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DESARROLLO DEL LENGUAJE

Separata preparada para la Maestría en Gerencia y Atención a Personas con Discapacidad por Fonoaudióloga María Eugenia Guillén Escalera, en base a capítulos de libros, textos difundidos en congresos de fonoaudiología, publicaciones en Internet y libros, cuyos autores están explícitamente citados en el texto.

Cochabamba, septiembre de 2009


I) EMERGENCIA DEL LENGUAJE HUMANO

II. ETAPAS EN LA ADQUISICIÓN DEL LENGUAJE

III. EL CEREBRO

IV. CENTROS CEREBRALES DEL LENGUAJE

V. ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA DEL APARATO DE FONACIÓN

V.1. ASPECTO SONORO DEL HABLA

V.2. EL ÓRGANO PRINCIPAL DE LA VOZ

V.3. ¿CÓMO FUNCIONA EL ÓRGANO FONADOR?

V.4. MECANISMOS FISIOLÓGICOS EN LA PRONUNCIACIÓN SONORA DEL LENGUAJE

V.5. LA RESPIRACIÓN Y LA EMISIÓN DEL HABLA

V.6. MECANISMOS DE ARTICULACIÓN DE LOS SONIDOS DEL HABLA

V.7. EL SISTEMA NERVIOSO Y EL CONTROL DE LA ARTICULACIÓN DEL LENGUAJE VERBAL

VI. ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA DEL APARATO AUDITIVO EN RELACIÓN A LA ADQUISICIÓN DEL HABLA

VI.1. ¿COMO ES EL SISTEMA AUDITIVO?

VI.2. EL OÍDO EXTERNO

VI.3. EL OÍDO MEDIO

VI.4. EL OÍDO INTERNO

VI.5. ÓRGANO DE CORTI.

VI.6. ¿CÓMO INFORMA EL ÓRGANO DE CORTI EL MENSAJE ACÚSTICO AL CEREBRO? 
VII.7. DESARROLLO DEL OÍDO
VI.8. DESARROLLO CRONOLÓGICO DEL OÍDO

VI.9. ¿CÓMO OBSERVAR Y DESCUBRIR UN DEFECTO EN EL DESARROLLO DEL OÍDO DEL INFANTE?

VI.10. DEFECTOS DE LA AUDICIÓN Y SU INFLUENCIA EN LA ADQUISICIÓN DEL HABLA

VI.11. EXAMEN Y DIAGNÓSTICO DE LA DEFICIENCIA AUDITIVA
VI.12. LA AUDICIÓN DE LOS SONIDOS, SUS LÍMITES Y POSIBILIDADES

VI. 13. TIPOS DE TRASTORNOS AUDITIVOS

VI.14. CLASIFICACIÓN CLÍNICA DE LOS TRASTORNOS DE LA AUDICIÓN
VI.15. GRADOS DE DIFICULTAD AUDITIVA
VI.16. ¿CÓMO ESTIMULAR Y EDUCAR EL OÍDO?

VII. DESARROLLO COMUNICATIVO – LINGÜÍSTICO Y SUS TEORÍAS.

VII.1. TEORÍA LINGÜÍSTICA: SAUSSURE

VII.2. TEORIA CONDUCTISTA: SKINNER

VII.3. TEORÍA INNATISTA: CHOMSKY

VII.4. TEORÍA COGNITIVA: PIAGET
VII.5. TEORÍA SOCIOCULTURAL: VYGOTSKY

VII.6. TEORÍA INTERACCIONISTA: BRUNER

VII.7. TEORÍA PRAGMÁTICA: MORRIS

VII.8. TEORÍA PSICOLINGÜISTICA: BERKO Y BERNSTEIN

VII.9. TEORÍA EVOLUCIONISTA: ARAGÓ

VIII. ANÁLISIS INTEGRAL DE LOS PROCESOS FUNDAMENTALES DE LA COMPRENSIÓN LINGÜÍSTICA

IX. ETIOLOGÍA DE LOS TRASTORNOS DEL LENGUAJE.

IX.1. CAUSAS ORGÁNICAS

IX.2. CAUSAS FUNCIONALES

IX.3. CAUSAS ORGÁNICO FUNCIONALES

IX.4. CAUSAS ENDOCRINAS

IX.5. CAUSAS AMBIENTALES

IX.6. CAUSAS PSICOSOMÁTICAS
X. PATOLOGIA DEL LENGUAJE, HABLA Y VOZ

X.1. Trastornos del desarrollo y adquisición del lenguaje

X.2. Dificultades de la expresión o comprensión del lenguaje

X.3. Dificultades del ritmo de la palabra y velocidad de la conversación

X.4. Dificultades de la articulación de la palabra

X.5. Dificultades por trastornos de la voz

X.6. Dificultades del lenguaje escrito

X.7. Trastornos del lenguaje asociados a otras deficiencias

XI. CONSECUENCIAS DE LOS TRASTORNOS DEL LENGUAJE

GLOSARIO DE PALABRAS CLAVE















DESARROLLO DEL LENGUAJE

  1. EMERGENCIA DEL LENGUAJE HUMANO

El cerebro de los homínidos alcanzó su tamaño actual y seguramente su capacidad intelectual hace unos 250.000 años. Sin embargo, muchos de los atributos que consideramos característicos del hombre aparecieron bastante mas tarde, ¿por qué? ¿En que consistió la “incubación cerebral” de las capacidades para el manejo de las herramientas, el fuego, la música, el arte, el deporte, las matemáticas, la filosofía y el lenguaje?

¿Si el cerebro es el mismo de hace 250 000 años, por qué hace solamente 40. 000 años ocurre el estallido cultural de la especie humana -en la denominada Cultura Cromagnon- surgiendo de forma extendida la vestimenta, las viviendas, el arte, la ganadería, la agricultura, etc?. Muchos estudiosos están convencidos de que la revolución cultural de la especie humana ocurrió por algún cambio genético

Cuando nosotros decimos “diminuto”, con las manos hacemos una pequeña pinza y con los labios hacemos el mismo movimiento. Esto que puede resultar sorprendente es muy importante porque muestra que hacemos una traducción no arbitraria entre lo visual y lo auditivo, lo auditivo y el área de Broca –con la articulación de la palabra-, y entre el área de Broca y la región de la mano –con la escritura-. Así emergieron las protopalabras y el protolenguaje de nuestros ancestros. Esta habilidad del gyrus angular y regiones vecinas de ligar patrones visuales a patrones de ondas sonoras, que en realidad no tienen nada en común, pero son asociados activamente y de modo no arbitrario por nuestro cerebro, es seguramente la semilla del lenguaje y la capacidad de abstracción, y del estallido cultural de la Especie Humana, ocurrido en nuestro planeta hace 40.000 años. ¿Pero cómo saber la fecha de nacimiento del lenguaje? ¿Cuando habrán sonado las primeras palabras? ¿Quiénes las pronunciaron?. La hipótesis más aceptada actualmente atribuye al homo sapiens Cromagnon esta cualidad, basada en la evidencia antropológica del mayor tamaño de los agujeros condíleos anteriores existentes en la base del cráneo, que permitieron el paso de los nervios hipogloso derecho e izquierdo conformados por fibras nerviosas con la dimensión física suficiente para llevar impulsos nerviosos desde el cerebro hasta los 17 músculos de la lengua; característica que no se encuentra en los ancestros del homo sapiens ni en las especies antecesoras de los monos actuales, ni en ellos mismos.

El homo erectus vivió hace 1.800.000 años hasta 800 000 años atrás. Fue el primero en tener una silueta corporal similar al hombre actual, con miembros inferiores largos y completamente adaptado a la vida terrestre. Su altura fue prácticamente la del hombre moderno. La cara se fue asemejando a la nuestra, es a él a quien debemos nuestro particular apéndice nasal, único entre el resto de los homínidos por su proyección externa. Nuestra nariz no solo resultó de la reducción craneofacial y dentaria, sino también de la necesidad de conservar la humedad en un medio árido. Su capacidad craneana fue de unos 1.100 ml, pero seguramente no hablaba porque el canal del cráneo y las vértebras dejaba un espacio muy reducido para la médula espinal, por tanto no tuvo suficientes nervios conectados a la médula para controlar la respiración y emitir palabras.

El hombre de Neandertal, vivió hace 230.000 años hasta hace 25.00 años, tenía la laringe idéntica a la del hombre actual, lo mismo que sus coetáneos los Cromagnon, salieron de África hace 150.000 años y sus grandes pinturas rupestres datan de 40.000 años atrás. Todos los homo sapiens antiguos tenían canales hipoglosos comparables a los de los hombres actuales. Esto sugiere que sus lenguas fueron agiles, móviles y rápidas como la nuestra, por tanto, hablaron.

Es indudable que la posibilidad de hablar depende estrictamente de las características del aparato fonador, resultado a su vez de un largo y trabajoso proceso evolutivo que, según se ha supuesto, sería consecuencia del revolucionario logro motriz de la postura erecta. Gracias a la novedosa forma de locomoción se acortó el hocico, se ensanchó el maxilar inferior y, sobre todo, se liberaron las extremidades anteriores, que pasaron a ser superiores. La posibilidad de manipular objetos y alimentos dejó en libertad la zona oral, vacante entonces para ser utilizada en la comunicación. A nadie se le escapa que esta liberación no puede ser considerada sino como un factor facilitador de la nueva función, pero de ninguna manera su causa. En el mismo sentido parecen haber actuado otros cambios también derivados de la postura erecta: la ampliación de la cavidad bucal que posibilita retrodesplazar la lengua hacia las fauces, a la vez que permite la inflexión de su parte posterior. En el mismo sentido actúa la posición recíproca del paladar y la laringe, mucho mayor que en los simios. Un mono con un cerebro humano pero con un macizo bucofaríngeo y una laringe correspondientes a su especie no podría emitir otros sonidos que los comunes de sus congéneres.

Sin embargo, sin la increíble capacidad de simbolización que se evidencia en cada objeto fabricado por el homo sapiens y en casi ninguno del Hombre de Neandertal, es imposible pensar en un lenguaje igualmente rico en palabras, analogías, abstracciones, síntesis, categorías, fantasías, etc. En todo caso puede pensarse en una similar fonación o habla. Pero con cráneos diferentes tampoco parece lógico suponer que neandertales y cromañones emitieran los mismos sonidos. El neandertal probablemente habló, pero de manera diferente al sapiens.

EL momento preciso de la emergencia del lenguaje en el grupo de los homínidos, es todavía un tema a la espera de una solución adecuada. Leakey (1956) clasifica los estudios dirigidos a esclarecer este interrogante en cuatro grupos: los que investigan las posibilidades de comunicación de los chimpancés y gorilas, los que buscan las huellas del encéfalo en la caja craneana de los fósiles, los que analizan los utensilios de piedra fabricados por nuestros antepasados, y los que realizan el mismo esfuerzo interpretativo sobre las pinturas rupestres. En este apartado describiremos algunos resultados de las investigaciones en las cuatro áreas citadas. Es en base a esos mismos resultados que Overhage (1973) afirma decididamente que el lenguaje a través de sonidos articulados no comenzó hasta el Paleolítico Superior, y especialmente en el Auriñaciense (38.000 años atrás), sobre el final de la Era Glaciar, momento de la creación de las pinturas rupestres, cuando nuestro venerable antepasado ya había logrado "la representación centralizada del espacio y la intuitiva actuación en el espacio imaginado". Vale decir, a una respetable distancia de aquel otro logro definitorio de la hominización: la postura erecta, con todos los cambios consecuentes a ella, necesarios como precondiciones de la comunicación verbal (craneofaciales, bucofaríngeos y locomotrices).

Como veremos más adelante, no hay acuerdo en cuanto a la etiología precisa de esta importante función. Podemos encontrar en cambio dicho consenso -aunque sea parcialmente- en cuanto a su fenomenología evolutiva. Leakey (1986), como muchos otros, supone la adquisición del lenguaje mediante un proceso escalonado. Dice al respecto que "según todos los indicios, una forma rudimentaria de comunicación verbal apareció hace ya dos millones de años, en vida del Homo Habilis, e incluso pudo darse algún tipo de lenguaje entre los Australopitecos (presentes hace 3.900.000 años, extinguidos hace 3.000.000 de años). La aparición del Homo Erectus (apareció hace 1.800.000 años y se extinguió hace 300.000 años) probablemente estuvo marcada por un mayor desarrollo de esta habilidad, tal vez con una ampliación del vocabulario y una mayor capacidad para establecer la estructura básica de las oraciones".

El hecho de que se pueda inferir que el Homo Erectus realizaba ceremonias rituales, especialmente en relación con el culto de los muertos, permite suponer que a esta altura ya se había logrado un notable refinamiento del lenguaje.

Al referirnos al desarrollo cognitivo vimos que hay un apuntalamiento recíproco entre el operar con las imágenes mentales y el desarrollo de la comunicación verbal. Leakey (1986) cita un trabajo de Portman de 1956 en el que éste sostiene que las palabras, nuevos equivalentes de las imágenes, constituyen un instrumento de gran disponibilidad, un verdadero biocatalizador proveedor de una de las mayores ventajas evolutivas. Operatividad que por fin se revela a través de las expresiones gráficas descubiertas en diversas cavernas: ese arte refinado que ubicamos a una distancia de unos cuarenta mil años, prueba ya irrefutable de la existencia de un lenguaje verbal, tal como hoy lo entendemos, es decir, implicando "la aptitud para articular ideas abstractas complejas" (Leakey, 1986).

Más allá de la imposibilidad de determinar con precisión el "por qué" del lenguaje, y a pesar de las enormes dificultades para establecer con precisión el "cuándo", intentaremos avanzar en el "cómo", si bien en ese intento no podremos evitar la especulación etiológica, ineludible para la inteligencia humana.

En algún momento, posiblemente hacen unos cien mil años, algunos de nuestros antepasados quisieron y pudieron llamar la atención de sus semejantes y lo hicieron aún en aquellos momentos en que no regía la necesidad de la gratificación de los requerimientos biológicos inmediatos. ¿Qué es lo que motivó semejante cambio revolucionario, verdadera piedra angular del proceso de hominización? Se lo ha atribuido a las necesidades impuestas por el hábito de la caza colectiva, pero teniendo en cuenta que los perros salvajes también practican este tipo de cacería y no han logrado la forma humana de comunicación, resulta más prudente inscribirla en un espectro necesariamente más amplio y complejo de causas. También se ha sugerido que el lenguaje verbal resultó de un fenómeno más vasto que la caza, pero que la incluye: una novedosa forma de economía cooperativa con una vida social más compleja. Más allá de la simpatía que pueda generarnos esta especulación, hemos de reconocer que no se cuenta aún con suficientes pruebas al respecto.

Leakey y Lewin (1980), sintetizando de alguna manera las hipótesis hasta aquí adelantadas, suponen que el comienzo de la comunicación verbal estuvo relacionado con ciertas condiciones ecológicas que produjeron una selección de esquemas conductuales comunitarios. Entre ellos incluyen la caza, la recolección y la emergencia de la tecnología de utensilios líticos. Con respecto a este último fenómeno, estudiado exhaustivamente por la paleoantropología, diremos que cuando uno de nuestros antepasados más primitivos observaba un utensilio informe, no podía comprender su uso, salvo que quien lo había fabricado se lo demostrara gestualmente. Sin embargo, con el tiempo, la mayor habilidad para la construcción permitió que la sola exposición del instrumento revelara su finalidad y la manera de ser usado. Esta experiencia debe haber puesto al hombre primitivo a muy corta distancia de poder asignarle un nombre a cada una de esas herramientas. Es muy probable que estos dos procesos -habilidad manual y función simbólica- hayan sido coexistentes, aunque como lo ha sostenido Overhage (1973), "el problema a resolver sigue consistiendo en explicar cómo se pasa de una comunicación no consciente a la enseñanza y aprendizaje conscientes y reflejos".

La secuencia histórica de la construcción de utensilios ha sido descripta por Leakey (1996) según este esquema:

- instrumentos toscos (dos a dos y medio millones de años);

- hachas de mano en forma de "lágrima", simétricas y con finalidad evidente (un millón y medio de años);

- técnica levalloisense: método más económico para desprender las lascas (entre trescientos y cien mil años), coexistiendo con indicios de sepulturas, ofrendas en las tumbas y objetos de culto;

- gran diversidad de utensilios con valor estético, coetáneos de las primeras evidencias de expresión artística (cuarenta mil años).

Esta evolución fue interpretada por algunos autores como una lenta pero continua marcha hacia un mayor sentido del orden.

Volvamos, mientras tanto, a la presunta “coexistencialidad” de los PROGRESOS MOTRICES y LINGUÍSTICOS. Si esta hipótesis pudiera confirmarse, lo que se supuso como lenguaje de los australopitecos y de otras especies anteriores al homo sapiens sapiens no pasaría de ser un mero precursor evolutivo, y la verdadera comunicación verbal tendría que ser trasladada hasta el Fenómeno Humano en el Paleolítico Superior. Una vez aparecido el homo sapiens sapiens, los cambios tecnológicos condujeron a un mejoramiento lingüístico (sintaxis más elaborada y vocabulario más rico) y social (mejor definición de roles y categorías). Este hombre primitivo, pero ya hombre, no se guiaba exclusivamente por instintos y emociones, sino que lo hacía también por intenciones y finalidades, descubriendo los medios más adecuados para su ejecución. Pero por otra parte, convengamos en que cualquier hipótesis sobre el particular debe contar previamente con el esclarecimiento de la cuestión de si la distancia NEUROFISIOLÓGICA entre los antropomorfos y el hombre autoriza o no a creer en una transición directa. Un paso gradual de un estado al otro vuelve más aceptable la existencia de una etapa exclusivamente gestual paralela a la complejificación tecnológica en la construcción de utensilios. Los centros responsables de la motricidad más fina están situados a muy corta distancia de los encargados de coordinar los movimientos necesarios para el lenguaje verbal.

La investigación paleoantropológica orientada hacia los aspectos anatomofuncionales del lenguaje ha mostrado que en el cráneo fosilizado bautizado "1470" -un homo habilis de notable antigüedad- la huella dejada en la cara interna por la zona de Broca es más extensa que la encontrada en los antropomorfos anteriores. Estas huellas que ya se insinúan en los australopitecos y en el homo erectus, alcanzan su máxima expresión en el sapiens.

Otra de las áreas de investigación sobre el origen del lenguaje humano es, según quedó dicho, la de las apasionantes observaciones de la psicología comparada trabajando con las posibilidades de los monos superiores. Leakey (1996) titula uno de sus capítulos "Los Monos Parlantes", y en él se remonta a una observación de Pepys, quien ya en 1661, al referirse a cierto simio decía: "ya entiende bastante inglés y, en mi opinión, deberían enseñarle a hablar o a hacer signos" . No deja de sorprender que hayan tenido que transcurrir casi tres siglos para que la sugerencia fuera puesta en práctica. En 1925 Yerkes, según cita Leakey, sugirió enseñarles a los monos el sistema gestual de los sordomudos. Recién en la década de los sesenta, los Gardner lo intentaron con la célebre hembra de chimpancé "Washoe", quien previamente había sido socializada a la manera de un infante humano. Washoe demostró que era capaz de nombrar objetos y hasta de construir frases que, en determinadas condiciones, parecían sugerir la existencia de alguna forma de autoconciencia: puesta frente a un espejo, y preguntada sobre quién era la imagen reflejada, respondió "Yo, Washoe". No podemos dejar de maravillarnos con esta experiencia, pero no sólo frente a la capacidad de aprendizaje de la mona, sino a la fabulosa creatividad humana capaz de pergeñar semejantes técnicas, en su afán de investigar el medio natural, desde su capacidad de abstracción. Washoe, "adoptada" luego por Fouts (1999) no sólo inició diálogos, sino que llegó a enseñarle el sistema de comunicación por señas para los sordomudos, a su propio hijo adoptivo.

En su medio natural los chimpancés emiten algunos sonidos que al ser captados por sus congéneres transmiten un "mensaje" comprensible para éstos. Pero tanto esta emisión como la consecuente comprensión son innatas e inmodificables. Tan inmodificables como el sistema de comunicación de Washoe que sólo logró crear una palabra por el acople de dos que ya conocía (unió "melón" y "agua" para designar a la sandía, fruta que veía por primera vez).

Overhage (1973) sostiene que, a la manera de los simios actuales, que producen sólo sonidos –señales-, así nuestros más remotos antepasados deben haber contado con señales semiconscientes, que poco a poco se volvieron conscientes, hasta que los "anthropus" alcanzaron gritos de llamada y "palabras-proposiciones polisemánticas, sin relación entre ellas" (ibid). Los neandertaloides deben haber contado con "palabras proposiciones más numerosas y diferenciadas", pero el homo sapiens usó palabras que si bien resultaban simples, estaban ligadas entre sí, bajo las reglas convencionales que estudia la lingüística.

Nos parece oportuno coronar este apartado con la contundente sentencia de Overhage (1973): "Hombre y lenguaje están tan indisolublemente ligados entre sí que W. von Humboldt pudo decir con razón: para poseer lenguaje tuvo que ser hombre, y para ser hombre tuvo que poseer lenguaje".

Volvamos sobre lo ya afirmado en otro lugar de esta separata: buscar los orígenes de la comunicación verbal es acercarnos al misterioso territorio del nacimiento del Fenómeno Humano, o sea, al punto crítico, al cambio de estado de la materia propuesto por Huxley y Teilhard de Chardin como culminación de las etapas físicoquimica y biológica de la evolución. Es lícito calificar de misterio el origen de un sistema de comunicación verbal en el seno del mundo de los antropoides, grupo por demás pobre en el desarrollo de su equipo acústico, y más especializado en el área de la percepción visual.
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