¡Ella estaba allí para hacer un trabajo no para enamorarse de un príncipe! Pero Olivia Montgomery tenía dificultad para recordar eso, cuando el sexy príncipe




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título¡Ella estaba allí para hacer un trabajo no para enamorarse de un príncipe! Pero Olivia Montgomery tenía dificultad para recordar eso, cuando el sexy príncipe
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Sólo compruebo tus progresos. Eso era todo. Nada personal, como, ¿Cómo estás? o bien, ¿Has tomado una decisión, ya?
Iba a tener que decirle que no podía casarse con él. Se lo haría fácil. Sería honesta y le explicaría que no estaba dispuesta a casarse con nadie todavía, y esperaba que eso no afectara a su amistad o a su relación de trabajo.

Pero no podía hacerlo a través de un e-mail, eso sería demasiado impersonal, y no tenía el descaro para llamarlo por teléfono y decírselo. Tal vez sería mejor si esperaba hasta que volviera a casa y lo hiciera cara a cara.
¿Pero era justo para él dejarlo esperando? Si supiera todo lo que había hecho hasta la pasada noche...
Un agradable escalofrío pasó a través de su cuerpo al recordar la forma en que Aaron la había tocado la noche anterior. La forma en que la había vuelto loca con sus manos y su boca. Sólo de pensarlo la hacía sentirse caliente por todas partes. A pesar de que en el fondo algo le decía que iba a terminar lamentándolo, que ella estaba fuera de su alcance y que se dirigía a un desastre inminente, apenas podía esperar para estar a solas con él de nuevo.
Tal vez anoche fue una total casualidad y la próxima vez que tuvieran sexo sólo sería algo agradable, cosa que dudaba. Si seguía pensando en eso, en Aaron, no haría nada en todo el día.
Ella respondió al correo electrónico de William con un resumen igualmente impersonal de su progreso hasta el momento, y le pidió que por favor comprobara los datos - desde una nueva perspectiva- que ella planeaba enviarle por la tarde, después volvió a trabajar analizando las muestras que su asistente había tomado el día anterior.
A pesar de que por lo general se enfrascaba en su trabajo, no podía evitar la sensación de que estaba siendo observada, y no dejaba de mirar hacia la puerta. La ventana no tenía más de diez centímetros cuadrados, pero algunas veces ella podría jurar que vio la sombra de una figura afuera. ¿Era posible que Aaron o uno de sus hermanos le hubieran puesto a alguien para mantenerla vigilada? ¿Qué es lo que ellos pensaban que podría estar haciendo allí, aparte de salvar a su país de una devastación agrícola?

O tal vez era sólo su mente jugándole una mala pasada.
Poco tiempo después oyó el ruido de la puerta haciendo clic al abrirse, y pensó: Aquí vamos de nuevo. Se sintió aliviada cuando oyó pasos moviéndose en su dirección. Asumió que probablemente era Geoffrey para buscar la jarra de café vacía, y no le prestó atención, hasta que sintió una ráfaga de aire fresco junto a ella y el peso inconfundible de una mano en el hombro. Se dio cuenta de que tenía que ser Aaron, para decirle buenos días. Dejó de mirar el ordenador y se volvió en su silla sonriendo hacia él, pero no había nadie allí. Miró a la puerta y vio que todavía estaba bien cerrada.
Ella saltó sobre sus pies y un inquietante temblor la recorrió. Tenía que ser su imaginación. ¿Se había quedado dormida por un segundo? ¿Tal vez lo soñó?
Si ella hubiera estado durmiendo, no se sentiría completamente despierta y alerta. Miró hacia la puerta y vio un movimiento distinto fuera de la ventana, a continuación, oyó un clic y se abrió. Se quedó congelada allí, esperando una aparición fantasmal flotando, aliviada cuando vio que era Aaron el que entraba en el laboratorio.
Su temor se debía de reflejar en su cara ya que cuando la vio allí de pie, se detuvo en seco y frunció el ceño. — Te ves como si hubieras visto un fantasma.

— ¿Tienes a alguien espiándome?
Sorprendido por la pregunta de Liv, Aaron dijo — Buenos días a ti también.

— Es enserio, Aaron. Por favor, dime la verdad.
No sólo parecía seria, sino profundamente preocupada por la posibilidad. ¿Cómo podía siquiera preguntarle eso? — Por supuesto que no.
— ¿De verdad?

— Liv, si pensara que necesitabas una supervisión constante, nunca te habría invitado a venir aquí.
— ¿Podría tu hermano o una de tus hermanas tener a alguien vigilándome?
— No puedo imaginarme por qué lo harían.
Ella se estremeció y se abrazó a sí misma. — Esto es demasiado extraño.
Aaron se acercó a su escritorio. —¿Qué te pasa?
— Sigo teniendo la sensación como si alguien me estuviera observando, y cuando miro hacia la ventana de la puerta, veo una sombra, como si alguien estuviera de pie justo afuera.
— Tal vez alguien del personal de la lavandería está enamorado de ti — bromeó, pero ella no parecía divertida. — No sé quién podría ser.
— Sabes que la puerta no hacia más que abrirse ayer, y el técnico dijo que no funcionaba nada mal. Esta mañana cuando bajé aquí las luces estaban encendidas y sé que las apagué anoche.
Él se encogió de hombros. — Tal vez piensas que lo hiciste, pero no pulsaste el interruptor al final o algo así.
— Pues entonces, explícame cómo los papeles que ayer estaban esparcidos por todo mi escritorio esta mañana estaban apilados ordenadamente.
Él frunció el ceño. — Bueno, eso es un poco extraño.
— Hay algo más.

— ¿Qué?
Parecía reacia a contárselo, pero finalmente dijo — Esto va a sonar completamente loco, pero unos minutos antes de que llegaras oí que se abría la puerta y sentí pasos en la habitación, entonces alguien me tocó el hombro, pero cuando me volví no había nadie y la puerta estaba cerrada.
Él podía pensar que era una locura, pero había oído historias similares de los empleados. — Muchas personas han informado de haber tenido experiencias extrañas aquí.
— No creo en fantasmas — dijo Liv, pero sin mucha convicción — Los laboratorios científicos no son por lo general los lugares más apropiados para una actividad paranormal.
—¿Pero, en cuantos laboratorios has estado en los que solían estar las mazmorras?
— En ninguno — admitió.
— Si te hace sentir mejor, nadie ha sido dañado físicamente aquí. Sólo se asustaron.
— No me siento como si corriera un peligro físico. Es espeluznante pensar que alguien me está mirando. Y... — se estremeció una vez más — …tocándome.
— ¿Quieres irte?
— ¿Quieres decir, de forma permanente?

Él asintió con la cabeza. Dios sabía que no quería que ella se fuera, ya que necesitaba su experiencia y sería difícil encontrar a alguien igualmente cualificado, pero entendería si quería hacerlo.
— Por supuesto que no — dijo ella, y Aaron se sintió un poco más tranquilo y aliviado.
Trató de decirse a sí mismo que sólo se preocupaba por el bienestar de su país, pero sabía que eso era una tontería. Quería más tiempo con Liv. Por lo menos un par de semanas más para sacarla de su sistema.
Él sonrió y le dijo — Supongo que eso significa que voy a tener que protegerte.

Aaron puso su mano alrededor de su cadera y se la acercó. Ella se resistió durante medio segundo y luego se rindió fundiéndose en sus brazos, apoyando la cabeza sobre su hombro. Se sentía tan cálida y suave y olía deliciosa. Si no estuvieran en el laboratorio, Aaron ya le habría quitado su ropa.
— Me lo pase muy bien anoche — dijo él, y podía jurar que sintió el rubor de Liv.
Ella lo abrazó y se apoyó en su pecho. — Yo también. ¿Has resuelto el problema de seguridad?
— En cierto modo si — Debido a que ya no era un secreto, y a que finalmente se informó del operativo de seguridad, pensó que bien podría hablarle acerca del hombre de jengibre.

— Eso es realmente espeluznante — dijo, mirando hacia él. — ¿Por qué querría alguien hacer daño a tu familia?
Aaron se encogió de hombros. — Hay un montón de gente loca por ahí.
— Supongo.
Aaron le besó la punta de la nariz. — No pensé que te encontraría en el laboratorio. Me imaginé, ya que es fin de semana, que no estarías trabajando hoy. Pensé que podrías estar hasta jugando al de billar.
— Yo trabajo todos los días.
— ¿Incluso el domingo?
Ella lo miró y asintió. — Incluso el domingo.
— Eso me recuerda. Chris quería saber cuánto tiempo necesitarás para las fiestas.
Ella parecía confundida. — ¿Necesitar para qué?
— Para ir a casa.
— ¡Oh!, no voy a ir a casa. No celebro la Navidad.
— ¿Por qué no? — le preguntó él, pensando que tal vez era algún tipo de cuestión religiosa.

Ella se encogió de hombros. — Porque no tengo a nadie con quién celebrarla, supongo.
Él frunció el ceño. — Debes tener amigos.
— Sí, pero todos ellos tienen familias y yo me sentiría fuera de lugar. Realmente no pasa nada.
Pero si que pasaba. Era algo muy importante. La idea de que ella pasara las vacaciones sola le preocupaba de una manera que no esperaba. Estaba... enojado. Si sus supuestos amigos realmente se preocuparan por ella, insistirían en que pasara las vacaciones con ellos.
— Si estás preocupado acerca de que me quede aquí, puedo cuidar de mi misma — le aseguró Liv. — Ni siquiera te enteraras de que estoy aquí.
¿Qué tipo de persona pensaba que era él? — Esa es la cosa más ridícula que he oído — dijo sorprendido por su tono de voz agudo. — No te dejaré pasar la Navidad sola. Vas a celebrarla con nosotros.
— Aaron, no creo…
— Eso no es negociable. Te lo estoy diciendo. ¿Pasarás las vacaciones con mi familia?
Liv abrió la boca para protestar, por eso él hizo lo único que podía hacerla callar. Se inclinó hacia adelante, cubrió los labios con los suyos y la besó.
Capítulo 12
Aaron estaba haciendo que fuera realmente difícil para ella decirle que no. Literalmente. Cada vez que intentaba protestar, y abría la boca, él volvía a besarla de nuevo. Estaba empezando a sentir la cabeza pesada y el cuerpo excitado y totalmente flojo. Sin embargo, no podía evitar la sensación de que estaban siendo observados.
Ella abrió un ojo y miró hacia la puerta, casi tragándose su propia lengua cuando vio una cara mirándola a través de la ventana. Una mujer que no conocía, con largo pelo rizado y rubio y llevando una especie de cofia de encaje. El primer pensamiento de Liv fue que alguien había descubierto su secreto, y que ambos estaban en un gran problema. Entonces ante sus ojos la cara se hizo brumosa y translúcida y pareció disiparse y desaparecer en el aire.

Dejó escapar un grito ahogado contra la boca de Aaron, y luego se alejó tan rápido de él que se tambaleó hacia atrás, tropezó con la silla y cayó sobre su trasero al duro suelo.
— Maldita sea, ¿qué pasa? — Aaron le preguntó, asombrado por su arrebato.
Ella señaló hacia la puerta, a pesar de quien fuera, o lo que fuera, que había visto en la ventana ya no estaba allí. — Un fan…fantasma.
Aaron se dio la vuelta para mirar. — Allí no hay nadie.
— Ha desaparecido.
— Probablemente te vio mirarle y salió corriendo.
— No. Quiero decir, que en realidad desapareció. Un minuto estaba allí, y al minuto siguiente se desvaneció. Yo ni siquiera sé cómo explicarlo. Fue como si... se hubiera disuelto.
— ¿Disuelto?

— Como la niebla — Eso daba tanto miedo como el infierno, pero la científica en ella no podía evitar sentirse intrigada. Siempre se había aferrado a la creencia de que no había tal cosa como el cielo o una vida en el más allá. Cuando estabas muerto, estabas muerto y punto. ¿Podría esto significar que había algún tipo de vida después de la muerte?
Aaron miró a la ventana de nuevo, después hacía ella otra vez, todavía tirada en el suelo. — ¿Me estás diciendo que has visto un fantasma?
— Hace unos días, nunca lo hubiera creído, pero no puedo pensar en ninguna otra explicación lógica—Y por alguna razón, viéndolo con sus propios ojos, y sabiendo que era real, le producía más curiosidad que miedo. Liv quería volver a verla.
Aaron le tendió una mano para ayudarla a levantarse, y cuando estuvo de pie la abrazó. — Si alguien nos estaba mirando, vivo o no, lo que casi consigue es ver un espectáculo X, porque estaba a dos segundos de devorarte entera.
Esto en cuanto a ser discretos. — Supongamos que alguien de este plano de existencia se le ocurrió bajar y mirar por la ventana.
— Por eso vamos a taparla—dijo él, mordisqueando su cuello. — Una hoja de papel y cinta adhesiva servirán.
Lo que él le hacía experimentar se sentía deliciosamente maravilloso, pero ahora no era el momento de perder el tiempo. A pesar de que tenía la sensación de que cuando se trataba de una mujer, Aaron estaba acostumbrado a salirse con la suya. Si él iba a estar a su lado, tendría que aprender a hacer concesiones.
— Aaron, tengo que trabajar — dijo con firmeza, poniéndole las manos en el pecho.

— No, no tienes — murmuró contra su piel.
Ella le dio un empujón suave, pero firme. — Sí. Si tengo.
Él dudó un momento y luego a regañadientes, la dejó ir. — ¿No te veré en todo el día?
A pesar de que luego tendría que trabajar hasta altas horas de la noche, si él quería verla, entonces la vería. —¿Qué tal una partida de billar después de la cena?
Él sonrió. — ¿ Y después del billar?
Ella simplemente sonrió.

— Tomaré eso como una promesa — dijo Aaron, retrocediendo hacia la puerta.
— Ah, y sobre la Navidad, — dijo ella.
— No voy a discutir eso.
— Pero tu familia…
— No les importará en absoluto. Además, si Melissa se ​​entera de que pasas las vacaciones sola, lo más seguro es que tenga una crisis emocional.
Él probablemente tenía razón. Si Aaron no insistiese en que se uniera a ellos, Melissa seguro que lo haría. O tal vez es lo que se decía a ella misma para convencerse.
Compromiso, Liv. Compromiso.
— Bien — dijo, y eso pareció hacer a Aaron muy feliz.

— Nos vemos en la cena — dijo mientras salía.
Liv nunca había tenido lo que cualquiera consideraría unas vacaciones normales de Navidad. Sus familias de acogida no tenían dinero para regalos y comidas extravagantes. Si ella tenía dulces en su calcetín - incluso aunque hubiera muchos niños- ese había sido un buen año. Y los usaba para aliviar su tristeza cuando los niños de la escuela regresaban después de las vacaciones con ropa deportiva, nuevos videojuegos y reproductores de CD portátiles, pero ella había aprendido a endurecer su corazón.
Incluso ahora, la Navidad era otro día más para ella. Pero estaría mintiendo si dijera que no se entristecía un poco, sabiendo que todos los demás estaban con sus familias.
Aunque, había beneficios también. No tenía que luchar contra la multitud de gente que hacía las compras navideñas de regalos, o descubrir escandalosos gastos de sus tarjetas de crédito en enero. Cuanto más simple era su vida, mejor. Aunque podría ser un cambio agradable pasar la Navidad en un lugar diferente que a solas en el laboratorio. Con una familia de verdad.
O tal vez, pensó mientras se sentaba frente a su ordenador, eso le haría darse cuenta de todo lo que se había estado perdiendo.
 
Liv se inquietó al lado de Aaron cuando se acercaron a la suite del rey. Sus padres habían regresado de Inglaterra el día anterior, varios días más tarde de lo esperado debido a las leves complicaciones causadas por la reinserción de la bomba. Pero el rey se sentía bien, con buen ánimo y feliz de estar en casa con su familia.

— Tal vez les moleste — Liv dijo con el ceño fruncido. — Estoy segura de que el rey necesita descansar.
— Él quiere conocerte — le aseguró Aaron. Ella se sentía más cómoda ahora en el castillo que la semana pasada. También parecía disfrutar de pasar tiempo con sus hermanos, y la sensación era recíproca. Incluso Anne había bajado sus defensas en los últimos días y parecía estar haciendo un verdadero esfuerzo por conocer a Liv, y por supuesto, Louisa amaba a todos.
Tomó la mano de Liv y le dio un apretón tranquilizador, y aunque no había nadie cerca, ella se soltó de su mano rápidamente. Él estaba rompiendo su regla de “no demostraciones públicas de afecto”. A pesar de que estaba casi seguro de que sus hermanos no habían empezado a sospechar de su aventura, sólo era cuestión de tiempo. Casi todos el tiempo que Liv no estaba en el laboratorio, Aaron estaba con ella y había pasado todas las noches de la semana pasada en su habitación.
Si ellos sospechaban algo, nadie había dicho ni una palabra.
— Estoy muy nerviosa. Me temo que cuando le haga una reverencia me voy a caer de bruces.
— Si te caes, te atraparé — le aseguró a Liv. Llamó a la puerta de la suite abriéndola a continuación, y sintiendo a Liv poniéndose tensa a su lado.

Su padre se había vestido para la ocasión, a pesar de que estaba reclinado en el sofá. Su madre se levantó para saludarlos, cuando entraron en la habitación.
— Liv, te presentó a mis padres, el Rey y la Reina de Thomas isla. Madre, padre, esta es Olivia Montgomery.

Liv les hizo una reverencia, y aunque fue la más torpe que Aaron había visto jamás, ella consiguió hacerla sin caerse.
— Es un honor conocerles — dijo con un ligero temblor en su voz.
— El honor es todo nuestro, señorita Montgomery — dijo su padre, estrechándole la mano, cosa que Liv hizo con cautela, Aaron se dio cuenta, como si le preocupara que pudiera romperle algo a él. — Las palabras no pueden expresar lo mucho que apreciamos su visita. —
Su madre ni siquiera se ofreció para estrechar la mano de Liv. Tal vez la salud del rey, y todo ese tiempo en el hospital estaba pasándole factura. A pesar de que ella parecía estar bien ayer. Sólo un poco cansada.
— Mis hijos hablan muy bien de usted — dijo el rey, y añadió con una sonrisa — de hecho, he oído que eres una especie de tiburón jugando a las cartas.
Liv sonrió nerviosamente. — Estoy segura de que era la suerte del principiante, Su Alteza.
— Asumo que ha tenido tiempo para trabajar desde su llegada — dijo su madre y su tono cortante tomó a Aaron por sorpresa.
Liv parecía un poco aturdida, así que Aaron respondió — Por supuesto que ella lo ha tenido. Prácticamente tengo que arrastrarla fuera del laboratorio sólo para cenar. Ella trabajaría todo el día si yo no insistiese en que se tomara un descanso de vez en cuando.
Ella le ignoró y preguntó a Liv en un tono casi exigente — ¿Ha hecho algún progreso?

Como era el caso cuando ella hablaba de su trabajo o alguien cuestiona su profesionalidad, de repente se convirtió en la científica segura y eficiente. La transformación nunca dejaba de sorprenderle.
— Estoy muy cerca de descubrir la cepa de la enfermedad que afecta a los cultivos — le dijo a su madre. Por lo general, a él le explicaba las cosas en términos simples, por lo que tenía al menos un poco de esperanza de entender de lo que estaba hablando. Pero ahora Liv debía de querer demostrar algo, porque cuando explicó las últimas novedades a su madre, utilizó todos los términos de la jerga científica. A pesar de que la reina había dedicado la mayor parte de su vida a los cultivos, la genética botánica estaba fuera de sus conocimientos.
En el momento en que Liv terminó con su explicación, su madre se veía por lo menos un poco más humilde.
— ¿Le importaría excusarnos, señorita Montgomery? — dijo la reina. — Tengo que hablar con mi hijo.
— Por supuesto — dijo Liv. — Tengo que volver al laboratorio de todos modos. Fue un placer conocerles.
— Te acompaño afuera — dijo Aaron llevándosela de la habitación.
Cuando estuvieron en el pasillo con la puerta cerrada, Liv se volvió hacia él y le dijo: — Lo siento tanto.
Su disculpa le confundió. Él debía ser el que se disculpase por el comportamiento de su madre. — ¿Por qué? Pensé que habías estado fantástica.

Ella frunció el ceño, mirándole enfadada. — Yo estaba presumiendo. Fue muy grosero de mi parte.
— Amor, te has ganado el derecho a presumir de vez en cuando.
— Tu madre me odia.
— ¿Por qué te odiaría?
— Porque ella lo sabe.
Él frunció el ceño. — ¿Sabe qué?

A pesar de que estaban solos, bajó la voz. — Lo que está pasando entre nosotros.
— ¿Cómo podría saberlo?
— No lo sé, pero eso era una leona protegiendo a su cachorro. Su mensaje dice claramente
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