El recinto sagrado de la risa y el gozo




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RAMTHA

LA BATALLA DE GANDALF EN EL PUENTE
EL RECINTO SAGRADO DE LA RISA Y EL GOZO
En esta escuela tienes que aprender a vivir en el mo­mento.
Saludos, mi amados maestros. Os saludo desde el Señor Dios de mi ser al Señor Dios de vuestro ser, y os bendigo por estar aquí. Que así sea. ¿Estáis Felices de estar aquí? ¿Cuántos estáis aprendiendo lo que os he enseñado últimamente? Que así sea. ¿Puedes sen­tirlo en tu vida? Tomemos un trago.
Todos los que estáis sentados en el fondo de la habitación no os creáis tan especiales y acercaos. Vamos, acércate. Somos un grupo pequeño, puedes acercarte mas.
Esta flor es sencillamente embriagadora. Llena tu casa de flores y coloca algunas cerca de tu cama. Si alguna vez hubo un sueño invernal que se manifestó en la primavera, este es uno de ellos.

Vamos, acércate más. La actitud lo es todo. Mu­chos os quejáis y rezongáis porque nunca habéis esta­do cerca de mí. Esta es tu oportunidad.
¡Ah! Dios mío... Te aseguro que las flores no hue­len así en ningún otro plano.

Quiero decirte que estoy muy feliz de estar aquí. Estoy feliz porque el cuerpo de mi hija se sintió alegre y dispuesto, y yo lo tomé prestado de nuevo. Así que tenemos tres días.
Por la vida eterna,

una vida nueva

de felicidad y claridad,

carente de pasado.

Por el maestro interior

y el Observador.

Estoy seguro

de que todos mis sueños

se manifiestan inmediatamente,

sin ninguna objeción.
¿No sabes que Dios es el ser más feliz? Pobre Dios, viviendo en esas espantosas iglesias. Imagínate escuchar todos los días las devotas oraciones de esos hu­manos espantosos.

Eres muy hermoso para mí. ¿No te parece que estás creciendo más que nunca? Bien, lo estás haciendo.

Por la vida eterna.

Nunca jamás volverás a olvidar.

Y se acabó

para siempre

el vivir como una víctima.


El manifiesto de un maestro
Voy a decir lo siguiente y quiero que lo repitas como el Observador:
Yo soy Dios,

Señor Dios de mi ser.

Tengo dominio sobre mi vida.

De aquí en adelante

rechazo lo siguiente:

no permitiré ni aceptaré

los mensajeros,

las manifestaciones de mi pasado.
Rechazo mi victimismo y no lo observaré ni ensalzaré

permitiendo que mi vida sea inferior a Dios.

Y yo, el Señor Dios de mi ser, rechazo la carencia

en todas sus formas, su conexión con mi tiranía,

con mi victimismo, pues no aceptaré la carencia

y siempre tendré todo lo que deseo.

Como el Señor Dios de mi ser, yo rechazo absolutamente

los padecimientos y la enfermedad, ya que soy un Dios feliz

cuya risa es como un trueno. Y ningún día de mi vida se verá perturbado

ni mancillado por la enfermedad, pues yo, el Señor Dios de mi ser,

rechazo en este momento aquello que se llama

el envejecimiento y la muerte. Soy un ser eterno

que nunca ha conocido la muerte, por lo tanto,

ordeno a la ley de la vida eterna que vive dentro de mi

que habite en mi cuerpo eternamente.

Como el Señor Dios de mi ser, el Señor de mi genética,

La voz de mi ADN, yo decreto un cuerpo joven, yo ordeno energía vital,

que todos los días de mi vida eterna yo viva en la juventud de mi existencia.

Desde el Señor Dios de mi ser, yo rechazo en este día

cualquier cosa que sea inferior a lo que yo decreto.

Tampoco aceptaré los mensajeros de mi personalidad, y lo único que vendrá hacia mí,
son las leyes

que he ordenado esta noche.

Digo esto

desde el Señor Dios de mi ser.

Por la vida.

Que así sea.
La espada de poder del iniciado
Lo primero que le dije a mi hija fue que las cosas más extraordinarias se logran con un corazón ligero. No me refiero al corazón que funciona como bomba, sino al corazón que en términos humanos significa el ver­dadero yo; no el yo intelectual, el verdadero yo. El corazón siempre ha representado a Dios, y el intelec­to, al hombre. Las emociones representaban al hom­bre, y como Dios tenía que ser representado en algún lugar, lo situaron justo al lado del corazón y, en reali­dad, es donde se halla la esencia del alma. Así que las cosas más sutiles se crean con un corazón ligero.
Si investigaras un poco, descubrirías que las cu­raciones más milagrosas que se han registrado en la medicina fueron las que se llevaron a cabo con un corazón ligero. (La risa fue la cura de las enfermeda­des más graves). El científico que nos visitó reciente­mente te enseñó que las enfermedades más terribles se curan repentinamente cuando abandonas las apa­riencias, el victimismo y el estrés; cuando abandonas todo lo que tu personalidad piensa que es importante y empiezas a vivir la vida alegremente; cuando todos los días son una maravillosa oportunidad para levan­tarte de la cama, asomarte a la ventana a observar a Dios, y ver qué te brinda la naturaleza.
El día soleado no es el más maravilloso; todos los días son el día más maravilloso. Y lo más importante es ser parte de ese día, estar vivo, y sentirse feliz con su energía.
(Y cuando somos capaces de sonreír por la maña­na temprano, con los párpados pesados de sueño, en­tonces hemos descubierto en verdad el secreto de la longevidad: que todos los días son una alegría del ser. Entonces las situaciones de la vida se vuelven insig­nificantes; podemos emprenderlo todo con júbilo y con risa. Cambiar el estrés por la alegría es tener un cuerpo sin enfermedades).
Si la alegría es la cura de toda enfermedad enton­ces sabemos que el único que puede curar todas las enfermedades es Dios. Entonces debemos decir que Dios es una entidad alegre y divertida: risas, felici­dad, alegría y júbilo absoluto; Dios es el bufón supre­mo. Todo aquello que hemos pedido desde el Señor Dios de nuestro ser, lo pedimos con respeto, pero lo celebramos con risa, porque Dios es el recinto sagra­do de la risa y el gozo. Que así sea.
Por la felicidad eterna.

Que así sea.
Siéntate, y comamos un poco de pan y queso. ¿No has oído que las estatuas hindúes, los elefantes y co­sas así, finalmente están bebiendo leche? ¿Por qué te parece tan extraño que yo coma cuando las estatuas de piedra beben leche? ¿No será que todos sabemos algo? ¿No has escuchado nada sobre esto?

Pues bien, las estatuas hindúes alrededor del mundo, las más sa­gradas de las sagradas, a las que se les ofrece leche en las fiestas hindúes, han empezado a bebérsela, está desapareciendo. Si una estatua puede beber leche, ¿cómo es que yo no puedo beber vino, comer pan, queso y aves de caza? Es una señal de que los Dioses están vivos.
Ahora deseo que se levanten todos los que han encontrado la tarjeta en el campo y que han estado trabajando en lo que han aprendido en los retiros, los que han estado aquí durante el día o que han venido por la noche a trabajar en el campo y que han traba­jado en convertirse en el Observador. Levántate. Te tengo un gran respeto, pues no tenias la obligación de estar aquí. Podrías haber estado en cualquier lu­gar, menos aquí. Podrías haber estado en cualquier lugar y no en el campo durante estos días terribles y lluviosos, trabajando en escuchar al Observador y en permitir que el Observador se manifieste. ¿Sabes que si fueras a cualquier lugar en el mundo y le pidieses a un avatar que hiciera lo que tú has hecho seguramente fracasaría? ¿No sabes que conoces la verdad y que eres digno de la realidad que esta tarjeta representa? Lo eres.
Tenemos derecho a recibir todo lo que creamos desde el Observador, siempre y cuando podamos dejar a un lado nuestra estúpida personalidad. Y si po­demos mantenerla a un lado, (el Observador se mani­fiesta rápidamente, no tarda en hacerlo. De la única manera que tarda mucho tiempo es cuando empeza­mos a analizar). ¿Entiendes?
Te mereces el reconocimiento, porque has dedi­cado una parte de tu vida a participar. Esto dice ma­ravillas de ti. Tú mismo te sientes complacido con tu propia evolución, y deberías ser tan sabio como para saber que si has manifestado algo en el campo, en­tonces puedes manifestarlo en cualquier otro lugar. Y cuanto mejor lo entiendas, más libertad tendrás para ejercer tu poder. Así que te mereces el reconocimien­to. Y si trabajas en ello todos los días, podrás diferen­ciar mejor al Observador de la personalidad y te volverás más poderoso.
¿Qué significa tener poder? No significa que eres mejor que nadie, sino que eres extraordinario. Signi­fica que posees una cualidad que has cultivado y que cuando te conviertes en ella en un estado de con­ciencia, en verdad en un estado mental, puedes con­seguirlo todo.
Ahora empiezas a entender lo que dijo Yeshua ben Joseph: «Esto no es obra del hijo del hombre». En otras palabras: «no es obra de mi humanidad, sino de mi divinidad». ¿Entiendes que estás consumando un principio divino? Si no es así, échale un vistazo a la tarjeta que llevas en tu pecho. Sé que podrías cal­cular aquello que se llama la mente científica de las posibilidades. Eso se vuelve muy estúpido después de un tiempo, porque si tratas de entender esto desde esa perspectiva, nunca llegarás al origen de esa pre­misa matemática. Nunca lo harás, porque este es un campo que crea realidades. Y si intentas explicarlo, nunca lo explicarás. ¿Entiendes? Podemos reírnos de los científicos que luchan por conciliar la probabili­dad de la realidad mediante especulaciones. Esto no tiene nada que ver con eso.
Ahora, tú que te has puesto de pie, cuanto antes te des cuenta de que realmente sales al campo no a encontrar la tarjeta, sino a ser capaz de ser el Obser­vador y a crear sin emoción desde el Observador, más fuerte y poderoso te volverás. Eso es lo que buscas. Y no me importa cuánto tardes en hacerlo. Cuando tu Observador pueda salir a ese campo y encontrar cual­quier tarjeta, sin importar dónde esté, sabrás que estás equipado con la mejor espada. Merece la pena vivir por eso.
No has muerto jamás
Te saludo a ti, que elegiste estar aquí a pesar de no estar obligado a hacerlo. A ti, que elegiste trabajar en convertirte en el Observador y crear la realidad como el Observador. Y para ti invoco inmediatamente la manifestación que se convertirá en un principio de la verdad. Que así sea. Te puedes sentar.
Significa que he marchado 35.000 años para en­contrarte. Tengo mucho que ofrecer, y tú no puedes menoscabarlo. Tengo mucho que ofrecer, simplemen­te tómalo y acéptalo. No hay nadie que esté fuera de la providencia del reino de los cielos, nadie, excepto aquel que niega su existencia. Todo el mundo tiene acceso a la gloria de Dios, porque la gloria de Dios se encuentra en el lugar silencioso de lo obvio no ob­vio. Su belleza y sus requerimientos son simples, y carecen del dogma y la tribulación de la humanidad. Dios es amor. Simplemente acéptalo.
Tengo mucho que ofrecerte. Permite que la dul­zura del momento fluya completamente a través de ti. Que así sea.
Te amo; simplemente acéptalo. Tócame; tengo mucho que ofrecerte. Simplemente acéptalo. Donde una vez existió la muerte, ahora existe la vida eterna. Simplemente acéptalo y sé consciente de que eres amado y de que no estás fuera de la providencia del Dios que te ama, pues yo no soy más que un símbolo empobrecido de aquello que irradia en tu interior. Te amo por haberme encontrado. Te amo por escuchar y por dedicar tu vida al conocimiento. Te amo por escuchar y por actuar. Te digo que esta vida no es más que un momento pasajero, pero aquello que tú eres realmente es eterno. (Por eso decimos que el cuerpo nos proporciona la ilusión de la vida, mientras que Dios es la única realidad que existe. Es una gran ver­dad. Nunca has muerto y nunca lo harás. Nunca lo harás. ¡Que así sea!)

Nunca has muerto. Te amo. ¿Y acaso no sabes que lo que vive en tu interior, aquél a quien se dirigen las voces, es Dios Todopoderoso? ¿Y no sabes que las voces no hablarían a menos que hubiese alguien que las escuchara? Y lo que las escucha es el secreto de toda la eternidad, es nuestra parte divina. Y las voces, des­de un cuerpo humilde, piden permiso para ser, hacer y ejercitar su voluntad, pero a menos que exista Dios, no tienen voluntad. Cuando nos convirtamos en el Observador y sólo en el Observador, cuando vivamos la vida noblemente y conquistemos la personalidad y el cuerpo, entonces celebraremos en los niveles de Cristo. Ese día habremos despertado y seremos ver­daderamente los maestros de la vida.
Recuerda que las voces le hablan a alguien. ¿Y a quién le hablan? Ese es el misterio que debemos de­sear ser. Un misterio tan esquivo como el viento, pero tan estable como una roca. Es lo que creemos que no somos, pero que siempre hemos sido. Así habla el hombre sabio con su Dios. El hombre sabio implora a la Casa de Dios la redención en la vida del hombre. Y sabia es la mujer que se dirige al Observador rogán­dole que le conceda credibilidad a su vida. Y cuando ya no deseamos ser el hombre o la mujer, sino que deseamos ser aquello que buscan las voces, entonces despertamos. Y todos tenéis en vuestro interior el Observador al que se dirigen las voces. No se halla sólo en un hombre o una mujer, sino en todos voso­tros. Por eso se os ha llamado los Dioses olvidados. Que así sea.

Y que la salud te acompañe eternamente. ¿Me lo agradeces? No tienes que agradecérmelo a mí.
Mi mensaje, desde que aparecí aquí, es que tú eres Dios. No es que yo soy el único que es Dios, sino que tú eres Dios. Estas enseñanzas no te ensombrecen como lo hace un gurú con sus seguidores ignorantes que no pueden escuchar el mensaje de lo deslumbra­dos que están con el gurú. Esa no fue la elección de esta travesía y tampoco es una elección correcta. La enseñanza siempre ha consistido en venerarte. Por eso te beso las manos: la palma de tu mano, con la que sostienes, y el dorso de tu mano, que está enca­llecido por la fuerza. Y me inclino y hago reverencias para besarte la mano; me postro ante ti. Reconozco lo que has hecho en esta vida, a diferencia del hom­bre y la mujer común que nunca reconocen nada de lo que has hecho, al igual que tú no se lo reconoces a ellos.
Yo siempre seré un misterio para aquellos que nunca han buscado la revelación de la verdad en sus propias vidas y que no se han molestado en comprender. Siempre seguiré siendo un misterio. Y una vez que me haya marchado, te preguntarás si se trató de la genialidad de mi hija o si realmente existí. Para la personalidad, habrá sido una grandiosa y maravillosa farsa representada por una mujer brillante. Para tu Dios, habrá sido un mensajero que despertó posibilidades. Siempre os he reconocido como aquellos a los que he amado. Que un Dios se postre ante ti y te bese las manos, la mejilla y la frente es una señal de reco­nocimiento de una divinidad a otra, aunque no lo comprendas. El que no lo entiendas no empequeñe­ce el reconocimiento.
Si quisiera ser famoso, no sería Ramtha. Yo ya fui famoso. Estoy aquí para reconocer tu divinidad, la cual considero tan embriagadora como esta flor tem­prana de primavera. Te encuentro tan hermoso... No es tu cara ni tu cuerpo lo que honro y amo, sino tu energía y aquello que le da vida. El día que seas así, serás como yo. Para muchos ese día está cerca, para otros está tan lejos como el primer día que oyeron esta voz, porque todavía no han comprendido el mis­terio.
Amo a mi gente. Y no me importa lo que piense el mundo, porque yo puedo ocuparme de él; ya lo hice y lo volveré a hacer. Pero amo a mi gente. Y deseo que disfrutes de la misma libertad del ser que yo apren­dí a disfrutar. De eso se tratan estas enseñanzas. Si tu único potencial fuera ser un hombre o una mujer, y ahí se acabara todo, yo sólo aparecería una vez y úni­camente te diría: «Pásatelo en grande; sé malvado, perverso y descaradamente libre». Te diría eso. ¿Por qué? Porque no tendría consecuencias. ¿Por qué no aprovechar antes de que te coman los gusanos? Ese seria el mensaje. Pero no es así en realidad. Alguien tiene que recordaros que no sois simplemente bastardos de este universo, sino que sois sus creadores. Y sé que he dicho esto muchas veces desde la primera vez que vine aquí, y que quizá se necesiten años para que siquiera tres oigan estas palabras, para que real­mente las oigan.
EL OBSERVADOR A LAS PUERTAS DE LA GRAN CIUDAD
Ninguna enseñanza es más grandiosa que tú. Mi úni­ca intención en este día de San Valentín es hacer que te enamores de tu Observador y que me escu­ches. Mi mensaje nunca ha cambiado. Solamente hemos profundizado en el mundo de la ciencia y de la ciencia médica para reafirmar el mismo mensaje; no ha cambiado, porque no importa cuántos pépti­dos tengas, me da igual que tengas tropecientos pép­tidos, si no tienes el péptido de la transformación, todavía estás muerto. Simplemente estás tropecientas veces muerto. ¿Entiendes?.
Esto no es más que ciencia que respalda un men­saje que puede ser fácilmente rechazado por la ima­gen. Sin embargo, a la imagen le resulta muy difícil ponerle alguna objeción a la ciencia, y por eso la uso tan sabiamente. Y te digo que ellos descubrirán exac­tamente lo mismo que te he enseñado y dicho sim­plemente. Usamos palabras como amígdala, hipo­campo, lóbulo frontal, lóbulo posterior inferior, cere­bro medio superior, formación reticular y todos esos términos, pero es simplemente para educarte en res­paldar la información del mensaje. ¿Cuál es el men­saje más puro? Que tú eres Dios. ¿Y cómo lo sabemos? ¿Cuántos habéis escuchado las voces en vuestra ca­beza? Veamos esas manos. ¿Las has escuchado? Que así sea.

Te diré algo que es otra gran enseñanza. ¿Quién las está escuchando? ¿Quién lo hace? Ahora sabemos cuáles son las objeciones: están relacionadas con el hambre, la fatiga, la rebelión, las amenazas, la culpa, el desenterrar el pasado y todas esas cosas. ¿Quién las escucha? Esa es quizá la pregunta más grandiosa que tengo que hacer, mi astuta audiencia. ¿No preferirías ser el que escucha en lugar del que se queja? ¿Entien­des lo que acabo de decir? Bien, obviamente las que­jas están implorándole a la voluntad de alguien. ¿No preferirías ser el representante de la voluntad, en lu­gar de ser el que implora? ¿Entiendes?
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