individuales para buscar una mejor comprensión de la homosexualidad en la Iglesia. No obstante, existen algunas afirmaciones en Documentos emanados de la Iglesia Universal que favorecen esta nueva comprensión. En primer lugar está el hecho de que el Concilio Vaticano II se apartó de la noción de fines primarios y secundarios en el matrimonio, al cual definió como: “el acto humano por el cual los cónyuges se entregan mutuamente para el bien de sí mismos, de los hijos y de la sociedad”.508 Por tanto, ya no se exalta únicamente el valor de la procreación, como objetivo del amor humano, sino también la entrega mutua.

La carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicada en 1986, y que ya hemos mencionado tantas veces como fundamento de esta tesis, afirma que: “la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada”.509 No obstante, al año siguiente de la publicación de la carta, el Papa Juan Pablo II, en un encuentro con los Obispos Americanos en Los Angeles, los animó a trabajar pastoralmente con las personas Gay, afirmando que éstas “son siempre dignas del amor de la Iglesia y de la verdad de Cristo”.510

En 1993, en la carta Encíclica Veritatis Splendor el Papa Juan Pablo II afirma que “El verdadero significado de la “Ley natural” es ‘la persona misma en la unidad de cuerpo y alma, en la unidad de sus inclinaciones espirituales y biológicas, y de todas las otras características específicas necesarias para la consecución de su fin”.511 Esta afirmación del Pontífice puede iluminar extraordinariamente la discusión acerca de la “naturalidad” o “antinaturalidad” de la orientación homosexual. La persona Gay no puede ser definida únicamente en función de su sexualidad, pero tampoco puede ser concebida prescindiendo de ella, dada esa “unidad de sus inclinaciones espirituales y biológicas”.

En 1995 el Pontificio Consejo para la Familia, en sus lineamientos sobre la educación sexual, advierte que el tema de la homosexualidad no debería ser tocado antes de la adolescencia, y debe tratarse siempre en “el marco de la castidad, de la salud y de la verdad sobre la sexualidad humana en su relación con la familia”.512 Por otra parte, si entendemos la “castidad” siguiendo la definición de este Consejo, como “la energía espiritual capaz de defender el amor de los peligros del egoísmo y la agresividad”, entonces la posición sobre el amor entre personas del mismo sexo podría ser muy respetuosa.

      1. Documentos de las Iglesias Particulares.

Los Obispos Norteamericanos.

La Conferencia Episcopal de Estados Unidos, en el documento “Human Sexuality” de 1990 sostenía que “la castidad, para la persona soltera, no es sinónimo de un llamado interior al celibato perpetuo. El control de los deseos de intimidad sexual puede ser particularmente difícil. Permanecer soltero en una sociedad conformada principalmente por parejas no es un llamado fácil, sea temporal o permanente”.513 Esta misma Conferencia Episcopal, en una Instrucción dirigida en 1973 a los sacerdotes acerca del Sacramento de la Penitencia, refiriéndose a las personas homosexuales decía que “con frecuencia su libertad está disminuida”, y recomendaba que “al evaluar la responsabilidad del homosexual, el confesor debería evitar tanto la aspereza como la permisividad”.514

Los Obispos Norteamericanos también dedicaron una especial atención a la situación de las Lesbianas. En 1988 realizaron un estudio, tras el cual se escribieron los documentos “Escuchar las voces de la Alienación” e “Instrucción Moral y asistencia Compasiva”. Allí se decía que “Las mujeres Lesbianas merecen una comprensión especial y el apoyo de la comunidad Cristiana que las capacite para llevar una vida casta y un amoroso celibato”.515 En este documento se expresaba que las Lesbianas que participaron en el estudio se habían manifestado muy francamente refiriéndose a los modos como su dignidad humana había sido menospreciada por el sexismo y los prejuicios culturales. Los Obispos condenaron totalmente este tratamiento dado a las mujeres.

Algunos Obispos en particular emitieron documentos respecto al tema, y aunque estrictamente no pueden considerarse parte del Magisterio Católico Oficial, reflejan un cambio significativo en la Comunidad Católica. Con respecto a la interpretación de la Escritura en la Iglesia, el Arzobispo Rembert Weakland, de Milwaukee, refiriéndose a los textos Bíblicos que parecen condenar la homosexualidad, dice en su carta pastoral de 1980 que “Todos estos textos existen y no pueden ser tomados a la ligera, incluso cuando nuestros conocimientos de psicología y de la conformación de la persona humana es inmensamente diferente en la actualidad al de la época de S. Pablo”.516 El Arzobispo Raymond Hunthausen, de Seattle, afirma que “Ningún exégeta católico que se respete puede quedar contento con un enfoque fundamentalista o literal de la interpretación de la Escritura sobre este tema o sobre cualquier otro”.517

El Obispo Thomas Gumbleton, Auxiliar de la Arquidiócesis de Detroit, en un simposio sobre el Ministerio Pastoral a las personas Gay, realizado en Marzo de 1997, hizo un llamado a todos los Católicos homosexuales para que salieran del clóset, e invitó a la Iglesia a escuchar lo que ellos tenían para decir acerca de su experiencia sexual. Gumbleton citó al Papa Gregorio Magno (540-604): “Puesto que incluso las relaciones sexuales lícitas dentro del matrimonio no pueden realizarse sin el placer carnal, debería evitarse la entrada a un lugar santo ya que el placer mismo no está exento de pecado”. Comentando esta cita, el Obispo dijo: “Esta es la enseñanza del Santo Padre, según la cual los casados no pueden tener relaciones sexuales placenteras, porque es un pecado”. Luego contrastó esta enseñanza con la de Juan Pablo II en su encíclica sobre el matrimonio, en la cual se describe la relación conyugal como una manera de comunicar amor: “Juan Pablo II rechaza la visión restrictiva del acto sexual que prevaleció en la tradición Cristiana por más de un milenio... Finalmente escuchamos a los casados, y su experiencia era que el gozo y el placer del sexo son buenos, son un regalo de Dios, y deberían ser gozados y disfrutados como tales. Y finalmente la Iglesia pudo escuchar lo que su propio pueblo estaba diciendo”. Luego dijo: “Yo sugiero que lo mismo puede ocurrir cuando las personas homosexuales compartan con nosotros su propia experiencia”, es decir, la experiencia de que su orientación sexual es “un don”.518

Según estos ejemplos que hemos citado, se puede observar que hay un interés de parte de Obispos individuales de entablar un diálogo fructífero sobre el tema. A nivel del clero, tanto Religioso como Secular, también se han suscitado inquietudes y posibles respuestas pastorales a la necesidad espiritual de las personas Gay. En esta línea, el senado de sacerdotes de la Arquidiócesis de San Francisco publicó en 1983 una declaración acerca del ministerio con las personas Gay, en la cual, basándose en los escritos de Paulo VI y Juan Pablo II, se presentaba el principio de la gradualidad. Este documento decía que “La integridad personal aparece progresivamente... la serenidad instantánea no es casi nunca una realidad humana”.519

Los Obispos Ingleses.

Los Obispos de Inglaterra y Gales, en su documento “Una Introducción al Cuidado pastoral de las personas Homosexuales”, elaborado en 1979, se centraron en el tema del amor: “Una vida sin amor es incompleta y sin ilusiones... Todo amor humano es una búsqueda de Aquel que es más amable. Nuestro amor humano es todo parte del anhelo de Dios”. Aunque reconocen que las personas homosexuales no pueden encontrar “compañías íntimas” en el matrimonio, sus propias formas de “uniones estables” son sin embargo inaceptables desde el punto de vista de la moral objetiva. No obstante, plantean el interrogante: “¿estas personas son necesariamente culpables?”.520 Es decir que no basta con defender a ultranza el celibato para las personas Gay, también es necesario ofrecerles un camino para su plena realización en el amor incluso dentro de las limitaciones de su condición.

El Cardenal Basil Hume, Arzobispo de Westminster, basándose en este documento y en la carta de 1986 de la Congregación para la Fe, escribió unas observaciones en 1995. Entre otras cosas, decía: “Amar a otra persona, sea del mismo o de otro sexo, es entrar en el área de la más rica experiencia humana... El amor humano es precario porque la naturaleza humana está herida y es frágil”.521 Siguiendo la tradición de sus hermanos Benedictinos, en especial San Anselmo y San Elredo, este Cardenal Inglés, formado dentro de la tradición monástica, lo mismo que el Arzobispo Rembert Weakland, muestra una gran comprensión hacia las personas Gay, a quienes invita a vivir en una relación de amor auténtico, incluso dentro de unas circunstancias difíciles de fragilidad y precariedad.

* * *

Hay varios temas que vale la pena subrayar, al llegar al final de este capítulo.

En primer lugar podemos mencionar el tema de “la naturaleza”. Ya desde el primer capítulo habíamos planteado cómo Platón habló de la sexualidad “contra naturam” en un sentido muy determinado. En el segundo capítulo nos encontramos con este mismo concepto en la carta a los Romanos. En este tercer capítulo volvimos una vez más, ya de una manera más detenida, a desarrollar las diversas teorías sobre lo que significa la “ley natural” y cuáles son sus implicaciones. Vimos cómo en los Padres de la Iglesia influyó el concepto Estoico y neoplatónico de "naturaleza”, y la ciencia zoológica propia de la antigüedad, con todos sus mitos y leyendas. En los grandes Escolásticos, Alberto Magno y Tomás de Aquino, nuevamente surge el tema, ya con un peso tan grande de tradición, que a pesar de las contradicciones y paradojas evidentes, queda fijado para el resto de la historia el apelativo de la homosexualidad como pecado “contra naturam”. Por otra parte, de los principios metodológicos y científicos de estos dos grandes Doctores podemos desarrollar importantes intuiciones para una teología positiva de las relaciones homófilas. Tanto el Doctor Universal como el Angélico nos enseñan que la “naturaleza” puede ser diferente en ciertos individuos.

En estrecha relación con el tema de la “naturaleza” se encuentra la vinculación absoluta de la sexualidad con el imperativo de la procreación. Según esta concepción, sólo es lícita aquella relación sexual que tiende a la propagación de la especie. Por tanto, se rechaza el placer como fin legítimo de la sexualidad. Del mismo modo, se afirma que los órganos genitales están conformados única y exclusivamente para la copulación biológicamente fecunda. También se considera que los roles de género y los roles sexuales quedan rígidamente fijados por la madre “naturaleza” y cualquier confusión en los mismos quebranta gravemente el orden divino del universo.

Hay otro aspecto muy importante que se deduce de nuestro estudio. La influencia de las circunstancias históricas se hizo patente en el rechazo a la pederastia, la prostitución infantil y los cultos paganos, que incidió en el rechazo de ciertos tipos de homosexualidad entre los Padres de la Iglesia. Durante la Edad Media estos fenómenos se siguieron dando. Además, aparecieron otros movimientos que amenazaban la sociedad Medieval, como el Islam, y (supuestamente) la herejía, la brujería, el Judaísmo, los cuales se convirtieron, al igual que la homosexualidad, en los enemigos comunes y “chivos expiatorios”, que había que combatir. Tampoco faltaron las motivaciones personales y de índole económica para la feroz persecución de las personas Gay (como en el caso de Justiniano). No obstante, las justificaciones oficiales de la legislación anti-gay siempre se basaron en la “ley natural”, o en la condenación Bíblica de Sodoma. Aquí cabe anotar que la palabra “homosexualidad” (y su concepto) nunca existieron hasta fines del S. XIX, pues anteriormente sólo se conocía la palabra “Sodomía”, con todas las acepciones y ambigüedades que hemos analizado.

En general, se puede afirmar que la actitud de la Iglesia en su práctica pastoral y Espiritual fue bastante tolerante frente a las personas Gay. La Institución Eclesiástica debió experimentar presiones muy fuertes por parte de los gobiernos civiles, antes de decidirse a publicar condenaciones y castigos drásticos en contra de los homosexuales. Otro ejemplo de esta actitud comprensiva está en el hecho de que, al fijar la penitencia, los libros Penitenciales casi no hacían distinción, cuando se trataba de adulterio, si éste había sido cometido con una persona del mismo o de diferente sexo. Además, no puede negarse que dentro de las mismas filas monásticas y clericales la atracción homofílica tuvo cierta incidencia, como lo atestigua S. Pedro Damián. Incluso algunos autores maliciosos han sugerido que la imposición del celibato a los sacerdotes heterosexuales durante la reforma Gregoriana, recibió bastante impulso por parte de los clérigos Gay. En cuanto a la actualidad, como veíamos en la última sección, las Iglesias Cristianas siguen reflexionando intensamente para conciliar las posiciones teológicas tradicionales con una respuesta pastoral amorosa ante el conflicto moral de las personas homosexuales.

Una última conclusión, que es la más importante para el tema central de esta tesis, se refiere concretamente al tema del amor. Encontramos tanto en los Padres de la Iglesia (Basilio, Gregorio, Paulino, Agustín), como en la espiritualidad monástica (Alcuino, Anselmo, Elredo), toda una tradición sobre la amistad espiritual entre personas del mismo sexo, que se remonta a la mitología Griega, a los clásicos Latinos (en especial Horacio), y a las grandes amistades de la Biblia (David y Jonatán). Todos estos autores se nos descubren siempre en lucha contra las “debilidades de la carne”, siempre buscando el celibato y la “castidad perfecta”, pero nunca niegan el inmenso valor del amor entre los amigos. La teología de la amistad espiritual (entendiendo al ser humano como “espíritu corporeizado”) será el eje central del capítulo séptimo.

III PARTE


PRINCIPIOS TEMÁTICOS
PARA UNA FUNDAMENTACIÓN
DE LA PASTORAL CON PERSONAS GAY


INTRODUCCIÓN

En esta tercera parte estudiaremos en primer lugar el llamado de todas las personas a llevar una vida de santidad en el amor de acuerdo con su situación particular, tomando como punto de referencia los relatos de la creación en el libro del Génesis. A partir de la vocación universal al amor, analizaremos los diversos caminos que todo ser humano puede seguir para alcanzar la plenitud de su realización, sea en el celibato, la virginidad consagrada, o el amor y la amistad con una persona determinada; aplicando concretamente el análisis a la situación de los gay. Finalmente plantearemos las maneras como el pastor de almas puede colaborar en este proceso de crecimiento.
Indudablemente el centro de la religión de Jesucristo es el llamado al amor. Por eso todo camino espiritual debe partir de las condiciones de posibilidad para responder a esa vocación. Entonces la pregunta crucial que debemos plantearnos en este momento es: ¿Cómo pueden y deben las personas gay cumplir con el mandamiento fundamental del amor? “En su infinita sabiduría y amor omnipotente”, Dios creó un cierto número de personas cuya orientación afectiva y sexual se dirige hacia otras personas del mismo sexo. La iglesia, en su magisterio oficial, ha sido muy clara en el sentido de afirmar la vocación cristiana de las personas homosexuales al amor, siempre y cuando éste no tenga ninguna expresión de carácter sexual, o más bien deberíamos decir genital, porque la sexualidad (a diferencia de la genitalidad) es una dimensión que impregna cada acto de nuestra existencia.
Además de los textos bíblicos que ya estudiamos anteriormente en el capítulo segundo, los documentos eclesiásticos presentan como razón fundamental para esta posición, el designio de Dios para la humanidad tal como aparece en los relatos de la creación de Gn 1 y 2. En el capítulo sexto trataremos de analizar a fondo la hermenéutica de estos pasajes del Génesis, antes de considerar específicamente la vocación al celibato. El capítulo séptimo se concentrará, por otra parte, en el tema de la amistad.


6. LA REALIZACIÓN DE LA PERSONA EN EL AMOR

SEGÚN EL DESIGNIO SALVADOR DE DIOS
La Carta Homosexualitatis Problema comienza su consideración acerca de la homosexualidad en la Biblia con una exposición del relato de la Creación: “La teología de la creación, presente en el libro del Génesis, suministra el punto de vista fundamental para la comprensión adecuada de los problemas puestos por la homosexualidad. Dios, en su infinita sabiduría y en su amor omnipotente, llama a la existencia a toda la creación como reflejo de su bondad. Crea al hombre a su imagen y semejanza como varón y hembra. Los seres humanos, por consiguiente, son criaturas de Dios, llamadas a reflejar, en la complementariedad de los sexos, la unidad interna del Creador. Ellos realizan esta tarea de manera singular, cuando cooperan con él en la transmisión de la vida, mediante la recíproca donación esponsal”.522
Esta afirmación de la Congregación para la Doctrina de la Fe tiene como telón de fondo toda una comprensión de la sexualidad y del mundo que vale la pena analizar. El antiguo Israel y la iglesia cristiana han interpretado tradicionalmente la sexualidad dentro de una teología de la creación.523 De hecho, se podría argumentar que la más privada de todas las acciones humanas, el acto sexual, y la más pública de todas las acciones divinas, la creación del universo, constituyen el marco contextual de cualquier teología de la creación. Una consecuencia de esta estrecha relación es que nuestra discusión de algo tan personal como el sexo nunca puede divorciarse de la visión del mundo o cosmología que tenemos. Douglas Knight define cosmología como “una visión comprensiva de la realidad propia de un grupo humano”. Ella “representa su esfuerzo para aprehender la naturaleza de la totalidad, y por ende, el lugar de todas sus partes en ella”.524 Por ejemplo, para los cristianos, nuestra cosmología es la comprensión del origen y evolución del mundo, nuestra comprensión de Dios como creador, y nuestra idea de cómo Dios se hace presente de una manera activa en y a través de la creación. Sólo dentro de esta visión global de Dios y del universo somos capaces de definirnos como seres humanos. Los relatos bíblicos de la creación tenían detrás toda una cosmología que explica sus afirmaciones acerca del hombre y la sexualidad. El relato sacerdotal (Gn 1) presenta notables diferencias con respecto al yahvista (Gn 2) como veremos a continuación.
6.1 El relato sacerdotal de la creación: Génesis 1
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