Índice de esta digitalización




descargar 1.05 Mb.
títuloÍndice de esta digitalización
página17/37
fecha de publicación26.01.2016
tamaño1.05 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Derecho > Documentos
1   ...   13   14   15   16   17   18   19   20   ...   37
aplicado (en el sentido en que una pieza de vestimenta se aplica, como complemento) al yo. En cuanto al yo mismo, es un concepto teórico y no una descripción fenomenológica; es una instancia. Así como sería absurdo hablar de una representación del ello o del superyó, es absurdo hablar de una representación del yo. Se puede admitir que se hable de representantes del ello, del superyó o del yo, es decir de emanaciones con mandato, de retoños o de derivados de instancia. Pero la representación de una instancia carece de sustento teórico. El yo trabaja sobre las representaciones; es trabajado por las representaciones: no puede ser representado. Puede tener representaciones de objeto, pero no puede más que esto. Es por el afecto como el yo se da una representación irrepresentable de sí mismo.

132

El afecto y el objeto; el objeto trauma

Advertimos entonces que el problema de las representaciones sólo concierne al objeto, mientras que la estructura del afecto es doble: a la vez afecto hacia el objeto y afecto como afecto del yo; uno y otro se pueden confundir, y no siempre el yo es capaz de establecer la diferencia. Hace algunos años, a raíz de la lectura de la comunicación de M. Bouvet sobre "Despersonalización y relaciones de objeto",156 me había planteado el problema de las relaciones narcisistas, y propuse que se les concediera un lugar separado. Después he cambiado de opinión. Si está justificado definir la noción de una relación del yo consigo mismo, lo que Winnicott llamará ego-relatedness, está claro que esa relación auto-egótica de valor narcisista entra en el cuadro general de las relaciones de objeto. Más precisamente, la relación de objeto comprende:

a. La representación de objeto y los afectos que les correspon den;

b. los afectos del yo sin representación del yo (lo que no excluye las representaciones del cuerpo).

Esto significa que, cuando se habla de representaciones del yo, es preciso saber que esta licencia termina donde empieza la teoría. Las representaciones del yo son de hecho representaciones de objeto que se disfrazan de representaciones del yo por investidura narcisista. Esto armoniza con la frase de Freud en que el yo, dirigiéndose al ello, dice: "Mira, puedes amarme también a mí; soy tan parecido al objeto...". Con esto, el tan importante problema de la angustia narcisista recibe una luz diferente: desde el punto de vista fenomenológico, es lícito describir sus manifestaciones; desde el punto de vista teórico, la angustia narcisista es angustia de objetos disfrazados de objetos narcisistas, puesto que en rigor el narcisismo sólo conoce los afectos -en el orden del displacer- del dolor, el duelo, la hipocondría.

No puedo aquí, a pesar del interés que tendría, repasar la lista de las funciones del yo para mostrar que es imposible hablar de representaciones del yo. En cambio, me gustaría examinar si en el yo hay ' sólo representaciones de objeto. En "De guerra y muerte. Temas de actualidad" (1915)157, Freud considera las consecuencias de la pérdida de los seres queridos. "Estos seres queridos son, por un lado, una propiedad interior, componentes de nuestro yo propio, pero por

133

el otro, también son en parte extraños y aun enemigos". Me parece mucho más interesante dilucidar las consecuencias de estas observaciones, no en función de la ambivalencia, como lo hace Freud. sino más bien en función de las relaciones entre el narcisismo y el objeto. En esta óptica, el objeto, no obstante ser. en el origen, la meta de las satisfacciones del ello, de hecho es para el yo, en ciertos aspectos, siempre una causa de desequilibrio; para decirlo de una vez: un trauma. Si es verdad que el yo aspira a la unificación, y que esta unificación interna se extiende a la unificación con el objeto, la reunión total con el objeto obliga al yo a perder su organización. Por otra parte, también la imposibilidad de esta reunificación desorganiza al yo: cuando este no tolera esa separación. El objeto-trauma (para el narcisismo) nos lleva entonces a considerar que el yo no es sólo la sede de los efectos del trauma, sino de las reacciones a esa dependencia respecto del objeto; estas reacciones constituyen una parte importante de las defensas del yo, defensas no frente a la angustia, sino al objeto, cuyas variaciones independientes desencadenan la angustia. Así, en la serie trauma precoz-defensa (conjunto este que constituye la fijación)-latencia-explosión de la neurosis-retorno parcial de lo reprimido, querría poner en relieve la confusión entre la pulsión (representada por el afecto) y el objeto, pues el peligro proviene tanto de la irrupción de la sexualidad en el yo, como de la irrupción del objeto.

Así las cosas, comprendemos que el problema de las relaciones entre el yo y el objeto es el problema de sus límites, de su coexistencia. Esos límites son tanto internos como externos. Quiero decir que los límites entre el yo y el objeto entran en resonancia o reverberación con los límites entre el ello y el yo. El problema no se plantea para el superyó, del que recordamos que en el esquema de las instancias, presentado por Freud, se extiende del ello (su fuente) al yo (su objeto). Es decir que la irrupción del superyó en el yo equivale a una irrupción disfrazada del ello, modificado por el desarrollo del yo.

Esto me lleva a definir lo que he de excluir de mi elaboración: la relación del yo con los síndromes psicosomáticos, que depende de las relaciones entre el yo y el soma por medio del ello (anclado en el soma, pero distinto de este); y con el delirio, que resulta de las relaciones entre yo, superyó y realidad. En cambio, consideraremos el caso del duelo de manera preferencial, en la medida en que es sin duda en el duelo donde se materializa la relación del yo consigo mismo, puesto que en él una parte del yo se identifica con el objeto perdido y entra en conflicto con el resto del yo; en cambio, en la melancolía la regresión se produce en el doble plano del ello (fijación oral canibálica) y del superyó (autorreproches y sentimiento de indignidad). No obstante, si de mi elaboración quedan excluidos esos extremos, no descuidaré los términos medios según los he definido

134

en el modelo que propuse para los fronterizos en mi comunicación de Londres.158

El conflicto entre el yo y el objeto-trauma

La teoría psicoanalítica del yo es particularmente confusa porque, como se sabe, oscila de continuo entre el yo como instancia parcial del aparato psíquico y el yo como entidad unitaria, totalización de la personalidad psíquica. Me ceñiré a la primera de esas dos acepciones. Me mueve a ello considerar que, si esa ambigüedad es constitutiva de la teoría del yo en psicoanálisis, no es menos cierto que una estructura unitaria totalizadora es una idea inconcebible para el pensamiento psicoanalítico. Por eso creo que debemos mostrarnos cautelosos hacia las concepciones psicoanalíticas de inspiración fenomenológica sobre el self [sí-mismo], o sobre la identidad.

Si el yo es una instancia parcial (formo esta expresión según el modelo del objeto llamado parcial), es preciso entenderlo como lo hizo Freud en sus comienzos, en el "Proyecto": un sistema de investiduras de nivel constante, o relativamente constante. Es, en mi opinión, el sentido que corresponde atribuir a la idea de Freud según la cual el yo es el resultado de la diferenciación de una parte del ello por influjo del mundo exterior. La aprehensión de la realidad, aunque sea selectiva y esté orientada por los mecanismos de proyección, impone el establecimiento de un nivel de investidura relativamente estable. Por eso Freud entiende que el yo es resultante de la inhibición de la representación inconciente. Hasta me parece que se podría sostener, de manera complementaria a la idea de que el yo no tiene representación alguna de sí mismo, que es aquello por lo cual puede haber representaciones. En efecto, poner el yo como funcionamiento de una red de operaciones -sin representación de sí mismo- permite imaginar la lógica de ese conjunto de operaciones: la percepción, la representación y la identificación. Esta última, en cuanto es inconciente, tiene por efecto la integración, por desaparición de las dimensiones contenidas en las otras dos: sensible, en la primera, e imaginaria, en la segunda.159

En la identificación, la cualidad imaginaria desaparece en beneficio de ser-como-el-objeto; o sea que la identificación suprime la distancia que separa el objeto (percibido o representado) del yo. La

135

identificación no se reduce a ser alienante; es estructurante en la medida en que el objeto de la identificación pudo haber alcanzado la estabilidad de ese funcionamiento merced a la investidura en un nivel relativamente constante. Es sin duda lo que califica a la relación madre-hijo en la metáfora de los cuidados maternos. Es también lo que nos muestra la trasferencia cuando nuestros analizandos nos atribuyen una vida ordenada y tranquila, sin tormentos pulsionales. como el niño se imagina que al adulto no le cuesta nada vivir en paz con sus pulsiones, o que está en su poder satisfacerlas totalmente, de suerte que no sufre frustración alguna y no conoce las tribulaciones del deseo.

Ahora bien, esta visión ideal del yo —la de un yo ideal— es cuestionada por el deseo de objeto. La falta de objeto es la que está destinada a quebrar ese frágil logro que representa la organización del yo como red de investiduras de nivel relativamente constante. Presencia del objeto. Nunca más presente que en la ausencia en que hace falta, el objeto es "fautor de excitaciones", como dice Freud. Es preciso recordar aquí su posición intermediaria; de hecho, doble. El objeto es encrucijada. Es término de los deseos del ello en busca de objeto que lo satisfaga; por lo mismo, generador de tensiones libidinales, necesariamente contradictorias, de amor y de odio. Es parte del mundo exterior, puesto que sin duda es ahí, fuera del sujeto. donde está situado el objeto. Winnicott nos ha enseñado cómo la función del objeto transicional supera parcialmente esa doble fuente de tensiones. Pero conocemos además otra solución para este problema: el narcisismo. Por la investidura libidinal del yo, este se da la posibilidad de encontrar en sí mismo un objeto de amor, constituido según el modelo del objeto y susceptible, merced a los recursos del autoerotismo, de obtener la satisfacción pulsional buscada. Es el narcisismo el que permite la consumación unitaria, o más bien el espejismo de la consumación unitaria, por la vía de la identificación imaginaria. Esta narcisización será tanto más fuerte si el objeto investido decepcionó. No frustración, sino decepción, que está en la raíz de la depresión. La decepción inicia el movimiento depresivo con más facilidad cuando los dos objetos (interno y externo, materno y paterno) fueron desilusionantes desde muy temprano, no fiables, engañadores. El sujeto ha perdido su fe en ellos. Se han vuelto precozmente "demasiado reales". No le queda más alternativa que contar con los recursos de la confianza -ilusoria- que pone compensatoriamente en su omnipotencia.

Este largo preámbulo era indispensable para sustentar mi hipótesis del objeto-trauma. Con derecho se ha sostenido, por una parte, que el trauma no era necesariamente de origen externo, que la irrupción de la sexualidad en el yo era un trauma; y por la otra, que la introyección de las pulsiones en el yo era un modo de resolver conflictos ligados a la incorporación del objeto. El punto de vista que aquí expongo se inscribe en una perspectiva diferente, pero complementaria.

136

Cuando hablo de objeto-trauma, me refiero esencialmente a la amenaza que el objeto representa para el yo, en la medida en que, por su sola existencia, lo fuerza a modificar su régimen. En efecto, por una parte, puesto que el objeto es interior al montaje pulsional, está cargado con toda la energética y toda la fantasmática pulsionales: busca entonces penetrar en el yo desde el interior. Por otra parte, en la medida en que es exterior al montaje pulsional, el objeto no está a disposición del yo, y este debe -al tiempo que obra con miramiento por las demás instancias, el ello, el superyó y la realidad-hacerse violencia para salir de su quietud e ir al objeto, como se dice ir al trabajo. Por otra parte, y es lo más importante, el objeto mismo no es ni fijo ni permanente. Es lo aleatorio en el tiempo y en el espacio. Cambia de humor, de estado, de deseo, y fuerza entonces al yo a un considerable trabajo de ajuste. Por último, el objeto tiene sus deseos propios, que sólo parcialmente coinciden con los del yo. Tiene su fin y su objeto, que no necesariamente concurren a la reciprocidad anhelada por el yo. Otras tantas fuentes de trauma, si cabe, como lo muestra la incapacidad del yo para controlarlo. A estas dificultades se suman problemas cuantitativos (entonces, cualitativos): el objeto es encuadrado por el sentimiento de lo demasiado y lo demasiado poco: demasiado presente, demasiado poco presente; demasiado ausente o demasiado poco ausente. Ahora bien, si la fusión con él es deseable, no puede ser total, puesto que el yo desaparecería por completo en ella. Y si la separación permite al yo "respirar", el objeto no debe estar ni demasiado alejado ni demasiado tiempo fuera de alcance. A esto se agregan las exigencias paralelas del objeto hacia el yo, lo cual se trasluce en este, fuera de los momentos de gracia siempre demasiado breves, siempre insuficientes frente a las realizaciones esperadas.

Se vuelve entonces comprensible que el objeto sea a la vez deseable e indeseable -amable y odiable- y que el polo narcisista prefiera el ser al tener, aunque el tener refuerce el sentimiento de ser. Un menor afán de tener debe preparar para las peripecias del tener; un menor ser puede procurar seguridad ante los peligros de las peripecias del ser, en lo cual la ilusión narcisista suplirá esta supresión de aporte por medio de "deducciones" practicadas en las investiduras del yo, tomadas de sus reservas: de sus "provisiones narcisistas" como se dice ,160

Pero el repliegue narcisista es un espejismo más; Freud lo había advertido en su descripción de los "Tipos libidinales" (1931). El carácter narcisista es más independiente, pero más vulnerable. Cuando el yo se decepciona frente al ideal del yo, que pasa a ser su objeto, el yo ideal pierde su frágil equilibrio. Dos desenlaces se presentan: la
137
depresión por decepción del objeto y, más regresivamente, el sentimiento de fracaso del yo frente a las exigencias del ideal del yo, que ha ocupado el lugar del objeto. O bien, como segunda posibilidad, la fragmentación, cuando la decepción del objeto deja sitio al sentimiento de persecución por el objeto -que resulta de la identificación proyectiva-, en que el yo se identifica con sus partes proyectadas y el yo malo es identificado con el objeto. Vemos entonces que es inevitable el conflicto entre el yo y el objeto-trauma, y que la desinvestidura de objeto y el repliegue narcisista exponen al yo del sujeto a un tipo de angustias muy amenazadoras: las angustias narcisistas.

Angustias narcisistas y angustias psicóticas

Como ya indiqué, no he de abordar la cuestión del delirio. Pero me veo obligado a definir, en el marco de las relaciones entre narcisismo y psicosis, las relaciones entre angustias narcisistas y angustias psicóticas. Este problema se plantea sobre todo a raíz del objeto-trauma.

El objeto como objeto de la pulsión es necesariamente objeto-trauma. Pero no se reduce a esto. El papel del objeto, como objeto externo (es decir, exterior al montaje pulsional), tiene por función remediar el mal de que es causa. Factor de perturbación, agente de lo ajeno, turbador de la tranquilidad del yo, el objeto interno también puede, desde luego, en la medida en que es un objeto bueno, ser utilizado como objeto consolador, apaciguador, "objeto-portador" en el sentido del
1   ...   13   14   15   16   17   18   19   20   ...   37

similar:

Índice de esta digitalización iconIndice ( irá al índice general) II. Factores de riesgo 4

Índice de esta digitalización iconEste libro comienza, como vimos, con el título, luego los datos sobre...

Índice de esta digitalización iconEsta teoría está basada en tres principios

Índice de esta digitalización iconEn el libro “El Origen de la Vida” inicialmente se le da una perspectiva...

Índice de esta digitalización iconEsta webquest está destinada a estudiantes de la facultad de medicina...

Índice de esta digitalización iconAlerta: Esta es una sala con clasificación R, inapropiada para los...

Índice de esta digitalización iconNuestra naturaleza como seres humanos es ser innovadora, con el objetivo...

Índice de esta digitalización iconEl agua está en muchos lugares: En las nubes; en los ríos, en la...

Índice de esta digitalización iconNuestro equipo está formado por expertos veterinarios y criadores...

Índice de esta digitalización iconResumen en el primer capítulo de esta investigación establecemos...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com