La Dimensión Espiritual del Eneagrama




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La Dimensión Espiritual del Eneagrama Sandra Maitri





Sandra Maitri
LA DIMENSIÓN

ESPIRITUAL DEL



ENEAGRAMA
LOS NUEVE ROSTROS DEL ALMA







Título original

The Spiritual Dimension of the Enneagram
Primera edición

Mayo 2004
©2000 Sandra Maitri
© 2004 para la edición en castellano

La Liebre de Marzo, S.L.
© De la traducción

Pilar Alba
Diseño gráfico

Mauro Bianco
Imagen portada

Flame Nebula, Región de formación de estrellas en Orion

Atlas Image obtained as part of the Two Micron All Sky Survey (2 MASS),

a joint project of the University of Massachusetts and the Infrared Processing and Analysis Center/California Institute of Technology, funded by the National Aeronautics and Space Administration and the National Science Foundation.
Impresión y encuadernación

Torres & Associats, S.L.
Impreso en España
Depósito Legal

B-22889-2004
ISBN

84-87403-64-6

La Liebre de Marzo, S.L.

Apartado de Correos 2215 E-08080 Barcelona

Fax. 93 449 80 70

espejo@liebremarzo.com

www.liebremarzo.com




A
OSCAR ICHAZO,
EL MAESTRO TRAS LA PUERTA
CLAUDIO NARANJO,
QUE LA ABRIÓ
Y
HAMEED ALI (A. H. ALMAAS),
QUE ME ENSEÑÓ A .ATRAVESARLA




DIAGRAMAS
DIAGRAMA 1 LOS ENEAGRAMAS OBJETIVOS

DIAGRAMA 2 EL ENEAGRAMA DE LA PERSONALIDAD

DIAGRAMA 3 LOS ENEATIPOS

DIAGRAMA 4 EL TRIÁNGULO INTERIOR

DIAGRAMA 5 EL FLUJO INTERNO

DIAGRAMA 6 LOS SUBTIPOS DE AUTOPRESERVACIÓN

DIAGRAMA 7 LOS SUBTIPOS SOCIALES

DIAGRAMA 8 LOS SUBTIPOS SEXUALES

DIAGRAMA 9 EL ENEAGRAMA DE LAS TRAMPAS

DIAGRAMA 10 EL ENEAGRAMA DE LAS EVITACIONES

DIAGRAMA 11 EL ENEAGRAMA DE LAS ACCIONES CONTRA UNO MISMO

DIAGRAMA 12 EL ENEAGRAMA DE LAS MENTIRAS


PRÓLOGO
Antes de leer el brillante libro de Sandra Maitri, había oído hablar del eneagrama durante un par de años, pero tenía prevención con relación a los sistemas que parecían tipificar, clasificar o juzgar. La astrología, por ejemplo, me había frustrado desde que descubrí por primera vez que cuando comunicaba mi signo a la gente -Virgo- se alejaban de mi acongojados, suponiendo que era quisquillosa o frígida, y se pasaban el resto de la tarde con los signos más en la onda, como Acuarios y Leos. Cuando supe que en realidad era Libra, según la astrología védica, ello me permitió ampliar un poco la verdad susurrando «védica» una o dos veces, tras la palabra «Libra», si alguien me preguntaba el signo.

Hace diez años, mi amiga Bess me anunció que la astrología estaba pasada de moda y lo que estaba en el ajo era el eneagrama. Me comentó que tenía todos los signos de «un Cuatro,» lo que no era muy bueno. Cuando le pregunte porqué, contestó: «Los Cuatro son oscuros, trágicos, dramáticos y muy sufridores.» Antes de que pudiera recuperarme de estas malas noticias, Bess echó más leña al fuego: «Además los Cuatro siempre desean lo que no tienen. No suelen ser felices.»

Hojeé un par de libros sobre el eneagrama en la librería, encontré descripciones de los Cuatro que parecían familiares, pero básicamente mi respuesta fue « ¿Y ahora qué?» Ya sabía estas cosas...» Existía un cierto grado de tranquilidad al darme cuenta de que no estaba sola en mis peculiaridades de comportamiento, pero la tranquilidad no eliminaba dichas peculiaridades. Entonces intenté identificar el tipo de mi marido, diciéndome a mi misma que ello sería útil en nuestras relaciones, pero nunca pude decidir cual era, y en consecuencia le acusaba en nuestras peleas de ser «un típico Tres; o quizás un Siete,» lo que no nos acercaba mucho.

Cuando Sandra me dijo que estaba escribiendo este libro, le solicité el privilegio de ir leyendo los capítulos a medida que los escribía. Sabía que estaba escribiendo sobre el eneagrama; conocía el sistema con claridad y precisión, así como su importancia para el viaje interior. Tenía también la esperanza de descubrir que ser un Cuatro fuera tal vez un pelín mejor que se otro de los tipos, aunque no se lo mencioné a Sandra.

Como antigua discípula convertida en amiga, había tenido muchas experiencias de su notable habilidad para tramar complejos constructos metafísicos y darles una forma que tuviera sentido. Un sentido personal, importante y emocionante. De vez en cuando, entraba en sus clases confundida o desbordada, y me marchaba con la sensación de que un fragmento de verde y exuberante mundo, cuya existencia desconocía, cobraba vida de repente. Como discípula suya y discípula del Enfoque del Diamante, aprendí de primera mano que la transformación era posible. Realmente posible.

Tal vez parezcan viejas noticias, pero para mi fue una revelación sorprendente. Había estado veinte años en psicoterapia, me había comprometido con la práctica de la meditación, había ido a un montón de talleres y retiros, pero interiormente seguía sintiéndome alarmantemente igual, seguía viendo el mundo con los mismos lentes de carencia de amor que definían mi infancia, por ejemplo: «Siempre estaré separada de lo que más deseo...»; «La gente siempre me deja...»; «Solo que tuviera las piernas más largas y un pelo más bonito, sería feliz... » Creencias optimistas de esta clase. No importaba que situación objetiva se presentase, parecía llegar a las mismas conclusiones sobre mí misma y el mundo que me rodeaba.

La mayoría de nosotros hacemos lo mismo -y lo llamamos realidad- hasta ser lo bastante afortunados como para encontrar a una persona, enseñanza o libro que despierta el anhelo de más. Más espacio para desplegar nuestra vida, de modo que no tengamos que comprimir nuestros grandes y estrellados corazones en la psique de un niño de dos, tres u ocho años. La dimensión espiritual del eneagrama es uno de estos libros, la mente de Sandra debería ser un tesoro nacional. En lugar de observar la personalidad desde dentro de uno mismo y ver lo que podemos mejorar para sentirnos mejor con nosotros mismos, Sandra escribe desde la base del Ser. No hay un eneatipo mejor, lo que son malas noticias.

El tesoro de La dimensión espiritual del eneagrama es el hecho de que nos ofrece un modo de atravesar la separación. Es como si Sandra eliminara la capa superior de nuestras vidas y nos explicara el secreto que hemos pero permitidme que os muestre que (y quien) hay realmente debajo de estas creencias. Permitidme que os muestre vuestras preciosas posibilidades.» Nos presenta una visión de quien somos bajo la coraza de las autoimágenes y patrones que llamamos nuestras vidas. Lo que resulta mucho más amplio y emocionante que cualquier cosa que hayamos creído ser.

Tras cinco años de trabajar con las prácticas que Sandra ha estado enseñando y muestra en este libro -presencia e indagación- sucede algo más milagroso que despertar con unas piernas más largas o un bonito pelo. La persona que cree que necesita esto para ser querida, el niño que se siente separado de lo que más quiere, no son los que creen ser. Los modos básicos en que me reconozco a mi misma -mediante la desesperación, la carencia y el anhelo de dirigir la vida de alguien- se ven reemplazados por instante tras instante de apertura y satisfacción. El proceso que Sandra enseña me ha proporcionado mi vida.

Súmate a su Trabajo. Recibe el regalo de este libro. Permite que tu gran y estrellado corazón se abra, para que pueda empezar a desplegarse tu tesoro.
GENEEN ROTH







INTRODUCCIÓN
El maestro sufí, recientemente fallecido, Idries Shah explicaba una parábola que suelo utilizar cuando introduzco el eneagrama. Nos habla de un herrero que es encarcelado injustamente y que, al parecer de un modo milagroso, logra fugarse. Muchos años después cuando se le pregunta como lo hizo, contesta que su mujer, una tejedora, había tejido el diseño de la cerradura de su celda en la alfombra de plegarias sobre la que oraba cinco veces al día. Al darse cuenta de que la alfombra de plegarias contenía el diseño de la cerradura de su celda, hizo un trato con sus carceleros para conseguir herramientas con las que hacer pequeños objetos, los cuales luego éstos podían vender con beneficio. Mientras tanto, también utilizó las herramientas para hacerse una llave, y un día se fugó. La moraleja de la historia es que comprender el diseño de la cerradura que nos mantiene presos puede ayudarnos a confeccionar la llave que puede abrirla.

Como todas las historias de enseñanza sufí, se trata de una metáfora. Describe la condición de la mayoría de la humanidad: encarcelada en el laberinto de nuestras propias estructuras del ego. La mayoría de nosotros vivimos nuestras vidas dentro de los estrechos márgenes de aquello que consideramos somos nosotros y el mundo que nos rodea, que, desde la perspectiva de los que no están tan encarcelados, es una pequeña parte de lo que realmente tenemos a nuestra disposición. Patrones y sentimientos concretos, y más abiertamente, situaciones, se repiten una y otra vez en nuestras vidas, dando a nuestra experiencia interior un sentido de identidad. Bajo estos patrones repetitivos, encontramos convicciones fijas sobre lo que somos y el modo en que es el mundo que habitamos. Estas creencias se conformaron durante los primeros años de vida a medida que nuestra autodefinición se desarrolló en respuesta a nuestros encuentros con el entorno y aquellos que contenía, en combinación con nuestras predisposiciones innatas. Llegando a formar nuestros patrones de pensamiento y nuestras reacciones emocionales, proporcionándonos una experiencia interior consistente de nosotros mismos. El mundo que la mayoría de nosotros habitamos, interior y exterior, por lo tanto, es en gran medida un producto de nuestro pasado; por difícil que sea reconocerlo. Las trampas externas tal vez sean más sofisticadas y corrientes que las de la temprana infancia, pero el núcleo interior de lo que consideramos ser contiene los asombrosos trazos de nosotros mismos cuando teníamos dos o tres años. El elenco de personajes con los que nos encontramos en nuestras vidas puede variar, pero el modo en que nos relacionamos e interactuamos con ellos, como nos sentimos con ellos e incluso el modo en que los experimentamos, permanece más o menos constante y posee el rancio sabor de la familiaridad. Aunque no veamos barras y muros constriñéndonos, como le sucedía al herrero en la parábola de Shah, estamos realmente en la cárcel de la realidad holográfica mediante la que filtramos el mundo que nos rodea y las experiencias reales de nosotros mismos.

A menudo no reconocemos lo limitada que es nuestra experiencia de la realidad; el hecho de que habitamos un mundo que nos confina de un modo innecesario. Podemos sentir simplemente una vaga insatisfacción, una tenue sensación de vida apagada, y una falta de sentido y plenitud, a pesar de nuestros mejores esfuerzos para estar satisfechos con lo que la sociedad nos ha dicho que nos hará felices; ya sea dinero, posesiones, posición, poder, fama o relaciones. En el caso de otras personas, la sensación de llevar una vida restringida puede ser más abierta, manifestándose en forma de una dolorosa y persistente sensación de ineptitud, carencia, vacío o inutilidad. Las épocas de crisis pueden llevar estas sensaciones cerca de la superficie, proporcionándonos un atisbo de nuestro confinamiento.

Dichos atisbos son el inicio de nuestra posible escapatoria, puesto que saber que estamos en una especie de prisión puede dar paso a la posibilidad de otra alternativa. El trabajo espiritual a lo largo del tiempo nos ha dicho que la vida es algo más de lo que creemos, que nos espera un mundo más allá del que está encerrado por nuestras restricciones internas. Las distintas tradiciones espirituales no solo han expresado la amplitud de nuestra cautividad y sus puntos de vista sobre las dimensiones de la realidad que hay más allá de las anteojeras del ego, sino que también nos han mostrado muchos modos de escapar. La historia del herrero nos habla de uno de estos métodos para conseguir la libertad: comprender el diseño de lo que nos mantiene encerrados en nuestras celdas. Sin nada parecido a la alfombra de plegarias del herrero para mostrarnos el funcionamiento interno de nuestra realidad holográfica -la cerradura que nos mantiene cautivos- a menudo tenemos pocas posibilidades de escapar.

Mientras que cierto número de mapas espirituales y psicológicos delinean el ámbito del ego, ninguno que haya conocido es tan poderoso como el eneagrama, con el que he trabajado y enseñado durante prácticamente tres décadas. El eneagrama de la personalidad describe nueve personalidades o egotipos distintos, cada uno de ellos con patrones mentales, emocionales y de comportamiento característicos. También describe, si se comprende adecuadamente, cómo y porqué dichos patrones surgen cuando perdemos contacto con nuestras profundidades espirituales en la temprana infancia. Además, describe las transformaciones afectivas y de comportamiento que debe experimentar cada uno de los tipos si se compromete en un trabajo espiritual serio que tiene como resultado el volver a comunicar, paulatinamente, con dichas profundidades. Más adelante hablaremos más afondo sobre dichas dimensiones del eneagrama, puesto que forman una parte integral del verdadero uso del eneagrama tal como se concibió: como herramienta para la transformación espiritual que puede ayudarnos a ir más allá de los laberintos de la realidad egoica que describe.

La divulgación actual del eneagrama se ha centrado casi exclusivamente en los rasgos y patrones psicológicos de los tipos, por lo que es lo que la mayoría de la gente conoce del eneagrama. En particular, los escritos de Helen Palmer y Don Riso han introducido el eneagrama a gran cantidad de personas. Artículos sobre el eneagrama han aparecido en los medios de comunicación, y actualmente existen boletines y sociedades basadas en él. Está empezando a utilizarse en los negocios para tomar decisiones personales, y también empieza a utilizarse como un método de encontrar la pareja adecuada. Mientras que la atención se ha puesto básicamente en la psicología de los nueve tipos, todo este interés ha creado idealmente un público que puede ser receptivo también a sus otras dimensiones. El uso más profundo del eneagrama es señalar el camino a lo que somos más allá del nivel de la personalidad, una dimensión de nosotros mismos que es infinitamente más profunda, más interesante, más satisfactoria y más real. Este libro se ha escrito con este propósito.

Los orígenes del símbolo de las nueve facetas del eneagrama están envueltos en el misterio, probablemente porque hasta nuestra generación, las enseñanzas sobre él parecen haberse transmitido sólo oralmente. El eneagrama apareció por primera vez en Occidente a principios del Siglo XX en la obra del místico armenio, George Ivanovitch Gurdjieff, que dijo haberlo aprendido en la Hermandad Sarmoung, una orden mística de Asia Central. El biógrafo de Gurdjieff, James Moore plantea la cuestión de si Sarmoung existió en realidad, y la respuesta a esta pregunta sigue estando en el aire.1 Al intentar aclarar los orígenes del eneagrama, el cronista gurdjieffano James Webb no pudo encontrar trazas definitivas del símbolo del eneagrama, tal como la conocemos, antes de Gurdjieff.2 Únicamente encontró vagas referencias que pudieran pertenecerle en la antigüedad, y aunque señala que un símbolo de nueve caras aparece en el frontispicio de un texto jesuita de 1665, estaba compuesto de tres triángulos equiláteros y no se trata del símbolo del eneagrama que utilizamos actualmente.

Gurdjieff nos dice bastantes cosas interesantes sobre el eneagrama, que citaré con cierta amplitud puesto que tienen mucho que ver con el modo en que consideramos muchas interpretaciones y formas en que el eneagrama puede utilizarse y se utiliza hoy:
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