Prólogo al libro de Gerardo Sánchez Ruiz




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Planificación y Urbanismo de la Revolución Mexicana

Los sustentos de una nueva modernidad en la ciudad de México.*

Prólogo al libro de Gerardo Sánchez Ruiz


Rafael López Rangel

El trabajo de Gerardo Sánchez que el lector tiene en sus manos, está inscrito en una genuina preocupación de los estudiosos de la cultura urbano-arquitectónica de México: la realización de un “recuento” de lo planteado y producido durante el siglo XX y de manera muy especial los orígenes de nuestra modernidad funcionalista. En este sentido, desde la década de los ochenta empieza a aumentar la densidad de los trabajos, investigaciones y publicaciones al respecto, mismos que se multiplicaron en los años noventa. Desde diversas posiciones ideológicas, el tono de un buen número de ellos encierra la preocupación por aclarar las condiciones actuales de nuestras ciudades y su arquitectura, a través del conocimiento de su proceso genético. 1
El autor –quien continúa la línea de su primer trabajo2 intenta seguir paso a paso el proceso de la instauración de la planificación urbana en México con énfasis en la capital de la república, y dentro de un entusiasmo que continuamente se desborda en relación a sus protagonistas y a sus propuestas, aporta elementos y cuantiosa información que se suman a las ya conocidos. Con ello contribuye, sin duda al necesario ahondamiento del conocimiento de esa etapa fundacional de nuestro movimiento moderno (1917-1940).
Tenemos que subrayar que para nosotros la necesidad de desentrañar esos orígenes de la planificación urbana en nuestro país y de manera especial de la ciudad de México, se acrecienta en virtud de que el crecimiento y transformaciones modernas de las ciudades han arrojado un saldo negativo considerable, y en el caso de la capital, cobra ahora una agudeza patológica y ambivalente: Considerables niveles de segregación socio espacial –manifestada en la copresencia desigual de algunos sectores de alto nivel de vida con áreas extensas de sectores medios y millones de ciudadanos en la pobreza y la pobreza extrema- degradación del parque construido, destrucción de su patrimonio -junto a algunas acciones aún insuficientes para rescatarlo-, pérdida de identidad, caos vial, altos niveles de contaminación, vulnerabilidad. En fin, una ciudad sumida en la insustentabilidad de su desarrollo, con una tasa decreciente de la calidad de vida de su población aunque no carece totalmente de servicios de infraestructura y equipamientos: están diferenciados por la segregación ya mencionada. Y ahora podemos apostar, en virtud de los avances de la sociología de la Modernidad, que esas patologías tienen su origen en las formas aberrantes de crecimiento y transformación modernos de la urbe.3

Ciertamente, conocer esos momentos originarios y sus procesos, rebasa la labor de un historiador tradicional de la arquitectura y las ciudades, y tal requisito pone en jaque a quienes nos dedicamos a la investigación y la reconstrucción histórica: requiere una experiencia transdiciplinaria y compleja, que es la única manera hoy aceptable de enfrentar esa problemática cognoscitiva.4
De acuerdo con las actuales líneas epistemológicas, para construir el “sistema complejo” (es decir en sus intrincadas conexiones dialécticas), de la historia de los inicios de nuestra modernidad urbano arquitectónica tendríamos, una vez ubicado el problema inicial –que está vinculado a la todavía escasez de análisis del tipo que esta planteando el constructivismo genético, o que al menos tienen esa tendencia-, tendríamos que plantear las preguntas conductoras que orienten nuestro análisis.
Para el problema que estamos tratando, esas cuestiones serían, en principio, las siguientes, vinculadas entre sí.
¿Cómo concebían los impulsores de la planificación urbana las transformaciones que deberían tener las ciudades del país –y sobre todo la de la capital de la Republica - en esa etapa de la sociedad mexicana?
¿Qué papel le pretendieron asignar a la capital, los dirigentes del país, en el proyecto de la reconstrucción nacional posrevolucionaria?
¿Cuáles fueron los actores sociales que protagonizaron las transformaciones de la ciudad, que tipo de acciones o que tipo de propuestas realizaron cada uno de ellos?
Y, para lograr nuestro objetivo, una pregunta crucial:
¿Cuáles fueron los efectos –en términos urbanísticos, culturales, sociales y de calidad de vida- de las transformaciones que se realizaron en la ciudad, en su momento y a largo plazo, así como de las concepciones planteadas? O sea ¿Cuál es el saldo de la modernización de la ciudad?
El trabajo que nos brinda ahora Sánchez Ruiz, proporciona valiosos elementos e información, que sumados a los ya conocidos, son útiles para responder a este conjunto de cuestiones. En seguida intentaremos abordarlo, aunque sea brevemente, y vinculando una pregunta con otra.
Las concepciones de los impulsores de la planificación urbana. De acuerdo a los estudios realizados hasta ahora, incluido este que estamos comentando, muestran que los profesionistas que promovían el urbanismo y la planificación, desde los años veinte, tendían a incorporarse –dentro de las condiciones de la reconstrucción nacional posrevolucionaria- al gran movimiento europeo y norteamericano de las denominadas vanguardias, caracterizadas por la instauración de las formas propias de la cultura industrial, cuando se van estableciendo los paradigmas universales del funcionalismo en todos los ámbitos de la producción material e incluso en las propias ciencias sociales. Se trata de uno de los momentos representativos de la Modernidad en el cual el racionalismo instrumental –que se venía construyendo desde la Ilustración- va imponiendo una lógica del desarrollo y de la propia vida, a tal grado avasalladora que tuvo una gran influencia, cuando menos, durante las dos terceras partes del siglo que acaba de terminar.

Y así, en el comienzo del funcionalismo, se intenta aplicar en nuestro país la planificación canónica, inscrita, según se recuerda en este libro de Gerardo Sánchez en una “planificación nacional”, que sometía a un tratamiento racional al país entero. Ahora bien, en lo que respecta a las ciudades, la referencia básica fue la ya legendaria Carta de Atenas –que concebía y organizaba la estructura de la ciudad en espacios funcionales5, con lo que se vinculaba con los planteamientos del zoning norteamericano y centro europeo, que segregaba sectores emergentes incómodos –vivienda obrera, fábricas y otros establecimientos contaminantes- para ubicarlos en lugares distintos de los sectores de vivienda, equipamientos y administración de las capas dominantes. 6
Si bien en su momento se consideraban positivos estos criterios, sobre todo porque estaban introduciendo los paradigmas de la nueva disciplina de la planificación y el urbanismo dentro de la fórmula de la atención a necesidades masivas, más tarde, hasta ahora, se hace evidente que las concepciones especialistas, simplificaban la compleja realidad urbana para convertirla en un mecanismo manejable, al tiempo que aceptaban y propiciaban la segregación socio espacial. La planeación tendía, simplemente a ordenar y “mejorar” parcialmente los diversos sectores del asentamiento, tanto en términos económicos como políticos. En este último sentido, como lo veremos luego, los criterios correspondían tanto a la dosificación de las reformas sociales posrevolucionarias como a la ejecución de ciertos servicios públicos.
Con esas ideas, las categorías fundamentales para concebir y hacer ciudad eran las funciones urbanas, y los espacios urbanos interrelacionados en un sistema simple. Naturalmente esto se trataba en lo concerniente a sus principios abstractos y técnicos, porque en el momento preciso de su aplicación, las consideraciones políticas, a favor del mantenimiento del estado y el Sistema Mexicano, se evidenciaba de manera frecuente, como una determinación fundamental, y así, como seguiremos viendo, sus planteamientos estaban funcionalmente vinculados al proyecto social del estado emergente.
De todos modos, es obvio ahora que lo que se excluía o se dejaba de lado en esos principios fundadores, era el ataque frontal y masivo de las necesidades de la población, la cultura de ésta, así como sus identidades, junto a los efectos negativos en el medio ambiente.
De esa manera los principios funcionalistas, dentro de los proyectos políticos gubernamentales y sus coyunturas, generaban, y seguirían generando durante décadas, las formas de construir la urbe, desde la acción institucional. Por lo demás, como lo hemos sugerido, los efectos negativos de esa manera de concebir la problemática urbana, que ahora han dejado y dejan una evidencia indudable, en menos desde los años setenta. Por lo demás tenemos que reconocer, que en el proceso de crecimiento y transformación modernas de la urbe, van apareciendo o se van acrecentando grupos sociales que, -como lo afirma François Tomas- generan sus propias estrategias socioespaciales7 para cubrir sus ingentes necesidades de hábitat, generándose el choque de dos lógicas: la institucional o canónica – normativa, y la de la acción popular, informal, la de la necesidad no satisfecha hasta ahora, ni durante la trayectoria continua durante décadas de las políticas “de la Revolución Mexicana”.
Por ello mismo se producían voces de denuncia, líneas críticas, algunas de proporciones políticas, como el caso del movimiento inquilina rió de fines de los veintes y principios de los treinta, y la formación de la Unión de Arquitectos Socialistas a dos años de terminar el sexenio cardenista (1938).

Ahora bien ¿cómo definían a la planificación urbana los pioneros institucionales de esta actividad? Acorde con los principios funcionalistas, los propios protagonistas de los emergentes planteamientos, concebían a la Planificación como una disciplina científica, Y así, en el número 3 (noviembre de 1927), de la Revista Planificación, órgano de la recién creada Asociación Nacional para la Planeación de la República, se asentaba de manera contundente:
La planificación de una ciudad es más que un mero conjunto de ideas o de opiniones dispersas de los individuos que la habitan, la planificación es una ciencia, o mejor dicho, un conjunto de ciencias que estudian la ciudad, considerándola ya como un organismo físico, ya como una entidad moral.”8.
Quizá una peculiaridad “mexicana”de ese ya lejano movimiento a favor de la planificación –y por cierto también de la arquitectura9-, es la mezcla del funcionalismo con el pragmatismo y con los enfoques espiritualistas a manera de los casi olvidados Dilthey y la Escuela de Baden. Tal cosa se muestra con la afirmación siguiente:
En el primer caso (la ciudad como organismo físico. Aclaración nuestra.), la “planificación10 es la fisiología de la ciudad o región, asimilándola a un organismo vivo del cual estudia todas sus funciones y provee a la realización normal de ellas. En el segundo caso, considerándola como entidad moral, la asimila al alma humana, y estudia y resuelve las cuestiones de orden social que la atarían para hacer que paralelamente con su desarrollo físico, se eleve el nivel moral de sus habitantes, por medio de la educación, de la instrucción y del bienestar que ella crea.”11

Es pertinente, al hablar de las nuevas concepciones acerca de la arquitectura y la planeación de ciudades mencionar la reflexión que hace, en 1933, el más destacado protagonista de esta última, Carlos Contreras, en relación con la arquitectura, vista desde el interés de un planificador. Tal reflexión la realiza en un documento inicial y hasta cierto punto paradigmático de los inicios de la planificación urbana funcionalista en nuestro país: “El Plano Regulador del Distrito Federal”:
La planificación de ciudades y regiones nos ha traído un nuevo concepto de la Arquitectura: nos ha dado una visión más amplia de lo que puede llegar a ser este arte en un campo limitado de acción….Ya no es solamente la función del arquitecto proyectar y construir estructuras sencillas o complicadas que sirvan de alojamiento al hombre en todas sus actividades, sino que ahora debe comprender el trazo de una ciudad o una región en donde el problema de la “circulación” pasa de la consideración de un acceso fácil entre varias piezas o salas, pasillos, corredores y vestíbulos, o de piso a piso en circulación vertical, al acceso conveniente y adecuado en edificios y lugares poblados por medio de calles, avenidas, bulevares, caminos, vías férreas, y hasta rutas áreas, visualizando, justamente desde el aire, en un plano más elevado y con la facultad creadora que debe ser innata en el arquitecto, la “composición” completa de este problema fascinador y complejo…El jardín casero se convierte de un salto en reserva o parque forestal……”

Cabe aclarar que con estas concepciones, hechas en los albores de la institucionalización de la planeación en México, se llegaba al clímax, y hasta cierto punto se respondía a las numerosas proclamas a favor de la planeación de nuestras ciudades y en particular la de México, que se venían realizando desde la primera mitad de los años veinte, por un buen número de profesionales12, para imprimir ahora a la planeación urbana un carácter institucional, y en buena medida, técnico y “neutral”. No obstante, la posición ante las posibles afectaciones -que predisponían a sectores importantes de propietarios e incluso empresarios - era convencer a los “afectados” de que su grupo social sería el más beneficiado. Tal era incluso, una actitud del estado en sus múltiples acciones a favor de la “Reconstrucción Nacional”13.
En consecuencia, los impulsores de la planificación urbana, explicaban así aquellas posibilidades:
No quiere tampoco predicar ni promover la expoliación de la propiedad privada, que considera como sagrada; las propiedades que resulten afectadas en el desenvolvimiento de sus proyectos, serán religiosamente pagadas: pero si pide de parte de los propietarios y habitantes de la ciudad, una cordial y sincera cooperación así como una inteligente comprensión, para no constituir un obstáculo al progreso de México y para darse cuenta de que las mejoras que se intentan realizar, si benefician a todos los habitantes de la capital, benefician en grado más eminente aún a los propietarios.”14
¿Qué papel le pretendieron asignar a la capital, los dirigentes del país, en el proyecto de la reconstrucción nacional posrevolucionaria?
La información tenida hasta ahora, así como los estudios realizados, incluido, de manera especial, “Planificación y Urbanismo de la Revolución Mexicana”, nos han hecho ver que los gobiernos posrevolucionarios, sobre todo los que constituyeron el denominado Maximato se propusieron hacer de la capital de la República una ciudad Moderna al mismo tiempo que la mejor muestra de las acciones de la Reconstrucción Nacional Posrevolucionaria. No es casual, entonces que haya sido entre 1928 y 1934, etapa que Lorenzo Meyer llama “Los inicios de la institucionalización”15, cuando se da el proceso de establecimiento de la planificación en el país y cuando la ciudad de México tiene una atención excepcional.

Naturalmente la Modernidad de la ciudad de México, para darse de manera contundente, tendría que equipararse e incluso tomar como modelo a la Modernidad de las ciudades de los países desarrollados. Por ello la inclusión y el impulso a los principios funcionalistas, en auge en ese momento del desarrollo urbano centroeuropeo. Una muestra de ello es que ya en 1935 el gobierno de la República aprueba la realización en México, del Congreso de Planificación y la Habitación y para ello el Presidente Lázaro Cárdenas autoriza al arquitecto Carlos Contreras para que invite a la Federación Internacional de Planificación, con sede en Londres, para tal efecto. Gerardo Sánchez Ruiz hace la cita de las palabras de bienvenida a ese evento –el cual se realizó hasta 1938- dichas por el jefe del Departamento del Distrito Federal, el doctor y general José Siorub:
México abre….sus puertas hospitalarias para recibir engalanados a los Delegados que el mundo le envía, mensajeros de cultura y de paz, portadores del intenso palpitar de otras ciudades y otros pueblos, que erigen sus relaciones magníficas en arquitecturas de maravilla y ostentan con orgullo las nuevas formas de plasmar en conjunto las bellezas, las necesidades, las ansias y los anhelos de la vida moderna….Vosotros habéis venido a ayudarnos a completar la obra….es nuestra divisa y será nuestra gloria cuando dando un paso en el tiempo podamos como vosotros lo habéis hecho en vuestros países, levantar las nuevas ciudades como nidos más confortables y bellos, donde pueda desarrollarse la vida integral del cuerpo y del espíritu…..”16
En ese mismo evento, nada menos que el presidente de la Federación Internacional de la Planificación y la Habitación, George L. Pepler, en su discurso inaugural, hace una afirmación que sin duda avalaba la construcción de la ciudad moderna, sobre la base –contradictoria ciertamente- de hacer de lado a la ciudad antigua:
Sugiero que no nos entrometamos con la urbanización de las antiguas ciudades, sino que nos concretemos a la planificación de nuevos terrenos…”17 La contradicción surge cuando plantea que así se puede preservar los centros históricos:
Desgraciadamente hemos encontrado que esta doctrina no ha sido practicada con toda la amplitud debida, y aunque todos sabemos que la mejor solución a muchas de nuestras dificultades sería la ampliación de nuestras ciudades, con el objeto de descongestionar el centro de las mismas, preservando en lo posible, el carácter de la vieja ciudad….”18 (negritas nuestras). Por contraste, ahora, especialistas, ciudadanos e incluso no pocos gobiernos, se preocupan por las intervenciones en los centros históricos en términos de su revitalización, rehabilitación y conservación, entendiendo tales como formas de modernización en el sentido de conservar e impulsar su carácter heterogéneo y poli funcional, con prioridad en la preservación de la vivienda popular.

Esa apuesta a la modernidad por parte del gobierno y los profesionistas que impulsaban la planificación y la arquitectura funcionalistas implicaba sin duda un conjunto de acciones para la ciudad de México, y con mayor razón si, como lo hemos dicho, se le daba un tratamiento excepcional por parte de los gobernantes. Las obras públicas jugaban aquí un papel importante, en el cual estaremos reiterando.

En ese sentido, nos queda claro que las obras públicas, incluida la vivienda (de las cuales nos habla con detalle el presente libro de Gerardo Sánchez)- no solamente se daban para satisfacer, aunque sea de manera mínima, las necesidades de la población en aumento y de la propia ciudad en crecimiento: cubría una función ideológica –la exaltación de la modernidad y su conjunto de valores-, económica –crear las condiciones materiales para el proceso de producción, distribución y consumo, en este caso capitalista, en las condiciones de la posrevolución- , política - generar consenso alrededor de las acciones del gobierno y el Sistema Mexicano. Naturalmente, todo esto implicaba incorporar a nuestra ciudad, y al país entero, al mundo complejo de la modernidad, en el medio de la subordinación y el atraso de los países latinoamericanos, en los cuales la mejoría de las condiciones de vida se ha dado y obtenido “a cuenta gotas”, o de manera fuertemente diferenciado, desde que se imponen las políticas públicas y las acciones públicas19. Sin embargo, tal situación está transformándose, cuando menos desde la segunda mitad de los ochenta del siglo pasado, al estarse aplicando acciones no funcionalistas, de conservación, rehabilitación, tendientes a mejorar las condiciones de vida de la población20. Y es harto significativo –para la revalorización de los orígenes de nuestro movimiento moderno- que esas transformaciones se estén llevando a cabo con la orientación de revertir las patologías creadas por la modernidad, y bajo la condición de la participación masiva de la ciudadanía, y con la orientación de nuevos paradigmas: ecodesarrollo, sustentabilidad, equilibrio energético, arqueología industrial, el territorio como patrimonio, identidad sociocultural, planeación estratégica democrática y participativa, etc. Todas ellas pensando en la construcción de un tipo de futuro diverso al que preconizó el Movimiento Moderno y funcionalista.


En el curso de ese prólogo se ha mostrado que el presente libro de Gerardo Sánchez, brinda cuantiosos elementos acerca del papel jugado por los impulsores de la planificación en nuestro país y especialmente de la ciudad de México. Con ello, se puede enriquecer más la polémica acerca de los orígenes de nuestra modernidad urbana. El propio autor se suma a la confrontación, con el elogio a las primeras acciones y planteamientos planificadores y valoración de sus beneficios y vincularlos a las conquistas revolucionarias. La última pregunta que surge frente a estos propósitos investigativos es acerca de si las acciones y beneficios para la población que implementaron e intentaron proporcionar esos vanguardistas de la planificación y el urbanismo fueron frustrados en poco tiempo –una vez concluido el sexenio cardenista- por las acciones contrarrevolucionarias de grupos de capitalistas enemigos de la revolución. Otra visión – que hemos sostenido en nuestras investigaciones y que ahora hemos estado reiterando- es que esos impulsores de la planificación y el urbanismo funcionalistas-a-la-mexicana, sentaron las bases de las ambivalencias y patologías de nuestra modernidad urbana,21 y de cuyas características nos ocupamos a principios de este prólogo.
Ahora bien y finalmente no nos queda más que saludar la presencia de estas confrontaciones, que son un signo de la actual pluralidad del pensamiento moderno y posmoderno. Pero sobre todo, congratularnos por la aparición de un nuevo libro de nuestras disciplinas, evento que desafortunadamente no se da con la frecuencia que la actual situación de nuestro país, de nuestras ciudades y de manera prioritaria, de los ciudadanos, requiere.
Septiembre de 2002.


1 Algunos de los textos significativos de las décadas de los ochenta y noventa hasta la actualidad, que se refieren a la etapa de las vanguardias urbano arquitectónicas en México, e incluso de sus antecedentes, son: Ernesto Alva y José Luis Benlliure, La práctica de la Arquitectura y su Enseñanza en México. Nos 26 y 27. Cuadernos de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico. Nos 26 y 27. INBA, Méx. 1983 Edward R. Burian, Modernidad y Arquitectura de México, Gustavo Gili, Méx.1998. (Original en inglés, Modernity and The Architecture of Mexico. University of Texas. Press, Austin, 1977. Enrique X De Anda, La Arquitectura Mexicana en los años veintes. Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM, Méx., 1990. Fernando González Gortazar (coord.) Arquitectura mexicana del siglo XX. CNCA, Méx., 1997. Rafael López Rangel, La Enseñanza Técnica de la Arquitectura en México. La escuela Superior de Construcción 1920-1930. UAM-X., Méx., 1984. Del mismo autor: La Modernidad Arquitectónica Mexicana. Antecedentes y vanguardias. 1900-1940. UAM-Az. Méx. 1989. La Planificación y la ciudad de México 1900-1940. Méx., 1993. Problemas Metropolitanos y desarrollo Nacional. UAM-Az, México,1992. Pablo Quintero (comp.), Modernidad en la arquitectura mexicana (los protagonistas). Diseño 4 UAM/X.1990. Gerardo Sánchez Ruiz, La ciudad de México en el período de las regencias, UAM-AZ, GDF, Méx.1999. Del mismo autor, Planificación y Urbanismo de la Revolución Mexicana. Los sustentos de una nueva modernidad en la ciudad de México 1917-1940.Méx. (En prensa)…..Antonio Toca Fernández, Arquitectura Contemporánea en México, UAM-Az – Gernika Méx.1989, François Tomas-Mario Bonilla-Alejandro Ochoa, París-México. La primera Modernidad Arquitectónica UAM/X,, México, 1994. Enrique Yáñez, Del Funcionalismo al Post-Racionalismo. Ensayo sobre la Arquitectura Contemporánea de México. UAM-Az, Limusa-Noriega, México,1990. Ramón Vargas Salguero, “La Arquitectura de la Revolución Mexicana. Un enfoque Social” en México, setenta y cinco años de Revolución, Tomo II, FCE, Méx. 1989. Del mismo autor, Arquitectura y Urbanismo Mexicanos. Afirmación del Nacionalismo y la Modernidad .UNAM- FCE, Méx., 1998. Una muestra del interés reciente por esa etapa son las reediciones, en el año 2001, realizadas por la Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble del INBA: Platicas Sobre Arquitectura.1933, y, José Villagrán García (1901-2001).Asimismo, los Cuadernos “Raíces”, que en su primer número, reeditó la citadas Platicas sobre Arquitectura: Gerardo Sánchez Ruiz, Víctor Arias, Carlos Ríos, UNAM, UAM-Az, Méx., 2002.

2 Gerardo Sánchez Ruiz, La Ciudad de México en el período de las regencias..UAM-AZ, GDF, Méx., 1999.

3 Los trabajos sociológicos y aún filosóficos actualmente están abordando la problemática de la modernidad, aún dentro de posiciones ideológicas diversas. Destacan, por un lado Jürgen Habermas,

Norbert Elias, Anthony Gidenns, y por el otro, Alain Touraine, Pierre Bordieu, etc.

4 Edgar Morin, Introducción al pensamiento complejo, ED. Gedisa, Barcelona, 2000. Rolando García, El conocimiento en construcción. De las formulaciones de Jean Piaget a la teoría de Sistemas Complejos. Gedisa, Barcelona, 2000. I. Prigogine, Physique, Temps et Devenir, Paris 1980. J. Piaget y Rolando García, Psychogène et Histoire des sciences, Flamarión, París, 1983.

5  Casi no habría que recordar los “espacios funcionales” en los que la Carta de Atenas dividía a toda ciudad, puesto que aún ahora, empezado el tercer mileno, se manejan en no pocas escuelas, al menos en México: habitar, trabajar, recrear, y circular.

66 Ver Franco Mancuso, Las Experiencias del Zonning, Gustavo Gili, varias ediciones. Otra influencia importante en ese momento fue la denominada “Escuela de Chicago” (década de los veinte y principios de los treinta), calificada de “ecologista”,que como se sabe, concebía a la ciudad como una estructura de franjas circulares concéntricas según la naturaleza social de sus habitantes así como de acuerdo a sus actividades. En el núcleo de esa estructura se encontraba el Bussines Central Distrit, verdadero corazón de los negocios y la administración de la ciudad.


7


 Francois Tomas, La ciudad y las estrategias socioespaciales, Revista Mexicana de Sociología, UNAM, Méx. 1994



8 Planificación, No.3, Méx., noviembre, 1927.

9 Nos referimos, en el caso de la arquitectura, a las influyentes reflexiones del profesor de teoría de la arquitectura de la UNAM, José Villagrán García, considerado pionero del funcionalismo arquitectónico “ a la Mexicana”.

10 Ibídem.

11 Ibidem.

12 Mencionemos algunas de las proclamas más importantes, y eventos previos a la institucionalización de la planificación urbana en México, tomadas de nuestras investigaciones publicadas y asimismo, de la información que proporciona Gerardo Sánchez Ruiz: El 8 de marzo de 1925 se publica –en la Sección de Arquitectura de Excélsior- el artículo “Los precios a los que se realizan los terrenos urbanos y suburbanos son fatalmente ficticios y su permanencia es nociva para el desarrollo urbano, del arquitecto Juan Galindo Pimentel Jr. El 2 de agosto de 1925, en el diario citado y en la misma Sección, se publica un artículo, sin firma –a manera de editorial- , titulado “El tráfico en la ciudad es un problema de planificación aún no abordado”. Se habla en él del enorme desastre del tráfico de la capital y de los altos registros de accidentes. En vista de ello, afirma que la salida es la “planificación global, que incluya un buen trazo de vías de comunicación y el desahogo de los puntos de conflicto”. El 27 de septiembre de ese mismo año, la Sección de Arquitectura de Excélsior publica un texto contundente: “Urge un Plan Conjunto de Urbanización y Salubridad para el Distrito Federal”· En él, se exige la coordinación de las diversas dependencias que tenían que ver con el desarrollo urbano en ese momento, después de hablar de la dispersión de las disposiciones al respecto y señalar las consecuencias negativas de tal situación. Reclama, finalmente la elaboración de un Plano regional del Distrito Federal, así como de la correspondiente reglamentación. Por fin, El 6 de diciembre de 1925, aparece, en la misma publicación y Sección, un anuncio: “El Primer Congreso Mexicano de Planificación de Ciudades”. Se informa ahí de la iniciativa de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos para la realización de ese evento: “La Sociedad de Arquitectos Mexicanos. considerando por demás patriótico…con la intervención de todas las corporaciones profesionales, de la banca, del comercio, de las instituciones científicas, de las agrupaciones obreras, y de cuantos elementos sean necesarios, (asuman) la causa común de la planificación de la planificación de regiones y ciudades en el concepto más amplio y avanzado; ha acordado reunir en un Congreso Nacional todas las energías de que se pueda disponer en la República Mexicana, para tratar de realizar, en bien de la colectividad nacional, la magna obra que encierra en un solo ideal al bienestar y la prosperidad, base de la felicidad de todos y cada uno de los que han de vivir la vida mexicana”. Pese a lo encendido de esta proclama, no es sino hasta 1927 cuando se lleva a cabo el Congreso Propuesto. El 25 de julio de 1926, aparece el artículo “El Tráfico y la Estructura Urbana” del arquitecto Alfonso Pallares, Presidente de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos. Ahí propone una red de arterias para resolver el problema del tráfico en la ciudad. Se subraya la “urbanización de la Gran Avenida de Circunvalación de la ciudad de México” y la apertura de las arterias Melchor Ocampo, Mesones y Avenida Chapultepec. El 14 de noviembre de 1926, Pallares publica “Embellecimiento de la ciudad. En todo el mundo la planificación de las ciudades alcanza gran importancia. La Avenida de San Cosme podría convertirse en un Boulevard de Primer Orden” El 2 de enero de 1927 se publican dos artículos significativos: “Congreso de Arquitectura en Madrid” y “Reseña de un congreso celebrado en Madrid y todos sus acuerdos”.En ese clima, en 1927 se forma la Asociación Nacional para la Planificación de la República, dirigida precisamente por el arquitecto Contreras. Esta Asociación publicaba una revista, Planificación, que mostraba en sus páginas los conceptos que se estaban difundiendo en ese momento en la materia y la versión “mexicana” de los mismos. Naturalmente, pretendía ser un instrumento de la implementación institucional de esas ideas y de sus prácticas, ambas coherentes en ese momento con la política, del ulteriormente llamado “Sistema Mexicano”.


13 “La palabra control aterra a los hombres de negocios: pero este proyecto no debiera asustar a los industriales verdaderamente aptos. ¡Si es en interés de ellos¡ Y en resumidas cuentas en interés de todos. No habría huelgas ni cierres fabriles porque la junta mixta sabría en cada momento lo que una industria podría conceder o no…De momento opino que debe conservarse la propiedad y la iniciativa privada, bajo la supervisión de esa junta triangular de que estoy hablando. de paso que mejoremos nuestra industria, hay que ir cambiando la psicología de unos y otros…”

14 Ibidem.

15 Lorenzo Meyer, 1928-1934, Los inicios de la institucionalización,

16 Gerardo Sánchez Ruiz, Planificación y Urbanismo de la Revolución Mexicana, Méx. 2002, Pág. 279

17 Ibídem.

18 Ibídem.

19 Es particularmente significativa la afirmación que hace Arnaldo Córdova en relación al discurso callista acerca de las obras públicas y las reformas sociales vinculadas con la institucionalizión de la Revolución Mexicana dentro de la política de la Reconstrucción Nacional: “En realidad, Calles en más de un sentido enseñó a sus sucesores cuales habrían de ser los principios básicos de la futura política institucional y el modo en que ésta llegaría a dar a México la estabilidad necesaria para su desarrollo. Cárdenas no se entendería sin una verdad de la política populista como ésta: ‘…sólo el bienestar de las grandes colectividades de México, podrá sentar las bases de una definitiva paz orgánica y traer la prosperidad y el desarrollo de la familia mexicana.’…Que ese bienestar –dice enseguida Córdova- se lograra efectivamente o no, por paradójico que pueda parecer, resultaba algo secundario por completo; lo importante para el éxito político era que el principio de las reformas sociales entrara a formar parte definitiva de la línea de gobierno del Estado Mexicano. .Por grandes que fueran los defectos en su realización, la simple expectativa de las reformas sociales y la manipulación adecuada de esta expectativa eran toda una enseña de dominación y de poderío……Esto era algo no enteramente nuevo, pues ya Obregón lo había puesto de manifiesto en su modo de conducir el gobierno de la República, pero la novedad que introduce Calles le da un sentido completamente distinto: ligar la expectativa de la institucionalización del país, de manera que no se viera ya en las reformas una simple promesa del gobernante , sino una promesa del sistema como tal, es decir, como algo que debía venir como un resultado necesario de la modernización de las instituciones.”

20

 Las acciones de rehabilitación y de aplicación de los nuevos conceptos se han estado dando en numerosas ciudades. Aquí sólo mencionaremos los casos de Barcelona en 1979-1992., las propuestas del concurso Europan - 4. 1997,del Programa Río-cidade y Favela Bario en Río de Janeiro, (1992-2000) las acciones planificadoras de Curitva, en Brasil,, los asentamientos y sectores comprendidos en las “Cien mejores prácticas” de sustentabilidad, 1996-1997, las nuevas acciones de conservación y rehabilitación de decenas de Centros Históricos, sin olvidar las acciones pioneras como el Plan Tepito en la ciudad de México (fines de los 70 y principios de los80) o como la célebre transformación y rehabilitación de Bolonia (1965). Una gran realización reciente de regeneración y reciclaje de un sector urbano de gran presencia es Puerto Madero, en Buenos Aires (1992-2000)


21 La noción de “ambivalencia” –y casi no habría que aclararla- implica el reconocimiento de los ambos aspectos (o procesos) en el seno de la planificación: tanto los alienantes o “colonizadores” (en el sentido de Jürgen Habermas ) como los satisfactores e incluso emancipadores. En el caso de la modernización urbana de México, pesaron mas los primeros, a tal grado que desde un principio se fueron acumulando los déficits, llegando a producir ciudades insustentables, vulnerables y riesgosas.

* Este articulo es el prologo al libro de Gerardo Sánchez Ruiz, “Planificación y Urbanismo de La Revolución Mexicana. Los sustentos de una nueva modernidad en la ciudad de México. Editorial UAM. –Asamblea de Representantes del Distrito Federal. 2003

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