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VIH/SIDA EN ADOLECENTES

En la adolescencia, se tiene un patrón de comportamiento impredecible, falta el discernimiento que viene con la edad, por lo común no pueden apreciar las consecuencias adversas de sus actos.

Para los jóvenes, los riesgos de presentar el VIH/SIDA puede ser difícil de comprender. Como el VIH/SIDA tiene un largo periodo de incubación, el comportamiento arriesgado no tiene inmediatamente consecuencias manifiestas. Al mismo tiempo, para una persona joven los costos sociales de prevenir la infección por VIH/SIDA, inclusive la pérdida de la relación, la pérdida de confianza y la perdida de aceptación por parte de los compañeros puede ser un precio demasiado alto que pagar para la mayoría de los adolescentes. Además, muchos jóvenes no están enterados de que se entiende por comportamiento sexual arriesgado. Aún si reconocen el riesgo de contraer el VIH/SIDA, muchos creen que ellos mismos son invulnerables.

En estudios realizados en estudiantes, solo un 26% de estos, varones entrevistados, se consideraban en alto riesgo de contraer el VIH/SIDA, pese que el 48% pensaban que sus amigos estaban en alto riesgo.

Muchos adolescentes experimentan con tipos de conductas arriesgados, sin darse cuenta de las posibles consecuencias adversas. Estos hallazgos ponen de manifiesto el sentido distorsionado de invulnerabilidad al VIH/SIDA de muchos jóvenes. Esta manera de sentir lleva a que muchas personas jóvenes ignoren el riesgo de infección y por lo tanto a que no tomen precauciones.

La madurez cognoscitiva parece estar relacionada con el comportamiento sexual mas libre de riesgo, por ejemplo, las mujeres jóvenes con preparación académica superior tienen más probabilidad de usar anticonceptivos.

En algunos lugares donde la prevalencia de VIH/SIDA es alta, algunas personas jóvenes no se consideran en riesgo, mientras que otros han dicho que si se infectaran, serian otros los responsables y no ellos. Algunos jóvenes hasta ponen en duda la existencia del VIH/SIDA.

En los Estados Unidos investigadores encontraron que los adolescentes infectados por el VIH/SIDA tenían la probabilidad dos veces mayor que los adultos infectados y adoptar un comportamiento de alto riesgo como practica de relaciones sexuales sin protección y compartir con otros la agujas para inyectarse drogas.

La sexualidad produce en muchos jóvenes ansiedad y turbación, en parte porque es común que la sociedad misma reaccione de esta manera ante este tema. A’un los jóvenes que saben cómo protegerse contra el VIH/SIDA suelen carecer de las aptitudes para hacerlo, la ansiedad y la aprensión impiden a menudo que los jóvenes utilicen condones porque para ello se requiere el conocimiento y cooperación de la pareja.

Algunos jóvenes, especialmente las mujeres corren riesgo de contraer VIH/SIDA por tener un sentido de inferioridad o por sentirse incómodos con su sexualidad. A menudo no creen que puedan controlar su comportamiento sexual o anticonceptivo. Niegan que necesiten anticonceptivos o exageran la dificultad de obtenerlos.

Los adolescentes que niegan el riesgo personal que corren de contraer el  VIH/SIDA pueden ignorar los mensajes de prevención, descartar su importancia o pensar que ellos no son los responsables de la protección.

La comunicación del VIH/SIDA en la adolescencia

Se reconoce el papel fundamental que juega la comunicación en la adolescencia, principalmente con los padres y amigos, ya que esta influye en la formación y modificación  de actitudes y conductas de los jóvenes.

En su mayoría los jóvenes adolescentes son considerablemente sensibles, tocante a la opinión de sus iguales, la percepción de lo que piensan los compañeros tiene por lo común mayor influencia en el comportamiento sexual o en cualquier otro tipo de comportamiento arriesgado, comparado con las opiniones de los padres y otros adultos. De tal forma que se ha observado en estudios que el 29.5% de los jóvenes prefieren hablar con sus amigos, sobre el VIH/SIDA, mientras que un 18.5% recurren a sus maestros, y un 15.7% prefieren no hablar sobre este tema.; cabe destacar que se hace referencia que solo un 4.4% platican con sus padres.

En este aspecto, estudios han revelado que existe un consenso alto en los conocimientos de VIH/SIDA entre los diferentes estratos socioeconómicos y entre géneros. Sin embargo el mayor nivel de consenso fue manifiesto y en el estrato superiores, por lo cual se puede inferir que existe una heterogeneidad, solventada en la diferenciación socioeconómica.

Por lo cual, al diseñar los programas de atención para los adolescentes, se considere el nivel social al que pertenece. Para aquellos del segmento alto las estrategias se dirigirán a los padres a fin de que trasmitan la información a sus hijos, mientras que a los segmentos sociales desfavorecidos, donde los padres no aparecen como interlocutores, acaso la estrategia más segura sea la instrucción entre jóvenes.

Percepción de la sexualidad y el VIH/SIDA en la adolescencia

Como inicio, un aspecto atrayente de descubrir en la percepción de los adolescentes, es que no surge una misma argumentación acerca de lo que se concibe como sexualidad, no obstante, la generalidad de los jóvenes concuerdan llanamente que la palabra sexualidad se vincula con relaciones sexuales. Y por el contrario, es poco frecuente el surgimiento de alguna expresión que vaya a razonar la sexualidad desde un marco más extenso e completo.

Asimismo, las prácticas sexuales en los adolescentes, y las particularidades de éstas y la experiencia de la sexualidad sólo son aceptables de ser ilustradas por ellos, al hacer aludidas a otros jóvenes. Lo anterior, evidencia que las relaciones sexuales en nuestra cultura, y especialmente tocante a los jóvenes, más aún si son mujeres, son una cuestión tabú, vigorosamente afín a la crítica, la intimidación, al reproche y al sigilo. Por otra parte, cuando se hace referencia al hablar acerca del amor, el afecto y lo afectivo que sienten respecto a otra persona, esos sentimientos son valorados referente a la relación de pareja.

Así, es viable concebir una barrera sobre la sexualidad, la cual esta emparentada con la vida íntima, que emerge encubierta, y de alguna manera, fraguada en las experiencias de otros adolescentes; lo que repercute en una situación menos amenazante al hablar respecto de lo que ellos hacen o no hacen, y que implica evitar comprometerse personalmente con el tema.

En cuanto a la percepción de riesgo de contraer el virus VIH, se observan dos perspectivas que parecen vincularse. Una de ellas sustenta que esto puede acontecerle a toda persona en cualquier momento, al mismo tiempo que subsiste el pensamiento de que es poco probable que les ocurra ha ellos mismos. En este sentido, ambas argumentaciones se polarizan.

De lo anterior, se segrega que el contraer el virus se revela en una cuestión fortuita, que acontece sin que las personas logren vaticinar una escenario de riesgo y efectuar conductas designadas a impedir la transmisión del virus.

La transmisión del VIH se manifiesta como un hecho tan insubordinado, que emana la conjetura de que no interesa lo que se haga para sortearla, esto puede suceder en cualquier momento, permaneciendo esta situación en manos del destino o del azar. Desde esta perspectiva, los jóvenes no cuentan con suficiente conocimiento del hecho que las personas pueden tomar un papel activo en la prevención de este padecimiento.

El VIH/SIDA EN GUATEMALA

 En Guatemala, la epidemia de SIDA, se inició en 1984, con el primer caso de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH/SIDA), la epidemia sigue en aumento, sin distinción de etnia, estado civil, sexo; escolaridad o nivel socioeconómico. Actualmente más de 70.000 personas en el país son VIH positivas y apenas el 50% recibe el tratamiento necesario debido a la pobreza existente en el país y las dificultades de acceso a los servicios de salud.

En 1984, el sistema de vigilancia epidemiológica del Ministerio de Salud (MSPAS) reportó el primer caso de sida en Guatemala, en un hombre de 28 años de edad, guatemalteco, proveniente de los Estados Unidos. En 1988, se registraron los dos primeros casos de sida en personas residentes en el país.

Judith García, epidemióloga del Centro Nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), resalta en el informe sobre Situación de la epidemia de VIH-SIDA en Guatemala, que entre 1984 y 2007, hay notificados 10,756 casos de sida en el país; el 70% en personas de sexo masculino.

Guatemala se ubica en el tercer país, por debajo de Honduras y Belice, a nivel Centroamérica en población infectada con VIH/SIDA; siendo los departamentos de Suchitepéquez, Escuintla, Guatemala, Izabal, Retalhuleu, Sacatepéquez y Quetzaltenango con las tasas más altas.

En 2007, el Programa Nacional para la Prevención, Atención y Control de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS/SIDA), reportó que 120 mil personas estaban infectadas con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante del sida, y más del 50% no losabía.

García subraya que entre abril de 2003 y junio de 2008, se han registrado 3,889 casos de infección de VIH, el 62% de la población afectada está comprendido entre 20 y 39 años de edad, y que el 94% de los casos de infección fue por transmisión sexual.

La Fundación Barcelona SIDA 2002, inicia el proyecto UALE ten salud, en Latín en Marzo de 2005, en el Departamento de Escuintla, una de las zonas más afectadas por la epidemia. En colaboración con el Ministerio de Salud, hemos rehabilitado y equipado tres clínicas, y sus correspondientes laboratorios, contratado al personal sanitario y los educadores sociales y realizamos actividades educativas, actividades de prevención y tratamiento, incluyendo la prueba del VIH con consejería, tratamiento de las infecciones de transmisión sexual y acompañamiento y referencia de los pacientes infectados por el VIH y con necesidad de antiretrovirales. Más de 700 pacientes visitan regularmente las clínicas. Se han realizado más de 7.000 consultas médicas y más de 1.000 pruebas de VIH. Se han dado más de 2.000 charlas educativas a los pacientes atendidos y otros grupos de población y distribuido más de 200.000 preservativos.

Por otro lado el proyecto incluye igualmente el soporte a las estructuras centrales para fortalecer el sistema de salud y la Fundación lidera y participa en diversos proyectos para establecer una red de vigilancia epidemiológica en el país, informatizar los dos Hospitales de referencia de la capital de Guatemala para la monitorización de los pacientes infectados por el VIH y en tratamiento y diversos grupos de consenso Guías de práctica clínica.

Por su parte las Organizaciones no gubernamentales (ONG) guatemaltecas e internacionales coinciden en afirmar que los portadores del VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causante del sida) son privados de los derechos básicos al trabajo, la educación y la salud.

Con la sola sospecha de que una persona es portadora de VIH "se despide a gente, se la degrada, no se le renuevan los contratos, y se viola su derecho a la salud y a la educación de sus hijos", afirma Cristina Calderón, responsable de la Fundación Fernando Iturbide, una ONG que trabaja en la prevención del sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida).

"Hay empresas que obligan a sus empleados a realizarse la prueba (de detección del VIH) o que hacen el análisis (bacteriológico) sin autorización", indicó a IPS Claudia Arelí Rosales, de la organización Gente Positiva, una ONG que trabaja por la defensa del derecho de las personas que viven con VIH/sida.

1.2 DEFINICIÓN DEL PROBLEMA

1.2.1 Especificación del problema:

SIDA- Una enfermedad que no logra controlar el Ministerio de Salud Pública en Cobán, Alta Verapaz

(verifique lo siguiente pertenece a este apartado sugerido)

La infección por VIH representa uno de los problemas de Salud Pública de mayor gravedad que ha afrontado la humanidad en las últimas décadas y cuyo coste humano, social y económico la ha convertido en uno de los retos sanitarios más importantes al que se ha tenido que enfrentar la sociedad global. 

En los últimos años, los avances terapéuticos han reducido dramáticamente el desarrollo de SIDA y la mortalidad de esta enfermedad. Sin embargo, se siguen produciendo nuevas infecciones, y para el control de la epidemia desde el punto de vista de la Salud Pública se precisa, además de los tratamientos efectivos, del uso continuado de otras herramientas que implican a múltiples sectores sociales del ámbito de la sanidad, educación, medios de comunicación, y movimiento ciudadano. 

La situación actual, que refleja ciertamente una mejora para la calidad y la esperanza de vida de los sujetos afectados, debe verse desde un punto de vista más global con miras al control de la epidemia y con el objetivo de dar respuesta a otra serie de preguntas importantes. ¿Qué nos dicen estas cifras con respecto al número total de infectados por VIH? ¿Está aumentando el número de nuevas infecciones por VIH? ¿Han cambiado en los últimos años los patrones más frecuentes de transmisión de la enfermedad en nuestro medio? 

Esta es la información que nos va a indicar cuál es la carga asistencial de los pacientes infectados por VIH en nuestra red sanitaria y que nos va a ayudar en la planificación de recursos sanitarios, que nos va a indicar si las estrategias de prevención que se pusieron en marcha hace años han sido efectivas en los grupos para los que fueron diseñadas, y si tenemos que cambiar la dirección de las campañas de prevención hacia otros colectivos.

La necesidad de mejoras en la vigilancia de la infección por VIH, en especial las nuevas infecciones, el mantenimiento de una asistencia de calidad, como la existente, que permita un acceso al tratamiento antirretrovirico más actual y las técnicas diagnósticas más modernas y el continuo desarrollo de las estrategias de prevención, serán las claves del futuro para la lucha contra la epidemia.

El sida es un grave problema sanitario y social y combatirlo requiere políticas no sólo sanitarias sino también educativas destinadas a modificar hábitos que permiten la expansión del mal o dificultan su abordaje.

En el reciente IV Foro Latinoamericano sobre sida realizado en la Ciudad de Buenos Aires, se informó que sólo el 60% de las mujeres embarazadas aceptan que se les realice el test de VIH/sida, por lo cual un número indeterminado de ellas pueden estar contagiadas sin saberlo, poniendo en riesgo su salud propia y la de su hijo o hija. Paralelamente, organismos internacionales involucrados en el tema del sida, como la Organización Mundial de la Salud de la ONU, consideran que el virus afecta a más personas de las que registran las estadísticas oficiales.

Esto implica, entre otras cosas, que las políticas públicas pueden ser insuficientes en relación a la presencia real de la enfermedad.

El sida es, además de un mal que causa graves daños personales y puede ser mortal, una enfermedad que requiere un tratamiento costoso tanto para el paciente como para el sistema sanitario. De allí la necesidad de fortalecer las políticas destinadas a crear conciencia sobre los riesgos de contagio y sobre la forma de prevenirlos

En su misión de promover el bien común, el Estado no debe desentenderse de los fines de la persona en aras de una presunta neutralidad. Si actuase así, se convertiría en cómplice de muchas conductas sexuales degeneradas y en un importante difusor de infecciones como el SIDA, en vez de defender los derechos humanos. Por eso, "es inadmisible que el Estado organice y favorezca la campaña del 'sexo seguro', que lleva a crear una falsa ilusión de eficacia y al uso irresponsable de la sexualidad"

Si el Estado promueve los valores humanos y espirituales, no sólo contribuirá realmente a la desaparición del SIDA, sino que "las mismas personas y la comunidad política darán un salto de calidad: vivirán una vida digna del hombre-persona, creado a imagen de Dios"

El remedio contra el SIDA no se puede buscar dentro de la lógica que ha ocasionado el mal: el permisivismo sexual. La orientación ética será abstenerse de las relaciones sexuales que han sido la causa del contagio. La verdadera prevención frente al SIDA en el comportamiento y en la vida sexual es la continencia. La revalorización de la moralidad como fuente de bien para la persona y como medio para mejorar el equilibrio sanitario será un paso para guiar el bien individual y social"

Faltaríamos a la razón si permaneciéramos mudos ante la extensión de conductas sexuales que desnaturalizan el sentido mismo de la sexualidad y multiplican los riesgos de la epidemia, si no recordáramos la dignidad del amor humano vivido en el matrimonio y en la fidelidad, y si no invitáramos a todos a la castidad, al respeto de su cuerpo y del cuerpo ajeno, según la condición de casados o célibes"

La causa fundamental del SIDA es el comportamiento sexual desordenado. No se trata, pues, sólo de un problema estrictamente sanitario: también es un problema ético. "Cuando la moralidad afecta a temas como la vida y la muerte, como en este caso, afecta al bien común e implica a toda la comunidad. No es ciertamente preocupación exclusiva de la Iglesia.

Actualmente no es posible negar la relación entre el abuso del tabaco y el porcentaje de cáncer de pulmón, o entre el exceso de alcohol y la cirrosis hepática: son "señales" de la propia naturaleza humana. De igual manera, el SIDA en muchos casos es "consecuencia de un abuso práctico de la sexualidad en modalidades incorrectas de frecuencia y lugar y en sus combinaciones con circunstancias de drogadicción o promiscuidad"

[plantee en forma de preguntas, vea página 266]
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