♦ Rebeca Aguas Sancho ♦ Ana Artalejo López ♦ Gabriel Cofrade Rivas ♦




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fecha de publicación22.01.2016
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♦ Rebeca Aguas Sancho ♦ Ana Artalejo López ♦ Gabriel Cofrade Rivas ♦

♦ Luis Espada Diez-Madroñero ♦ María García Sanz ♦ Javier González Blázquez ♦

♦ Ana Isabel Maeso Martín ♦ Jesús Enrique Martínez Martín ♦ Carlos Javier Vadillo Martínez ♦
Definición
La subsidencia es, junto con la contaminación de los acuíferos subterráneos, uno de los problemas principales de la minería subterránea. Consiste en el movimiento de una superficie cuya componente vertical de desplazamiento es claramente predominante sobre su componente horizontal.
La subsidencia se debe principalmente a dos procesos: la karstificación y aparición de estructuras halocinéticas.
La karstificación es un fenómeno que se produce en el terreno por la presencia de yeso y calizas que pueden dar lugar al efecto de disolución. Esto puede favorecer la aparición de espacios vacíos, oquedades que no se detectan y que pueden hundirse de forma brusca causando graves daños y pérdidas en el terreno circundante.
Las estructuras halocinéticas son formaciones geológicas producidas por el desplazamiento de rocas salinas que pueden alterar los materiales de su alrededor levantándolos, formando domos; o perforándolos, originando diapiros.

Tipos
Podemos clasificar los distintos tipos de subsidencia según dos puntos de vista:


  • "Genético" o general


- Subsidencia exógena: se refiere a los procesos de deformación superficial relacionados con la compactación natural o antrópica de los suelos.
- Subsidencia endógena: hace referencia a aquellos movimientos de la superficie terrestre asociados a procesos geológicos internos, tales como pliegues, fallas, vulcanismo, etc.


  • Según el mecanismo desencadenante


- Por disolución subterránea en sal, yeso o rocas carbonáticas: debido a la gran solubilidad de estos materiales en agua en determinadas condiciones, pueden llegar a formar sistemas de huecos interconectados, y que en circunstancias extremas, provocan el hundimiento del terreno en determinadas zonas.
- Minera, por obras mineras o construcción de galerías subterráneas: consiste en el hundimiento de la superficie del terreno con motivo de la deformación y/o colapso de galerías generadas para la extracción de minerales o la construcción de túneles respectivamente cuando los terrenos colindantes intentan ocupar el suelo el vacío generado.
- Por erosión subterránea: también conocido como "tubificación" o "piping", se produce por un proceso mecánico de arrastre de partículas de suelo causado por el flujo de agua subterránea. El agua, en su recorrido horizontal por el terreno, moviliza partículas de suelo generando una serie de canales que pueden desencadenar colapsos del terreno.
-Por flujo lateral: En torno a diversas formaciones evaporíticas se producen fenómenos de subsidencia asociados a la actividad diapírica. Este tipo de fenómenos de flujo lateral se ha observado en materiales arcillosos intercalados entre materiales más competentes como pizarras.


  • Por compactación: Se divide a su vez según la causa de este proceso…


· Vibraciones: Las vibraciones producidas por los terremotos, explosiones u otras causas pueden causar la densificación de terrenos granulares sueltos por reajuste de partículas al alcanzar este una estructura más compacta.
· Carga: La acumulación natural sucesiva de sedimentos o determinados tipos de cimentaciones pueden ocasionar la consolidación del terreno como consecuencia del peso que ejercen los sedimentos o las construcciones. Esta subsidencia se produce por una reducción gradual de los huecos del suelo.
· Extracción de fluidos: Puede causar importantes valores de subsidencia como consecuencia del cierre gradual de los huecos rellenos por el fluido extraído. Este tipo de hundimiento afecta a grandes ciudades como México DF, Valle de san Joaquín (EEUU), Tokio (Japón), Pekín (China), etc...
· Hidrocompactación: Este fenómeno consiste en el asentamiento que se produce en determinados tipos de suelos, con un bajo contenido de humedad y situados sobre el nivel freático, al ser saturados. La presencia de agua puede causar dos tipos de efectos en este tipo de suelos, la disolución de los enlaces entre partículas o la pérdida de las tensiones capilares que en ambos casos sostienen las partículas de suelo para configurar su estructura.
· Tectónica: Los descensos de la superficie terrestre producidos por las fallas producen un efecto conocido como subsidencia tectónica. Este tipo de subsidencia es, en general, muy lenta y de pequeña magnitud (de pocos mm o décimas de mm al año) frente a otros tipos de subsidencia.
· Bombeo de pozos: Se da cuando se bombea de los pozos el agua a mayor velocidad de lo que pueden reemplazarla los procesos de recarga natural. Sobre todo en zonas con estratos potentes de sedimentos no consolidados, donde la presión del agua al extraerle disminuye, y el peso de la sobrecarga se trasmite al sedimento, compactando los granos y hundiendo el terreno.
Causas
Licuefacción
Consiste en la pérdida de consistencia del suelo, de manera temporal, debido a una redistribución de las partículas del terreno y del agua que contiene. Suele deberse a movimientos sísmicos y actividad antrópica.
La licuefacción tiene lugar en los suelos no consolidados, no cohesivos o fácilmente disgregables y saturados en agua. El sedimento cae hacia abajo por su propio peso y el agua de saturación tiende a salir como una fuente surgente, comportándose como material licuado, cuyo resultado es la producción de un desplazamiento o falla del terreno.
Hay varios tipos de desplazamientos asociados a la licuefacción:


  • Flujos de tierra: los materiales del suelo se desplazan rápidamente cuesta abajo en un estado licuado, a veces causando coladas de barro o avalanchas.




  • Flujo lateral: es el desplazamiento limitado de las capas superficiales del suelo a favor de pendientes suaves o hacia superficies libres, como márgenes de ríos.



  • Flotación: objetos enterrados menos pesados que el suelo licuado desplazado, como tanques, buzones o tuberías de gravedad, ascienden a través del suelo y flotan en la superficie.




  • Pérdida de resistencia de soporte: reducción de la capacidad de soporte de los cimientos debido al debilitamiento del material del suelo subyacente o colindante que puede hacer que las estructuras se hundan.


Los factores que aumentan la probabilidad de que el terreno se comporte como un líquido son varios:
Distribución del tamaño de los granos: La arena uniformemente graduada, con granos pocos finos o muy gruesos (arena limpia) tiene mayor probabilidad de licuarse y es posible que se vuelva más densa. Las arenas limosas y gravas también son susceptibles a la licuefacción bajo cargas muy severas.
Profundidad de las aguas subterráneas: Puede ocurrir licuefacción si existe agua subterránea. Mientras menor sea la profundidad, menor será el peso del recubrimiento del suelo y el potencial de que ocurra densificación. Por lo tanto mayor será la probabilidad de que ocurra licuefacción.
Densidad: La licuefacción ocurre principalmente en suelos sueltos, saturados y no cohesivos. Se produce una acumulación gradual de la presión de poros dentro del depósito de suelo, en deterioro de los esfuerzos efectivos, tal que si el número de aplicaciones de carga resulta suficiente, los esfuerzos efectivos se anulan, quedando el suelo licuado y transformado en un pantano.

Después del proceso y cuando las presiones de poros se han disipado el suelo volverá a su condición hidrostática sufriendo densificación por reacomodo de su estructura (el pantano se vuelve tierra firme y se asienta).

Si el suelo es denso, habrá menos posibilidad de que se produzca la licuefacción.
Peso del recubrimiento y profundidad del suelo: Las tensiones entre partículas aumentan a medida que se incrementa la presión del recubrimiento. Mientras mayor sea la tensión entre las partículas, menor será la probabilidad de que ocurra la licuefacción. Por lo general, la licuefacción ocurre a profundidades menores de 30 pies (9 metros); rara vez ocurre a profundidades mayores de 50 pies (15 metros).
Amplitud y duración de la vibración del terreno: La capacidad del suelo para resistir una vibración sin causar fallas depende de la intensidad del movimiento del terreno, incluida tanto su amplitud como su duración. Los movimientos más fuertes tienen mayor probabilidad de causar fallas. La licuefacción de suelos bajo condiciones de tensión provocadas por un terremoto puede ocurrir, ya sea cerca del epicentro durante terremotos pequeños o moderados, o a cierta distancia en caso de terremotos moderados a severo.
Edad del depósito: Los suelos débiles y no cohesivos por lo general son jóvenes. Con el tiempo, actúan dos factores para incrementar la resistencia de un suelo típico: la compactación (que cambia la relación de vacíos) y varios procesos químicos (que actúan para cementar los granos del suelo).
Origen del suelo: El suelo depositado por procesos fluviales se sedimenta fácilmente y sus granos tienen poca probabilidad de compactarse. Similar a lo que sucede en los rellenos artificiales no compactados, generalmente por debajo del nivel del agua, pueden tener deficiencias similares. Una práctica común de décadas pasadas era la colocación de los rellenos hidráulicamente. Todos ellos se licuarán con facilidad. Por otro lado, los sedimentos depositados glacialmente, particularmente aquellos sobre los cuales ha pasado un glaciar, generalmente ya son bastante densos y tienen menor probabilidad de licuarse.
Acciones ante la licuefacción:
· Evitar áreas donde pueda ocurrir la licuefacción y el flujo lateral.

· Estabilizar el material licuable.

· Colocar los cimientos por debajo del material licuable.

· Agregar peso a la estructura para lograr una flotabilidad neutral.

· Usar material flexible al movimiento.
Cimentación
La acumulación natural sucesiva de sedimentos o determinados tipos de cimentaciones pueden ocasionar la consolidación del terreno como consecuencia del peso que ejercen los sedimentos o las construcciones. Esta subsidencia se produce por una reducción gradual de los huecos del suelo.
Colapsos

Se entiende por procesos de colapso o hundimiento la caída de las masas de rocas suprayacentes a una cavidad subterránea de origen natural o antrópico, con o sin resultados visibles en la superficie.

Estos desprendimientos suelen deberse a la superación del limite de resistencia de las capas superiores, pero también pueden estar causados por reajustes isostáticos, por la pérdida de la humedad subterránea, ya que el agua favorece la resistencia a la presión de los materiales; por movimientos tectónicos o por cambios en la superficie, como la construcción de estructuras (edificaciones, cimientos, etc.) o enterramientos repentinos por aluviones o coladas de barro.

Las cavidades de origen natural suelen estar en formaciones carbonáticas de tipo kárstico en las cuales los colapsos se suelen producir por la disolución de las rocas hasta el punto de que estas terminan por desprenderse rellenando la cavidad. Si estas se sitúan cerca de la superficie, se pueden formar dolinas.

También son importantes las cavidades en formaciones evaporíticas, que al ser más solubles que el carbonato, crean hundimientos más lentos y no suelen producir colapsos en las cavidades por este motivo.

Por último, cabe destacar las cavidades en formaciones volcánicas producidas por la solidificación diferencial de las lavas, que suelen tener formas tubulares. Estas pueden suponer un riesgo durante la construcción de edificios ya que los cimientos pueden abrir planos de rotura por los que colapse.
Variaciones en el nivel freático o en líquidos subterráneos

Durante la sedimentación, y durante el proceso de litificación el agua queda atrapada entre las partículas de las capas sólidas (poros), produciendo la cementación de algunos componentes o la disolución de otros. En ocasiones, este agua puede llegar a ser tan abundante como para considerar a la capa como un sólido en suspensión.

Lo normal es que a medida que la sedimentación de capas evoluciona, la presión en el interior, produzca la compresibilidad de la roca y la reducción de los poros, por lo que el líquido contenido aumenta drásticamente su presión y tiende a ser desalojado hacia zonas con menor presión. Pero si existe una capa impermeable al líquido, este se acumula produciendo una sobreresistencia a la presión de las capas de materiales.

Debido a esfuerzos tectónicos, planos de rotura o fallas, es posible que el líquido sea desalojado eliminando la resistencia de origen hídrico de la capa y produciendo su compresión, con lo que se reducirá su volumen y se producirá el fenómeno de la subsidencia.

Otro caso es que la extracción de recursos hídricos o de hidrocarburos acelere enormemente este proceso o sea su detonante, lo cual causa graves riesgos a las construcciones superficiales en una zona mas o menos extensa alrededor.

Arcillas expansivas

Algunas rocas de carácter limoso como las arcillas sufren una importante variación de volumen al cambiar de un estado hidratado a uno deshidratado. Esta variación es claramente apreciable en las zonas húmedas que cuando se resecan producen un cuarteamiento de la capa arcillosa al disminuir dramáticamente su volumen.

Este mismo principio es aplicable en las capas de arcillas que, al hidratarse, aumentan de volumen y producen una ascensión de todo el terreno que puede llegar a ser muy importante. Cuando el nivel freático baja o las arcillas se deshidratan reducen su volumen y el terreno desciende rápidamente.

Por lo tanto, dichos terrenos suelen estar sujetos a ciclos de ascensión y depresión según el régimen de lluvias, lo que conlleva un importante riesgo para los cimientos de las construcciones superiores.

Gasificación

En ocasiones grandes cantidades de metano quedan atrapadas en el interior de la tierra al no poder salir a la superficie debido a la existencia de capas muy compactas que actúan de trampa. Estos depósitos suelen provenir de formaciones de origen orgánico como petróleo o carbón.

Este gas suele estar a una gran presión, lo que permite su salida de forma muy rápida y en ocasiones violenta a través de fallas o diaclasas. Otro tipo de salida de grandes depósitos de gas metano es aquella que se produce cuando el gas está atrapado debajo del permafrost de las tundras que, al fundirse este, sale produciendo la subsidencia del terreno y campos de dolinas.

Por último, cabe destacar la importancia de los incendios de carbón subterráneo que se producen en las zonas de turba o pantanosas al deshidratarse. De este modo el oxígeno penetra y comienza a reaccionar de forma espontánea con el carbón produciéndose su gasificación en CO2 que sale a la superficie formando dolinas o grietas

Movimientos isostáticos sobre presión
La presencia de la astenosfera, una capa fluida y viscosa bajo la corteza, permite que la acumulación excesiva de material en determinadas zonas de la misma se vea compensadas por un desalojo de material desde la astenosfera hacia las zonas de menor presión.

Esto da lugar al hundimiento de ciertas zonas de la corteza (subsidencia). Al mismo tiempo, cuando el material que ejercía el sobrepeso desaparece, la corteza tiende a recuperar su posición inicial, sufriendo una elevación continua y progresiva.

Son los movimientos isostáticos.

La subsidencia es la única explicación posible a la acumulación de Km. de espesores de sedimentos en las grandes cuencas sedimentarias que dieron lugar a las grandes cordilleras actuales. Por otra parte, la erosión de estas cordilleras, y, por tanto, la descarga de peso que ello representa, produce una elevación constante en estas cordilleras, que altera el balance de la erosión.

Un ejemplo más claro de los reajustes isostáticos son las elevaciones actuales que sufren algunas regiones que estuvieron cubiertas por glaciares durante la última glaciación. Se produjo una subsidencia, debido al peso del hielo, y ahora, una vez desaparecido, están recuperando su posición.
Ejemplos
Cabe destacar, que para conocer los ejemplos mas representativos de subsidencia en la Tierra sólo hace falta buscar “los agujeros más profundos de la Tierra”. Muchos de los ejemplos que se pueden encontrar, probablemente, habrán sido provocados por subsidencias del terreno en su gran parte.
A continuación se describirán dos zonas en las que ha tenido lugar un proceso de subsidencia y comentaremos algunos ejemplos que se dan en la Península Ibérica.

Valle de Santa Clara
El Valle de Santa Clara es el primer lugar de Estados Unidos donde se dio la subsidencia en el terreno por retirada excesiva de aguas subterráneas (Tolman y Poland, 1940). También fue el primer lugar donde se emprendió un remedio y la subsidencia fue eficazmente parada.
A finales de 1880 la mayoría de pozos en la zona comprendida entre el centro de San José y Alviso, a lo largo del noroeste y noreste de la bahía de Alviso, eran artesianos. Es decir, el agua fluía sin necesidad de ser bombeada.
Las condiciones artesianas se debían a la hidrogeología del valle. La zona presentaba esas características ya que los niveles en los pozos artesianos se habían elevado por encima de la superficie del terreno tocando acuíferos confinados que tenían conexiones permeables a las zonas de recarga de mayor elevación en los flancos del valle, pero estaban cubiertos por capas de rocas poco permeables.
En 1920 la mayor parte del valle de Santa Clara estaba cubierta de cultivo que se regaba por bombeo sin tener en cuenta que el agua subterránea se estaba utilizando más rápido de lo que podía ser repuesta. Como resultado, los niveles de agua estaban bajando y los pozos artesianos eran cada vez más escasos.
Diez años más tarde, el nivel de agua en el centro de San José había caído 80 m por debajo del nivel de la superficie del terreno, y en 1964 el nivel de agua había caído a un mínimo histórico de 235 pies. Las tierras colindantes con la bahía de San Francisco se hundieron de 2 a 8 pies en 1969.
En el norte del Valle de Santa Clara se produjo la subsidencia sustancial como resultado de aquella sobreexplotación de agua subterránea. Hubo hundimientos detectables en la superficie del terreno (más de 0.1 pies) que se dieron lugar en la mayor parte de la zona. Sin embargo, el hundimiento más notable se produjo en San José. Allí, la superficie del terreno se redujo a unos 98m sobre el nivel del mar en 1910 y a 84 m en 1995.
La subsidencia en el valle de Santa Clara fue causada por la disminución de las presiones de un pozo artesiano y el consiguiente aumento de la carga efectiva sobre los sedimentos que contienen el agua. Los sedimentos se encontraban a una presión cada vez mayor y la superficie acabó por hundirse. La mayoría de la compactación de sedimentos se produjo en depósitos de arcilla que son más compresibles aunque poco permeables, lo que retrasa y suaviza la compactación del acuífero en relación con las variaciones del nivel del agua.
Al apreciar la magnitud del problema se tomaron ciertas medidas para tratar de frenar la subsidencia y evitar que se repitiese:
-El extremo sur de la bahía se rodeó de diques para evitar el movimiento hacia la tierra de agua salada, y el control de inundaciones.
-Se dictaminó que los canales de flujo debían de mantenerse muy por encima de los alrededores de la tierra con el fin de proporcionar un gradiente de flujo a la bahía.
-Se construyeron presas para captar los flujos de tormenta y recargar las aguas subterráneas a través de lechos de ríos.
Aunque el hundimiento fue detenido brevemente durante la Segunda Guerra Mundial, las medidas resultaron insuficientes y el hundimiento se aceleró. En 1965 hubo una recuperación sustancial de la recarga de las aguas subterráneas y, desde 1969, ha habido poco hundimiento adicional.
Desde 1969, a pesar de la recuperación del nivel del agua, una pequeña cantidad de compactación adicional residual provocó que el hundimiento se acentuase un poco más. El hundimiento total fue grande y permanente pero, aunque actualmente se siga utilizando el agua subterránea como recurso, los niveles de los acuíferos están controlados de manera que se mantienen a umbrales superiores a los que causaron el hundimiento.
Subsidencia en el Desierto de Karakum (Turmenistán)
En el desierto de Karakum (Turmenistán) hay una subsidencia bastante llamativa. El cráter posee unos 50 metros de diámetro y más de 20 de profundidad, es tan llamativo debido a que su interior está ardiendo. Vulgarmente se le conoce como “La Puerta al Infierno”, por parecerse a una puerta en llamas.
Se formó por accidente cuando, en 1970, un equipo de geólogos perforaba el terreno en busca de yacimientos de gas natural. Por desgracia, debajo del terreno que exploraban había una cueva, lo que provocó el hundimiento del suelo y con ello la perdida de todo el campamento que se encontraba encima de éste.
Viendo que, en efecto, había gas en su interior decidieron dejar el equipo en el agujero. Después, optaron por quemar el gas tóxico que comenzaba a emanar del hoyo hasta que se consumiese por completo. Por desgracia para ellos el gas sigue prendiendo en la actualidad y no se sabe cuantos años más podrá seguir ardiendo.
Subsidencias en España
En el 2010 se han producido subsidencias en España, sobre todo en el río Guadiana por la escasez de agua y la sobreexplotación de la que queda. Esto es así ya que la cuenca alta del río ocupa una extensión de 16.130 km2 que comprende el área de drenaje del río Guadiana hasta el embalse de El Vicario (Ciudad Real), por lo que tiene que repartir el agua por muchas zonas del país.
Los hundimientos se producen mayormente sobre los acuíferos por causa de la sequía de los últimos años. La explotación de las aguas subterráneas para fines de regadío ha supuesto importantes modificaciones en el cauce del río. Esto ha provocado que los acuíferos queden apartados del río y tengan falta de abastecimiento de agua.
El proceso es el siguiente. La tierra necesita agua y por ello, cuando llueve, la tierra la absorbe y se humedece y también aumenta su peso. Debajo del terreno no hay mucho agua por la explotación de esta y la separación del río del acuífero solo hay bolsas de aire, lo que provoca que la tierra caiga provocando subsidencias.
Si seguimos viendo cómo afecta la falta de agua, puede apreciarse también la falta de agua en los humedales. Por ejemplo, el humedal del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel se encuentra actualmente desconectado del acuífero, manteniéndose encharcado por las aportaciones del río Cigüela en los escasos episodios húmedos y por los caudales derivados del Acueducto Tajo-Segura desde 1988.

Consecuencias
Las subsidencias pueden originar multitud de consecuencias negativas para la sociedad ya que provocan pérdidas graves en el terreno, en la edificación y, por lo tanto, en la economía.
Al producirse una subsidencia pueden darse dos situaciones, que haya tenido lugar en una zona abierta y sin construcciones o en una zona urbana. En el primer caso, los daños serían prácticamente inexistentes y las pérdidas, de haberlas, serían agrícolas o ganaderas, probablemente.
Sin embargo, si hay edificios encima del terreno que se hunde, estos pueden sufrir desplomes o hundimientos parciales y, en consecuencia, serios agrietamientos que ponen en peligro su estabilidad llegando, en el caso extremo, a su derrumbamiento completo. En el mejor de los casos, siempre dan lugar a una pérdida económica grave debido a su el coste de las reparaciones oportunas o de la reconstrucción si es necesaria. Y, si desgraciadamente el edificio no es evacuado con antelación, podrían perderse vidas humanas.
Las subsidencias también provocan otras pérdidas de carácter infraestructural:
-En los sistemas de drenaje que afecta al agua de los acuíferos que dan lugar a los pozos y a los cursos naturales de agua.
-En los conductos que transportan el petróleo, el gas y la gasolina por lo que puede ser un problema de peligro para la ciudad.


Predicción
En los últimos tiempos, las necesidades crecientes de mayores perforaciones y cavidades subterráneas, tanto en el ámbito minero como en el de la obra civil, han supuesto un agravamiento del problema de los hundimientos de la superficie del terreno. Esto, si no se toman necesarias medidas de control, se traduce en un incremento de los posibles daños y, en general, de los costes de perforación.
Como ya se ha comentado, el vacío creado por una gran extracción subterránea de material motiva el desplazamiento de la masa de roca situada en los alrededores de la perforación. Esto deriva, inicialmente, en los problemas de sustentación de la propia excavación y se refleja en la subsidencia de la superficie del terreno, fenómeno peligroso para las estructuras de la superficie e interiores, ya que éstas deformaciones pueden producir daños en dichas estructuras (edificios, obras lineales e instalaciones en general), que no están pensadas en muchos casos para soportar estos efectos.
Las medidas de control de este fenómeno pueden agruparse en tres etapas:
- Predicción.

- Prevención.

- Protección.
La eficacia de las medidas preventivas y protectoras depende en gran medida de la exactitud con que se realice la predicción y la determinación de los distintos parámetros o magnitudes que caracterizan la subsidencia y que permitirán evaluar los posibles daños causados en las estructuras situadas en la superficie.
Sin embargo, la subsidencia es un riesgo geomorfológico complicado de evaluar. Requiere un estudio exhaustivo del terreno, en el cual hay que identificar tanto procesos naturales como artificiales capaces de generar colapsos y hundimientos. La información obtenida debe ser plasmada en mapas de peligrosidad y riesgo y, posteriormente, y teniendo presentes los mapas realizados, deberá efectuarse una correcta planificación y uso del territorio, evitando, en la medida de lo posible construir en zonas de alto riesgo.
Una opción que en ocasiones resulta aconsejable es la detección de cavidades subterráneas (más susceptibles de sufrir un hundimiento, debido sobre todo a los procesos de karstificación), empleando para ello métodos geofísicos y sondeos.
Entre los métodos geofísicos podemos citar la gravimetría y el geo-radar. Mientras que el primero es empleado para discernir la densidad de una posible zona de riesgo mediante el uso de potenciales gravimétricos, el geo-radar es una técnica de prospección que consiste en el análisis de las reflexiones de las ondas electromagnéticas que se producen cuando hay variaciones en el terreno.
Por otro lado, en el segundo grupo encontramos los sondeos eléctricos y los mecánicos. Tanto los unos como los otros tienen como fin la prospección vertical del terreno a estudiar, con la diferencia de que mientras que los mecánicos toman muestras de las estructuras, los eléctricos analizan las formaciones mediante descargas eléctricas. Ambos tipos necesitan perforar la superficie hasta la zona donde se desea hacer la prospección.
La ventaja de los métodos geofísicos sobre los sondeos es que no son procesos que dañen las estructuras, haciéndolos más recomendables para el análisis del subsuelo en zonas de alto riesgo.
En ocasiones puede ser preciso efectuar diversas medidas correctoras, pudiendo destacar el relleno de cavidades mediante cemento u hormigón generalmente; o la inyección de fluidos en el subsuelo, con el fin de reforzar las estructuras internas de la superficie.
Bibliografía






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