¡Ella estaba allí para hacer un trabajo no para enamorarse de un príncipe! Pero Olivia Montgomery tenía dificultad para recordar eso, cuando el sexy príncipe




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título¡Ella estaba allí para hacer un trabajo no para enamorarse de un príncipe! Pero Olivia Montgomery tenía dificultad para recordar eso, cuando el sexy príncipe
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¡Oh, no! No vayas por allí, Liv. Esto no tiene nada de sexual. Sólo está siendo amable. Aunque en ese momento daría cualquier cosa por saber lo que se sentía. Sus manos llenas de aceite deslizándose por su piel desnuda...
¡Como si eso fuera a suceder!

Aaron hundió sus dedos en el hueco de al lado de los omóplatos y una bocanada de aire escapó entre sus dientes.
— Tienes un nudo aquí — le informó, masajeando suavemente con los pulgares.
— Eres realmente bueno en esto — dijo — ¿Has tomado clases o algo así?
— Anatomía humana.
— ¿Por qué un príncipe que tiene una carrera agrícola necesita clases de anatomía humana?
— Tal vez te sorprenda saber, que hubo un tiempo en el que estaba considerando seriamente ir a la facultad de medicina.

De hecho, eso no la sorprendía en absoluto. Tenía la sensación de que había mucho más en el príncipe Aaron de lo que él dejaba que la gente viese — ¿Qué te hizo cambiar de opinión? — le preguntó.
— Mi familia la cambió por mí. Ellos me necesitaban en el negocio familiar, por lo que me especialicé en agricultura en su lugar. Fin de la historia.
De alguna manera ella dudaba de que fuera así de simple. Había una tensión en su voz que dejaba traslucir sus verdaderos sentimientos.
— Supongo que esa es la ventaja de no tener padres — le dijo Liv — No hay nadie que te diga lo que tienes que hacer.
— Supongo — fue todo lo que respondió, y ella tuvo la clara impresión de que había abordado un tema que él preferiría no explorar. Aaron le dio un último apretón en los hombros, luego retrocedió y le preguntó: — ¿Estás mejor?
— Mucho mejor — manifestó, volviéndose hacia él. — Gracias.
— Claro — dijo, pero la sonrisa alegre de siempre, estaba ausente de su rostro. De hecho, se veía casi... triste. Entonces Liv se dio cuenta de las repercusiones de lo acababa de decir. Su padre se estaba muriendo, su única esperanza era un procedimiento experimental arriesgado, y aquí estaba ella, sugiriendo que no tener padres era una buena cosa.
Él estaba siendo amable con ella, y ella probablemente estaba haciendo que se sintiera mal.

Así se hace, Liv. Abres la boca y metes la pata.
— Aaron, lo que dije hace un momento, acerca de no tener padres…
— Olvídalo — le cortó con un encogimiento de hombros.
En otras palabras, dejarlo estar.
La falta de sueño, especialmente después del masaje relajante, estaba obviamente pasándole factura. Ella estaba diciendo cosas estúpidas e inapropiadas a un hombre del que prácticamente no sabía nada. Un virtual desconocido.
Un desconocido que tenía la autoridad para despedirla cuando quisiera si se le antojaba.
— Debes descansar un poco — le dijo Aaron.
Estaba en lo cierto. Ella necesitaba con urgencia dormir un poco. — Lo haré, si puedo encontrar el camino de regreso a mi habitación… — bromeó.
— ¿Derek no te ha traído un mapa?
Ella bajó la mirada hacia su escritorio, había papeles esparcidos por todas partes. — Está aquí. En algún lugar.
El príncipe sonrió e hizo un gesto hacia la puerta. — Vamos, te acompaño.
— Gracias — Liv metió su ordenador portátil en la mochila y se la echó por encima del hombro, agarrando mientras salía, la bandeja de la cena sin consumir.

Aunque él caminaba en silencio, la tensión entre ellos pareció suavizarse mientras seguía al príncipe fuera del laboratorio, hacia las escaleras. Dejó la bandeja en la cocina y recibió una intensa mirada de desaprobación del mayordomo.
— Lo siento — se excusó sin convicción, y él respondió con un gesto rígido.

Pero era lo que le había dicho al príncipe en el laboratorio lo que la llenaba de una gran culpa mientras se acercaban a su habitación. Era evidente que estaba muy lejos de su liga. Le iba a costar mucho tiempo acostumbrarse a todo esto.
Cuando llegaron a la puerta, se volvió hacia él y le dijo: — Gracias por acompañarme.
Aaron sonrió — El placer ha sido mío. Descansa un poco.
Y comenzó a alejarse.

— ¡Aaron, espera!

Él se detuvo y se volvió hacia ella.
— Antes de irte, quería pedirte disculpas.
Aaron frunció el ceño. — ¿Por qué?
— Por lo que te dije en el laboratorio.
— No pasa nada
— Si, si que pasa. Fue muy... irreflexiva. Y lo siento si te hice sentir mal.
— Liv, no te preocupes por eso.

— Quiero decir que, básicamente, te he sugerido que estarías mejor sin tus padres, lo que teniendo en cuenta la salud de tu padre, ha sido totalmente insensible de mi parte. Mi filtro verbal ha debido de estropearse.

Aaron se inclinó casualmente contra la jamba de la puerta, con una mirada de curiosidad divertida en su rostro. — ¿Filtro verbal?
— Sí. Ideas absurdas y cosas realmente tontas e inapropiadas que bloquea antes de que puedan convertirse en palabras. La falta de sueño debe de hacer que el mío funcione a su capacidad mínima. Sé que es una excusa muy poco convincente. Pero estoy realmente, realmente arrepentida. Sólo soy una empleada. De todos modos, no tengo derecho a hacerte preguntas personales o hablar de tu familia.
Durante unos angustiosos y largos segundos, el príncipe se limitó a mirarla, y ella comenzó a preocuparse de que, tal vez, estaba pensando en despedirla. Luego le preguntó: — ¿Cenaras conmigo esta noche?
¿Eh?

¿Ella lo insultaba y él la invitaba a compartir la cena con él? Liv podría haber pensado que le estaba invitando formalmente para ser cortés, pero parecía sincero. Aaron realmente quería cenar con ella.
— Um, sí — dijo ella, demasiado perpleja.
— A las siete en punto.
— Muy bien.
— Debo advertirte que Geoffrey detesta la impuntualidad.
— Llegaré a tiempo — le aseguró.
Él le mostró una última sonrisa, y luego se alejó.
Entró en su habitación y cerró la puerta, todavía no muy segura de lo que acababa de suceder, pero demasiado cansada para intentar resolverlo. Lo pensaría más tarde, después de que hubiera dormido algo.

Tan invitadora como parecía la cama, la idea de una ducha caliente era demasiado atractiva para resistirse. La sensación del chorro de agua caliente sobre su piel era casi tan agradable como el masaje del cuello de Aaron había sido. Después de la ducha se acurrucó bajo las sábanas, planeando dormir una hora o dos antes de volver al laboratorio.
Dejó que sus ojos cansados se cerraran, y cuando volvió a abrirlos para ver el reloj de la mesilla de noche, eran las seis cuarenta y cinco.
 
Liv había estado tan atormentada por la culpa cuando Aaron la acompañó hasta su habitación esta mañana, que no había prestado atención a cómo llegaron allí. Y por supuesto, su mapa estaba en el laboratorio, enterrado debajo de su investigación. Lo que era la causa de que cuatro minutos antes, ella supusiera que iba por el camino correcto hacia el comedor, y se encontrara vagando desesperadamente por los pasillos, buscando un punto de referencia familiar. El castillo era tan grande y vacío. Si sólo se encontrara con alguien que pudiera ayudarle. Iba a llegar tarde, y tenía la sensación de que ya estaba en la lista negra de Geoffrey, el mayordomo.

Dobló una esquina y se tropezó -literalmente- con alguien.
Como la vez anterior. Pero esta vez no era una criada pequeña. Esta vez era una mole de hombre, del tamaño de un tanque, por lo menos 30 cm. más alto que ella. Si él no la hubiera cogido por los brazos, la fuerza de la colisión, probablemente la habría tirado sobre su trasero.
Él la enderezó y rápidamente la soltó.
— Perdón — se disculpó Liv preguntándose con cuántos empleados reales más podría chocar mientras estuviera allí — Ha sido culpa mía. No estaba mirando por dónde iba.
— La señorita Montgomery, supongo — dijo en un tono ligeramente molesto, mirando el torso de Liv. Entonces ella miró hacia abajo y se dio cuenta de que había olvidado ponerse su tarjeta de identificación. La sacó del bolsillo exterior de su mochila y se la entregó a él. — Sí, lo siento.
Su insignia lo identificaba como Flynn 1, pero no podía dejar de pensar que se parecía más a un Arnold 2 o a un boxeador.
Miró la foto de su placa, y luego a ella, con una ceja ligeramente más levantada que la otra.

Él no le dijo: No se ve como una científica, pero Liv se dio cuenta de que lo estaba pensando.
Se la entregó de nuevo. — Debe usarla en todo momento.

— Lo sé. Se me olvidó — Liv enganchó la tarjeta en su suéter, cuidando de no pincharse — Tal vez me pueda ayudar. Estoy tratando de llegar al comedor— le dijo — Creo que me he perdido.
— ¿Quiere que le muestre el camino?
Ella suspiró con alivio. — Eso sería maravilloso. Ya llego tres minutos tarde para la cena, y ya estoy en la lista negra de Geoffrey.
— No podemos permitir eso — dijo él, señalando la dirección por la que acababa de venir. — Es por ese camino, señorita.
El príncipe Aaron estaba sentado en el comedor esperándola, mientras bebía una copa, cuando ellos aparecieron.

1 Errol Flynn: fue un famoso actor australiano-estadounidense de cine, conocido por sus personajes de galán, aventurero temerario y héroe romántico.

2 Arnold Schwarzenegger : Actor famoso en todo el mundo como un icono de las películas de acción de Hollywood, conocido por sus papeles protagonistas en películas como Conan el Bárbaro y Terminator. Fue apodado el “roble austríaco” en sus días de culturismo.


— La encontré, Su Alteza —le dijo Flynn.
— Gracias, Flynn — dijo el príncipe.

Esta vez prestó atención y cuando él la llevó por las escaleras hacia el comedor, estaba segura de que sería capaz de encontrar el camino de regreso a su habitación. Sin embargo, conservaría el mapa con ella en todo momento, por si acaso.

Él asintió con la cabeza y se fue, y Liv se dio cuenta de que no había sido por accidente que la había encontrado en el pasillo.

— ¿Cómo sabías que me perdería? — le preguntó ella.

Él sonrió. — Digamos que tuve una corazonada.
Se levantó de su silla y movió la silla al lado de ella, y cuando ella se sentó, sus dedos rozaron la parte trasera de los hombros. ¿Estaba haciéndolo a propósito? Y si era así, ¿por qué sentía Aaron la necesidad de tocarla todo el tiempo? ¿Era alguna clase de broma para ponerla nerviosa?
La única otra vez que había tenido una experiencia con una persona sobona estaba en la escuela de postgrado. El profesor Green había tenido un caso grave e inapropiado de manos vagabundas, que en una escala de asco del uno al diez, había conseguido un quince. Todas sus alumnas fueron víctimas de sus manoseos ocasionales.
Pero a diferencia de su profesor, le gustaba la forma en que se sentía cuando Aaron la tocaba. Los escalofríos y la rápida chispa de atracción sexual que provocaba en ella. Liv sólo deseaba saber lo que eso significaba.
Aaron volvió a sentarse de nuevo, como si no hubiera pasado nada, con la copa en la mano. — ¿Quieres una copa? ¿Un vaso de vino?
— No, gracias. Tengo que mantenerme despierta.
— ¿Por qué?
— Trabajo.
Él frunció el ceño. —¿Trabajarás esta noche?

— Por supuesto

— Pero para cuando acabemos de cenar ya serán más de las ocho.

Liv frunció el ceño — ¿Y…?

— Pues que tengo una idea mejor. ¿Por qué no te tomas la noche libre?

— ¿Tomarme la noche libre?

— En vez de volver otra vez tú sola al laboratorio, ¿por qué no pasas la velada conmigo?
Capítulo 6
La expresión confusa del rostro de Liv era tan divertida como entrañable. Liv estaba muy lejos del tipo de mujer que le gustaba, sin embargo, Aaron la deseaba, no podía sacársela de la cabeza, quería saber lo que hacía que ella se le hubiera metido dentro de la piel.
Geoffrey apareció con el primer plato de la cena, una deliciosa sopa de langosta. Lo sabía porque había logrado echar un vistazo antes de que el chef le hubiera echado de la cocina.
— ¿Qué desea beber? — le preguntó a Liv.
— Sólo agua, por favor. Embotellada, si tiene.

Geoffrey asintió y se fue a buscarla.
— No has respondido a mi pregunta — dijo él.
Ella jugueteaba con la servilleta. — Estoy aquí para trabajar, Su Alteza.
— Aaron — le recordó él. — Y acabas de trabajar un turno de veinticuatro horas. Todo el mundo necesita un descanso de vez en cuando.
— Ya he tenido un descanso. Dormí todo el día.

Él podía ver que no estaba llegando a ninguna parte, así que lo intentó desde otro ángulo diferente: la carta de culpa. Frunció el ceño y dijo: — ¿Es la idea de pasar tiempo conmigo realmente tan repulsivo?
Liv abrió los ojos como platos y negó con la cabeza. — ¡No!¡Por supuesto que no! No era mi intención dar a entender... — sin acabar de hablar frunció el ceño y se mordió el labio.
El príncipe se dio cuenta de que Liv estaba muy cerca de ceder, por lo que tomó la decisión por ella. — Arreglado, entonces. Pasarás la velada conmigo.
Ella parecía vacilante, pero comprendió que no tenía muchas opciones en esta cuestión. — Supongo que una noche libre, no me matará.
— Excelente. ¿Qué haces para divertirte?
Ella lo miró sin comprender.
— Te diviertes de vez en cuando, ¿no?

— Cuando no estoy trabajando leo mucho para ponerme al día sobre los últimos descubrimientos y teorías científicas.
Él le dirigió una mirada escéptica.
— ¿Eso es divertido? Estoy hablando de la interacción social. Relacionarte con otros seres humanos.
Aaron vio la mirada en blanco que puso Liv.
— ¿Qué hay acerca de los deportes? — le preguntó él.
Ella se encogió de hombros. — No soy exactamente del tipo atlético.
Una persona nunca se daría cuenta debido a su figura. Se la veía muy en forma. Él sabía que las mujeres se pasaban horas en el gimnasio para parecerse a Liv, y matarían por tener una figura como la suya, de forma natural.
— ¿Vas al cine? — le preguntó — ¿Ves la televisión?
— No voy al cine muy a menudo, y no tengo una televisión.
Esta vez fueron los ojos de Aaron los se abrieron. — ¿Cómo no puedes tener una televisión?
— ¿Cuál es el problema? Yo nunca estoy en casa para verla.
— ¿Música? ¿Teatro?
Ella sacudió la cabeza.
— Tiene que haber algo que te guste hacer aparte de trabajar y leer sobre el trabajo.

Ella lo pensó por un momento, mordiéndose el labio por la concentración, entonces finalmente dijo: — Hay una cosa que siempre he querido probar.
— ¿Qué es?
— Billar.
Su respuesta le sorprendió. — ¿En serio?
Ella asintió con la cabeza. — En realidad es muy científico.  

Él sonrió. — Bueno, entonces estás de suerte. Tenemos una mesa de billar en la sala de juegos, y resulta que yo soy un excelente profesor.
Diez minutos después de su primera lección de billar, Liv comenzó a sospechar que la elección de este juego en particular había sido una mala idea. Justo en el momento en que Aaron le dio un taco, se puso de pie detrás de ella, inclinándose sobre el borde de la mesa, con su cuerpo pegado al suyo, y demostrándole la forma correcta de sostenerlo.

Era difícil tratar de concentrarse en sus instrucciones, mientras él le enseñaba a realizar varios tiros de práctica, ella estaba distraída por la sensación de su pecho ancho y musculoso en su espalda. Por los brazos grandes y musculosos de su guía. El calor de su cuerpo penetraba su ropa y le calentaba la piel. Y, ¡oh, que bien olía! Cualquiera que fuera la colonia para después del afeitado que había usado esa mañana, hacía tiempo que había desaparecido y su aroma era natural, único de él.
Es sólo química, se recordó. Y totalmente unilateral. Aaron no la estaba sosteniendo así por placer, o como una especie de seducción. Le estaba dando una lección de billar. Por supuesto, ella nunca había recibido una antes, pero era lógico pensar que era la única manera de aprender a jugar. Aunque la sensación de su tacto mientras la guiaba, tocando su mano para enseñarle cómo se deslizaba el taco, era ridículamente erótico.
Si él tenía algún otro tipo de lección en mente, que no tuviera nada que ver con el billar, ella estaba tan lejos de ser su tipo que ni siquiera Aaron se lo podía imaginar. Aunque tenía que admitir, que ese pensamiento era muy agradable.

— ¿Lo has entendido? — Aaron le preguntó.
Liv se percató de que todo el tiempo que había estado explicándole el juego, ella se había distraído por completo. Lo que hacía otra diferencia entre ellos. Volvió la cabeza hacia él y como estaba tan cerca de su mejilla chocó con su barbilla. Podía sentir su respiración desplazando los mechones de pelo que se habían escapado de su cola de caballo.
Ella giró la cabeza hacia atrás para mirar a la mesa, tragándose una risita nerviosa. Entonces hizo algo que nunca había hecho, al menos, no desde que era una adolescente rebelde. Le mintió y le dijo: — Creo que ya lo tengo.
Aaron dio un paso atrás, colocó las bolas y luego dijo: — Está bien, ahora inténtalo.
Liv se colocó en la postura correcta apuntando a la bola blanca, tal y como él le había mostrado, pero estaba tan nerviosa que cuando movió el taco para meter la bola elegida en el green, sólo dejó una línea de tiza en la superficie. Ella se encogió y le dijo: — Lo siento.
— Está bien — le aseguró. — Prueba de nuevo, pero esta vez un poco más cerca de la bola. Así— Él demostró el movimiento con su propio taco, luego retrocedió.
Ella se echó hacia atrás otra vez, después ver como lo hacía él, y esta vez se las arregló para golpear la bola, pero sólo la movió 15 cm. a la izquierda antes de que se parara, completamente fuera de la línea de las otras bolas — Uf.

— Si, eso ha estado bien — le aseguró. — Sólo tienes que pensar en tu objetivo y golpear un poco más fuerte. No tengas miedo de dar un buen golpe.
— Lo intentaré.
Se puso detrás de la bola blanca y se inclinó, alineándola, y esta vez realmente la golpeó. Un poco demasiado fuerte, porque la bola voló por el aire, hacia la izquierda, justo al lado de la mesa. Ella se encogió al aterrizar con un golpe seco en el suelo de baldosas. — ¡Lo siento!
— Está bien — dijo con una sonrisa amable, rodeando la mesa para buscar la bola. — Tal vez no sea tan difícil la próxima vez.
Ella frunció el ceño. — Soy terrible para esto.
— Acabas de empezar. Se necesita práctica.

Eso era parte del problema. Ella no tenía tiempo para practicar. Lo que era exactamente por lo que era reacia a probar cosas nuevas. Su lema había sido siempre,
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