Para Andrea, por abrir puertas




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títuloPara Andrea, por abrir puertas
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fecha de publicación07.02.2016
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Día 13
22.04 -8°C


Boog Newton estaba sentado con los pies apoyados sobre la tarima y la espalda contra la pared, hurgándose la nariz y con la mirada fija en el pequeño televisor. Nunca se perdía los informativos. Gran parte de las noticias le parecían basura, pero de cualquier manera no se los perdía. Era una costumbre. El hecho de que Paige Price convirtiera todo en un circo era una gratificación añadida.

La historia de la noche era la conferencia de prensa sobre el secuestro. Boog sentía una conexión personal con el caso después de lo que había sucedido con Olie. Escuchó atentamente mientras el jefe Holt no decía prácticamente nada a los reporteros.

–¿Sacando oro, Boog? –Browning, el carcelero, recorría las celdas. Estaba realizando las rondas cada quince minutos en lugar de cada dos horas como era lo acostumbrado, lo cual le obligaba interrumpir la lectura de su revista.

–Vete, cerdo –gruñó Boog, imitando un cuesco con la boca.

–¡Puah! –el carcelero saltó hacia atrás como si le hubieran disparado. Su rostro tenía una expresión de asco–. ¡Miren eso! ¡Dios mío! –se agachó y salió por la puerta.

Boog se rió y se volvió para seguir viendo el informativo. El tipo de la celda vecina también estaba mirando. Siempre estaba allí sentado todo el día, nunca decía nada, nunca cambiaba de expresión. Boog lo había visto varias veces observándolo como si fuera un insecto en un microscopio.

–Mira, están hablando de ti, ¿verdad? Tú eres el que se llevó al niño Kirkwood. Tú estás enfermo –declaró Boog, levantando el mentón–. Estás enfermo.

Garrett Wright no dijo nada.

–Oye, ¿sabes qué le pasó al último tipo que trajeron aquí? Dijeron que él lo había hecho. Lo pusieron en la celda en la que estás tú ahora. ¿Sabes lo que hizo? Se sacó el ojo de vidrio y se cortó las venas. Creo que estaba chiflado –apretó los labios y se rascó el cabello engrasado–. Tú también debes estar chiflado –dedujo.

Wright elevó las comisuras de sus labios.

–Enseño psicología en el Harris College.

Boog hizo otro cuesco, expresando con elocuencia su opinión sobre los profesores. En la televisión estaban mostrando policías y agentes del DCC que entraban y salían de una casa de Lakeside; la casa de Wright. Una atractiva mujer, de pelo rubio estaba junto a la puerta, con una expresión de desesperación.

–Dime –Boog volvió a mirar en dirección a Wright–, ¿qué hiciste con el niño? ¿Lo mataste o qué?

Garrett Wright sonrió para sí mismo.

–Que.

Día 14
Medianoche -6°C


Hannah se despertó violentamente de un sueño inquieto. Dormir sola ponía en marcha una especie de sistema de alarma interno muy sensible, que se encendía al menor sonido o movimiento. Estaba en medio de la gran cama; miró el tragaluz y el rectángulo negro de la noche de enero, escuchando, esperando, con todos los músculos tensos. Nada. Ningún sonido, ningún movimiento. La casa estaba tranquila. La noche estaba en silencio. Hasta el viento, que había soplado implacable tantos días, tan frío y cortante como un pico de hielo, contenía ahora el aliento mientras terminaba un día y comenzaba otro, marcado por el tictac del jeloj: 24.01.

Un nuevo día. Otro día para enfrentar. Otras veinticuatro horas para tratar de funcionar, pareciendo una persona normal, mostrándose como una impostora. Ya nada sobre su vida o sobre ella misma era normal. Enfrentaría este día, y el siguiente, y el siguiente, por ella misma, por Lily... por Josh.

Él está en algún lugar abrigado... no está preocupado... sabe que lo quiero...

Se levantó de la cama antes aún de que el sonido se registrara en su mente consciente. Pisó la alfombra con los pies descalzos. Tomó la vieja bata aterciopelada que Paul había desechado. Timbre de llamada. A medianoche... doce y diez. El corazón le latió con violencia. Las posibilidades cruzaron por su mente: Paul intentando que lo perdonara, Mitch que venía con noticias... ¿Buenas? ¿Malas?

Oprimió el botón de la luz de la entrada con una mano, mientras con la otra se sostenía la bata a la altura del corazón. El timbre volvió a sonar. Miró por la mirilla.

–Oh, Dios mío.

Las palabras salieron como un susurro sofocado. Josh estaba en la escalera de entrada, esperando.

Un segundo después, Hannah estaba arrodillada sobre el frío peldaño. Abrazó a su hijo tan fuerte como pudo, llorando, agradeciendo a Dios, besando sus mejillas, besando su pelo, repitiendo su nombre una y otra vez. No sentía el frío ni la aspereza de la piedra en sus rodillas. Sólo sentía alivio y regocijo, y el pequeño cuerpo de su hijo contra el de ella. El alivio era tan enorme, que tenía miedo de que fuera un sueño. Pero si era un sueño sabía que no lo dejaría escapar. Se quedaría en este estadio y lo abrazaría, sentiría su tibieza, aspiraría su fragancia.

–Oh, Josh. Oh, Dios mío –susurró, las palabras temblaban en sus labios, mezclándose con el sabor salado de las lágrimas–. Te quiero. Te quiero tanto. Te quiero. Te quiero.

Acarició sus rizos despeinados con la mano temblorosa, acarició su espalda sobre el pijama listado que vestía. El mismo pijama con que lo había visto. El mismo pijama con el que lo había visto Megan O'Malley, aunque ella no sabía si lo que había visto era real o imaginario. Aún había tantas preguntas sin respuesta. Si Garrett Wright se había llevado a Josh, ¿quién lo había traído a casa?

Abrió los ojos y miró más allá de la escalera, hacia la noche iluminada por la luz de la luna. Nadie. Ningún coche. Ninguna sombra, excepto las de los árboles sobre la nieve. El pueblo estaba dormido, ignorante de todo, tranquilo.

Josh se movió un poco en sus brazos, y Hannah regresó a ese momento. Un momento tan perfecto, el que había esperado como una esperanza frágil y brillante en su corazón. Había recuperado a su hijo. Tendría que llamar a Mitch... y a Paul... y al padre Tom. Llamaría al hospital y dejaría un mensaje para Megan. Josh debería ser llevado al hospital para que lo examinaran. La prensa volvería al ataque...

–Cariño, ¿quién te trajo a casa? –le preguntó–. ¿Lo sabes?

Hannah se inclinó hacia atrás para mirarlo. Él simplemente negó con la cabeza, y luego se colgó del cuello de su madre apoyando su cabeza sobre el hombro de ella. Hannah no lo presionó. En este momento no quería pensar en nada, sólo en Josh. Ninguna pregunta sobre cómo o por qué o quién. Lo único que importaba era Josh. Y él estaba en casa sano y salvo.

–Entremos, ¿sí? –le dijo suavemente, sollozando mientras Josh asentía con la cabeza contra su hombro.

Hannah se levantó con Josh en los brazos, apenas notando su peso mientras lo llevaba a la sala de estar. Su instinto materno y su instinto de médica realizaron una rápida evaluación de su condición física. El pequeño magullón de la mejilla, el que ella había visto en su sueño, estaba desapareciendo. Estaba más delgado y pálido, pero entero, y pedía que lo abrazaran. Hannah lo hizo con gusto. Quería tenerlo cerca, físicamente unido a ella. Lo sentó en su falda mientras usaba el teléfono portátil para llamar a Mitch y luego a la oficina de Paul. Mitch prometió llegar en unos minutos. El contestador automático recibió la llamada en la oficina de Paul. Encauzó celosamente todas sus emociones hacia el regreso de Josh, y no se irritó al comprobar que Paul no estaba allí; simplemente dejó el mensaje y colgó.

–No importa, cariño –besó la cabeza de Josh y lo abrazó con fuerza–. Lo único que importa es que estás en casa, que estás a salvo.

Se enjugó las lágrimas y lo miró. Se había dormido en sus brazos. Su cabeza cayó hacia atrás mientras respiraba tranquilamente. Sus largas y espesas pestañas apoyadas en las mejillas. Mi ángel. Mi bebé. Los pensamientos eran tan familiares como su rostro, pensamientos que había recitado en su mente desde antes de su nacimiento, y durante innumerables noches después del parto, cuando entraba en su habitación para observarlo dormir. Mi ángel, mi bebé... tan perfecto.

Un pequeño dolor quebró su regocijo. Perfecto. Josh siempre había sido un niño feliz, una alegría para ella. ¿Qué sería ahora? ¿Qué habría sufrido? Las posibilidades la habían atormentado cada hora que él estuvo lejos. Ahora estaban rondando su alivio como una manada de hienas. Las alejó mientras dejaba a su hijo dormido en el sofá. Estaba entero y limpio. Le besó la frente, lo cubrió con una manta y aspiró el aroma del champú en su pelo. Deseaba levantarle la manga para ver si tenía una venda en el interior del codo, pero no quería despertarlo. Y quería que él tuviera ese momento de tranquilidad antes de enfrentar todos los exámenes y responder todas las preguntas.

En lugar de ello apoyó las yemas de dos dedos en la muñeca. Su pulso era regular y normal. No contó las pulsaciones; sólo se concentró en lo que representaban: la vida. Él estaba vivo. Él estaba con ella. Un trozo de su corazón perdido había regresado y latía junto al de él.

–¿Dijo algo sobre Wright? –preguntó Mitch con tranquilidad. Estaba sentado en un sillón de orejas, con los brazos apoyados sobre las rodillas y el abrigo abierto. Cuando recibió la llamada de Hannah saltó literalmente de la cama y se puso unos téjanos y un jersey. Tenía el pelo completamente despeinado. Ojalá Megan hubiera podido estar con él para ayudarle a hacer estas preguntas, para cerrar un caso en cuya solución tanto se había esforzado.

–No –Hannah estaba sentada en el suelo, frente al sofá donde Josh estaba dormido entre los pliegues de una manta roja. Lo tocaba constantemente, le acariciaba el pelo, le frotaba la espalda, le daba una palmadita en la mano, como si al romper el contacto físico fuera a desaparecer el hechizo y él también–. No ha dicho nada. Le pregunté si sabía quién lo había traído a casa. Negó con la cabeza.

–Está conmocionado. Tardará un poco...

No terminó el pensamiento, no quería hacerlo. La mayoría de los pasos que seguirían llevarían a mayor infelicidad, y por el momento no quería amargar a Hannah. Pero había que cumplir con el deber. Había que cumplir con los procedimientos, era necesario hacer las preguntas. Aun a estas altas horas de la noche, Mitch había enviado hombres a golpear las puertas de los vecinos buscando a alguien que pudiera haber visto algo fuera de lo común.

–Tendremos que llevarlo al hospital esta noche...

–Lo sé.

–Y tendrá que responderme algunas preguntas. Si nos puede decir algo sobre Wright...

–¿Para qué? Garrett Wright está en la cárcel y Josh regresó a casa. ¿En qué ayudará eso al caso?

–No lo sé. Mucho depende de Josh, de lo que pueda decirnos. Pero si no puede decirnos nada útil, aún tenemos la rueda de reconocimiento, y tendremos la prueba de la sábana. Si Wright cree que con esto se salvará, puede volver a pensarlo. Lo tenemos, querida –le dijo con la mirada fija y tono firme–. Pescamos a Garrett Wright, es tan culpable como el pecado, y seguiremos buscando hasta encontrar a su cómplice. Y también lo atraparemos.

Se levantó del sillón y le extendió la mano a Hannah.

–Es una promesa. Él próximo juego de Garrett Wright será en una Corte de Justicia. Creo que la Señora Justicia le dará una buena patada en el culo.

–Eso espero.

Mitch le apretó los dedos en un gesto tranquilizador.

–Sé que así será. Pero ahora no quiero que se preocupe. Esta noche lo único que tiene que pensar es que Josh está en casa. Eso es lo único que importa.

–Realmente eso es lo único que importa –coincidió Hannah mirando a su hijo dormido.

Podría haberse perdido para siempre, desaparecido en un mundo de sombras, como les pasaba a muchos niños todos los años y nunca se los volvía a ver, dejando sólo interrogantes y corazones rotos en las personas que los amaban. Por razones que sólo conocía la oscura mente de su captor, a Josh le habían permitido salir de las sombras. Eso era todo lo que importaba. La verdad, la justicia, la venganza, eran pensamientos distantes y abstractos para Hannah. Su mundo había sido destrozado, sus vidas alteradas de manera irreversible, pero Josh estaba en casa. Realmente eso era lo único que importaba.

Josh estaba en casa. Sus vidas volverían a empezar.



Registro diario
Día 13


Ellos creen que nos han derrotado en nuestro propio juego.

Pobres mentes simples.

Todo maestro de ajedrez sabe que para llegar a la victoria concederá algunas pequeñas derrotas.

Quizás han ganado un movimiento, pero falta mucho para terminar la partida.

Creen que nos han derrotado.

Sonreímos y decimos: Bienvenidos al siguiente nivel.




TAMI HOAG


Antes de comenzar su carrera como escritora, Tami Hoag tuvo muy diversos tipos de trabajos, desde entrenar caballos para espectáculos, hasta vender complementos de diseño para baños. Pero Tami proclama que escribir es la profesión ideal, por que y son palabras de ella «puedes ir al trabajo en pijama, puedes contar mentiras todo el día y te pagan por ello. No hay muchos trabajos donde una persona pueda hacer esta clase de cosas sin peligro de persecución».

Desde que comenzó su carrera como escritora ha escrito numerosos thrillers que han sido bestsellers de la prestigiosa lista del New York Times, tales como “Guilty as a Sin” (Culpable como el Pecado), Falsa Alarma, Pecados Nocturnos... y se ha convertido en uno de los nombres más leídos del género de suspense. Exploradora de los distintos aspectos de la personalidad psicopática, que describe con perspicacia, ha logrado convertir sus obras en potentes estudios de personaje, siempre al servicio de tramas imaginativas y llevadas con agilidad.

Actualmente vive en una granja de caballos de Virginia.

Pecados Nocturnos

Deer Lake es un pequeño pueblo de Minnesota en el que todos los vecinos se conocen y el crimen es algo que sólo se ve en los noticieros de la televisión. Pero la ilusión de la seguridad queda destruida cuando Josh Kirkwood, el pequeño de ocho años, desaparece del campo de hockey mientras espera a su madre. Lo único que encuentra la policía es la bolsa con sus pertenencias, y en su interior una nota: «La ignorancia no es inocencia sino PECADO».

A cada hora que pasa, la búsqueda de Josh adquiere una intensidad difícil de soportar. Para Megan O'Malley, el caso se convierte en la oportunidad de saber si logrará introducirse en el mundo masculino de la policía local. Para Mitch Holt es el espantoso recordatorio del crimen que destrozó su vida antes de trasladarse a Deer Lake. Junto lucharán por resolverlo, mientras un lunático acecha preparando el siguiente movimiento de una partida en la que sólo él conoce las reglas..



© 1995, TAMI HOAG

Título original: Night Sins

Edición original: Bantam Books

Traducción: Graciela Jáuregui Lorda

Diseño de tapa: Verónica López

© 1998, Ediciones B Argentina S.A.

Primera edición: diciembre de 1998.

ISBN 950-15-1926-0

1 Priest en inglés significa cura, sacerdote (N. del T.)
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