El Desarrollo Económico de América Latina desde la independencia”




descargar 244.36 Kb.
títuloEl Desarrollo Económico de América Latina desde la independencia”
página3/7
fecha de publicación30.01.2016
tamaño244.36 Kb.
tipoDocumentos
b.se-todo.com > Derecho > Documentos
1   2   3   4   5   6   7

IV. DESARROLLO PRIMARIO EXPORTADOR 1870-1929

Son estas materias primas, antes señaladas, las que van a ser depender en primer lugar, la disputa entre estadunidenses y europeos por controlar la extracción y comercialización de estos bienes. También generó conflicto las IED norteamericanas en México, Centroamérica, el Caribe y el norte de América del sur, así como las IED expresadas en la United Fruit Company, la Sugar Company, la Tripical Oil Company19, la Stándar Oil (nunca señaladas por Bértola y Ocampo), y las IED en petróleo en México, Venezuela y Bolivia, el cobre en Chile y el estaño en Bolivia, el caucho en Brasil, etc. Las guerras que ya señalamos en América del Sur, a finales del siglo XIX y en las tres primeras décadas del siglo XX también son expresiones del conflicto inter-imperialista en la región. En segundo término, el movimiento de población, el cual dicen Bértola y Ocampo: “América Latina absorbió cerca de la quinta parte de los 62 millones de personas que emigraron de Europa y Asia entre 1820 y 1930” (citando a Hatton y Williamson, 1994 y 2005) (P. 105), lo cual tiene que ver con las inestabilidades políticas de Europa, sus guerras, revoluciones y la necesidad de encontrar tierras fértiles, climas templados, agricultura y ganadería rentable. Eso es lo que descubren los barcos “golondrinas” cargados de campesinos italianos, españoles y franceses, que cada año llegaban a la Argentina para las cosechas. Ahora si podemos mencionar el razonamiento de Bértola y Ocampo, en tanto que “la expansión de la frontera agraria productora de bienes de clima templado podía atraer mano de obra europea, a la que se pagaban salarios relativamente altos. Ése no fue el caso de los productos de bienes de clima tropical, que competían con Asia y África, regiones con abundancia de mano de obra que se reproducían con bajos niveles de vida” (P. 113). Dos elementos hay que agregar a este razonamiento: en primer lugar, la característica cerrada de las economías asiáticas (Japón y China) durante el siglo XIX y la disputa por el nuevo reparto de África por parte de los europeos (Inglaterra, Francia, Alemania e Italia). En segundo término, hay que tener en cuenta el racismo que reinaba en América Latina, en donde se creía que la modernidad y la industrialización sólo podrían darse blanqueando la población. Esto lo afirmaban varios políticos latinoamericanos, entre ellos en Argentina, Domingo Faustino Sarmiento20: decía que este país estaba llamado a ser desarrollado, porque no tenía población indígena, ni mestiza, lo cual lo hacía más capacitado para el trabajo, por la mejor salud y preparación de su población de emigrantes europeos. Estos pruritos racistas van a agudizar en la década de los treintas, con el ascenso al poder de los nazis en Alemania, Italia y de alguna manera con la derrota de los republicanos en España, las concepciones del desarrollo económico latinoamericano. Laureano Eleuterio Gómez Castro (presidente de Colombia 1950-1951), Antonio Caso y José Vasconcelos, intelectuales y políticos mexicanos21, se unieron a esta forma de pensar. Ahora bien, el problema de la población no es un fenómeno homogéneo, hay clases sociales y por lo tanto profundas diferencias de intereses entre las élites y los grupos subalternos. No es el azar el que sugiere que “(…) no importa mucho lo que hagan los países: su destino parece estar determinado por sus recursos naturales y por fuerzas exógenas que no pueden controlar (…). Una región puede experimentar un gran auge, pero luego, por variaciones de la demanda, en la competencia internacional o en la aparición de sustitutos, puede experimentar un colapso. El guano en Perú, los nitratos en Chile, el caucho en Brasil y Perú y la quina en Colombia son algunos ejemplos de lo anterior” (P. 111). Son las grandes utilidades de las rentas diferenciales (en la formación de precios de bienes exportables), apropiadas por estas élites criollas que, ligadas a los intereses de los demandantes, concentraron sus utilidades, bloquearon y reprimieron las reformas agrarias, monopolizaron el poder político y en consecuencia no hicieron ninguna redistribución del ingreso, mantuvieron salarios bajos22, limitando el tamaño de los mercados locales y por supuesto no se utilizaron estos beneficios para formar economías de escala, eslabonamientos industriales hacia atrás y menos hacia adelante. Es decir, no es sólo la volatilidad de las exportaciones, hay dispendio y demasiados gastos suntuarios de las élites exportadoras, que intentaban vivir y gastar como lo estaban haciendo las clases dominantes de ciudades como París, Londres o Nueva York. No invirtieron internamente, no integraron los espacios nacionales en un mercado nacional, se desarrollaron ciudades Estado, Puertos Estado, o verdaderos enclaves. Sólo en esos lugares se asistió a la entrada de la tecnología, modernización de los medios de comunicación, se concentró el comercio, la finanza y hasta la población. Por eso los llamados desarrollistas caracterizaron este tipo de economías como “dualismos estructurales”: un atraso profundo en el campo y un desarrollo importante en estos lugares vinculados a la economía internacional.

Curiosamente, en torno al análisis de los mercados internos de la época, Bértola y Ocampo citan, de manera ecléctica, a la escuela de los Annales de segunda generación, a F. Braudel, quien se caracterizó por un método histórico muy distinto al utilizado por los autores. Veamos la cita: “La economía preindustrial es, en efecto, la coexistencia de rigideces, inercias y torpezas de una economía aún elemental con los movimientos limitados y minoritarios, aunque vivos y poderosos, de un crecimiento moderno (…). Hay por lo tanto, al menos dos universos, dos géneros de vida que son ajenos el uno al otro, y cuyas masas respectivas encuentran su explicación, sin embargo, una gracias a la otra” (P. 124). En el caso de América Latina, no es porque la economía elemental se vaya a incorporar, paulatinamente, con el crecimiento moderno. Por el contrario, eran economías eminentemente agrarias, más de cuatro quintas partes de la población vive en el campo y como los autores reconocen, líneas más adelante, “(…) el crecimiento exportador llevó un aumento permanente (…) hasta 1925-1929. Sin embargo, es muy importante señalar que en promedio más del 80% de la producción de América Latina se destinaba al mercado interno, aún al final del auge exportador” (P. 124). Opino que esta dualidad económica (economías agrarias elementales y ciudades o enclaves con mayor desarrollo tecnológico), parecía más una cuestión estructural de atraso que caracterizaba el subdesarrollo latinoamericano; más allá de un proceso que fuera destruyendo la economía elemental para incorpórala al crecimiento moderno. Según los autores, fue el caso de la permanencia de relaciones sociales como el peonaje por deudas, el “sistema de enganche”, la movilización forzada de mano de obra para trabajar en las haciendas o en las obras públicas, especialmente en Perú, Bolivia y Guatemala (…) la escasez relativa de mano de obra móvil fue notoria, como bien reconocen Bértola y Ocampo (Pág 136). Este aspecto desató una polémica, en la década de los setenta y ochenta entre campesinistas y proletaristas23. La producción campesina puede persistir dentro de la economía general de mercado conservando su lógica particular de producción, sin perder sus tierras, sin transformarse en trabajadores, ni capitalizarse transformándose en una empresa familiar. Schejtman (1981) agrupa los autores según dos «corrientes»: los estructuralistas y los materialistas históricos. En la primera, se encuentran las posturas de los economistas ortodoxos, que analizan la estructura agraria desde el punto de vista del capital y del rol del agro en el conjunto de la economía. Las formulaciones de la CEPAL se encuadran en este grupo. Por otra parte, y continuando con la clasificación de Schejtman, los materialistas históricos analizan la estructura agraria apoyándose principalmente en el empleo del concepto de relaciones sociales de producción.

En el siglo XXI, y después del fracaso del socialismo ruso, la discusión sobre la forma en que los campesinos participarían en la construcción del socialismo ha perdido vigencia. La discusión actual se plantea entre los que, por un lado, sostiene que no existe un lugar para los campesinos en el campo moderno (posición descampesinista) y, por otro lado, los autores y técnicos que piensan lo contrario, es decir que el capitalismo de mercado deja espacios sociales para que existan y se desarrollen otras formas de actuar y producir no típicamente capitalistas (posición campesinita).24 Esta polémica que parecen desconocer los autores, porque nos afirman que “la tendencia a largo plazo fue al desarrollo del trabajo asalariado y que la creciente demanda de mano de obra generó cierta tendencia al crecimiento de los salarios reales” (P. 137). Más adelante, cuando analizan diferentes escenarios de la vida rural, citando a Bauer (1991), nos dicen que: “en las zonas centrales de la colonización española articulada con la numerosa población indígena surgen tres grandes escenarios: uno dominado por el eje hacienda-comunidades campesinas; otro, por la presencia de pequeños y medianos productores, y un tercero, por la gran propiedad (…). Grandes propiedades, donde se desarrollan formas de dependencia de la mano de obra sin fuerte organización y resistencia de la comunidad campesina, hasta otras en las que la mano de obra es fundamentalmente libre” (P. 140). “(…) En la Hispanoamérica rural, (…) domina una estrecha relación entre la hacienda de origen colonial y las comunidades campesinas indígenas. Geográficamente, dicen los autores, nos referimos al centro de México, las tierras altas de Guatemala y la mayor parte de la región andina. La imagen de estas haciendas ha ido cambiando con el tiempo, desde la idea de un ámbito feudal y autárquico hacia las unidades con mayor inserción en el mercado local e incluso internacional, aunque igualmente combinada con la búsqueda de altos grados de autosuficiencia en el aprovisionamiento de bienes y mano de obra, incluso calificada” (P. 140). Más adelante reiteran, que la “hacienda sufrió cambios de consideración, pero que perduraría como unidad productiva hasta el siglo XX, cuando empezó a ser amenazada (…) por los proyectos de reforma agraria” (P. 141). No sabemos porque los autores no dicen que en el caso de México, fue por la Revolución mexicana, que tuvo un alto contenido agrarista entre sus protagonistas, la que realizó estas amenazas. En cambio, para el caso de Bolivia, si nos confirman que “(…) a finales del siglo XIX estuvo surcado por rebeliones indígenas que tuvieron que ver tanto con los procesos de enajenación de tierras como con las marchas y contramarchas del sistema tributario (…) (P. 141). Del escenario de la pequeña y mediana propiedad, que resalta su presencia, citando otra vez a Bauer, en México, Costa Rica, Colombia, Perú, Ecuador y Chile, simplemente nos dicen que fueron sectores que se ubicaron más cerca de las zonas urbanizadas y tuvieron una fácil interacción con la expansión de la economía capitalista (P. 141). Sin embargo, sabemos que las pequeñas propiedades no jugaron ningún papel en cuanto a la formación de clases medias agrarias, pues los latifundios y las grandes haciendas (mexicanas) fueron la constante del agro latinoamericano. En cuanto al mercado de trabajo, las migraciones internas “principalmente de indígenas y mestizos de las zonas andinas hacia las zonas de plantación, y el recurso de la mano de obra inmigrante, como el caso de los colonos italianos en Sao Paulo en Brasil (…) o los culí en Perú” (P.142), fue el recurso más utilizado para surtir de mano de obra. “En las primeras etapas de la inmigración el sistema más utilizado fue la aparcería, pero gradualmente se sustituyó por formas complejas de contratos salariales” (P. 144). Lo mismo pasará con el inquilinato en Chile o el arrendamiento en Colombia.

Finalmente, y para concluir este aspecto del mercado de tierras y el desarrollo de las relaciones salariales, haciendo uso de las reflexiones de Bértola y Ocampo, diremos con ellos que “éste fue un período de enormes transformaciones de las estructuras de poder, de las relaciones sociales y de la propiedad de la tierra. Todos estos procesos dejaron una fuerte impronta en la distribución del ingreso y la riqueza y fortalecieron, en la mayoría de los casos, el carácter elitista y excluyente del desarrollo latinoamericano” (P. 150).

El capítulo termina con la revisión de la política económica: estructura tributaria, proteccionismo temprano y banca estatal. En cuanto al aspecto tributario, los autores muestran la importancia y prolongación del tributo, cobrado a los indígenas, hasta mediados del siglo XIX. Después, nos señalan los impuestos de aduana, que naturalmente fueron muy importantes en esta fase del desarrollo hacia afuera y se concentraron en especial en los puertos. La tributación arancelaria está conectada con el proteccionismo temprano de países como Brasil, Chile, Colombia y México llevaron a cabo antes del desarrollo hacia adentro a partir de la primera ISI. “Adicionalmente, durante la primera Guerra Mundial la escasez física de algunos bienes manufacturados importados de Europa generó incentivos adicionales para la producción nacional. La conjunción de este tipo de protección con las políticas de fomento al desarrollo financiero y de transporte que caracterizó a muchos países dio lugar, en algunos casos, a experimentos que fueron el preludio de la “industrialización dirigida por el Estado” ISI (Pág164). Lo cual nos parece un paso adelante, muy importante en las propuestas iniciales de la CEPAL, en torno a la periodización de la primera ISI; aspecto que ya critique en un trabajo anterior25. En cuanto a la banca estatal, los autores se reducen a decir que: “la inversión extranjera no se limitó al sector exportador, sino que tuvo un fuerte impacto en un conjunto de actividades que permeaban la estructura de mercado interno, como los tranvías, los ferrocarriles, la electricidad, los seguros, la banca, etc.” (P. 167). Aunque nos adelantamos un poco en lo que corresponde al período de la ISI, hay que resaltar dos aspectos del comercio exterior que muestran la legitimación de estos privilegios que ya tenían la IED en estos rubros señalados por Bértola y Ocampo (pero ausentes en su libro), nos referimos a la Ley Hawley-Smoot, de los estadounidenses, que limitó la importación de carne argentina por los problemas de la aftosa. No obstante de que la epidemia no era general en todo el país, prohibieron la importación de carne argentina durante la década de los treinta. Esta ley subió los aranceles, a partir de 1930, grabando unilateralmente 20.000 productos importados, para proteger la agricultura y ganadería de Estados Unidos, solamente hasta los Acuerdos de Bretton Woods en 1944, se pactó no fijar aranceles unilaterales, como los establecidos por esta ley. El segundo aspecto, que muestra como el comercio era cada vez más administrado, bilateral en muchos casos y distorsionado por gravámenes altos, señalando así la prepotencia imperialista de las grandes potencias, corresponde a lo que Argentina firmó en el Pacto Roca-Runciman: En términos generales, vender carne a Inglaterra a precios más bajos que los competidores, usando el 85% de frigoríficos extranjeros. Argentina compraría todo el carbón a Inglaterra y no cobraría aranceles a la entrada del país. Argentina se comprometía, en este Pacto (después llamado “de la deshonra” o “el estatuto del coloniaje”), a no aumentar los aranceles. El Banco Central se crearía con gran predominancia de funcionarios y capitales británicos. Gran Bretaña tendría el monopolio absoluto de los medios de transporte en Argentina. Todo esto se heredará al Pacto Eden-Malbrán, luego de que caducara el Pacto Roca-Runciman, que duró doce años, de 1933 a 194526.
V. CAPÍTULO IV. LA ISI

La ISI, que ya periodizamos anteriormente, se lleva a cabo en las dos terceras partes del siglo XX (lo que Inmanuel Wallerstein define como el desarrollo de los Estados Nación). No es simplemente un “cambio súbito y radical en los patrones de desarrollo de América Latina” (P. 181). Es el proceso de acumulación de capital, el inicio de la producción de bienes de consumo, la industrialización de “fácil aprendizaje”, como se le califico posteriormente. La primera ISI que se pudo llevar a cabo gracias a sus antecedentes proteccionistas e industriales de las últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del XX. El cambio definitivo del “desarrollo hacia afuera” al “desarrollo hacia adentro” se va materializar fundamentalmente por la catástrofe que provocó en el comercio exterior la Gran Depresión. Como ya señalamos anteriormente, no en todos los países latinoamericanos, solo en los que tenían antecedentes de dicho proceso, instalaron la producción de manufacturas de bienes que, antes de la crisis, se importaban.

Analizando en términos regionales, pareciera que se hubiera inventado en América Latina una política económica realmente novedosa, porque al aplicar los gobiernos nacionales estas recetas intervencionistas, nos hace pensar que se adelantaron a la publicación de la Teoría general de la ocupación el interés y el dinero de J.M. Keynes (1936). No obstante, las intervenciones estatales ya habían iniciado desde principios de siglo, desde la más radical en Rusia, la de corte nacional socialista en Alemania, hasta la de los estadounidenses para salir de la crisis de 1929. El New Deal fue todo un ejemplo, para América Latina. Ese corporativismo estatal es el que va a copiar el llamado “nacional populismo”. Son aspectos de la historia mundial, que no se encuentran en Bértola y Ocampo. Para la explicación de la primera ISI, es necesario reiterar su especificidad nacionalista, y lo puede ser, porque se lleva a cabo en la época de entre guerras, cuando las potencias imperialistas definen tanto, un nuevo reparto mundial, como el cambio del centro hegemónico militar, económico y hasta financiero, de Europa a los Estados Unidos.

En cuanto al análisis de las causas de la crisis de 1929 en la economía de Estados Unidos, los autores no dicen nada al respecto y, como no es motivo de análisis en esta crítica al trabajo de Bértola y Ocampo, sólo recomendaremos la lectura de un trabajo nuestro,27 y pasamos a revisar las consecuencias de la Gran Depresión en la región: los autores hacen énfasis en la administración y disminución de las ofertas de bienes primarios, para controlar la caída de los precios, es el caso del café en Brasil o del azúcar en las Antillas. Obviamente, sin decirnos una sola palabra de las exclusividades bilaterales británicas o de los proteccionismos estadounidenses del Tratado Roca-Runciman o la Ley Hawley-Sooth, antes presentados. Los autores son explícitos en la caída del poder de compra de las exportaciones de América Latina y, por lo tanto, la reiterada pérdida de los términos de intercambio de la región. A las tensiones generadas en el comercio exterior por la suspensión de la financiación internacional y la caída de las IED, lo que naturalmente condujo a una imposibilidad de ser puntuales con el pago del servicio de las deudas externas. Sin embargo hay que distinguir entre los países latinoamericanos más insertos al comercio mundial y en consecuencia su mayor vulnerabilidad a estos efectos, es el caso de Chile en particular, o Cuba entre las naciones pequeñas de la región. Donde los impactos tuvieron consecuencias no sólo económicas, en Chile se tradujo en una radicalización del movimiento urbano popular, dando posibilidad a la breve “república socialista” de Marmaduke Grove, Arturo Puga, Eugenio Matte Hurtado y Carlos Dávila, en 1932. Esta experiencia sólo dura 100 días, cuando un grupo militar captura el poder llamando posteriormente a elecciones, en las que Arturo Alessandri representante de los industriales y los financistas, gana las votaciones y asume el poder por segunda vez (1932-1938). Sin embargo, las medidas de intervención estatal, sólo se van a instrumentar hasta el gobierno de Pedro Aguirre Cerda (1932-1938), impulsado por la oposición unificada en el frente Popular; en este gobierno se crea la Corporación de Fomento para la Producción (CORFO) y se le da un verdadero impulso a la industrialización con la creación de la Empresa Nacional de Minería (particularmente el cobre) y la pequeña y mediana empresa liviana; la creación de infraestructura, el apoyo a la ya creada Confederación General de Trabajadores (1936), antesala de la Central Única de Trabadores (CUT) de 1953.

La Sugar Company, que ya tenía presencia en Cuba desde la penúltima década del siglo XIX, “se concentra en la industria de refinación de azúcar desde el punto de vista financiero y se dedica a la obtención de azúcar cruda o caña”.28 Ya instalada en Cuba decide producir su propia caña. De esta manera “Cuba queda sometida totalmente a las necesidades de la industria estadounidense, en consecuencia muchos de los productores cubanos que no podían suministrar azúcar cruda tal y como la necesitaba el Trust de refinación, fueron eliminados a lo largo del proceso de concentración de industria azucarera”29.

De manera similar, en Haití, donde la ocupación estadounidense se inicia en 1915, aumentó la producción de azúcar y henequén, las compañías se llamaban Plantation Dauphin Henequen, Sugar Company and Huasco. Para principios de los años veinte, la influencia estadounidense llegó hasta la configuración de un Estado neocolonial, en el cual el departamento de Estado estadounidense nombraba al presidente de la isla. A esta imposición coadyuvaron la recesión de 1920 en Estados Unidos y el levantamiento popular de Charlemagne Peralte, por la abolición de la corvé en 1919. La crisis y la consecuente disminución de las demandas mundiales de productos agrícolas le asestaron un golpe de muerte a la economía haitiana de la cual no se volvería a recuperar.30

En cuanto al activismo macroeconómico, los autores resaltan la devaluación de las monedas latinoamericanas, el establecimiento de tipos de cambio múltiples, el aumento de los aranceles, los controles de cambios, la moratoria en el servicio de la deuda externa, la creación de instituciones estatales (sin ser muy explícitos), los bancos de desarrollo, la sustitución de importaciones de productos manufactureros, agrícolas y las nacionalizaciones de ciertos sectores estratégicos, para lo cual señalan solamente la nacionalización petrolera de México en 1938. Sin embargo, no señalan nada de Brasil, del gobierno de Getulio Vargas, que fue presidente de 1930 a 1934, de 1937 a 1945 y después de 1951 a 1954. Vargas creo el Consejo Nacional del Petróleo (en 1951 será PETROBRAS), la Compañía de Vale do Rio Doce Compañía Siderúrgica Nacional, la Compañía Hidroeléctrica de Sao Francisco y la Fábrica Nacional de Motores.

Se limitan a cerrar el impacto de la crisis de 1929, con una síntesis del recetario keynesiano utilizado en la región para “(…) estabilizar la demanda agregada mediante una política fiscal y monetaria activa, el manejo de los choques de oferta agregada de origen externo, por medio del manejo de la balanza de pagos, jugó un papel anticíclico mucho más importante en las economías latinoamericanas, cuyas perturbaciones macroeconómicas eran predominantemente de origen externo” (P. 187). Sin embargo, la acumulación interna basada en la producción para la exportación, no va ser abandonada; sólo se interrumpe bruscamente en los tres años siguientes al crac del 29. Este impasse del comercio exterior permitirá paradójicamente que en los países grandes se amplíe la base interna de industrialización, los empresarios nacionales, las clases medias y la base obrera nacional.

En la década de los treinta, se acentúa el proceso de desplazamiento de los expansionismos anglo europeos por el estadounidense, acompañados de la política del “gran garrote” y control “neocolonial” de América Central y el Caribe. El expansionismo de Estados Unidos prefiere retirar la presencia física de las fuerzas de ocupación y desarrollar ejércitos nativos convertidos en verdaderos partidos políticos que garanticen el control interno social y económico de sus inversiones (grandes plantaciones, ingenios azucareros y minas)31.

En cuanto a los países de América del Sur, Venezuela continúa su expansión “hacia afuera” por el auge de los hidrocarburos en particular, por la cercanía de los yacimientos a la costa Atlántica (Golfo de Maracaibo) y la preferencia que las compañías estadounidenses le otorgan para iniciar su explotación antes que otros países de la región. Los países con antecedentes proteccionistas e industriales, logran amplios procesos de corporativización de la sociedad civil, en particular en los movimientos obrero y campesino; los casos más claros son Brasil y México. Este último, en particular, profundiza una reforma agraria, Colombia implanta desde arriba una “revolución en marcha” y, en Chile, los procesos se radicalizan al grado de intentar una experiencia socialista. En Argentina, las reformas económicas (fusión de los propietarios de la tierra y del capital agrario con el bancario tradicional y el desarrollo de la industria monopolista) se impulsaron desde arriba: desde la creación del banco central hasta las políticas de proteccionismo y fomento a la industria nacional.

Hay que dejar constancia de las asincronías en el desarrollo de la ISI, como tal es el caso del conflicto del Chaco (ausente en los autores), que involucra a Bolivia y Paraguay, países que se ven afectados por una profunda crisis que los hace muy frágiles a la presión externa, y, en particular, a la estadounidense.

En Paraguay, se experimentó una catástrofe demográfica de la que, hasta después de varias décadas, no había logrado recuperarse. También se inició un prolongado período dictatorial. Por otro lado, en Bolivia se inicia una larga sucesión de golpes militares. Ello condenó prácticamente a esas dos naciones al empobrecimiento y en consecuencia a la postergación de sus procesos de industrialización.

En la década de los años treinta, América Latina se vuelve receptor de capitales provenientes de Europa que, principalmente, después del triunfo de los nazis en Alemania y de las secuelas de la Primera Guerra Mundial, habían generado desconfianza en los inversionistas y a su vez habrían encontrado como “puertos de abrigo” a muchos países latinoamericanos, especialmente los grandes. Además, el subcontinente se convirtió en un receptor de población europea, principalmente en América del Sur (Argentina, Brasil, Chile y Uruguay) y México, que recibe a gran cantidad de republicanos españoles en el segundo lustro de la década.32

Bértola y Ocampo, dan un salto a todos estos aspectos que seguramente les parecen intrascendentales, para concentrar su atención en lo que consideran el impacto de la Segunda Guerra Mundial en la región, y, empezar con el análisis directamente de la segunda ISI. Para este tema los autores hacen un recuento de las exportaciones latinoamericanas y sus modificaciones con el impacto de la Segunda Guerra Mundial, de las instituciones que moldearon la segunda ISI, las fases y diversidad de las ISI en la región, analizan el desempeño económico y social, la agricultura, las exportaciones y los desequilibrios macroeconómicos. Hacen un balance general y terminan con el desarrollo social. No vamos a entrar en una crítica pormenorizada de cada uno de estos aspectos, solo tomaremos cuatro elementos que nos parecen frágiles en el análisis de Bértola y Ocampo: 1.- El nacional populismo, el tratamiento de las exportaciones en la segunda ISI; 2.- El llamado “modelo mixto”; 3.- El fracaso de la segunda ISI; y 4.- La pobreza, distribución del ingreso y las convergencias truncadas.
1   2   3   4   5   6   7

similar:

El Desarrollo Económico de América Latina desde la independencia” iconAmerica latina: desarrollo, capitalismo y democracia1

El Desarrollo Económico de América Latina desde la independencia” iconUna cronologia de eventos importantes en el desarrollo del movimiento...

El Desarrollo Económico de América Latina desde la independencia” iconResumen Los estudios de género en América Latina se han dado desde...

El Desarrollo Económico de América Latina desde la independencia” iconEl crecimiento económico y desarrollo económico

El Desarrollo Económico de América Latina desde la independencia” iconDelincuencia juvenil en america latina

El Desarrollo Económico de América Latina desde la independencia” iconAsignatura: Las comunicaciones verbales en América Latina

El Desarrollo Económico de América Latina desde la independencia” iconDerechos económicos, sociales y culturales en América Latina

El Desarrollo Económico de América Latina desde la independencia” iconLa cruzada de los medios en América Latina”, de Denis de Moraes

El Desarrollo Económico de América Latina desde la independencia” iconª Reunión de la Red de Popularización de la Ciencia y la Tecnología...

El Desarrollo Económico de América Latina desde la independencia” iconPlan de Acción en Genética y Salud Pública en América Latina y el Caribe




Todos los derechos reservados. Copyright © 2019
contactos
b.se-todo.com