¡Ella estaba allí para hacer un trabajo no para enamorarse de un príncipe! Pero Olivia Montgomery tenía dificultad para recordar eso, cuando el sexy príncipe




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título¡Ella estaba allí para hacer un trabajo no para enamorarse de un príncipe! Pero Olivia Montgomery tenía dificultad para recordar eso, cuando el sexy príncipe
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Estás siendo lógica, Liv. Cuando no había absolutamente nada lógico en esta escena. Esa no era la forma en la que se suponía que la gente se comportaba. No era muy inteligente, las científicas huérfanas no tenían aventuras amorosas con príncipes ricos y guapos. No importaban las historias que contaban los libros de cuentos, se regañó.
Algo tan maravilloso no podía ser bueno para ella.
— No podemos hacer esto de nuevo — le dijo Liv — Nunca
Aaron suspiró. — ¿Volvemos a lo mismo de nuevo?

— Esto está mal.
Aaron se levantó y se metió la camisa dentro del pantalón — Pues yo lo he sentido muy bien.
— Estoy hablando enserio, Aaron.
— Ah, ya sé que lo haces.
¿Por qué le parecía como si él no la estuviera tomando enserio? ¿Por qué tenía la sensación de que estaba divirtiéndose con lo que ella decía?

— Tengo que irme a trabajar — dijo Aaron. — ¿Nos veremos en la cena?
¿Era una orden o una solicitud? Podría decir que no, pero sospechaba que no aceptaría un no por respuesta, y que si ella tratara de librarse, Aaron iría hasta el laboratorio a buscarla. Por lo menos con su familia alrededor no intentaría nada físico con ella. Al menos, esperaba que no lo hiciera. Dudaba seriamente de que su familia aprobara que Aaron retozara con una empleada. Especialmente una que ocupaba el lugar más bajo en la escala social.
— A las siete en punto — dijo Liv.
Se inclinó y antes de que pudiera detenerlo, él le dio un beso rápido, sólo un roce suave de sus labios contra los suyos, que la dejó anhelando más, entonces se dirigió a la puerta. Tal como la abría, se volvió hacia ella y le dijo — No te olvides que esta noche hay juego de póquer— Luego se fue, la puerta cerrándose con un chasquido metálico detrás de él.
Uf. Se había olvidado de todo eso. Pero ya le había dicho que iba a jugar, por lo que dudaba que la dejara escabullirse ahora.
Por mucho que no quisiera pasar la velada con su familia, temía aún más el estar a solas con él.

Volvió hacia su escritorio, para alcanzar el bolígrafo que había dejado al lado del teclado, pero no estaba allí. Buscó por todo el escritorio y debajo de cada documento. Incluso miró en el suelo, por si acaso se había caído de la mesa, pero tampoco estaba allí. Parecía como si se hubiese esfumado.
Estaba buscando uno nuevo en su mochila pero cuando se inclinó a por ella, oyó un ruido que venía de detrás, cerca de la puerta. Liv pensó que tal vez era Geoffrey con su café o su ayudante de laboratorio, pero cuando se dio la vuelta, no había nadie allí.
Y la maldita puerta estaba abierta de nuevo.

Después del desayuno, Aaron llevó aparte a Chris y le preguntó: — Entonces, ¿qué opinas de Liv?
— ¿Liv?
— La señorita Montgomery.
Chris alzó una ceja. — ¿Ya la llamamos por su nombre de pila?
Aaron frunció el ceño. — Estoy hablando enserio.

Chris se echó a reír. — Tengo que admitir que no es en absoluto lo que yo esperaba. No se parece a un científico y es mucho más joven de lo que imaginaba. Sin embargo, parece bastante segura, aunque, un poco... inusual.
— ¿Inusual?
— No es la típica huésped real.
A pesar de haber pensado lo mismo, Aaron se sentía protector con Liv. — ¿Y eso qué importa, siempre y cuando haga su trabajo?
Chris sonrió. — No hay necesidad de que te enfades. Sólo estoy haciendo una observación.
— Una observación de alguien de quién no sabes nada — Sabiendo que sus hermanos tenían tendencia a ser más críticos, Aaron no les diría nada sobre el pasado de Liv. No es que él creyera que tenía algo de qué avergonzarse, de hecho pensaba todo lo contrario, pero las cosas que le había contado a él habían sido dichas en confianza. Si querían saber más de ella, tendrían que preguntarle ellos mismos, lo que no dudaba que harían.

— Si no te conociera bien, pensaría que estás atraído por ella. — dijo Chris. — Pero todos sabemos que prefieres a tus mujeres con un coeficiente intelectual de dos dígitos.
A pesar de que no podía negar la acusación, Aaron lo miró irritado. — Por cierto, la invité a nuestra partida de póquer de esta noche.
Chris lo miró intrigado. — ¿De verdad? Ella no me parece del tipo de personas que juega a las cartas.
Aaron quería preguntar, ¿A qué tipo de personas te parece?, pero le asustaba que no le gustara la respuesta que le diera. — ¿Estás diciendo que no quieres que juegue?
Chris se encogió de hombros. — Por mi está bien. Cuantos más, mejor — miró su reloj. — ¿Hay algo más? Tengo una video conferencia en quince minutos.
— No, nada más.

Chris comenzó a alejarse, pero se detuvo y dijo: — Se me olvidaba preguntar, ¿ha habido nuevos progresos desde que me fui?
Aaron no le tuvo que preguntar a Chris lo que quería decir eso. Había estado en la mente de todos desde hacía meses. La persona que se refería a sí mismo como el hombre de jengibre. — No ha habido más e-mails, ni violaciones en la seguridad. Nada. Es como si hubiese desaparecido en el aire.
Chris pareció aliviado. — Espero que eso signifique que era una broma inofensiva, y que hayamos oído lo último de él.
— O podría significar que está planeando algo grande.
Su alivio se volvió al instante irritación. — Siempre el optimista.
Aaron sonrió. — Me gusta pensar que soy realista. Quienquiera que sea, pasó por un montón de problemas para burlar nuestros sistemas de seguridad. Todo lo que estoy diciendo es que debemos estar alertas.
— Mantendré la seguridad en alerta máxima, pero en algún momento tendremos que asumir que se ha rendido.
— Llámalo una corazonada — dijo Aaron — pero tengo serias dudas de que hayamos visto o escuchado lo último de él.

Liv nunca había visto en su vida un grupo de gente tan cotilla. Debía ser cosa de familia, porque durante la cena había estado abrumada con el sinfín de preguntas de cada lado de la mesa. Y al igual que su hermano, ellos parecían genuinamente interesados en sus respuestas. Le preguntaron sobre su trabajo y educación sobre todo, pero la interrogaron a fondo. Al final de la noche se sentía examinada y analizada, al igual que una de las muestras de tierra que había estudiado por la tarde. Podría haber sido peor. La podrían haber ignorado completamente haciéndola sentir como una extraña.
— Ves — Aaron le susurró mientras se dirigían a la sala de juegos para jugar a las cartas. — No ha sido tan malo.
— No ha estado mal — admitió Liv.
A medida que se sentaron alrededor de la mesa, Geoffrey tomó los pedidos de las bebidas, mientras que el príncipe Christian, Chris, como le había pedido a Liv que le llamara, repartía las fichas.
— Empezamos con cien cada uno — le dijo Aaron. —Yo puedo adelantarte el dinero.
No se había dado cuenta de que se jugaría con dinero real. En la universidad, las apuestas eran de cinco y diez centavos, pero cien euros no era exactamente su presupuesto para jugar al póquer. Había comprobado el tipo de cambio antes de salir de los EE.UU. y cien euros eran el equivalente a unos ciento treinta y un dólares, más o menos.

— Puedo cubrirlo — le dijo ella.
Aaron la miró con curiosidad. — ¿Estás segura?
¿Creía que ella estaba en la miseria? — Por supuesto que estoy segura.
Él se encogió de hombros y dijo — Bien.

Liv estuvo un poco oxidada durante las primeras manos, pero luego empezó a recordarlo todo y ganó las rondas siguientes. Un poco injusto, admitió, a pesar de que no fue exactamente su culpa. Además, la realidad era que estaba divirtiéndose.
Louisa al parecer, no jugaba a las cartas. Ella se sentó a la mesa con su perro, chateando, para irritación de sus hermanos.
— ¿De dónde eres? — le preguntó a Liv. Era, sin duda, la más amistosa de las gemelas. De la clase de muchachas agradables. Y Liv utilizaba el término muchacha, porque Louisa tenía un carácter muy dulce.
— Soy de Nueva York — le dijo Liv.
— Tu familia aún vive allí — le preguntó ella.
— Jugamos a Five Card Draw, nada salvaje — Chris anunció, lanzando a Louisa una mirada mientras barajaba las cartas.
— No tengo familia — dijo Liv.
— Todo el mundo tiene alguna familia — dijo Melissa con el deje sutil del acento sureño. Aaron le había dicho que ella había nacido en la Isla de Morgan, el país hermano de Thomas Isla, pero que se había criado en los EE.UU. en Luisiana.
— Ninguna que yo sepa — dijo Liv. — Fui abandonada de pequeña y me crié en hogares de acogida.
— Abandonada — Melissa repitió, con el labio inferior empezando a temblarle y lágrimas acumuladas en los ojos. — Eso es muy triste.

— Es muy emotiva — dijo Chris, frotándole el hombro a su esposa. Cuando las lágrimas se extendieron por sus mejillas, dejó las cartas que había estado mirando, metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó un pañuelo. Ni él ni nadie en la mesa parecieron encontrar su crisis emocional nada insólita.
Melissa sorbió la nariz y se secó los ojos.
— ¿Estás bien? — le preguntó Chris, dándole un apretón tranquilizador en el hombro.
Ella hizo un gesto vacilante y sonrió a medias.
— Vas a tener que disculpar a mi esposa — Chris dijo a Liv. — Ella está un poco emocional estos días.
— Sólo un poco — Melissa dijo con una sonrisa irónica. — Son estos malditos medicamentos para la fertilidad. Me siento como si estuviera en una montaña rusa emocional.
— Están tratando de tener un bebé. — le dijo Aaron a Liv.
— Ella es científica, genio — dijo Anne. — Estoy segura de que sabe lo que hacen los tratamientos de fertilidad.
Aaron no le hizo caso.

— No sé mucho acerca de eso, aunque tengo un colega que se especializa en la fertilidad a un nivel genético — dijo Liv. — Nunca me di cuenta de cuán común es que las parejas tengan algunos problemas de fertilidad.
— Estamos intentándolo in vitro — dijo Melissa, poniendo el pañuelo en su regazo, mientras que Chris terminaba de barajar — El médico quería que esperáramos y lo intentáramos de manera natural durante seis meses, pero ya tengo treinta y cinco años y queremos al menos tres hijos, así que optamos por la intervención ahora mismo.
— Corremos el riesgo de un embarazo múltiple — dijo Chris. — Incluso más de lo normal, debido a que hay gemelos en la familia. Pero es un riesgo que estamos dispuestos a asumir.

A Liv le sorprendió que hablaran tan abiertamente con una extraña sobre sus problemas médicos personales, a pesar de que se había encontrado que, debido a que era científica, la gente suponía que poseía conocimientos médicos, lo que no podía estar más lejos de la realidad. Al menos que el paciente fuera una planta.

—Abriré con diez — dijo Aaron, lanzando una ficha en el centro, y todos menos Anne hicieron lo mismo.
Ella tiró sus cartas y dijo — Me retiro.
— Casi no puedo esperar a tener una sobrina o sobrino para echar a perder. O las dos cosas— dijo entusiasmada Louisa. — ¿Quieres tener hijos, Olivia?

— Algún día — dijo Liv. Después de que hubiera tenido más tiempo para desarrollar su carrera, y por supuesto preferiría casarse primero. ¿Podría ser William ese hombre? ¿Se casaría con él por miedo a que nunca tuviera otra oportunidad? ¿O quizás podría tener la oportunidad de conocer a un hombre al que amara y que él la amara a ella? ¿Alguien que la mirara con amor, afecto y orgullo, de la misma forma en que Chris miraba a Melissa. ¿No se merecía eso, también?
Si nunca se casaba y tenía hijos, ¿sería una tragedia tan grande? Ella siempre tendría su trabajo.
— Me encantan los niños — dijo Louisa. — Me gustaría tener por lo menos seis, tal vez ocho.
— Creo que es por eso por lo que cuando tú conoces a un hombre, este sale corriendo y gritando en la dirección opuesta— bromeó Anne, pero su broma no pareció molestar a su hermana.
— El hombre correcto está ahí fuera — dijo Louisa, con una sonrisa tranquila y una confianza que le sugirió que no tenía ninguna duda. Ella tenía razón. ¿Qué hombre no desearía casarse con una princesa dulce y hermosa? Incluso si eso significara tener una camada completa de niños.
— Todos sabemos que Aaron no quiere niños — dijo Anne, lanzando a Liv una mirada significativa.
¿Sospechaba que algo estaba pasando entre Liv y su hermano? Y si era así, ¿Creería que Liv verdaderamente lo consideraría como un padre potencial para sus hijos? Nada podía estar más lejos de la verdad. Si tenían una aventura, lo que era un punto discutible, porque ella ya había decidido que no, nunca podría esperar más que un breve romance.
No estaba segura de cómo reaccionar, Liv decidió que era mejor no darle ninguna reacción en absoluto y en su lugar se puso a estudiar sus cartas.

— No estoy hecho para ser un hombre de familia — Aaron dijo sin dirigirse a nadie en particular. Si él pilló el significado de la declaración de su hermana, no lo demostró. O tal vez lo decía para beneficio de Liv, en caso de que ella estuviera teniendo algún delirio de grandeza y pensara que tenían algún tipo de futuro juntos.
— Tendrías que abandonar el club de la-chica-del-mes — dijo Anne con una sonrisa triste y una mirada sutil en dirección a Liv.
— ¿Y perder la oportunidad de conseguir mi cupo anual, si ellas son las que me lo ofrecen? — Aaron dijo con una sonrisa. — No lo creo.
— ¿Vamos a hablar o a jugar? — se quejó Chris, que para gran alivio de Liv, dio fin abruptamente a la conversación.

Louisa intentó de vez en cuando participar en la conversación, ganándose cada vez una mirada severa de su hermano mayor. Ella finalmente se rindió y dio las buenas noches a las diez. Media hora más tarde Melissa la siguió. A las once y media, cuando Liv casi tenía doscientos euros, dieron por finalizada la noche.
— Bien jugado — le dijo Chris, estrechándole la mano, y añadió con una sonrisa — espero que nos des la oportunidad de recuperar nuestro dinero la próxima semana.
— Por supuesto — dijo ella, a pesar de que tendría que volver a jugar para que eso ocurriera.
— Te acompaño a tu habitación — dijo Aaron señalando la puerta, con una mirada curiosa, casi socarrona en su rostro. Algo había cambiado.

— ¿Por qué me miras así? — le preguntó ella.
— Debido a que por fin estamos solos.
Capítulo 10
La idea de estar a solas con Aaron aterrorizaba y emocionaba a Liv, cuando se pudo calmar, él lo estropeó poniéndola más nerviosa, diciendo — ¿Te das cuenta de que el conteo de cartas se considera hacer trampa?.
Oh, maldita sea.
Ella realmente había pensado que nadie le prestaba mucha atención. Estaban jugando sólo por un par de cientos de euros, así que ¿cual era el problema?. Se pegó a la cara una mirada de inocencia pura que decía, ¿Yo? ¿Trampas? Pero podía ver que él no se lo creía.
Liv suspiró y dijo — No es mi culpa.
Aaron levantó una ceja incrédulo hacia ella.
— Ni siquiera lo hago conscientemente. Los números sólo aparecen en mi cabeza.
— ¿Tienes una memoria fotográfica?
Ella asintió con la cabeza.

— Me preguntaba cómo te las arreglaste para memorizar el código de la puerta del laboratorio con tanta rapidez. Aunque lo que no entenderé en la vida es como haces para seguir perdiéndote en el castillo.
— Sólo funciona con números.
Por un segundo, pensó que podría estar enojado con ella, pero él le lanzó una sonrisa irónica en su lugar. — Por lo menos has hecho un poco de dinero para tu investigación.
Al parecer, Aaron no tenía ni idea del precio actual de la investigación genética. — Un par de cientos de euros no me va a llevar muy lejos.
— ¿Te refieres a mil? — dijo.
— ¿Perdón?
— Un par de cientos de miles de euros.
Estuvo a punto de tropezar con sus pies y bajar rodando por las escaleras. — Eso ni siquiera es gracioso.
Él se encogió de hombros. — No estoy tratando de ser gracioso.
— ¿Estás hablando enserio?
— Totalmente enserio.

— Dijiste que empezábamos con cien.
— Lo hicimos. Cien mil.
De repente sintió debilidad en las rodillas. ¿Todo ese tiempo pensaba que había estado apostando cinco euros o diez, cuando en realidad habían sido miles? ¿Y si hubiera perdido? ¿Cómo hubiera pagado su deuda?
— Devolveré el dinero — dijo.

— Eso se vería sospechoso. Además, — le recordó— ya te dijo Chris que podrías volver a jugar el próximo viernes.
Maldita sea,¿lo haría o no lo haría? Si el resto de la familia se había dado cuenta, podrían pensar que era alguna clase de estafadora. La próxima semana sólo tendría que perder a propósito, afirmar que la primera vez debía de haber tenido la suerte del principiante, y luego fingir que se desanimaba y jurar que no volvería a jugar otra vez. Sólo ella y Aaron sabrían la verdad.
Cuando llegaron a su habitación, abrió la puerta y entró. Había una sola lámpara encendida al lado de la cama y las sábanas estaban retiradas. De pie en la puerta, se volvió hacia él y le dijo: — Me lo he pasado muy bien esta noche.
Aaron se apoyó en la jamba de la puerta, con esa sonrisa diabólica, adorable. — ¿No me vas a invitar?
— No.
— ¿Por qué no?

— Ya te lo dije antes, no podemos ser... íntimos — sólo decir la palabra hizo que sus mejillas se encendieran.
— Tú lo has dicho, pero los dos sabemos que no hablabas en serio — Aaron se inclinó más cerca. — ¿Me deseas, Liv?
Ella lo hacía. Tanto, que le dolía. Olía tan bien y se veía tan condenadamente sexy con esa malvada y juguetona sonrisa, y emitía suficientes feromonas para hacer que cualquier mujer se sometiera a su voluntad.
— Esto no está bien — le dijo Liv, pero con un grado lamentable de convencimiento. Ni siquiera ella misma se lo creía.
Lo que probablemente fue el motivo por el cual, en vez de decir buenas noches y cerrar la puerta en las narices de Aaron, Liv le agarró la parte delantera de su camisa, tiró de él hacia su habitación y le dio un beso.
Él reaccionó con sorpresa — ¡Oooh! — lo que, admitió Liv, le dio una decadente sensación de poder. Pero a Aaron le tomó sólo unos segundos recuperarse y entonces la besó de vuelta tirando de ella hacia sus brazos. Cerró la puerta y la dirigió retrocediendo hacia la cama, sacándole la camiseta por fuera de sus pantalones. Ella hizo lo mismo con él para después enlazar sus brazos a su cuerpo. Rompieron el beso para que pudieran quitarse las camisetas, y la visión del pecho desnudo del príncipe le quitó el aliento. Aaron ni siquiera parecía decepcionado por el sencillo y útil sujetador de algodón. Sus ojos fijos en ella, cargados de lujuria, y cuando sus manos tocaron su piel desnuda, ella se estremeció. Era tan atractivo, tan perfecto, que apenas podía creer que fuera real. Que él deseara a alguien como ella.

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