Con la colaboración de Hal Zina Bennett




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9. MÁS ALLÁ DE LA REALIDAD COMPARTIDA

Los mitos no dimanan de un sistema conceptual sino de un sistema vital, es decir, de un centro mucho más profundo. No debemos confundir la mitología con la ideología. Aunque nuestra mente pueda asombrarse de que haya quienes crean en este tipo de cosas, los mitos proceden del corazón y de la experiencia. El mito no señala un hecho sino que apunta más allá de éste hacia aquello que le da forma.

JOSEPH CAMPBELL, An Open Life: In Conversation with Michael Toms
Existe un tipo de experiencias transpersonales que parecen hallarse más allá del «continuum» espacio-temporal en el que discurre nuestra realidad cotidiana, un tipo de experiencias -que no suelen ser aceptadas ni estudiadas por la moderna metodología científica- que nos permite acceder al mundo de los mitos, las apariciones, la comunicación con los muertos y la facultad de ver el aura, los chakras y otras energías sutiles. En esos dominios también podemos experimentar encuentros con guías espirituales, «animales de poder» y diversas entidades infrahumanas y sobrehumanas o efectuar viajes fantásticos a universos extraordinarios.

Según Aldous Huxley, no deberíamos precipitarnos en desdeñar esta dimensión insólita como si se tratara de una mera fantasía carente de propósito. Según sus propias palabras:

Al igual que la jirafa o el ornitorrinco, las criaturas que moran en las regiones más apartadas de la mente parecen sumamente improbables. Sin embargo, existen y pueden ser observadas y, como tales, no pueden ser ignoradas por nadie que trate de comprender honestamente el mundo en que vivimos.'

En el presente capítulo exploraremos minuciosamente las regiones más remotas de la conciencia basándonos en las descripciones que nos han aportado personas que participaron en sesiones de psicoterapia experiencial. Comenzaremos con una de las áreas más controvertidas de este campo, la comunicación con los muertos.
Experiencias mediúmnicas y espiritistas

Dentro de este apartado incluimos las sesiones espiritistas, la investigación de la posible supervivencia de la conciencia después de la muerte, la comunicación telepática con parientes y amigos muertos, los contactos con entidades desencarnadas y las experiencias en el plano astral. En su vertiente más común, la gente puede ver apariciones de personas fallecidas y recibir sus mensajes. Un día después de la muerte de su esposo, por ejemplo, una mujer vio a su marido sentado en su sillón favorito de la sala de estar, quien la saludó y le preguntó cómo estaba. La mujer respondió que se encontraba bien. Él le dijo entonces dónde podría encontrar los documentos legales que necesitaba para ultimar ciertos detalles de la herencia. Esta información le resultó muy útil y le ahorró varias horas de búsqueda ya que la mujer ignoraba su paradero. Este tipo de experiencias no es infrecuente en quienes han atravesado por una experiencia cercana a la muerte (ECM), en clientes sometidos a terapia experiencia) y a sesiones psicodélicas o en el trabajo de los videntes.

Existe una vertiente más compleja de estas experiencias en la que el médium entra en un estado de trance profundo y sufre transformaciones radicales en su apariencia física. En tal caso, las posturas, los gestos y las expresiones faciales del médium adoptan formas muy extrañas, al tiempo que se producen cambios en el tono, la inflexión, el acento y la cadencia en su voz. He visto a personas en estado de trance que hablaban idiomas que desconocían y que jamás habían escuchado en su estado ordinario de conciencia. He oído a personas que hablaban en varias lenguas extrañas, les he visto escribir, pintar laboriosos cuadros y dibujar extraños signos jeroglíficos de manera automática. La iglesia espiritista de Filipinas y Brasil, inspirada en las enseñanzas de Allan Kardec, nos brinda numerosos ejemplos de este tipo de misteriosos fenómenos.

El psicólogo y psíquico brasileño Luis Antonio Gasparetto, por ejemplo, estrechamente vinculado a la iglesia espiritista, es capaz de pintar en estado de trance ligero con el estilo de numerosos pintores de todo el mundo. Hace años tuve la oportunidad de observar cómo trabajaba durante un seminario mensual que tuvo lugar en el Esalen Institute y me quedé muy impresionado tanto por su habilidad para imitar el estilo de los grandes maestros de la pintura como por la tremenda velocidad con la que trabajaba cuando «canalizaba» a los pintores difuntos. En cada sesión de trabajo llegaba a pintar un promedio de unos veinticinco lienzos.

Gasparetto puede pintar en la oscuridad más absoluta o con tina luz roja que imposibilita casi por completo la distinción de los colores. En numerosas ocasiones le he visto trabajar en dos cuadros a la vez -uno con cada mano- y, ocasionalmente, también le he visto pintar con el pie un cuadro que se hallaba bajo la mesa oculto de su propia visión. En cualquiera de los casos, no obstante, todos sus cuadros resultan estéticamente bellos y reproducen la sutileza, el color, el estilo, la forma y la composición propios del maestro fallecido.

Si las comunicaciones con entidades desencarnadas se limitaran exclusivamente a visiones y a sensaciones subjetivas y difusas no tendríamos grandes dificultades en desestimarlas como un simple producto de la imaginación o el fraude. Sin embargo, la situación suele ser bastante más compleja ya que, con frecuencia, la información que proporciona el «ser desencarnado» puede ser verificada posteriormente. Veamos, en este sentido, el siguiente ejemplo, procedente de la transcripción de una sesión experiencial de Richard, un paciente que sufría de depresión a quien ya hemos citado en el capítulo octavo.

Richard dijo que se hallaba en un espacio que tenía todas las características del plano astral. Habló de una misteriosa luminiscencia poblada de seres desencarnados que intentaban comunicarse desesperadamente con él. Aunque Richard no podía verlos ni oírlos, sentía claramente su presencia y recibía continuamente sus mensajes telepáticos. Yo tomé nota de uno de esos mensajes, uno concreto que no parecía difícil de verificar a posteriori.

Se trataba de una petición para que Richard estableciera contacto con un matrimonio que vivía en la ciudad moravia de Kromeriz y les dijera que su hijo Ladislav se encontraba perfectamente y que no necesitaba nada. El mensaje incluía el nombre del matrimonio, su dirección y su número de teléfono, datos, todos ellos, desconocidos para mí y para mi paciente. La experiencia resultó muy extraña porque no tenía absolutamente nada que ver con Richard y estaba completamente desvinculada de sus problemas habituales y de su tratamiento.

Después de ciertas dudas decidí llevar a cabo algo que me convertiría en el objeto de la burla de mis colegas si llegaran a enterarse. Marqué entonces el número de teléfono y pregunté por Ladislav pero, para mi sorpresa, la mujer que atendió la llamada rompió a llorar y, después de calmarse, me dijo con la voz quebrada por la emoción: «Nuestro hijo ya no está con nosotros. Murió hace tres semanas». 2

Veamos otro ejemplo de este tipo de experiencias que tiene que ver con mi antiguo amigo y colega Walter N. Pahnke. En 1971, Walter marchó de vacaciones a una cabaña frente al mar, en Maine, con su esposa Eva y sus hijos. Cierto día cogió su equipo de buceo pero jamás regresó del océano. El equipo de rescate organizado para buscarlo no logró encontrar rastro alguno de Walter. Para Eva resultó muy difícil aceptar e integrar la muerte de su esposo. Su último recuerdo era la imagen de Walter alejándose de la cabaña pletórico de salud y vitalidad. Le resultaba muy duro hacerse a la idea de que Walter ya no formaba parte de su vida y que debía comenzar un nuevo capítulo de su existencia con la sensación de no haber concluido el precedente.

Eva era psicóloga y se inscribió en un taller de formación en el uso terapéutico del LSD para profesionales de la salud mental organizado por nuestro instituto. Tomó esa decisión con la intención de tener una experiencia psicodélica que le permitiera hallar algunas respuestas y me pidió que yo fuera su guía. Durante la segunda parte de la sesión tuvo una visión muy clara de Walter y mantuvo un diálogo en el curso del cual recibió instrucciones muy precisas con respecto a cada uno de sus tres hijos y se sintió liberada para emprender una nueva vida, ajena a cualquier tipo de compromiso con la memoria de Walter. Fue una experiencia muy profunda y liberadora.

En el mismo momento en que Eva comenzaba a poner en duda todo el episodio como una simple maquinación de su mente, Walter reapareció para pedirle algo que ella ignoraba previamente. «A propósito -le dijo-. He olvidado una cosa. ¿Querrías hacerme el favor de devolver un libro que me prestó un amigo? Está en mi estudio del ático.» Luego le dio el nombre del amigo, el título del libro, el anaquel en el que se encontraba y el orden secuencial que ocupaba. Siguiendo al pie de la letra las instrucciones de Walter, Eva no tuvo el menor problema en localizar el libro y devolverlo.

El trabajo experiencial realizado por Eva en este estado transpersonal le permitió atravesar el duelo de la muerte de su marido de un modo que sólo hubiera logrado parcialmente tras meses y meses de una terapia exclusivamente biográfica.

Pensando posteriormente consideré que era muy propio de Walter proporcionar a Eva algún modo de verificar la veracidad de su experiencia. Durante su vida Walter había acordado con Eileen Garret, una conocida vidente que era presidenta de la American Parapsychological Association, que después de morir intentaría darle una prueba incuestionable de la existencia del más allá.

Uno de los psicólogos que participaron en nuestro seminario de formación de tres años de duración fue testigo y también sujeto de muchas experiencias transpersonales en las sesiones de Respiración Holotrópica. No obstante, a pesar de ello, seguía siendo muy escéptico con respecto a la autenticidad de esos fenómenos y continuamente se cuestionaba si realmente merecían o no una consideración especial. Cierto día, sin embargo, durante una de las sesiones holotrópicas, experimentó una sincronicidad inusual que le llevó a concluir que su anterior enfoque sobre la conciencia humana pecaba de ser excesivamente conservador.

Durante esa sesión se encontró con su abuela, que había fallecido muchos años atrás. En su niñez había estado muy unido a ella y se sintió profundamente conmovido ante la posibilidad de volver a comunicarse con ella. Pero a pesar de las profundas implicaciones emocionales de la experiencia, nuestro amigo siguió manteniendo una actitud profesionalmente escéptica. Sabía que había compartido muchas experiencias con su abuela y suponía que los antiguos recuerdos hubieran podido proporcionar la materia prima para ese encuentro imaginario.

Sin embargo, el encuentro con su abuela fallecida resultó tan emocionalmente profundo y convincente que no pudo desecharlo como un mero producto de su fantasía. Decidió entonces buscar alguna evidencia de que la experiencia no era fruto de su imaginación. Luego le pidió a su abuela una prueba de la realidad de la experiencia y recibió el siguiente mensaje: «Ve a casa de tía Anna y mira las rosas cortadas». Cuando el fin de semana visitó a su tía Anna y la encontró cortando rosas se quedó completamente estupefacto. Ése había sido el único día del año en el que su tía se había dedicado a cortar las rosas de su jardín.'

Obviamente, este tipo de experiencias no nos aportan pruebas concluyentes sobre la existencia del plano astral y los seres desencarnados, pero sugieren claramente la necesidad de que los investigadores de la conciencia les presten una atención mucho más cuidadosa.
Los fenómenos energéticos del cuerpo sutil

En los estados no ordinarios de conciencia también es posible contemplar y experimentar campos de energía que, si bien han sido descritos por las tradiciones místicas orientales, no han sido, en cambio, constatados objetivamente por la ciencia occidental. Nos estamos refiriendo a las «auras», el «cuerpo sutil», los «meridianos de la acupuntura», los «nadis», los «chakras», etcétera. Es importante recordar, a este respecto, que las tradiciones en las que se originaron estos conceptos siempre han afirmado que no se trata de experiencias propias del mundo físico sino del mundo sutil.

Hace ya muchos años que me sorprendí de que muchos occidentales, totalmente ajenos a estos sistemas filosóficos, describieran con todo hijo de detalles ese tipo de fenómenos energéticos sutiles. Hay quienes perciben campos energéticos, luminiscencias de color en torno a las personas, que coinciden con las descripciones de las auras mencionadas en los antiguos textos esotéricos. Otros experimentan en sus cuerpos el flujo de una corriente energética que discurre por conductos que se corresponden exactamente con los diagramas de los nadis y de los chakras descritos por las antiguas escrituras tántricas de la India y con los meridianos de la acupuntura de los que nos hablan los antiguos textos de medicina china.

Desde hace miles de años el ser humano ha utilizado la facultad para ver el aura como un instrumento para diagnosticar el estado general de la persona. Del mismo modo, el trabajo con las energías sutiles del cuerpo constituye una antigua tradición terapéutica. En diversas ocasiones he visto trabajar en nuestro país a Jack Schwarz, quien es capaz de «leer» en el aura el historial médico del paciente y diagnosticar adecuadamente sus enfermedades. El historial de Schwarz resulta sumamente convincente porque ha sido constatado y verificado reiteradamente bajo rigurosas condiciones de laboratorio.

El concepto de Poder Serpentino o kundalini constituye también un elemento habitual en aquellos sistemas que hacen uso de las energías sutiles. Desde el punto de vista del hinduismo y del budismo tántrico, por ejemplo, kundalini es la energía creativa del universo que, según se dice, dormita aletargada en la base de la espina dorsal y puede ser activada mediante la práctica espiritual, el contacto con un maestro o ciertas situaciones espontáneas. Cuando kundalini despierta se convierte en una energía activa, o shakti, que asciende a través de ciertos conductos sutiles (nadis) y va abriendo y activando, a su paso, los siete centros psíquicos del cuerpo sutil (chakras) que se hallan ubicados desde la base de la espina dorsal hasta la coronilla.

Esta experiencia suele ir acompañada de intensas sensaciones de calor y energía que parecen recorrer la columna vertebral. Al mismo tiempo que se produce este ascenso de la energía la persona experimenta emociones, temblores, espasmos, sacudidas, contorsiones y un amplio espectro de fenómenos transpersonales.

Durante el nacimiento del hijo de su primer matrimonio, mi esposa Christina tuvo una experiencia de este tipo que determinó decisivamente su búsqueda de sentido en el dominio transpersonal. En su preparación para el parto natural había aprendido el método respiratorio de Lamaze y, en la última fase del parto, tuvo la siguiente experiencia:

Sentí un chasquido brusco dentro de mí que pareció liberar poderosas y extrañas energías que recorrieron todo mi cuerpo. Luego comencé a temblar descontroladamente. Sentía como si la corriente eléctrica ascendiera desde la punta de los pies y atravesara mis piernas y mi columna vertebral hasta llegar a la cabeza, en cuyo interior parecía estallar en deslumbrantes mosaicos de luz blanca. Al mismo tiempo, la respiración jadeante de Lamaze fue sustituida por un extraño e involuntario ritmo respiratorio.

Fue como si me viese arrastrada por una fuerza milagrosa y terrorífica. Estaba asustada y maravillada al mismo tiempo. El temblor, las visiones y la respiración espontánea no tenían nada que ver con lo que yo esperaba después de meses de preparación al parto.'

Durante el nacimiento de su segunda hija, Sarah, Christina también tuvo sensaciones y experiencias similares pero, en esta ocasión, los médicos le administraron tranquilizantes para suprimirlas. Años después, un amigo la invitó a conocer a swami Muktananda y, aunque por aquel entonces no tenía muchas inquietudes espirituales, aprovechó, sin embargo, la ocasión para tomarse un fin de semana y poder descansar durante unos días de sus responsabilidades como esposa y madre.

Durante ese retiro Christina aprendió a meditar. De tanto en tanto, swami Muktananda les daba algunas charlas que tuvieron un profundo efecto sobre ella. Durante su segundo día de retiro tuvo la siguiente experiencia:

En una de las sesiones de meditación, Muktananda me miró y luego me presionó el entrecejo varias veces con el dedo. El impacto de ese gesto, en apariencia tan sencillo, abrió de golpe la puerta a todas las experiencias, emociones y energías que había estado reprimiendo desde el nacimiento de Sarah.

De pronto me sentí conectada a una red de alto voltaje y comencé a temblar descontroladamente. La respiración dejó de estar bajo mi control y se hizo más automática y rápida que de costumbre. Las visiones comenzaron entonces a aflorar en mi conciencia. Lloraba a lágrima viva mientras me sentía nacer y morir al mismo tiempo. Me sumí en el dolor y el éxtasis, en la fortaleza y la ternura, en el amor y el miedo, en lo más profundo y en lo más elevado. Me hallaba en una especie de montaña rusa vivencial sabiendo que el genio había salido de la botella y no podría volver a meterlo dentro de ella.'

En este tipo de experiencias kundalínicas, la persona puede romper a reír o a llorar involuntariamente, puede entonar cánticos o mantras, hablar lenguas desconocidas, emitir sonidos animales o asumir espontáneamente posturas o gestos yóguicos. El observador no iniciado puede llegar a creer que la persona se ha vuelto completamente loca y lo mismo puede parecerle a quien atraviesa esta experiencia sin una preparación adecuada. Sin embargo, cuando nos aproximamos a la experiencia del despertar de kundalini en el contexto de las tradiciones yóguicas, podemos asistir a una apertura dramática de la vida espiritual y a una expansión y ampliación de la conciencia de lo que hemos denominado el nivel transpersonal.
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