64 Bibliografía 66 Fotografía del autor, prof. Rolando Toro Araneda




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DEL SUFRIMIENTO A LA PLENITUD

Para un estudio fenomenológico a partir de la obra musical de Beethoven).
Hay en Beethoven un misterioso e inédito camino del sufrimiento a la plenitud.
Su viaje musical tiene las características de la más grande aventura de ascensión desde el caos al orden.
Un viaje desde el corazón. Desde la hondura de los ceñimientos que permanecen irrevelados y ocultos en el seno de la especie humana. Beethoven sacó desde a sí una revelación que nos habla de nosotros mismos.
Quizás podamos, algún día, extender nuestra vida al estado de revelación, es decir, a sus formas inexplicables e irracionales.
Esto sólo puede realizarse a través de las obras de creación.
El poeta o el músico, hablan dentro de nosotros sobre el nosotros absoluto.
Las obras de Beethoven, aparte de sus valores estéticos permanentes, poseen la calidad de un drama que se despliega, dentro del drama de la evolución humana, como una fuerza ascendente, como un impulso de organización de la energía hacia las metas más profundas de la vivencia.

No es un crecimiento en las esferas de evolución cognitiva. Es algo mucho más trascendente un impulso de optimización de los sentimientos humanos.
Es por esta razón que he querido proponer una fenomenología de la trayectoria musical de Beethoven.
La inmunidad de la vida se manifiesta ajena al pensamiento y al análisis. Lo inesperado de ciertas obras de Beethoven está en la

Hierofanta, en la pavorosa intimidad que se revela en los hechos musicales, en su fascinante desnudez.
Cuando los musicólogos describen la transición de Beethoven entre el Clasicismo de Haydn y Mozart al Romanticismo, se refieren a fenómenos culturales y no al cambio biológico de la energía neguentrópica que representa Beethoven para toda la humanidad.
Beethoven realizó una empresa titánica en el universo de los sentimientos: conducir las fuerzas de la vida: ternura, sufrimiento, pasión, desesperanza, alegría, conciencia de sí mismo, sentido de la muerte, fuerza, determinación, amor, impotencia, necesidad de infinito…desde su fuente interior al lenguaje musical, a formas y estructuras de serena grandeza y unidad.
Los hombre aprendimos de Beethoven una suerte de alquimia para caminar desde el sufrimiento a la plenitud, para transformar energía entrópica en energía neguentrópica. Desorden en orden, desorganización en estructura orgánica.
La Sonata Nº 8 en Do menor Op. 13, llamada “Patética”, es un ejemplo de esta alquimia. El primer movimiento es realmente la expresión de una emoción patética, que despierta sentimientos encontrados de piedad y tristeza, entusiasmo y desesperación. La vivencia de profunda y oscilante conmoción interna, se transforma en el según movimiento, en un adagio cantabile verdaderamente sublime, evolucionando hacia el rondó final, amable y encantador.
La Sonata Nº 23 en Fa menor Op. 57, “Appasionata”, es un grito de amor que atraviesa los siglos.
¿Qué es esa sonata para el misterio del hombre abandonado?. Es el sonido anterior que tiene la fuerza del grito del recién nacido.

Es la canción del comienzo del mundo y del fin del mundo.
Esa sonata voceará en el pecho de los amantes durante mil años, con todos los sonidos de la tristeza y de la grandeza. La “Apassionata” es una canción, un estado de resonancia con otro, un diálogo entre tú y el Desconocido.
Toda la trayectoria de Beethoven es el Drama de la transmutación de la energía, desde el abismo a la cumbre, desde las tinieblas a la luz.
En su primer período, Beethoven asume la tradición formal, la herencia mozartiana y los dictámenes clásicos. Son ejemplos de este período las Sonatas Op. 2 (3), 7, 10 (3), 13, 14 (2) y 22.

Un segundo período se inicia con la liberación de los modelos clásicos y aparecen sus preocupaciones sociales: “Heroica”, “Egmont”, “Coroliano”.
El lenguaje musical se torna éptico y multitudinario. Posteriormente ingresa en la plena zona de emociones personales, de amor, sentimiento de profundo vacío, pasión, confusión de sentimiento, soledad y nostalgia: “Fidello”, la “Apassionata”, Sonatas Op. 26, 27 (2), 28, 31 (3), 49 (2), 53, 54, 57, 78, 79, 81 y 90.
Al tercer período, más audaz, libre y profundo, pertenecen las Sonatas Op. 101, 108, 109, 110, 111, los cuartetos Op. 127, 130, 131, 132 y 133, la Misa Solemne y la y la 9ª Sinfonía.
La 5ª Sinfonía en Do menor, es la expresión de la lucha frente al destino, el horror poético de los desafíos que propone el acto de vivir. El 1º movimiento, “Allegro con Brío”, se inicia con tres golpes recios, admonitorios, que luego se repiten en tono más bajo. “La llamada del destino” denominó Beethoven a esta frase musical.
Después de un fugaz desarrollo, aparece el 2º tema, en contraste con el inicial, una especie de súplica, un anhelo de paz.
Este tema es abruptamente interrumpido por el 1º tema, que ahora adquiere una connotación siniestra y amenazante. A través del desarrollo del movimientro, se va imponiendo el 1º tema, sombrío y aterrador, como un despiadado triunfo de las fuerzas oscuras.
En el 2º movimiento, “Andante”, cesa la agitación y la angustia, entrando en un clima casi místico de paz y serenidad.
El 3º movimiento es de nuevo el universo del caos, el mundo de las furias, sugiriendo apenas una luz de esperanza.
El 4º movimiento, “Finale-Allegro”, es el triunfo total de la alegría, el frenesí de las fuerzas luminosas y ascendentes de la vida.
El descubrimiento de sus propias fuerzas y de su singularidad representa la eclosión de una energía

Ia inédita en la música. Un verdadero paradigma musical del camino que va del caos al orden es “La Tempestad”, pasaje que corresponde a la 5º Sinfonía, “Pastoral”.
Se escuchan voces de terror y fuerzas en oposición. Se emplean aquí todos los instrumentos, fragor de timbales, frases disonantes, temas vertiginosos en escalas descendentes, la furia de las fuerzas desencadenadas que crecen cada ves más, hasta alcanzar momentos culminantes de violencia creadora.
Hay en este pasaje la determinación más absoluta, la libertad y la fuerza sin límites, que advierte a los hombres que nada quedará a mitad de camino.
Hay prodigios bajo la fuerza oculta de la música de Beethoven. La vida adquiere la forma de una sinfonía.
La fuerza del destino es totalmente asumida. El artista, como todo ser humano, no elige su vida, sino la desenvuelve, la vive.
Tampoco se entrega al destino, pero le da el destino su posibilidad.
El período final de la obra de Beethoven es el resultado supremo de la madurez introspectiva. Alcanza allí su total libertad de forma y expresión. Sus audacias musicales son las audacias de su actitud interior frente al mundo. Familiarizado con la grandeza, entra y sale del abismo, se eleva, gira en torno sl misterio de su identidad y de su soledad, pero por sobre todo interpreta el drntido ascendente del sufrimiento hacia la plenitud.
Los cuartetos Rasumovsky muestran esa sabiduría del hombre que viene de regreso, del huracán genético hacía el orden supraconciente de las energías de vida.
El acto de vivir se torna musical.
En el cuarteto Op. 135 en Fa mayor, realiza la sutil transformación, en la coda, de una respuesta alegre en pregunta patética, que luego se deshace en frases de celestial leveza, como solución afirmativa.
La gravedad y profundidad de sus últimos cuartetos, sin solemnidad ni grandilocuencia, hablan a lo más íntimo de lo último, con desnuda sinceridad, como si - habiéndose conciliado con su propio minotauro – volviera a ser un niño.
Compases del cuarteto Op. 135 en Fa mayor. Accesos para la transmutación de energía.

La Novena Sinfonía es la apoteosis de la alegría, la afirmación de la vida y la grandeza del hombre.
Fue compuesta en el período final, cuando el músico estaba completamente sordo.
Su creación no fue un “mecanismo de compensación” de sus dolores y de su soledad, sino el producto de su superabundancia, de su capacidad para rescatar de la tinieblas el gérmen de iluminación.

YEHUDI MENUHIN

Yehudi Menuhin tenía una confianza absoluta sobre los efectos de la música en la evolución ética y afectiva de la humanidad.
En nuestras entrevistas me expresó que la música podría salvar al mundo.
En sus últimos años se asoció con varios científicos para investigar las imágenes, con escaner de las diversas zonas del cerebro y las neurológicas a la audición de músicas diferentes.
Por otra parte, trabajó en diversas escuelas elementales en Londres y Paris para investigar cambios de conducta en los niños.
Yo por mi parte le comunicaba mis utopías con Biodanza en niños y adultos y el efecto de la música de las danzas integrativas y de la poética del encuentro. Yehudi Menhuin comprendió muy a fondo la importancia de unir nuestros sueños.

YEHUDI MENUHIM


(Foto)

“Es la música la que entrega lo espiritual y lo sensual. Puede trasmitir el éxtasis libre de culpa, la fé sin dogma, el amor como un homenaje, y al propio hombre conviviendo con la naturaleza y el infinito”

ASPECTOS PSICOLÓGICOS

LA PERCEPCIÓN MUSICAL COMO EXPERIENCIA DE TOTALIDAD


La percepción musical no es sólo un acto auditivo.
La música se escucha con todo el cuerpo: aún más, con todos los tejidos corporales. Es semejante al fenómeno de la nutrición y sus efectos envuelven no sólo el “Psiquismo” y las emociones, sino que influyen en los umbrales de respuesta hipotalámica, en el equilibrio neurovegetativo y en la homeostasis. Loa órganos tienen distintas resonancias frente a los variados pasajes de una obra musical; esa resonancia tiene una dimensión física, como estímulo táctil cenestésico, y una dimensión neuroendocrina.
Las investigaciones acerca de la relación entre música y organismo son abundates y extremadamente sugerentes. En el campo de la Musicoterapia, se ha probado la influencia de ritmos musicales sobre el ritmo del corazón y de ciertas músicas sobre la presión arterial. Creemos, por lo tanto, no exagerar cuando afirmamos que la percepción musical es una experiencia de totalidad. Percibimos la música con nuestro aparato congnitivo, con nuestra sensibilidad, con toda la gama de nuestras emociones, con nuestros instintos, con nuestros órganos y, en suma, con todo lo que nuestro sistema viviente representa.

IDENTIDAD Y MÚSICA

Yo puedo identificarme, en un momento dado, con el “Aleluya” de Haendel. Qué significa esto? Simplemente, que me dejo conducir por ese movimiento musical hasta el punto de disminuir de tal modo la distancia entre la música y la propia percepción de mí mismo, que la frontera exterior – interior queda abolida y, entonces, ya no estoy escuchando el Aleluya, sino que “yo soy la música”. Se ha producido, entonces, una transubstanciación ontológica, un acto de mediumnidad.
Este fenómeno tiene que ser el paradigma de nuestra meditación respecto al fenómeno de la identidad, puesto que de su examen fenomenológico podemos inferir la cualidad evanescente a la vez que presuntiva de la Identidad, su etérea condición ectoplasmática capaz de penetrar cualquier entidad cósmica, en el pavoroso y sobrecogedor acto de ser y no ser. Como si el ser y el no ser estuviesen apenas fijados por un acto de conciencia que se abre y se cierra sobre la realidad. La ontología imposible de Heidegger no encontró la brecha en la pesquisa de la identificación musical. Digo que el centro de atención para la investigación de una ontología tiene que hacerse a través del éxtasis musical, por ser la música la “vía regia”, es decir, la forma en que la conciencia se transforma en vivencia y la forma en que la conciencia se transforma en vivencia y la vivencia retorna de nuevo a la conciencia. Y es también, el fenómeno de la identificación musical, el que nos hace accesible la comprensión de la unidad cuerpo-alma, del continuo psico-somático y, en fin, de la filiación visceral del lenguaje poético.

MÚSICA Y PROYECCIÓN IXISTENCIAL
En su “critic as Artist” Oscar Wilde escribió: “Después de tocar a Chopin, siéntome como si estuviera llorando por pecados que nunca cometí y planteando tragedias qe jamás viví.
La música me parece producir siempre ese efecto. Ella crea en nosotros un pasado que ignorábamos y nos llena con una sensación de dolores antes escondidos en nuestras lágrimas. Puedo imaginar un hombre que hubiese llevado una vida perfectamente banal, oyendo casualmente alguna pieza musical y descubriendo, de repelente, que su alma, sin que él tuviese conciencia, pasara por terribles experiencias y conociera alegrías asustadoras, locos amores románticos y grandes renuncias”.
La posibilidad de que este episodio suceda dependerá de la Inteligencia Musical del oyente, es decir de su capacidad para identificarse con el contenido de la música y de la resonancia”.
La posibilidad de que este episodio suceda dependerá de la inteligencia Musical del oyente, es decir de su capacidad para identificarse con el contenido de la música y de la resonancia afectiva que ésta le produjera. Sin un fondo afectivo integrado, el oyente no tiene la menor opción de acceso a experiencias desconocidas e intensas.
Quienes han pedido un amor y están sufriendo por ello, al escuchar la Sonata Nº 27 de Beethoven suelen experimentar con profunda intensidad el dolor de la pérdida.

(Figura)

Este acto de resonancia afectiva y comprensión del lenguaje nostálgico y, a veces desesperado de la obra, es un acto de percepción de un contenido complejo sonoro-afectivo que requiere una conexión intensa con el leguaje de la sonata.
Me parece que la indagación sobre la inteligencia Musical hay que abordarla desde donde se origina y como se desarrolla el embrión temático. Sin duda que durante el desarrollo de la obra se produce una secuencia de momentos de tensión emocional, ya sea de placer debido a soluciones previstas o sentimientos de ansiedad.

CONTENIDO SONORO Y CONTENIDO MUSICAL

La preferencia por las cualidades sonoras o estéticas sobre la fuerza emotiva de una música puede perjudicar el nivel de la vivencia que se desea inducir.
El Contenido emocional de una música puede en muchos casos, ser más efectivo que el ritmo o la melodía.
Es indispensable aprender a diferenciar entre estos dos aspectos.
En Biodanza se trata de danzar la alegría, el romanticismo, la vitalidad o la misticidad de la música, no simplemente su ritmo.
La música en Biodanza debe tener un poder desplayador de emociones y vivencias.
Es muy diferente, por ejemplo danzar solamente el ritmo de la canción “I’ve cot voman” de Ray Charles que danzar el tema “eufórico, expresivo y algo desesperado”.
Lo importante en Biodanza es la interpretación emocional y no puramente la secuencia sonora.
Siempre es necesario entrar en empatía con el sentido emocional y expresivo de la música.

BIODANZA: TRANSFORMACIÓN DEL INDIVIDUO EN DANZA

Cuando el danzarín pone en acción sus movimientos, ajustándolos a necesidades expresivas, estéticas o de representación. Está tomando el comando de una serie de funciones vinculadas a la identidad. Entre ellas podemos mencionar los movimientos voluntarios, el desplazamiento dentro del espacio, la semántica expresiva en relación a ciertos códigos gestuales, la búsqueda consciente de algunos efectos y la coordinación de los distintos movimientos en función de la temática, la coordinación auditivo-motora y viso-motora, la localización en torno a otras figuras referenciales y relacionales, la introducción espontánea de elementos de fantasía, etc.
El danzarín pone en acción toda su capacidad de juego, equilibrio, coordinación y expresión.
A través de la historia de la danza ha existido el fuerte propósito de formar buenos bailarines que sean capaces de alcanzar, mediante el ejercicio y del aprendizaje, niveles de optimización en la destreza y belleza de los movimientos.
Existe, no obstante, una posibilidad completamente opuesta, que consiste en transformar al danzarín andanza. Este camino fue ocasionalmente descubierto en las ceremonias pertenecientes a las religiones arcaicas, en ciertas danzas místicas, de éxtasis y en algunos estados inducidos por ácidos lisérgico, mescalina o psilocibina. En estos casos el tonus y la armonía del biosistema corporal entrena en conexión inmediata con la armonía cósmica. En estos casos el individuo ingresa a un estado vivencial en el que él “es” la música.
La música danza al individuo, y entonces no hay individuo sino danza. La identidad se disuelve en una especie de matriz del universo que está en movimiento orgánico, en que cada elemento forma parte de la danza mayor. La danza cósmica consiste en el viviente interjuego de todas las fuerzas presentes.
Para conseguir el estado de trance necesario que permita al danzarín llegar a “ser la danza” es necesario partir de la casi inmobilidad, en un estado de tonus “abierto” a los impulsos propioceptivos espontáneos. Un estado incondicional y receptivo, libre de todo propósito. En estas condiciones el individuo “permite” que la música se infiltre en su organismo e induzca el estado cenestésico.
Ser la danza constituye una experiencia ya que en el fondo se síntoniza el biosistema humano con el biosistema cósmico. Esta es la más poderosa fuente de renovación y energetización.

(Foto)
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