Índice de esta digitalización




descargar 1.05 Mb.
títuloÍndice de esta digitalización
página2/37
fecha de publicación26.01.2016
tamaño1.05 Mb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Derecho > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   37
last but not least, en los casos fronterizos. Un distingo demasiado tajante entre estructuras narcisistas y casos fronterizos sólo lleva a erigir compartimientos artificiales, separación que la complejidad de los problemas clínicos se encarga pronto de desmentir. Y ello, para no hablar de la inevitable componente narcisista que está en todos los casos presente en las neurosis de trasferencia. De hecho, tan pronto como la organización conflictiva interesa

16

a estratos regresivos situados más allá de las fijaciones clásicas que se observan en las neurosis de trasferencia, la contribución del narcisismo resulta más importante, aun en los conflictos en que no ocupa una posición dominante.

Un problema que se trata con frecuencia en la bibliografía son las relaciones entre estructura narcisista y casos fronterizos, que parecen dividirse el interés de los autores del psicoanálisis contemporáneo. No deja de ser interesante observar que Kohut, defensor de la autonomía del narcisismo, pone cuidado en distinguir entre casos fronterizos y estructuras narcisistas y dedica los últimos años de su vida al estudio exclusivo de las segundas. En cambio, Kernberg, quien se opone a esa declaración de autonomía, aunque admite la legitimidad de un distingo clínico, escribe a la vez sobre unas y otras. Los partidarios de la entidad "Narcisismo" parecen inclinados a rendirle el culto que se tributa a una divinidad desdeñada del panteón psicoanalítico.

Por mi parte, adopto en la clínica la misma posición que defendí para la teoría. Me parece poco discutible que ciertas estructuras reúnen las condiciones para ser individualizadas con el nombre de narcisismo, pero en mi opinión sería erróneo exagerar las diferencias entre estructuras narcisistas y casos fronterizos. Si, como creo, es preciso pensar la frontera, el límite como un concepto, y no sólo de manera empírica situando a los borderlines (fronterizos) en las fronteras de la psicosis, ¿cómo no tomar en cuenta el narcisismo?3

Sé que estas consideraciones nosográficas no siempre encontrarán buena acogida. Si persisto en referirme a ellas no es sólo por razones de estenografía clínica, si se me permite la expresión, sino porque, a mi juicio, entre metapsicología y nosografía las relaciones son más estrechas de lo que se suele creer. En efecto, así como la nosografía no tiene otro objetivo que poner de manifiesto la coherencia de ciertas constelaciones psíquicas que se han estructurado siguiendo una particular cristalización, en lo cual no le interesa la frecuencia observada, pero la mueve la preocupación legítima de aprehender la inteligibilidad estructural de modelos organizadores, de igual manera la metapsicología, en el sentido lato, tiene por objetivo definir principios de funcionamiento, ejes rectores, subconjuntos funcionalmente distintos que actúan en sinergia o en oposición unos con otros.

A la nosografía se le ha reprochado que presenta el inconveniente de fijar las estructuras y no conceder espacio suficiente al dinamismo psíquico en que el analista funda sus esperanzas de modificación referidas al funcionamiento mental del analizando. Acaso ese reproche

17

está justificado para la nosografía psiquiátrica, pero no es algo de lo que se pueda acusar a la nosografía psicoanalítica. Es que si esta, en efecto, dibuja una coherencia en la organización psicopatológica y distingue entre diversas modalidades, en no menor medida le preocupa comprender cómo esas diversas modalidades se articulan entre sí y, además, cómo puede el propio analizando, con la ayuda del análisis de trasferencia, pasar de una a otra en un sentido progresivo o regresivo. Desconfiados hacia la nosografía, los analistas prefieren atender a la singularidad de sus analizandos, actitud esta indispensable en quien emprende el análisis de una persona. Sería despersonalizar al analizando concebir sus conflictos inconcientes en función de categorías y de clases. La protesta está bien inspirada; es legítima. Sin embargo, en el afán de analizar la especificidad del complejo de Edipo en un determinado analizando, ¿se negará por ello que es preciso hablar del complejo de Edipo como estructura supraindividual? Pero acaso la objeción es más explicable cuando se trata del narcisismo. Se ha observado que el narcisismo tiene mala prensa. Es raro que "narcisista" sea un calificativo laudatorio. Los narcisistas nos irritan quizá más todavía que los perversos. Puede ser porque podemos soñarnos objeto de deseo de un perverso, mientras que el narcisista no tiene más objeto de deseo que él mismo. Narciso niega a Eco, como los analizandos que-no-hacen-trasferencia nos ignoran soberanamente.

Aquí es preciso recordar los datos: los narcisistas son sujetos lastimados; de hecho, carenciados desde el punto de vista del narcisismo. A menudo la decepción cuyas heridas aún llevan en carne viva no se limitó a uno solo de sus padres, sino que incluyó a los dos. ¿Qué objeto les queda para amar, si no ellos mismos? Es verdad que la herida narcisista infligida a la omnipotencia infantil, directa o proyectada sobre los padres, nos es deparada a todos. Pero está claro que algunos no se recuperan nunca, ni siquiera después del análisis. Siguen siendo vulnerables; en todo caso, el análisis les permite valerse mejor de sus mecanismos de defensa para evitar las heridas, puesto que no han podido adquirir ese cuero duro que en los demás parece hacer las veces de piel. No hay sujeto que sufra más que el narcisista cuando lo catalogan en una rúbrica general, a él, cuya pretensión es ser no solamente uno, sino único, sin antepasado ni sucesor.

Fácil sería enderezar a los conceptos psicoanalíticos el mismo reproche que se hace a la nosografía, y negar que existan estructuras narcisistas y aun un narcisismo como entidad autónoma. Pero en ese caso será preciso proceder de igual modo con el masoquismo y tantos otros conceptos. Siempre es posible demostrar que la más intensa expresión de erotismo incluye intenciones agresivas camufladas, y lo mismo a la inversa. ¿Qué quedará entonces de la exigencia analítica de separar, distinguir, deshacer la complejidad confusa a fin de rehacerla sobre la base de sus componentes no manifiestos?

La metapsicología carece de aplicaciones clínicas y técnicas inmediatas.

18

Todos conocemos a excelentes analistas que la ignoran, de manera más o menos deliberada; lo que no impide que su práctica analítica se funde en una metapsicología inconciente que guía a su espíritu en su actividad asociativa, cuando parece que ellos "flotaran" con mayor o menor atención. La metapsicología sólo sirve para pensar. Y siempre con posterioridad, no en el sillón del analista, sino en aquel donde se sienta ante la hoja en blanco que estimula o inhibe su intelecto.

Antes señalé que lo pensable por medio del narcisismo sólo podía serlo si antes se aislaba por completo el concepto y se lo estudiaba por sí. Si para aprehender su índole de la manera más específica posible conviene en efecto que en ciertos momentos de la reflexión nos encerremos con él, es decir en lo más profundo de nosotros mismos, puesto que es el corazón de nuestro yo, este movimiento centrípeto que no quiere conocer otra cosa que a sí mismo sólo revela su sentido si se opone el objeto al yo. Las relaciones entre ambos son complejas porque el concepto de relación de objeto incluye para ciertos autores las relaciones del yo consigo mismo, narcisistas. La teoría más clásica admitía la existencia de investiduras narcisistas de objeto, aun antes que Kohut propusiera la hipótesis de los Self-objects (sí mismo-objetos), que son sólo emanaciones del narcisismo.

Como quiera que fuere, hay un punto en que están de acuerdo los sostenedores de teorizaciones opuestas: la consumación del desarrollo del yo y de la libido se manifiesta, en particular, en la capacidad del yo para reconocer el objeto como es en sí y no como mera proyección del yo. ¿Se tratará, como en el caso de la relación genital, de un sesgo normativo que habría que atribuir a la ideología del psicoanálisis? ¿Será un objetivo asequible a las capacidades del aparato psíquico y estará al alcance de la cura psicoanalítica? Opino que en estas cuestiones un dogmatismo excesivo, tanto en un sentido como en el otro, rápidamente linda con la incoherencia. No es coherente, en efecto, afirmar la alienación total, definitiva e incurable del deseo en su narcisismo, tesis no menos ideológica que sostener que el objeto se revelará un día en su verdadera luz. De todas maneras es insoslayable poner en perspectiva el yo (narcisista) y el objeto; por esa vía se revelan todas las variaciones del espectro que va del enceguecimiento subjetivo al encuentro verídico.

Me he preguntado si una nueva metapsicología, una suerte de tercera tópica, no se había instalado sin que nadie lo advirtiera, subrepticiamente, en el pensamiento psicoanalítico cuyos polos teóricos eran el sí-mismo y el objeto. Y ello por presión de la experiencia, que instiló en los psicoanalistas el afán de una construcción teórica más profundamente enraizada en la clínica. Dicho de otro modo, no tendríamos la práctica por un lado y por otro la teoría,

19

sino una teoría que sólo sería -lo que en Freud no sucede- teoría de la clínica.

Así la trasferencia deja de ser uno de los conceptos del psicoanálisis que se pudiera pensar como los demás, porque es la condición desde la cual los demás se pueden pensar. De igual modo, la contra-trasferencia ya no se limita a la pesquisa de los conflictos no resueltos -o no analizados- del analista, que pudieran falsear su escucha; se convierte en el correlato de la trasferencia, es su ladero, a veces la induce y, para algunos, la precede.

Si algo nuevo sobrevino en el psicoanálisis estas pasadas décadas, hay que buscarlo del lado de un pensamiento de la unión de dos. Parece que ello nos habría permitido librar a la teoría freudiana de un relente de solipsismo. Porque, es preciso declararlo, la relectura de Freud da demasiado a menudo la impresión de que cuanto él describe se revelaría con independencia de su propia mirada o, en los casos clínicos que expone, de su propia acción. El niño imaginario, de cuya vida psíquica Freud esboza el decurso -se trate de la sexualidad o del yo-, parece describir su trayectoria según un desarrollo previsto de antemano, en que las detenciones, los bloqueos, los desvíos, en definitiva, deben poco a sus relaciones con sus objetos parentales. En resumen: que Freud descuidó a la vez el papel de su propio narcisismo y el del objeto.

Pero con formular las cosas de esa manera no necesariamente se las vuelve más claras. La reverencia por la clínica no declara de qué clínica se trata. Si la metapsicología silenciosa de las relaciones sí mismo-objeto se impuso poco a poco, es sin duda porque es más apta para dar razón de los aspectos clínicos del análisis contemporáneo, que los modelos clásicos de la teoría freudiana esclarecen sólo muy imperfectamente. Dicho de otro modo: la psicología de Freud está demasiado limitada por su referente, la neurosis (y sobre todo la neurosis de trasferencia). Pareciera entonces que la problemática sí mismo-objeto fuera más apta para esclarecer no sólo los casos fronterizos, sino las propias estructuras narcisistas; para no decir que sobre todo estas, porque lo que corresponde oponer al narcisismo es sin duda la irreductibilidad del objeto.

Pero sería por lo menos enojoso instituir un corte en el psicoanálisis, entre el antiguo y el nuevo, sin tratar de aprehender la continuidad conceptual que se esconde tras el cambio aparente. Sí es fácil recordar que no hay nada nuevo bajo el sol, más exacto sería decir que todo cambio tiene sólo media novedad de la que pretenden quienes lo proclaman.

La teoría que se apoya en la experiencia del análisis de la neurosis de trasferencia sitúa el objeto en mitad de su reflexión como objeto fantasmático o también como objeto de deseo. Por su parte, la teoría nacida del análisis de los casos fronterizos se sigue apuntalando en el objeto fantasmático, pero no puede abstraer de sus relaciones con el objeto real. A menudo se comprueba, en efecto, que la participación

20

de los objetos de la realidad desempeñó su papel en la psicopatología del sujeto; o si uno quiere ser más prudente en asuntos de etiopatogenia. se limitará a decir que la estructura psíquica del sujeto es testimonio de unas relaciones singulares entre objeto real y objeto fantasmático. En efecto, todo ocurre como si el objeto fantasmático, aunque se lo reconozca en su calidad de objeto de la realidad psíquica, coexistiera con el objeto real sin que este poseyera el poder de afirmar su supremacía sobre el otro. Como si una inscripción doble de los sucesos psíquicos acordara la misma realidad a los objetos fantasmáticos y a los objetos reales.4

Por lo que toca al narcisismo, el objeto, sea fantasmático o real, entra en relación de conflicto con el yo. La sexualización del yo tiene por consecuencia trasformar el deseo hacia el objeto en deseo hacia el yo. Es lo que he llamado el deseo de lo Uno, en que se borra la huella del deseo del Otro. El deseo, entonces, ha cambiado de objeto, puesto que el yo es el que se ha convertido para sí mismo en su objeto de deseo; este movimiento es el que corresponde aclarar.

¿Qué es el deseo? Iremos más allá de las definiciones conocidas, que no hemos de recapitular aquí, y diremos que el deseo es el movimiento por el cual el sujeto es descentrado,5 es decir que la procura del objeto de la satisfacción, del objeto de la falta, hace vivir al sujeto la experiencia de que su centro ya no está en él, que está fuera de él en un objeto del que está separado y con el que trata de reunirse para reconstituir su centro, por el recurso de la unidad -identidad reencontrada- en el bienestar consecutivo a la experiencia de satisfacción.

En consecuencia es el deseo el que induce la conciencia de la separación espacial y de la diacronía temporal con el objeto, engendradas por la inevitable demora de la vivencia de satisfacción. Sobre esta matriz simbólica primaria, fuente del desarrollo psíquico, múltiples factores concurrirán después para oponerse al cumplimiento pleno del deseo. Citemos, entre otros, la desmezcla de las pulsiones, la bisexualidad, el principio de realidad y, por último, el narcisismo. Este conjunto de factores está gobernado por los tabúes fundamentales: fantasmas de parricidio, de incesto y de canibalismo. Más allá de este sumario de los hechos, nos interesa investigar los medios a que se recurre para salir al cruce de la imposibilidad de pleno cumplimiento del deseo.

Cuando sobreviene la "primera" vivencia de falta, una solución

21

la ofrece la realización alucinatoria del deseo, como ilusión reparadora de la falta del objeto. Es el modelo que se enriquecerá a raíz de las frustraciones posteriores, que ya no se limitarán a la búsqueda del pecho. Con razón se ha señalado que esta solución es asaz imperfecta, y que reclama otras más apropiadas para una satisfacción efectiva. Como tal, sin embargo, conserva el valor de un logro psíquico tanto más apreciado cuanto que el niño le atribuye la virtud de haber hecho reaparecer el objeto-pecho. No está en condiciones de considerar que la madre acudió a atenderlo alertada por sus gritos y su llanto; en cambio establece una relación de causa a efecto entre la realización alucinatoria del deseo y la vivencia de satisfacción.

Si las necesidades vitales están aseguradas cuando sobrevienen nuevas situaciones de falta del lado del objeto, se dispondrá de otras soluciones. La fundamental es la identificación, que suprime la representación del objeto; es el yo el que se convierte en ese objeto, confundiéndose con él. Las modalidades de identificación difieren según la edad. Al comienzo la identificación primaria se llama narcisista; el yo se fusiona con un objeto que es mucho más una emanación de él mismo que un ser distinto reconocido en su alteridad. Si este modo de identificación narcisista persiste más allá de la fusión con el objeto, es decir en el período en que el yo se distingue del no-yo y admite la existencia del objeto en estado de separación, ese modo de funcionamiento expone al yo a innumerables desilusiones. La alteridad no reconocida inflige al yo incesantes desmentidas sobre lo que se supone que el objeto es, y de manera inevitable trae consigo repetidas decepciones en lo que de él se espera. Tanto es así, que nunca el yo podrá contar con el objeto para reencontrar la unidad-identidad que le asegurara recuperar su centro a raíz de una vivencia de satisfacción, siempre insatisfecha. La triangulación de las relaciones complica todavía más esta situación, porque es frecuente que los dos objetos parentales narcisistamente investidos causen desengaño al yo, cada uno por razones diferentes. Todo esto es nocivo para el yo; en efecto, fracasada la experiencia fundamental del desplazamiento en la procura de un objeto sustitutivo, que restañe las heridas del objeto originario, la secuencia íntegra de los desplazamientos sobre objetos sustitutivos, de los más personalizados a los más impersonales, no hará más que renovar el fracaso inicial.6 Todo contacto con el objeto exacerba el sentimiento de descentramiento,

22

sea en el orden de la separación espacial o de la diacronía temporal. La ego-sintonía sólo se podrá buscar en la investidura del yo por sus propias pulsiones: es el narcisismo positivo, efecto de la neutralización del objeto. La independencia que de este modo adquiere el yo respecto del objeto es preciosa, pero es precaria. Nunca podrá el yo remplazar totalmente al objeto. No importa la ilusión que se afane en mantener sobre esto, descubriendo que es placentero existir en la soledad: pronto se harán sentir los límites de la operación. En ese momento será preciso que las investiduras del yo se enriquezcan con otra investidura volcada sobre un objeto enteramente idealizado, con el que se fusionará del modo en que lo hacía con el objeto primario. Así se podrá alcanzar, por fin, una serenidad: reencontrarse en el seno de Dios, desvalorizando al mismo tiempo cualquier alegría simplemente humana.

Parece que se podría permanecer en esa serenidad. Pero la clínica muestra que los logros del narcisismo de vida nunca son completos. En ciertos casos, el efecto combinado de la distancia espacial insalvable y de la diacronía temporal interminable convierten a la vivencia del descentramiento en el infortunio del rencor, del odio, de la desesperación. Cuando esto sucede, ya no están expeditas la retirada sobre la unidad ni la confusión del yo con un objeto idealizado. Sobreviene entonces una búsqueda activa, pero no de la unidad, sino de la nada; es decir, de un rebajamiento de las tensiones hasta el nivel cero, que es la aproximación de la muerte psíquica.

El narcisismo ofrece, entonces, la ocasión de una mimesis del deseo por la solución que permite evitar que el descentramiento obligue a investir el objeto poseedor de las condiciones de acceso al centro. El yo adquiere cierta independencia trasfiriendo el deseo del Otro sobre el deseo de lo Uno. Esta mimesis puede también invertirse, anular los constreñimientos del modelo del deseo cuando fracasa la realización unitaria del narcisismo. Se convierte en mimesis del no-deseo, deseo de no-deseo. En este caso se abandona la búsqueda del centro, por supresión de este. El centro, como objetivo de plenitud, se convierte en centro vacío, ausencia de centro. La búsqueda de la satisfacción prosigue entonces fuera de toda satisfacción,
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   37

similar:

Índice de esta digitalización iconIndice ( irá al índice general) II. Factores de riesgo 4

Índice de esta digitalización iconEste libro comienza, como vimos, con el título, luego los datos sobre...

Índice de esta digitalización iconEsta teoría está basada en tres principios

Índice de esta digitalización iconEn el libro “El Origen de la Vida” inicialmente se le da una perspectiva...

Índice de esta digitalización iconEsta webquest está destinada a estudiantes de la facultad de medicina...

Índice de esta digitalización iconAlerta: Esta es una sala con clasificación R, inapropiada para los...

Índice de esta digitalización iconNuestra naturaleza como seres humanos es ser innovadora, con el objetivo...

Índice de esta digitalización iconEl agua está en muchos lugares: En las nubes; en los ríos, en la...

Índice de esta digitalización iconNuestro equipo está formado por expertos veterinarios y criadores...

Índice de esta digitalización iconResumen en el primer capítulo de esta investigación establecemos...




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com