Con la colaboración de Hal Zina Bennett




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El comienzo de la aventura: Abriendo de par en par las puertas que conducen más allá de la realidad cotidiana

Hay muchos caminos que conducen a esta nueva visión de la conciencia. El mío comenzó a finales de los años cuarenta en Praga, capital de Checoslovaquia, poco después de haber terminado la enseñanza secundaria. En esa época, un amigo me prestó las Conferencias introductorias al psicoanálisis, de Sigmund Freud, y quedé muy impresionado por su profundidad y por su talento para decodificar el enigmático lenguaje de la mente inconsciente. A los pocos días terminé de leer el libro con la determinación de estudiar medicina, requisito indispensable para llegar a ser psicoanalista.

Durante mis estudios universitarios participé en un pequeño grupo dirigido por tres miembros de la International Psychoanalytic Association y trabajé como voluntario en el departamento de psiquiatría de la Charles University School of Medicine. Posteriormente, emprendí mi análisis de formación con el primer presidente de la Asociación Psicoanalítica Checoslovaca.

Pero cuanto más iba familiarizándome con el psicoanálisis mayor era mi desencanto porque las convincentes explicaciones de Freud y sus seguidores sobre el funcionamiento de la mente no parecían, sin embargo, resultar muy eficaces en el campo clínico. No alcanzaba a comprender por qué este brillante sistema teórico no conseguía resultados prácticos igualmente brillantes. En la facultad de medicina me habían enseñado que para curar una enfermedad debía comprender sus causas o, en el caso de tratarse de una enfermedad incurable, debía tomar clara conciencia de mis limitaciones terapéuticas. Ahora, en cambio, estaba comenzando a darme cuenta de que la comprensión intelectual contribuía muy poco a la resolución de los problemas psicopatológicos.

En esa época llegó un paquete a mi departamento que procedía del laboratorio farmacéutico de Sandoz, en Basilea. Se trataba de varias muestras de una sustancia psicodélica, denominada LSD-25, que Sandoz estaba enviando a los investigadores psiquiátricos del mundo entero para que estudiaran sus efectos y su posible utilidad psiquiátrica. De este modo, en 1956 me convertí en uno de los primeros sujetos experimentales de esta droga.

Mi primera sesión con LSD-25 cambió completamente el rumbo de mi vida personal y profesional. Esa experiencia, durante la cual tropecé directamente con mi inconsciente, eclipsó de inmediato todo mi interés previo por el psicoanálisis freudiano. Ante mí se desplegó un fantástico desfile de coloridas visiones, unas abstractas y geométricas y otras plenas de significado simbólico. En esa ocasión experimenté tantas emociones y con tal intensidad que jamás antes hubiera siquiera soñado que fuera posible.

Esa primera experiencia con LSD-25 formaba parte también de un experimento que trataba de determinar el efecto de las luces destellantes en el cerebro. Acepté, pues, permanecer conectado a un electroencefalógrafo que registraba mis ondas cerebrales mientras centelleaban ante mí luces de diferentes frecuencias.

Durante esta fase del experimento me sentí sobrecogido por una luz semejante al epicentro de una explosión atómica, posiblemente la misma luz sobrenatural que aparece en el momento de la muerte de la que hablan las antiguas escrituras orientales. Esta luz me catapultó fuera de mi cuerpo y mi conciencia pareció expandirse hasta alcanzar dimensiones cósmicas y perdí toda noción del investigador, del laboratorio y de cualquier otro detalle relativo a mi vida como estudiante en Praga.

Súbitamente me encontré en medio de un drama cósmico que trascendía -con mucho- mis más descabelladas fantasías. Experimenté el Big Bang, atravesé agujeros negros y agujeros blancos ubicados en los confines del universo y mi conciencia se transformó en supernovas, pulsars, cuasars y todo tipo de fenómenos cósmicos.

No tenía la menor duda de que estaba experimentando algo muy similar a las experiencias de «conciencia cósmica» de las que hablan las grandes escrituras místicas del mundo. Los tratados de psiquiatría suelen calificar a estos estados como graves manifestaciones patológicas pero yo sabía que la experiencia no era el resultado de una psicosis inducida por la droga sino el vislumbre de un mundo que trascendía la realidad cotidiana.

Hasta en los momentos más dramáticos y contundentes de la experiencia me daba cuenta de la ironía y la paradoja de la situación. Lo divino se había manifestado en mi vida en el moderno laboratorio de un país comunista, en medio de un experimento con una sustancia sintetizada en el tubo de ensayo de un químico del siglo xx.

Salí de esta experiencia profundamente conmocionado. En esa época todavía ignoraba que cualquier ser humano tiene la posibilidad de acceder a la experiencia mística. En consecuencia, atribuí mi experiencia a los efectos de la droga. De lo que no tenía la menor duda era de que esa sustancia era «el camino real al inconsciente» y, por tanto, creí que podía salvar el abismo existente entre la brillantez teórica del psicoanálisis y su falta de eficacia terapéutica, y llegué a la conclusión de que el análisis combinado con el LSD podía profundizar, intensificar y acelerar el proceso terapéutico.

En los años siguientes comencé a trabajar en el Instituto de Investigaciones Psiquiátricas de Praga y pude dedicarme a estudiar los efectos del LSD en pacientes con diversos trastornos emocionales, en profesionales de la salud mental y en artistas, científicos y filósofos que estaban seriamente interesados en someterse a la experiencia. De este modo, la investigación profundizó mi comprensión sobre el psiquismo humano, aumentó mi creatividad y facilitó el proceso de solución de problemas.

Durante la primera fase de mi investigación, la exposición cotidiana a experiencias que resultaban inexplicables según mi viejo sistema de creencias fue socavando lentamente mi antigua visión del mundo y la contundente influencia de la experiencia fue transformando gradualmente mi visión atea del mundo en una actitud profundamente mística. De este modo, el examen minucioso de los datos de la investigación iba consolidando poco a poco los atisbos que había vislumbrado en mi propia experiencia de conciencia cósmica.

Las sesiones de psicoterapia asistida con LSD me permitieron advertir la presencia de una pauta sumamente singular. Con dosis medias o bajas los sujetos se limitaban a revivir las experiencias de su infancia y de su adolescencia. Sin embargo, cuando la dosis aumentaba o la sesión se repetía, todos los pacientes iban más allá del dominio biográfico propio del psicoanálisis freudiano y experimentaban fenómenos notablemente similares a los descritos en los antiguos textos espirituales de las tradiciones orientales. Esta situación resultaba particularmente curiosa porque la mayor parte de los sujetos carecían de todo conocimiento previo sobre las filosofías espirituales orientales y yo no les había anticipado, en modo alguno, que la experiencia podía facilitarles la posibilidad de acceder a tales dominios.

Mis clientes experimentaban la muerte y el renacimiento psicológico, la unidad con toda la humanidad, la naturaleza y el cosmos. Hablaban de visiones de deidades y demonios y visitaban reinos mitológicos procedentes de culturas diferentes a la suya. Algunos decían haber experimentado «vidas pasadas» cuya exactitud histórica fue confirmada posteriormente. En las sesiones más profundas veían personas, lugares y objetos con los que jamás podían haber estado en contacto, es decir, tenían ciertas experiencias que nunca antes habían leído, visto o escuchado.

Esta investigación fue una fuente inagotable de sorpresas. Yo había estudiado religiones comparadas y tenía cierto conocimiento intelectual de este tipo de experiencias. Sin embargo, jamás hubiera sospechado que los antiguos sistemas espirituales dispusieran de una cartografía tan desconcertantemente exacta de los diferentes niveles y tipos de experiencias que se manifiestan en los estados no ordinarios de conciencia. Estaba maravillado por su contundencia, por su autenticidad y por su capacidad para transformar la visión que las personas tenían sobre su vida. Hablando francamente, eran tiempos en los que me sentía incómodo y temía enfrentarme a hechos para los cuales carecía de explicación racional y que socavaban mi sistema de creencias y mi visión científica del mundo.

Pero a medida que iba familiarizándome con las experiencias, fui aceptando también que todo lo que ocurría eran manifestaciones normales y naturales de las regiones más profundas del psiquismo humano. Cuando el proceso trascendía el material biográfico procedente de la infancia y de la adolescencia y las experiencias comenzaban a penetrar en los dominios más profundos del psiquismo humano -con todos sus matices místicos- sus consecuencias terapéuticas excedían con mucho todo lo que yo conocía. En tales casos, síntomas que habían resistido meses, o incluso años, a otros tratamientos se desvanecían poco después de que los pacientes atravesaran una experiencia tal como la muerte y el renacimiento psicológico, una visión arquetípica o una secuencia de lo que ellos mismos describían como recuerdos de vidas anteriores.
En el límite

Después de tres décadas de investigación sistemática de la conciencia humana he llegado a una conclusión que la mayor parte de los psiquiatras y de los psicólogos tradicionales encontrarán poco verosímil, cuando no francamente increíble. En la actualidad, estoy plenamente convencido de que la conciencia es algo más que un mero subproducto accidental de los procesos neurofisiológicos y bioquímicos que tienen lugar en el cerebro humano. En mi opinión, la conciencia y el psiquismo humano son expresiones y reflejos de una inteligencia cósmica que impregna la totalidad del universo y la existencia entera. No sólo somos animales altamente evolucionados que disponemos de computadores biológicos alojados en el interior del cráneo sino que también somos campos de conciencia ilimitados que trascendemos el tiempo, el espacio, la materia y la causalidad lineal.

Después de presenciar miles de sesiones en las que las personas atraviesan por estados no ordinarios de conciencia, hoy en día estoy plenamente convencido de que nuestra conciencia individual no sólo se halla directamente relacionada con el entorno inmediato que nos rodea y con diversas épocas de nuestro pasado, sino que también nos conecta con acontecimientos que trascienden, con mucho, el alcance de nuestros sentidos físicos y que se extienden hasta llegar a abarcar otros períodos de la historia, la naturaleza y el cosmos. Hace ya tiempo que renuncié a seguir negando la evidencia de nuestra capacidad para liberar las emociones y las sensaciones físicas padecidas en nuestro paso por el canal del nacimiento y para revivir episodios intrauterinos. En los estados alterados de conciencia nuestro psiquismo puede reproducir esas situaciones de una manera sumamente vívida.

En ciertas ocasiones, podemos incluso retroceder todavía más en el tiempo y experimentar secuencias procedentes de la vida de nuestros ancestros humanos y animales y presenciar acontecimientos de la vida de otras personas, otras épocas y otras culturas a las que no nos une el menor vínculo genético. Nuestra conciencia puede trascender el tiempo y el espacio, cruzar la frontera que nos separa de otras especies animales, experimentar procesos propios de reinos vegetales y minerales e incluso adentrarse en realidades mitológicas que anteriormente ignorábamos. Todas estas experiencias terminan repercutiendo poderosamente sobre nuestra filosofía y nuestra visión del mundo hasta el punto de que cada vez nos resulta más difícil compartir el sistema de creencias sustentado por la cultura industrial y las creencias filosóficas de la ciencia occidental.

Así pues, si bien había comenzado mi investigación siendo un materialista y un ateo recalcitrante, pronto me vi obligado a aceptar el hecho de que las dimensiones espirituales constituyen un elemento clave del psiquismo humano y del esquema universal de las cosas. El cultivo y la toma de conciencia de estas dimensiones constituye una faceta esencial y positiva de nuestra existencia que podría, incluso, ser un factor decisivo para nuestra supervivencia en el planeta.

El estudio de los estados no ordinarios de conciencia me ha permitido aprender que muchas de las condiciones que la psiquiatría corriente considera extrañas y patológicas son, en realidad, manifestaciones perfectamente naturales de la dinámica profunda del psiquismo humano. En muchos casos, la emergencia de estos elementos en la conciencia puede deberse al esfuerzo efectuado por el organismo para liberarse de los vínculos y las limitaciones traumáticas, curarse a sí mismo y alcanzar un nivel de funcionamiento más armónico.

Pero, por encima de todo, la investigación sobre la conciencia realizada durante las últimas tres décadas me ha convencido de que nuestros modelos científicos habituales del psiquismo humano resultan inadecuados para explicar gran parte de los nuevos hechos y observaciones de la ciencia y suelen convertirse en una camisa de fuerza conceptual que hace inútiles -e incluso contraproducentes- muchos de nuestros esfuerzos teóricos y prácticos. La aceptación de los datos que desafían las creencias y los dogmas tradicionales siempre ha sido una característica fundamental de la buena ciencia y un motor del progreso. Los verdaderos científicos no confunden las teorías con la realidad y no intentan dictaminar cómo debe ser la naturaleza. No nos compete a nosotros decidir -en base a ciertas ideas preconcebidas- qué es lo que puede y qué es lo que no puede hacer el psiquismo humano. Para llegar a descubrir la mejor forma de colaborar con el psiquismo debemos comenzar prestando atención a su verdadera naturaleza.

No cabe la menor duda de que necesitamos una nueva psicología, una psicología que esté más en consonancia con los descubrimientos realizados por la nueva investigación sobre la conciencia, una psicología que nos permita profundizar la imagen del cosmos que nos proporcionan los últimos descubrimientos realizados por las ciencias físicas. Para investigar las nuevas fronteras de la conciencia es preciso ir más allá de los métodos exclusivamente verbales de recogida de datos psicológicos relevantes. En todas las épocas, la experiencia de los dominios más remotos del psiquismo ha sido calificada de «inefable» por la inadecuación de cualquier tipo de descripción verbal. Es por ello que nos vemos obligados a buscar enfoques alternativos que nos permitan acceder a los niveles más profundos del psiquismo sin tener que recurrir al lenguaje. Uno de los motivos que justifican esta necesidad descansa en el hecho de que muchas de las experiencias que ocurren en los rincones más profundos del psiquismo son intrínsecamente no verbales o tienen su origen en fases anteriores al desarrollo del lenguaje -en el útero, en el momento de nuestro nacimiento o en nuestra infancia más temprana-. Este hecho constituye un extraordinario acicate para el desarrollo de nuevos proyectos, instrumentos y metodologías de investigación que nos permitan llegar a desvelar la naturaleza profunda del psiquismo humano y de la realidad.

La información que presentamos en este libro está extraída de varios miles de experiencias no ordinarias de diferentes tipos. La mayor parte de ellas proceden de sesiones psicodélicas y holotrópicas que he dirigido y asistido en Estados Unidos y Checoslovaquia, de talleres de formación realizados en todo el mundo y de sesiones realizadas por colegas que compartieron conmigo sus observaciones. Por otra parte, también he trabajado con personas que estaban atravesando crisis psicoespirituales y, a lo largo de los años, he experimentado personalmente muchos estados no ordinarios de conciencia mediante la psicoterapia experiencial, las sesiones psicodélicas, los rituales chamánicos y la meditación. Los seminarios de un mes de duración que mi esposa Christina y yo hemos dirigido en el Instituto Esalen, en Big Sur, California, nos han permitido un intercambio excepcionalmente rico con antropólogos, parapsicólogos, tanatólogos, psíquicos, chamanes y maestros espirituales que han terminado convirtiéndose en verdaderos amigos. Agradezco a todos ellos la oportunidad que me han brindado para ubicar mis propios descubrimientos en el contexto interdisciplinar e intercultural más adecuado.

El enfoque experiencial que utilizamos actualmente para inducir estados alterados de conciencia y para acceder al psiquismo inconsciente y superconsciente es la Respiración Holotrópica,' una técnica que hemos desarrollado con Christina durante los últimos quince años. Este proceso aparentemente simple que combina la respiración, la música evocativa y otras formas de sonido, trabajo corporal y expresión artística, se ha revelado extraordinariamente eficaz para abrir las puertas a la exploración de todo el espectro del mundo interno. También hemos diseñado un programa de entrenamiento global que nos ha permitido formar a varios centenares de especialistas que hoy en día dirigen este tipo de talleres en diversas partes del mundo. Quienes estén interesados seriamente en recorrer los caminos descritos en este libro no tendrán, pues, dificultad alguna en encontrar la posibilidad de investigarlos experimentalmente en un contexto seguro y bajo la dirección de un guía experto.

El material que presentamos procede de unas veinte mil sesiones de Respiración Holotrópica® realizadas con personas procedentes de diferentes países y profesiones y de las más de cuatro mil sesiones de terapia psicodélica que dirigí durante las primeras fases de la investigación. El estudio sistemático de los estados no ordinarios de conciencia me ha demostrado más allá de toda duda que la comprensión tradicional de la personalidad humana -limitada a la biografía posnatal y el inconsciente individual freudiano- es lamentablemente estrecha y superficial. Para poder explicar los extraordinarios hallazgos que nos proporcionan la investigación es necesario partir de un modelo más amplio del psiquismo humano y utilizar una nueva forma de pensar sobre la salud y la enfermedad mental.

En los siguientes capítulos describiré las conclusiones de nuestro dilatado trabajo con los niveles no ordinarios de conciencia, una nueva cartografía del psiquismo humano que resulta muy provechosa para el trabajo cotidiano. Esta cartografía muestra los diferentes tipos y niveles de experiencia a los que se accede en ciertos estados especiales de la mente que parecen ser expresiones normales del psiquismo humano. De este modo, junto al nivel biográfico tradicional que contiene material procedente de nuestra niñez, infancia, adolescencia, etcétera, este mapa del espacio interno también incluye dos dominios adicionales importantes, 1) el nivel perinatal del psiquismo que, como su nombre indica, está relacionado con las experiencias asociadas al trauma del nacimiento biológico, y 2) el nivel transpersonal, que trasciende, con mucho, los límites ordinarios de nuestro cuerpo y de nuestro ego y conecta directamente nuestro psiquismo individual con el inconsciente colectivo junguiano y el universo en general.

Al comienzo de mis investigaciones con el LSD creí que estaba creando un nuevo mapa del psiquismo pero, a medida que proseguía mi trabajo, cada vez me resultaba más evidente que el nuevo mapa no era tan nuevo. Comprendí entonces que estaba redescubriendo un conocimiento de la conciencia humana que nos había acompañado a lo largo de siglos e incluso milenios. Comencé entonces a descubrir sus extraordinarias similitudes con el chamanismo, las grandes filosofías espirituales de Oriente, las diversas escuelas budistas y taoístas, las ramas místicas del judaísmo, el cristianismo, el islam y muchas otras tradiciones esotéricas de todas las épocas.

La profunda relación existente entre mi investigación y el conocimiento que nos brindan las antiguas tradiciones espirituales me proporcionaron una convincente validación de esa visión atemporal que el filósofo y escritor Aldous Huxley denominara «filosofía perenne». Me di cuenta de que los nuevos descubrimientos obligaban a la ciencia occidental a revisar los prejuicios que hasta entonces la habían llevado a rechazar y a ridiculizar incluso -con su juvenil hvbris- lo que los antiguos tenían que ofrecerle. Espero que la vieja/nueva cartografía descrita en este libro demuestre su utilidad como guía para quienes se decidan a atravesar las fronteras de la conciencia y emprender un viaje hacia los dominios más profundos del psiquismo humano. Los pormenores concretos de cada viaje interno son únicos pero todos comparten ciertos rasgos fundamentales. El hecho de que otras personas hayan atravesado sin riesgos territorios nuevos y potencialmente aterradores constituye una garantía nada desdeñable para quienes estén dispuestos a adentrarse en esta extraordinaria aventura.

Desvelando los misterios de la infancia y de la adolescencia

El primer dominio del psiquismo que suele aparecer en la terapia experiencial es el nivel biográfico o recordatorio, un nivel en el que nos encontramos con recuerdos procedentes de nuestra temprana infancia y de nuestra adolescencia. Según la moderna psicología científica, nuestra vida emocional actual ha sido modelada, en gran medida, por los acontecimientos que vivimos en el período «formativo», es decir, en los años que transcurrieron antes de que aprendiéramos a articular nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. En este sentido, la calidad de los cuidados maternales, la dinámica de nuestra familia y las experiencias traumáticas y nutricias que vivimos en esa época desempeñan un papel muy importante en la configuración de nuestra personalidad.

El reino biográfico suele ser el dominio más accesible y, por tanto, más familiar, de nuestro psiquismo. No obstante, los métodos cotidianos del recuerdo no siempre nos permiten acceder a los acontecimientos importantes de nuestra vida temprana. Quizás nos resulte fácil recordar tiempos felices, pero los traumas y las raíces profundas de nuestros miedos y de nuestras dudas resultan extraordinariamente elusivos porque se hallan sepultados en una región del psiquismo conocida como «inconsciente individual», y permanecen ocultos mediante un proceso que Sigmund Freud denominó «represión». El trabajo pionero de Freud reveló la posibilidad de acceder al inconsciente y liberar, así, el material emocional reprimido gracias al análisis sistemático de los sueños, las fantasías, los síntomas neuróticos, los lapsus linguae, la conducta cotidiana y otros aspectos de nuestra vida.

Freud y sus seguidores demostraron la existencia de la mente inconsciente mediante la «asociación libre», una técnica, muy difundida en la actualidad, que consiste en comentar lo que nos venga a la mente y permitir que las palabras, las imágenes mentales y los recuerdos fluyan libremente sin ningún tipo de censura. Pero esta técnica, al igual que otras aproximaciones exclusivamente verbales, pronto demostró ser una herramienta de investigación relativamente débil. A mediados de este siglo surgió una nueva disciplina, denominada «psicología humanista», que recurría al «trabajo corporal» e invitaba a la expresión plena de las emociones dentro del marco seguro del encuadre terapéutico. Esta aproximación «experiencial» aumentó la eficacia del trabajo en el nivel biográfico. Sin embargo, al igual que ocurría con las técnicas verbales, estas nuevas aproximaciones también se llevaban a cabo en estados ordinarios de conciencia.

La utilización terapéutica de los estados no ordinarios de conciencia que vamos a explorar en este libro arroja nueva luz sobre el material biográfico. El trabajo con los estados no ordinarios de conciencia ratifica, por una parte, las afirmaciones de la psicoterapia tradicional y nos abre, por la otra, las puertas a nuevas posibilidades que nos proporcionan una información revolucionaria sobre la naturaleza de nuestra vida. Para el psicoanálisis y otras disciplinas afines, descubrir recuerdos reprimidos de la niñez y de la infancia puede suponer meses, o incluso años, de trabajo, pero la Respiración Holotrópica®, por su parte, nos permite acceder a estados no ordinarios de conciencia en los que el material biográfico significativo procedente de nuestra temprana infancia emerge a la superficie desde las primeras sesiones. De este modo, las personas no sólo tienen acceso a recuerdos procedentes de su niñez y de sus primeros años sino que también suelen conectar vívidamente con su nacimiento, la vida del feto e, incluso, aventurarse en dominios de la experiencia que se hallan todavía más allá de su vida intrauterina.

Este trabajo nos proporciona, además, una ventaja adicional. En lugar de limitarse a recordar los acontecimientos más tempranos de nuestra vida o de reconstruirlos a partir de pequeños fragmentos procedentes de nuestros sueños y de nuestros recuerdos, los estados no ordinarios de conciencia nos proporcionan la posibilidad de revivirlos. De este modo, podemos volver a tener dos meses -o menos todavía- y experimentar nuevamente todas las cualidades emocionales, sensoriales y físicas de la vivencia. En tal caso, experimentamos nuestro cuerpo como el cuerpo de un niño y nuestra percepción de la circunstancia que nos rodea es primitiva, ingenua e infantil. Todo es experimentado con una inusual viveza y claridad. Hay buenas razones para creer que estas experiencias se remontan incluso al nivel celular.

Durante las sesiones experienciales con Respiración Holotrópica®, es sorprendente ver la intensidad con la que las personas son capaces de acceder a las experiencias más tempranas de su vida. No es inusual verlos cambiar de apariencia y comportarse como si realmente tuvieran esa edad. Quienes regresan a la infancia adoptan expresiones faciales, posturas corporales, gestos y conductas de niños pequeños. Aunque las experiencias muy tempranas incluyen la salivación y los movimientos automáticos de succión, lo más notable, sin embargo, es la presencia de reflejos neurológicos propios de esa edad, reflejos de succión al más leve contacto con los labios y otros reflejos neurológicos axiales característicos de esa edad.

Uno de los hallazgos más dramáticos en personas que regresan a estadios muy tempranos de su infancia es la presencia del reflejo de Babinski. Para comprobar este reflejo -que forma parte de la batería de pruebas neurológicas de los pediatras- hay que presionar la planta del pie de los niños con un objeto punzante. Los más pequeños reaccionan extendiendo y abriendo los dedos ante este estímulo mientras que los mayores, por el contrario, los flexionan. Los mismos adultos que reaccionan positivamente a esta prueba en los momentos en que parecen estar reviviendo su infancia, reaccionan negativamente a ella, en cambio, cuando reviven períodos posteriores de su vida y, como es de esperar, presentan respuestas de Babinski normales cuando regresan al estado de conciencia ordinario.

Existe otra diferencia importante entre la exploración del psiquismo en estadios no ordinarios de conciencia y su exploración en condiciones normales. En los estados no ordinarios existe una selección automática del material inconsciente con mayor carga y relevancia emocional. Es como si una especie de «radar interno» escrutara el psiquismo y el cuerpo en busca de los elementos más importantes y los trajera a nuestra mente consciente. Este hecho tiene una importancia incalculable tanto para el terapeuta como para el cliente, ya que nos evita la tarea de tener que decidir qué temas son importantes y cuáles no. Este tipo de decisiones normalmente están sesgadas porque dependen de nuestro sistema de creencias particular, de nuestra formación o de nuestro acuerdo o desacuerdo con alguna de las distintas escuelas de psicoterapia.

Así pues, los estados no ordinarios de conciencia parecen disponer de una especie de radar que nos revela aspectos del reino biográfico que previamente habían pasado desapercibidos en nuestra exploración de la conciencia humana. Uno de los descubrimientos más importantes en este sentido es el del impacto de los primeros traumas físicos en nuestro desarrollo emocional. El sistema de radar no sólo trae a la superficie el recuerdo de traumas emocionales sino que también nos presenta el recuerdo de acontecimientos amenazantes para la supervivencia o la integridad de nuestro cuerpo físico. Uno de los principales beneficios inmediatos que se derivan de este trabajo consiste en la liberación de las emociones y de los sistemas de tensión que permanecen almacenados en el cuerpo como consecuencia de estos traumas tempranos. En este sentido, los problemas asociados con la respiración, como la difteria, la tosferina, la neumonía o el riesgo de perecer ahogado, por ejemplo, desempeñan un papel especialmente importante.

La psiquiatría tradicional considera que este tipo de traumas físicos puede provocar lesiones cerebrales pero no llega a reconocer su inmenso impacto sobre el nivel emocional. Sin embargo, quienes reviven experimentalmente sus traumas físicos no tienen la menor duda en reconocer las cicatrices que esos acontecimientos han dejado en su psiquismo. También resulta fácil, en ese estado, tomar conciencia de la influencia de esos traumas sobre ciertas enfermedades psicosomáticas, como el asma, la migraña, la depresión, las fobias o, incluso, las tendencias sadomasoquistas. Por su parte, la expresión de estos traumas y su elaboración posterior suele tener un efecto terapéutico que proporciona un alivio temporal o permanente de los síntomas y una sensación de bienestar insospechada hasta ese momento.
Sistemas COEX: La llave de nuestro destino

Otro descubrimiento importante de nuestra investigación es que los recuerdos de las experiencias emocionales y físicas no se hallan almacenados en el psiquismo de manera aislada y fragmentaria sino que configuran complejas constelaciones, a las que denominamos Sistemas COEX ("systems of condensed experience" [sistemas de experiencia condensada]). Cada sistema COEX contiene recuerdos cargados emocionalmente procedentes de diferentes períodos vitales unidos por el denominador común de compartir la misma cualidad emocional o la misma sensación física. Cada COEX, pues, contiene numerosos estratos, pero todos ellos se refieren a temas, sensaciones y cualidades emocionales muy concretos. En la mayor parte de los casos, los distintos estratos corresponden a los diferentes períodos de la vida de la persona.

Cada COEX se caracteriza por un tema propio. Una constelación COEX, por ejemplo, puede contener todos los recuerdos humillantes, degradantes o vergonzosos mientras que el denominador común de otro COEX puede ser el terror a las experiencias claustrofóbicas y contener experiencias de asfixia y sensaciones asociadas a la opresión. Otro motivo COEX muy frecuente es el rechazo y la de privación emocional que nos lleva a desconfiar de los demás. Son también particularmente importantes los sistemas COEX que se refieren a experiencias que amenazaron nuestra vida o los recuerdos en los que nuestro bienestar físico se hallaba seriamente en peligro.

Sería demasiado sencillo extraer la conclusión precipitada de que todos los sistemas COEX contienen material doloroso, pero lo cierto, sin embargo, es que los sistemas COEX constelan también experiencias positivas, experiencias de paz, beatitud o éxtasis que contribuyen a modelar nuestro psiquismo.

En los primeros estadios de mi investigación yo creía que los sistemas COEX gobernaban fundamentalmente los aspectos del psiquismo conocidos como inconsciente individual. Al mismo tiempo, trabajaba con la premisa -aprendida durante mi época de formación psiquiátrica- de que el psiquismo es un producto exclusivo de la educación, es decir, del material biográfico que se halla almacenado en nuestra mente. Pero en la medida en que iba aumentando y enriqueciendo mi experiencia con los estados no ordinarios de conciencia comprendí que las raíces de los sistemas COEX se remontan mucho más atrás de lo que nunca hubiera imaginado.

Cada constelación COEX parece hallarse vinculada a un aspecto muy concreto de la experiencia del nacimiento. Como iremos viendo a lo largo de los siguientes capítulos, las experiencias del nacimiento, tan ricas y complejas en emociones y sensaciones físicas, contienen los temas fundamentales de todos los sistemas COEX concebibles. Por otra parte, los sistemas COEX pueden arraigar más allá de la experiencia perinatal y hundir sus raíces en la vida prenatal o en regiones transpersonales tales como las experiencias de vidas pasadas, los arquetipos del «inconsciente colectivo» y la identificación con otras formas de vida y procesos del universo. Mi experiencia y mi investigación me han llevado al convencimiento de que los sistemas COEX no sólo coordinan el funcionamiento de nuestro inconsciente individual, como creía anteriormente, sino que incluso pueden llegar a organizar todo nuestro psiquismo.

Los sistemas COEX afectan a toda nuestra vida emocional, influyendo en el modo en que nos percibimos a nosotros mismos, a los demás y al mundo que nos rodea. En este sentido, constituyen la fuerza dinámica que subyace a nuestros síntomas emocionales y psicosomáticos y son los responsables de las dificultades de relación con nosotros mismos y con los demás. Existe una constante interrelación entre los sistemas COEX de nuestro mundo interno y los acontecimientos del mundo externo. Los acontecimientos externos pueden reestimular los COEX que se hallan en nuestro interior y, al mismo tiempo, los sistemas COEX pueden contribuir a modelar nuestra percepción del mundo y, a través de ella, nuestra acción puede favorecer la aparición de situaciones externas que reflejen las pautas de nuestros sistemas COEX. Dicho de otro modo, nuestras percepciones pueden funcionar como un guión complejo mediante el cual recreamos temas fundamentales de nuestros sistemas COEX en el mundo externo.

Ejemplificaremos a continuación la función de los sistemas COEX en nuestra vida con la historia de un hombre, al que llamaremos Peter, un profesor de treinta y siete años de edad que había sido tratado sin éxito antes de someterse a terapia psicodélica en Praga. Su dramática experiencia, por otra parte sumamente ilustrativa, tiene que ver con una época oscura de la historia de la humanidad y, quizás por ello, pueda resultar un tanto desagradable para el lector. No obstante, la historia es sumamente interesante en el contexto de nuestro tema porque nos ayuda a comprender la dinámica de los sistemas COEX y nos abre la posibilidad de liberarnos emocionalmente de los sistemas que nos causan dolor y sufrimiento.

En la época en la que comenzamos las sesiones experienciales, Peter apenas si podía llevar a cabo las actividades propias de su vida cotidiana. Estaba obsesionado con la idea de encontrarse con un hombre de cierta apariencia física, preferiblemente vestido de negro. Quería hacerse amigo de ese hombre y expresarle su urgente necesidad de ser encerrado en una oscura celda y ser sometido a torturas físicas y psicológicas. Era incapaz de pensar en ninguna otra cosa y vagaba sin rumbo por la ciudad visitando parques públicos, urinarios, bares y estaciones de ferrocarril en busca del «hombre adecuado».

En varias ocasiones logró persuadir a algunos hombres para llevar a cabo su deseo, pero su especial habilidad para tropezar con personas con rasgos sádicos le llevó a ser robado, maltratado e incluso, en dos ocasiones, a punto de ser asesinado. Las pocas veces en las que había logrado realizar su deseo, la experiencia fue sumamente desalentadora pues se sentía muy atemorizado y a disgusto con las torturas que padecía. Peter sufría depresiones suicidas, impotencia sexual y eventuales ataques epilépticos.

A medida que nos sumergimos en su historia personal, fui descubriendo que sus problemas habían comenzado a aparecer mientras trabajaba en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, en donde fue obligado a realizar un trabajo esclavizante y sumamente peligroso. Durante esa época dos oficiales de las SS le forzaron a punta de pistola a realizar prácticas homosexuales. Cuando finalizó la guerra y Peter y su familia fueron liberados siguió, no obstante, buscando relaciones homosexuales en las que desempeñaba un papel pasivo, lo cual le condujo a fetichizar las ropas negras y la obsesión que hemos descrito.

En sus esfuerzos por solucionar el problema, Peter se sometió a quince sesiones consecutivas de terapia psicodélica. Durante este proceso salió a la luz un importante sistema COEX que nos proporcionó la clave para resolver definitivamente sus problemas. Como era de esperar, en los estratos más superficiales de este COEX nos encontramos con las experiencias traumáticas recientes.

Un estrato más profundo de este sistema COEX albergaba los recuerdos de la época del Tercer Reich. En las sesiones experienciales Peter revivió las terribles vejaciones a las que había sido sometido por los oficiales de las SS y pudo comenzar a advertir los complejos sentimientos relacionados con estos eventos. Asimismo revivió también otros recuerdos traumáticos de la guerra vinculados con la atmósfera opresiva de ese horrible período histórico. Revivió así ostentosos desfiles y manifestaciones militares, banderas con esvásticas, estandartes con ominosas águilas y escenas de campos de concentración, por nombrar sólo algunos de sus recuerdos.

Pero por debajo de este estrato, el sistema COEX contenía recuerdos profundamente sepultados en los que revivió las múltiples ocasiones en las que había sido castigado brutalmente por su padres, especialmente por un padre alcohólico que, cuando estaba ebrio, se convertía en una persona violenta y solía golpear a Peter con una larga fusta de cuero. Su madre también solía castigarle encerrándole en un sótano oscuro sin agua ni alimento durante varias horas. Peter no podía recordar otra ropa más que la de color negro. En ese momento descubrió la pauta de sus obsesiones y reconoció que sus deseos giraban en torno a todos los elementos de castigo que habían acompañado a esas experiencias infantiles.

Peter prosiguió con su exploración experiencial de este sistema COEX y llegó a revivir el trauma de su nacimiento. Entonces aparecieron vívidos recuerdos de esa época -que, una vez más, giraban en torno a la brutalidad física-. Esos recuerdos fueron revelando poco a poco y de manera espontánea las pautas y modelos básicos de todos los elementos sádicos que parecían haber gravitado sobre toda su vida y recordó espacios cerrados y oscuros, situaciones de confinamiento físico y torturas físicas y emocionales.

Pero a medida en que iba reviviendo el trauma del nacimiento, Peter comenzó también a liberarse de sus obsesiones. El hecho de haber localizado finalmente el origen fundamental de sus sistemas COEX claves parecía contribuir a desmantelarlos. Así fue como, después de liberarse de los síntomas, pudo comenzar a disfrutar de la vida.

Aunque el descubrimiento de la importancia psicológica de los traumas físicos ha agregado dimensiones importantes al amplio reino biográfico del psiquismo, este trabajo, no obstante, permanece confinado a un territorio aceptado y conocido por la psicología y la psiquiatría tradicional. Mi investigación -y la de muchos otros- acerca de los estados no ordinarios de conciencia me ha conducido, sin embargo, a territorios del psiquismo que la ciencia y la psicología occidental están sólo comenzando a explorar. Es por ello que la investigación sistemática y abierta de estos dominios puede tener consecuencias extraordinariamente importantes no sólo para la investigación psiquiátrica de la conciencia humana sino también para la filosofía de la ciencia y, lo que es más, para toda la cultura occidental.'

El tiempo que las personas invierten en explorar su temprana infancia en estados no ordinarios de conciencia varía considerablemente. No obstante, si siguen trabajando, más tarde o más temprano terminan trascendiendo los dominios de la historia individual y penetrando en territorios completamente nuevos que, aunque ignorados por la psiquiatría académica occidental, no son completos desconocidos para la humanidad sino que, por el contrario, han sido valorados y estudiados sistemáticamente por las antiguas culturas preindustriales desde los mismos orígenes de la historia.

Cuando nos aventuramos más allá de los acontecimientos biográficos de la temprana infancia penetramos en un reino de la experiencia ligado al trauma del nacimiento biológico. En ese nuevo territorio experimentamos emociones y sensaciones físicas de tal intensidad que superan, con mucho, lo que consideramos humanamente posible. Ahí nos encontramos con emociones extremas y polares, una extraña combinación de vida y de muerte -dos aspectos no tan diferentes de la experiencia humana- en la que la sensación de peligro inminente va acompañada de una desesperada lucha por la supervivencia.

La mayor parte de las personas identifican esta experiencia con el trauma del nacimiento biológico. Es por ello que he calificado a este dominio del psiquismo con el nombre de reino perinatal. Este término es una palabra de origen grecolatino compuesta del prefijo peri, que significa «cerca», o «alrededor», y de la palabra natalis, «perteneciente al nacimiento». En la terminología médica, el término perinatal suele utilizarse con frecuencia para describir el proceso biológico que tiene lugar poco antes, durante e inmediatamente después del momento del nacimiento. No obstante, la medicina tradicional rechaza la posibilidad de que el niño tenga la capacidad de registrar en su memoria las experiencias que rodean a su nacimiento. Es por ello que la psiquiatría tradicional no utiliza este término y que mi empleo de él en el contexto de la conciencia -fruto de mis investigaciones al respecto- sea inusual.

La exploración de los estados no ordinarios de conciencia nos proporciona evidencia indiscutible de que los recuerdos de la experiencias perinatales permanecen realmente almacenados en nuestro psiquismo, a menudo en un nivel celular profundo. Existen personas sin el menor conocimiento intelectual de su nacimiento que han sido capaces de rememorar, con extraordinaria riqueza de detalles, acontecimientos ligados a esa época de su vida (como el uso de fórceps, un parto de nalgas o las primeras reacciones de su madre, por ejemplo) que fueron confirmados objetivamente, de manera reiterada, por los registros del hospital o por el recuerdo de los adultos que presenciaron el acontecimiento.

Las experiencias perinatales contienen ciertas emociones y sensaciones primitivas, tales como la ansiedad, la agresividad biológica, el dolor físico y el ahogo, por ejemplo, que se hallan típicamente asociadas con el proceso del nacimiento. Las personas que reviven la experiencia de su nacimiento también suelen recrear exactamente -con la postura y los movimientos de su cuerpo- la mecánica de su propio parto biológico. Este fenómeno se presenta tanto en aquellas personas que han estudiado u observado el proceso del nacimiento como en aquellas otras que lo ignoran todo al respecto. También pueden aparecer sobre la piel contusiones, hinchazones y otro tipo de fenómenos vasculares espontáneos en aquellos lugares en los que se aplicó el fórceps, en los que el canal del nacimiento presionó su cabeza o en los que el cordón umbilical estranguló su garganta, pormenores, por otra parte, que suelen ser corroborados por los informes médicos o las personas que asistieron al parto.

Pero las experiencias perinatales tempranas no se encuentran circunscritas al proceso del nacimiento, ya que los recuerdos perinatales más profundos también pueden proporcionarnos una puerta de acceso a lo que Jung denominaba inconsciente colectivo. Mientras estamos reviviendo el paso a través del canal del nacimiento también podemos identificamos con acontecimientos experimentados por personas pertenecientes a otros tiempos y otras culturas e, incluso, con el proceso del nacimiento experimentado por animales o figuras mitológicas. También podemos sentimos profundamente vinculados con quienes han sufrido abusos, cárcel, torturas o algún tipo de persecución. Es como si la conexión con la experiencia universal de la lucha del feto por nacer nos uniera, de una forma casi mística, con todos los seres que atraviesan, o han atravesado, circunstancias similares.

Los fenómenos perinatales manifiestan cuatro pautas experienciales diferentes a las que denomino Matrices Perinatales Básicas (MPB). Cada una de ellas está estrechamente relacionada con uno de los cuatro períodos consecutivos del parto biológico. En cada uno de estos estadios el niño atraviesa una serie de experiencias que se caracterizan por la presencia de emociones, sensaciones físicas e imágenes simbólicas concretas, lo cual supone la presencia de matrices psicoespirituales muy individualizadas que modelan nuestra experiencia vital.

Estas pautas también se reflejan en la psicopatología individual y social y en la religión, el arte, la filosofía, la política y todos los órdenes de la vida. De este modo, los estados no ordinarios de conciencia pueden permitimos acceder a esos moldes y ayudarnos a comprender con mucha mayor claridad las fuerzas que determinan nuestra vida.

La primera matriz, MPB I, a la que podemos llamar «Universo Amniótico», se refiere a las experiencias intrauterinas previas al comienzo del parto. La segunda matriz, MPB II, u «Opresión Cósmica, o Sin Salida», pertenece a las experiencias que tuvieron lugar entre el momento en que comienzan las contracciones y el momento en que tiene lugar la apertura del cuello de la matriz. La tercera matriz perinatal, MPB III, «Lucha por la Muerte y Renacimiento», está relacionada con la experiencia de atravesar el canal del nacimiento. La cuarta matriz, MPB IV, por último, tiene que ver con la experiencia de abandonar el cuerpo de la madre. Cada una de las distintas matrices perinatales tiene sus aspectos biológicos, psicológicos, arquetípicos y espirituales concretos.

En los próximos cuatro capítulos exploraremos el desarrollo natural de las matrices perinatales. Cada uno de ellos comienza con un relato personal que describe las experiencias propias de esa matriz, luego pasamos a estudiar los fundamentos biológicos de la experiencia, la forma en que se traduce en un determinado símbolo en el interior de nuestro psiquismo y la manera en que ese símbolo termina moldeando nuestra vida.

Deberíamos también advertir, por último, que el proceso de autoexploración no sigue necesariamente el orden secuencial natural del proceso del nacimiento sino que nuestro propio radar interno va seleccionando el material perinatal de acuerdo a un orden muy individualizado. No obstante, por motivos de simplicidad expositiva, presentaremos los siguientes cuatro capítulos siguiendo el orden biológico natural.
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