Resumen En este trabajo se intenta seguir el paso a las transformaciones del pensamiento latinoamericano, con énfasis en México, acerca de los procesos urbanos, desde la etapa denominada desarrollista hasta nuestros días.




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títuloResumen En este trabajo se intenta seguir el paso a las transformaciones del pensamiento latinoamericano, con énfasis en México, acerca de los procesos urbanos, desde la etapa denominada desarrollista hasta nuestros días.
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Hegemonía de la tesis dependentistas. (1970-1980)



Como es sabido, la década de los setenta marca una etapa significativa en los estudios urbanos de América Latina, al conquistar la hegemonía una línea crítica, de carácter latinoamericano: la del enfoque dependentista. El ímpetu que cobró -se ha dicho repetidamente- se debió en gran medida a que parecía responder científicamente a las grandes interrogantes planteadas por el fracaso de las tesis desarrollistas y de las políticas al respecto. Al parecer, se derrumbaron con ese fracaso varias generaciones de expertos del sistema.
Y así, los expertos, que prescribían la ineficaz medicina de la planificación, fueron sustituidos -en el ámbito de la sociología urbana latinoamericana- por los analistas críticos, que en los casos de mayor radicalización propusieron la transformación estructural de la sociedad incluso por la vía revolucionaria. No era gratuito que la inmensa mayoría de los estudiosos de la dependencia -que fueron, ciertamente numerosos- hayan asumido el marxismo “estructuralista” (Lezama 2000.)
También existe consenso en que los teóricos de la dependencia fueron fuertemente influidos por la denominada “Escuela Sociológica Francesa”. Incluso, uno de los protagonistas de ésta, Manuel Castells -quien llegó a ser considerado un auténtico héroe intelectual en los ámbitos latinoamericanos- creó, con su Cuestión Urbana (1978) un verdadero “clásico” de la teoría del “urbanismo dependiente”. Por lo demás, la obra de este pensador ha sido prolífica, hasta ahora, aunque, como veremos, se ha venido transformando (Castells,1972, 1973,1977, 1978, 1981,1988,1999) (De la multitud de los estudiosos de la dependencia, mencionemos algunos de los más significativos: Paul Singer, 1973; Aníbal Quijano, 1973; Claudio Stern, 1973; Fernando H. Cardoso. !969; José Luis Coraggio, 1976; Celso Furtado, 1969; Ruy Mauro Marini,1973, Vania Bambirra, 1974).
Los rasgos del enfoque dependentista han sido descritos ya por un buen número de estudiosos. Aquí haremos una síntesis de sus características, con base a los estudios de José Luis Lezama y al conocimiento que tenemos de estos enfoques.
1.-Las sociedades latinoamericanas forman parte, de manera integrada, al sistema mundial del capitalismo. En este, por lo tanto “coexisten” los países desarrollados y los “subdesarrollados”. Ambos grupos de países tienen “funciones” diferenciadas en el sistema, visto como “sistema mundial”.
2.- El subdesarrollo no es, por lo tanto, una etapa transitoria -como lo pensaban las tesis desarrollistas-sino una condición estructural del sistema capitalista.
3.- En tanto las metrópolis se desarrollan, los países dependientes se subdesarrollan”. (Gunder Frank, 1973.
4.- La expansión del capitalismo comercial e industrial vinculó a economías diferentes y les asignó, como se ha dicho, rangos diferentes: unos son dominadores -los “centrales” o “desarrollados” y los otros, los subdesarrollados, “dominados”.
5.- En suma, los países desarrollados y subdesarrollados, parten de un sólo proceso histórico: el de la “reproducción del capitalismo a escala mundial. (2000)
Con la diferencia de autor a autor, parece haber consenso en estas características generales de tal modo que podemos considerar que en su conjunto conforman “el paradigma del enfoque dependentista”. Antes de pasar a las cuestiones de la “urbanización dependiente, tenemos que reconocer, de paso, que si bien la extraordinaria significación de esos enfoques, que traspasaron disciplinas al grado que se produjeron intentos de análisis integrados queda claro, de que el enfoque dependentista se puede ubicar también en las líneas de diferenciación estructural de la sociedad de la que hemos hablado, sólo que, en términos marxistas. No escapan, por lo tanto a cierta imposibilidad de desentrañar las patologías de nuestras sociedades modernas, más allá -lo que no era poco en ese momento- de las contradicciones inherente al modo de producción capitalista. Nos ocuparemos de esto más adelante.
Los procesos de la “urbanización dependiente”, naturalmente se inscriben en las características generales que hemos mencionado. Aquí también existen diferencias -sobre todo en lo que respecta a la marginalidad, categoría clave para el estudio de la urbanización latinoamericana, desde el enfoque de la dependencia. (Como las de José Nun, Aníbal Quijano y Manuel Castells)- pero, para los objetivos que nos hemos propuesto, señalaremos los rasgos de mayor consenso. Naturalmente, al abordar, en rigor una visión estructural-materialista, ocupa, en el primer puesto de esas consideraciones, los procesos territoriales:
1.- El desarrollo del territorio latinoamericano es parte de un proceso de las formaciones sociales de nuestros países, la evolución de las estructuras coloniales, la ulterior acumulación de capital y de su historia política, al mismo tiempo que manifiesta las sucesivas relaciones de dependencia y continuos sometimientos a las imposiciones externas.
2.- Esas sucesivas relaciones de dependencia comprenden desde la apropiación colonial de nuestros territorios, por parte de España y Portugal hasta el control económico y territorial ejercido en la actualidad por las corporaciones trasnacionales.
3.- Se ha pasado así, en América Latina por tres etapas fundamentales: la dominación colonial, la dominación capitalista-mercantil y la dominación imperialista, industrial y financiera.
4.-Se ha ido generando -en virtud de la explotación de nuestro territorio- un nuevo tipo de estructura de clases (Nótese en este punto la coincidencia con Morse), junto a la evolución dispar de las fuerza productivas. Y, por ello, la clásica división entre campo y ciudad se agudiza dramáticamente en América Latina.
5.-Se va dando así en las ciudades y en el campo, nuevas formas de explotación de clase, que van implantándose hasta provocar, a fines del siglo XVIII, junto al cambio del centro hegemónico del poder mundial, esa ruptura de las estructuras coloniales para dar lugar en cada país a las formas capitalistas.
6.-En las ciudades principales se lleva a cabo la localización de las estructuras de dirección y control de las clases dominantes, cuya primacía condiciona la supeditación de las áreas rurales que proveen los productos primarios: agrícolas, ganaderos y minerales. Esa subordinación alcanza su máxima expresión histórica en la división social del trabajo y en la estructura de la propiedad privada correspondiente a la consolidación de la burguesía industrial financiera. (Cardoso y Faletto, 1969; Manuel Castells, 1973; Antonello Gerbi, 1990.
7.-Se da así un sistema urbano caracterizado por la hiperurbanización, consistente en que las tasas de urbanización de América Latina son superiores a las de los países desarrollados.
8.-Junto a la hiperurbanización del sistema urbano latinoamericano, se da el desfase de ésta con la industrialización. Desfase ya señalado por los estudiosos de la anterior etapa (Morse, 1971.) Sin embargo, visto con una visón marxista, tal desfase se explica de manera más radical, al ubicarlo como resultado de las contradicciones de las relaciones de producción. Se da así una interpretación de la marginalidad con base a estas contradicciones.
9.- Los desfases de la urbanización latinoamericana, se caracterizan también por una primacía urbana que llega a la macrocefalia, en la cual a la ciudad más grande de un país -por lo general la capital, le siguen ciudades cinco o seis veces menores. (Manuel Castells, 1978 )
III
Balance de los enfoques dependentistas.
Si bien, ahora existe cierto consenso entre los estudiosos, de que los enfoques dependentistas mostraron también su inoperancia para explicar los procesos urbanos latinoamericanos y, en consecuencia, para proporcionar “salidas viables” para el enfrentamiento de nuestra descomunal problemática, también se han dado opiniones que intentan señalar tanto sus “aciertos” como sus “limitaciones”. Emilio Duahu ofrece una crítica interesante, cuyos términos mas sobresalientes a nuestro juicio son aquellos en los que señala, primero, como lo hemos hecho nosotros, el contenido marxista-estructuralista de la “Cuestión Urbana”, y como, de acuerdo con este se explican las “contradicciones” de nuestra urbanización:
La definición de la “cuestión urbana” a través del marxismo-estructuralismo, la situó con claridad en términos de las “contradicciones de la urbanización capitalista”. A fin de desarrollar el análisis de dichas contradicciones, los estudiosos de lo urbano inscribieron la ciudad en la contradicción de las fuerzas productivas-relaciones sociales de producción, como elemento central en el proceso de socialización contradictoria de las fuerzas productivas. El Estado apareció entonces como elemento clave en esta socialización contradictoria” (Duahu, 1992: 35).
Señala este autor el funcionalismo instrumentalista subyacente al enfoque dependentista:
En esta versión urbana del marxismo estructuralista, el elemento crítico venía definido por el énfasis en la crisis capitalista y la visión de que el desemboque de dicha crisis habría de darse a través de la transición al socialismo.”
En este contexto, la misión del investigador consistía, entre otras cosas, en mostrar la “verdadera” naturaleza de la intervención estatal en cuanto destinada a manejar la crisis y el carácter contradictorio del proceso de socialización y a la vez introducir la lógica estructural que presidía el accionar del capital monopolista y su fracción inmobiliaria.

El funcionalismo, no excepto de instrumentalismo que subyacía a esta perspectiva, era moderado a través de la introducción de la lucha de clases y la correlación de fuerzas resultantes (la coyuntura) que introducía un elemento de contingencia (dada la imposibilidad de explicar de modo determinista los cambios en la correlación de fuerzas) en un marco explicativo por lo demás fuertemente determinista” (Duahu, 1992).
En fin, el autor se propone resumir diversas “revisiones autocríticas” a estos enfoques:
1.-”En el plano del análisis de la visión de la realidad social y su reproducción se ha reconocido que la realidad social era vista como sistema de estructuras coherentes, autorreproducidas y que incluían en su propia dinámica la lucha de clases; que la realidad particular aparecía como la explicación de la realidad profunda aprehendida por la teoría.” Cita a J. L. Coraggio para afirmar: “La interpretación de los hechos nos devolvía casi siempre la misma teoría. La sociedad llegó a ser vista como un proceso sin sujeto; ya no eran las clases ni sus organizaciones los sujetos del proceso de desarrollo del capital, sino el capital mismo en cuanto esencia.” (Duahu, 1992) (Coraggio, 1991.)
2.-”La segunda cuestión reiteradamente señalada en las revisiones críticas y autocríticas, es la reducción de las prácticas y por lo tanto de los sujetos, a las estructuras, de modo que la sociedad resultaba reducida a un proceso sin sujeto.”
3.-”Finalmente, un reconocimiento al parecer compartido, es el de el (sic) sesgo instrumentalista adoptado en el análisis del Estado y de las políticas urbanas, así como el predominio de una visión reduccionista del poder Estatal, del fenómeno del poder en general y de los determinantes presentes en la gestación y puesta en práctica de las políticas estatales.” (Duahu, 1992: 36)
Entre los estudios de la década de los noventa que se han propuesto marcar sus aciertos y limitaciones, también basados en el análisis de un conjunto de trabajos al respecto, está el del citado José Luis Lezama, al cual nos remitimos nuevamente (Lezama,2000).
Podemos decir que la teoría de la dependencia constituyó una etapa del progreso del pensamiento social latinoamericano y fue así porque rompió con muchas tesis que veían la problemática de las sociedades de América Latina como una cuestión ligada a los obstáculos del desarrollo, como fueron los casos de la teoría de las etapas y de la modernización y no como una cuestión relacionada con las estructuras y el funcionamiento del capitalismo. Constituyó también un progreso en la medida en que esta teoría fue de fundamental importancia para la difusión de las tesis marxistas en el estudio de la evolución histórica latinoamericana. Después de algunos años de su periodo de auge, sus críticos han señalado el papel fundamental que tuvo en la conformación de una verdadera teoría sociológica latinoamericana. No obstante, también han hecho notar algunas de sus limitaciones.” (Lezama, 2000)
Intentaremos sintetizar las limitaciones mencionadas por el autor:

1.- Exogenismo. Desmedido peso de los factores externos y la poca atención que brindó a los factores internos y a las formas concretas de articulación con el mundo exterior, o sea, las maneras específicas por medio de las cuales las formaciones sociales latinoamericanas se integran a la economía mundial.
2.- Carácter estático y formal de sus planteamientos, en el sentido de que para esta concepción, aún cuando enuncie el carácter primordial de la historia concreta de la región, no concluye en un efectivo esfuerzo por conocer el verdadero desarrollo de las fuerzas productivas y los contenidos históricos concretos de la especificidad latinoamericana.
3.- La concepción dependentista del imperialismo, que en instancias significativas no logra establecer las diferencias y contradicciones que muestra la teoría clásica -marxista- de éste.
4.- La teoría de la dependencia no pareció ver con claridad los cambios que se estaban operando en el capitalismo, y en la nueva forma en que se estaban estructurando las relaciones entre los países. (Lezama, 2000)

¿Surgió –y existe aún- una salida ante las criticas y análisis de los enfoques dependentistas?
Tercera etapa de la conceptualización de los procesos urbanos latinoamericanos.
El intento de respuesta a esta cuestión, nos coloca ya en la tercera etapa del pensamiento teórico acerca de los procesos urbanos latinoamericanos. Para nosotros está claro, en primer lugar y como le hemos ya asentado, que el problema está en la posibilidad de construcción de una Teoría Crítica de la Sociedad, no tanto que se ubique después de los paradigmas que se han establecido en el proceso, sino que logre examinar, con una nueva “lente epistemológica” (la constructivista genética), las contribuciones y al mismo tiempo las falencias de las diversas teorizaciones.
Este mismo autor nos muestra la manera en que diversos estudiosos ahora trabajan en un sentido integrador de perspectivas que por lo general se trataban aisladamente:
Se trataría, entonces de abordar esa complejidad, que -ya en nuestro caso- los enfoques dependentistas no asumieron, al limitarse a un esquema estructural-funcionalista. Empero, al asumir el marxismo, intentaron ahondar y especificar, para nuestras sociedades latinoamericanas, las contradicciones de éstas, cosa que no hicieron los teóricos de la etapa anterior. Y tal cosa es de tomarse en cuenta, como lo señala, a su manera, Lezama. Estamos, frente a las tesis dependentistas -en su escala y pertinencia- como frente al marxismo, en sus esfuerzos por la construcción de la actual Teoría Crítica de la Sociedad, que nos explique, en la perspectiva emancipatoria, la naturaleza de las sociedades modernas en esta etapa del capitalismo, la globalización y el neoliberalismo.
En su Introducción a la Nueva Edición de Teoría y Praxis (1993), Habermas se impone la tarea de encontrar la mediación entre esos dos términos y plantea su propósito de la construcción de una teoría de la sociedad “concebida con intención práctica”, y le reconoce a Marx esa doble reflexividad: el materialismo histórico intenta una explicación de la evolución social, englobante, en la cual la teorización ha sido posible una autorreflexiva historia del género, al mismo tiempo que nombra al destinatario, mismo que se conoce a sí mismo y hace conciencia de su papel potencialmente emancipativo (J. Habermas, 1993).
En otro trabajo -el multicitado texto Teoría de la Acción Comunicativa (2002)- el autor señala de manera contundente la utilidad de las tesis de Marx, y luego señala algunas falencias fundamentales de éstas:
“El retorno a Marx, o más exactamente, a una interpretación de Marx sugerida por la recepción de Weber en el marxismo occidental, se impone por las siguientes razones. Por un lado, la dinámica de los enfrentamientos de clases podría explicar la dinámica inmanente a la burocratización, es decir, ese conocimiento hipertrófico de los subsistemas regidos por medios que tiene como consecuencia una penetración de los mecanismos de control monetarios y administrativos en el mundo de la vida.”
Pero enseguida, advierte:
“Pero, por otro, la cosificación de los ámbitos de acción comunicativamente estructurados no genera primariamente efectos que puedan considerarse específicos de clase.” (Habermas, 2002.)
Al parecer, una de las claves de la reflexión sobre el marxismo y de su papel en la construcción de la Teoría Critica de la Sociedad, es el reconocimiento de la utilidad de la Teoría del Valor -fundamental en Marx- para aclarar ciertas tareas explicativas, y al mismo tiempo su imposibilidad de esclarecer otras, ciertamente fundamentales, como lo es el de una relación básica para entender la sociedad Moderna: las relaciones y el desacoplamiento, ciertamente complejos de lo que Habermas denomina “ sistema” y “mundo de la vida”. Entonces, por un lado, Habermas señala que a través de la teoría del valor, Marx puede pasar, “del mundo de la vida del trabajo concreto al proceso de realización económica del trabajo abstracto, y mediante esta misma teoría puede también retornar de este plano de análisis sistémico al plano de la exposición de la praxis cotidiana, planteada en términos de teoría de las clases, y presentar a la modernización capitalista la factura de sus costes. “(Habermas, 2002).
Empero, el pensador alemán señala tres debilidades de la Teoría del Valor marxista: a) Con base a sus análisis del modo de producción capitalista, Marx “está convencido a priori de que en el capital no tiene ante sí otra cosa que la forma mistificada de una relación de clases. “Y continúa”:
Este enfoque interpretativo impide que aflore la cuestión de sí las esferas sistémicas que son la economía capitalista y la moderna administración estatal no representan también un nivel de integración superior y evolutivamente ventajoso frente a las sociedades organizadas estatalmente.”
Y así, “Marx concibe hasta tal punto la sociedad capitalista como totalidad, que pasa por alto el intrínseco valor evolutivo que poseen los subsistemas regidos por medios”. b). ”Marx” carece de criterios con que distinguir entre la destrucción de las formas tradicionales de vida y la cosificación de los mundos de la vida postradicionales”. c). ”La tercera y decisiva debilidad de la teoría del valor radica, a mi juicio, en la sobre-generalización de un caso especial de subfusión del mundo de la vida bajo los imperativos sistémicos”. Y a continuación: Aun cuando la dinámica de los enfrentamientos de clases se haga derivar de la contradicción fundamental. “Entre trabajo asalariado y capital”, los procesos de cosificación no tienen que por qué presentarse necesariamente sólo en la esfera en que se originan: en el mundo del trabajo. (Negritas nuestras.)
Y finalmente, Habermas caracteriza en conjunto esas debilidades de la Teoría del valor:
Las tres debilidades que hemos analizado de la teoría del valor explican por qué la Crítica de la Economía Política, pese a su concepto de sociedad articulada en dos niveles, capaz por tanto de combinar sistema y mundo de la vida, no ha permitido una explicación satisfactoria del capitalismo tardío. El planteamiento de Marx fomenta una interpretación de las sociedades capitalistas desarrolladas reducida en términos economicistas. En relación con estas sociedades Marx sostuvo, con toda razón, un primado evolutivo de la economía: son los problemas de este subsistema los que determinan la línea evolutiva de la sociedad en su conjunto. Pero este primado no debe llevarnos a reducir la relación de complementariedad entre economía y aparato estatal a términos de una representación trivial de las relaciones entre base y superestructura. En contraposición con el monismo de la teoría del valor, hemos de contar con dos medios de control y cuatro canales a través de los cuales esos dos subsistemas, que se complementan mutuamente, someten el mundo de la vida a sus imperativos. Por consiguiente, tanto la burocratización como la monetarización, ya sea de ámbitos públicos, o ámbitos privados de la existencia, pueden generar efectos cosificadores.” (Habermas, 2002) (Los subrayados son nuestros.)
Como habíamos advertido, lo que fue una necesidad de ubicar tanto a los enfoques dependentistas como a sus analistas, nos ha llevado a los umbrales de las actuales caracterizaciones de nuestras sociedades modernas, y más concretamente a las de Jürgen Habermas. También nos pone en situación de entender porque actualmente en el campo de los procesos urbanos se ha desatado una problemática variada y compleja, que se aquilata mejor con el conocimiento de las modernas teorías emancipatorias (A. Giddens, 1995, Habermas, 2002, A. Gorz, 1997, J.Hirsh, 2001, A. Touraine, 2000 ) Antes de exponer aunque sea brevemente estas cuestiones, debemos cubrir el reto que nos han dejado los enfoques dependentistas.
Evidentemente, su gran mérito consistió en desarmar la idea de un sistema mundial diferenciado pero complementario, en términos desarrollistas. Asimismo, en su intento por abordar en forma problemática las relaciones entre desiguales, en las que los países latinoamericanos cargan con los efectos negativos. También porque al hacer intervenir para sus explicaciones a la en ese momento la teoría crítica más reconocida, la marxista -aun dentro de las debilidades luego descubiertas y aquí expuestas en parte- le “pasó a la modernización capitalista la factura de sus costos”. Y, aunque redujo hasta el esquematismo la complejidad sistémica de esa modernización, puso en evidencia procesos de dominación del sistema representado por el poder y el dinero, sobre todo por los “transnacionalizados”. Simplificó la lucha política, la hizo derivar casi directamente como un agente de las relaciones de producción y con dificultades insalvables trató de explicar, con esos medios teóricos instrumentales el rol y las posibilidades de los “movimientos sociales urbanos”, pero abrió las posibilidades de aquilatar en la medida que hoy se hace -y que se seguirá haciendo, cada vez con mayor eficacia política- el rol de los actores sociales en las grandes tareas emancipatorias que están por darse y que caracterizarán seguramente, en formas inéditas al siglo venidero. Quizá por todo esto, logró ser asumida y desarrollada, en forma casi tumultuosa por una pléyade de investigadores latinoamericanos, aunque ha demostrado ser débil frente a la fuerza que coadyuvó a desatar.
IV
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