Hipótesis Por ello sostenemos que no existe el homicida serial, ontológicamente hablando, debido a que no existe en tal sentido un concepto científicamente válido, falsacionable e irrefutable. Desarrollo




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títuloHipótesis Por ello sostenemos que no existe el homicida serial, ontológicamente hablando, debido a que no existe en tal sentido un concepto científicamente válido, falsacionable e irrefutable. Desarrollo
fecha de publicación03.02.2016
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EL ASESINO SERIAL
REFUTACIÓN DEL CONCEPTO

Autores:

César Sócrates Fernández

Cristian Fabián Aguirre

Federico Vidal

Universidad Católica De Santiago Del Estero

Departamento Académico San Salvador
Jujuy – Argentina



Derecho Penal y Criminología

INTRODUCCIÓN
Planteo del problema
Al estilo de un personaje de novela o historieta de acción, la criminología norteamericana, pretende construir como un mito oscuro, el concepto de “Homicida Serial” convirtiendo a las fuerzas del estado, en una especie de superhéroe policial, creando un planteo maniqueo de buenos y malos, de Dioses y Demonios.

La tormenta mediática jugó su papel, en el impacto global y su imagen captó la impresión de personas de todo el mundo, despertando la curiosidad por el estereotipo de animal o demonio que se le hubo designado a tal concepto.

Nosotros aquí ponemos en duda la ontología del concepto, puesto que la elaboración conceptual que se ha hecho de él aun no logra encerrar su naturaleza.

Consecuencia de ello es la necesaria mitificación o la idea de una vuelta al ya superado paradigma etiológico en la búsqueda de una respuesta. Fueron Lombroso, Ferri y Garofalo los que en ese sistema de pensamiento lo intentaron hace años, adoleciendo sus construcciones de serios errores metodológico- científicos, hoy estas nuevas posiciones no se eximen de incurrir en ellos.

Hipótesis



Por ello sostenemos que no existe el homicida serial, ontológicamente hablando, debido a que no existe en tal sentido un concepto científicamente válido, falsacionable e irrefutable.

DESARROLLO




Hasta la fecha no existe ninguna tipología o concepto universalmente aceptado para los asesinos seriales. No hay lenguaje común que los doctrinarios del derecho y los profesionales de la salud mental utilicen para describir tal comportamiento.

Ante tal ausencia muchos han pretendido referirse a ellos a través de la asignación de ciertas características calificativas de su personalidad, a la que haremos mención más adelante.

Sin duda ello implica la regresión a un derecho penal de autor, que es ante todo una corrupción del derecho penal en que no se prohíbe el acto en si, sino el acto como manifestación de una “forma de ser” del autor, que seria lo verdaderamente delictivo.[...]: lo prohibido y reprochable o peligroso seria la personalidad y no el acto; una concepción antropológica que considera al hombre incapaz de autodeterminación, sin autonomía moral, sin capacidad para elegir entre el bien y el mal. El acto es el síntoma de una personalidad peligrosa que es menester corregir del mismo modo que se compone una maquina que funciona mal. [Zaffaroni, E. R].

El asesinato serial es un crimen caracterizado por la carencia de una rigurosa investigación etiológica y un exceso de la teorización popular y periodística. [Edward W. M.] Se trata de un crimen que ha concitado peculiar interés y la preocupación publica, ya que, intentar edificar una etiología de asesino serial al estilo de un derecho penal de autor implica ante todo un atentado a la dignidad humana.

En el paradigma etiológico se planteó una situación similar, ya que éste pretendió calificar a los delincuentes basándose en características biológicas como por ejemplo: Cesare Lombroso determinó que las personas de frente estrecha, mandíbulas y pómulos prominentes, orejas separadas, bello abundante y brazos extremadamente largos eran mas propensas a delinquir que otras.

Estas posiciones que años antes fueron tomadas como verdad absoluta hoy son teorías superadas, puesto que pertenecen al paradigma etiológico, y evitamos referirnos aquí a las incongruencias y falsedades de ese paradigma para no exceder los fines de este trabajo y suponiendo longamente el conocimiento del mismo por el auditorio.

Actualmente, las definiciones del asesinato serial difieren entre los ensayistas. Sin embargo, ellos pretenden definir arbitrariamente a su autor como un asesino que debe matar por lo menos a dos víctimas en incidentes temporales sin relación. Este criterio temporal está satisfecho generalmente por “un período de enfriamiento” entre las matanzas, que puede consistir en horas o hasta años.

Añaden, muchos otros, que los asesinos seriales son hombres blancos y dominantes, de entre 20 y 30 años de edad, por lo general psicópatas o esquizofrénicos, y que poseen una inteligencia superior a la media. [Cortesí, S.]. Este es un “concepto” general del cual se desprenden muchos otros. Así hayamos a aquellos que hacen hincapié en el número de homicidios necesarios para asignarle tal calificación y a la duración del período de enfriamiento:

Douglas y Ressler [Ressler, R. K., Burgess, A.W. & Douglas, J. E.]: Definen el asesinato serial como tres o más acontecimientos con un período de enfriamiento emocional entre ellos, el cual puede durar días, semanas, meses o años.

Edward W. Mitchell [Edward W. M.]: Definirá a un asesino serial como persona que mata a dos o más víctimas en incidentes que están geográfica y temporalmente sin relación.

FBI [Apsche, J]: Define al Asesinato Serial como la matanza de varias víctimas en tres o más semanas.

Universidad de Princeton [WordNet ® 2.0, © 2003]: Alguien que mata a más de tres víctimas una a una en un intervalo de tiempo relativamente corto.

Wikipedia [www.wikipedia.com]: Un asesino serial es alguien que comete tres o más asesinatos durante un extenso período de tiempo con un lapso de enfriamiento entre cada crimen.

Y generalizando The American Heritage (Diccionario de la Lengua Inglesa) [The American Heritage]: Una persona que ataca y asesina a víctimas una por una en una serie de incidentes.

Otros, tales como Guttmacher [Holmes, R. M. & DeBurger], ponen el acento en un detonante de este hecho delictivo: describió al Asesino Serial como sádico, quién de la matanza deriva satisfacción sexual. Motivado por fantasías, el delincuente parece obtener placer al deshumanizarlas.

Estos autores hacen a los “asesinos seriales” bastantes similares para ser introducidos en una misma categoría, pero a la vez bastante diferentes como para dificultar su estudio. Y ¿por qué?. Desde la lógica, es posible observar contradicciones entre unas y otras doctrinas siendo éstas vastas y notables para demostrarlo, pues, hacen parir para con ellas refutaciones innegables.

Desde un punto de vista más objetivo, remitiéndonos a las fuentes de las cuales estos autores se sirven para desarrollar las posiciones antedichas, deducimos lo siguiente:


SE DIJO QUE LOS ASESINOS SERIALES SON:

PESE A ELLO:

hombres

Aileen Wuornos y Myra Hindley, fueron mujeres.

blancos

¿Se supondría que no hay homicidas seriales negros o asiáticos o latinos? Richard Ramírez era latino.

dominantes

Dennis Nielsen y Jeffrey Dahmer, asesinos seriales, fueron homosexuales, características que no se adecuan a un varón dominante.

de entre 20 y 30 años de edad

Charles Manson, Ed Kemper, mataron a los 17 y 15 años respectivamente. Ed Gein tenía 51 años cuando mato. Chikatilo tenía 53 en el auge de su “carrera homicida”.

poseen una inteligencia superior a la media

El “Petiso Orejudo”, tenía un coeficiente intelectual similar al de un idiota.

psicópatas o esquizofrénicos

Wille [Price, V. A]: Identificó otros tipos distintos de Asesino Serial que cubría una amplia gama de categoría bio-socio-psicológicas: 1) Depresivo; 2) Sicopático; 3) Afligido con desorden orgánico cerebral; 4) Agresivo pasivo; 5) Alcohólico; 6) Histérico; 7) Juvenil; 8) Retardado mentalmente; 9) Sexópata, 10) A sueldo.

motivados por placer sexual

David Berkowitz, conocido como “el hijo del SAM”, fue motivado en sus asesinatos por venganza; Herberto Mullin, asesinó por voces de su subconsciente que le ordenaban matar para evitar un terremoto. Casi todos los “homicidios seriales” que se imputan a mujeres, son motivados en intereses económicos, (viudas negras, cobros de seguros etc).

O BIEN QUE:




matan a dos o más víctimas

Jenkins asegura que basta con solo un asesinato para juzgar a su autor como asesino serial, siempre que este haya sido desarrollado con una alevosía de tal grado que permita tal configuración.

el período de enfriamiento es extenso

Universidad de Princeton: Alguien que mata a más de tres víctimas una a una en un intervalo de tiempo relativamente corto.


los asesinatos cometidos no están relacionados geográfica ni temporalmente


E. Kemper mató a su madre y a su amigo (ambos de la misma nacionalidad), en el mismo incidente (sin adecuarse, por ende, a los criterios de la separación temporal o geográfica). Sin embargo, E. Kemper sería claramente un “asesino serial” (él también mató a otros ocho). Diana Lumbrera, asesinó a seis de sus hijos.


No asombrosamente, estas tipologías están en conflicto. Algunas son descripciones de causalidad, mientras que otras son de diagnóstico de naturaleza. Casi todos los investigadores centran su mirada, sobre todo, en estudios de casos individuales de asesinos seriales. Es por ello que, a pesar del enorme esfuerzo que estas exploraciones exigen, ninguna de ellas parece lograr, como hemos visto, conseguir aceptación pacífica en cuanto determinar aquello que convierte al Asesino Serial en tal y que lo diferencia de otros asesinos comunes.

Las causas que obstaculizan esta tarea pueden ser diversas, o lo que es lo mismo decir, muchos pueden resultar ser los motivos por los que autores de renombre aun siguen intentando elaborar una fórmula que pueda estructurar de manera inequívoca un arquetipo particular de Asesino Serial que torne incuestionable su existencia temporo espacial.

La causa más evidente parece ser, que lo que se pretende definir, no existe.

¿Pero acaso eso es desconocido por quienes proclaman a los cuatro vientos su existencia?.

Evitando entonces la ingenuidad, creemos que el esfuerzo conceptual fallido se debe, entre otras cosas, a: a) una desmesurada atribución de poder a la policía estadounidense; b) el marketing y c) el merchandising.

No obstante las refutaciones anteriores, la policía norteamericana pretende crear la estructura de un mítico arquetipo, quizás al estilo mitológico. Se pretende crear así un monstruo, un demonio universal, como también en contracara al héroe, el defensor de la sociedad.

Los aportes de las ciencias son derogados por estos argumentos: cuentos policiales que le otorgan rol de dioses a los encargados de la seguridad nacional. Situando en una suerte de antagonismo al caballero policial, se hace presumir la figura de un dragón quién no es otro más que el busto del mencionado asesino serial. Este ser, tan repulsivo como atractivo, yace en lo sagrado y, como todo lo divino, posee una cualidad diferencial: la capacidad de volverse invisible. Esto es lo que lo separa de un asesino promedio, propiedad que lo eleva al estrato de super-asesino. Se trata, entonces de un homicida distinto, que, pese a la etiqueta diferencial que se le asigna, resulta un agresor de difícil captura.

Más aún, en una era como la nuestra, en donde el valor de la imagen excede al de las palabras, la búsqueda de un “asesino serial” se reduce a una identificación visual en vez de a una explicación. Por consiguiente, su concepción se torna polifacética.

El discurso policiaco que domina hoy los Estados Unidos describe un mundo amenazado en mayor medida por un horror inexplicable: este miedo está mas allá del alcance de la psiquiatría pues es el indicativo de una locura que no puede ser tratada, y, consecuentemente, solo el encarcelamiento o la ejecución son percibidas como la única respuesta posible del estado. Por lo tanto aquellos que protegen la sociedad de estos monstruos asumen un aura de autoridad sacerdotal.

Este fundamento es utilizado por el “Centro Nacional para el Análisis del Crimen Violento”, situado en la academia del FBI, quien es responsable de la creación del sistema de técnica de perfiles de personalidad. Tales discursos se han vuelto dominantes en la prensa televisiva y revisteríl haciendo que los héroes de la televisión, de las novelas literarias y del cine, sean protagonizados por una elite de policías: se creó así la cultura de la mentalidad policial.

Se trata de lo perverso entre lo mundano o humano, lo no natural entre lo natural, el animal entre lo social... El asesino serial es el arquetipo de lo impuro, la representación de un mundo que necesita ser limpiado. ...la mentalidad policial, por ello, nos hace creer que hay una cosa como enemigo inexorable en la sociedad que requiere erradicación y que nunca podrá reconciliarse con ella. [Tithecott, R.].” El FBI acuerda que el asesino serial es un criminal completamente diferente, con una enfermedad que puede ser reconocida por hechos biográficos particulares pero que se inscribe de “tonos satánicos”. La lucha contra el mal eleva al FBI a un servicio de comunidad por sobre la política, asumiendo poderes sacerdotales, esto es, el poder de estar respaldado por la ley y por sobre ella para juzgar a un individuo como en una lucha entre lo demoníaco y lo celestial. Así obtienen las dos caras de una moneda: el demonio y el dios, el homicida serial y el poder de policía.

En contraste al discurso psiquiátrico, entonces, encontramos a la pureza del alegato del FBI. Aquél pretende contribuir a crear un ambiente en el que el pretendido asesino serial pueda prosperar y ser protegido, pues se trata de un enfermo que necesita hospitalización. En cambio, éste, tiene el poder de distinguir entre el bien y el mal.

Pero para que la construcción de monstruosidad del FBI gane credibilidad tiene que tener una marca de verdad. De esta manera el desarrollo del perfil personal de un criminal es similar al proceso usado por los clínicos para hacer un diagnóstico o un plan de tratamiento. Así la interpretación artística se hace ciencia y la confianza pública en la psiquiatría se pierde.

Por ejemplo, la insanía mental es remplazada en la corte por una forma de locura marcada con permanencia y sin esperanza de solución.

El FBI tiene el poder de definir a los monstruos de la sociedad y es lo único que importa. Ya no se trata de un “culpable pero enfermo”, sino mas bien de solamente un culpable y su destino no es otro que el encarcelamiento.

La existencia del homicida serial es la buena noticia para aquellos que trabajan en la policía pues éste se ha convertido en la justificación de sus ingresos. Lo que se quiere con ello es equiparar al poder policial al poder evasivo de éste asesino serial con objeto de lograr un ajuste de situación entre dos entidades adversas.

El placer de matar por gusto es otro problema que se hace inexplicable pues va mas allá de todo conocimiento científico y es por ello, como lo argumenta del FBI “que la preocupación consiste en identificar a la bestia, no por sus motivos que lo llevan a hacer lo que hace sino por el mero interés de que lo hace; lo que interesa es encontrar dónde, cómo, y quién; no por qué” [Tithecott, R.]. Y así se dicen cosas tales como las que hemos mencionado, verbigracia, “las estadísticas demuestran que la mayoría de los asesinos seriales son blancos”.

Los perfiles de personalidad pueden indicar un cambio en la dirección de la ley, desde captar un determinado acto hacia un tipo particular de persona. Ellos son usados para operar como instrumentos en la producción y refuerzo de estereotipos criminales, esto es, la conexión entre características personales y el comportamiento criminal.

Es la idea del mal que reside en cuerpos específicos. La monstruosidad como una manifestación corporal del mal es de efecto local no generabilizable a través de la sociedad o de la cultura. No hay necesidad de explicar el crimen, solo lidiar con el criminal. La individualización y la construcción del asesino serial son interdependientes; se dan el uno al otro sus sentidos.

Más todavía, “a causa de la horripilante naturaleza de sus crímenes, sus diversas personalidades y perfiles, y su habilidad para evadir la detección y matar a muchas víctimas antes de ser capturados y encarcelados, los asesinos en serie se han vuelto rápidamente figuras de culto, y han sido representados en muchas novelas, filmes, canciones, historietas, videojuegos, etc.

La fascinación pública por los asesinos en serie, induce al éxito de muchas novelas policíacas y filmes acerca de asesinos en serie de ficción, incluyendo el American Psycho de Bret Easton Ellis; y especialmente The Silence of the Lambs de Thomas Harris y su galardonada adaptación cinematográfica, cuyo principal antagonista, el antropófago asesino en serie Hannibal Lecter, se ha vuelto un icono cultural. El personaje John Doe, de la película Se7en, es otro notorio asesino serial de ficción. Las series de historietas Family Bones cuenta la historia de los asesinatos de Copeland en Missouri.

Los objetos de recuerdo y la erudición sobre asesinos seriales, es una subcultura que gira alrededor del legado de varios infames y célebres asesinos en serie. Mientras los objetos de recuerdo están generalmente circunscritos a las pinturas, escritos y poemas de estos personajes, un mercado ha crecido en los recientes años con enciclopedias, tarjetas y hasta figurillas de acción.” [www.wikipedia.com].

Las estadísticas, respecto del marketing y el merchandising, demuestran que el rating de TV y la venta de periódicos se elevan considerablemente en cada aparición de un “asesino serial”.

Muchos otros son los rubros que se ven influenciados por la existencia de esta figura.

En detalle, y en un ínfimo ejemplo:
Libros: Intento mortal (2002), por Sue Russell, que habla de Aileen Wuornos. “Unabomber on the trail of americas most-wanted serial killer” “Mind Hunter” ambos por John Douglas, “The night stalker” sobre Richard Ramírez, por Philip Carlo, “El petiso orejudo” por María Moreno, “Camarada Chikatilo” por Mijail Krivich y otro, “El Hombre que no mató lo suficiente” sobre Jeffrey Dammer, por Anne Schwartz, “Killer among us” Joseph Fisher.

Documentales: La Mella Broomfield dirigió dos documentales sobre ella: Aileen Wuornos: La venta de un asesino serial (1992), y Aileen: Vida y muerte de un asesino serial (2003). Broomfield condujo una entrevista con Wuornos en el día antes de su ejecución.

Películas: “El monstruo” (2003), cuenta la historia de Wuornos a partir del momento que ella comenzó a matar.

La película Jeffrey Dahmer: La vida secreta; fue lanzada en 1993.

El coleccionista de Huesos, con Angelina Jolie y Denzel Washington.

Se lo que hicieron el verano pasado, Pecados capitales, son otros ejemplos.

Series: Overkill: La historia de Aileen Wuornos, con Jean Handsome como Wuornos. Wuornos también se ha ofrecido en 60 minutos, A&E, y cortes de TV. Bones, The Inside, Killer Instinct.

CONCLUSIÓN

Sin haber podido lograr, hasta hoy en día, como se entendió en el desarrollo de nuestro trabajo, una conceptualización suficientemente convincente, la edificación científica parece sustentarse sobre la base de una ficción, o un ser sin existencia, o peor, sobre un ente sin esencia propia. Esto es, una nueva rama del saber carente de objeto de estudio concreto.

Por todas estas consideraciones nos creemos aptos para dar una opinión de cierre. De esta manera, por ende, concluimos en que el discurso del “Asesino Serial” es pura mitificación. No es otra cosa que una justificación de poder, aceptada por los más variados estratos sociales, por el marketing televisivo y revisteril, por la visualizaciones cinematográficas, la literatura policial, e incluso por el mismo poder de policía, pues de no ser así, el caudal de partidas presupuestarias estas instituciones del Estado Norteamericano no estaría “justificada”.

En suma, la estructura esbozada del Asesino Serial peca por incompleta. Se trata de un concepto poco veraz e inútil en sus consecuencias prácticas, sin validez universal, no susceptible de falsación y fácilmente refutable.

El Asesino serial es una invención de la que no pocos se han aprovechado.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Worthington, Peter. (1993). The Journalist and the Killer. Boston, Saturday Night.

www.wikipedia.com / Asesino Serial.
Zaffaroni, E. R. (1999). Manual de Derecho Penal (Parte general). Bs. As, Ediar.

AGRADECIMIENTOS

En especial atención a nuestro Profesor de Derecho Penal, Dr. Lucas Grenni, pues con su ayuda logramos concretar un trabajo de calidad, tornándose éste realmente emocionante.
Y a la Universidad Católica de Santiago del Estero (DASS), por brindarnos ayuda debida. .

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